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EL RECURSO DE LA BIOGRAFÍA PARA LA EXALTACIÓN DE LAS VIRTUDES HUMANAS

la modernidad y el espacio público ilustrado

EL RECURSO DE LA BIOGRAFÍA PARA LA EXALTACIÓN DE LAS VIRTUDES HUMANAS

El aprecio que la Compañía de Jesús mostró por las virtudes del individuo, exaltán- dolas en las obras históricas y piadosas, fue un signo más de identificación con la moder- nidad. En un tiempo en que las corporaciones hacen pasar desapercibidos a los individuos, los jesuitas tuvieron el acierto de fortalecerse como corporación al divulgar las vidas ejem- plares de muchos de sus miembros. Desde sus orígenes, los jesuitas, identificados con el humanismo cristiano, se valieron del género biográfico como un recurso para invitar, me- diante el ejemplo, a los fieles católicos y específicamente a quienes ingresaban al instituto, a la introspección, para así identificar el camino de perfección. Se utilizó sistemáticamente la biografía para exaltar las virtudes humanas y así alcanzar el Reino de Dios. Es sabido cómo al propio San Ignacio sus compañeros le obligaron a dictar su autobiografía. Los je- suitas, ya en la Nueva España, imprimieron en 1609 una biografía del santo escrita por el padre Luis de Belmonte Bermúdez, que se publicó con un elogio del escritor Mateo Alemán, autor representativo de la picaresca hispánica, entonces residente en la ciudad de México (Medina 1989 [1907-1912], 2: 45). Nos afirma el primer cronista de la provincia mexicana que se debían escribir las muertes de los individuos más notables «de letras virtud y ejemplo» por orden del padre Claudio Acquaviva (Relación, cap.XX, p. 71). Esto dio origen a las cartas edificantes que eran escritas cuando fallecía alguno de sus miembros. Eran escritas por los superiores o por designación de estos, lo mismo algún discípulo del difunto que un compañero más próximo, en ocasiones quien había sido confesor del finado. La mayoría de estas misivas circulaban manuscritas entre los superiores de las residencias y colegios de la Nueva España y se leían en los refectorios a los jóvenes soldados de Cristo. La primera cró- nica, que permaneció inédita hasta el sigloXX, dedicó varios capítulos a narrar las virtudes y muerte de los más notables padres y hermanos jesuitas del sigloXVI. Desde principios del sigloXVIIse utilizó la imprenta en la Nueva España para compartir las biografías de los je- suitas más distinguidos, extramuros de sus residencias, colegios y misiones. La primera carta impresa de la que tenemos noticia fue escrita por el cronista de la labor misional de los jesuitas en el norte de México, el padre Andrés Pérez de Rivas (1576-1655), quien es- cribió la Vida, virtudes y muerte del p. Juan de Ledesma, impresa en México en 1636 (citado por Medina 1989 [1907-1912], 2: 164). Del padre Ledesma (1575-1637) se afirma que «fue uno de los Jesuitas mas ejemplares de la provincia de la N. E., y de los mayores teólogos y canonistas de esta América. Enseñó la teología por espacio de treinta años». Fue consul- tado por prelados y tribunales de la metrópoli, de México y del Péru y se distinguió por su labor caritativa durante la inundación de la ciudad de México el año de 1629 (Beristáin 1980 [1816],II: 174). Siguió a esta biografía la escrita por Luis Bonifaz (1578-1644) y publi- cada en 1640, referente al padre Alonso Guerrero, catedrático de Filosofía y de Sagradas Escrituras, nieto del patrono fundador del Colegio Máximo de San Pedro y San Pablo. En 1664, el padre Alonso Bonifacio, rector de este Colegio, escribió la carta sobre «la Muerte, virtudes y ministerios...» del padre Pedro Juan Castini, misionero y fundador de la congre- gación de la Purísima en el Colegio Máximo (citado por Medina 1989 [1907-1912], 2: 367). En 1679, el padre Tomás Escalante escribió la Breve noticia de la vida exemplar y dichosa

muerte del venerable padre Bartholome Castaño, misionero en Sonora durante veinticinco

años y trasladado a la capital novohispana, quien fue prefecto de la Congregación del Sal- vador ubicada en la Casa Profesa «venerado como santo y consultado por todos los varones de espíritu» (Beristáin 1980 [1816],I: 303). El padre José Vidal, promotor de las misiones

en los espacios urbanos e introductor de la devoción de los Dolores de la Virgen a la Nueva España, publicó en 1675 una Relación de la dichosa muerte del Ven. P. Diego Sanvitores y, en 1682, la vida del «angelical hermano» Miguel de Omaña (Beristáin 1980 [1816],III: 307). Francisco de Florencia, reconocido cronista de la Compañía, publicó en 1661 su Menologio

de los varones más señalados, y en 1684, la Relación sobre el padre Nicolás de Guadalajara,

quien se distinguió como maestro de filosofía y teología y fue rector de los colegios de San Jerónimo y San Ildefonso de Puebla. Florencia dio a conocer anexos a esta biografía, cuatro tratados de espiritualidad del maestro jesuita (Medina 1989 [1907-1912], 2: 569).

En la primera mitad del sigloXVIIIse multiplicaron los impresos biográficos.14Aquí quisiera tan solo hacer mención de tres autores criollos, representativos del siglo: Juan Antonio de Oviedo (1670-1757), Francisco Javier Lazcano (1702-1762) y Juan Luis Ma- neiro (1744-1802). Los tres fueron leídos por nuestros ilustrados novohispanos.15En sus textos podemos apreciar el abandono de la historiografía barroca, inundada de relatos so- brenaturales, para dar paso a la descripción precisa del comportamiento ejemplar coti- diano de los jesuitas entregados a sus actividades pastorales e intelectuales realizadas en orden a la mayor gloria de Dios. La exaltación de los valores cristianos, tales como piedad, pobreza, caridad y sabiduría, se expresa en la descripción de las iniciativas de los jesuitas en los espacios urbanos, las zonas de misión, los colegios, iglesias, hospitales y cárceles.

El padre Juan Antonio de Oviedo reeditó aumentado el Menologio16que inició el padre Francisco de Florencia de los jesuitas que se distinguieron en el gobierno de la provincia, en la cátedra o en el púlpito. Además, fue el biógrafo de los padres Antonio Núñez de Mi- randa, confesor de la poetisa Juana Inés de la Cruz; de José Vidal, a quien ya hemos citado como introductor a la Nueva España de la devoción a los Dolores de la Virgen; del padre Pedro Speciali (Medina 1989 [1907-1912], 4: 204) y de los misioneros Juan de Ugarte y Juan María de Salvatierra. Oviedo, inspirado y apoyado en la obra del padre Juan Nadasi,

Annuss Dierum memorabilis, también se empeñó en rescatar del anonimato la trayectoria de

los más sencillos y humildes miembros de la Compañía, los hermanos coadjutores. En una sucesión de retratos hablados resaltó las virtudes de quienes se dedicaron a hacer produc- tivas las empresas agrarias de la corporación, en búsqueda de la autosuficiencia económica

14 El padre Mateo Ansaldo y Ferrari publicó en 1742 la historia de José Molina, misionero en Sonora; la

Vida religiosa del V.P. Doctor Pedro Zorrilla; la Copia aumentada de la Carta de edificación sobre la muerte del V.P. Sebastián de Estrada; la Carta edificante sobre el padre Manuel Álvarez Lava; la Breve noticia sobre el padre

Tello Siles y la Carta Edificante del coadjutor Agustín Valenciaga, ambos murieron en la epidemia de 1738. En 1725, el padre Alonso Calvo escribió la del padre Joseph María de Guevara. En 1725, Juan Antonio Mora, prefecto de la congregación del Salvador, publicó la Vida y Virtudes del hermano coadjutor Juan Nicolás, procurador del Colegio Máximo. En 1727 se publicaron dos textos sobre el padre Joaquín Camargo, José de Arjo, prepósito de la Casa Profesa, escribió la Carta dirigida a los superiores y Juan Antonio de Mora, su

Noticia de la vida religiosa, virtudes y dichosa muerte del padre Camargo. Juan Antonio Balthasar, en 1737,

escribió la carta de edificación del padre Juan Gumersbac. José María Mónaco, escribió en 1739, la Vida

inocente y muerte preciosa del angelical joven Francisco Maria Bonali.

15 Sobre la biografía del padre Oviedo, escrita por el padre Lascano, Alzate, en su Gaceta de Literatura nos

dice: «[...] compruebo esto con lo que leo en la vida del P. Juan Antonio de Oviedo, impresa en esta ciudad, obra que deben leer los literatos porque en ella se notician hechos particulares e interesantes que no se encuentran en otra parte». Gaceta de Literatura, 2 de mayo de 1795 (Alzate 1831 [1794-1795],III: 418).

16 Francisco de Florencia, Menologio de los varones más señalados. en perfección Religiosa de la provincia de la

Compañía de Jesús de la Nueva España, Madrid, 1747, pp. 125 y 126. Hay que advertir que el padre Oviedo

encontró la obra inédita del padre Florencia y la completó. La biografía del padre Vidal, que aparece en el

de las obras y de quienes en las cocinas o en las enfermerías atendieron con humildad a sus hermanos de religión (Oviedo 1755).

Entre los múltiples escritos del padre Lazcano, encontramos, dentro del género biográ- fico, dos elogios fúnebres de miembros del clero secular: el de Tomás Montaño, obispo de Oaxaca, publicado en 1743, y el de Francisco Navarijo, maestrescuela de la catedral de Mé- xico y cancelario de la universidad, editado en 1758. Sobre sus hermanos de religión se co- nocen dos obras: La vida y virtudes de los PP. Antonio Keler y Provincial Mateo Ansaldo de la

Compañía de Jesús y la Vida ejemplar y virtudes heroicas del P. Juan Antonio de Oviedo, impresa

en 1760.

Fueron varios los jesuitas que en el exilio se empeñaron en escribir biografías de sus hermanos. El más distinguido en ello fue el padre Juan Luis Maneiro (1744-1802), quien produjo en 1791 su obra De Vitis Aliquot Mexicanorum (1791). Es de interés resaltar el én- fasis que Maneiro puso en mostrar en su galería biográfica a los jesuitas que contribuyeron a la modernización de los estudios años antes de la expulsión. Sus biografías mejor lo- gradas, a decir de un estudioso contemporáneo,17son las de los jesuitas que se distin- guieron por su interés y producción bibliográfica sobre la filosofía moderna, la historia pa- tria y la naturaleza americana, quienes en el exilio dieron a la prensa sus principales obras que han sido consideradas como principales soportes de la identidad mexicana.

Hay que añadir que en las biografías que el padre Maneiro hizo de sus contemporáneos, dejó manifiesto el empeño reformador del padre provincial Francisco Ceballos, y cómo los humanistas Diego José Abad, Francisco Xavier Alegre, José Rafael Campoy, Francisco Xavier Clavigero, Agustín Castro, y otros, en su labor docente antes de la expulsión, difun- dieron la filosofía moderna, el interés por la naturaleza, su aproximación al conocimiento mediante la observación y experimentación en las ciencias y el gusto por la historia patria.

El género biográfico cultivado a través de los siglos por los miembros de la Compañía amerita un estudio particular que rebasa la presente investigación. Debo afirmar, sin em- bargo, que los primeros acercamientos a los textos biográficos de estos autores nos per- miten ratificar que en su construcción historiográfica se percibe el tránsito de la escritura hacia la historia-crítica, hacia la historia-ciencia. Los tres enfatizan el rigor de sus textos apegados a las fuentes documentales, a los testimonios orales y a su propia experiencia. Re- conocen que sus escritos pueden soportar la crítica del público.

Cabe decir aquí que el género biográfico, tan valorado en el espacio público ilustrado, fue practicado por los ex alumnos de los jesuitas, quienes divulgaron magníficas sem- blanzas de señalados literatos en las Gacetas.18