Capítulo 2. Aprendizaje de la improvisación: contraste de tres experiencias
2.3 Relación con el maestro
Es el maestro quien transmite al músico los saberes y resulta de vital importancia en el proceso de aprendizaje del arte musical. No por su lugar privilegiado frente al aprendiz como alguien que posee el conocimiento; es más bien un portador de una tradición que se deposita en el joven músico. Esta manera de aprender la música en los pueblos de tradiciones arraigadas en Colombia tiene más connotación de iniciación ritual que de mero aprendizaje de técnicas y métodos, ya que involucra de forma inseparable una transformación del individuo que aprende el arte y una relación, diríase, mítica, con el espacio y la cultura originarias de esta música. Entender el aprendizaje como tradición implora reconocer en ella a aquellos que la formaron, aquellos que hicieron música antes que yo y que gracias a su práctica la han hecho llegar hasta mí. Petrona Martínez, afirma algo similar respecto a que no es un individuo el que se expresa sino toda una tradición: “Cuando canto, es toda la familia la que canta conmigo: es mi abuela Orfelina, esa dulce mujer, esa comadrona rezandera que cantaba bullerengues” (Fundación Cultural Nueva Música, 2008, p. 83).
En este contexto, el músico aprendiz profundiza en sus capacidades sensitivas a la par que en sus modos de analizar y aprehender la música, pues en la medida que escucha, mira y percibe lo que hace su maestro y otros músicos, va desarrollando e interiorizando modos expresivos y va encontrando sus propios caminos de creación.
Por otra parte, el aprendizaje académico brinda posibilidades metódicas mucho más depuradas y el maestro de la academia, siendo también un artista, muchas veces sin pretenderlo, debe matizar entre el componente pedagógico y el componente creativo de su oficio y su práctica pedagógica, lo cual en ocasiones hace olvidar que más que un docente es un músico. Añadido a esto, la enseñanza de la academia está vinculada a otro tipo de tradición musical y la relación del estudiante con su alumno muchas veces se encuentra mediada por herramientas y nociones de esa tradición que, en muchos aspectos, se distancia, por obvias razones de contexto y de circunstancias, de la música autóctona del pacifico o la del caribe colombiano.
-María Helena Anchico
El maestro de María Helena Anchico, el señor Guillermo Ríos, aprendió conocimientos básicos con un tío pero, fundamentalmente, se desarrolló musicalmente de forma autodidacta, por interés propio, y aprendió y desarrolló la interpretación de la marimba practicando intensamente.
La descripción que ella hace del aprendizaje con su maestro no tiene mucho que ver con una clase en un aula. Se refiere básicamente al aprendizaje de unos patrones musicales, por ejemplo los bordones, y el desarrollo de estos patrones en diferentes espacios como los conciertos en colegios o los toques en la calle. El maestro llevaba a los aprendices para que le hicieran bordones mientras él improvisaba. Era un aprendizaje basado en la imitación y en la práctica misma. Una vez incorporados los bordones se pasaba a hacer las partes de requinta para empezar a desarrollar la improvisación. En este proceso el maestro no imponía una forma de hacer o una técnica específica. María Helena resalta la condición de ‘natural’ para el desarrollo de la improvisación, donde lo importante es la incorporación de elementos sencillos, en un tiempo apropiado a cada aprendiz, y el desarrollo e incorporación paulatinos de elementos más complejos. Este tiempo y desarrollo dependía de la práctica de cada uno, por lo cual no siempre estaba acompañado del maestro.
En la música del Pacífico la escuela es el profesor mismo, cada profesor es una escuela. Cuando María Helena aprendió en Guapi, con Guillermo Ríos su maestro, con los Torres, los hermanos de Gualajo, don Silvino Mina, otros señores de unas veredas también. Todos los músicos llegaban a los arrullos. El aprendiz interesado llegaba también al arrullo.
El arrullo se refiere a la reunión y también a un ritmo. El arrullo es el conjunto de personas que se reúnen para adorar un santo con ciertas canciones. También hay un ritmo que se llama arrullo y las jugas de arrullo, que por lo general también son bundes.
-Andrés de Jesús Hernández
Aprendió a tocar el bombardino con su abuelo, a su vez intérprete de este instrumento. Destaca la experiencia del abuelo como intérprete y como integrante de una de las bandas de San Pelayo que alguna vez ganó el festival del porro.
Con su maestro desarrolló fundamentalmente la improvisación. No considera la improvisación como una forma de composición. Más aún, considera que “ya es tiempo de componer un tema debido a la gran cantidad de improvisaciones que realiza”, lo que indica que entiende la improvisación como un cultivo que potencia herramientas para la composición.
-Johanna Milena Rodríguez
Mi maestro, Andrés Vélez, es un hombre muy estricto y juicioso, así que las clases se trabajan en un proceso que se encamina en la interpretación y buenas bases técnicas, leemos libros de métodos y trabajamos en la interpretación de obras con acompañamiento de piano. Este trabajo con el piano se vuelve muy riguroso porque se trabaja mucho la afinación y las dinámicas para poder mezclar el sonido con el piano. La lectura de las partituras es muy minuciosa para lograr una claridad con el ritmo. También analizamos posturas en la lengua para potenciar la técnica de staccato y la entonación con el aire.
En las clases personalizadas no se estudia composición o improvisación, pero mi maestro propuso un ensamble de clarinetes en el que es posible llevar arreglos y composiciones propias, también se tocaron obras del maestro y arreglos que él propuso para el ensamble.
Síntesis: Los músicos entrevistados mostraron una relación con su maestro en términos de transmisión de conocimiento propio de una tradición musical determinada. Por otro lado, se percibe que en el aprendizaje de la música, para cada uno de los casos, fue de gran importancia el desarrollo de las capacidades de los aprendices, desarrollo posibilitado a su vez por los ejercicios propuestos por el maestro y por el interés propio de los músicos que inician el proceso. En cuanto a la improvisación, se logra entrever que es un espacio importante en las músicas tradicionales como práctica que le permite al individuo potenciar sus capacidades expresivas y afirmar su lenguaje en la tradición que aprende. En el caso del aprendizaje de la academia, el aprendizaje pocas veces está vinculado a la creación o afirmación de un valor como la personalidad, el desarrollo de la expresión propia o el cultivo de un discurso que dialogue y enriquezca esa tradición musical de la que el estudiante es un depositario.