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TRANSICIONES Y LA ARTICULACIÓN

1.4 PROBLEMATIZACIÓN DE LAS TRANSICIONES

1.4.5 Síntesis La documentación reseñada cimenta las bases para

acercarse comprensivamente a la relevancia social de la articulación y de las transiciones en el ámbito tanto nacional como internacional, a la evidencia investigativa nacional e internacional que se identificó sobre el tema, a las diferencias entre preescolar y primaria, a los retos de los niños frente a las transiciones, a las implicaciones de tener o no una directriz institucional para su manejo, y a las consideraciones que se hacen en torno a la preparación de los niños, de las familias y de las escuelas para apoyar el paso del hogar al preescolar y de este a la primaria.

Según Fabian y Dunlop (2006), las transiciones a la primaria han sido percibidas como uno de los más importantes cambios en la vida de un niño. De acuerdo con las autoras quienes citan a Burell y Buba (2000), se afirma que el éxito en la transición, tanto social como intelectual significa mayores logros y una

mejor adaptación a las demandas de la escolaridad. Citando trabajos suyos del 2002 y del 2003, las autoras afirman que la forma en que se desarrollen las transiciones afectará en el largo plazo el éxito de experiencias subsecuentes.

Igualmente puede afirmarse, siguiendo a Fabian y Dunlop (2006) quienes citan a Curtis (1986), a Cleave y Brown (1991), a Dowling (1998), y a Kienig (1999), que existe evidencia investigativa acerca de la ansiedad producto del comienzo de la etapa escolar, que afecta el ajuste emocional y en el largo plazo la adaptación social comprometiendo las posibilidades de aprendizaje de los niños. También se afirma que si los niños experimentan continuidad en su aprendizaje durante sus transiciones, tendrán menos dificultades en las etapas avanzadas de la escolaridad.

De acuerdo con Perfetti (2003), con el Plan Sectorial 2006-2010, con la Secretaría de Educación Distrital (2006) y con Arnold Barlett, Gowvani y Merali (2006) es posible afirmar, que las tasas más altas de deserción y repitencia se presentan en primero de primaria, lo que exige investigación sobre el proceso de las transiciones. Asimismo, Fabian y Dunlop (2006) expresan que se trata de apoyar las transiciones para que la experiencia del cambio se convierta en exitosa y ello sea un elemento de inclusión.

Hay evidencia acerca de la importancia de la educación inicial para lograr efectos positivos sobre el rendimiento escolar. En lo que respecta al impacto que tienen los programas de educación inicial, existen numerosos estudios que dan cuenta de su importancia.

Por otra parte, hay certeza acerca del efecto sinérgico sobre el rendimiento escolar de los niños, que tiene el trabajo concertado de familia y escuela. Experiencias en numerosos países demuestran la decisiva influencia de la participación en los procesos educativos de los padres y de la comunidad, y plantean que cuando los programas, para facilitar las transiciones, se diseñan con la colaboración de la familia y de la comunidad y responden a las condiciones locales, los logros de desempeño de los niños mejoran y se garantiza su sostenibilidad en el tiempo (Kotliarenco, Fuentes, y Zavala s. f.). De acuerdo McDonald (1999); la experiencia de la escuela infantil El Escondite en España, descrita por Quero (2000) y Young (2004); el proyecto de investigación en Estambul, Turquía desarrollado por Kagitcibasi y citado por Myers R., (1993); la “Propuesta curricular de educación inicial para zonas urbano-marginales” desarrollada por Corrales (1999); la experiencia sobresaliente del proyecto “Educadores de la Comunidad Trabajan con los Padres” que se adelantó en México, citada por el Banco Mundial (2001), y el Proyecto Promesa (Programa para el Mejoramiento de la Educación, la Salud y el Ambiente) desarrollado por Cinde (2001), es posible plantear que el trabajo colaborativo con los padres (generalmente las madres), en programas de desarrollo de la primera infancia, tiene efectos positivos sobre el desarrollo de los niños y de los adultos que

interactúan con ellos. En materia de articulación escuela-hogar tal vez lo más interesante de estas experiencias, es el círculo de comunidad escuela-familia que se abre.

Uno de los factores significativos que incide en el fracaso escolar es cuando hay un choque cultural entre el ambiente escolar y el hogar (Peralta y Fujimoto- Gómez, 1998). Ello exige repensar las transiciones desde las tensiones entre lo convergente y divergente y lo dominante y lo emergente.

Hay evidencia sobre las diferencias de expectativas de lo que esperan los niños, los padres, las jardineras y los maestros frente a la educación inicial, al preescolar y a la primaria (Méndez, s. f., Fabian y Dunlop, 2006).

Son grandes las diferencias entre el preescolar y la primaria en materia de orientación pedagógica, rol del docente, rutinas de organización temporoespacial de las actividades, materiales didácticos, el juego como estrategia de aprendizaje y las intenciones de cada uno de los grados, lo que complejiza las transiciones del niño.

Es posible afirmar, de acuerdo con Acosta (s. f., 1) quien cita a Myers (1997), que el niño ante el cambio que exigen las transiciones, debe enfrentar diversos retos en materia de relaciones sociales y regulación normativa, aprendizaje y lenguaje.

La existencia de lineamientos explícitos e intencionales para el manejo de las transiciones que impliquen articulaciones horizontales y verticales, favorece la capacidad de aprender a aprender de los niños garantizando su éxito escolar. La falta de una directriz en tal sentido, incide en la desadaptación al cambio de los niños lo que aumenta las probabilidades de su deserción o su repitencia.

Existe evidencia para afirmar que la experiencia educativa que pone el énfasis solamente en la preparación de los niños para la escuela ha de resignificarse ante la necesidad de que complementariamente los padres, los maestros y la escuela han de prepararse para apoyar a los niños en sus transiciones.

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