5. Los usos estratégicos de lo sano en hombres de clases populares
5.6. Tres principios prácticos para mantenerse en el juego
AJ: Si eso es como el que le dice: “Tú imagínate… estamos hablando de un coche muy bueno, un Ferrari. Que estás aquí en Granada a las doce de la noche, que te montas y a las dos o a las tres de la mañana estás en Madrid. ¿Qué coño hago yo en Madrid a las dos de la mañana?” (Granada, grupo de trabajadores).
173JT: Pero todo no depende nada más que compres el bollo o la leche allí... Saber complementar los alimentos que son lo que te nutren en el día a día.
EC: ¿Qué, qué, qué gente sabe o está preparada? JT: Eso es otra cosa.
EC: Para elegir los productos…
JT: No, pero ahora hay mucha información por todos lados. Lo que pasa es tanta la información que tenemos que nos confunden. Unos dicen una cosa, otros dicen la otra; entonces ahí…
EC: O sea, que es más complicado ahora alimentarse… JT: Es más complicado… (Granada, grupo de trabajadores).
Un idealista es un hombre que sabe no sólo de qué estación sale un tren, sino cuál es su destino: lo sabe por anticipado y cuando sube a un tren sabe adónde va porque el tren le lleva. El materialista, por el contrario, es un hombre que se sube a un tren en marcha sin saber de dónde viene ni adónde va (Filósofo materialista del siglo pasado).
Esta oposición a los discursos socialmente dominantes sobre la alimentación (todos ellos críticos con el mercado) se completa con la categorización de la alimentación sana como un privilegio de ricos. Carentes de los recursos de los agricultores y del poder de compra de los burgueses174, los trabajadores participantes en el grupo de discusión
tienen que hacer un duelo de los prototipos dominantes de alimentación sana sin por ello embarrancar en ningún tipo de nihilismo. Para ello, tres principios prácticos se ponen en funcionamiento: en primer lugar, una introducción, como señalamos, de la distinción sano / insano en alimentos que normalmente se catalogan como porquería –por ejemplo, respecto de las chucherías-. De este modo, el grupo amplía el número de productos que se constituyen como alimentos dignos de comerse. En segundo lugar, una atención constante a las influencias múltiples que reciben los niños, atención que se compagina con la renuncia a eliminar tales influencias: éstas forman parte de las fuerzas actuantes en el mundo y, por tanto, uno sólo puede aspirar a componérselas con ellas. Quizá sea en este punto, donde mejor se perciba la difícil posición del grupo y el grado de responsabilidad que se otorga. Responsabilidad en gestionar un entorno del que no se sienten dueños y en el que sin embargo se obligan a sí mismos a intervenir de manera significativa. En una intervención ejemplar, AC acaba logrando la compañía de todo el grupo, cuando señala la atención constante que los padres deben ejercer sobre sus hijos. Para ello, establece una comparación –en buena medida melancólica, es decir, producto de la añoranza de un objeto que nunca existió- entre la posibilidad que tuvieron ellos de despabilar en la calle y los peligros que acechan a los niños en las calles de hoy. El espacio público, en el discurso del grupo, se convierte en un lugar de imposible apropiación por parte de los hijos –libres de la vigilancia paterna-. Y esa situación es resultado, por un 174AJ: Quien impone ese control de calidad, digamos que también está en el mundo, está en la sociedad y no puedes [pedir] cosas desorbitadas porque, o desaparece el mercado o como aquello de Tabacalera…. Con un control de calidad… aceptables, digamos, que todo el mundo los pueda llevar para adelante ¿no?, porque si no, no pueden venderlo, con lo que exigen ahora para cultivo ecológico son mucho más rigurosos, por eso valen también lo que valen, el tiempo que más necesita, al menos que a mi alcance la verdad que… un kilillo de tomates… es un lujo.
JT: Y al mío tampoco.
AJ: De vez en cuando si un amiguete que tiene una casa, un campillo y te da un tomatico de ésos y te trae hasta recuerdos de…
JT: Lo que decía usted, hay que ir a robarlas al pueblo.
AJ: Si cuando… Que el mercado en verdad es lo que demandamos nosotros, demandamos muchos tomates y baratos, porque el cultivo ecológico que está triunfando, triunfando pero para los marqueses, exactamente, porque vale todo una pasta y es un lujo que te puedes tirar para Navidad. Dices: “Hoy voy a comer unos tomatillos y un conejillo y una gallina de corral”; ahí, eso es un lujillo, porque vale una pasta. Un pollo vale 2 euros en otro lado y ese pollo vale 7 euros. JT: ¡Oye!, lo otro tampoco está barato, no creas, que te vas a la plaza a comprar un kilo de tomates y te han pegado un subidón que… (Granada, grupo de trabajadores).
lado, de la incompetencia de unos niños demasiado vigilados por los padres (por tanto, de haber producido niños “mimados”) y, por otro lado, de la existencia de múltiples peligros que acechan a los infantes sin vigilancia paterna175.
Este discurso notablemente fantasmático remite más a la experiencia sociobiográfica de los emisores que a una improbable evaluación comparada de los peligros urbanos del pasado reciente y del presente. Resultado de un cierto proceso de movilidad ascendente176 y, por ello, de la ruptura con una concepción cerrada del
futuro, los miembros del grupo parecen conscientes de dos ideas sociológicamente correctas pero complicadas de colocar en una estrategia biográfica coherente. La primera, experimentada por ellos mismos en relación a su posición social de origen, es la posibilidad de que sus hijos mejoren el destino de los padres. La segunda, es que en ese proceso los miembros del grupo sólo pueden proveer a sus hijos de recursos morales y no de capital cultural, seguridad económica o redes relacionales. Tales recursos morales se manifiestan en el cuidado obsesivo177 por evitarles a los hijos esos
encuentros improbables que podrían torcer una trayectoria ascendente, posible, pero 175AC: Es que antes te criabas en la calle y tú conocías…Y tú viviendo en La Chana conocías El Zaidín y hoy en día a lo mejor un crío todavía viviendo en La Chana no conoce ni El Zaidín, porque los hemos encerrado tanto en el piso ahí… EC: Eso también influye en la alimentación.
AC: El trabajo… JT: El trabajo es…
AC: ¡Hombre!, ahora no dejas a un crío… Los coches… Y tienes, pues yo qué te bombardean con tanta cosa y ninguna buena.
JT: No hay espacio tampoco, porque tampoco… hay espacios donde puedan estar los críos, bien; porque, ¿adónde vas a meter a un crío en un parque lleno de mierdas de perros? Que los perros no tienen la culpa.
EC: Claro.
JT: Sí, pero no los dejas solos que lo mismo se van… y te encuentras las cáscaras. EC: Claro.
JT: Obviamente, pues no es… Y antes te criabas, pues, en la calle y no aparecías como tú dices… Ibas a un concierto a Granada…
AJ: Y tus padres ni se enteraban.
JT: Y así yo creo que nos hemos criado todos.
EC: ¡Hombre!, ahora los niños llegan menos escalabrados a su casa. JT: Sí.
EC: Porque antes nosotros jugábamos con las piedras, a tirarnos piedras.
AJ: Que sin darse cuenta ellos… Bueno, nosotros sí nos damos cuenta que es mucho más sano aquello ¿no? [Se refiere a estar en un pueblo pequeño]. Estás con el becerro que te das dos corridas o estás cogiendo tu hierbabuena.
AC: Exactamente. Y no encerrado en la casa que...
AJ: ¿Dónde juegan? Si sales tienes que decirle: “Mira para la derecha, mira para la izquierda; cuidado con el cruce aquel que ese semáforo no funciona”. Si te vas al parque, lo que tú dices, entre las cagaíllas o algún marica o algo malo, puede haber y los tienes por donde te asomes a la ventana y los puedes ver y eso ¿qué es?, pues asfalto; como mucho en el portal de enfrente o en la casa de su amiguete jugando al nuevo juego de la Play (Granada, grupo de trabajadores).
176 EC es hijo de un ferroviario y un ama de casa. Él es hoy empleado sin cualificación y ha realizado estudios de tercer
ciclo (Graduado social). JT es electricista con estudios de FP2–no indica profesión del padre y la madre-. AJ es hijo de un obrero textil y un ama de casa. Él es hoy propietario de un pequeño establecimiento familiar de fotocopias, al que accede después de trabajar en el sector de las artes gráficas. AC es pintor de brocha gorda, con estudios de 2º de BUP, y es hijo de un visitador médico y un ama de casa.
177 En semejante posición, los sujetos se vuelven extremadamente críticos consigo mismos y buena parte de la conversación
del grupo consiste en convencerse mutuamente de la imposibilidad de ser mejores. “Queremos pero no podemos”, se convierte en el principio de ratificación del recurso máximo que los actores ponen en juego (la buena voluntad).
muy vulnerable. Por tanto, más que de la degradación de la sociabilidad “espontánea” del barrio obrero, cabría hablar, para las posiciones ocupadas por los integrantes del grupo, de una elevación de la sensibilidad ante los peligros probables que ocasiona la misma178.
Se explica bien, por tanto, que el optimismo respecto a la capacidad de responsabilizarse por la educación de los hijos se vea sacudido, en ocasiones, por una visión angustiada de la propia capacidad de acción como padres en un contexto que no se domina179. En ese momento, una de las condiciones de la buena voluntad
educativa –que es, precisamente, la creencia en que la voluntad puede cambiar el orden del mundo- se tambalea. Las viejas pautas de la vida popular, liberadas de los juegos inagotables de distinción, se evocan de modo idealizado. La libertad de elección se percibe entonces como libertad para ser manipulados y un cierto leninismo popular espontáneo (“Libertad, ¿para qué?”) se adueña del discurso180.
En esa percepción del mundo, extraña poco que continúe presente un tercer principio de relación con el mundo. Se trata de una vieja práctica popular181 que
convierte las propias costumbres en objeto de burla, y con ello, controla las tendencias del grupo –y de aquellas partes de la identidad de cada uno de los miembros más sensibilizadas ante las cruzadas higienistas- a celebrar la existencia como algo más 178 Véase una descripción sociológica de estas familias –a las que se denomina “familias en transición” entre un modelo
patriarcal-popular y un modelo disciplinario-normalizador- en E. Martín Criado (2000: 297-310).
179EC: La verdad es que sí. Hay que tener mucha... estar muy bien informado de todo tipo de cosas ¿sabes? Cada vez es más complicado; quiero decir… es más complicado, es decir, la alimentación, porque son muchísimas cosas…
AJ: La información... JT: Pero no es lo mismo.
EC: Pero si no son las que nos quieren vender.
JT: Sí, pero no es lo mismo… También tenemos que saber lo que nosotros nos gusta y lo que podemos. EC: ¿Y qué es? Nosotros queremos ser fuertes y...
JT: No pedimos más que un puchero con carne. Hoy, ¿qué te gusta? ¿de qué es? ¿de cerdo?. Mañana de ternera, pasado de... (Granada, grupo de trabajadores).
180AC: En los cortijillos comen mucho más sano que nosotros. Contra más pequeño, mejor. Pero, y no creo que por la comida en sí, porque quizá le está echando el mismo abono que le esté echando uno de aquí de...
JT: Mejor.
AC: Bueno, pero a lo que yo me refiero… Es que tiene la huerta al lado. Que no tiene, allí no está la tiendecilla de la “Puleva”, allí la de los pastoreos allí... el mercado. Los niños... hay menos niños, se conforman todos con la tiendecilla que tienen que venden pipas “La Esparraguera”, y pipas “La Esparraguera”. No el otro que llega otra vez con lo de la tele, otro que llega: “Si éstas son más grandes”, el “Don Pimpón”. Allí como no tienen dónde comprar las más grandes, porque Manolita, la que vende ésas, pues ésas las que hay. Y si comen bocadillos, comen bocadillos todos (Granada, grupo de trabajadores).
181 Como se ha mostrado, el grupo de trabajadores urbanos combina un principio de realismo acerca de lo sano con
un fuerte compromiso en el mundo doméstico –al menos, en comparación con el resto de los grupos masculinos o de jóvenes (exceptuando los jóvenes universitarios)-. Refiriéndose a las clases populares, Bourdieu (1991: 398) escribía con tino: “Existe, por supuesto, todo lo que pertenece al orden del arte de vivir, una sabiduría adquirida a prueba de necesidad, de sufrimiento, de humillación, y depositada en un lenguaje heredado, denso hasta en sus estereotipos, un sentido de la diversión y de la fiesta, de la expresión de sí mismo y de la solidaridad práctica con los otros (evocado en el adjetivo bon vivant en el que se reconocen las clases populares), en resumen, todo lo que se engendra en el hedonismo realista (y no resignado) y en el materialismo escéptico (pero no cínico)”.
que una adaptación al orden del mundo182. Al respecto, nada más significativo que
la conversación respecto de los restaurantes chinos. Se introducen en el discurso a partir de la celebración de la figura del gordo extraordinario –figura que aún tiene curso entre los hombres de clase trabajadora- que, por su corpulencia, realiza cosas fuera de lo común. Se reconoce que son baratos y que los alimentos que se ofrecen son dudosos. Por fin, el grupo entra en una espiral escatológica acerca de la capacidad de economización de la cocina china que constituye, en sí misma, un modelo perfecto de cómo funcionan los principios de ridiculización de la distinción entre los hombres de clase trabajadora183.