3. LA CONFIGURACIÓN HISTORICA DEL CAMPO UNIVERSTIARIO
3.3 Sedimentos históricos del campo universitario
Dos son las instituciones de mayor tradición en occidente: la Iglesia Católica y la Universidad. La primera constituida en templo de la fe, la otra instituida en la corporación de la razón. Ambas en diálogo y luchas permanentes por fundamentar en la fe la razón o superar la superstición con los argumentos de la razón. De ello se desprende la principal propiedad del ámbito universitario: es un espacio social de practica intelectual del conocimiento e intervención en el mundo en sus formas de naturaleza, sociedad y pensamiento.
En las antiguas Grecia y Roma se gesta la investigación sobre el mundo y la transmisión de sus observaciones y reflexiones, sin el recurso explicativo de la autoridad de las tradiciones mitológicas, ni del poder político imperante, menos aun acudiendo a dogmas religioso. Estos que se dedicaban a observar y reflexionar de manera sistemática, lo hacían debido a que contaron con un valioso recurso en el cultivo del pensamiento: tiempo. Se dedicaban sólo a ese oficio, unos contando con condiciones sociales para hacerlo, otros viviendo de ese oficio. Mucho de lo elaborado por una pléyade de pensadores clásicos llegó a nosotros gracias a que sus escritos superaron múltiples avatares y fueron conservados y difundidos durante la Edad Media, primero entre selectos grupos, luego en una suerte de explosión en las escuelas catedralicias y posteriormente en las pioneras universidades.
Pero el oficio de pensar el mundo en la antigüedad, no tuvo las condiciones históricas para alcanzar el peso que si conquistaron las universitas en la Edad Media. La acumulación de la sabiduría en aquellos tiempos tuvo en el surgimiento de la intelectualidad el soporte
social para la emergencia del gremio de los magistrorum et scholarium, unidos en torno al conocimiento más avanzado de la época. Con esto surge un agente del incipiente campo universitario: el intelectual. Se trata del sujeto social que se dedica a la apropiación de capital cultural, para su usufructo en el ejercicio de las profesiones cimentadas en la sapiencia: la medicina, el derecho, la teología, las artes liberales, las agrupadas en el trívium y el quadrivium.
Con el intelectual hecho y en proceso, emerge la institución: la universitas. El conjunto de prácticas intelectuales, reguladas por estatutos y reconocidas en su especificidad por los poderes religiosos y civiles, dieron pie en la Edad Media tardía a una sólida línea de relaciones de agentes universitarios en procura de la distribución de un capital universitario. De esta manera, el repaso que en este capítulo se ha dado por la historia de la universidad permite observar que, aunque la existencia de las universidades no ha sido continua, si ha logrado sostenerse como agente institucional del campo universitario.
El conocimiento de la naturaleza, la sociedad y el pensamiento, con agentes portadores de éstos, como lo es la intelectualidad, articulado a la estructuración de la institución académica, son factores que inciden en la estructuración de la universidad moderna en la Europa del siglo XIX. Relanzamiento de esta creación medieval, luego de su notoria disminución en el siglo anterior, resultado de la expansión del ideario liberal que explotó con la revolución francesa, a partir de lo cual se ubicó en un primer plano de la agenda educativa de Estados europeos el asunto del papel de la universidad y el trazado de su porvenir.
Fue así como, en la Francia post revolucionaria, se confirió sentido estratégico al invento medieval, la instrucción de los cuadros del Estado y la economía; con la misión de producir conocimiento científico combinado con la enseñanza avanzada en el proyecto humboldtiano. Y para todas las anteriores, pero fundamentada en los estudios generales humanísticos, en la dirección señalada a la universidad inglesa por el cardenal John Henry Newman29.
Tres arquetipos de universidad que se mezclaron en Estados Unidos y se reinventaron en Latinoamérica, con una expansión relativamente lenta comparada con la corveta que dio a mediados del siglo pasado, momento ese que sirvió de mojón para unir el horizonte de la universidad a las estrategias desarrollistas que dominaron las políticas gubernamentales.
El trayecto histórico de la universidad fue aportando elementos constitutivos del campo universitario: la especificidad del conocimiento objetivo del mundo, la intelectualidad como su portadora, la institucionalización del alma mater como habitáculo del pensamiento, los maestros y los alumnos, y en los tiempos modernos el sentido estratégico de su quehacer orientado hacia su inserción en las dinámicas políticas, económicas y culturales de las sociedades.
Con ello, los agentes institucionales universitarios en América Latina se multiplican para dar cabida a las mayores demandas de Educación Superior provenientes de los egresados
29John Henry Newman, C.O. (Londres, 1801 - Birmingham, 1890) Presbítero anglicano convertido al
catolicismo en 1845, más tarde elevado a la dignidad de cardenal por el papa León XIII y beatificado en 2010. Escribió importantes libros, entre ellos Vía Media, Ensayo sobre el Desarrollo de la Doctrina Cristiana,
de la educación básica, al tiempo que se ampliaba la provisión de profesionales para los campos políticos, económicos y culturales.
Con el aumento del número de universidades, las que antes brillaban con el prestigio de su intervención en el campo político y social, debieron dar paso a compartir con las nuevas instituciones, las propiedades acumuladas históricamente, de suerte que la relación entre agentes institucionales universitarios adquiere autonomía respecto del campo de poder, para dar paso a un nuevo campo de relaciones sociales: el campo universitario.
Lo que muestra el recorrido histórico expuesto en este capítulo, es que a mediados del siglo XX se dieron las condiciones para el surgimiento de campos universitarios en Latinoamérica. Antes, el peso de las universidades estaba dado por su posición en el espacio de las relaciones de poder en las sociedades nacionales. Luego, sin dejar de estar englobadas en el campo de poder, las propiedades de las universidades se configuran en las relaciones entre ellas. Relaciones que forma un espacio social estructural que produce un capital propio sobre el que gravitan los agentes universitarios.
Este capital propio del campo, es capital universitario constituido por la combinatoria de capitales intelectual, simbólico y político. El primero, históricamente conformado con el crecimiento y diversificación de programas de formación profesional que se acentúa en la década de los años 70. Capital simbólico universitario asociado al control sobre el valor subjetivo de los títulos académicos, e imprime una perspectiva a la lucha por el acceso a este nivel, en el marco de las tensiones entre el mercado de cupos y la movilización social por el derecho a la educación, y el capital político expresado en la tradición de autonomía
universitaria inaugurada por el movimiento de Córdoba, en contradicción con la tendencia gubernamental a subordinarla a los dictados de sus macro políticas.