En el mundo actual, donde resulta extrema la desigualdad social, los actos antisociales, la personalidad antisocial y la corrupción, constituyen hechos muy frecuentes y que ponen en una situación difícil nuestra con- cepción teórica general de que el predominio de los deberes asumidos sobre las tendencias inadecuadas a su cumplimiento constituye un rasgo esencial de la personalidad normal y adulta, por lo tanto, es necesario enfrentar teóricamente esta problemática.
Lo social significativo son las normas morales y las exigencias y ne- cesidades sociales que son productos del desarrollo histórico-social y
que son asimilados por el individuo. Lo social significativo se diferencia y distingue de lo puramente individual (consultar Principios de psicolo-
gía general, de SL Rubinstein, en el capítulo sobre la voluntad). En lo
social significativo el individuo va a satisfacer a la sociedad, a la institu- ción, al grupo.
En lo puramente individual el sujeto se dirige a satisfacer necesida- des que son solamente de él, de carácter biológico, hedonista o de dinero y bienes o de prestigio, o los intereses cognoscitivos, o el problema existencial o cualquier otra necesidad. No obstante, es indiscutible que lo social significativo y lo puramente individual, aunque son cualitativamente diferentes, se encuentran en una estrecha unidad, pene- tración, identidad y transformación recíprocas.
Se debe esclarecer la relación y diferencia entre lo puramente indivi- dual y lo antisocial. Lo puramente individual puede expresarse en un acto antisocial, pero también en forma no antisocial y en armonía con las normas y exigencias sociales. Todo acto antisocial expresa, contiene y responde a necesidades puramente individuales. Las acciones de un polí- tico contra las normas existentes en una sociedad no constituyen actos antisociales, aunque van en contra de las exigencias estatales existentes o criterios predominantes, pues lo que guía al político es una motivación social que responde a determinadas clases o sectores sociales. Pero las acciones de un ladrón o un homicida para conseguir dinero o satisfacer un capricho personal, aunque van igualmente contra las exigencias esta- tales y criterios predominantes, son actos antisociales porque responden a necesidades o tendencias puramente individuales que llevan a incum- plir las normas y exigencias sociales establecidas en un determinado momento histórico.
Así se define lo antisocial como una motivación puramente indivi- dual que va en contra de la legalidad, de las exigencias legales existentes en la sociedad en un momento determinado y que incumple con ellas para satisfacerse.
La ley de unidad y lucha de contrarios conduce al criterio de que la motivación humana constituye la unidad de lo social y lo antisocial. En unos predomina lo social; en otros, lo antisocial (estos son los antisociales) y en otros tienen la misma importancia tanto lo social como lo antisocial, pero en todo ser humano se da la unidad de lo social y lo antisocial. Aún la persona más antisocial tiene que asumir, en forma adaptativa, princi- pios morales y legales para encubrirse, para no ser castigado, precisa- mente para poder realizar sus acciones antisociales. Esa apariencia de legalidad y moralidad, que le lleva a cumplir con determinadas normas sociales y legales, resulta decisiva en su conducta. Si es totalmente
antisocial no puede ajustar su conducta al medio social, es apresado, es castigado y en este caso se manifiesta una conducta patológica por inca- pacidad de adaptación.
Por lo tanto, también en el antisocial se cumple el principio del pre- dominio de lo social significativo, asumido por el sujeto sobre las tenden- cias inadecuadas a su cumplimiento. Lo que ocurre es que en el antisocial esos principios legales y morales asumidos son mínimos y superficiales, aunque obedecen a motivaciones profundas, surgidas en el decurso de la vida y se explican por ellas. Todo antisocial no patológico ha recibido la influencia bienhechora del amor, ha aprendido a ser querido y a querer y de ahí proviene su capacidad de adaptación al medio, que lo hace un ser relativamente sano psicológicamente.
Cuando se habla del predominio de lo social significativo en la moti- vación humana, nos referimos a los valores y principios morales asumi- dos, aceptados por el sujeto, quien libre y subjetivamente ha decidido cumplir con ellos. Ciertamente, en el antisocial estos deberes sociales son mínimos, quizás las normas más elementales de convivencia e inte- gración social, pero él cumple con ellos.
En la personalidad corrupta, los deberes sociales asumidos tienen un mayor peso e importancia en la regulación de su actividad. Son personas que trabajan y están integradas socialmente; hacen predominar en su conducta los principios morales y legales que han asumido, pero la corrupción altera su comportamiento. Precisamente a través de su cumplimiento relativo con esa integración social, esta persona roba, desvía recursos, incumple con los deberes legales que supuestamente ha asumido.
En la personalidad con predominio de lo social, lo antisocial es mínimo, pero existe y actúa. Por desgracia, en la humanidad actual no predominan las personas con una orientación social, sino que la corrup- ción y la conducta antisocial tienen una gran importancia, quizás preva- leciente en determinados sectores sociales.
El predominio de lo social se da en aquellas personas con una orien- tación social; el de lo individual, en aquellas con una orientación antiso- cial, pero el principio del predominio de los deberes sociales asumidos sobre aquellas tendencias inadecuadas a los mismos, en la regulación de la actividad, es una característica universal de la personalidad normal y adulta, tanto en los individuos con una orientación social como en los que tienen una orientación antisocial. La diferencia entre ambos radica en el grado en que asumen los deberes sociales. En la personalidad con orientación social los deberes asumidos son amplios y autónomos; en la personalidad antisocial los deberes asumidos son mínimos y predomi- nantemente adaptativos.
Otra cuestión importante es la determinación de la conducta social y antisocial. Existen factores sociales e individuales. Cuando predominan la desigualdad social, la miseria y el desempleo, se favorece la conducta antisocial de sus miembros. Cuando en la educación del niño y del ado- lescente ha faltado la unidad armónica del afecto, la exigencia y el desa- rrollo intelectual, se favorece la conducta antisocial.
El antisocial de origen social puede ser plenamente equilibrado en lo individual, pues responde a una situación social: la sociedad es la que está enferma y atraviesa una crisis. El antisocial de origen predomi- nantemente individual se acerca más al desequilibrio patológico. Es una incapacidad personal de asumir deberes y cumplir con ellos. En todo antisocial se dan ambos determinantes en diferente proporción, el social y el individual.