cómo considerar el Último
Día de la Ley.
E
l Último Día es uno de tres períodos o etapas consecutivas —junto con los días Primero y Medio de la Ley—, en los cuales se divide el tiempo tras la muerte del Buda. Se refiere a una época en que el budismo declina y se expone a perecer.Estos tres períodos aparecen menciona- dos en muchos sutras, pero sus característi- cas se comprenden mejor si los examinamos desde el punto de vista de la enseñanza, la práctica y la prueba; en otras palabras, la enseñanza de un buda, la práctica de dicha enseñanza y la prueba real o beneficios que derivan de la práctica de esas doctrinas.
Primero viene el Primer Día de la Ley, cuando la enseñanza, la práctica y la prueba del budismo están firmes y sólidas. Después viene el Día Medio de la Ley, época en la cual la enseñanza y la práctica del Budismo prosiguen, pero ya no se producen pruebas concretas. En este período, el budismo se reduce a formalidades sin contenido. Y fi- nalmente llegamos al Último Día de la Ley, época en la cual la enseñanza se conserva, pero no hay práctica ni prueba. Señala un período en el cual el budismo declina grave- mente. Estas son las características de los días Primero, Medio y Último de la Ley.
En dos ocasiones separadas, en La se-
lección del tiempo, el Daishonin analiza
la historia de la propagación del Sutra del loto a lo largo de estos tres períodos. Lo hace para clarificar quién y qué enseñanza guiarán al pueblo a la iluminación en el Último Día.
Basada en una síntesis del primer análi- sis,3 esta historia del budismo a través de
los días Primero, Medio y Último describe la pérdida y la consiguiente recuperación del propósito del Buda, que es guiar a todas las personas al logro de la iluminación.
Para sintetizar, primero hay una propa- gación gradual de diversos maestros y es- cuelas que han perdido de vista la esencia de las enseñanzas del Buda. En la confusión resultante y en el desorden producido en el mundo de las doctrinas budistas, aparece una persona de sabiduría que reconoce la verdadera intención del Buda y proclama la enseñanza correcta. Pero antes de que transcurra mucho tiempo, la gente vuelve a perder de vista el propósito esencial del Buda, tras lo cual aparece otra persona de sabiduría que se dedica a exponerlo aún más clara y explícitamente.
Reiteradamente en el transcurso de la historia del budismo, los genuinos discípu- los del Buda se han puesto audazmente en acción para deshacer la obra de los falsos discípulos budistas responsables de sumir al pueblo en el sufrimiento con enseñanzas erróneas. Ellos se ponen de pie por propia decisión, para izar el estandarte de la ense- ñanza correcta y liberar a las personas del sufrimiento, cada cual esforzándose más que el anterior.
Por lo tanto, si vemos las cosas desde esta perspectiva, lo más importante en el Último Día —una época malvada en que la Ley declina— es exponer la enseñanza más elevada y la más crucial que revela directa- mente la verdadera intención del Buda.
Sin embargo, a las distintas escuelas budistas de la época del Daishonin lo que les interesaba era la pobre capacidad de la gente para entender diversos sutras. La creencia general era que aquellos de capacidad adversa o inferior, las personas incapaces de entender aun las doctrinas
budistas sencillas —categoría en la cual caían los habitantes del Último Día— no podían practicar las difíciles enseñanzas contenidas en el Sutra del loto.
Por ejemplo, Honen,4 fundador de la es-
cuela Tierra Pura en el Japón (escuela Jodo), dando desmedida importancia a la capa- cidad de la gente, había establecido como práctica la devoción exclusiva al Nembutsu —recitar el nombre del buda Amida— con- siderando que esta invocación era el único medio para que la gente, y obtuviera la sal- vación. Sostenía que la población del Último Día, de capacidad adversa e inferior, no era afín con un tipo de práctica que los invitara a confiar en su propio esfuerzo para lograr la iluminación. Insistía en que la única vía hacia la salvación yacía en renacer en el paraíso de la Tierra Pura de la Perfecta Fe- licidad, en el sector occidental del universo, confiando en el poder o en la benevolencia del buda Amida.
Este enfoque para salvar del sufrimiento a la gente del Último Día, basado en la capa- cidad subjetiva de las personas, a primera vista parece muy humanista y centrado en el ser humano. Pero un examen más serio revela que es exactamente lo opuesto. Pri- mero, arbitrariamente condena la capaci- dad del ser humano como inferior y adversa, y luego señala que su única esperanza de felicidad es a través de un salvador om- nisciente y fuera de este mundo, que adopta la forma de un gran Buda o bodhisattva. Este enfoque separa y traza una distinción infranqueable entre el buda y los seres hu- manos, entre el maestro y los discípulos.
Los sacerdotes y clérigos que proponían tales doctrinas se ubicaban como interme- diarios entre el buda y el pueblo, usaban su
autoridad religiosa y espiritual para con- trolar a los creyentes y, a la vez, con actitud astuta y arrogante, promovían sus intereses personales.
En cambio, Nichiren Daishonin otorga gran importancia a la verdadera intención del buda Shakyamuni, señor de las enseñan- zas. Así pues, privilegia el Sutra del loto, que fue expuesto «de acuerdo con la intención del Buda» (es decir, que revela el propósito y la visión primordiales de Shakyamuni), frente a las demás enseñanzas provisio- nales anteriores al Sutra del loto, que fueron expuestas considerando «la subjetividad de los demás» (es decir, la capacidad de los interlocutores del Buda). Declara que la enseñanza que se debe impartir a las per- sonas que viven en el Último Día es la Ley esencial o fundamental, la Ley vital desde la perspectiva iluminada del Buda, y no las diversas doctrinas que este expuso como medios conducentes o introductorios, y que son practicadas por aquellos cuya vida está envuelta en la ilusión.
Cuando consideramos la cuestión crucial del «tiempo» del Último Día de la Ley, el Daishonin, en vez de enfocarse en ponderar la «capacidad» de la gente, se dedicó a in- vestigar cual «enseñanza» tenía realmente el poder de ayudar a los seres humanos a resolver sus problemas y a superar sus su- frimientos. Y concluyó que esa enseñanza no era otra que Nam-myoho-renge-kyo, corazón del Sutra del loto.
Por lo tanto, el Daishonin considera el Último Día como la época exacta para la propagación universal del Sutra del loto o del kosen-rufu mundial, que Shakyamuni vislumbró y predijo en dicha escritura.
las personas originalmente son bodhisatt-
vas y tienen el potencial de lograr la Bu-
deidad, dicho sutra tiene el poder de guiar a la iluminación incluso a los habitantes del Último Día, de capacidad adversa o inferior. Cuando vemos el Último Día desde la perspectiva de la enseñanza correcta de la Ley Mística, vemos que es una época de triunfo humano, una verdadera época de victoria para el pueblo. En consecuencia, el Último Día expuesto por el Sutra del loto no es una época depravada de oscuridad y de desesperanza, sino un período positivo, de cambio y de esperanza.