L A ARGUMENTACIÓN RACIONAL
C. L AS DIVERSAS FORMAS DE LAS ARGUMENTACIONES RACIONALES
4. Silogismos explícitos/implícitos
Las argumentaciones que hacemos en nuestra vida diaria no suelen ser puramente racionales, sino que mezclan lo racional con lo emocional. Además, la dimensión racional
no se expresa habitualmente en las formas “canónicas” del argumento, por ejemplo, en la forma del silogismo, que es la que corresponde a la argumentación deductiva. Sin embargo, podemos reconocer en una determinada argumentación de la vida cotidiana la estructura racional deductiva que la sostiene y expresarla como un silogismo. Es lo que hemos visto para el caso de las argumentaciones categóricas e hipotéticas de Pablo; aquí añadiré algunos ejemplos tomados del conjunto de silogismos tanto categóricos (22 casos)39 como hipotéticos (10 casos)40 que he podido individualizar en el corpus paulino.
Entre los silogismos categóricos hay algunos que tienen la forma silogística bastante explícita. El más claro, me parece, es el siguiente argumento:
◆ “Porque en esperanza estamos salvados. Ahora bien, una esperanza que se ve, no es esperanza: ¿quién espera lo que se ve?” (Rom 8,24).
El argumento parte por la conclusión y luego expone la premisa mayor en forma de pregunta retórica: el objeto de la esperanza es lo que no se ve, no lo que se ve. La premisa menor está implícita: la salvación cristiana no se ve.
◆ Muy claro también es el silogismo de un argumento que aparece en la primera carta a los corintios: “Todo me es lícito”, pero no todo me conviene. “Todo me es lícito”, pero no me dejaré dominar por nada (1Co 6,12).
La premisa mayor es “Todo me es lícito” (los editores ponen esta afirmación entre comillas, suponiendo que Pablo está citando el argumento con el que los corintios justifican su conducta que se sale de las normas morales). La premisa menor es que no todo me conviene. La conclusión es, entonces, no dejarse dominar por nada de lo que no conviene. Se trata, como se ve, de una conclusión ética, referida al actuar.
◆ Pongo un último ejemplo de silogismo categórico, tomado de la misma carta, que tiene la interesante particularidad de sacar una doble conclusión, una ontológica (hipotética), la otra ética. El argumento está largamente desarrollado; aquí extraigo sus líneas esenciales:
Respecto a lo inmolado a los ídolos, es cosa sabida, pues todos tenemos ciencia. Pero la ciencia hincha, el amor, en cambio, edifica (…). Ahora bien, respecto del comer lo sacrificado a los ídolos, sabemos que el ídolo no es nada en el mundo y que no hay más que un único Dios (…). Mas no todos tienen este conocimiento. Pues algunos, acostumbrados hasta ahora al ídolo, comen la carne como sacrificada a los ídolos, y su conciencia, que es débil, se mancha (…). Tengan cuidado que la libertad que ustedes tienen no sirva de tropiezo a los débiles. En efecto, si alguien te ve a ti, que tienes conocimiento, sentado a la mesa en un templo de ídolos, ¿no se creerá autorizado por su conciencia, que es débil, a comer de lo sacrificado a los ídolos? Y por tu conocimiento se pierde el débil: ¡el hermano por quien murió Cristo! Y pecando así contra los hermanos, hiriendo su conciencia, que es débil, ustedes pecan contra Cristo. Por tanto, si un alimento causa escándalo a mi hermano, nunca comeré carne para no dar escándalo a mi hermano (1Co 8,1,4,7,9-13).
un solo Dios. La tentación es sacar de aquí una conclusión apresurada: podemos por lo tanto comer la carne inmolada a los ídolos. Sin embargo, hay que tener presente una premisa menor: hay hermanos en la fe cuya conciencia es débil, cuyo conocimiento no tiene la misma fuerza que el de otros, más maduros en la fe, y que podrían verse arrastrados a comer esa carne como inmolada a los ídolos, con lo que mancharían su conciencia. La conclusión ontológica es hipotética: si el hermano fuerte come carne y el débil se ve arrastrado por su ejemplo a comer, se pierde. La conclusión ética es categórica: no hay que comer carne, para evitar ese escándalo.
Entre los argumentos silogísticos hipotéticos encontramos uno de la segunda carta a Timoteo que ya hemos citado. Otros ejemplos son los siguientes:
◆ “Si somos hijos [de Dios], somos también herederos; herederos de Dios y coherederos de Cristo” (Rom 8,17a).
La premisa mayor está en este caso implícita: el hijo hereda a su padre. Hay dos premisas menores; la primera es explícita: somos hijos de Dios. De aquí una primera conclusión: somos herederos de Dios. La segunda premisa menor está implícita: Cristo es Hijo de Dios; de ahí la segunda conclusión: somos coherederos de Cristo.
◆ “Si oro en lenguas, mi espíritu ora, pero mi mente queda sin fruto (…). Si no bendices más que con el espíritu, ¿cómo dirá ‘amén’ a tu acción de gracias el que ocupa el lugar del no iniciado, pues no sabe lo que dices?” (1Co 14,14,16).
La premisa mayor de estos dos silogismos es que la oración en lenguas tiene lugar en lo que aquí se llama el espíritu del ser humano, que es distinto de su mente; tan distinto, que la mente no comprende esa lengua del espíritu. La menor es hipotética: si oro en lenguas, en el primer caso, si bendices solo con el espíritu en el segundo. La conclusión primera es que el que ora en lenguas no saca provecho para su mente; la segunda es que el no iniciado no puede decir amén a la bendición del que ora en lenguas, pues no la ha podido comprender con su mente.