• No se han encontrado resultados

CAPITULO 1: LOS PROYECTOS:

3.4. Enfoque orientado al actor y la extensión rural

3.4.4. La relevancia del enfoque centrado en el actor para la extensión rural

El enfoque orientado al actor es una herramienta analítica, y no una operacional. Su fortaleza en el estudio de las intervenciones de desarrollo reside en su capacidad de entenderlas y situarlas como fruto de procesos de negociación y/o conflicto. Esto brinda espacio para entender a los procesos de intervenciones planificadas como procesos políticos constituyentes de un campo de realidades en contienda, donde las luchas sobre valores, recursos, imágenes y conocimiento crean la “lucha” entre diferentes actores y sus mundos de vida (Mongbo, 1995; Arce y Long, 2000: 23-24; Arce, 2003). A través de su interés en comprender las condiciones concretas de la interacción de los actores, el enfoque orientado

posiciones cruciales, tanto como dar cuenta de los procesos de acomodamiento, desafío y negociación (de Vries, 1997: 26). Algunos de los trabajos que suelen citarse como antecedentes del enfoque de interfases son lo de Gluckman y colegas (Gluckman et al, 1949), Cohen (1985), Hanelman (1976; 1978) y Schaffer (1986).

al actor acentúa el carácter social de las intervenciones externas en comparación con enfoques individualistas.

Si bien las ciencias sociales deben mantener como objetivo primario la generación de conocimiento, un objetivo vinculado a ese es el que dicho conocimiento tenga un efecto o impacto “práctico”. Esto no implica que exista un camino llano que vincule la tarea analítica con la elaboración de “recomendaciones prácticas”, ni que la relación entre conocimiento, política (policy) y resultados sea libre de problemas (Mcgrath, 2001). A la vez que la relación entre investigación y “aplicación” no es lineal sino tensa e indirecta (Stone et al., 2001), los mismos planificadores o diseñadores de las intervenciones de desarrollo suelen no interesarse por los estudios sobre las consecuencias de sus acciones a menos que se vean forzados a ello de tiempo en tiempo (Van Ufford, 2003). Esto es particularmente cierto en el ámbito de las intervenciones de desarrollo, donde suele esperarse que los resultados de los análisis de programas y proyectos puedan tener un impacto en el diseño de nuevas intervenciones. Estos elementos señalan que la misma noción de “relevancia” de la investigación social es un elemento en disputa (ver por ejemplo Den Ouden, 1997; Rappert, 1999; Crewe y Young, 2002).

En el caso del enfoque orientado al actor, criticado desde posturas más pragmáticas por su ausencia de “alternativas practicas” superadoras de su énfasis desconstructivo, se puede responder junto a Alberto Arce cuando señala:

“el evitar deliberadamente el abordaje de “asuntos de política (policy) de relevancia real” es justificable en ciertas situaciones. A saber, cuando los análisis o soluciones no cuentan con un entendimiento de los procesos sociales a través de los cuales las intervenciones de política (policy) entran en los mundos de vida de los individuos y grupos. En dichas situaciones es necesario primero entender dichos procesos sociales, y eso es lo que el enfoque orientado al actor procura hacer. (Arce, 2001a: 105)

Las políticas sociales y las intervenciones de desarrollo no deben ser consideradas como la simple ejecución de aquello que ha sido planeado, sino más bien como procesos continuos, negociados, y socialmente construidos que ciertamente incluyen iniciativas tanto “desde abajo” como “desde arriba” (Long, 1992: 35). Las intervenciones de desarrollo se constituyen a partir de un complejo conjunto de relaciones, intereses, e ideas socialmente definidas por los distintos actores implicados (Hilhorst, 2000: 117), quienes desconstruyen, transforman, e incorporan a la intervención externa a sus propios proyectos. Esto no debería disimular ni desconocer las luchas y diferencias internas en las comunidades locales, a modo de superar el “mito de la comunidad” (Guijt y Shah, 1998), aquel que invoca a la continua existencia de un espíritu de unión, así como de homogeneidad y armonía en las comunidades rurales. Este objetivo no es fácilmente lograble, y el uso de metodologías

participativas puede incluso ayudar más a ocultar que a iluminar estos asuntos (Mosse, 1995).

Es en este sentido que la perspectiva teórica y metodológica del enfoque orientado al actor puede resultar útil para entender cómo se distribuye el conocimiento en las intervenciones de desarrollo. Éstas no constituyen un sistema unificado de sentido que se impone en los actores, sino que dicho sentido es construido a través de los encuentros entre los actores involucrados. De esta manera, las perspectivas de los actores no son simplemente determinadas por sus posiciones en las organizaciones, sino que también son informadas por el conocimiento institucional que tienen, sus mundos de vida, y las experiencias adquiridas con los beneficiarios (Arce, 1993: 97). Estos elementos no deben ser ignorados cuando se intenta alcanzar un entendimiento mayor de los procesos constitutivos de las intervenciones de desarrollo. Si bien conlleva en ocasiones sus dificultades para ser llevado a cabo, el acercamiento etnográfico resulta una herramienta preciosa para estos propósitos (Pollitt et al., 1990; Shore y Wright, 1997).

El análisis de interfases es una herramienta útil para estudiar con profundidad las relaciones entre grupos y al interior de los mismos, incluyendo a actores institucionales a escala nacional y regional, técnicos de terreno, beneficiarios de los programas de desarrollo, y otros miembros de las comunidades rurales. El valor teórico de un análisis de interfases reside en la posibilidad de que el acercamiento empírico permita iluminar aún más las relaciones teóricas entre conocimiento y poder presentes en las interfases de los actores involucrados (Turnbull, 1998). De esta manera, la teoría cumple el importante rol de apoyar y sostener descripciones precisas del mundo social (Silverman, 1985).

Una premisa central del enfoque orientado al actor es que las complejas interacciones entre los “proyectos” y prácticas de los actores, sus resultados esperados e imprevistos, crean tanto los marcos habilitantes y limitantes de la acción social (Long, 2001: 4). La agencia de los actores y sus interacciones llenas de sentido, propósito y poder, configuran los resultados de las formas sociales emergentes. De esta manera, el enfoque orientado al actor puede mantenerse distinguible del individualismo metodológico e iluminar los micros fundamentos de los macro procesos (Booth, 1994: 19). Es a través de acentuar la interacción de las relaciones internas y externas que el enfoque orientado al actor procura brindar una perspectiva más dinámica sobre las intervenciones de desarrollo y los procesos de implementación de políticas.

Outline

Documento similar