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La vida económica

A) La vida rústica La casa de campo

En medio de la vida trepidante de la ciudad, los romanos añoraban la paz se- rena del campo. Pocos pueblos han sentido tan honda la poesía de la Naturaleza, cantada por Virgilio. Los que podían se construían una villa urbana en algún lugar que les permitiese gozar de la campiña o del mar. La mayor o menor magnificencia y comodidad de estas villae dependía de la riqueza o del capricho de su dueño. La

villa rustica era generalmente una finca agraria, habitada por esclavos (familia rus- tica), que la cultivaban dirigidos por un capataz o encargado (vilicus), y en la que

se reservaban algunas habitaciones para el dueño y su familia.

En la villa rustica, las construcciones se levantaban normalmente alrededor de un gran patio. Una espaciosa cocina (culina) servía de lugar de reunión y de trabajo. Junto a esta estaban los baños (balnea), la bodega, los establos de bue- yes (bubilia) y de caballos (equilia) y a veces el gallinero. Más lejos, los graneros

( horrea, granaria). Alejados de esa construcción estaban los almacenes más ex-

puestos a incendio (villa fructuaria), pajares, etc. Junto a la villa, la era (area) y los cobertizos para los carros (plaustrum) o para proteger las mieses hacinadas de una tormenta imprevista (nubilarium). Los esclavos se alojaban en alcobas (cellae fa-

miliares), si estaban enfermos, en el valetudinarium; los castigados dormían en el ergastulum y trabajaban en el molino (pistrinum) y en los trabajos más rudos. En

general, la condición de la familia rustica era más dura que la de los siervos de la ciudad (familia urbana). El traslado de un esclavo de la ciudad al campo era consi- derado como un duro castigo.

En la villa, los romanos podían satisfacer su gran afición por la caza: «Venari,

lavari, ludere, ridere, hoc est vivere», era una creencia general. La caza presentaba

dos formas: una requería acción, ejercicio y hasta valor (venatio); la otra, la caza de pájaros (aucupium), solo exigía habilidad y paciencia, los venatores utilizaban perros (canes venatici), para seguir las huellas (investigare) e iban armados con hondas (fundae), cuchillos (culter venatorius) o llevaban un venabulum, también usaban (retia, plagae) lazos (laqueus, pedica), trampas (fovea), etc.

B) El comercio

Al crecer Roma, los mercados fueron desplazados desde el Foro hacia el Tí- ber y las laderas del Esquilino. Por el Tíber llegaban mercancías de todos los países y en sus orillas fueron surgiendo muelles y grandes almacenes (horrea), desde los que iban estas mercancías a los mercados y tiendas: fruteros (fructuarii), verdule- ros (holitorii), pescaderos (piscatores), carniceros (lanii), etc. El Tíber se convirtió en un gran puerto fluvial y en sus cercanías se efectuaban los grandes negocios. Ha- bía grandes depósitos de sal (salinae) y los grandes mercados del Velabrum (mer- cado general; «vientre de Roma» lo llama Horacio), del Forum Boarium (mercado de carnes), del Forum Holitorium (mercado de las verduras); el Forum Cuppedinis era el mercado de las golosinas. Los aediles eran los magistrados encargados de los aprovisionamientos; cobraban los derechos de entrada (portorium), inspeccionaban las mercancías, comprobaban los pesos, etc.

El comercio al por menor se realizaba tanto en las tiendas lujosas como en los tenduchos y en los puestos al aire libre de los vendedores ambulantes. General- mente, las tiendas y establecimientos industriales o artesanos del mismo gremio se agrupaban en determinadas calles, a las que daban nombre: hoceros (falcarii), ba- taneros (fullones), tintoreros (tinctores), curtidores (corarii), zapateros (sutores), sastres (vestiarii), alfareros (figuli), herreros (ferrarii), orfebres (aurifices), bar- beros (tonsores), carpinteros (fabri lignarii), etc. En las grandes panaderías, junto a los panaderos (pistores), trabajaban los molineros (molinarii). Los posaderos se llamaban caupones (caupona = posada, taberna); los taberneros, thermopolae.

Las tiendas (tabernae) tenían un mostrador de albañilería, en el que se ex- ponían las mercancías. En el interior solía haber una o más trastiendas. General- mente, hay encima de la tienda un entresuelo (pergula), habitación humilde (tugu-

rium). La propaganda comercial era elemental. Los diferentes establecimientos se

distinguían mediante una muestra con el símbolo de la ocupación o de la actividad allí ejercida: las de los carniceros representaban una hilera de jamones; el pelu- quero exhibía en su puerta un espejo y una navaja, y así, sucesivamente, los demás artesanos o comerciantes. A veces había rótulos con frases tan altisonantes como las empleadas por la propaganda moderna.

C) Monedas

Primitivamente se realizaba un comercio de intercambio de productos, siendo el ganado (pecus) el más antiguo elemento de pago, es decir, el dinero (pecunia). Luego los pagos se realizaron también mediante trozos de cobre sin acuñar (aes

rude) y de distinto peso. De ahí que el verbo pendere signifique «pesar» y «pa-

gar». Después un cuño oficial garantizó su pureza y peso, primer paso para llegar a la moneda oficial, cuya unidad fue el as, que primitivamente se llamó as libra-

lis, porque equivalía a una libra. Se dividía en 12 onzas (unciae). Al introducirse el

patrón plata (268 a. J.C.), se instaló junto al templo de Iuno Moneta una fábrica de acuñar moneda. La nueva unidad monetaria fue el denario (denarius), que se divi-

día en cuatro sestercios (sestertius), equivalente cada uno a 2,5 ases (duo et semis). El sestercio, llamado comúnmente nummus, fue la base de cálculo monetario. El denario de oro (aureus) equivalía a 25 denarios de plata, es decir, a 100 sestercios. Como el valor del dinero depende de su poder adquisitivo, es imposible establecer una equivalencia con las monedas actuales.

D) Pesas

La unidad de peso era la libra (pondo = l/3 kg), dividida en 12 unciae. Las ba- lanzas eran de dos tipos: de brazos iguales (libra, bilanx) o de brazos desiguales, es decir, las que ahora llamamos balanzas romanas (statera).

La unidad de capacidad era el ánfora (amphora, 26 litros). Las mercancías, salvo los metales y algunas otras, se vendían por medidas de capacidad, no de peso. En los mercados existía un local (ponderarium) en el que eran guardadas las medidas-tipo, cuyo arquetipo se custodiaba en el templo de Juno Moneta. Las principales medidas de capacidad, además del amphora, llamada también qua-

drantal (pie cúbico), eran el medimnum (2 ánforas = 52 litros), la urna (1/2 án-

fora = l 1/

2 modios = 13,13 litros), el modius (22/3 congios = 8,75 litros), el congius

(6 sextarios = 3,28 litros), el sextarius (2 heminas = 0,54 litros), la hemina (2 quar- tarios = 0,27 litros), el quartarius (3 ciatos = 0,135 litros) y el cyathus (0,04 litros). El culleus (odre) se empleaba para transporte a granel de vino, aceite, etc.

E) Medidas

La unidad de longitud era el pie (pes = 29,6 cm). El paso (passus = 2 gra-

dus = 5 pies) equivalía a 1,479 m, por lo que la milla (= mil pasos) equivalía a

1,479 kilómetros. Otras medidas de longitud: cubitus (l 1/

2 pies = 0,44 m), sta- dium (125 pasos = 184,81 m), milliarium (1.000 pasos = 1.478,50 m; la milla

romana); digitus (1/16 de pie = l8,5 mm), uncia (1/12 de pie = 24,5 mm), pal-

mus (1/4 de pie = 74 mm). Los agrimensores empleaban la pertica (o decem- peda = 10 pies = 29,6 m). Unidad agraria de superficie era el iugerum, parcela que

podía ararse en un día una yunta de bueyes (= 1/4 de hectárea).