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La teoría del apego y las relaciones amorosas en la vida adulta

5. Las diferencias del apego en la vida adulta

5.1. La teoría del apego y las relaciones amorosas en la vida adulta

Para Hazan y Shaver (1987, 1988, 1994) puede hablarse de un único proceso básico en las relacio- nes interpersonales íntimas, tanto en la infancia como en la vida adulta, aunque las diferencias en el contenido de las relaciones sean evidentes. Mien- tras en la infancia las relaciones son asimétricas en- tre el sistema de apego (en el niño) y el sistema de cuidados (en el adulto), y sin contenido sexual, en la vida adulta las relaciones son simétricas entre los dos miembros de la pareja que pueden llegar a ser, a la vez, el uno para el otro, figuras de apego, cui- dadores y amantes. De esta forma, los sistemas re- lacionales de apego, cuidados y sexualidad se darían, en este caso, a la vez, estableciendo interac- ciones complejas.

Estos autores consideran que de todos los siste- mas relacionales el que más conformaría el estilo relacional sería el estilo de apego, porque es el pri- mero que se ha formado y juega un rol decisivo en

la construcción del modelo mental, los sentimien- tos y las estrategias de conducta que se ponen en juego en todas las relaciones. De hecho, estos autores llegaron a la conclusión de que existen tres estilos de relación amorosa entre adultos que se co- rresponden con los estilos de apego que se confor- maron en la infancia. Estos estilos amorosos se dis- tribuyen en la población en proporciones similares a los estilos de apego en la infancia y condicionan la manera de pensar, sentir y actuar de las personas en las relaciones amorosas. En realidad, para estos autores, los estilos amorosos no son sino una con- tinuidad de los estilos de apego. Recogemos las características de estos estilos amorosos en el si- guiente esquema propuesto por Feeney y Noller (1995, p. 31) (tabla 2.9).

Nosotros también hemos realizado algunas in- vestigaciones sobre las relaciones entre el estilo de apego y las relaciones de pareja (López, 1994). Como conclusión de ellas podemos decir que los estilos de apego definen la manera de estar en las relaciones amorosas:

a) Las personas con apego seguro tienen más ca- pacidad de autonomía, de vivir sin pareja es-

table (que los ansiosos en este caso) antes de decidirse a formar pareja, seleccionan mejor con quién se comprometen, tienen mayor ca- pacidad de intimidad y compromiso y, por tanto, mayor satisfacción en la comunicación afectiva y en las relaciones de pareja en gene- ral y, si encuentran razones para ello, toman decisiones más acertadas y firmes (que los an- siosos en este caso) en las separaciones. Tie- nen una visión realista de las relaciones amo- rosas, pero ésta es finalmente positiva, de manera que creen que es posible amar y ser amado.

b) Las personas con apego ansioso tienen difi- cultades para construir su autonomía sin esta- blecer relaciones de pareja, seleccionan peor al otro miembro de la pareja, tienen relacio- nes inestables e inseguras y tienen muchas di- ficultades para tomar la decisión de separarse, aunque crean tener causas para ello. Piensan que el amor es lo más importante de la vida, pero que difícilmente se encuentra; en gene- ral, se sienten menos amados/as de lo que creen merecerse.

c) Las personas con apego evitativo viven apa-

TABLA 2.9

Estilos de apego: historia de apego, modelo mental y características de la experiencia amorosa

Medida o aspecto Seguro Evitativo Ansioso

Historia de apego. Modelo mental.

Experiencia amo- rosa.

Relaciones cálidas con ambos padres y entre los padres. Autoestima, los otros son bien intencionados, fáciles de ser conocidos por los demás, el amor romántico existe en la realidad.

Sentimientos de satisfacción, amistad y confianza

Madre fría y que rechaza al niño.

El amor romántico raramente se da y no dura.

Miedo a la intimidad, dificul- tad para aceptar la pareja

Falta de confianza en los pa- dres.

Baja autoestima, no se siente comprometido por los demás, inicia facilmente relaciones amorosas, el amor verdadero es raro, los otros no se com- prometen.

Obsesión y celos, deseo de mayor unión recíproca, fuerte pasión, sentimientos extre- mos.

Figura 2.6.—Cuatro grupo de estilos de apego (Bartholomew, 1990). rentemente bien solas, les cuesta involucrarse

en relaciones de pareja, mantienen relaciones distantes, con poca intimidad emocional y to- man la decisión de separase con más facilidad y con aparente menor dolor. Consideran que el amor no existe en realidad, sino que es una in- vención literaria o cultural.

Otros autores, aun admitiendo básicamente esta tipología de estilos amorosos, consideran que la forma de investigarlos es demasiado débil. También afirman que pueden encontrase características amo- rosas más complejas que definen mejor los estilos de relación en la intimidad. Estos autores (Levy y Davis, 1988; Simpson, 1990; Collins y Read, 1990; Bartholomew, 1991, Feneey y Noller, 1991, Fee- ney, Noller y Hanrahan, 1994, etc.) han mejorado los instrumentos de investigación (entrevistas, cues- tionarios) y análisis (análisis factoriales, por ejem- plo) y han enriquecido esta propuesta.

Los resultados, aunque diversos, no se alejan de- masiado de la propuesta inicial. Feeney, Noller y Hanrahan (1994), por ejemplo, después de hacer un análisis factorial de un cuestionario con numerosos ítems, consideran que hay cinco factores funda- mentales en las relaciones de intimidad de la pa- reja: grado de confianza-desconfianza (en sí y en el otro), bienestar o malestar con la intimidad, necesi- dad de aprobación, preocupación por las relaciones y la importancia primaria o secundaria que se le da a las relaciones. Aplicados estos factores para defi- nir a diferentes grupos de individuos, los autores llegaron a la conclusión de que hay dos dimensio-

nes fundamentales que permiten la clasificación de éstos: ansiedad con las relaciones (definida como preocupación por la relación, necesidad de aproba- ción y carencia de confianza) y malestar con la in- timidad (definida como malestar con la intimidad y la consideración de las relaciones como secunda- rias). Estas dos formas describirían básicamente las formas de apego inseguro, la primera el ansioso y la segunda el evitativo; mientras el apego seguro se caracterizaría por considerar las relaciones como un valor primario y puntuar alto en confianza y bienestar con la intimidad y bajo en preocupación por la relación y necesidad de aprobación.

Bartholomew (1990) y Bartholomew y Horowitz (1991) han propuesto cuatro tipos de apego adulto a partir, por un lado, del modelo que las personas emparejadas construyen sobre sí mismo y sobre el otro y, por otro lado, a partir del grado de depen- dencia y evitación de la intimidad que se vive en la relación. Este modelo vendría condicionado por el estilo de apego desarrollado a lo largo de la infan- cia y la adolescencia. En efecto, para estos autores, por un lado, la consideración que se tiene de sí mismo (self o identidad) puede ser dicotomizada en positiva (digno de atención, amor, etc.) o negativa (no digno de atención y amor); por otro, el modelo que se tiene de la figura de apego también puede ser positivo (disponible y capaz) o negativo (per- sona que le rechaza, está distante o no le cuida). Como resultado de esta doble dicotomía pueden darse cuatro estilos de apego fundamentales: Se- guro (ambos modelos son positivos), Preocupado (el modelo propio es negativo, pero el del otro es

positivo), Ausente (positivo de sí mismo y negativo del otro) y Miedoso (ambos negativos).

Como puede verse en este cuadro, el modelo ne- gativo de sí mismo se asocia con dependencia y el modelo negativo del otro con evitación. Así, los in- dividuos con un modelo positivo de los otros pue- den ser clasificados como seguros o preocupados dependiendo de su grado de dependencia, resul- tando los tipos de apego clásicos (seguro y an- sioso); mientras las personas con un modelo nega- tivo del otro pueden ser ausentes o miedosos según el grado de dependencia, siendo el estilo miedo- so el más cercano a la descripción clásica de evita- tivo.

Bartholomew y Horowitz (1991) han propuesto una descripción de estos cuatro tipos de apego que permite ver las semejanzas y diferencias con los es- tilos propuestos por Hazan y Shaver:

— Apego Seguro (Seguro de Hazan y Shaver): «Me es relativamente fácil mantener una re- lación de intimidad emocional con los de- más. Me siento bien dependiendo de los demás y teniendo a otras personas que de- penden de mí. Yo no estoy preocupado por la posibilidad de quedarme sólo o porque los demás no me acepten».

— Apego Ausente (mezcla de Seguro y Evita- tivo de Hazan y Shaver): «Yo me siento bien sin tener relaciones emocionales íntimas con los demás. Para mí es muy importante sen- tirme independiente y autosuficiente, y pre- fiero no depender de los demás o tener a otras personas que dependan de mí».

— Apego Preocupado (Ansioso-ambivalente de Hazan y Shaver): «Yo deseo estar en com- pleta intimidad emocional con los demás, pero yo encuentro que frecuentemente los otros se resisten a tener la intimidad que yo querría. Yo me siento mal sin tener relacio- nes íntimas, pero frecuentemente estoy preocupado porque los demás no me valoran como yo les valoro a ellos».

— Apego Miedoso (Evitativo de Hazan y Sha- ver): «Yo siento malestar en alguna medida si tengo relaciones emocionales íntimas con

los demás. Yo deseo tener relaciones emo- cionales íntimas, pero encuentro que es difí- cil confiar completamente en los demás o depender de ellos. Yo a veces estoy preocu- pado, porque podría sufrir si me entrego a relaciones demasiado íntimas con los de- más».

Los ausentes y los miedosos son los más difíci- les de identificar, porque ambos tienen elementos del estilo evitativo clásico. Tal vez la mejor forma de diferenciarlos es tener en cuenta que, mientras los Ausentes son «fríos o distantes», los Miedosos sufren de inseguridad y falta de asertividad social. De hecho, en relación con los factores señalados por Feeney y cols. (1994), citados más arriba, los miedosos tienen menos confianza en sí mismos y en los demás, más malestar en la intimidad, más necesidad de aprobación de los otros y más preocu- pación por la relación que los ausentes.