Testigo Nº 13, Dr. Wilhelm Höttl La Firma o la Muerte.
Dr. Wilhelm Höttl en su carta del 28 de julio de 1988:
"... y tendría que divagar mucho, relatando
especialmente la persona de Eichmann, con todos
PERSECUCIÓN: Gracias a su declaración en Nürnberg, se salvó
de la extradición al régimen comunista de Hungría. No sólo salvó su vida, sino que también escapó de las demás persecuciones políticas.
Höttl desmiente, después de 43 anos (28 de julio de 1988), por escrito, su declaración en Nürnberg.
Verbalmente y por escrito y después del estudio del manuscrito del presente libro, se declara dispuesto a colaborar; poco antes de la impresión de esta obra, retira su promesa, desmiente su retractación y vuelve a subrayar sus declaraciones de Nürnberg que, días antes, quería volver a rectificar. Tan sólo su carta del 28 de julio de 1988, convierte al principal testigo de cargo en Nürnberg en un testigo de la defensa.
Tercera carta del doctor Höttl: “... sin embargo las cámaras de gas no podrán ser puestas en duda”.
Traducción de los documentos -cartas entre Höttl y Honsik- transcriptos en las páginas precedentes:
Primera Carta (del Dr. Höttl)
Dr. Wilhelm Höttl Lichtersberg 194 A-8992 Altaussee
Teléfono (0 6152) 711 60
A-8992 Altaussee, 14 de junio de 1988 Señor
Gerd Honsik A-1040 Wien
Ref.: su carta del 1.6.1988 ¡Muy distinguido Señor Honsik!
Referente a la carta arriba mencionada del 1º de este mes, que recibí ayer como envío urgente, quisiera informarle lo siguiente. Fundamentalmente, ¡no presto colaboración para un libro cuyo manuscrito no he leído previamente! Apelo a su entendimiento.
Con saludos cordiales,
(firma) *
Segunda Carta (del Dr. Höttl)
A-8992 Altaussee, el 28 de julio de 1988. ¡Muy Estimado Señor Honsik!
Recibí su envío del 25 del corriente y lo estudié a fondo. Estaría dispuesto a dar mi opinión referente a los antecedentes de mi declaración jurada en Nürnberg, si es que puedo formularla en forma de carta a (tachado), a quien humanamente aprecio mucho. Naturalmente bajo la condición de que padres (tachado), no tenga nada en contra, ya que lleva el mismo nombre. Si yo escribiera una carta como ésta, significaría un estudio de historia contemporánea y tendría que divagar mucho, relatando especialmente la persona de Eichmann, con todos sus misterios. Este no fue un asesino de masas pero estaba lleno de complejos de inferioridad, lo que sería la mejor explicación para su rol en la historia. En este caso sería un trabajo más extenso y pienso no poder terminarlo antes de mediados de agosto. Déjeme saber su opinión y la de Ottokars de este año, conforme a lo cual empezaría mi trabajo.
Con saludos cordiales
(firma) *
"...lastimosamente no muy bien. La "gripe de verano" diagnosticada por mí, se volvió pulmonía fuerte y es tratada, ahora, con antibióticos. Si estos no ayudan, debo internarme en un hospital. ¡Con esto ya está todo dicho acerca de los planes con la cara a Otto!
Además, esto sería bajo la condición de una absoluta discreción, lo cual usted ya no respetó en el caso (tachado). Lo aprecio sí, pero no le incumbe a nadie lo que aquí planeamos. Un caso más significaría automáticamente el término de la conexión conmigo. Naturalmente, esta discreción también abarca mi carta privada dirigida a Ud. Que no sea que de repente, en uno de sus productos de prensa, aparezca el título: "¡El Dr. Höttl declara que Eichmann no fue un asesino de masas!"
Cómo difundir literatura nacional sin tales extravagancias, cómo desmentirla existencia de las cámaras de gas, se lo demuestra, por ejemplo, la editorial ASKANIA en Lindhorst. El editor Herbert TAEGE, oficial de la Waffen-SS, publica últimamente las mejores cosas en esta dirección, acerca de la posición NS en el Tercer Reich. Recientemente apareció su obra "NS-Perestroika? Objetivos de la reforma en las fuerzas líderes nacionalsocialistas", es decir, la primera parte. Le aconsejo seguirla. El programa de esta editorial lo encontrará Ud., claramente, en la lista adjuntada".
Cuarta Carta (de Honsik a Höttl)
Gerd Honsik
1040 Wien, Schelleingasse 12/8
Wien, 13.8.1988 ¡Muy distinguido Dr. Höttl!
Estoy muy decepcionado por su cambio de opinión. Ud. sabe que, desde hace meses, trabajo en un libro en el cual se le da la palabra a 36 testigos que por sus declaraciones, ponen en duda el gaseamiento de seres humanos en el III Reich. En su carta del 14 de julio de 1988 Ud. pone como condición para su colaboración que yo le ceda el manuscrito del libro para su lectura; del mismo yo le envié cerca de 10 capítulos. Ud. ha sabido también que se trataba de darle la palabra a todos aquellos que dudaban de las cámaras de gas y no a aquellos que confirman la existencia de esta
institución, que ya desde hace 43 años tiene la palabra. En su carta del 28 de julio de 1988, luego que Ud. "había estudiado profundamente mi envío", pensó en poder hacer una declaración en concordancia con el sentido de este libro. Ud. ya puso de manifiesto, con el telefonema al Sr. H. Leopold E., que con su declaración en Nürnberg evitó su extradición a Hungría (y con ésto salvó su vida, lo que no puedo reprochar). Ud. dijo, en el transcurso de la conversación telefónica, que estaría muy contento si finalmente pudiera tener la palabra, ya que durante todos estos años su comportamiento en Nürnberg había sido interpretado de manera errónea. Y me escribió en su carta del 28 de julio que Eichmann no fue un asesino de masas lo que ya es notable en el libro, porque precisamente Eichmann ha entrado a la historia con motivo de su declaración arrebatada como un asesino de masas. Luego de cumplirse todas las condiciones impuestas por Ud. para su colaboración, cambió misteriosamente de idea, y yo no sé quién o quiénes originaron este cambio.
Cuando, por fin, debía encontrarme con Ud. en St. Gilen, lastimosamente se enfermó. Como pude leer en su carta del 28 de julio de 1988, la enfermedad empeoró. De repente Ud. insiste otra vez en la existencia de las cámaras de gas, las cuales anteriormente puso en duda, conjuntamente con otros treinta y cinco autores y testigos de la época; y ahora me exige "discreción" acerca de los datos, por escrito y verbalmente, al respecto. Sin duda, me hubiera gustado más publicar su opinión en lugar de hacerlo con su correspondencia. Pero, por haber retirado Ud. su promesa, no me queda otra alternativa. Con la publicación de sus cartas creo, dadas las circunstancias, no cometer una indiscreción, ya que Ud. sabía desde un comienzo, qué clase de libro escribía. Por lo tanto, estaba planeada desde el principio la presentación de todos los hechos y no su relación. De este modo, le pido que entienda que no quiero privar al mundo de la revocación de Eichmann que Ud. formuló.
De todas maneras, Ud. habría sido nombrado en mi libro, ya que un trabajo de esta naturaleza acerca de las cámaras de gas no puede escribirse sin mencionarle. Pero yo no quise que fuese descripto, tan sólo, con las palabras amargas de Otto Skorzeny y con la imparcialidad de Erich Kern y Paul Rassinier y ya que Ud., repentinamente, fue convencido de otra manera alejándose de su promesa y además compartiendo la opinión contraria, quisiera hablar de usted basándome en mis conocimientos.
Wilhelm Höttl no fue el traidor para el cual la justa ira de la Alemania consciente lo condenó. Para ser un traidor le faltaba el signo de la intención. Höttl tampoco vendió su patria por cognac o cigarrillos (véase Testigo N 33). Höttl salvó su vida con una firma, la cual sino le hubiera sido arrebatada a otro en el caso que fuera culpable. La presente correspondencia y también el intercambio de correspondencia con el ingeniero Friedl Rainer, que estudié exhaustivamente, son para mí una prueba de que se trata aquí de un hombre que sufre con la carga que le fue impuesta, al ser obligado a agraviar a su Patria y a sus superiores.
A pesar de no contar con su autorización, estimado Dr. Höttl creo que es mi deber incluir estas palabras en mi libro, para justificarlo. Quiero finalizar, pidiéndole haga constar en su testamento, y ante un escribano, sus conocimientos, o mejor dicho, sus desconocimientos. Con la esperanza de que su estado de salud se mejore lo más pronto posible, le saluda atentamente.
Gerd Honsik.
*