• No se han encontrado resultados

Reacciones generadas en la comunidad frente a las temáticas expuestas

4. ANÁLISIS Y RESULTADOS

4.1. Análisis de las entrevistas aplicadas a la comunidad de bosa y diario de campo

4.1.3. Reacciones generadas en la comunidad frente a las temáticas expuestas

a las temáticas expuestas por jóvenes graffiteros en intervenciones desarrolladas en la localidad de Bosa, hemos de abordar la tercera categoría planteada en nuestra investigación, de modo que, en conjunto con las dos categorías anteriores, sea posible la resolución del interrogante central de la misma. Así, para establecer cuáles son las reacciones generadas en la comunidad de Bosa, se han determinado tres subcategorías, que, en forma asociativa y relacional, nos permitirán alcanzar la resolución de la pregunta planteada para esta

expuestas por jóvenes graffiteros en intervenciones desarrolladas en la localidad de Bosa?, y posteriormente, resolver la pregunta general de investigación.

Teniendo presente que nuestro sujeto de investigación es la comunidad de Bosa y su voz, hemos de resaltar que frente a la subcategoría; tipo de temáticas expuestas en

intervenciones, se asume la opinión de los habitantes y residentes de la localidad, ya que si bien la perspectiva frente a las temáticas varia de creadores a espectadores, no es nuestro interés establecer cuáles son los tópicos planteados por los jóvenes graffiteros, pues esto es material para otro estudio.

En diálogo con algunos miembros de la comunidad de Bosa se ha podido observar como el imaginario social frente al graffiti mantiene cierto arraigo en la percepción de quienes habitan el territorio, imaginario que va más allá de lo observado, manteniendo la idea del graffiti asociado a formas delictivas. Si bien todos tenemos percepciones que parten desde el punto de vista individual, este está formado por un cumulo de conceptos y preconceptos que, en el ejercicio cotidiano de la vida, se adquieren, fijan o modifican, según el caso. Es así que, al acercarnos al mundo como un texto, lo hacemos desde el prejuicio, desde la pre comprensión, como formas que generan mecanismos de aproximación a situaciones y hechos, que estimulan cambios en la conducta individual y social.

Las pre comprensiones no son estáticas, ni inamovibles, al contrario, éstas se encuentran en constante movimiento y transformación, de modo que, al acercarse al texto, al mundo desde la pre comprensión, se está formando una concepción del mismo a partir de la organización de los prejuicios, los cuales se ven modificados dependiendo de los acontecimientos. En tanto, la experiencia promueve fijar o modificar las pre

comprensiones, de modo que el lenguaje en su sentido amplio, permite considerar la posibilidad relacional de estas en un puente vinculante que va de sujeto a sujeto y encuentran un sentido particular en las formas conceptuales asociadas a la cultura, puntualizado y resaltado el papel de cada agrupación social en tiempos y espacios específicos.

El concepto de representación pone en escena el funcionamiento del lenguaje que permite al hombre no solo el pensamiento, sino la comunicación y por ende la interacción con otros. Esta postura de la representación se inscribe en un sentido de producción de

conocimiento social, que está abierto a las prácticas sociales que se conectan con los asuntos del poder. De este modo, el lenguaje se conecta aquí con el espacio y la historia, lo que hace que la representación parta del discurso, entendido por Foucault como el

“conjunto de aserciones que permiten a un lenguaje hablar -un modo de representar el conocimiento sobre- un tópico particular en un momento histórico particular.” (Hall,1997, p, 26-27). Así, las formaciones discursivas en sociedades y momentos históricos

determinados fijan el significado de un evento, sujeto o cosa, y se establece un conocimiento específico histórico y cultural.

Si bien cada persona parte de su pre comprensión del mundo, ésta está mediada por la interacción y relación con otros, de modo que la construcción de discursos pasa por códigos de sentido, los cuales varían según sean las formas asociativas y organizativas, que dan posibilidades reflexivas para indagar sobre sí y sus pares.

La relación de clases aporta aquí, en la construcción de discursos que se tienen frente al graffiti, ya que la comunidad de Bosa manifiesta, el distanciamiento marcado entre los graffitis y temas tratados en su territorio y, los graffitis y temas tratados en la zona norte, que, si bien en ocasiones se remiten al centro de la capital, los habitantes de la localidad exponen que en los estratos más altos (5 y 6), el tratamiento y las temáticas tratadas son mejores y de mayor valía. Aquí, la construcción de discursos tiene mucho que ver con la división de clases, en el sentido en que, a un mismo código, se le da una interpretación diferente. Realizando un recorrido por diferentes zonas de Bogotá, es probable encontrar similitud en formas estilísticas y temáticas, sin embargo, la percepción de la comunidad bosuna con respecto a lo que se hace en su territorio y lo que se hace en la zona norte (sector de la ciudad en donde se encuentra mayoritariamente los estratos más altos), varia, expresando que, en esta zona, se pueden encontrar mayor trabajo en la pintada, más detalle y mensajes más positivos que, los hallados en su localidad.

A la pregunta: ¿Qué temas ha observado en los graffitis pintados en su barrio? ¿Se repiten?, se encuentran respuestas como las de Luis Eduardo R., “aquí hay mensajes de fastidio, de guerra, más que todo de esos equipos de futbol. Yo aquí no he visto nada como lo que se ve en el norte, digamos.” (anexo 3, entrevista del 7 de julio de 2017).

Lo que nos hace pensar que la posición social y sectorial con relación al poder adquisitivo, asigna un carácter subjetivo y colectivo frente a la interpretación de los mensajes. Es posible indicar que, hay un imaginario social con relación a personas con un poder adquisitivo mayor, que residen en zonas de estratos altos por parte de la comunidad de Bosa, señalando que, por sus condiciones socioeconómicas, las formas estilísticas cambian, incluso en un elemento tan controversial como lo es el graffiti, convocando términos como arte y artístico dirigido a lo que se hace en esas zonas y, sin arte a lo que se ven en la localidad, asumiendo el arte como una gracia, como un talento para expresar de forma sublime los pensamientos y sentimientos, pero sobre todo algo bonito, que se

construye a través de las formas y el color11. En este sentido y ligado a la pregunta anterior,

se oyen voces como la de Ángela María B., quien dice que los graffitis que se ven en el barrio “no tienen arte de nada, no quieren plasmar nada, no dan una idea lógica de nada.” (anexo 3, entrevista del 15 de julio de 2017).

En esta medida se evidencia un preconcepto del graffiti desarrollado en el “barrio”, que se mantiene y remite a formas delictivas o conflictivas como barras bravas, pandillas o “mamarrachos” que no se entienden, aludiendo principalmente al writing. En este punto podemos asociar el tipo de temáticas expuestas con el consumo real y esperado, teniendo presente que la percepción de las temáticas tiene mucho que ver con esta categoría, pues los habitantes manifiestan un deseo de encontrar formas del Street art y/o muralismo en sus calles. Sin embargo, estos estilos no están ausentes en la localidad; en sectores como El porvenir, Laureles, Bosa centro, Carbonel o Recreo, es posible encontrar estas formas de graffiti en espacios abiertos y en gran formato.

Significa esto que el imaginario social que tienen alrededor del graffiti los bosunos, se mantiene pese a la presencia y existencia de formas del consumo esperado manifestado por ellos, lo que nos permite conectar con la segunda subcategoría, reacciones de orden moral, en donde los prejuicios y pre comprensiones cruzan por un aspecto moralizante, si bien no todos los prejuicios y pre comprensiones pasan por este aspecto, en nuestro caso, muchos de estos, tienen que ver con un orden moral.

El aspecto moral se desarrolla a lo largo de la vida y, tiene mucho que ver con la tradición de la educación, no solo en el ámbito escolar, sino desde las diferentes

instituciones por las que pasamos a lo largo de la existencia. La moral, viene hacer parte del aprendizaje de las conductas sociales establecidas y aceptadas, de forma que hacen parte de la construcción de pautas, normas y valores concertados por un grupo social, en donde se fijan y establecen parámetros de acción dentro de un marco normativo.

Para Piaget la moral es “un sistema de reglas y la esencia de cualquier moralidad hay que buscarla en el respeto que el individuo, adquiere hacia estas reglas” (Bonilla, Trujillo, 2005, p, 58-59), de modo que, este realiza su reflexión del desarrollo moral en relación al desarrollo biológico, dividiéndolo en tres etapas o momentos que se escalonan hasta llegar a un desarrollo moral adulto. En un primer momento, que abarca de los dos a los seis años, el niño aprende las normas y pautas morales de los adultos, primando el respeto por la regla. En una segunda etapa, entra el juego normativo, juego de reglas, en donde se presentan acuerdos mutuos de respeto, buscando el cumplimiento de las normas para la participación en el grupo social, existiendo acatamiento de la regla desde el consenso social, “de este modo el placer específico del juego deja de ser muscular y egocéntrico para convertirse en social” (Piaget en Ibíd., 2005, p, 60); va de los siete a los once años

aproximadamente. Finalmente, en una tercera etapa, Piaget señala que, a partir de los doce años, el niño tiene un desarrollo de las operaciones formales, en donde existe una reflexión y consideración de las situaciones, convirtiéndose en un ser autónomo, realizando

diferenciación de la aplicación de la moral. El sujeto es capaz de crear códigos de conducta, acogiéndose a las normas colectivas desde la elección y decisión, asumiendo así, el control de sus acciones.

Si bien existen otros teóricos que dedican sus estudios al desarrollo moral, Piaget se hace presente en cada uno de ellos de una u otra forma, pues el carácter biológico-cognitivo, permite procesos de acercamiento, asimilación, interiorización y reflexión de las normas morales, en donde se ha llegado a determinar que este proceso no es necesariamente articulado, sino que es factible superar un estado biológico-cognitivo y permanecer en un estado moral. Así, y para nuestro caso, queremos asumir la conducta moral como parte de las relaciones sociales y como una forma cultural de acuerdos colectivos transmitidos de

adultos a niños, en donde el intercambio social, fomenta la fijación, adaptación y/o modificación de las normas y juicios morales que se relacionan necesariamente con el momento histórico, las condiciones espaciales, temporales, económicas, políticas y religiosas; siendo de vital importancia la institucionalidad en el proceso de producción de pautas morales, de las que se desprenden juicios de valor.

Aquí, queremos convocar al filósofo francés Michel Foucault, quien, con sus estudios sobre el saber y el poder, pasando por la verdad, vislumbra el sentido de normalización, proceso que implica ordenar y regular los individuos para que cumpla un rol en el cuerpo social, acción que tiene que ver mucho con la moral, pues esta se determina desde las prácticas sociales y los juegos de verdad, la cual no es absoluta, sino que fija por un consenso social, definiendo que es lo correcto o lo incorrecto, lo normal y lo patológico. Esta práctica social pasa por el lenguaje que se sustenta en los opuestos, bueno-malo, bello- feo, cuerdo-loco, sano-enfermo, normal-anormal. Esta reflexión no busca moralizar el sujeto, sino establecer las relaciones que se dan entre el sujeto y el poder, este último entendido en un sentido productivo, que va más allá del uso opresor y represivo del mismo y, “produce relaciones y efectos.” (Perea, 2009, p, 16). Evidentemente, la moral ha tenido a lo largo de la historia un uso coercitivo, controlador y dominante, Foucault no la pasa por el tamiz de lo bueno o lo malo, sino analiza sus formas de uso, adecuación y aceptación social, las cuales determinan la manera y el tipo de relación entre los hombres. “Mi objetivo en cambio, ha sido el de crear (produire) una historia de los diferentes modos a través de los cuales, en nuestra cultura, los seres humanos se han convertido en sujetos.” (Foucault en Perea, 2009, p, 18).

De este modo, se podría señalar que la moral por sí sola, hace parte de un acuerdo social generalizado, que, desde su uso, adquiere un carácter dominante o libertario, en el sentido en que no es la moral por sí sola la que se fija, sino que esta pasa por la gubernamentalidad, entendida desde Foucault

El conjunto constituido por instituciones, los procedimientos, análisis y reflexiones, los cálculos y las tácticas que permiten ejercer esta forma tan específica, tan compleja, de poder, que tiene como meta principal la población, como forma primordial de saber, la economía política, como

instrumento técnico esencial, los dispositivos de seguridad. (Perea, 2016, p, 57).

Es así que, el aspecto moral pasa necesariamente por instituciones como la familia, la iglesia y la escuela, en donde dentro de un marco común de sentido, se establecen parámetros de catalogación, en donde se remite a condiciones específicas de que es lo bueno y malo. En este punto, el graffiti en la localidad de Bosa, pasa por una marcada catalogación de su uso y conveniencia a la comunidad, cruzándose su percepción moral con la noción estética de belleza, la valía del mensaje y la utilidad que a este se le da. De esta forma, se evidencia que el sentido estético figurativo, estructurado y realista, pasa por el tamiz de lo positivo, lo bueno, encontrando respuestas como la de Elizabeth S. “cuando son bonitos para decorar, son buenos. Pero esos mamarrachos no sirven para nada, para dañar las paredes.” (anexo 3, entrevista del 13 de julio de 2017). Es así que se pueden encontrar vestigios institucionales en donde se indica que unas estructuras formales y definidas dan un carácter estético de belleza, asociando está a lo bueno, a la bondad; definiendo lo deforme, desfigurado, invertido, cruzado, mezclado, amorfo, deforme, orgánico, como elementos contradictores de la norma, fuera del marco normativo de cómo deben ser las cosas, asumiendo sus opuestos como algo más cercano a la divinidad, a la luz, a la paz. Esta lógica que subyace en las expresiones cotidianas de la comunidad, se liga con la

constitución de regímenes de verdad, en donde se normaliza unos cánones de belleza, que se asocian con la moral, pasando de ser únicamente formas de ser y estar en el mundo, a convertirse en formas de selección de lo bueno y lo malo, siendo todo aquello que se sale de estas pautas, peligroso, criminal. Sin embargo, estas formas pese a su apariencia impositiva, ciega y radical, que en alguna medida pueden pasar por estos puntos, en su trasfondo es probable encontrar formas solidarias y concertadas, en donde si bien la institución aporta elementos discursivos, estos se transforman en las relaciones y prácticas sociales.

De este modo, el sentido moral de la comunidad bosuna en torno al graffiti, pasa por la producción de ciudad que los habitantes de la localidad configuran. Podemos señalar que la producción de ciudad va más allá de la “distribución de las personas en un espacio” (Óp. cit., 2016, p. 22) que estructuran “las tecnologías gubernamentales” (Óp. cit., 2016, p. 22),

sino que esta producción se da “de los modos como los sujetos aplican técnicas y modifican los espacios sociales” (Óp. cit., 2016, p. 22), poniendo en marcha una apuesta por una cierta forma de ser y estar, lo que posibilita la relación activa y significativa; relación impulsada por los modos de construir una forma de vida en colectivo. La práctica social que se organiza desde los límites de la acción, de los juegos de poder y de la gestión gubernamental que configura inicialmente el espacio y que convoca a un cierto “tipo de individuos”, produce entonces limites específicos, que generan efectos en las relaciones sociales.

Es así que los habitantes de la localidad de Bosa, han fijado un marco moral de lo que beneficia o perjudica, según su criterio a la comunidad local, de modo que para ellos lo bueno va asociado a mensajes que promueven la armonía, remiten al medio ambiente, a la cultura popular tradicional, son entendibles y se asocian a mensajes de paz y positivismo. De esta forma, el graffiti como tal, el graffiti por en sí mismo, no está catalogado como bueno o malo, sino que este se configura bueno o malo dependiendo del mensaje y la temática que en él se lee, la intensión que de él logre develar y la relación con su creador.

Claudia V. señala al respecto: “Algunos buenos y algunos malos. Algunos buenos en el sentido de que muestran la cultura, la creatividad y otros malos, porque como lo he

mencionado anteriormente, vulgaridad, desorden, solamente rayar, ensuciar una pared y ya.” (anexo 3, entrevista del 20 de julio de 2017).

En este punto es importante indicar que lo moral en este caso no pasa necesariamente por la ley, en el sentido en que no se pretende reprimir o castigar al contradictor, sino que se busca convocarlo y acogerlo a la idea de lo bueno que tiene la comunidad, en procura de convertirlo en un vehículo de expresión del pensamiento comunitario. Sumando a esto el aspecto legal es desconocido por la mayoría de las personas entrevistas, fundamentando que lo que se quiere no es que el graffiti pase por la justicia institucional, sino que se adhiera a unos ideales comunitarias de convivencia en los espacios comunales.

Finalmente, hemos llegado a nuestra tercera y última subcategoría, titulada: Reacciones de orden emocional, en donde analizaremos las reacciones compartidas por los miembros de la comunidad, que más allá de una percepción individual, nos interesa abordar las coincidencias perceptuales desde este tópico. La emoción tiene un aspecto expresivo que se

manifiesta corporalmente como una respuesta fisiológica a un estímulo. Las respuestas y sus manifestaciones corporales a pesar de tener un principio autónomo, se complejizan gracias al lenguaje, pues este permite y favorece la expresión particular de cada una de las emociones experimentadas por el hombre. La forma de experimentar las emociones, tiene mucho que ver con el mundo interno y las experiencias particulares de cada individuo, por lo tanto, estas a pesar de ser innatas e inherentes al hombre, también son adaptativas y aprendidas, en la medida en que, cada sujeto en su desarrollo y desenvolvimiento social, aprende y aprehende maneras de percibir y relacionarse con su mundo, con su grupo social.

Las diferentes expresiones emocionales, se relacionan con la integración y vinculo social, al igual que las experiencias conductuales aprendidas a lo largo de la vida, de modo que, frente a circunstancias, situaciones y/o estímulos externos, cada persona se comporta de una manera determinada. Al relacionarnos con nuestros semejantes, adquirimos

capacidades de relación y vinculo, de modo tal que, lo que para una cultura puede llegar a ser repulsivo, para otra puede llegar a ser algo sagrado, como es el caso de las ratas sagradas de la India, que, en otros lugares del planeta, estos mismos animales generan temor y causan repulsión. Así mismo, cada emoción y la forma de afrontarlas, tiene mucho que ver con el contexto social en el que nos desarrollamos y desenvolvemos, de tal forma que, los vínculos sociales y por supuesto la memoria, hacen ruido en la parte emocional.

La memoria es un espacio vivo que se media por relaciones emocionales y afectivas,