en el virreinato del Perú (1568-1767)
TEÓLOGOS JESUITAS EN LA UNIVERSIDAD DE CÓRDOBA
La Universidad de Córdoba
Podemos añadir, a nuestra presentación de la teología jesuita del período virreinal, a tres jesuitas profesores en la Universidad de Córdoba, porque el virreinato de La Plata no fue creado hasta el 1 de agosto de 1776, cuando se segregó del peruano. Constituía, pues, una unidad política y administrativa con Lima, a pesar de las enormes distancias y los grandes accidentes orográficos.
La Universidad de Córdoba, en Tucumán, en la actual Argentina, fue fundada formal- mente en 1622, asentada en el Colegio Máximo de los jesuitas que ya existía en aquella ciudad desde 1613. Tuvo carácter meramente interno, es decir, fue creada por el provincial padre Pedro de Oñate, que por sí y por medio de algunos ayudantes redactó las primeras constituciones (Furlong 1966: 111-124). Sin embargo, no recibió la autorización real hasta después de la expulsión de los jesuitas de los reinos hispánicos, por real orden de 7 de junio de 1768, con la expresa indicación de que en esa nueva universidad se sustituyera «la es- cuela de los expulsos por la agustiniana y tomista, a cargo de la clerecía secular y en su de- fecto religiosos» (véase Ajo González 1966: 413).
De la Universidad de Córdoba, en la época administrada por los jesuitas, conservamos un códice manuscrito correspondiente al tercer curso de los estudios institucionales de la Facultad de Teología. El códice fue copiado en 1734 por Luis del Valle, probable estu- diante jesuita. La Facultad de Teología contaba, en esos años, con cuatro cátedras: dos de Teología dogmática, una de Teología moral y otra de Cánones. Posteriormente se añadiría una quinta cátedra de Sagrada Escritura. El plan de estudios preveía tres horas lectivas dia- rias, con una cuarta hora dedicada a una conferencia.
En el citado códice están reunidos los cuatro tratados explicados en el tercer curso del año académico de 1734: dos tratados de dogmática (De Deo optimo et maximo y De perfectio-
nibus Christi), uno de Moral (De Bulla Cruciatae) y el curso de Derecho Canónico (De reliquis impedimentis matrimonii, puesto que los primeros se habían explicado en segundo curso).
orden en los que los hemos enumerado, debidos, respectivamente, a los siguientes jesuitas: padre Bruno Morales,37padre Eugenio López (del que no tenemos datos biográficos), padre Ladislao Orosz (quizá el maestro más notable de la época)38y padre Fabián Hidalgo.39
Bruno Morales
El tratado dogmático del padre Bruno Morales es un comentario a la primera parte de la
Summa theologiae de Tomás de Aquino.40Este tratado arranca con un pequeño preámbulo (§ 1) que resulta muy curioso, pues nos sitúa ante una concepción de la ciencia teológica un tanto peculiar. Morales considera que el punto de partida de la teología es la fe. Sin em- bargo, supuesta la fe, que nos ofrece las premisas de nuestro razonamiento, la conclusión de ellas se deriva por modo estrictamente natural, de forma que «[...] una vez conocidas las premisas, tan obligado se ve a deducir la conclusión el hereje, para quien la premisa mayor es de pura razón natural y por lo tanto inconexa con el objeto real de ese conocimiento, como el católico, que tiene un conocimiento sobrenatural de esa premisa y, por ende, co- nexo con el objeto real de la misma» (p. 3-4). Esta manera de concebir el método teológico, se asemeja mucho al método de las razones necesarias, que tan en boga estuvo en la segunda mitad del sigloXI, del cual constituye un paradigma el argumento anselmiano de las ra- zones necesarias (o demostración a simultaneo de la existencia de Dios), formulado en el
Proslogion. En nuestro caso, no obstante, el método, aunque similar, significa otra cosa muy
diferente, puesto que, salvo el larvado racionalismo que transpira, el clima intelectual ha cambiado por completo. En los siglosXIyXIInos hallábamos inmersos en una especie de hiperrealismo, es decir, en un clima en que reinaba la convicción de que las ideas univer- sales existían en la realidad. Ahora, en pleno sigloXVII, el ambiente es un tanto diferente: con sus precisiones, Morales se alinea con la corriente que consideraba la teología como una ciencia de conclusiones. Esto se aparta —a nuestro entender— del genuino intento de Aquino. Por ello, aun cuando Morales intente un comentario a la Summa theologiae, no conseguirá una lectura verdaderamente tomasiana. En consecuencia, nada nos debería ex-
37 «Sabemos que fue anteriormente lector de Artes, por los años 1726 a 1729, y que en 1734 era Profesor Pri-
mario [catedrático de Prima] y Prefecto de Estudios en el Colegio Máximo de Córdoba, según reza el manus- crito. Siendo Procurador de la Provincia jesuítica se embarcó rumbo a España el 3 de Septiembre de 1745 y en ese viaje llevó para presentar al Consejo de Indias, los manuscritos de la ‘Historia de la Compañía en la P. del Paraguay’ escrita por el P. Lozano. Murió en Madrid a fines de 1749 o comienzos del siguiente» (Vera Vallejo 1917:XXIII).
38 En efecto, uno de los maestros de mayor fama de la Universidad de Córdoba fue el jesuita húngaro Ladis-
lao Orosz, llegado a Tucumán en 1728. Después de unos años de enseñar filosofía, pasó a dictar cursos de teo- logía en 1732. En Argentina se mantuvo hasta 1767, cuando los jesuitas fueron expulsados. Fue rector de la Universidad de Córdoba 1734 a 1739. A partir de 1739 ocupó distintos cargos de la Compañía, entre ellos la de procurador ante las cortes de Roma y Madrid, y viajó a España y a Italia en 1748. En 1749 regresó al Río de la Plata. Fue designado rector del Colegio de Buenos Aires. Al ocurrir la expulsión en 1767 se hallaba en Cór- doba. Regresó a Hungría, como jesuita, donde falleció el 10 de septiembre de 1773, a la avanzada edad de 76 años, de los cuales había pasado 46 en Tucumán. Véase Furlong 1936. Véase también, para su vida, la intro- ducción de Ana María Martínez de Sánchez en Orosz 2002; en esta edición se ofrece, además de un amplia in- troducción, el texto bilingüe latino-castellano del opúsculo de Orosz.
39 «El Padre Fabián Fidalgo, autor del tratado canónico sobre algunos impedimentos del Matrimonio, que
son los de violencia y miedo, clandestinidad y parentesco, en el cual tiene notas curiosas acerca del derecho canónico de las Indias, con un apéndice sobre los bienes de los contrayentes en segundas nupcias, dictó tam- bién curso de Artes en el ciclo 1728 a 1731» (Vera Vallejo 1917:XXIV).
40 Tenemos a la vista el Tratado acerca de Dios óptimo y máximo, en Vera Vallejo 1917: 3-234, fechado el 15 de
trañar que pruebe la existencia de Dios siguiendo a San Anselmo, en su argumento del
Proslogion, al que dedica una amplia reflexión (véanse las pp. 7-12). El punto de partida es el
análisis de la palabra Dios. A ello se suma que la convicción de que «[...] la existencia es un bien»: «es evidente que existe un bien que es el cúmulo de todo bien. Luego [=ergo]» (p. 10). En otros lugares dice que la existencia es una perfección, lo cual nos sitúa en la ruta cartesiana, en que se formuló el argumento anselmiano en términos «ontológicos».
Volvamos al tema de la teología como ciencia de las conclusiones teológicas. En esta descripción de nuestra disciplina, como en otras análogas (ciencia de lo virtualmente reve- lado o construcción a partir de lo dado en la revelación), late el deseo de marcar excesiva- mente la distinción entre fe y teología, a fin de que la trascendencia de la fe no resulte com- prometida por los intentos humanos de los teólogos y, por humanos, falibles (Illanes 1978: 64-67). Para Santo Tomás, que no excluía la formulación de conclusiones nuevas, esto no constituía el aspecto central de la ciencia teológica. Para Aquino, la teología se definía como un esfuerzo por comprender mejor los mismos misterios revelados y una estructuración, en torno a ellos, de todo el conocer humano que responda a la realidad del ser y del destino so- brenatural del hombre. La teología aquiniana no es un movimiento centrífugo, a partir del núcleo de la fe, hacia conclusiones cada vez más alejadas, sino un movimiento centrípeto, hacia el centro de todas las realidades, a fin de iluminarlas con la luz de ese centro.
El tratado de Bruno Morales responde, además, al género escolástico, con largos silo- gismos, que exigen suma atención por parte del lector, que puede perderse en las distintas partes y pruebas de las premisas de los silogismos. La documentación positiva aducida es importante, tomada sobre todo de San Agustín, San Anselmo y escolásticos de la Baja Edad Media. Hay también noticias casi contemporáneas del autor, como, por ejemplo, a las disputas teológicas de San Francisco Javier con los bonzos japoneses (p. 38), o abundantes referencias a teólogos jesuitas. Esto mismo revela que estamos lejos de la síntesis toma- siana, lo cual se confirma más claramente cuando leemos los parágrafos dedicados al es- tudio del constitutivo metafísico o formal de Dios, en los que pretende seguir el análisis to- masiano de Éxodo 3, 14, pero citando la cuestión 13 de la primera parte de la Summa
theologiae y no la cuestión tercera, lo cual resulta muy significativo, como cualquier cono-
cedor del asunto podrá advertir de inmediato. (Como se sabe, la cuestión tercera trata acerca del esse divino, mientras que la cuestión 13 trata de los atributivos entitativos. Esta opción nos sitúa en una particular concepción del esse divino y, en general, de lo que son las propiedades trascendentales del ser.)
Eugenio López
El tratado cristológico de Eugenio López41es un comentario a la parte tercera de la
Summa theologiae aquiniana. Realmente, solo estudia algunos temas selectos de la tercera
parte, como advierte en los prolegómenos. Allí declara que ya trató la substancia de la Encarnación (quizá en uno de los cursos institucionales anteriores, que no conocemos). Ahora se limita a la gracia de la Encarnación, a la ciencia de Cristo y otras perfeccione de la Unión hipostática.
El desarrollo es eminentemente escolástico, con abundancia de divisiones y subdivi- siones del discurso, pocas referencias positivas a los primeros siglos de la era cristiana y
41 Tratado acerca de las perfecciones de Cristo, en Vera Vallejo 1917: 235-420, también fechado el 15 de no-
muchas citaciones de doctores escolásticos, sobre todo de la segunda escolástica. Lo más notable, a mi entender, es la tesis central acerca de la gracia de unión: «la Humanidad de Cristo se santifica formalmente por la santidad increada del Verbo» (p. 241). Esta proposi- ción, que se desarrolla muy ampliamente a lo largo del tratado, tiene hondas repercusiones dogmáticas, que el autor no extrae, pero que cualquier teólogo de nuestros días reconocerá de inmediato. Tales conclusiones afectan la manera de concebir el sacerdocio de Cristo y a la naturaleza del carácter sacramental. Es una tesis muy moderna en su contenido, aunque su formulación resulte un tanto compleja, por la densidad del discurso, quizá innecesaria- mente complicado. Tiene, además, importantes consecuencias, muy bien aprovechadas por Eugenio López, relativas a las ciencias de Cristo y, sobre todo, a la distinción entre la naturaleza humana de Cristo y la divinidad.
Ladislao Orosz
El tratado del padre Orosz sobre la Bula de la Santa Cruzada tiene escaso interés desde el punto de vista dogmático y moral, aunque no faltan algunas apreciaciones que con- vendrá recordar. En todo caso, el opúsculo es eminentemente jurídico, con algunos argu- mentos históricos y canónicos interesantes, y pequeños excursus acerca de las indulgencias. Demuestra un buen manejo de la exégesis canónica, con argumentos jurídicos intere- santes. El tratado, sin embargo, resta como una reliquia histórica, aunque el tema de fondo tenga desgraciadamente hoy, cuando redacto estas páginas, una total actualidad.
Orosz parte del presupuesto (sin crítica alguna) de que el privilegio de la bula es para enardecer y motivar a los españoles a que «acometan con guerra perpetua a los turcos, a los moros y a los infieles, enemigos jurados de Cristo». El origen se remonta a los tiempos del Papa Gelasio II (1118-1119) que, con este privilegio (una indulgencia plenaria), pretendió estimular «al ejército hispano que estaba junto a la ciudad de Zaragoza […] a vencer a los sarracenos» (2002 [1734]: 102):42«Los Reyes Católicos, considerados como cabeza de los que participan en la Cruzada, deben asidua y diligentemente procurar y promover la Expe- dición contra los turcos y los infieles a fin de poder lucrar la indulgencia plenaria a ellos concedida» (2002 [1734]: 110). Sin embargo, «[...] si consideramos al Rey como persona privada y parte de la comunidad en la cual está vigente la Cruzada, aunque él no cumpliera suficientemente con la anterior obligación, una vez aceptada la Bula podría disfrutar de las mismas gracias de las que disfrutan los demás que la reciben», a lo cual sigue un amplio de- sarrollo sobre lo que supone el compromiso de hostigar militarmente a los infieles, es decir, «la activa promoción de la Sagrada Expedición».
La adscripción al probabilismo es evidente, por el modo de argumentar. No hay ningún juicio de altura —si no hemos leído mal— acerca de la licitud de la guerra, la li- bertad de las conciencias o el valor dogmático de las indulgencias.
* * *
A la vista de tres de los tratados del códice cordobés, podemos concluir que en los años medios del sigloXVIII, la escolástica jesuítica, al menos la que se cultivaba en aquella uni- versidad, había perdido contacto con las realidades cotidianas y se había refugiado en un cenáculo cerrado y aislado. Dando por supuesta una innegable erudición de los maestros
cordobeses, su teología había perdido nervio e interés, quizá por la decadencia de la misma escolástica barroca, por una parte, y puede que también por el aislamiento geográfico que padecía una ciudad tan alejada de los centros neurálgicos. Con todo, es preciso reconocer que la biblioteca de los teólogos cordobeses era amplia. Pero, como se ve en este caso, no bastan los libros para fecundar la especulación teológica: es necesario también no perder contacto con las fuentes de donde manan las ideas.
BIBLIOGRAFÍA
ACOSTA, José de
1592 De Christo revelato libri novem. Simulque de temporibus novissimis libri quatuor. Lugduni:
apud Iohannem Baptistam Buysson.
1962 [1591] Historia natural y moral de las Indias. Edición moderna a cargo de Edmundo O’Gorman. México, D. F.: Fondo de Cultura Económica.
1984-1987 [1588] De procuranda indorum salute. Pacificación y colonización. Estudio preliminar de Luciano Pereña y conclusiones de Demetrio Ramos. Madrid:CSIC.
AGUILAR, José
1684 Sermones varios predicados en la ciudad de Lima, corte de los Reynos del Perú. Bruselas: Fran-
cisco Tserstevens.
1731 Tractationes posthumae in primam partem Divi Thomae. Preparados por José de Ugarte, S. J.
Córdoba (Argentina): Pedro de Pineda.
AJO GONZÁLEZ DE RAPARIEGOS, Cándido María
1966 Historia de las Universidades Hispánicas. Orígenes y desarrollo desde su aparición a nuestros días. TomoV: Período universitario de los primeros borbones. Madrid: Imprenta Tomás Sán- chez.
ARMAS, Fernando
2003 «Criticismo teológico y político en los Andes del sigloXVI: el caso de Luis López SJ».
Anuario de Historia de la Iglesia, vol. 12, pp. 399-406.
AUBERT, Roger
1958 Le problème de l’acte de foi. 3.ª edición. Lovaina: Warny.
BACIERO, Carlos
1988 «Ética de la conquista de América». En José Joaquín Alemany (ed.). América (1492-1992).
Contribuciones a un centenario. Madrid: Publicaciones de la Universidad Pontificia de Co-
millas, pp. 129-164.
BARREDA LAOS, Felipe
1937 Vida intelectual del Virreinato del Perú. Buenos Aires: Talleres Gráficos Argentinos L. J.
Rosso.
CASTAÑEDA, Paulino y PilarHERNÁNDEZ
1989 La Inquisición de Lima. I. 1570-1635. Madrid: Deimos.
CONGAR, Yves-Marie
1981 La fe y la teología. Barcelona: Herder.
EGUIGUREN, Luis Antonio
1912 Catálogo Histórico del Claustro de la Universidad de San Marcos 1576-1800. Lima: Imprenta
FURLONG, Guillermo
1936 «Ladislao Orosz, ex profesor y ex rector de la Universidad de Córdoba (1697-1773)». Estu-
dios, revista de la Academia Literaria del Plata, 45, pp. 325-347.
1966 Nacimiento y desarrollo de la filosofía en el Río de la Plata (1536-1810). Buenos Aires: Kraft.
GOÑI GAZTAMBIDE, José
1958 Historia de la Bula de la Cruzada en España. Vitoria: Editorial del Seminario.
HUERGA, Álvaro
1986 Historia de los alumbrados. III. Los alumbrados de Hispanoamérica (1570-1605). Madrid:FUE.
ILLANES, José Luis
1978 Sobre el saber teológico. Madrid: Rialp.
LATOURELLE, René
1967 Teología de la Revelación. Salamanca: Sígueme.
MARTICORENA ESTRADA, Manuel
1995 Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Breve reseña histórica. Lima: Universidad Na-
cional Mayor de San Marcos.
2000 San Marcos de Lima Universidad decana en América. Una argumentación histórico-jurídica.
Lima: Universidad Nacional Mayor de San Marcos.
MILHOU, Alain
1994-1995 «La tentación joaquinita en los principios de la Compañía de Jesús. El caso de Fran- cisco de Borja y Andrés Oviedo». Florensia, 8/9, pp. 193-239.
NIETO VÉLEZ, Armando
1971 «Reflexiones de un teólogo del sigloXVIsobre las religiones nativas». Revista de la Univer-
sidad Católica [del Perú]. Nueva Serie, vol. 2.
OROSZ, Ladislao, S. J.
2002 [1734] Tratado sobre la Bula de la Cruzada. Introducción de Ana María Martínez de Sánchez. Edición de Estela M. Astrada y Julieta M. Consigli. Córdoba (Argentina): Agencia Cór- doba Ciencia.
PANIAGUA PASCUAL, José Manuel
1989 «La evangelización de América en las obras del Padre José de Acosta». Excerpta e disserta-
tionibus in Sacra Teología, vol. 16, pp. 395-481.
PERRY, J. F.
1998 «Juan Martínez de Ripalda and Karl Rahner’s Supernatural Existential». Theological Stu-
dies, vol. 59, pp. 442-556.
POLI, Mario Aurelio
1997 «Teología y misión en De procuranda indorum salute (1588), de José de Acosta. Un método de evangelización para los indios del Perú, sigloXVI. Estudio histórico, teológico y pas- toral». Tesis doctoral. Buenos Aires: Universidad Católica Argentina, Facultad de Teo- logía.
POZO, Cándido
1995 «Repercusiones del descubrimiento de América en el ambiente teológico de las Universi- dades de Salamanca y Alcalá». Archivo Teológico Granadino, 58, pp. 9-22.
ROMERO FERRER, Raimundo
1992 Estudio teológico de los catecismos del III Concilio Limense (1584-1585). Pamplona:EUNSA.
SARANYANA, Josep Ignasi y Ana deZABALLA
SARANYANA, Josep Ignasi (dir.)
1999 Teología en América Latina. I. Desde los orígenes a la Guerra de Sucesión (1493-1715). Madrid
y Fráncfort: Iberoamericana / Vervuert.
SIEVERNICH, Michael
1993 «La visión teológica del “Nuevo Mundo” en la obra de José de Acosta». Stromata, vol. 49, pp. 185-201.
SOMMERVOGEL, Carlos
1960 Bibliothèque de la Compagnie de Jésus. Edición anastática. Bruselas: Oscar Schepens.
URANOZ, Teófilo
1940-1941 «La necesidad de la fe explícita para salvarse según los teólogos de la escuela salman- tina». La Ciencia Tomista, n.º 58, pp. 398-415; n.º 59, pp. 529-554; n.º 60, pp. 109-134; n.º 61, pp. 83-107.
VADILLO ROMERO, Eduardo
1995 «La mediación de la Iglesia para la salvación en la Cátedra salmantina de prima desde Juan de la Peña a Francisco Araujo». Archivo Dominicano, vol. 16. Salamanca, pp. 311-339.
VARGAS UGARTE, Rubén
1942 La elocuencia sagrada en el Perú en los siglosXVIIyXVIII. Lima: Academia Peruana Corres- pondiente de la Real Academia Española de la Lengua.
VERA VALLEJO, Juan Carlos (ed.)
1917 Curso teológico. Córdoba (Argentina): Biblioteca del Tercer Centenario de la Universidad