Los manglares en Veracruz (y humedales en gene-ral) deberían ser respetados como el límite natural para cualquier tipo de desarrollo, ya que constitu-yen el escalón intermedio entre la tierra y el mar. Son también una zona de amortiguamiento de los eventos naturales, como las inundaciones, que devienen en catástrofes sociales cuando se permite la ocupación urbana de estas zonas. Este límite entre la tierra y el mar, más las zonas que son cubiertas por agua de mareas en las partes interiores de los estua-rios y las lagunas costeras, constituyen un riesgo mayor si se considera que el nivel medio del mar aumentará en las próximas décadas y que la frecuen-cia de eventos extremos (como inundaciones y
huracanes) ha aumentado en las últimas décadas (Garduño, 1995; Tejeda, 2006).
Son también zonas de alta productividad, que se exporta al mar en forma de detritos. Estos provie-nen de la hojarasca y la madera caída como parte del proceso natural de renovación de los árboles. Se estima que la hojarasca constituye la tercera parte de la productividad primaria neta; las otras dos partes las compone el incremento de la biomasa en forma de raíces, troncos, ramas y hojas en pie. En este sen-tido, hacen falta datos acerca de la variación latitu-dinal en la caída de hojarasca y la fenología de las especies de manglar, en especial sus periodos de producción de hojas, floración y fructificación (López-Portillo y Ezcurra, 1985; Aké-Castillo et al., 2006; Utrera-López y Moreno-Casasola, 2008). El aporte de detrito proveniente del manglar al sistema acuático constituye una fuente de alimento para numerosas especies animales durante sus diferentes etapas de vida. Esto constituye una función ecoló-gica de fundamental importancia y que, de hecho, desencadenó hace 30 años las políticas para su pre-servación (Odum y Heald, 1972, 1975). En resu-men, las funciones de los manglares que destacan para la zona costera de Veracruz son a) protección de la línea de costa, en constante modificación por huracanes, tormentas y nortes; b) áreas de alta pro-ducción pesquera, especialmente en las lagunas de Tamiahua, Pueblo Viejo y Alvarado, y c) áreas de captura de carbono. Todos estos son temas que deben ser explorados a fondo en Veracruz para mejorar el uso y manejo que se le da al manglar en Veracruz.
En cuanto a su protección legal, las especies de manglar están consideradas bajo protección especial en la NOM-ECOL-059-SEMARNAT-2001 y la
NOM-022-SEMARNAT-2003. Recientemente también se
añadió el artículo 60 TERde la Ley General de Vida Silvestre, que tiene como propósito frenar las cons-tantes acciones de transformación de estos ecosiste-mas y promover su conservación y regulación con bases. Sin embargo, los efectos por la expansión
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urbana, industrial y agropecuaria siguen presio-nando de manera importante áreas puntuales de manglar en Veracruz. Sólo resta mencionar que a la fecha hay seis manglares protegidos en Veracruz como sitios Ramsar: La Mancha y El Llano (02/02/04), Manglares y humedales de la Laguna de Sontecomapan (02/02/04), Sistema Lagunar de Alvarado (02/02/04), Humedales de la Laguna La Popotera (05/06/05), Laguna de Tamiahua (27/11/05), Manglares y humedales de Tuxpan (02/02/06) (Ramsar, 2002).
Cabe mencionar que aun en estos sitios quedan por definir políticas de manejo de los manglares a fin de garantizar que sus funciones se mantengan ante el contexto de presión creciente de uso de suelo. Además existe una marcada desintegración del valor que tienen los ecosistemas de manglar entre las comunidades que dependen directamente de los recursos que ofrece y las dependencias e insti-tuciones responsables de gestionar políticas de uso y/o conservación de estos ecosistemas.
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INTRODUCCIÓN
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surgieron en las planicies costeras inundables del sur de Veracruz y Tabasco, zona intensamente irrigada por los numerosos afluentes de los ríos Papaloapan, Coatzacoalcos y Tonalá (Coe y Diehl, 1980).
Los ecosistemas de humedales se definen como las zonas de transición entre sistemas terrestres y acuáticos en donde el manto freático normalmente está en o cerca de la superficie, o bien el suelo se cubre con agua poco profunda. Se considera que un humedal debe tener uno o más de los siguientes tres atributos: 1) por lo menos periódicamente, el suelo soporta predominantemente plantas hidrófitas; 2) el sustrato es predominantemente suelo hídrico no drenado; y 3) el sustrato se satura con agua o se cubre con agua poco profunda en algún momento durante la estación de crecimiento de cada año (Cowardin et al., 1979). La convención Ramsar*de