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3. LA CONFIGURACIÓN HISTORICA DEL CAMPO UNIVERSTIARIO

3.1 Un acercamiento a la historia de la universidad

3.1.2 La universidad medieval

Con la creación de instituciones para la transmisión y creación de cultura, se fue estructurando un espacio social compartido, alrededor del pensamiento especializado, para dar curso a la universitas magistrum et scholarium o la asociación de maestros en torno al conocimiento, no propiamente el útil o práctico, sino el acumulado en torno a los problemas de la razón y la compresión del mundo. Esto fue dando paso a las Universitates ex-

consuetudine y a las Universitates ex-privilegio (Borrero Cabal, 2008a) con los cuales se

dieron las funciones pontificias, debido a que era una de las autoridades que les podía conferir reconocimiento, estatus y existencia jurídica.

En ambos casos, estas universitates se constituyen como corporaciones estructuradas en torno al conocimiento más avanzado de la época, reconocidas por el poder político del sacro imperio romano germánico que en 1158 formalizó la de la Universidad de Bolonia, o por cuenta propia cuando los estudiantes de Paris se declaraban "Nos Universitas

magistrorum et scholartum Parisius conmorantium" por allá en 1219, que luego debió ser

reconocida por el Papa Gregorio IX mediante bula consecratoria de la Universidad de Paris, promulgada en 1.231.

Las primeras ponen de presente que un rasgo regularmente presente en la creación de universidades, es que estas surgen por iniciativa de comunidades intelectuales o de sus mecenas. Así “A Bolonia, París, Salerno, Montpellier, Oxford, Coimbra, se las reconoce como ya existentes en acatamiento al derecho consuetudinario y de acuerdo con el concepto del derecho romano sobre la costumbre o consuetudo” (p. 76) surgidas de las escuelas catedralicias que surgieron en los siglos XII y XIII, mientras las ex - privilegio fueron

fundadas por poderes civiles, como la universidad de Nápoles en 1224 y la de Palencia, España, fundada en 1212.

Lo que se consideró un movimiento espontáneo, fue resultado de la transformación de las escuelas catedralicias, creadas por órdenes religiosas o los obispados, cuya función era la instrucción teológica, como fundamento de la educación filosófica de los clérigos. Cambios que se hacen más visibles y numerosos en el siglo XIII, cuando toman como oficio el pensar los asuntos más generales, como los relacionados con las creencias religiosas y la búsqueda de la razón de la existencia humana y de la naturaleza, por lo que solían considerarse como obreros, pero no de las manos de tal manera que su labor designaba a

“quienes tienen por oficio enseñar su pensamiento”(Le Goff, 1990, p. 21)

Desde el campo de poder medieval las monarquías crearon escuelas para la educación de los funcionarios administrativos (Gladden, 1989) de allí que surgiesen dos modelos de

universitas, la de la universidad de Paris (creada en 1150) construida por iniciativa de los

profesores sobre los estudios teológicos, y la universidad de Bolonía (iniciada en 1088) creadas por religiosos y laicos a partir de los estudios de derecho o jurisprudencia en la que gobiernan los estudiantes.

Independientemente del tipo de comunidades de estudiantes y profesores que van surgiendo en la época, estas instituciones se caracterizan por ir logrando prerrogativas de los poderes civiles y eclesiales. Se destacan la exención de impuestos, las jurisdicciones especiales y los derechos de secesión y de huelga (Borrero Cabal, 2008a, p. 165). Dado que las universidades van naciendo por la demanda de jóvenes en busca de los conocimientos para contar con capital intelectual que les asegurasen una posición en la jerarquía de la Iglesia

o en la administración de los reinos, tenían por tanto el privilegio de seleccionar a sus profesores.

En el plano de los métodos de enseñanza, estos ya distaban de los practicados en las escuelas catedralicias, puesto que implicaba la cooperación entre maestros y alumnos, quienes abocaban la discusión y el examen de textos clásicos de la teología, la medicina, el derecho romano, que complementaban las tradicionales agrupaciones de conocimientos en el trívium (gramática, dialéctica y retórica) y el quadrivium (aritmética, geometría, astronomía y música).

Los contenidos de enseñanza se dividían entre artes liberales, ajenas a los trabajos manuales, y la medicina que era el oficio practico que demandaba de mayores conocimientos. En ambos ámbitos la idea del aprendizaje con la práctica estaba arraigado en le enseñanza superior medieval. En las ramas de la teología, la filosofía o el derecho, la enseñanza partía del examen crítico de los textos, a través de la lectio, la ratio y la disputatio. Encaminado todo a la obtención de una licencia para enseñar licentia ubique docendi, en lo que empieza a ser el monopolio de los títulos académicos.

El naciente espacio social de los universitas, con las condiciones propiciadas por el crecimiento de las ciudades, va disputando a otros gremios la facultad de enseñar apropiando los avances tecnológicos como la imprenta, las libertades políticas y de pensamiento. En el siglo XV los avances en las ciencias, la tecnología, el ordenamiento político y el movimiento de la reforma, generan cambios en las fuerzas productivas de las sociedades europeas que darán paso a otros modos de producción, para resolver los problemas del crecimiento de la

población, gracias a que se cuenta con un nuevo y potente recurso: el conocimiento y su institución portadora la universidad.

Títulos y conocimientos que requerirá de un agente portador de estas propiedades: el intelectual. Nuevo agente social de la Europa Medieval que desde el siglo XII le heredaron a toda el área de su influencia la institución cultural que se vendrá a conocer como Universidad16. De allá provienen las que se formaron en el continente americano desde la Colonia, que se extendieron por todos los países del mundo, llegando a superar las 22 mil17

El contexto cultural, materia prima del intelectual, tiene el siglo del XIII el reconocimiento de personalidades con amplia influencia en la Iglesia católica, gobernantes y maestros de las universidades. Todos ellos soportados en buena medida por las traducciones de los clásicos griegos, que en ese siglo registraron un importante auge, proveniente de los textos conservados por lo árabes que tenían amplio dominio sobre el territorio hoy español y sobre el oriente próximo. Conocimientos que habían sido transmitidos con el trívium de las ciencias del pensamiento y del cuadrivium de las ciencias naturales.

En el plano del arte, incidió el ambiente cultural con el mejoramiento del tallado en madera, la pintura en vidrio con los correspondientes vitrales de las iglesias y los castillos de la nobleza. Se innova en la arquitectura con las catedrales góticas, propio de las nacientes ciudades y de nuevas técnicas de construcción que permiten amplios, luminosos y elevados

16Alfonso Borrero C. PJ, considera que antes de ese siglo y en otros continentes hubo instituciones que se le

asemejaron. (p. 299 y ss). Javier Ocampo López, documentó lo que consideró fue la educación superior precolombina (Ocampo López, 1966). Marrou H-I (1998) sostiene que las características de lo universitario

están presentes en la educación superior greco romana desde el siglo IV. Estas entidades educativas se

extinguieron o fueron subsumidas en la universidad medieval.

edificios. A la par surgen los gremios de artesanos organizados jerárquicamente con un control sobre el conocimiento de sus oficios, por lo cual eran los más idóneos y autorizados educadores de jóvenes aprendices. En el plano económico las relaciones de producción feudales se convierten en un obstáculo para abastecer la creciente demanda de alimentos, vivienda y vestido de la creciente población, por lo cual los conocimientos acumulados hasta el momento, van a permitir una incipiente sociedad del conocimiento, en tanto sus aplicaciones prácticas permitirán mejorar la productividad, con lo cual surgen condiciones estructurales para que el sector más dinámico y exitoso de la sociedad lo sean los comerciantes y los productores artesanales.

El comercio unido a las siete cruzadas18de que se tiene noticia, van a permitir el intercambio cultural, con lo cual los conocimientos circulan, se intercambian y distribuyen entre las nacientes agremiaciones de los universitas. Desde esos tiempos del tardío medioevo los saberes acumulados pierden sus referentes territoriales, para convertirse en campo de reflexión sobre problemas universales que no conocen fronteras. Las matemáticas se nutren de la ciencia de los números de los árabes. La medicina de los avances de las antiguas Grecia y Roma. Las técnicas y herramientas de las milicias de los avances chinos, entre otros múltiples mezclas y combinaciones de saberes, que darán trabajo a la transmisión de conocimientos a través de la intelectualidad y los libros de escribanos.

18Las Cruzadas fueron una serie de campañas militares impulsadas por el papa y llevadas a cabo por gran

parte de la Europa latina cristiana, principalmente por la Francia de los Capetos y el Sacro Imperio Romano. Las cruzadas, con el objetivo específico inicial de restablecer el control apostólico romano sobre Tierra Santa, se libraron durante un período de casi doscientos años, entre 1096 y 1291. En Wikipedia. Recuperado el

Con ese ambiente propicio para el pensamiento y ante la crisis del poder de Roma en la Edad Media tardía, los gremios de maestros y estudiantes se constituirán en el espacio propicio para las doctrinas de la Iglesia, del Derecho Civil del poder político imperial, y para las ciencias expresadas, entre otros ámbitos, en la medicina. Espacio que tendrá en los clérigos el agente portador del espíritu universitario, dado que estos eran los que tenían como oficio pensar y como sustento para vivir las escuelas catedralicias, especialmente en los dominios del reino de Francia. El oficio de intelectual que tuvo en Abelardo19 y en su discípulo Pedro Lombardo20dos paradigmáticos personajes dedicados a reflexionar y enseñar sobre lo divino y lo humano, de lo que se sigue que:

Así se justifica teóricamente el intelectual autorizado, lo mismo que el mercader, a aprovechar de su oficio por su trabajo, por su utilidad, por su creación de bienes de consumo. Los esfuerzos que realiza el intelectual a partir del siglo XIII para participar también del poder eclesiástico (su encarnizamiento en defender su situación jurídica de clérigo), para ejercer una influencia política (perceptible en París desde fines del siglo XIII) manifiestan la voluntad del trabajador intelectual de distinguirse del trabajador manual a toda costa y a pesar de sus orígenes en el taller urbano (Le Goff, 1990, p. 2)

Aquellos son los antecedentes de tres modos de organizar el naciente campo universitario: las formas de la universidad de París (1250), articulada en torno al control y

poder sobre la teología; la universidad de Bolonia (1088) alrededor del poder político público

materializado en el Derecho Civil y la Universidad de Oxford (1167) fundamentada en la

19Pierre Abélard o Pierre Abailard, Petrus Abelardus en latín, Pedro Abelardo en español o simplemente

Abelardo (Le Pallet, cerca de Nantes, Bretaña, 1079–Chalon-sur-Saône, 1142), fue un filósofo, teólogo, poeta

y monje francés. En Wikipedia. Recuperado el 14.08.2013

apropiación y enseñanza de las ciencias, sin que en ninguna de ellas se dejara de estudiar los tres campos del saber dominante en la época (Gómez García, 1986)

Además de las universidades ex-consuetudine de París y Bolonia, por Europa central, mediterránea y atlántica los estudiantes recorrían grandes distancias para constituirse en las colonias de nacionalidades adscritas a nuevas universidades originadas por los monarcas, como forma de ampliar el campo de poder en el espacio de la intelectualidad docente y discente. Se hace referencia a las Universidades de Viena (1365), de Heidelberg (1385), de Friburgo (1457), de Ingolstad (1459) que será luego la Universidad de Munich (1826). También fueron de iniciativa estatal la Universidad de Tubinga (1477) y la de Maguncia (1476), la primera “donde empezó a tomarse clara conciencia de definir la universidad, no tanto por su carácter de institución social, sino por sus funciones y tareas de enseñar el universo del saber”(Borrero Cabal, 2008a, p. 205)

En este tenor, se puede sostener que el posicionamiento del intelectual se debe a su cercanía o lejanía de los centros de poder político. Desde una óptica sociológica, esto es, en una perspectiva de la incidencia de las relaciones sociales en el plano político, se evidencia que las ideologías dominantes no lo son por el peso mismo de las ideas, o de sus productores o portadores, sino por el uso que de ellas hacen las clases dominantes, atendiendo a los efectos que tiene la cercanía de los intelectuales y sus ideas sobre la conservación de las relaciones de poder.

Esto lleva a mostrar, que las clases dominantes hacen uso de la intelectualidad, lo que no significa que esta pertenezca a la clase dominante, ni mucho menos que dicha clase tenga un destacado nivel cultural, sino que en el plano del espacio de relaciones de poder, la

intelectualidad ocupa una posición que depende del grado de autonomía que alcancen los agentes institucionales en el despliegue de sus propias reglas de relacionamiento en torno al control de capitales simbólicos, culturales y científicos.

Esto a propósito de que la universidad es históricamente un campo de practica intelectual, que comporta unas reglas de juego compartidas, una illusio, constituida por los

habitus de sus integrantes. En otras palabras, hay unos intereses compartidos y un modo de

pensar y actuar en el campo universitario.

Lo que se corrobora con la expansión de las universidades a lo largo del territorio europeo en el lapso de los siglos XIII al XVIII. En el que es hoy el territorio francés surgieron en dicho periodo 55 universidades o sus homologas studia y estudios generales. Así mismo se extendieron por aquel territorio dando origen a las Universidades de Upsala en Suecia (1477), de Copenhague (1487), la de Turku – Finlandia (1640), y la Universidad de Salamanca (1218) que posteriormente sirvió de referente para las universidades en el Nuevo Mundo (p. 274).

De lo que también da cuenta la confrontación entre el movimiento de la reforma protestante y la contrareforma católica, con su prolongación al plano de la lucha por el control de la producción de representaciones implicada en la creación y proyección de las universidades, entre lo cual se da origen a la Universidad de Praga (1348), a la de Marburg (1527), la de Estrasburgo (1538) y a la de Königsberg (1544), como parte del proyecto académico del protestantismo, al tiempo que el catolicismo extendió su influencia con la fundación de universidades en España y en las antigua Galia. Surgimiento de nuevas universidades ambientadas en las controversias sobre las relaciones entre la razón y la fe pari

passu con el naciente humanismo renacentista de, entre otros pioneros, Pico della Mirándola

(1463-1543) y las revoluciones científicas de Copérnico (1473-1543) y de Galileo (1564- 1642) con el heliocentrismo.

El espacio social de la intelectualidad se constituyó en escenario de la lucha por la independencia del pensamiento para experimentar, analizar, comprender y explicar el mundo externo, libre de las verdades de autoridad consignadas en la Biblia. La universidad acoge

con entusiasmo las leyes de la óptica, que permitieron la perspectiva en el arte figurativo; la

geometría del cuerpo humano, la mecánica y la estática, con otros adelantos que dieron pie a un acumulado de conocimientos de gran valía que instituían el leitmotiv sobre el que gravitaban los agentes de las nacientes universidades.

Espacios estos que hacia el siglo XVIII van perdiendo fuerza ante el crecimiento de academias y colegios, que les disputan el monopolio sobre los conocimientos científicos, humanísticos y teológicos, toda vez que las universidades se venían rezagadas de los cambios políticos condensados en la revolución francesa (1789) y de la naciente revolución industrial. Al respecto, por ejemplo, el padre Alfonso Borrero señala que

El siglo XVIII abundó en críticas a la parsimonia ibérica para aceptar el auge de las ciencias naturales. El paralizante temor a todo lo nuevo, el desprecio por las ciencias útiles y la esterilidad y rutina de los métodos pedagógicos, explican "los cortos y lentos progresos que

en nuestra España lograron la física y la matemática.[…]Basta nombrar la nueva filosofía

para conmover a éstos [profesores] el estómago. Apenas pueden oír sin mofa y carcajada el

nombre de Descartes.[…]Dicen muchos que basta en las doctrinas el título de nuevas para

Con este panorama como escenario, la universidad en el siglo XIX recompone sus estrategias y reconfigura sus estructuras para tratar de responder a las condiciones generadas por los modernos Estados liberales y la dominancia del modo de producción capitalista.