En el epígrafe anterior se trataron la fusión, la interrelación medio- fin y el conflicto entre las necesidades que se manifiestan activamente, pero también existe otro modo de interrelación entre las necesidades que operan en virtud de la interconexión de lo pasivo y lo activo.
José Martí (González DJ, 1999) expresó en su obra la dinámica de lo pasivo y lo activo. Habló de la "compensación y conciliación de las fuer- zas vitales" (Martí J, 1975 F). Dijo, por ejemplo, "…hay debilidad oculta en todo alarde innecesario de fortaleza" (Martí J, 1975 G).
A continuación se expone la interrelación de los aspectos pasivos y activos de las necesidades, de acuerdo con los hechos de la psicología experimental y los criterios de psicólogos como Rubinstein (1965), González Martín (1965), Bassin (1972) y otros, acerca de la existencia e importancia de la actividad psíquica inconsciente y la necesidad de estu- diarla con un enfoque dialéctico.
Sobre la base de la experiencia clínica, los teóricos psicoanalistas han estudiado −con una orientación metodológica errónea− la dinámica de lo pasivo y lo activo, expresándola en el concepto de defensa, el cual se encuentra inextricablemente unido a una teoría que, en su conjunto, es inaceptable, ya que reduce la motivación humana a las tendencias indivi- duales e inconscientes, y convierte los motivos sociales, personalmente significativos, en una expresión disfrazada de motivos inconscientes y puramente individuales que han sido sublimados, desplazados, simboli- zados, etc.
Toda necesidad experimentada por el ser humano es un estado acti- vo-pasivo: pasivo, en el sentido de que en él se pone de manifiesto la dependencia del individuo con respecto al objeto de sus necesidades, y activo porque implica la aspiración a su satisfacción (Rubinstein, 1969).
La necesidad es activa cuando moviliza la actividad hacia la obten- ción de eso que constituye su objeto-meta; es pasiva cuando expresa cómo el individuo depende de ese objeto-meta, sufre por su privación, teme por su pérdida, disfruta por su obtención y aseguramiento.
El carácter pasivo y activo de las necesidades se manifiesta en las tendencias, en las emociones y los sentimientos, y en el valor afectivo, positivo o negativo del reflejo psíquico cognoscitivo del mundo real.
La orientación activa de las necesidades constituye la motivación es- pecífica, la cual regula la actividad hacia la obtención del objeto-meta específico de la necesidad, por ejemplo, comer, para la necesidad alimentaria; el contacto interpersonal, para la necesidad de contacto afec- tivo y el cumplimiento del deber, para las necesidades morales.
Por el contrario, la expresión y orientación pasiva de las necesidades conduce a las motivación inespecífica, la cual regula la actividad en la dirección de descargar o disminuir la tensión difusa de las necesidades insatisfechas, no mediante la obtención de su objeto-meta específico, sino por otros medios.
En relación con esta cuestión debemos plantearnos el problema del mecanismo de la motivación, o sea, la explicación de por qué el individuo se dirige activamente hacia el objeto-meta.
Según Freud, el hombre es un aparato en el cual la ley fundamental de funcionamiento consiste en desembarazarse de todo aporte o de todo aumento de estimulación o energía. Él planteó que el sistema nervioso tiende a un mínimo de tensión o, al menos, a un nivel estable, sin aumen- to. El comportamiento es fundamentalmente la reacción del organismo que por vía de los efectores disminuye el incremento de energía aportado por alguna estimulación, como, por ejemplo, el hambre, la sexualidad u otras. Para Freud el mecanismo de la motivación es de reducción de tensión. Sin embargo, nuestro punto de vista de que las necesidades se con- cretan en los objetos y acciones, de que tienen, por lo tanto, un carácter social y de que surgen necesidades superiores, autónomas o indepen- dientes de las inferiores o biológicas, implica oponerse al principio freu- diano de reducción de tensión. Para nosotros, el individuo se dirige activamente hacia el objeto-meta porque lo necesita en sí mismo y no como un medio para reducir la tensión, por ello, nuestro criterio se con- trapone al de Freud, el cual reduce el dinamismo psíquico a un mecanis- mo meramente biológico.
Los hechos de la psicología experimental y patológica, y el criterio metodológico fundamental de la unidad de los contrarios, conducen a contraponer el punto de vista freudiano al principio de la unidad dialéc- tica de la motivación específica con la inespecífica.
Toda necesidad humana tiene un carácter social y se dirige hacia la obtención de su objeto-meta, en esto consiste la motivación específica.
Pero ante la privación, la frustración o la perspectiva negativa, la tensión difusa y pasiva de la necesidad tiende a descargarse por otras vías. Esta es la motivación inespecífica, que tiene también un carácter social, o sea, la motivación específica engendra la inespecífica y viceversa; ambas se penetran y contienen recíprocamente; por el contrario, Freud redujo la dinámica del comportamiento a la descarga de la tensión difusa y no vio su carácter social.
La necesidad es a la vez activa y pasiva, sin embargo, en determina- dos casos unas necesidades se manifiestan de manera predominantemen- te pasiva y otras de manera predominantemente activa.
Dada la interrelación con otros motivos y con las circunstancias y posibilidades del medio (conflictos, privaciones, frustraciones, amena- zas de privación o frustración, etc.), y la imposibilidad actual de satisfa- cerse o hacer algo, unas necesidades pueden no conducir a la acción para la obtención del objeto-meta y manifestarse pasivamente en deseos, ima- ginaciones, ilusiones, sueños, o en vivencias emocionales pasivas. Estas necesidades se conocen como pasivas, aunque también son potencial- mente activas y en menor medida actualmente activas. Ellas engendran la motivación inespecífica.
Otras, por el contrario, conducen o impulsan la acción hacia la ob- tención de su objeto-meta, son las necesidades activas que se manifiestan en la actividad ejecutora, los actos y las actividades. Participan en la motivación específica y son los motivos reales de la actividad, aunque también se manifiestan pasivamente y pueden transformarse en necesi- dades pasivas.
Recuérdese que al definir el concepto de necesidad, los potenciales son aquellas necesidades que en un momento determinado solo existen como propiedades de la personalidad, pero no han sido excitadas ni se expresan en un estado o proceso psíquico. Se encuentran en estado pasi- vo aquellas necesidades que han sido excitadas, pero que no se proyectan hacia la obtención de su objeto-meta y expresan cómo dependen del mis- mo; pasan a ser activas cuando se orientan hacia la obtención de su obje- to-meta, y regulan los actos y las actividades.
Aunque se debe señalar la diferencia entre estos 2 tipos de necesida- des y formas de motivación (activas y pasivas, específicas e inespecíficas) y no se deben reducir las unas a las otras, es igualmente importante señalar que ambas se contienen, influyen y transforman recíprocamente. Las necesidades pasivas contienen a las activas y viceversa. La motivación específica contiene a la inespecífica y viceversa.