2.2. CONOCIMIENTO-CRECIMIENTO ECONÓMICO EL NEXO QUE
2.2.1. La UNESCO: la preocupación por la distribución del conocimiento
En la década de los sesenta la universidad no es ajena a la expansión de los sistemas educativos, promovida en gran medida por el surgimiento en la época del paradigma del capital humano. Podemos decir que es la década que marca la frontera del paso de la universidad elitista a la universidad masificada. En 1995 en el documento Política para el Cambio y el Desarrollo de la Educación Superior, la UNESCO reconoce que pese al desarrollo sin precedente y la aceptación por parte de la sociedad del papel protagonista de la universidad para el desarrollo de los países, la educación superior se encuentra en una situación de crisis a nivel general.
Para el análisis de la postura de este organismo en la sociedad actual y las tendencias de las políticas universitarias, de todos los documentos que ha elaborado, hemos elegido tres por la relación estrecha que guardan con las características de nuestra sociedad, a saber:
Educación Superior en una sociedad mundializada (2003), Hacia las Sociedades del Conocimiento
(2005c) y Higher Education, Research and Innovation: Changing Dinamics (Meek et al. 2009). Estos tres documentos en su conjunto dibujan perfectamente, a nuestro entender, el panorama al que se han de enfrentar las universidades ahora, y que es, a la vez, el que condiciona la dinámica de las mismas. Estamos en una sociedad mundializada en la que el conocimiento se ha tornado como indispensable para poder aportar innovación como ventaja competitiva en los mercados. Estas tres palabras, que quedan perfectamente recogidas en los documentos señalados: mundializada, conocimiento e innovación definen las exigencias de la sociedad a las que debe responder la universidad.
Con el primer documento (UNESCO, 2003), Educación Superior en una sociedad mundializada, la organización se plantea un objetivo: analizar y transmitir la importancia de la sociedad mundializada en el quehacer de la universidad. El documento en cuestión identifica las repercusiones en la universidad de este tipo de sociedad y para ello propone abordar cuestiones muy concretas de la mundialización: a) la creciente importancia del conocimiento en la economía; b) la elaboración de nuevos acuerdos comerciales de la educación superior; c) las innovaciones relacionadas con las tecnologías de la información y comunicación (TIC) y d) el fuerte condicionante de la dinámica del mercado. Cada una de estas cuestiones debe tener un abordaje distinto en función de los contextos de los países; de ahí que se entienda la mundialización como un proceso múltiple con consecuencias diferentes en las políticas económicas, sociales o culturales de cada uno de los países.
Uno de los mayores efectos de esta mundialización para las universidades es la internacionalización, la cual la UNESCO la interpreta como una manera de responder al fenómeno y a la vez como un desafío al que deben hacer frente las universidades. Lo que implica, de acuerdo con el documento, el surgimiento de nuevos proveedores de educación superior, la aparición de nuevas formas de enseñanza –la educación virtual–, una mayor diversificación de títulos, un aumento en la movilidad de los agentes universitarios, el fomento de la educación permanente y un considerable aumento de la inversión privada. Estas son novedades que se van a dar en las instituciones de educación superior, y mientras que por algunos países son interpretadas como oportunidades, a la mayoría de los países en desarrollo les inquietan por la gran repercusión que tienen en el desarrollo de sus sistemas de educación superior. No hay duda de que van a modificar la relación Estado-mercado y que en su evolución la tendencia se decantará por fortalecer el mercado de la educación superior y quitar peso al Estado.
En el segundo documento seleccionado: Hacia las Sociedades del Conocimiento
(UNESCO, 2005c), la organización titula el capítulo 5: El futuro de la enseñanza superior; en dicho capítulo se reconoce el papel fundamental de las universidades en las sociedades del conocimiento. Antes de seguir con el análisis del mensaje del documento, advertimos de la utilización del plural en el título: Sociedades del Conocimiento, como señal por parte de la UNESCO de que a pesar de ser la importancia del conocimiento en el desarrollo de los países una característica común para todos ellos, no todos configuran una sociedad homogénea, sino que existen diversas sociedades del conocimiento que se deben respetar desde las universidades.
Por el significado que toma la universidad en estas sociedades es importante vigilar el riesgo de que colaboren en la mercantilización del conocimiento y de que generen un sistema poco igualitario de acceso al mismo. La mercantilización está impulsando la financiación privada ya en muchas universidades, con fuerza en EEUU y más débilmente en Europa; en este tipo de universidades el estudiante es un cliente que exige una formación al nivel del coste que le supone la misma. Por otro lado, el documento alerta de cómo la dinámica del mercado está obligando a las instituciones universitarias de diferentes países a concentrar recursos en nombre de la rentabilidad de la inversión como en Australia, Dinamarca, Sudáfrica o incluso China, y como consecuencia se van configurando polos de excelencia. Esta dinámica genera un sistema, en definitiva, muy poco igualitario en el que se comienza a apreciar, también, una separación rígida entre las áreas de conocimiento vinculadas a las ciencias sociales y humanas frente a las exactas y naturales; con lo que se dificulta la transdisciplinariedad tan necesaria para abordar los problemas actuales desde el conocimiento.
Como una posible alternativa, para hacer frente a la desigualdad en el acceso al conocimiento y poder compartir entre las universidades el aprovechamiento del mismo para el desarrollo de sus países, se propone la estructura de redes universitarias, las cuales podrían imitar los modos de trabajar de las redes internacionales de investigación. Son redes que se auto organizan y que suelen tener un surgimiento espontáneo, por propia iniciativa de los individuos que las configuran. Este tipo de estructura organizativa puede ser una buena oportunidad para los países en vías de desarrollo que les sirva para la reducción de la brecha en la adquisición del conocimiento, a la vez de presentarse como una oportunidad para aprovecharlo de manera compartida y evitar la fuga de cerebros.
El último documento, Higher Education, Research and Innovation: Changing Dynamics
(Meek et al., 2009), pone el acento en el principal motor del crecimiento económico en la sociedad actual: la innovación y su repercusión en el quehacer de las universidades. Está claro que el aceptar la innovación como la ventaja competitiva en los mercados, se traduce en la exigencia de éstos hacia las universidades de fortalecer la investigación para la generación de nuevos conocimientos, lo que automáticamente multiplica la presión sobre la búsqueda de nuevas fuentes de financiación por parte de las universidades.
En la sociedad actual ya se acepta que el eje clave de actuación de las universidades lo configura el nexo entre la innovación y la investigación; este lazo supone una amenaza para los países en desarrollo de que se amplíe la brecha en la distribución del conocimiento. Así, mientras que para los países desarrollados, en los que se ha conseguido un aceptable nivel de crecimiento económico, la universidad entra a formar parte de una especie de círculo virtuoso mediante su aportación a la generación de conocimiento (Ilustración 2.1.), en los países en vías de desarrollo la institución universitaria se queda atrapada en el mismo círculo que se convierte en vicioso; la universidad en este escenario no puede competir en el
mercado de conocimiento por falta de recursos, y es esta falta de recursos lo que le impide generar innovación en sus países por medio de la investigación. Se da un reconocimiento de una disminución de las inversiones públicas a escala mundial, lo que todavía dificulta más el papel de las universidades de los países en vías de desarrollo y hace aumentar el riesgo de su marginación.
Ilustración 2.1.: ¿Círculo virtuoso o vicioso?
Fuente: A partir de Furman et al., 2002
Es evidente que la educación superior opera en un mercado global competitivo al servicio del crecimiento económico; la competencia ha impulsado a las universidades a competir entre sí y a luchar por alcanzar un prestigio social y académico, que lo consiguen por su aportación de conocimiento al crecimiento económico. Si bien hoy existe un acuerdo sobre el papel de la universidad en la socialización del conocimiento a través de sus funciones de docencia y extensión, no lo hay tanto respecto al vínculo de la función investigadora –generadora de conocimiento– y las demandas del mercado. En este último documento seleccionado de la UNESCO, se reconoce que en la educación superior, al operar ésta en un mercado competitivo, sobre todo respecto a la función investigadora, se plantea una súper liga a nivel mundial que se juega entre las universidades denominadas de
rango mundial que son reconocidas por la superioridad en sus resultados (Salmi, 2009). Las características de este tipo de universidades (Tabla 2.4.) las tendremos presentes para señalar el camino hacia el que se dirigen algunas universidades para conseguir la etiqueta de calidad desde una determinada conceptualización de la misma: la que impera hoy; basada en la excelencia, lo que concidiona fuertemente las políticas universitarias actuales.
Tabla 2.4.: Características de las universidades de rango mundial
Reputación internacional: dentro y fuera del mundo de la educación superior
Concentración de talentos: los atrae y los retiene
Generación de innovación y resultados de investigación básica y aplicada
Base financiera sólida y diversificada: fuentes públicas y privadas
Prestigio a lo largo de su historia
Autonomía
Fuente: A partir de Salmi (2009)
Este tipo de universidades se caracteriza por una alta concentración de talento tanto de profesores como de alumnos, una investigación excelente, fuentes privadas de financiación y altos niveles de autogobierno. El tema de la concentración de talentos es uno de los que más incidencia tiene en las universidades de los países en desarrollo por ser el causante de la fuga de sus talentos; estos últimos quieren formarse y trabajar en universidades de rango mundial, y a su vez, este tipo de universidades aceptan los talentos venga de donde vengan. Éste es otro de los fenómenos, junto al de la financiación, que ayuda a ampliar la brecha del conocimiento; como se puntualiza en el documento, de la UNESCO (2009), el concepto de la brecha del conocimiento se utiliza para describir la distancia en las condiciones de vida entre los países que pueden generar, suministrar y procesar información y conocimiento, y aquellos que se ven afectados en este sentido y estarán cada vez más aislado y marginados. La UNESCO apela al reconocimiento de que todos los países tengan derecho al acceso a la generación y expansión del conocimiento; es decir a las funciones de investigación, docencia y extensión de las universidades.
Por otro lado, se juega también una liga menor, en que la que compiten universidades que no son calificadas de universidades de rango mundial pero son competitivas en la exportación de sus servicios sobre todo a países en desarrollo. En definitiva, aun siendo por diferentes motivos, el mercado de la educación superior está movido por la búsqueda del prestigio y la obsesión por el puesto que se ocupa en las clasificaciones; toda esta dinámica guarda un estrecho vínculo con la manera de entender la calidad de la educación superior a nivel mundial; tema que trataremos con suficiente profundidad en el capítulo 3.
Sin perder de vista que dentro de las propuestas para la educación superior de la UNESCO (2005c) la calidad debe ser uno de los principios rectores de las políticas de las universidades y se recomienda que la evaluación de la misma no se realice exclusivamente con criterios financieros y a través de indicadores cuantitativos.
2.2.2. El Banco Mundial: la condición la tasa de retorno social
Uno de los organismos más influyentes a nivel internacional en el quehacer de las universidades, sin lugar a dudas, ha sido el Banco Mundial; dicha entidad comienza a invertir en educación superior en la década de 1960, desde la óptica de que la educación superior es un artículo de lujo. En la misma línea, en la década siguiente, el economista Friedman desde su ideología neoliberal, recomienda al Banco Mundial la no inversión en educación superior en los países en desarrollo, puesto que considera que puede impulsar la
inestabilidad social (Bloom et al, 2006). Una posición radicalmente opuesta presenta la filósofa Nussbaum (2005) en su obra El cultivo de la humanidad, al recomendar que se trate “la educación superior no como un lujo para los pocos privilegiados, sino como una necesidad para el pleno desarrollo humano de las facultades de la percepción del ciudadano, el gobierno se compromete a garantizar que ningún ciudadano por pobre que sea, sea excluido de recibir tal educación debido a la pobreza y la necesidad de trabajar” (p. 392).
En 1994, con la publicación del informe: La enseñanza superior, las lecciones derivadas de la experiencia, el Banco Mundial reconoce la importancia de la educación superior y diagnostica una crisis de la misma: “[…] la importancia evidente de la enseñanza superior en el crecimiento económico y el desarrollo social, las inversiones del sector experimentan crisis a nivel mundial en los países industriales y en desarrollo” (p. 18). La solución que se apunta pasa por promover políticas innovadoras dirigidas a incrementar la eficiencia y estimular mayores niveles de inversión privada en el sistema: “establecimiento de instituciones privadas, incentivos para que las instituciones públicas diversifiquen las fuentes de financiación, redefinición de la función del gobierno en la enseñanza superior y adopción de políticas que tengan por objetivo otorgar prioridad a la calidad y a la equidad” (p. 29).
En este mismo documento se subraya que si bien las inversiones en educación superior son importantes para el desarrollo económico de los países, éstas presentan menores tasas de retorno social que las inversiones en educación básica. Así, los préstamos que realiza el Banco Mundial para el desarrollo de la educación superior tienen el objeto de apoyar los esfuerzos de los países para alentar políticas de reformas de sus sistemas universitarios que les permitan ser más eficientes y de mayor calidad. Con este planteamiento y a partir de este momento la filosofía del Banco Mundial se puede analizar a través de estos cuatro ejes:
1. Calidad-evaluación: una de las ideas que marca la trayectoria del Banco Mundial en materia de calidad es la relación que plantea esta institución entre el aumento de las matrículas en las universidades y el deterioro de la calidad de la misma; lo que empuja a la implantación de mecanismos de evaluación.
2. Diversificación de fuentes financieras: lo que implica, sin lugar a dudas, una tendencia a la privatización de las universidades desde la postura a favor de la reducción del gasto público en la financiación de la educación superior, promovida por el Banco Mundial.
3. Diversificación de la educación superior: este organismo internacional promueve que la educación superior no sea monopolio de las universidades.
4. Educación básica vs educación superior: desde el criterio de la tasa de retorno social el Banco Mundial mantiene la prioridad en la financiación de la educación básica para los países en vías de desarrollo.
Hay tres documentos más que cobran especial relevancia en el tema de la educación superior tanto en el ámbito internacional como en el nacional. El primero de ellos es
Educación Superior en los países en desarrollo: Peligros y Promesas; es un texto no oficial del organismo que surge a partir del trabajo de una comisión de expertos, publicado en el 2000 por el Banco Mundial. Es importante señalar lo anterior, y así poner distancia entre los planteamientos que presenta el documento y las políticas sobre el tema que suele plantear tradicionalmente el Banco Mundial. Por ejemplo, una de las reflexiones de los expertos que aparecen en el documento es sobre el análisis equivocado del Banco Mundial, hasta la fecha,
de que las inversiones en universidades y otras instituciones de educación superior producen bajas tasas de retorno social en comparación con la educación no universitaria; como consecuencia de ello los sistemas universitarios se han ido deteriorando por los bajos presupuestos asignados, la formación del profesorado es ineficiente y los currículos no están bien desarrollados, desde opinión de estos autores.
Expandir la cantidad y la calidad de la educación superior es una acción que este grupo de expertos califica de urgente y prioritaria para los países en desarrollo; y a su vez critica los análisis basados en las tasas de retorno porque considera que son consecuencia de una comprensión limitada de la aportación de las instituciones de educación superior a la sociedad. “Es fundamental, por lo tanto, que los países cuenten con un sector de educación superior sólido y bien desarrollado, pues ello les permitirá generar nuevo conocimiento científico, seleccionar y aplicar adecuadamente las tecnologías existentes y adaptarlas en forma eficaz a las circunstancias locales. Para lograr estos objetivos, la educación superior en ciencia y tecnología necesita con urgencia contar con más inversiones y una mejor distribución de los recursos existentes” (Banco Mundial, 2000; p. 80).
Otra señal más del grupo de expertos del posible cambio de mirada por parte del Banco Mundial, es la reflexión que podemos leer en el documento sobre la educación humanista al reconocer que “la educación humanista puede promover la responsabilidad ciudadana, el comportamiento ético, el interés por la educación, el desarrollo profesional en diversos campos, e incluso la integración mundial”[…] “Si la educación humanista aporta tantos beneficios, algunos se preguntarán por qué las fuerzas del mercado no han creado una mayor oferta de este tipo de educación. Ello se debe a la disparidad de intereses públicos de largo plazo y las necesidades de corto plazo” (Banco Mundial, 2000; pp. 100- 101).
Como se puede apreciar, estos dos primeros documentos del Banco Mundial, que hemos seleccionado, presentan posiciones opuestas en su discurso. El primero, de 1994, alienta a reducir la importancia de la educación superior en el gasto público y promueve una mayor participación de la financiación privada; se habla de equidad y eficiencia pero con un tono economicista claro. Mientras que este segundo documento, de 2000, presenta un tono diferente; queda por ver con el análisis de otros documentos, si esta nueva posición del Banco Mundial es un punto de inflexión en la tendencia hacia la valoración de la importancia social de los sistemas de educación superior.
Ya en el prólogo del informe de 2002, Construir Sociedades de Conocimiento: Nuevos Desafíos para la Educación Terciaria, da la sensación de que se mantiene la tendencia en la ideología de la institución cuando afirma: “En la pirámide de la educación tradicional la educación terciaria no solo constituye su punto culminante, sino también un pilar crucial para el desarrollo humano en el mundo” (p. ix). Los mensajes calificados como principales en el mismo documento son: el conocimiento es indispensable para el desarrollo económico y social, la educación superior es necesaria para generar y divulgar el conocimiento; el riesgo de los países en desarrollo de marginarse por su incapacidad de competir a través de la creación y utilización del conocimiento; la responsabilidad por parte de los Estados de