8 Ver Krugman, P y Venables, A., 1995.
5.1 Teorías del crecimiento y los aspectos internacionales
5.1.1 Análisis del crecimiento
Se ha citado en apartados anteriores algunos de los principales canales de influencia de la apertura económica sobre el sistema económico, aunque muchos de ellos centrados en las ganancias potenciales de eficiencia en un marco estático o a corto
plazo. Así veíamos entre los efectos: inducir un uso eficiente de los recursos, aprovechar ventajas comparativas o diferencias en las dotaciones de recursos, posibilitar el aprovechamiento de las economías de escala, acceso a una variedad más amplia de productos, incrementar el grado de competencia en los mercados interiores. Con una perspectiva ya más dinámica cabe señalar que la mejora en la asignación de recursos desde el ahorro a la inversión, para el caso de la liberalización financiera, especialmente relevante para países en los que la tasa de ahorro doméstica puede ser baja no sólo en comparaciones internacional, sino en relación al potencial de crecimiento, de modo que el acceso a los mercados financieros internacionales permitiría complementar el (insuficiente) ahorro doméstico con el obtenido en préstamo del resto del mundo. Aunque el riesgo de fragilidad o inestabilidad estaría presente.
Para los países en desarrollo los aspectos dinámicos son tan importantes o más que los efectos estáticos para evaluar las expectativas de beneficios de un proceso de apertura y liberalización. Ya se han mencionado, y ahora cobran relevancia factores dinámicos como el acceso a tecnologías, inputs y productos intermedios de la sofisticación tecnológica suficiente para participar de forma razonable en la nueva división internacional del trabajo, y especialmente, pero de difícil cuantificación, la motivación que puede suponer para la actividad económica del país afectado, que tiene que reaccionar frente a un nuevo entorno mas abierto, más competitivo, de modo que aumenten los incentivos para comportamientos de actividad empresarial más dinámica.
Las teorías clásicas del crecimiento económico han destacado diversos aspectos de lo que son necesariamente complejos procesos. El incremento de los recursos productivos y la eficacia con que se utilizan son los primeros determinantes que intuitivamente surgen. El incremento de recursos incluye, por supuesto, el crecimiento de la población, cuyos aspectos económicos han merecido atención. Pero el crecimiento de la población no garantiza el aumento de la producción por persona, que es la magnitud relevante para el bienestar: que aumente o disminuya va a depender, obviamente, de si la producción crece más de prisa o más despacio que la cantidad de personas. En todo caso, una versión actual de los análisis maltusianos, que vinculaba la evolución de la población a las escaseces de alimento u otros factores que actuaban como “factor limitativo” del crecimiento, serían los enfoques que ven en los recursos naturales y el medio ambiente un importante factor limitativo, que obligaría a reevaluar
En las explicaciones tradicionales del crecimiento económico, la acumulación de capital, vía inversión, ha sido una pieza básica. El ahorro que permite la inversión también ha recibido considerable atención, así como las tecnologías (que varían con el progreso técnico) que propician que el capital y los demás factores de producción se conviertan en una mayor producción. La economía internacional incide en esos factores de crecimiento.
En la teoría neoclásica (cuya formulación más clásica es la de Robert Solow en 1956), la “profundización del capital” (incremento del capital por trabajador) es la dimensión destacada. Está documentado el efecto positivo de la inversión sobre la producción per cápita. En todo caso, la inversión tiene no sólo la dimensión de incremento de capital, también es el vehículo mediante el que se van introduciendo nuevas tecnologías. No se trata sólo de incorporar más máquinas al proceso productivo sino de incorporar generaciones más eficientes de maquinaria y otro equipo capital (es lo que se denomina el “progreso técnico incorporado” a los bienes de capital).
En los años 1950 y 1960, ideas como la del crecimiento basado en un “gran impulso” del proceso inversor, con intervención importante del sector público, en ocasiones con importantes elementos de planificación, logran relevancia juntamente con las estrategias de sustitución de importaciones que pretendían basar el crecimiento en una industrialización nacional que reemplazase por producción doméstica los productos hasta entonces importados, con el consiguiente efecto de reducir la importancia del comercio internacional, más centrado si acaso en importar la maquinaria y equipamiento para fabricar domésticamente productos de consumo que reemplazasen a las importaciones. Tras unas décadas de algún éxito, estos modelos entraron en dificultades en los años 80, cuando las distorsiones e ineficiencias que acumularon (buena parte de ellas las clásicamente asociadas al proteccionismo, incluido el rezago en la innovación) se revelaron difícilmente sostenibles.
La tecnología y las innovaciones tecnológicas, tanto en forma de capital físico o conocimientos, parecen ahora más transferibles internacionalmente que en el pasado. El papel crucial del progreso tecnológico ha conducido recientemente a nuevas formulaciones del crecimiento económico, entre las que destaca la (en su día denominada) “nueva” teoría del crecimiento con las aportaciones pioneras de Paul Romer y Robert Lucas. Estos estudios han revitalizado la sistemática de las “fuentes
del crecimiento”, y en especial han devuelto a un lugar central el análisis sobre el papel y el origen de las innovaciones tecnológicas y su difusión.
A las decisiones de destinar o no recursos a la investigación le son aplicables los principios del cálculo de costes y beneficios. Así, perspectivas de ventas en unos mercados más amplios estimulan la innovación al aumentar su rentabilidad, mientras que, por ejemplo, no se puede impedir ser imitados por empresas extranjeras sin compensación alguna reduce los incentivos a investigar. Por otra parte, en las actividades de investigación el capital humano aparece como un factor de producción privilegiado.
Pasemos a analizar los distintos aspectos importantes que nos permiten ver la relación existente entre lo dicho anteriormente y la economía internacional:
1. Si la producción de innovaciones es una actividad con trascendencia económica, se le puede aplicar los principios de la ventaja comparativa para tratar de determinar las pautas de especialización en la creación de conocimiento y en la producción de bienes que hagan uso intensivo de capital humano y nuevas tecnologías; el factor cuya dotación es relevante será precisamente el capital humano. Este es un factor cuya acumulación, vía educación, cualificación, reciclaje, etc., se puede incentiva por los poderes públicos y que asimismo depende de factores institucionales como el sistema educativo.
2. Ya se ha mencionado la importancia del tamaño del mercado para rentabilizar los nuevos productos o procesos que la innovación genera. El libre comercio y/o la integración económica supone en este sentido un estímulo a la innovación.
3. Una parte de las teorías de crecimiento endógeno es la que se basa en el papel de los “inputs intermedios diferenciados”, es decir, los diferentes inputs –desde herramientas o materiales semi-elaborados- que participan en el proceso de producción. Uno de los rasgos del actual comercio mundial es la creciente presencia de estos tipos de intercambio.
4. La rapidez y facilidad en las comunicaciones, por un lado, facilita la difusión internacional de información e ideas, lo que es socialmente positivo; pero, por otra parte, genera que el resto del mundo puede acceder gratuitamente, en la medida en que los beneficios de las
inversiones en conocimientos. Esta “inapropiabilidad” puede refrenar tal inversión. Los trabajos en el seno de las OMC sobre aspectos internacionales de la propiedad intelectual tratan de compaginar estos aspectos.
5.2 Internacionalización, geografía e instituciones en el desarrollo