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SUPLICA INDIVIDUAL ACCION DE GRACIAS POR EL PER DON

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[página 138] 3 La respuesta a la súplica, vv 6 ,

SALMO 32: SUPLICA INDIVIDUAL ACCION DE GRACIAS POR EL PER DON

El Salmo se considera uno de los siete salmos penitenciales (cf. Sal. 6), pero real- mente es himno de acción de gracias por el perdón ya recibido; además incluye ins- trucción al estilo sapiencial (vv. 1, 2, 9, 10).

Este era el salmo favorito de Agustín, y Lutero lo llamaba un salmo paulino. Cier- tamente el gozo verdadero es estar en comunión con Dios. No hay nada más terrible que tener a Dios como enemigo, pero casi todo el mundo prefiere no pensar en el jui- cio de Dios. Así viven en un letargo fatal. No reconocen que Dios les ama y que su primer acto de mostrar amor es proveerles el perdón de sus pecados, si se humillan y lo aceptan.

1. Pecado perdonado, vv. 1, 2

Bienaventurado (dichoso, feliz). El salmo empieza con dos bienaventuranzas que

anuncian el tema del poema. No hay dicha mayor que ser reconciliado con Dios y saber que los pecados han sido perdonados. La única manera de ser reconciliado con Dios es recibir su misericordia y su perdón.

El salmista usa tres palabras para pecado en estos dos versículos: transgresión (pesha 6588), “rebelión”; pecado (jata h 2401), “errar el blanco”; e iniquidad ( von 5771)

“maldad”, “culpa”. Las usa como sinónimos, lo que es típico del paralelismo en la poesía hebrea, pero a la vez cada uno agrega un aspecto distinto para cubrir todo lo que es pecado.

Como el párrafo da tres palabras para el pecado, también da tres explicaciones del perdón: perdonado, cubierto y no atribuye iniquidad. El ser humano no debe in- tentar cubrir su pecado, pero Dios sí lo puede cubrir con la sangre de su sacrificio expiatorio. Esta verdad, con el hecho de no atribuir iniquidad presenta la misma verdad que Pablo explica como la justificación (Rom. 4:6–8; también 2 Cor. 5:19). Según el NT el que cree en Cristo Jesús es [página 147] justificado por la fe, es de- cir, ya Dios no le atribuye iniquidad, lo declara justificado, sin culpa delante de él.

El párrafo predica un doble mensaje: una advertencia a los que no reconocen su necesidad de perdón, y un consuelo y base de confianza al que ha recibido el perdón de Dios. Así la frase en cuyo espíritu no hay engaño también tiene doble aplicación, pues, para el primero, debe saber que no puede engañar a Dios, tiene que ser since- ro; el arrepentimiento no puede ser a medias. Y para el segundo, el secreto de la transparencia en la vida es saber que está perdonado y que Dios no le atribuye ini-

2. La tristeza por la comunión rota, vv. 3, 4

Estos dos versículos muestran la lucha interna que sufre cualquier ser humano que ha pecado, sea creyente o no. Pero aquí es claro que el salmista había conocido la comunión con Dios, pero aquella dulce comunión había sido rota por algún peca- do. Por cierto el no creyente a menudo es insensible a su condición perdida y no siente tanto la falta de comunión con Dios.

Mientras callé (v. 3). Callarse cuando uno debe confesar puede ser engaño (v. 2).

No vale la pena postergar la confesión y el arrepentimiento. El pecado es como una serpiente; cuando uno la cubre la mantiene caliente para que pueda picar y herir más fuerte, inyectando más veneno de maldad. Un creyente que ha conocido la paz y la comunión con Dios siempre estará triste e inquieto cuando está rota esta comu- nión, pues el Espíritu Santo que mora adentro estará redarguyéndole.

3. Confesión y comunión restaurada, vv. 5–7

Este es el punto central del Salmo, el salmista confiesa su pecado a Dios. La fór- mula es sencilla: confesar, humillarse, reconocer que hizo mal; es la misma verdad de 1 Juan 1:8, 9, y tiene el mismo resultado, y tú perdonaste. Dios está pronto a perdonar porque es Dios de amor y ha hecho provisión en la obra de Cristo.

En su confesión, el salmista usa las mismas tres palabras que usó en los vv. 1 y 2: pecado, iniquidad y rebeliones, repite dos de ellas en la última línea: la maldad (iniquidad) de mi pecado.

Verdades prácticas 32:6

Puede existir una doble manera de encontrar o hallar a Dios; o se asciende o se baja. Vida o muerte. Encuentro o separa- ción.

No se permanece en el mismo plano, pues si continuamos en el mismo nivel, no podremos verle.

Para encontrarnos con Dios es preciso, primero, descender, huir del cosmos del que formarmos parte.

Debemos ascender para entrar en su Reino, y para esto es necesario negarse a sí mismo y vivir en Cristo.

Toda relación con el Señor supone la muerte al mundo, y la vida en su servicio de amor.

[página 148] Semillero homilético La alegría del perdón

32:1–11

Las bienaventuranzas (vv. 1–5).

Indulto: Cuya transgresión ha sido perdonada (v. 1). Sinceridad: Y en cuyo espíritu no hay engaño (v. 2). Confesión: Mi pecado te declaré (v. 3).

Las vivencias (vv. 6–11).

Consejo: No seáis sin entendimiento (v. 9).

Exhortación: Oh justos, alegraos en Jehovah y gozaos (v. 11).

El efecto de la restauración es inmediato: el salmista quiere compartir su gozo con otros, que ellos oren también y sean restaurados. En el tiempo en que puedas ser

hallado subraya la importancia de responder cuando el Espíritu de Dios redarguye,

pues uno que rechaza la voz de Dios puede endurecerse hasta el punto cuando ya no le oye más. El ser humano siempre necesita la protección de Dios para que no se pierda en las caudalosas aguas de maldad y destrucción.

Ahora (v. 7) el salmista se dirige a Dios con un canto gozoso, en alabanza y con- fianza renovada.

4. Promesa y exhortación, vv. 8, 9

Ahora Dios mismo contesta al salmista con la promesa de su dirección. Todo cre- yente quiere la guía de Dios en su vida, y él promete guiarnos. Nuestro Salvador es nuestro instructor, nos instruye con su Palabra y con el Espíritu Santo. Cuando es- tamos en comunión con él, podemos reconocer esta dirección. Sobre ti fijaré mis ojos indica la delicadeza de esta dirección. Cuando uno está en estrecha comunión con otro, sólo un movimiento de sus ojos indica su deseo. El creyente debe ser sensible a la voz del Espíritu Santo.

Ahora (v. 9) el salmista exhorta a los lectores. Lo que dice contrasta con la última frase del v. 8, pues exhorta a que seamos sensibles a la guía de Dios de modo que él no tenga que usar la fuerza para que le obedezcamos.

Cómo perdonar 32:1–11

Perdonar es una gracia espiritual que todo cristiano debe ejercer, y sobre este tema, Roy L. Smith ofrece las siguientes sugerencias:

Comienza dándote cuenta de que, en comparación con los sufrimientos de Cristo, tú no has sido seriamente perjudicado en absoluto.

Recuerda las muchas acciones bondadosas de que has sido objeto, quizá por la misma persona que te ha dañado.

Considera los beneficios que has recibido del Señor.

Agradécele que él te bendiga con su amor y perdón cada día. Esfuérzate honradamente en orar por quien te haya hecho

daño.

Ve aun más lejos, y busca alguna oportunidad para ayudar- le.

Si la ofensa es especialmente difícil de olvidar, intenta bo- rrarla de la memoria ocupándola con pensamientos bondado- sos y generosos.

Finalmente, antes de caer dormido por la noche, repasa lentamente y reflexionando en ello, aquella frase de la oración del Señor: “Perdona nuestras deudas, como también nosotros

perdonamos a nuestros deudores.”

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5. El secreto del verdadero gozo, vv. 10, 11

En un paralelismo antitético, el v. 10 presenta las únicas dos opciones de la vida. El impío, el que no confía en Dios cosechará muchos dolores; la otra opción, confiar en Dios, conlleva la promesa de que la misericordia le cercará. ¡Qué lindo cerco para la vida!

Esta confianza en Dios hace prorrumpir un grito de alabanza: alegraos y gozaos (es paralelo al v. 7) son palabras comunes en los himnos de acción de gracias. El go- zo no es sólo nuestro privilegio, es también nuestro deber (Spurgeon). La meta de toda persona que confía en Dios debe ser este deleitarse en él y no la prosperidad material, el placer, la fama o cualquier otra cosa.

SALMO 33: UN HIMNO DE ALABANZA A DIOS POR LO QUE ES Y LO

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