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Resultados y consideraciones finales

4. ANÁLISIS Y RESULTADOS

4.2. Resultados y consideraciones finales

Al dar inicio a esta investigación, se planteó el interrogante ¿Cómo visibilizar el impacto del graffiti como lenguaje cultural desde intervenciones realizadas por jóvenes de la

localidad de Bosa en la comunidad?, en donde se pretendía mostrar, evidenciar y dar a conocer el impacto que el graffiti tenía en los habitantes del territorio bosuno, como un elemento representativo de las calles y de la cotidianidad de la localidad y la ciudad capital. Es así, que se delimito la investigación hacia una cara de la moneda, queriendo en todo momento, dar voz a las personas que viven, transitan y consumen graffiti en este sector de Bogotá, reconociendo que si bien, el graffiti es un elemento altamente investigado por la academia, la gran mayoría lo asume desde el trabajo, la mirada y la voz de los graffiteros, lo que da un giro de sentido al análisis, encontrando en éste formas de resistencia política,

artística, cultural y social, como se evidencia en el estado del arte presentado al inicio del documento.

Aquí, se ha querido escuchar la voz de quienes conviven con los graffitis

cotidianamente, dando a conocer sus pensamientos y opiniones al respecto, para de esta forma, visibilizar el impacto del graffiti como lenguaje cultural desde intervenciones realizadas por jóvenes de la localidad de Bosa en la comunidad local, objetivo central de la investigación. En este punto, es clave señalar que se partió del supuesto de la existencia de un impacto frente a la práctica de los graffiteros, que, si bien se asumía que existía uno, no se había determinado puntualmente cuál era. Es así que para alcanzar el objetivo general y dar respuesta al interrogante central, se construyó una red que permitiera llegar al corazón de la investigación, tejiéndose ésta alrededor de tres categorías.

De acuerdo a las tres categorías: Consumo de graffiti realizado por jóvenes graffiteros, percepción de la comunidad frente a la práctica de los jóvenes graffiteros y, reacciones

generadas en la comunidad frente a las temáticas expuestas. Se abordó el estudio desde un

ejercicio comprensivo y reflexivo desde la trama de sentidos y significados que la

comunidad bosuna manifestó en torno al graffiti desde la recopilación de información en el diario de campo, entrevista semi-estructura y la observación participante. De esta forma, a continuación, se exponen elementos interpretativos desde la reflexión consciente, sensata y meditada de la información recogida a lo largo del estudio.

En primera instancia, cabe resaltar que la voz de la comunidad es situada y, más allá de las concordancias o similitudes con otros territorios, los habitantes de la localidad de Bosa, han tejido un entramado de sentido desde los vínculos comunitarios, vínculos que

establecen una conexión entre; espacio, tiempo, sujeto y lenguaje. Esta conexión se asume aquí desde la consolidación del imaginario social frente al graffiti, que representa la concepción de figuras, formas, imágenes; haciéndose implícita la experiencia, que se articula con la historia y que se da en un espacio. De este modo, la imaginación se entiende como “un libre juego con las posibilidades” (Ricoeur, 2002, p. 203), donde la experiencia viene a mediar entre la percepción de lo real y lo no real. Así, la imaginación como forma del pensamiento humano, se da a partir de una visión particular que se produce desde un imaginario establecido dentro de una sociedad, el cual ha sido dado a través de la

interacción de los hombres y la formación del lenguaje y la técnica, como formas de pensar el mundo y de hacer las cosas.

De lo anterior, se da a entender que la comunidad de Bosa frente a unas experiencias de vida cercana y unas prácticas cotidianas que los vinculan aún más, han constituido un imaginario en torno al graffiti, que remite principalmente a lo que ellos son capaces de leer o no en las pintadas. De este modo, los habitantes de la localidad señalan un malestar generalizado frente a prácticas delictivas que los afectan cada día, reconociendo en el graffiti, un elemento de comunicación, codificación y marcación de personas dedicadas a dañar o afectar la vida de la comunidad. Es así, que al referirse al graffiti de forma general, este alude primeramente a un elemento negativo que marca el territorio, el barrio, como un lugar de conflicto pandillero, barrista o de consumo de SPA, lo que hace que el graffiti se enmarque en un imaginario social de delictivo.

En esta línea, se reconoce que el consumo que tiene la comunidad en sus barrios se resalta sobre un corte vandálico, barrista y pandillero, reconociendo inmediatamente que en sus calles siempre hay graffitis que les generan malestar, miedo e inseguridad, pese a la existencia de otro tipo de graffiti, los cuales vienen a pasar desapercibidos o no son recordados al momento de cuestionar a los habitantes sobre este tópico. De esta forma, el imaginario social se fija constantemente y permanece, pese a otros estilos, modalidades y usos del graffiti, lo que hace que el consumo real, mayoritariamente este direccionado a una percepción negativa del graffiti y se proyecte un consumo esperado, hacia otras latitudes, deseando colectivamente que se visibilice, masifique y generalice otro tipo de pintadas como las de la zona centro y norte de la ciudad.

Si bien este tipo de pintadas no están ausentes en la localidad de Bosa, como ya se mencionó, no se reconocen o recuerdan, quizás por la permanencia del imaginario o por el deseo proyectado de tener una forma de vida diferente, que remite a unas condiciones de vida más favorables desde el aspecto económico. Desde esto, se logra reconocer en la investigación que, la comunidad tiene una fuerte idea acerca de las condiciones de vida de otros estratos (5 y 6 principalmente), lo que hace que estas no solo se limiten a la vida familiar y personal de los individuos, sino que se cruzan y se ligan con la vida en la

seguras y organizadas, vinculando aquí la práctica del graffiti, haciendo comparaciones constantes con lo que hay en sus barrios y, lo que hay en los barrios del norte. En este punto, nunca se escucharon comentarios que indicaran que los graffitis del norte fueran de pandillas, barras o de tipo delictivo, como si se repitió constantemente al referirse al graffiti local, al contrario, al remitirse a los graffitis del norte, siempre se señalaban como bonitos, bien hechos, estéticos y hasta artísticos, marcando una brecha entre lo que se tiene en la localidad de Bosa y, lo que se percibe de la zona norte de la capital colombiana.

De esta forma, se puede decir que para la comunidad bosuna, sus graffitis

principalmente están asociados con delincuencia y conflictos urbanos como consumo de SPA, violencia y muerte, distanciándolos de otras zonas, en donde para ellos el graffiti también pasa por el tamiz de lo positivo, bonito y estético, siendo el consumo real de violencia, muerte, suciedad, drogadicción, pandillas y barras, pasando a tener un consumo esperado desde lo tranquilo, colorido, pacifico, naturalista, artístico y estético, no siendo este tipo de graffiti ausente en la localidad.

De lo anterior, podemos señalar que la percepción de la comunidad frente a la práctica del graffiti en su localidad es negativa, más allá de que la evidencia visible muestre otras formas del mismo. En esta medida, tratar de comprender y analizar los procesos de vinculación, permite ampliar la discusión acerca del cómo y el por qué la comunidad percibe de cierta forma la práctica de los jóvenes graffiteros, recociendo fundamentalmente el ejercicio juvenil por dos razones: la primera porque son los jóvenes quienes renuevan la práctica y la segunda, porque es sobre ellos que recae el imaginario de ejecutores del graffiti.

Si bien y como se señaló en el cuerpo de la investigación, la comunidad de Bosa como se configura actualmente, no tiene un vínculo histórico arraigado, sino que ésta, ha tenido trasformaciones de orden espacial, urbanístico y por supuesto social. Desde lo espacial, la localidad alrededor de veinte años, ha pasado de tener amplias zonas rurales, a convertirse en una localidad extensamente urbana, conservando pocos vestigios del pasado campesino en sectores como Bosa San José y San Bernardino. Esta transformación ha llevado a una construcción urbanística de unidades habitacionales de propiedad horizontal masificadas y similares de una zona a otra, principalmente hacia la periferia de la localidad, dejando

huella del pasado municipal únicamente hacia el centro de Bosa. Estos cambios, han tenido mucho que ver con proyectos gubernamentales de orden local y nacional, en donde se ha proyectado el albergue de personas en condición de vulnerabilidad, desplazamiento, reinserción, víctimas del conflicto armado y/o reubicación de zonas de deslizamiento de otras localidades de Bogotá, existiendo unidades habitacionales de diferente orden.

Si bien, la construcción y organización de territorios responde a proyectos institucionales, la configuración que ha tenido la localidad de Bosa, responde a la interacción y conexión humana entre sus habitantes, que más allá de separarlos o

enfrentarlos por sus condiciones o su pasado antes de llegar al territorio, han promovido lazos vinculantes en pro de dejar atrás un pasado complejo e incluso traumático.

La producción del espacio urbano Bosuno se origina en parte desde el dispositivo gubernamental que estructura la distribución espacial en respuesta a unas políticas públicas y convenios interinstitucionales, que apuestan por una organización productiva del

territorio y de sus habitantes. Sin embargo, “la acción humana es una obra abierta, cuyo significado está en suspenso” (Ricoeur, 2002, p. 181-182), lo que origina otras formas de producir el espacio, la ciudad, pese a las disposiciones establecidas en su concepción. De esta forma, el empoderamiento de la gente de sus escenarios privados y comunes, modifica desde la interacción, la gestión colectiva y las luchas sociales, algunas disposiciones espaciales del medio habitacional, lo que le permite establecer vínculos de conexión entre sus conciudadanos.

Desde ahí, se logra incidir en procesos espaciales que fomentan la configuración de comunidad, a partir de la obligación de formular y gestionar procesos satisfactores de necesidades, principalmente, lo que fomenta un contacto social, unas formas solidarias que requieren necesariamente del uso del lenguaje; de modo que se pueda hacer frente a unas verdades generadas para efectos del ejercicio del poder gubernamental, desde el uso de unas prácticas imaginativas en pro de ficcionar la realidad y promover la transición, modificación, limitación de dichas verdades, de modo que se suscite un proceso

transformador que posibilite verdades cercanas y propicias al espacio y momento histórico de cada comunidad.

Es así que el graffiti pasa de ser un elemento aislado, a un elemento vinculante, en donde es la comunidad quien decide qué tipo de graffiti quiere que se realice en su territorio y, más allá de tener la posibilidad de decidir quiénes o que se va a pintar, si pueden controlar el tiempo de permanencia de este, tras la fugacidad que plantea Armando Silva, ya tratada en el análisis anterior. Por lo tanto, se puede indicar que, pese a unas condiciones de vida difíciles, un pasado conflictivo, traumático o violento, la comunidad se une para rechazar, así sea desde su percepción, una apología al delito, unas formas violentas, agresivas y dolorosas, que rememoren lo que se quiere dejar atrás. Siendo el ideal visual, nuevas

formas de ver su territorio, tomando como punto de partida la vida, la naturaleza, la paz y lo positivo del mensaje.

Nuevamente, convocamos a los jóvenes a nuestro estudio, señalando que, si bien son ellos los que renuevan las prácticas, reinventan formas e innovan lo existente, aquí, la comunidad manifiesta una preocupación constante por ellos, señalando en comentarios que se desea que los niños y los jóvenes tengan mejores condiciones de vida, no padezcan sufrimientos y se aparten de la delincuencia y el consumo de SPA. Por lo tanto, la manera en cómo se asume el graffiti presente en la localidad, es riesgoso para los niños y los jóvenes, asociándolo a formas delictivas, barristas o pandilleras, lo que acrecienta el malestar hacia el consumo real del graffiti de los habitantes de la localidad. De esta forma, no se quiere erradicar el graffiti, como ya se ha mencionado, sino darle un uso productivo y propositivo en la transformación de comunidad, llevando a que los jóvenes pueden tener acceso a un graffiti esperado, que los aleje de una memoria encarnada de violencia, consumo y dolor.

Así, el impacto del graffiti en la comunidad de Bosa, pasa por la memoria de un pasado doloroso, conflictivo y violento, que no solo cruza por el ámbito de lo personal, lo

particular, sino que también atraviesa lo familiar, lo político, lo social y lo cultural,

permaneciendo la cicatriz de una historia nacional de muerte y sufrimiento. Así, la práctica del graffiti y su uso como códigos delictivos y reminiscentes a un pasado sangriento, violento, desolado, doloroso y narcotraficante, llevan a la comunidad a tener recelos por su ejercicio y más aún, si este es realizado por jóvenes, pues es precisamente en ellos en quien se tiene una esperanza de cambio y, se desea que sean ellos quienes dejen de lado y

promuevan el apartar la práctica cotidiana de la muerte; trayendo a escena imágenes cargadas de vida, color y esperanza, en donde el territorio sea el lienzo de ese cambio.

CONCLUSIONES Y RECOMENDACIONES

Para finalizar este trabajo queremos señalar de forma puntual y sucinta las conclusiones generales encontradas a lo largo de la investigación, de modo tal, que estas sean un

instrumento de discusión, debate y revisión, junto con el documento que aquí presentamos. De manera que este estudio fomente el deseo investigativo de otros estudiantes y

académicos, sumando elementos al desarrollo de esta y otras temáticas asociadas a la imagen, lo plástico, lo visual y el arte, desde una perspectiva social, en donde el diálogo y el reconocimiento de las diferentes voces, encuentre cabida en futuras investigaciones de corte interdisciplinar.

De esta forma, concluimos este trabajo con el firme anhelo y la esperanza de hallar en el lector un cómplice, que no solo se quede con la información aquí dada, sino que este sea un detonante para su deseo investigativo, en donde desde la lectura, revisión y estudio de este documento; cuestione, analice, interrogue, profundice y amplié los conocimientos sobre el graffiti desde diferentes puntos de observación, de manera tal que, este campo sea

enriquecido y otros investigadores aporten a la construcción del conocimiento social desde diferentes valencias.

Conclusiones

- El impacto del graffiti pasa por el consumo y la percepción frente a la práctica de los jóvenes graffiteros, las cuales se relacionan con el tipo de mensaje expuesto en las intervenciones originando reacciones de orden emocional y moral.

- El consumo es visto como el uso, la utilidad de los graffitis hallados en el territorio.

- El consumo que le da la comunidad de Bosa a los graffitis locales, pasa por la interpretación del mensaje, que, en su mayoría, la lectura de éste se asocia a intensiones delictivas, barristicas, vandálicas, de conflictos territoriales asociados al micro tráfico.

- En la localidad de Bosa se ha generado un imaginario social entorno al graffiti en donde se reflejan muchas de las problemáticas locales.

- El consumo real que hace la comunidad bosuna se asocia al mensaje, siendo este confuso, desagradable o agresivo, ligándose con el sentido de belleza que se evidencio en la observación, estando este asociado a lo figurativo.

- El sentido estético señalado por los participantes, remite a un ideal romántico, en donde se resalta la importancia de lo figurativo, realista y con temática paisajista.

- El consumo esperado se asocia al sentido estético, en donde los participantes señalan que un buen graffiti pasa por el tamiz de su sentido, queriendo encontrar realismo, figuración y temática medio ambiental en los muros de los barrios. Sin embargo, no se quiere ver un reflejo de la realidad, así éste se enmarque en los parámetros de su estética.

- La percepción de la comunidad se vincula con el consumo, pues se enlazan la apreciación y las impresiones que tienen los habitantes de Bosa.

- Se reconocen diferencias importantes al percibir un graffiti, las cuales cambian sustancialmente con relación al hecho de solicitar o no autorización, ya que más allá de lo representado en la imagen, la aprobación o desaprobación de ésta, pasa por el respeto de mi propiedad, entendida en el sentido extenso que cobija no solo mi casa, sino mi calle, mi parque, mi poste, mi sector.

- En la extensión de la propiedad la comunidad refiere unos lazos que implican campos de acción en defensa de lo nuestro, siendo las prácticas independientes una agresión, una afrenta a lo mío, a mi comunidad.

- Las prácticas vinculantes, en donde se consulta, convoca a los habitantes del territorio son asumidas como reconocimiento y respeto frente a la propiedad común.

- Si bien en el consumo se señaló la importancia de comprender lo dicho, frente a las prácticas vinculantes se reconocen elementos de gusto pese a lo abstracto o confusa que pueda llegar a ser la imagen.

- El imaginario social que asocia al graffiti con lo delictivo está arraigado

fuertemente, en donde al interrogar a los participantes sobre su percepción sobre el graffiti, no se recuerdan o reconocen estilos y temáticas asociadas a su sentido estético, sino que, de primera mano, vienen a la mente imágenes vinculadas con la delincuencia.

- En las reacciones frente a temáticas expuestas, se manifiestan discursos de clase en torno al graffiti, señalando que otros estilos y temáticas, son utilizados en forma positiva en otras zonas de la ciudad (norte y centro), remitiendo que no solo las condiciones socio económicas de los residentes de estas zonas son mejores, sino que también la configuración espacial y estética de los espacios comunes es más positiva.

- El imaginario social frente al graffiti, que se asocia con pandillas, barras bravas, micro tráfico y delincuencia en general, se mantiene pese a la presencia de múltiples estilos y temáticas expuestas en el territorio bosuno similares a la zona norte y centro de la capital, limitando este imaginario social reconocer y recordar otras formas y usos del graffiti.

- El graffiti por sí solo no es ni bueno, ni malo. Este pasa por el uso que se reconozca de cada una de las piezas, las lecturas y asociaciones que se hagan de las imágenes

representadas.

- Lo bueno y lo malo con relación al graffiti, se ligan a unos ordenes normativos, en donde lo bueno se asocia a parámetros de belleza estandarizados, a proporciones definidas y a la figuración; siendo lo malo, todo aquello que se sale de la norma, que no tiene una proporción rigurosa, lo invertido, lo amorfo, lo transpuesto, lo deforme.

- Los graffitis asociados a lo bueno, llevan a la paz, la armonía, la tranquilidad.

- Los graffitis asociados a lo malo, llevan a lo violento, lo conflictivo, lo doloroso.

- El aspecto emocional está marcado por el pasado, no solo un pasado experimentado en la propia vida, sino en un pasado colectivo, en donde el conflicto armado y el

derramamiento de sangre se ven expuestos en las reacciones de orden emocional.

- Se proyectan deseos de mejores condiciones de vida en las imágenes que se desean, esperan consumir.

- En los graffitis no se quieren encontrar imágenes violentas, agresivas, delictivas, ya