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A UNA “LECTURA PARADÓJICA” DEL TRACTATUS

B.5. Recordatorio de nuestros cuatro bloques temáticos y algunas aclaraciones al respecto.

Antes —al comienzo de esta introducción B— hemos perfilado los rasgos principales del pensar moderno, estableciendo cuatro líneas temáticas que servirán de guía para nuestra posterior exposición del Tractatus:

1) La teoría general del conocimiento (o teoría de la representación del mundo en el pensamiento).

2) El proyecto epistemológico (o fundamentación y metodología de la ciencia frente al escepticismo).

3) El problema metafísico del dualismo cartesiano (o los dilemas entre solipsismo y realismo).

4) La ética (o el deseo del hombre por alcanzar la virtud, el bien y la felicidad).

Estos cuatro temas se corresponderán con los cuatro capítulos de nuestra Parte II —una vez superemos este primer bloque “introductorio”—, y pueden considerarse los cuatro proble- mas fundamentales a los que Wittgenstein se enfrenta en el Tractatus. Si, como los intérpretes “inefabilistas”, tuviéramos que hablar de las tesis filosóficas mantenidas por Wittgenstein en el Tractatus, podríamos agrupar tales tesis en estos cuatro bloques. Como se dijo, las lecturas “inefabilistas” del Tractatus pretenden que haya en él, en efecto, un posicionamiento filosófi- camente “positivo” ante tales problemas (una teoría de la representación, una metafísica, una ética…), mientras que las lecturas “terapéuticas” pretenden arrojar enteramente la escalera tractaniana, de modo que no sobreviva ninguna tesis positiva. Nosotros trataremos de mostrar de qué modo el Tractatus lleva tales problemas hasta el límite que los vuelve paradójicos, y que nos lleva a la indecisión respecto a la posibilidad de clarificar su filosofía (y la filosofía en general), ni positiva ni negativamente.

Ahora bien, respecto a nuestra división temática, puede ser cuestionable nuestra ten- tativa de no reservar un tema propio y entero para la lógica, por ejemplo, para la filosofía de la matemática, o para la mística, siendo estos capítulos recurrentes en diversas monografías sobre el Tractatus. Una vez más, la razón es que seguimos los ejes del pensamiento moderno tal como ha sido arriba planteado, dando primacía a los problemas epistémicos y metafísicos, y extrayendo desde ahí una ética. Según pensamos, si explicamos el posicionamiento de Wi- ttgenstein en relación a esos cuatro bloques, tendremos ya material suficiente para ubicarlo en relación a la filosofía moderna —y, por extensión, en relación a la filosofía en general—, ya que esos cuatro temas sostuvieron en lo fundamental la discusión moderna. En verdad, noso- tros no excluiremos de nuestro trabajo el tratamiento de esos otros temas mencionados —lógi-

ca, matemática y mística—, sino que serán incluidos y, en cierto sentido, diseminados dentro de los otros bloques.

En el caso de la mística, nosotros la asociaremos necesariamente a la noción de “mos- trarse” (asociación respaldada por la sentencia 6.522 del Tractatus), la cual constituye en nues- tra lectura el punto clave del método seguido por Wittgenstein, o eso que llamaremos “punto de fuga” —expresión que explicaremos mejor en breve—; así, en nuestra lectura, el “mostrarse” y, por tanto, lo “místico”, forman más bien parte de la metodología que de la temática, y por esto mismo habrá de tener alguna presencia en todos nuestros capítulos (algo similar a lo que ocurrirá con la lógica). No obstante, lo “místico” y el “mostrarse” cobrarán una importancia capital en las últimas secciones del libro, donde se tratan los problemas del solipsismo y de la ética; por esto, nosotros trataremos tales nociones con más profundidad en nuestros últimos capítulos (Caps. 3 y 4). Por su parte, tampoco constituye lo “místico” un tema característico de la filosofía moderna, ya que, de hecho, ésta es también, en la mayoría de los casos, una lucha contra el misticismo. En el Tractatus lo “místico” será la expresión que condense esa “apertu- ra” a la que nos conduce su paradójica filosofía y será, pues, la que condense su condición de

límite respecto a la filosofía moderna.

En el caso de la filosofía de la matemática, su tratamiento quedará básicamente inte- grado dentro de la epistemología (en nuestro Cap. 2), aunque apenas hablaremos de ello. Es verdad que el mismísimo origen del trabajo filosófico de Wittgenstein tiene que ver con su investigación de las raíces lógicas de la matemática, siguiendo, como se sabe, los proyectos de Frege y de Russell. Ahora bien, por un lado, es también obvio que, llegado a cierto punto, en el trabajo de Wittgenstein cobra más peso la lógica como tal (no ya como “fundamentación” de la matemática, pues la matemática será para Wittgenstein tan solo un método de la lógica (6.2)), hasta que ella misma —la Lógica— es tomada como el problema primordial, y el trabajo de Wittgenstein se convierte en auténtica “filosofía de la lógica”, y, desde ahí, daría el salto a la filosofía en toda su amplitud (también les ocurría algo similar tanto a Frege como a Russell). Por otro lado, incluir la filosofía de la matemática dentro del problema epistemológico se debe a que eso también resulta ser afín al tratamiento moderno del asunto. En Descartes la matemá- tica tenía una importancia capital, pero, sin embargo, no dejaba de ser una ciencia de escaso interés cognitivo de por sí229. En verdad, para el propio Descartes lo más importante de la ma-

temática era el método según el cual proceden: «no suponer absolutamente nada que la expe- riencia haya mostrado incierto, sino que [la geometría y la matemática] se asientan totalmente en una serie de consecuencias deducibles por razonamientos»230; esto es, entonces, que ya a

Descartes lo que más le interesaba era la lógica subyacente al método matemático, por lo que 229 Véase también nuestra nota 127.

éste puede aportar a su metodología y fundamentación de la ciencia (o sea, su epistemología). Por su parte, también será reconocido que, en Kant, la filosofía de la matemática está incluida en la Crítica de la razón pura como parte del proyecto epistemológico (particularmente, Kant quiere demostrar la posibilidad de los juicios sintéticos a priori en matemáticas, esto es, fun- damentarlas como ciencia).

El caso de la lógica debe ser tratado con mucha mayor cautela, ya que, sin duda, la lógica no solo constituye un tema dentro del Tractatus, sino que podría ser el tema primordial, el más extensamente desarrollado en el texto. No obstante, por un lado, si nos acogemos al tratamiento moderno de la lógica, podríamos perfectamente mantenernos dentro del capítulo de epistemología, ya que en la Modernidad nos encontramos, bien con la idea de una ciencia formal de escaso interés cognitivo, aunque útil como propedéutica para el desempeño de la ciencia —esta viene a ser la idea de Kant231—, o bien nos encontramos con una lógica que pre-

tende emparentar con las matemáticas y que podría llegar a permitirnos fundamentar, primero, la propia matemática y, desde ahí, también el resto de conocimientos científicos —esta idea de la lógica sería esbozada primero por Leibniz, continuada por otros como G. Boole, y materia- lizada de forma más notable por Frege, Russell y demás lógicos del siglo XX—.

Sí, sería preciso remarcar la diferencia fundamental existente entre la lógica tradicional (aquella iniciada y prácticamente completada por Aristóteles), y la lógica matemática que hoy conocemos; siendo Frege el claro nexo entre ambas concepciones de la lógica. En general, antes de Frege se entiende la lógica como una ciencia que pretende «exponer detalladamente y demostrar con rigor las reglas formales de todo pensamiento» —tal como expresa Kant—; y, así, se entiende que la lógica, en el sentido moderno, tendiera a menudo puentes hacia la psicología, por cuanto el investigador en lógica estaría investigando también la mente, las 231 Cf. KrV (B VIII-IX). Es importante advertir, sin embargo, que aquí Kant se refiere a la lógica aristotélica,

desconsiderando enteramente los desarrollos lógicos medievales y, más aún, los modernos —como el que hiciera Leibniz— [cf. CAMACHO (2006)]. No obstante, es también preciso señalar la reorientación que Kant ofrece sobre

el término “lógica” en su Crítica de la razón pura, mediante la expresión “lógica trascendental”, que será la que le guíe en la deducción de las categorías. Esta “lógica” ya no es propiamente la ciencia formal (ni aristotélica ni leibniziana) que pudiera servir como propedéutica para la ciencia, ni como matematización de los silogismos, sino que es un método de deducción trascendental, esto es, un procedimiento brindado por la misma razón, con la que ella misma puede efectuar su Crítica. Esta “lógica trascendental” está, en ese sentido, vinculada al proyecto epistemológico kantiano; sin embargo, Hegel vería justamente ahí —en la Lógica— el secreto de la verdadera especulación: la Dialéctica. La Ciencia de la lógica de Hegel será la encargada de hacer visible la Lógica —que escribiremos con mayúsculas—. Esto es: la “Lógica” en Hegel no se refiere en ningún caso a la mera ciencia for- mal, ni debe confundirse siquiera con el despliegue textual de su Ciencia de la lógica; la Lógica es «lo verdadero» de toda ciencia, el verdadero corazón del Sistema. Digámoslo así: en Hegel la Lógica deja de ser una ciencia, para convertirse en una verdadera entelequia filosófica. Decimos esto porque, según pensamos, y como veremos a continuación rápidamente, en el Tractatus de Wittgenstein, además de un desarrollo de la lógica formal, encon- traremos un apunte hacia esta “Lógica” con mayúsculas, en un sentido similar a Hegel.

reglas formales del pensamiento —esto se hace visible aún en Boole, quien, a pesar de que su tratamiento de la lógica es ya estrictamente matemático, no deja de titular su investigación, justamente, Las leyes del pensamiento232—. Y es en este punto en el que incide Frege. Lo que

él pretende es, ciertamente, eliminar toda intromisión de la psicología en el terreno de la lógica y, por tanto, en el terreno de la “verdad”: «Es tarea de todas las ciencias descubrir verdades: a la lógica le toca decretar las leyes del ser verdad»; y continúa Frege:

«[…] es posible hablar también de leyes del pensamiento. Pero aquí acecha el peligro de mezclar cosas distintas. La expresión “ley del pensamiento” se entiende quizás por analogía con “ley de la naturaleza”, queriendo hacer referencia mediante ella a lo general de los acontecimientos mentales del pensar. Una ley del pensamiento sería, en este sentido, una ley psicológica. Y así se podría llegar a creer que la lógica trata del proceso mental del pensar y de las leyes psicológicas de acuerdo con las cuales este tiene lugar. Pero esto sería no comprender la tarea de la lógica, puesto que la verdad no ocupa aquí el lugar que le corresponde. […] Para evitar cualquier mala comprensión e impedir que se borre la frontera entre la lógica y la psicología, asigno a la lógica la tarea de encontrar las leyes del ser verdad, no las del tomar algo por verdadero o las del pensar. En las leyes del ser verdad se despliega el significado de la palabra “verdad”»233.

Es claro que en el sistema de Frege hay un lugar reservado para el “pensamiento”: un «tercer reino» comprendido entre los objetos exteriores y las representaciones o ideas, entre el mundo puramente subjetivo y el mundo objetivo234. No entraremos en detalles respecto a lo

que Frege entiende por “pensamiento”; baste con una leve aproximación: «aquello respecto de lo cual la verdad puede entrar en consideración» —aunque, según el propio Frege, esto no puede tenerse como una verdadera definición235—. En cualquier caso, lo más importante es

tener presente que, para Frege, los procesos mentales, entendidos bien como procesos pura- mente psicológicos, bien como procesos cerebrales, son inesenciales al hecho mismo de que un pensamiento sea verdadero o falso. Un pensamiento es verdadero o falso, independientemente de que alguien o nadie lo piense —lo capte—, independientemente de que alguien o nadie lo considere verdadero o falso —lo juzgue—, e independientemente de que alguien exprese su 232 El título completo y original de la obra a que nos referimos es: An Investigation of The Laws of Thought,

On Which Are Founded The Mathematical Theories of Logic and Probabilities; nuestra referencia en la bibliogra-

fía es: BOOLE (1854).

233 FREGE (1918, pp. 196-197).

234 Cf. FREGE (1918, pp. 212-213); léase también: «El pensamiento no pertenece ni a mi mundo interior,

como representación, ni tampoco al mundo exterior, al mundo de las cosas perceptibles por los sentidos» (p. 221). 235 Es importante reseñar esta limitación de la que Frege es consciente, y que le llevó a decir que «es per- fectamente verosímil que el contenido de la palabra ‘verdadero’ sea completamente sui generis e indefinible» [FREGE (1918, p. 199)], e incluso: «Ni la lógica ni la matemática tienen como tarea investigar las mentes ni el

contenido de la conciencia del que el hombre individual es portador. Más bien, se podría quizá establecer como su tarea la investigación del espíritu, del espíritu, no de los espíritus» (p. 220). El reconocimiento de los aspectos más problemáticos de su filosofía es, sin duda, muestra de la gran integridad filosófica de Frege, pero al mismo tiempo introduce una tremenda tensión en su sistema; tensión que se desbordará con la denuncia de Russell de su famosa paradoja.

juicio mediante una proposición —lo asevere—236. La explicación de los procesos mediante

los cuales sucede el acto de pensar, de juzgar o de expresar son, ciertamente, inapropiados para la determinación de lo que sea “ser verdadero”, ya que nuestra descripción de esos procesos podría ser verdadera o falsa, y tendríamos que saber entonces, previamente, en qué consiste la verdad y la falsedad. Esta investigación no puede efectuarse, pues, desde un punto de vista psicológico, ni tampoco desde un punto de vista científico-empírico (digamos, por ejemplo, neurofisiológico, o incluso físico); esta investigación sobre el “pensamiento”, y, por consi- guiente, sobre la “verdad”, debe efectuarse desde un punto de vista estrictamente lógico (donde Frege debe entender “lógico-matemático”): la “verdad” es el valor de ciertas funciones, o lo que, dentro de la teoría semántica, será la referencia de ciertas proposiciones (las verdaderas). No obstante, ciertamente, el anti-psicologicismo fregeano no evita que su desarrollo de la lógica tenga aún un enfoque epistemológico (como pudiera tenerlo también, por ejemplo, el sistema de Leibniz), ya que la “verdad” es su terreno, y su fin no es otro que establecerse como “fundamento”, primeramente de la aritmética, y después del conocimiento en general237. Asi-

mismo, cuando Russell denuncia la famosa paradoja contenida en el sistema de Frege, se arrui- na el proyecto de fundamentación fregeano, pero no concluye Russell en la imposibilidad de realizar tal fundamentación, sino que, junto a Whitehead, desarrolla la “Theory of types” como una alternativa: excluyen los enunciados auto-referenciales, explicándolos como una confu- sión entre elementos de diferentes “tipos” o “jerarquías” lógicas, a fin de que se pueda usar el meta-lenguaje para explicar el lenguaje y, así, fundamentar el conocimiento en él contenido. En efecto, el proyecto logicista de Russell —como también el de Frege— está orientado epis- temológicamente, continuando con ello el proyecto moderno propiamente dicho (cabalmente, solo en base a esto se incluye la filosofía de Russell en la tradición del “empirismo británico”).

Así, bajo esta razón, podría ser lícito incluir la lógica del Tractatus dentro de nuestro capítulo de epistemología, ya que, por lo que parece, la lógica tiene fundamentalmente algo que decir respecto a los límites de nuestras descripciones del mundo, y sobre nuestros lími-

tes a la hora de determinar lo que sea “ser verdadero” y “ser falso”, y esto es epistemología.

Sin embargo, reducir el interés de Wittgenstein por la lógica a lo que ésta tenga que decir en materia de epistemología sería pensar el Tractatus en los mismos términos en los que fuera pensado primero por Russell y después por los miembros del Círculo de Viena; esto es, una interpretación del Tractatus eminentemente epistemológica. Pero no es ésa nuestra idea del

Tractatus, ni del papel que la lógica cumple en él. En el Tractatus, Wittgenstein toma la lógi-

ca como su punto de vista, o como la herramienta que le guía en todo su filosófico discurso. Todos los problemas filosóficos abordados en el Tractatus son abordados desde la lógica, esto

236 Cf. FREGE (1906, p. 171) y (1918, p. 202).

237 El salto de la fundamentación de la matemática a la fundamentación del conocimiento en general es consecuencia inevitable de que la lógica, desde Frege, sirvió también para modelizar las expresiones del lenguaje y de la ciencia, acogiéndose a la misma noción matemática de «función» para el tratamiento de las proposiciones.

es, rescatando aquello que la lógica tiene que decir respecto a esos problemas, o lo que esos problemas tienen que decir de la lógica. Todo lo que Wittgenstein diga acerca del mundo y de nuestro modo de figurarlo, todo cuanto diga del lenguaje, de la ciencia y de nuestra posibilidad de fundamentar su verdad, todo cuanto diga acerca de la ética y acerca de la propia filosofía, lo dirá Wittgenstein desde la lógica. La lógica es la guía del Tractatus, los renglones por los que procede el discurso. Así —como antes sucediera con lo “místico”—, la lógica forma más bien parte del método que de la temática, estando en la base del tratamiento wittgensteiniano de los problemas filosóficos. Por ello, no reservaremos un tema propio para la lógica, sino que habrá de tener presencia en todos nuestros capítulos; y prácticamente solo de ella hablamos en nuestra próxima Introducción C.