La palabra “divino” posee un significado muy cercano al significado de la palabra “devoción” (bhakti). El amor, cuando es muy profundo y puro, puede ser llamado divino. La devoción que una persona pueda sentir en su trabajo, por sus padres, por todas esas pequeñas cosas del día a día, combinado con una profunda concentración, un sentimiento de amor y la ausencia del desagrado, otorga una vida divina.
Las nociones de placer o disgusto siempre provienen de la ilusión. Lo mismo ocurre con los sentimientos de atracción y repulsión, que nos hacen rechazar lo que ayer adorábamos. Esta gran ilusión es debida al ego.
No siempre escuchamos o seguimos los consejos, incluso a sabiendas de estar en un error. Sin embargo, en lo más profundo de nuestro ser sabemos que la atracción sólo dura un momento, aun así cedemos, sólo para acabar quemando nuestras viejas ideas. Esto ocurre en nuestro trabajo, con nuestra pareja, con nuestros amigos y con todo lo que compone nuestra vida diaria. Hoy compramos algo que simplemente debemos tener y mañana lo rompemos y lo tiramos. En el comienzo de un amor sentimental, somos capaces de dar nuestra vida por la persona a la que amamos, y después el tiempo pasa y la pasión se enfría. Un bebé ama a sus padres, y a medida que crece se vuelve más y más rebelde. ¿Por qué las cosas son así? ¿Dónde está el fallo? ¿Hay una falta de amor o de entendimiento? No, incluso aunque las personas se lleven bien, incluso aunque muestren un buen entendimiento, la separación acaba llegando de todos modos. El padre y la madre cumplen sus obligaciones con amor y devoción y sin embargo la separación se manifiesta.
Es un error creer que nuestro trabajo o nuestros padres no son los apropiados para nosotros, pensar que no hemos hecho una elección correcta en lo concerniente a nuestro trabajo, estilo de vida, hogar, amigos, etc. En realidad, prácticamente todo el mundo posee un ambiente familiar y un estilo de vida apropiado para él. No es aquí donde reside el fallo. La razón es una falta de devoción, de espiritualidad y de divinidad en
todas nuestras acciones. Lo que nosotros generalmente llamamos “devoción”, podría resultar ser una gran ilusión. La emoción puede tener lugar si uno no está en una condición normal, pudiendo ser la manifestación de la especulación. Por ejemplo: un bonito mango. Uno puede ser atraído emocionalmente, pero sólo si lo prueba sabrá si es sabroso y dulce, si este es el caso, estará contento, pero si resulta ser amargo estará frustrado. Del mismo modo en que una apariencia emocional puede acabar aportando frustración, similarmente un amor o devoción emocional, sin una experiencia práctica, puede ser muy perjudicial.
Hay diferentes tipos de yoga, como karma yoga, bhakti yoga, dhyana yoga, etc. En cualquiera que sea el tipo de yoga que elegimos, la verdadera devoción sólo aparece hacia el final. No aparece espontáneamente, y cuando lo hace no es de forma accidental. El creer que aparece automáticamente es una ilusión.
Primero es karma, acción. Gracias a la acción uno obtiene conocimiento. Del conocimiento nace el desapego del karma, que ocurre automáticamente. Después, tras haber renunciado a los frutos del karma, y sólo en este momento, la verdadera devoción se manifiesta. El Bhagavad-Gita (2, 51 ) nos enseña que la devoción aparece al final del proceso de ascensión hacia lo divino:
Karmajam budhi-yukta hi, phalam tvaktva manisinah; janma bandha binirmukta, padam gachhantyanamayan.
En el capítulo de Kriya yoga hemos explicado la naturaleza del verdadero karma, el que nos permite acceder al conocimiento. Por supuesto, aquí karma no significa trabajo físico, mental o psicológico. Todo el mundo realiza este tipo de trabajo o de acción, incluso los animales, pero estos no obtienen conocimiento de este modo. El karma del cual estamos hablando debería distinguirse de akarma, acciones ordinarias, y de
vikarma, que está situado más allá del karma. Por karma, entendemos prana karma, la
acción constante de la respiración
La gente que practica karma yoga o yoga de la acción, piensa: “Yo no estoy haciendo el trabajo, yo no estoy actuando”, o dicen “Yo trabajo, pero lo hago para Dios” o “Yo trabajo, pero no espero ningún fruto de mis acciones”. Mientras trabajan repiten un mantra o permanecen relajados, lo cual, aun siendo mejor que nada, no es verdadero
karma, prana karma.
Todas nuestras acciones externas son un producto del prana karma, la acción constante de la respiración. Las acciones externas no nos pertenecen, sus resultados no están bajo nuestro control. Cuando la fuerza vital se manifiesta, se refleja en nuestra mente, pensamientos, memoria y órganos de los sentidos para alcanzar acciones concretas, akarma, que son resultados, y no pueden ser controlados por medios externos. El único medio de control está dentro de nosotros, en la fuente de la acción. Observando el prana karma a través de todas nuestras acciones, cualesquiera que sean, durante todo el día y en todas las situaciones, es posible realizar el profundo conocimiento de jnana. Solamente cuando estamos establecidos en este conocimiento, somos capaces de percibir el modo en el que el prana karma funciona. Sólo entonces, la verdadera devoción o
bhakti podría despertar.
De este modo se genera un verdadero amor. Un amor por todo lo que nos rodea, por la vida en general, un amor que elimina dudas y temores, un amor que nos transporta más allá de las vicisitudes de la existencia. En este punto, todo se convierte en permanente, ya que estamos establecidos en nuestra morada divina, la glándula pituitaria.
Una persona que ha desarrollado estas cualidades, atrae el amor de todos y de todo, mientras que actúa y lleva una vida normal y sensata y realiza acciones correctas. La acción correcta es una acción que surge espontáneamente del Alma.
Hasta cierto punto, podemos elegir el realizar o no una acción, casarse por ejemplo. Pero no controlamos los resultados que puedan derivar de la ejecución o no ejecución de esta acción. Si decidimos hacer un viaje, la decisión es nuestra, pero cuando se trata de llegar a nuestro destino, a como llegaremos, al tipo de circunstancias que
experimentaremos en nuestro camino, está completamente fuera de nuestras manos, ya que no nos pertenece. Es un error pensar que podemos tomar decisiones sobre todo, ya que podemos cometer errores. También es un error actuar con un espíritu vencido, sin creer en el éxito. Es descorazonador y sólo puede ser perjudicial para nuestras acciones, no considerar un resultado positivo. Es posible actuar desde la fuente de todas las acciones, la cual está en el Alma. Si actuamos desde el Alma con gran devoción, desde el lugar donde la respiración y Alma se unen, los resultados reflejarán esta unión. Cuando todas las acciones reflejan esta unión, también reflejan amor divino y el individuo deja descansar el peso de las acciones sobre los hombros de Dios.
No es posible pensar en otras cosas mientras trabajamos, pensar en Dios por ejemplo, o repetir mantras mientras llevamos a cabo un trabajo eficiente. Sin embargo, es muy sencillo respirar de forma larga y profunda, lo que nos proporciona un permanente nivel de elevada energía y una conciencia agudizada y constante.
Vayur ayur: el aire es tu vida, balam vayur: la respiración es tu energía, vayuh dhata sarirena: todo el cuerpo extrae su energía del aire, vayur sarbam idam viswam: el aire
(respiración) es el universo entero, vayuhu pratyaksha devata: el Alma viviente es la respiración.
Si practicas esta técnica respiratoria a cada momento, en cualquier actividad que realices, tanto si es física o mental, obtendrás una mejor concentración. En cierto modo esto es karma yoga, porque el conocimiento proviene de este karma. El conocimiento en el cual nos fusionamos es llamado jnana y aporta amor universal, también llamado
bhakti yoga, el yoga de la devoción. Tal devoción es verdadera devoción, así como tal karma es verdadero karma y tal conocimiento es verdadero conocimiento. Karma yoga
está en la acción física, jnana yoga en la acción astral y bhakti yoga en la acción causal. Esto es la verdadera vida divina.