2.1. Características generales
2.1.11. Resultados y productos
Como cualquier proceso de producción, el proceso de producción científica utiliza ciertos
insumos o materias primas, que son esencialmente datos de la realidad, observados directamente o plasmados en documentos como las estadísticas oficiales, o ya incorpo- rados en otros productos científicos anteriores. Sobre esos materiales que sirven como punto de partida se aplica una cierta “tecnología” (métodos de análisis basados en una teoría científica sustantiva y en la heurística o metodología correspondiente) para trans- formarlos en resultados. Los resultados de la actividad científica son básicamente ciertos
conocimientos novedosos que se añaden al conjunto de conocimientos acumulados con anterioridad. Estos conocimientos nuevos pueden ser nuevos esquemas teóricos, nuevos métodos, nuevos datos empíricos, nuevas interpretaciones, etc., como ya quedó de mani- fiesto al explorar los varios tipos de proyecto de investigación posibles.
Ahora bien, los resultados son, en una primera fase, un hecho privado, en cuanto obtenidos por determinados investigadores (individualmente o en equipo) trabajando por su cuenta o en el seno de alguna institución (centro, instituto) dedicada a la investigación. Estos resultados se convierten en un aporte a la ciencia solo en cuanto son comunicados a la comunidad científica y aceptados por ella como legítimos (aunque no necesariamente
como correctos o verdaderos). Para ello, esos resultados deben plasmarse en productos y dichos productos deben circular y ser conocidos por la colectividad científica interesada en los mismos. Como en todo proceso de producción, también el ámbito académico la producción debe ser seguida por la circulación y el uso de los productos. La producción científica en sentido restringido (la mera obtención de resultados), que normalmente es denominada “investigación científica”, se complementa necesariamente con la circulación de esos resultados a través de la publicación de los productos escritos correspondientes, en un proceso de “comunicación científica”. De otro modo sería como una industria sin comercio ni transporte. Los resultados obtenidos nunca entrarían en circulación. La elaboración y circulación de los productos científicos ponen los resultados al alcance de otros científicos y de la sociedad en general y, de ese modo, los resultados pasan de ser un hecho privado a ser un hecho social.
Los productos de la actividad científica tienen como contenido fundamentalmente determinados resultados de la labor científica, encapsulados dentro de una forma determi- nada, que usualmente es un escrito académico, dirigido a un cierto público, generalmente un público con conocimientos científicos relacionados con el tema. Estrictamente, este proceso de comunicación científica se refiere a la circulación de conocimiento nuevo y, por lo tanto, excluye la labor de divulgación o de popularización del conocimiento científico, donde se toman conocimientos científicos ya existentes y se los difunde a una audiencia lega, no especializada en el tema. Un programa científico puede incluir algunos productos de divulgación dentro de su plan de publicaciones, pero no es un auténtico programa científico si no contempla la producción de conocimiento que sea novedoso para la comunidad científica especializada.
El concepto de “resultados” no necesariamente está referido a resultados de la investigación empírica, sino que incluye cualquier contenido que surja en el marco de un programa científico. La demostración de un teorema o la elaboración de un marco conceptual novedoso pueden ser legítimamente consideradas como resultados de la actividad científica. Tampoco los resultados tienen que ser resultados “finales”: una propuesta de investigación puede ser considerada como un “producto” porque surge en el marco de un programa, reposa sobre el conocimiento de los avances anteriores y se propone un avance adicional, aun cuando todavía no contenga ningún dato empírico nuevo ni transmita ningún conocimiento nuevo en sentido estricto. Sin embargo, esa clase de “productos” podrían ser considerados como “productos intermedios”, mientras que los resultados más importantes son los que constituyen “productos finales” (continuando con la metáfora “industrial” con la que estamos explicando el proceso de producción científica).
Puede parecer sorprendente que la comunicación sea tan esencial a la producción de conocimiento científico. Se podría pensar que la producción científica en sí misma es lo importante y que la circulación del conocimiento es una fase meramente accesoria. De hecho, en muchos tratamientos de los problemas metodológicos de la ciencia la atención se centra en el proceso de indagación e investigación, dedicando muy pocas consideraciones a la comunicación. Sin embargo, un conocimiento producido por el investigador llega a ser conocimiento científico nuevo solo cuando es comunicado a la comunidad científica y aceptado por ella, pues solo entonces alcanza el carácter de conocimiento socialmente
nuevo. No basta con que un científico produzca un conocimiento nuevo si no se lo comunica a nadie.39
El producto científico es entregado a la comunidad científica y a la sociedad en general a través de vehículos tangibles, que usualmente se basan en la palabra escrita. Cada producto del trabajo científico se plasma generalmente en un escrito de carácter expositivo: un artículo, un informe, una tesis doctoral, una monografía, un libro. Los resul- tados del trabajo científico adquieren carácter de tales cuando son transmitidos mediante algún modo de comunicación científica para que circulen dentro de la correspondiente comunidad profesional.
Cada comunicación científica o académica está dirigida a un cierto público o audien- cia, y para llegar a ese público respeta ciertas convenciones sobre su contenido y su
forma. Por ejemplo, un artículo de divulgación no usa el mismo lenguaje ni está dirigido al mismo público que un artículo publicado en una revista científica especializada. Aun dentro de las publicaciones estrictamente académicas puede haber artículos destinados a un público muy estrecho de especialistas o a un público científico más amplio. El contenido de un trabajo de divulgación puede ser nuevo para el público general, pero generalmente no lo es para la comunidad académica especializada. En cambio, un artículo en una revista científica especializada debe contener algo de novedoso para los especialistas y, además, posiblemente resulte abstruso e incomprensible para el público general.
En una época inicial de la comunicación científica (por ejemplo, a comienzos del siglo XX) solo existían dos categorías: las comunicaciones científicas especializadas y las divulgaciones dirigidas a un público general sin formación científica. En el siglo XXI este aspecto se ha desarrollado mucho y presenta una amplia gradación de niveles de tecnicismo. Un mismo resultado científico puede ser presentado en forma sumamente escueta, en lenguaje muy técnico, para los especialistas directamente interesados en el respectivo problema específico; en forma técnica pero con un mayor grado de detalle y un tecnicismo un poco menor para una audiencia científica un poco más amplia; en forma menos técnica pero todavía bastante demandante para un público profesional y culto pero
39 Un resultado científico no comunicado todavía a la comunidad científica es, no obstante, un resultado cien- tífico in nuce, que potencialmente puede ser reconocido como tal, del mismo modo que el primer ejemplar de un nuevo modelo de automóvil recién emergido de la cadena de ensamblaje es ya un producto industrial con un valor (potencial) de mercado, aunque todavía no haya sido colocado en el proceso de marketing. Pero el mérito científico de ese producto recién salido del proceso productivo no puede ser determinado socialmente hasta que la comunidad (sea la comunidad científica o el mercado) no lo conozca y evalúe. Este reconocimiento puede llegar o no. El nuevo modelo de automóvil puede terminar siendo rechazado por la Ge- rencia de Control de Calidad (o en el caso científico, rechazado por los evaluadores o referees de las revistas científicas) o puede pasar ese control pero no ser aceptado finalmente por los usuarios y retirado de circula- ción. La aceptación por la comunidad científica es la que pone en acto esa potencialidad del resultado recién obtenido, del mismo modo que la aceptación del público es la que pone en acto la potencialidad de un nuevo producto industrial. Por ello, los nuevos aportes científicos no son fechados por la fecha de su producción, sino por la de su publicación. Si está en duda la prioridad en el tiempo entre dos descubrimientos simultáneos del mismo conocimiento, es decir, la determinación de quién aportó primero cierto resultado, lo que cuenta es la fecha de publicación, y no la fecha en que el resultado fue obtenido originariamente. Más precisamente, suele tomarse la fecha en que el trabajo fue remitido a una revista científica, o la fecha de su aceptación, y no la fecha en que la revista es efectivamente publicada, lo que puede tomar todavía un tiempo.
no perteneciente a la misma disciplina; y en forma no técnica en un periódico matutino para el público general. Cada autor redacta sus productos teniendo en mente el tipo particular de audiencia al que va dirigido cada texto.
Los productos escritos de la labor científica, además de un contenido y un público específicos, guardan ciertas convenciones sobre contenido y forma. Esas convenciones alcanzan muchos aspectos, y muchas veces se encuentran codificadas en reglamentos y normas explícitas (por ejemplo, las reglamentaciones de publicación de las revistas científi- cas). Aunque esas normas no suelen ser excesivamente rígidas y dejan un cierto margen de maniobra al autor, una violación significativa de las mismas, en aspectos sustantivos o incluso en aspectos formales, tiende a descalificar un escrito científico o a frustrar su difusión.
Asimismo, la organización social de la actividad científica incluye normas de control de calidad: antes de la publicación de un documento científico existen filtros genéricos y específicos que permiten a la propia comunidad científica evaluar la legitimidad del pro- ducto y su respeto por los estándares básicos del trabajo científico. Por una parte, ya desde la publicación preliminar como documento de trabajo, hay un cierto control de calidad pues esos documentos suelen ser circulados provisionalmente por el instituto, centro o departamento académico al que pertenece el autor, que para llegar a esa posición tuvo que pasar él mismo por un proceso de selección; luego, la publicación definitiva en revistas especializadas va precedida de un complejo proceso de evaluación y selección por sus pares a través del sistema de referato. Este proceso no está dirigido a lograr consenso acerca de los resultados o propuestas, sino a asegurar una calidad mínima del trabajo de acuerdo a los estándares generales de la ciencia y del estado de desarrollo de cada disciplina, así como a eliminar posibles errores o faltas de claridad en el manuscrito, y descartar escritos que no correspondan al ámbito temático de cada revista.