El amor de los ángeles
¿Puede un ángel enamorarse? Me paso el día intentando contestar a esa pregunta, una y otra vez, una y otra vez la misma pregunta y no soy capaz de contestarla. Porque realmente, los ángeles no se enamoran, al menos no como lo hacen los mortales... Los ángeles estamos para cuidar, proteger a las personas, no para amarlas, no para desearlas con esta intensidad que hace que casi me cueste ser capaz de respirar, suponiendo que pudiéramos hacerlo...
Soy Esther, o al menos, lo fui. Nací en 1920, en el seno de una familia acomodada, no pasamos penurias, por el contrario, vivíamos bastante bien. Mis padres habían amasado una fortuna que tenían intención de dejarme en herencia. Viví y crecí como una niña feliz, con todos los lujos y los caprichos que deseaba, con el amor incondicional de mis padres...
Algunos podrían pensar que era una... niña rica... que no se preocupaba por nada... sin embargo, muy por el contrario, a medida que iba creciendo y tomando consciencia del mundo en que vivíamos yo me interesaba más en las personas que pasaban penurias, o que necesitaban ayuda... Por eso, decidí estudiar enfermería en la universidad para señoritas de la época. Me encantaba ayudar a la gente, me sentía realizada viendo como un paciente se recuperaba de sus heridas gracias a mis cuidados...
En el 39, como bien sabréis, estalló la segunda guerra mundial y con ella, se
convulsionó toda la tierra. Nadie, por muy lejos que estuviera quedó indiferente... Cada día estábamos pendientes de las noticias sobre el frente, sabíamos que muchos jóvenes militares morían cada día en una guerra absurda que aún hoy, muchos no son capaces de explicarse
Por ésta época yo contaba con 19 años, aún me quedaban tres años para la mayoría de edad y solo podía pensar en ir al frente y ayudar a quien lo necesitara. Estaba a punto de diplomarme como enfermera y en lo único que pensaba, en contra de las ideas de mi familia, era en poder ir allí y salvar la vida, si era posible, a aquellos jóvenes que morían por nosotros
En el 42, con mis 21 años recién cumplidos, hice mis maletas y me fui al frente, con el consiguiente drama que aquello creó en mi familia, pero todos sabían cómo era yo, nadie podría nunca quitarme algo de la cabeza si se me metía... Así que finalmente, cumplí mis deseos
salía andando por su propio pie, con una sonrisa en los labios y agradecido por haberle salvado la vida. Era en esos momentos en los que sentía que todo lo que hacía allí, que todo mi trabajo valía la pena
Al acabar la guerra, en el 45, volví a Madrid y allí, comencé a trabajar en un hospital cuidando de enfermos, les di todo lo que pude, trabajé durante años en aquel hospital, llegué a ser la jefa de las enfermeras, me sentí realizada como profesional, hacía lo que me gustaba
No me casé, nunca me enamoré, sentí atracción, química, que dicen ahora, pero nunca llegué a sentir ese temblor, esas mariposas en el estómago por nadie. Realmente, creo que tampoco me preocupé demasiado por sentirlo. Viví una vida llena y plena pero no conocí el amor
En 1999, a la edad de 71 años, una insuficiencia cardíaca me arrebató la vida. Rodeada de amigos y compañeros, de algunos familiares algo lejanos, dejé el mundo terrenal para pasar a aquel otro en el que vivo desde entonces y en el que, ¿por qué no decirlo?, he vuelto a ser joven
Es curiosa la percepción que tienen los mortales de los ángeles, todos nos han descrito siempre como seres superiores, capaces de volar, iluminados por una luz pura que ciega a quien la mira, con esplendorosas alas blancas en alguna ocasión... otros simplemente nos ven como una energía intensa, algo del tipo del sol, solo que más blanquecina, más pura
Sin embargo la realidad es muy distinta. No somos energía, no vamos rodeados de una luz blanca e intensa y tampoco tenemos alas... al menos, no de momento. A los ojos de los mortales, si es que pudieran vernos, somos como ellos, personas normales, que visten de manera normal, tal vez con un armario más reducido pero de una manera informal. No vamos de blanco, ni con túnicas, vestimos de manera simple, algunos dirían que un tanto desfasado de la moda de hoy en día... pero tampoco es que nos importe mucho si vamos a la moda o no, como ya he dicho, nadie nos ve...
Mi... trabajo, si puede considerarse así, consiste en seguir haciendo lo que hice en vida. Ayudar a los demás, protegerlos, cuidarlos... no es muy diferente de lo que hacía cuando vivía, salvo por el hecho de que nadie me ve, nadie me escucha, y yo, ya no siento el tacto, o el sufrimiento
Con los años, comienzan a olvidarse los sentimientos humanos... no me entendáis mal, no es que seamos unos insensibles, pero no nos dejamos llevar por los sentimientos, no sentimos dolor físico, no sentimos el dolor del alma, no enfermamos, no necesitamos comer, incluso hay algunos que se han olvidado del sabor de algunas cosas... yo, que en este... mundo... aún puedo considerarme... joven... intento aferrarme a los, ya algo lejanos, recuerdos de lo que fue mi vida... como el sentir la brisa del viento sobre el rostro, o el mar bajo mis pies, o el sabor de un helado de chocolate...
Sin embargo, desde hace algunos meses, siento algo nuevo, algo que no había sentido jamás, ni estando viva, algo que, por mucho que lo intente, no logro describirlo... todo empezó una mañana como otra cualquiera, una en la que mi... trabajo... me había hecho seguir a un chico de no más de ocho años que iba a necesitar mi ayuda...
Aquel niño, David, era un pequeño terremoto, un pillo, un travieso chiquillo que siempre estaba maquinando alguna nueva trastada. Como todos los niños de su edad, el ir al colegio era una mezcla de diversión y aburrimiento. Realmente le gustaba ir a la escuela, le gustaba ir para poder jugar con sus amigos, pero le aburría, como a la mayoría de los chavales de su edad, estar metido en un aula
Los seguía a poca distancia, su madre lo llevaba de la mano, él con un balón bajo el brazo miraba de vez en cuando hacia atrás. Yo sabía que me veía, o, como mínimo, me sentía. Es lo que tienen los niños, que con sus alma, tan puras, tan poco dañadas por el devenir de la vida, son capaces de vernos o sentirnos en algún momento, al menos, hasta que empiezan a crecer y sus almas se olvidan un poco de la pureza
Ya me había pasado en alguna ocasión, no tantas como sé que les ha pasado a otros, pero sí era consciente de que aquello ocurría. La primera vez quizás fue la más inquietante, cuando, una niña de no más de tres años me señaló desde el carrito con el que su padre la paseaba. Con el paso del tiempo me fui acostumbrando a que algunos pequeños me sonrieran y que incluso, me saludaran con sus lenguas de trapo. Así que no me preocupé demasiado cuando David, se volvió y me miró directamente
Los seguí hasta la puerta del colegio y me quedé parada en la acera del frente, los estuve observando durante todo el tiempo que permanecieron allí. La madre de David hablaba con alguna otra madre mientras que él, olvidándose de mi presencia comenzaba a jugar con uno de sus compañeros. Quedaban aún unos diez minutos hasta que el timbre sonara, los niños jugaban cerca de sus madres. Comenzaron a dar patadas al balón, su compañero, le dio más fuerte de lo que debía y David, salió corriendo tras la pelota. Ahí comenzó mi trabajo
David saltó a la carretera sin ver el coche que se le echaba encima. Los gritos y los llantos no se hicieron esperar, el chico permanecía tumbado sobre el asfalto y la sangre salía de alguna parte de su cuerpo
Me acerqué, lenta y pausadamente, mientras que la madre de David comenzaba a gritar y llorar desesperada. Miré al chico, inconsciente, en el suelo. Volví la vista hacia un costado, su madre respiraba con dificultad, volví mis pasos hacia ella y me coloqué a su espalda
E: Tranquila... (susurré poniendo mis manos en sus hombros, sabiendo que no me oía
pero sintiendo el temblor que le provocó mi contacto) calma... calma...
La ambulancia no tardó en llegar. Los paramédicos se afanaron por estabilizarlo y cuando creyeron que ya lo tenían, lo subieron al vehículo y se lo llevaron, junto a su madre, hacia el hospital
Los seguí, porque mi trabajo no había terminado. Llegué al hospital antes que la ambulancia, es lo que tiene ser un Ángel, no podemos volar, es cierto, pero podemos movernos como queramos y aparecer en el sitio que deseemos tan solo con pensarlo
Las urgencias de un hospital siempre me han resultado demasiado frías. En todo este tiempo, muchas han sido las ocasiones de visitarlas. Los moribundos son los que más ayuda necesitan y más, si su cercana muerte llega de manera inesperada, así que no es raro que yo tenga que... pasear... por allí intentando guiar a las almas que se pierden...
Miré hacia el interior, a un costado de lo que llaman... muelle... viendo el ir y venir de médicos y enfermeras, escuchando leves palabras y sí, algún que otro pensamiento...
(“M: vas a salvarle la vida a ese chaval...”)
Aquel pensamiento, me hizo fijar la vista al fondo, una chica joven, morena, de ojos marrones como la miel y con una seriedad profesional se terminaba de coger una coleta para luego ponerse con rapidez los guantes... no sé qué fue, pero de pronto, no podía apartar mis ojos de ella
Samur: Varón, ocho años, accidentado por atropello (me eché a un lado cuando la
camilla pasó justo por el lugar donde yo me encontraba, volví a mi trabajo, al lado de ese niño inconsciente que era atendido ya, por aquella pediatra que leía el informe del Samur y pedía un montón de pruebas)
En el box, una enfermera le cogía una vía, mientras que la pediatra, Maca, miraba sus pupilas y palpaba su vientre al tiempo que seguía dando órdenes, metida de lleno en su profesionalidad y con el único pensamiento, tan fuerte y claro, de salvar a aquel niño
M: Tiene el vientre en tabla (le decía) puede tener una hemorragia, tenemos que llevarlo
a quirófano... ¡Ya!
Los seguí hasta el quirófano, en poco tiempo ya estaban metidos de lleno en una
operación demasiado complicada. Yo, que en esos momentos no podía hacer nada más, intentaba crear un halo de tranquilidad alrededor de todos los que asistían a la
operación. Sin embargo, no podía dejar de estar pendiente de ella, quien, de entre todas las personas que allí había, era la única a la que no lograba calmar
M: Sangra demasiado, joder (decía mientras intentaba mantenerlo con vida)
Enfermera: Se está quedando sin tensión (pronunció una enfermera mirando un monitor)
M: No encuentro el punto de sangrado (continuó diciendo más nerviosa aún)
Enfermera: Taquicardia ventricular (soltó la misma enfermera en el momento en que
M: ¡Mierda! (soltó todo el instrumental y acodándose en la misma mesa de operaciones
comenzó a darle un masaje cardíaco al chico) ¡Palas pediátricas! ¡Carga ochenta! (ordenó)
Enfermera: Ochenta, cargado
M: ¡Fuera! (gritó mientras que aquella máquina soltaba una descarga sobre el cuerpo
dormido de David)
Yo me quedé ahí, a su lado, mientras otra descarga hacía que el cuerpo de aquel niño volviera a convulsionarse y no podía dejar de fijarme en ella, en ella y en su afán por salvarlo, en todo lo que estaba haciendo por salvarlo...
Enfermera: No reacciona, lo perdemos
M: ¡No! (dijo convencida) a mí no se me mueren los pacientes (dijo categórica)
Y por un segundo, quizás por una milésima de segundo sentí y creí que me lo decía a mí, parecía que me había mirado, tan fijamente como alguna vez lo hizo algún niño, pero bien sabía yo que aquello no era cierto, simplemente era imposible. Volví la vista a David, la miré por última vez y me posicioné tras el cristal que separaba el quirófano de la zona séptica. Con la vista puesta en ella, solo en ella
M: Carga ciento diez (ordenó sin dejar de hacer el masaje cardíaco) vamos... vamos no
me hagas esto (le decía al chico) venga cariño, no me hagas esto... (seguía diciendo, y tal vez yo no podía sentirla como si fuera mía, pero sí era consciente de su angustia)
Enfermera: Maca no hay nada que hacer (le dijo la chica que la asistía en la operación,
mientras que la máquina que antes pitaba intermitente ahora lo hacía dejando ver una línea continua)
M: No (seguía obcecada) carga 120 (ordenó)
A este lado del cristal yo no podía dejar de mirarla. Lo peor de mi trabajo quizás sea esto, este momento, el momento en que todo acaba y todo empieza, el momento en que se termina una vida... sí, esto es lo peor de mi trabajo. La verdad es que no lo había pensado nunca. No me había parado a pensar en las consecuencias que esto tenía para el resto de las personas, pero lo cierto era que de una manera extraña, sobre todo porque no me había pasado nunca, resultaba bastante duro verla allí, dejándose el alma por salvarlo, sabiendo yo, que no podría
David: ¿Por qué no lo deja? (me preguntó David, a mi lado y pendiente también de lo
que pasaba dentro)
E: Porque tiene que hacerlo (le contesté) quiere salvarte...
David: Pero ya no se puede hacer nada (me volvió a decir, mirándome interrogante) E: Pero ella no quiere saberlo (le respondí sin dejar de mirar a la doctora) y tiene que
seguir intentándolo... es su trabajo...
Enfermera: Maca... llevamos veinte minutos en parada (le dijo cautelosa, mientras
Maca seguía encaramada a la mesa de operaciones oprimiendo el pecho de aquel chico intentando que volviera a latir por sí solo) tienes que dejarlo ya... (la pediatra parecía no oírla) Maca (dijo poniendo sus manos sobre las de Maca y ahí fue cuando la médico paró)
M: Hora de la muerte, 10:45 (dijo con la voz tomada por la emoción y el cansancio. Se
Yo la vi salir, la vi salir y por primera vez desde que soy lo que soy, no supe qué hacer. Me quedé parada, sin reacción alguna, hasta que sentí, de una manera efímera, que alguien movía mi mano. Bajé la cabeza, David tomaba con su mano la mía. Le miré, me sonreía algo triste. Había llegado la hora
De su mano caminamos por el pasillo de aquel hospital, sin hablar, sin decirnos nada, no había nada que decir, llegados a este punto, David sabía perfectamente lo que había pasado y aceptaba lo que venía. Nos cruzamos con su madre, quien llorando con amargura esperaba noticias de su hijo. David la miró y luego se volvió hacia mí
David: ¿Mamá estará bien? (preguntó)
E: Sí... lo estará (contesté) tú vas a cuidarla (le dije, él sonrió levemente y continuamos
andando para alejarnos así, de este mundo terrenal...)
Tras guiar y acompañar a David, volví. Volví y no sé por qué lo hice, pero allí estaba, de nuevo en aquel hospital. Supongo que lo hice porque había encontrado una nueva alma perdida, esta vez no era ningún moribundo, ni tampoco un Alma propiamente dicha, ni nadie que necesitara que le guiase. Sino que era ella, ella y lo perturbada y perdida que parecía estar
No tardé mucho en encontrarla. Simplemente, cerré los ojos y aparecí en los vestuarios. Allí, sentada en una de las bancas, con la cabeza gacha y claramente llorando en
silencio, Macarena intentaba por todos los medios buscar las respuestas que se agolpaban en su mente
Me quedé allí, frente a ella, la miraba e intentaba, de algún modo, sentir su dolor, pero no podía, yo no lo sentía... solo podía mirarla, quería sentir empatía con ella, y de algún modo lo sentía, se suponía que eso era lo que yo hacía, solo que no podía imaginarme ni por un instante el dolor que ella padecía
M: Tenía que haberlo salvado (escuchaba que decía en pensamiento) era mi paciente...
tenía que haberlo salvado...
Yo sabía que no hubiera podido, yo sabía que era el destino de ese niño. Y también sabía que esa chica, esa hermosa alma que se presentaba ante mí, había hecho todo cuanto había podido por salvarlo...
Me senté a su lado, la miraba algo confundida, lo cierto era que no entendía demasiado bien por qué le estaba afectando tanto, es médico, se suponía que, por desgracia, ya debía estar acostumbrada. Pasé un brazo por sus hombros, sentí un ligero temblor, como si al yo tocarla, ella hubiese sentido un escalofrío. Solo quería reconfortarla, calmarla, hacer que sintiera un poco de paz, de eso se trataba mi trabajo y sin embargo, segundos después de que mi mano tocase su cuerpo, como si de un electrizante calambre se tratara, ella se levantó
de que estaba en un error, ella no me sentía, ni me veía, ni tan siquiera podía imaginarse que yo estaba allí
Y de pronto se recompuso. No supe cómo, ni porqué lo hizo, solo la vi dejar de llorar, volver a mostrar un rostro profesional, secarse las lágrimas, inspirar profundamente y salir de aquel vestuario. No puedo apuntarme el tanto, yo no fui quien le dio las fuerzas, ni la calma para hacerlo, ella misma se transformó de nuevo en la médico que llevaba dentro. He de reconocer, que, esa actitud, esa fuerza que sentía dentro de ella, había despertado mi curiosidad
Salí de los vestuarios y la seguí. Andaba por los pasillos con la cabeza alta, sin embargo, no miraba a nadie, no se distraía con nada, era como si su cuerpo anduviese pero su corazón y alma se hubieran quedado lejos. Me di cuenta en seguida de que aquella fortaleza que me había parecido ver en el vestuario no era más que una simple fachada
Llegó a lo que llaman... gabinete... una sala de reuniones para médicos, y allí,
esperándola nerviosa, la madre de David. Me posicioné tras la madre, sabía que en ese instante era la que más me necesitaba. Macarena quedó en pie, con las manos en los bolsillos de su bata y mirando a aquella mujer que le pedía a gritos pero sin hablar que le dijera cómo estaba su hijo
M: Soy Macarena Fernández, pediatra de urgencias (se presentó con la voz monótona,
sin querer dejar salir por su boca ni uno solo de sus sentimientos) yo he operado a su hijo
Debe ser difícil eso de dar tremendas noticias. Sí, debe serlo, lo cierto es que no
recuerdo muy bien esa sensación. Cuando vivía, sé que había visto un montón de veces escenas como aquella, sé, que durante la guerra, hasta yo misma en alguna ocasión tuve que dar a algún militar la noticia de la muerte de un compañero, pero no recuerdo el sentimiento, ni lo que se me pasaba por la cabeza, no... no soy capaz de rememorarlo... Supongo que ya voy teniendo algunos añitos en este mundo, pocos a diferencia de otros sí, pero voy perdiendo mis recuerdos y mis sensaciones. Quizás por eso no podía dejar de mirarla, porque buscaba en ella las respuestas que yo no tenía, tal vez intentaba reflejarme en ella, intentaba recordar gracias a ella...
Maca estaba tensa, se le notaba, era como si luchara contra ella misma para que esa madre no pudiera predecir lo que vendría. Y lo conseguía, porque justo delante de mí, la madre de David esperaba que dijera algo
M: David ha... (y se le quebró la voz, durante un instante dejó que sus defensas cayeran.
Inmediatamente puse mis manos sobre los hombros de esa pobre mujer) Ha llegado muy mal (consiguió decir. Yo apreté los hombros de la madre de David y ésta se encogió) lo siento mucho (dijo bajando la mirada, era incapaz de mirarla) no hemos podido hacer nada por él...
E: Calma (le pedí a aquella señora) shhh... David está bien (le susurré al oído) David
La madre lloró, quedamente, calladamente, no fue como algunas otras veces en la que los familiares gritan y maldicen, pero fue igual de triste, igual de doloroso para aquella pobre mujer. Macarena comenzaba a darle explicaciones técnicas, supongo que es lo que se hace en este tipo de situaciones, explicar qué ha pasado y por qué ha pasado. Pero me di cuenta, sorprendentemente, que se le olvidó decir algo, y es que ella había hecho todo lo que pudo, se había quedado sin fuerzas intentando reanimarlo... sin embargo, eso no se lo dijo
En un movimiento estaba a su lado, tenía que decirlo, tenía que comunicarle cuánto tiempo estuvo intentando reanimarle, debía hacerlo, no solo por esa mujer sino por ella misma, porque no hacerlo solo podía significar que pensaba que era culpa suya y no lo era... ella había luchado contra algo con lo que no se puede luchar, pero había plantado cara y a pesar de no lograrlo, había hecho todo cuanto estuvo en su mano. Y tenía que decírselo, tenía que convencerse a ella misma de que así había sido. Me decidí; si ella no lo hacía yo le daría el empujoncito para que lo hiciera, Maca tenía que escuchárselo a sí misma, tenía que hacerlo. Levanté una mano, y cuando casi toqué su hombro para darle las fuerzas para hacerlo, ella se movió, alejándose de mí... una vez más, por tercera vez en ese día, me rehuía... la miré confusa, era como si sintiera que estaba allí... juraría que lo sentía y me rehuía cada vez que intentaba ayudarla, una vez más, tras una fracción de segundo, me reí de mí misma y de mis tontas conclusiones, claro que no me sentía, simplemente eran casualidades...
Durante una larga media hora estuvieron hablando, o al menos haciéndose compañía, hasta que el marido de aquella mujer llegó y ambos se marcharon de aquel hospital. Me quedé allí, observándola, estudiándola. Sentada en una de las sillas y apoyando las manos sobre la mesa. Volví a acercarme, por estúpido que parezca necesitaba
cerciorarme de que ella no sabía que yo estaba allí. Me posicioné a su espalda. Toqué sus hombros. Ella tembló, como todos tiemblan cada vez que los toco, pero no se movió, no reaccionó
E: Has hecho todo lo que has podido (le susurré) no ha sido culpa tuya... no ha sido
culpa tuya, Maca (continué susurrando) tú has hecho lo que has podido (repetí) eres una buena médico... eres una buena profesional...
La sentí respirar profundamente, encogerse un poco sobre sí misma para luego, echar su cuerpo hacia atrás, acomodándose más en la silla, como necesitando que alguien la acunara, que la abrazara... yo lo habría hecho, solo que no podía. Supe en ese momento que estaba haciéndole bien lo que yo decía, supe, como siempre sé, que mis palabras hacían el efecto deseado, ella parecía ir calmándose, y yo continuaba inspirándole tranquilidad
La puerta del gabinete se abrió y una chica alta, rubia y lo que los mortales definen como bastante atractiva, entró y se sentó con rapidez frente a ella. Maca la miró y bajó la cabeza, como si no quisiera que la viera en ese estado, como si quisiera evitar por todos los medios, que se diera cuenta de sus debilidades
Vero: Me acabo de enterar (dijo Verónica intentando coger sus manos, Maca la rehuyó)
¿Cómo estás?
Yo me eché a un lado, las observaba a ambas, veía entre ellas algo más que una simple amistad, no sabía identificar qué era... pero sabía que algo las unía: un lazo más fuerte que la amistad pero no tanto como el amor. Había visto, a lo largo de todo este tiempo, millones de uniones, de diversos tipos, y sabía identificarlas por el modo que tenían los que estaban unidos de mirarse, de tocarse y de hablarse. No me hacía falta mucho tiempo para identificar a un matrimonio consolidado a lo largo de los años, o un par de amigos de la infancia, o una pareja que comienzan a enamorarse o algún tipo de conexión familiar... Sin embargo, por más que lo intentaba, no sabía decir qué tipo de unión tenían ellas... era algo extraño, algo que yo, no había visto jamás
Vero: Maca no ha sido culpa tuya (le dijo y yo sonreí, al menos esa chica le decía lo
que tenía que escuchar. Maca la miró un tanto... ¿furiosa?)
M: Tenía que haberlo salvado (soltó haciendo palabras sus pensamientos)
Vero: No habrías podido (continuó ella) he leído el informe, ese chico estaba muy mal
(seguía intentando animarla) tú no has podido hacer nada por él... no tienes que
torturarte (le seguía diciendo y yo afirmaba levemente con la cabeza, eso era lo que yo quería que sintiera, y ahora había alguien que se lo decía en voz alta) no ha sido culpa tuya... no te culpes, Maca
M: Vero (la cortó) deja el psicoanálisis para tus pacientes (soltó de manera borde,
estaba claro que Maca tenía un carácter fuerte)
Vero: Cielo... (dijo de una manera más cariñosa de la habitual, yo alcé una ceja al
escuchar aquel apelativo) es normal que te sientas así... es el primer paciente que se te muere... pero no puedes culparte (volvió a repetir)
¿Así que era por eso? Era por eso por lo que se sentía tan hundida, porque por primera vez en toda su carrera se le había muerto un paciente... La miré, realmente debía estar destrozada... se suponía que tenía que salvar vidas, que las salvaba cada día y justo hoy, David no soportó la operación... ahora entendía su reacción, sus intentos por salvarlo... ahora entendía por qué se encontraba tan triste...
M: Voy a... a tomar un poco el aire (le dijo levantándose de la silla) Vero: Cariño... (la paró tomándola del brazo. Mi ceja se volvió a alzar)
M: Vero (se soltó de una manera un tanto brusca) necesito estar sola... (dijo con
seriedad)
Vero: Está bien (lo aceptó, yo la miré confusa... ¿es que no se daba cuenta que dejarla
sola no era la solución? ¿Es que no veía que estaba pidiendo a gritos un abrazo?) ¿Quieres que esta noche me pase por tu casa? Podemos cenar y... charlar un rato... (le propuso)
M: No lo sé (contestó sin ganas) luego te llamo...
Y sin decir nada más salió del gabinete y yo volví a seguirla. A pocos pasos tras ella, salimos ambas hacia el exterior. Se quedó parada en mitad del parking, miró al cielo, preguntaba por qué... preguntaba qué salió mal, preguntaba mil cosas de las cuales yo tenía la respuesta pero no podía decirlas...
Claudia: Maca (dijo alguien tras su espalda y al instante supe la relación que las unía,
eran amigas, muy buenas amigas. Sonreí, Maca necesitaba un amigo) Lo siento, Maca... (dijo algo compungida)
M: No sé qué ha salido mal, Claudia (le dijo nada más verla, con los ojos cristalinos y
bastante diferente a la que tuvo con esa otra chica, como si no le importara que Claudia la viera así, como si con ella, sí fuese capaz de dejar a la vista sus vulnerabilidades...)
Claudia: Ven aquí (le pidió, brindándole ese abrazo que necesitaba)
¡Por fin! ¡Por fin alguien se daba cuenta! Las vi allí, abrazadas y sonreí. Maca dejaba escapar un par de lágrimas silenciosas, pero era lo que necesitaba. Claudia apretó el abrazo que las unía y Maca se dejó consolar por su amiga
Mi trabajo había acabado. Bueno, realmente, acabó cuando guié a David, así que ya no tenía más que hacer allí. Maca no estaba sola, tenía gente a su alrededor que, según parecía, la querían y la ayudarían. Ya no me necesitaba, o al menos eso creí. Tenía que irme, debía irme y sin embargo, no sé qué era, algo no me dejaba marcharme
Claudia: ¿Mejor? (preguntó separándose un poco de ella) M: Sí (contestó) gracias Claudia
Y ahí fue, en ese instante, donde comenzó todo, donde comenzaron mil preguntas, donde comencé a replantearme muchas cosas. Maca le sonrió a Claudia agradecida. Y ahí, en su sonrisa, en su maravillosa sonrisa, todo lo que yo era, todo lo que yo hacía, dejó de ser lo más importante...
Es curioso cómo pasa el tiempo, como se acelera o se frena la vida en momentos
puntuales, como se perciben agónicas las horas cuando no terminan de pasar, o como se desea que se pare el reloj en un momento determinado. Yo, que tengo todo el tiempo del mundo, que tengo toda la eternidad, no me había preocupado del pasar de las horas, no necesito un reloj que me marque el tiempo, no me preocupo de si es de noche o de día. Yo, que no sabía lo que es esperar ansiosa a que llegue una determinada hora, ni
tampoco qué se siente cuando los segundos parecen semanas, yo que no me preocupaba del paso del tiempo, ahora me veo esperando que llegue ese momento. El momento en que saltan todas las preguntas, en que todo vuelve a ser confuso... el momento de verla
Han pasado, si no me equivoco, un par de meses desde que viera su sonrisa, dos meses en los que no dejo de preguntarme una y otra vez lo mismo. ¿Qué me está pasando? ¿Por qué me está pasando? ¿Puede ser cierto lo que está ocurriendo? ¿Puede un Ángel enamorarse?
No tengo respuestas, y lo cierto es, que no sé si quiero obtenerlas. Y sin embargo, aquí estoy otra vez, como cada día, a las puertas del hospital, mirando desde lejos, esperando que aparezca. No debería estar aquí, ella no me necesita, no como me necesitan otros, pero aquí estoy, queriendo cerciorarme de que realmente está bien, aunque sé, que no lo está. Sigue triste, decepcionada con ella misma, y aunque tiene quien la cuida, quien intenta animarla, ella no lo quiere y no deja que la ayuden
Está pasando por lo que los mortales llaman... un momento de bajón... una mala racha... como lo calificarían otros. Sigue afectada por la muerte de David, no llega a estar deprimida, al menos no hasta el punto de llegar a ser demasiado preocupante. Es
cuestión de tiempo que se recupere y vuelva a ser la que era, es cuestión de tiempo, que confíe de nuevo en ella misma. Yo sé que lo logrará, sé que, sin ayuda de nadie, ni siquiera la mía, volverá a ser ella, y su sonrisa será sincera de nuevo
Llega puntual a su trabajo, como siempre, ni un minuto antes y ni un segundo después. La observo aparcar su moto. No sé qué tienen los mortales con esos caballos de acero, supongo que será la sensación de libertad que deben darles... La veo bajar y quitarse el casco. Saluda con la mano a un compañero que pasa por su lado y le sonríe levemente. Yo no dejo de mirarla. Ella se gira ante alguien que la llama y yo desvío mi mirada hacia ese lugar. Verónica llega a la vez que ella. Se acerca y la toma de las caderas para besarla. Maca se deja besar
Vero: Qué guapa vienes ¿No? (le pregunta con una sonrisa. Sí que está guapa, es
verdad)
M: Me apetecía arreglarme un poco (contesta de manera tranquila)
Vero: Me alegro (y Vero vuelve a sonreír y yo también lo hago, al menos es un paso.
Después de dos meses, Maca vuelve a arreglarse un poco más de lo que venía haciendo hasta ahora) ¿Tomamos un café? (le propone) te he echado de menos esta noche...
M: Estaba algo cansada (contesta guardando los guantes en el casco)
Vero: Ya lo sé, tonta (dice como si se hiciera cargo de la situación) pero no me vas a
negar ese café ¿verdad?
M: No, claro que no...
Andando juntas las veo entrar por fin al hospital. Yo me quedo quieta, ya tengo lo que había ido a buscar, ya la he visto, ahora, como siempre, debo irme. Me alejo con lentitud, comienzo a caminar por las calles y me... mezclo... entre la gente. Esto me gusta, andar por la calle, cruzándome con distintas personas, sí, esto me gusta. Sonrío al ver a una pareja joven ir andando con las manos entrelazadas y contándose
confidencias. Me vuelvo al verlos pasar y los sigo con la mirada; él está muy
enamorado de ella y ella... ella aún no puede creer que estén juntos. Cierro los ojos y una imagen ilusoria se crea en mi mentE: Maca y yo, de la mano, caminando por la calle. Ella ríe y yo la miro perdida en sus ojos. Definitivamente, tengo que alejarme de ella
Sí, tengo que hacerlo, he de hacerlo puesto que no es correcto lo que hago. No debo hacer lo que estoy haciendo, como ya he dicho, Maca, en estos momentos no me necesita, pero sí hay quien lo hace y puede que los esté descuidando
Es por eso que tengo que dejar de hacerlo, tengo que dejar de verla, he de dejarla seguir, continuar hacia adelante pues sé, que si sigo por el camino en el que voy, terminaré queriendo hacer algo más, y algo más, y finalmente, sin darme cuenta, ya me habré inmiscuido en su vida... sí, tengo que hacerlo, he de hacerlo... pero la verdad es, que no sé si podré
He logrado, a duras penas, mantenerme alejada. He conseguido, con bastante esfuerzo no ir a verla, me he volcado en mi trabajo, guiando a quien lo requiere, ayudando y cuidando a quien me necesita, he dejado de hacerme preguntas... y he conseguido no pensar tanto en ella
Mentiría si dijera que no he vuelto a saber de ella, puesto que, de alguna manera, no sé cómo ni porqué, puedo sentirla, sentir su alma. Cierro los ojos y sé cómo está y aunque ahora lo hago mucho menos, aunque, como ya he dicho, he conseguido no pensar todo el tiempo en ella, a veces, en la soledad que este mundo, mi mundo me brinda, me concedo ciertas licencias... apenas unos segundos son los que necesito para saber que está bien... luego, simplemente sigo con mi cometido
Hoy está despejado, el sol brilla tan claramente, tan directamente, que estoy segura de que más de uno tendrá demasiado calor. Les observo ir y venir, unos con prisa, otros de una manera más lenta. La vida sigue su curso, las personas continúan con sus rutinas... Miro al cielo, el sol da directo en mi rostro. No siento su calor, ni me ciega su luz, pero siempre me ha gustado hacerlo, sé que suena estúpido pero siempre que hace tan buen día como hoy, acabo haciendo lo mismo
Cierro los ojos, como si con ello pudiera sentir la calidez de los rayos solares, me concentro en todo lo que pasa a mi alrededor... sé que alguien me requiere, sé que hay alguien que me necesita... me concentro en eso, y comienzo a escuchar sus
pensamientos
... - ¿He dejado puesta la freidora? ¡Mierda, otra vez a volver a casa!...
... - ¡Será imbécil...! se cree que no sé qué me está engañando...
... - ¿Y si la invito a un café? Seguro que me manda bien lejos... joder, es tan guapa...
... - Uff... ha sido el mejor polvo de mi vida...
... - Café, leche, zumo, cola-cao, galletas, espinacas, judías, manzanas... ...
... - Necesito que me den el trabajo... necesito que me lo den... la entrevista no ha ido tan mal pero...
... - Tengo el examen dentro de dos días y aún me quedan tres temas por estudiar...
Y es ahí donde abro los ojos, donde dejo de escuchar, es ahí, donde sin poder
remediarlo voy en su busca... algo va a pasar, lo sé, estoy convencida de ello. Las veo en la calle, airadas, parecen discutir al lado de la moto de Maca
Vero: ¡Es que no te entiendo, Maca! (le dice elevando la voz, sin importarle quien
pueda escucharla)
M: Pues siempre te lo he dejado bien claro, no sé a qué viene esto ahora (le contesta en
un tono más bajo)
Vero: A ti es que todo te da igual (sigue ella y parece mucho más enfadada que Maca)
te importa una mierda lo que los demás sintamos
M: Eso no es así y tú lo sabes (se defiende) te lo dejé muy claro, no busco una relación
seria y si sigues así, creo que será mejor que lo dejemos
Vero: Siempre igual... siempre lo que quiera Maca (está dolida, quiere algo más de lo
que Maca le ofrece, quiere algo más serio, algún tipo de compromiso) ¿Y lo que quieren los demás? ¿Te has parado a pensar en alguien más que no seas tú alguna vez? (miro a Maca y de pronto, parece ida, muy ida, como si aquellas palabras estuviera realmente haciéndole daño) solo te quieres a ti misma, Maca... a los demás que nos jodan. Empiezo a pensar que nunca has querido a nadie...
M: Vete a la mierda Verónica (le suelta para subirse a la moto y alejarse de allí cuanto
puede, está huyendo, no sé si de Verónica o de ella misma)
Me doy cuenta de que quizás he pasado algo por alto, quizás no me he dado cuenta de lo que le pasa realmente y es ahora cuando me doy cuenta... no sé qué es, pero sé que hay algo, algo que la tiene en ese estado, algo más allá de la muerte de David, algo más profundo, más doloroso quizás
Corre demasiado, debería bajar la velocidad... mientras acelera deja caer un par de lágrimas... ¿qué es lo que no veo? Las palabras de Vero le han hecho daño, bastante daño, y no sé qué es... no encuentro el porqué
E: Frena, Maca (le pido en un susurro, tiene que parar y tiene que hacerlo ahora...)
Pero no me hace caso, muy por el contrario acelera aún más... el semáforo va aponerse en rojo...
E: Frena, frena de una vez Maca...
Y lo hace, ve el semáforo en rojo y se pone nerviosa, aprieta el freno pero la velocidad que lleva era bastante más elevada. Las ruedas chirrían en el asfalto fruto del intento que hacen por detenerse... no le da tiempo...
Veo todo lo que ocurre, en cuestión de segundos, la moto de Maca se arrastra hasta la intersección, justo en el momento en que un coche acelera... no lo pienso, ni siquiera me lo planteo, en un instante estoy junto a ella, la... abrazo... protegiéndola, atenuando el golpe con mi cuerpo. El coche nos embiste, siento como nos zarandeamos, creo que incluso volamos al menos un metro. Caemos al suelo. Amortiguo su caída
E: No es tu hora (le digo mientras la miro, tumbada en el suelo) no te toca, no es tu hora
Acaricio su rostro, levemente, a penas con las yemas de mis manos. Siento su temblor y sonrío cuando la veo abrir los ojos e incorporarse con algo de dificultad... respiro... con tranquilidad, está bien, ella está bien
E: Genial, Esther (me digo a mí misma sin dejar de mirarla) para no querer inmiscuirte,
lo estás haciendo muy bien...
Como si no hubiera pasado nada, recuperándose un poco de la caída, con algunos rasguños y molestias en el brazo derecho, Maca comienza a arreglar los papeles con el dueño del otro vehículo y una vez terminan emprende camino a casa. Yo la miro estupefacta... ¿A casa? ¿No sería mejor ir a un hospital, que te miraran las heridas y te hicieran algún tipo de prueba por si tienes una lesión en la cabeza? Pues al parecer, para ella no
Así que llegamos a su casa, obviamente la sigo, ahora no puedo alejarme, no puedo irme como si no hubiese pasado nada. Me quedo cerca, observando cada uno de sus movimientos. Se le ve en el rostro que está aguantando el dolor que siente en la muñeca. Intenta curarse ella misma un par de arañazos que desde ahora adornan en el brazo izquierdo pero no puede ni siquiera comenzar. El dolor, parece hacerse más agudo conforme se enfría el golpe
E: Deberías ir al hospital (le digo desde un costado, sé que no me oye, sé que no sirve
de nada que yo le diga, le suplique e incluso le grite que vaya de una buena vez por todas a urgencias, ella no me oye y yo no puedo hacer nada)
Tras un buen rato, cuando al fin se da cuenta de que ella sola no puede, llama por
teléfono, la escucho hablar con Claudia, su amiga parece confusa y preocupada pero ella se encarga de tranquilizarla. Yo me cruzo de brazos... ¿Qué es esto que me pasa? ¿Por qué de pronto quisiera meterle un grito por su cabezonería?
M: Que no, Claudia... que no me hace falta ir al hospital (le dice con tono cansino) si
solo son un par de arañazos pero con la mano izquierda no puedo curarlos y la verdad es que no dejan de sangrar (mientras dice esto se mira en el espejo...) vale... sí, te espero aquí
Bueno, a falta de hospital, una médico no viene mal. Así que consigo pausarme,
calmarme un poco mientras espero que llegue Claudia. Maca emite un quejido de dolor al intentar coger algo y yo aparezco a su lado...
E: ¡Como te hayas roto la muñeca y no quieras ir al hospital, verás! (suelto sin ser capaz
ni de pensarlo. Maca sigue a lo suyo)
Claudia comienza a limpiar los rasguños, uno de ellos necesita al menos un punto de aproximación, así que tomando una pequeña tira de un esparadrapo une la herida ante un nuevo gesto de dolor de la pediatra
E: Te aguantas (suelo sin dejar de mirarla) eso por no querer ir al hospital (me cruzo de
brazos y me dejo caer en la pared)
Claudia: Sabes que deberías ir al hospital ¿verdad? (le pregunta Claudia)
E: ¡Gracias! (vuelvo a soltar) Al menos hay alguien con coherencia
M: No hace falta, ya te lo he dicho (repite Maca mientras no deja de observar qué hace
Claudia, quien sonríe)
Claudia: Cabezota (pronuncia con cariño)
E: Eso le he dicho yo (continúo yo) pero ni caso que hace... aunque claro, a mí no me
oye
M: De verdad, Claudia estoy bien... ha sido una tontería (intenta defenderse)
Claudia: Por lo que me has contado, de tontería nada (contesta ella poniéndose algo
más seria) y tú deberías saberlo, hemos visto un montón de accidentes de ese tipo y muchos de ellos son bastante trágicos
M: No seas exagerada (le dice con un poco molesta)
Claudia: No exagero y lo sabes (contesta ella con más energía) es más, hay quien diría
que más que suerte es que tienes un ángel protector que te ha salvado de esta (dice de manera chistosa, yo elevo una ceja... ¿Se está cachondeando?)
M: Tú y tus cosas, Claudia (Maca sonríe... y yo con ella)
Claudia: Bueno, esto ya está, a ver, déjame ver una cosa antes de ver la muñeca
(continúa la neuróloga sacando una pequeña linterna, Maca se resiste un poco) Maca... (le advierte) sigue la luz con los ojos
M: Claudia...
Claudia: Maca (la corta de una manera algo más autoritaria)
M: Vale (termina por aceptar, sabe que su amiga no se quedará tranquila hasta que no
se quede satisfecha)
Claudia: A ver (se acomoda un poco más y da con la luz directamente en sus pupilas)
¿Perdiste el conocimiento? (quiere saber)
M: No...
E: Sí (rebato yo, de manera enérgica)
Claudia: ¿Estás segura? (le pregunta queriendo cerciorarse... Maca baja la mirada un
instante)
M: Tan solo un segundo (acepta por fin)
Claudia: Bien (apaga la lucecita) aunque sigo pensando que deberías hacerte algunas
pruebas parece que todo está bien (comenta mientras guarda la linterna)
M: Uff... llevaba casco, no me golpeé la cabeza, no llegué realmente a perder el
Claudia: Está bien, no insisto (contesta ella sabiendo como sabe lo cabezota que es,
debe ser mejor dejarlo estar y realmente, tampoco ha pasado nada) dame la mano (le pide para examinársela) ¿Y me vas a contar qué ha pasado para que condujeras así?
M: Discutí con Vero (dice de manera escueta)
Claudia: ¿Qué ha pasado esta vez? (yo la miro confusa, ¿es que ha habido más
discusiones cómo esa?)
M: Lo de siempre (pues sí que las ha habido, sí) quiere más de lo que tiene... Claudia: Ya... no sé, Maca... tal vez podrías intentarlo (le dice con cautela) M: Claudia... no estoy preparada (contesta de una manera que me deja algo fría...) Claudia: Cariño... han pasado ya...
M: Cuatro años (termina de decir) mañana hace cuatro años (mi vista se vuelve hacia
ella, quedándose tan solo en ella, ¡claro!... ¿Cómo no me di cuenta antes? Ese dolor, esa herida que lleva en el alma solo puede significar una cosa. Miro a mi alrededor,
descubriendo un montón de fotografías en todas ellas, una chica, de pelo castaño, sonríe ante la cámara... a veces sola, otras con Maca... y parecían muy felices...)
Claudia ha intentado que hable del tema pero Maca no está dispuesta a hacerlo, ha cambiado de tema, se ha cerrado en banda y no hay manera de que diga absolutamente nada, ni cómo se siente, ni qué se le pasa por la cabeza, nada...
Me paseo por la casa, mirando con más atención las fotografías, hay un montón de ellas y en todas, esa chica, debió quererla mucho, al menos eso es lo que me dice su tono de voz. No sé qué pasó entre ellas, ni qué le ocurrió a la chica, lo que sí sé, es que ya no está y Maca no lo ha superado
Ahora entiendo ese dolor, ese profundo vacío en sus ojos, ahora entiendo por qué le afectan de ese modo ciertas cosas y por supuesto, ahora sí soy capaz de ver la vinculación que tiene con Vero. Está claro que no quiere abrirse del todo a ella, no quiere involucrarse más de lo que ella misma se permite, no quiere enamorarse... Supongo que el hecho de que mañana se cumplan cuatro años de lo que ocurrió, hace que ese sentimiento que tiene se acentúe por estas fechas. No debe ser fácil... no, no debe ser nada fácil...
Cuando vuelvo a mirarlas las veo sentadas mirando la televisión. Están en silencio, supongo que Maca no para de darle vueltas y Claudia, intenta pensar en la manera en la que hablarle. La neuróloga cambia de canal dejándolo en un programa donde una... médium... dice hablar con los espíritus. No sé por qué lo deja puesto, ni siquiera sé por qué han comenzado a ver la televisión...
M: Menudo fraude (comenta Maca, saliendo de sus pensamientos) Claudia: ¿No te lo crees? (la mira un tanto interrogante)
M: Pues no (dice convencida de ello) venga ya, es absurdo... hablar con espíritus... Claudia: Hay gente que puede (comenta ahora Claudia pendiente de la televisión,
donde esa tal Anne Germain le comunica a alguien que su familiar está bien)
M: ¿Tú te lo crees? (Claudia se encoge de hombros) ¿En serio?
Claudia: ¿Por qué no? (esta Claudia me desconcierta a veces) no sé... da demasiados
datos, datos muy íntimos y...
M: Datos que ha podido conseguir hablando antes con ellos... esto está preparado
Claudia: Vale... supongamos que por un momento es verdad (sigue diciendo, es como
si de verdad, quisiera que Maca creyera en todo esto) supongamos que existe la más mínima posibilidad de que sea verdad (Maca la mira con una ceja alzada) ¿No te gustaría hablar con ella?
Yo la miro, y quedo pendiente de su respuesta, Maca cierra los ojos, como si le doliera con tan solo pensar en ello, finalmente, mira a Claudia quien como yo, también espera una respuesta, pero no se la va a dar... claro que no
M: Creo que voy a acostarme un rato, Claudia (le dice invitándola cordialmente a que
se marche)
Claudia: Está bien (acepta sin más, lo ha intentado y no lo ha logrado y sabe que no lo
logrará) llámame luego para ver como sigues y... sigo pensando que deberías ir al hospital (vuelve a decir y yo recuerdo entonces porqué está aquí, con tanta información, se me había olvidado)
M: Solo es una torcedura y ya me la has vendado (contesta con pasotismo) no pasa
nada...
Claudia: Vale... no insistiré más (dice levantándose. Se acerca, le da un abrazo, sabe
que Maca lo necesita. Se despide con un hasta luego y antes de salir se para un segundo) gracias (pronuncia)
M: ¿Por qué? (pregunta Maca un tanto desconcertada)
Claudia: Por... (sonríe levemente) por estar aquí (termina de decir ¿Perdón?)
M: No pensaba irme a ningún lado (contesta algo confusa por todo aquello... ¿Y quién
no?)
Claudia: Bueno... pero podría haber sido peor (vale, está contenta de que no le haya
pasado nada. La mira, sonríe de medio lado y termina por marcharse)
Cuando Claudia se marcha, yo no sé qué debo hacer. Maca parece andar como un fantasma por la casa, va a la cocina, se toma un vaso de agua y se queda apoyada en la encimera de la cocina. Sé que está haciendo un esfuerzo por no llorar, lo que no sé es por qué no se deja llevar por lo que siente...
Va hacia la habitación, yo como siempre la sigo. Se tumba en la cama, en el lado derecho y mirando hacia el lado izquierdo, se acurruca sobre ella misma. No puedo evitarlo, algo me... obliga... a hacerlo y me tumbo junto a ella, en el lado izquierdo y mirándola. Es guapa, no me había fijado en lo guapa que es... una lágrima recorre su mejilla, alargo la mano, como si quisiera limpiársela, no llego a rozarla cuando siento su temblor. Cierra los ojos con fuerza, vuelve a abrirlos y me mira... bueno, en realidad no me mira a mí, simplemente mira al frente, pero yo no sé por qué, deseo que me mire a mí...
Y a partir de ese momento, cuando sin que ella lo sepa ya me he perdido en su mirada, cuando tumbada junto a ella lo único que quiero es abrazarla, es entonces cuando entiendo, cuando acepto, que no es que me vaya a ser realmente difícil alejarme de ella... es que simplemente no lo voy a hacer
uno, viendo una de esas películas, habrá saltado de su butaca pues siempre el mayor momento de... angustia... y de... miedo... en un film de esas características se suelen dar en los cementerios
Sin embargo, esa visión, está bastante distorsionada de la realidad. Los cementerios no son tétricos ni en ellos habitan las almas perdidas. Son lugares de paz, donde reina el silencio, donde descansan los cuerpos de las personas que ya no están, sí, solo los cuerpos pues sus almas ya no están en este mundo
Me sorprende la visión que tiene la gente de estos lugares, unos no pisan jamás un cementerio por miedo, por el miedo que les provocan tantos años de irrealidad que se cierne sobre este lugar. Si ellos supieran realmente lo que aquí se respira, esta
tranquilidad, esta sensación de serenidad, posiblemente vinieran más a menudo a... visitar... a quienes han perdido
No puedo obviar la tristeza que reina en un cementerio, cualquier lugar de culto hacia familiares o amigos que ya se han ido siempre es triste, es algo natural, no es
reprochable, pero también es cierto que un cementerio es tan solo un escenario, un sitio donde recordar, donde visitar a quien ya no está... muy por el contrario de lo que directores, guionistas o productores del cine de terror han querido mostrar al mundo
Camino a unos dos pasos tras ella. Hoy hace sol, el cielo está despejado y el verde de la hierba parece brillar bajo nuestros pies. Paseamos con lentitud entre las lápidas,
buscando aquella a la que ha ido a ver. Miro hacia la derecha, a varios metros, una señora cambia unas flores que se han marchitado en una de las lápidas, tras ella, alguien me mira y yo le miro, es un Ángel, uno de los míos. No me extraño al verlo allí y él no se extraña al verme a mí, es normal que estemos, que acompañemos a quienes vienen, es normal nuestra presencia aquí. Me sonríe levemente y mueve su cabeza a modo de saludo, yo hago lo mismo y continúo mi camino tras Maca
Llegamos a nuestro destino. Maca se para frente a una de las lápidas, respira
profundamente, baja la mirada y vuelve a levantarla. Yo al miro, la miro y sé que sufre, que le cuesta estar ahí, pero también sé que es algo que hace cada año, una manera de aferrarse a lo que fueron, a lo que tuvieron... una manera de volver a estar con ella
M: Hola...
Y no pronuncia nada más, no dice ni una sola palabra, no puede, no tiene palabras que decirle. Se quita las gafas de sol, se acerca a la tumba y acaricia la lápida que se mantiene impoluta, el guarda del cementerio se encarga de limpiarlas cada día, es un buen hombre y entiende lo que este lugar significa, por eso se afana en que todo esté como debe estar
Me acerco a ella, no la toco, en estos momentos sé que no debo hacerlo. Vuelvo mi vista hacia aquella lápida que no deja de mirar y leo lo que tiene inscrito
... Irene Sánchez Pérez 1977-2007
De nuevo vuelvo la vista hacia Maca, quien deja que una lágrima recorra su rostro. Mira al cielo, como si quisiera adivinarla entre las nubes, como si la buscara en esa bóveda celeste que nos rodea. Baja la mirada, se acerca levemente, acaricia la lápida por unos segundos, una segunda lágrima rueda por su mejilla y yo sé, que la echa de menos...
Nos quedamos allí un rato, quizás una media hora. No hay palabras, ni llantos ruidosos, no, no hay nada de eso, hay una tensa paz, una calma algo tormentosa, lo cierto es que es raro describir las sensaciones que ella está teniendo, no soy capaz de entenderlas. Es como si una parte de ella, en el fondo, hubiera aceptado aquello y sin embargo, otra sigue aferrada a lo que tuvieron, sin dejarla avanzar
Finalmente se pone las gafas de sol y comienza a alejarse de manera lenta. Yo tardo un poco en seguirla, intento aclarar un poco las ideas. De nuevo la acompaño, la sigo a un par de metros y cuando llegamos a la puerta del cementerio, Maca se para en seco. La miro extrañada y dirijo mis ojos hacia el lugar donde va su mirada. Allí, esperándola y bastante nerviosa Vero la mira con cautela
M: ¿Qué haces aquí? (le pregunta con la voz tomada)
Vero: Claudia me contó lo que pasó y me dijo que estarías aquí (dice ella y en su tono
puedo identificar que está preocupada y que se siente algo culpable) sé que no te gusta que nadie te acompañe, que siempre has querido venir sola, así que por eso no he entrado... he preferido esperar a que salieras (le explica y lo cierto es que no tenía por qué darle explicaciones, al menos desde mi punto de vista sobra cualquier explicación si vienes a acompañar a tu novia en un momento como este ¿no? Pero, la verdad es, que esta relación es tan extraña que me pierdo en los detalles)
M: Ya... (contesta mirándola y sin añadir nada más)
Vero: Maca... quiero pedirte disculpas (continúa ella) ayer dije cosas que... me pasé (y
se la ve afectada) lo siento...
M: Yo también lo siento (dice aceptando su parte de culpa) tampoco estuve muy fina...
pero Vero... yo... (baja la cabeza) yo no... no quiero hacerte daño y... de verdad que aún no estoy preparada para que nos vayamos a vivir juntas (mi ceja se alza ¿vivir juntas?) necesito algo más de tiempo...
Vero: Lo entiendo (dice ella, es como si quisiera conformarse con lo poco que le da) lo
entiendo y... perdóname, por favor...( se acerca a ella y Maca deja que se acerque)
M: No creo que este sea el mejor lugar para hablar de eso (no, lo cierto es que no lo
es...)
Vero: Podemos ir a mi casa (le propone) allí hablaremos más tranquilas
Maca acepta y ambas se marchan. Las veo irse y no sé por qué las sigo, sé cómo va a terminar esto, sé lo que va a pasar, no debería ir con ellas pero ya estoy aquí. Sentadas en el sofá de la casa de Verónica se miran sin hablarse. He visto lo que las miradas hacen en algunas personas, he visto gente que tienen la capacidad de comunicarse, de hablarse tan solo con mirarse, ellas no tienen ese vínculo, no sienten esa conexión. No están enamoradas...
M: Vero (comienza a hablar) yo de verdad que no quiero hacerte daño (le repite como
Vero: No (corre a decir) Maca no... no quiero dejarlo... estamos bien así, me precipité al
decirte eso, pero de verdad que estoy bien así... lo pasamos bien juntas y... bueno, tenemos una buena relación (¿No está actuando de una manera algo superficial?)
M: Vero... (pronuncia a modo de advertencia)
Vero: Te lo digo en serio (y el registro de su voz ha cambiado totalmente) no sé por qué
te propuse aquello, fue una tontería de verdad. Si yo tampoco estoy preparada para vivir con nadie, sabes cuánto me gusta mi libertad (yo sé que miente, Vero sabe que miente y Maca sabe que miente, pero ninguna de las dos dirá la verdad, no quieren hacerlo) además... si lo pienso, eso del compromiso no va conmigo (intenta bromear y Maca sonríe, parece que funciona) así que... será mejor que sigamos como ahora,
aprovechando el momento y haciendo lo que queramos ¿vale?
No sé por qué acepta, no entiendo por qué sigue con esta historia, pero las veo acercarse, veo a Vero acortar peligrosamente el camino hacia sus labios. Veo a Maca cerrar los ojos y dejar que la bese... y yo desvío mi mirada, no puedo verlo... no quiero verlo, así que simplemente, me marcho dejándoles intimidad
Han pasado un par de semanas y parece que todo vuelve a la normalidad, o, como mínimo, a la normalidad en la que se ha instalado su vida. Yo sigo pendiente de ella, parece que está bien. Trabaja, sale de copas alguna vez con... con Vero, a veces duerme en su casa, la mayoría lo hace sola en la suya, yo termino acostándome a su lado. He descubierto lo mucho que me gusta verla dormir. Me da más paz de la que siento habitualmente
Pero tengo que seguir con mi trabajo así que, he decidido alejarme un poco. No
demasiado, el tiempo suficiente para hacer mi trabajo y volver con ella. Y mi labor hoy me ha llevado a una azotea, donde un chico, de no más de 28 años amenaza con tirarse. Está sentado en el muro y me siento a su lado. Lo miro, tiene miedo. Lo cierto es que no está demasiado convencido de lo que hace pero está tan deprimido que le da igual lo que pase
Cierro los ojos, necesito saber qué le ha pasado para llegar hasta ahí. Alargo el brazo y le toco, él tiembla y se aferra al muro en el que está sentado. Ahora sé lo que le pasa: ha perdido su trabajo y su novia le ha dejado a tres días de la boda
Alguien más entra en la azotea, un policía y otro chico que parece ser un negociador, un psicólogo o algo parecido, van a intentar que recapacite. Él se pone nervios y vuelve a amenazar con tirarse
E: Cálmate (le digo al tiempo que vuelvo a tocarle) escúchale... (le pido y siento que de
manera leve él se relaja)
El psicólogo se acerca con cautela, intenta hacerle hablar, distraerle... le pregunta su nombre y él se lo dice. Yo continúo a su lado. Atenta a todo lo que pasa, lo único que puedo hacer es conseguir que lo escuche. Si salta no podré evitarlo, no puedo pararlo, es su elección y yo no puedo intervenir en eso. Pero no lo hará, o al menos, tengo la
esperanza de que no lo haga
J: ¡Como te acerques más me tiro! (amenaza de nuevo Javier viendo su cercanía) Carlos: Vale... vale... me quedo aquí ¿ves? No me acerco... pero habla conmigo...
cuéntame qué ha pasado
Javier no contesta, no quiere hablar de ello, yo vuelvo a centrarme en él. Aprieto un poco su hombro, el tiembla de nuevo, le transmito toda la calma que puedo y me acerco a su oído
E: Tienes toda la vida por delante (le susurro)
Carlos: ¿Qué puede ser tan grave como para que quieras tirarte? (le pregunta Carlos) J: ¡Cállate! (suelta con algo de rabia) me tiraré
E: Vas a hacer grandes cosas (sigo susurrándole) no tienes por qué hacerlo... no tienes
que hacerlo...
Carlos: Venga Javier... solo quiero ayudarte (continúa con su labor el psicólogo)
cuéntame qué ha pasado...
E: Cuéntaselo... te ayudará (le digo)
J: Me... me ha dejado... íbamos a casarnos y me ha dejado (dice angustiado)
E: Shhh... lo estás haciendo muy bien (continúo) no tienes que tirarte... hay gente que te
quiere...
Carlos: ¿Y qué es lo que ha pasado para que te deje? (le sigue preguntando, mientras yo
vuelvo a apretar su hombro)
J: ¡No lo sé! (le grita) lo peor es que no lo sé... (y llora como si fuera un niño)
E: Volverás a enamorarte... te casaras y tendrás una familia (le susurro) pero tienes que
vivir...
Carlos: ¿Y no quieres saber lo que ha pasado? (vuelve a preguntar) porque si te tiras no
lo vas a saber nunca... ¿O es que quieres castigarla? (Javier se vuelve para mirarlo)
Lo mira dudando, yo me quedo tranquila, esa duda es todo lo que necesitan para
acercarse a él, cogerlo entre el policía y Carlos y alejarlo del borde. Javier se abraza a él y comienza a llorar con angustia
Y me voy. Mi trabajo aquí ha terminado. Ahora a Javier le espera un buen tiempo de terapia, superar sus inseguridades, recuperarse y volver a tomar las riendas de su vida. Pero yo ahí, ya no puedo hacer nada. Así que me alejo, los dejo sabiendo que él se recuperará, que ha tomado la decisión correcta
No puedo evitarlo y aparezco en el hospital. La encuentro en la cafetería, hablando con Claudia, me quedo fuera, separada de ellas por un cristal. No dejo de mirarla, es
Claudia: Entonces has arreglado las cosas con Vero (le dice continuando con la
conversación que venían manteniendo)
M: Sí, bueno... supongo que sí (se eleva de hombros) volvemos a estar como antes... Claudia: Ya... (niega levemente con la cabeza) supongo que no darás el paso...
M: Por ahora no, Claudia... (dice como si quisiera disculparse por su comportamiento)
me gusta estar con ella y... le tengo mucho cariño pero... no estoy enamorada de ella...
Claudia: Pero tampoco podéis estar así toda la vida
M: Ya lo sé (dice jugando con una servilleta) pero no quiero pensar demasiado en ello...
Se quedan calladas. Claudia parece un tanto... ¿incómoda? Mira a su alrededor y vuelve a mirar a su amiga... Maca continúa rompiendo esa pobre servilleta, parece que busca la manera de contarle algo y no la encuentra. Finalmente eleva la mirada y arranca
M: Últimamente me está pasando algo extraño (dice y tanto Claudia como yo,
prestamos atención) cuando estoy sola en casa... no sé, es como... como si no estuviera sola (todos mis sentidos se ponen alerta... ¿Es que me siente?) sé que suena estúpido y posiblemente pienses que estoy loca pero... cuando me acuesto... es... tengo la... la misma sensación que cuando estaba ella... me siento... acompañada... (Claudia la mira sorprendida y yo mucho más que ella) es una estupidez lo sé...
Claudia: No, no lo es (contesta y yo la vuelvo a mirar confusa) es normal que te sientas
así... supongo que... no sé, lo estarás superando... quien sabe...
M: Ya... Claudia... tú eres la que siempre salta con algún tipo de broma paranormal (le
suelta, y es como si esperara que le diera una explicación sobrenatural a lo que le pasa)
Claudia: ¿Y qué quieres que te diga? (le pregunta) no creo que haya nada paranormal
en eso... de hecho, creo que es un proceso normal... poco a poco vas aceptando lo que pasó y no te sientes tan sola (¿Por qué me suena tan raro todo lo que está diciendo?)
M: Sí... quizás sea eso (y lo acepta, porque como buena escéptica que es, le vale mejor
eso que cualquier otra explicación)
El busca de Claudia suena, lo coge del bolsillo de su bata y lo mira, una urgencia la reclama. Se levanta, disculpándose con Maca quien le sonríe haciéndole saber que no pasa nada. Le da un último sorbo a su café mientras se levanta y sale de la cafetería. La veo tomar el camino por el que se cruzará conmigo. Yo vuelvo a mirar a Maca, quien parece ausente del mundo. Y algo pasa, algo raro, extraño, que jamás me había pasado. Sin mirar sé que Claudia se ha parado a mi lado. La escucho suspirar, se posiciona a mi derecha y como yo, mira a Maca. Vuelve a soltar otro suspiro... Está preocupada por su amiga... mucho... está...
Claudia: No deberías estar aquí (y yo me quedo asombrada, absolutamente
sorprendida, me lo ha dicho a mí, sé que me lo ha dicho a mí... cuando voy a mirarla ella ya camina de espaldas a mi posición, alejándose de la cafetería y yo no entiendo nada de lo que ha pasado)
Pero no logro saber cómo lo hizo, tras aquella conversación pensé que había alguna posibilidad de que de pronto la gente me sintiera, no sé cómo ni por qué, pero creí que podían sentirme. Así que me he pasado varios días vagando entre la gente, acercándome a ellos más de lo necesario para ver si alguno reaccionaba, si alguien sentía algún efecto de mi cercanía, pero nada, no he encontrado ni a una sola persona que pueda sentirme más allá de lo normal, no, nadie me siente, ni me ve, ni me oye, nadie sabe que estoy cerca o lejos, o tocándolos o simplemente observándolos... entonces, ¿Cómo es posible que Claudia supiera exactamente dónde estaba?
Lo cierto es, que si lo pienso detenidamente, no ha sido un hecho puntual, no es que de alguna manera justo en ese instante y en ese lugar, Claudia pudiera sentirme, no... muy por el contrario ahora que recuerdo creo que ya me ha sentido antes, incluso, si leo entre líneas o hilo un poco fino, creo que hasta me ha hablado...
Claudia: Vale... no insistiré más (dice levantándose. Se acerca, le da un abrazo, sabe que Maca lo necesita. Se despide con un hasta luego y antes de salir se para un segundo) gracias (pronuncia)
M: ¿Por qué? (pregunta Maca un tanto desconcertada)
Claudia: Por... (sonríe levemente) por estar aquí (termina de decir ¿Perdón?)
¡Claro! Ahora entiendo por qué me resultó tan extraño ese... gracias... ahora sé por qué tanto Maca como yo quedamos bastante descolocadas... no hablaba con ella, lo hacía conmigo y si rememoro mejor la escena, puedo ver con claridad que sus ojos durante un instante, durante una fracción de segundo se desviaron a mi posición antes de seguir hablando con Maca... Sí, me lo dijo a mí, estoy completamente segura, me lo agradeció a mí, me dio las gracias por haber estado en el accidente y evitar males mayores... sí... sí,... ella sabía que yo estaba allí, pero... ¿Cómo? ¿Por qué?
Tengo que saberlo, necesito saber cómo es posible, porque es que simplemente no puede ser verdad, todo esto debe tener una explicación, pero no consigo dar con ella. Es imposible que ella me sienta, es imposible que sepa que estoy cerca... no puede ser y sin embargo, cuanto más lo pienso, cuanto más rememoro el momento más convencida estoy de que es así
Cierro los ojos y aparezco frente a ella, en su casa, junto a su marido y su hijo. Tiene un hijo, entonces... es mortal, es humana, vive una vida terrenal, no es un ángel ni nada parecido... entonces, ¿Cómo es posible?
Me posicioné frente a ella, la observo minuciosamente, esperando un gesto, un movimiento que me diga que sabe que estoy aquí, pero Claudia no hace nada, no
reacciona, no se mueve ni mira a su alrededor, no parece que sepa que estoy frente a ella
Su hijo, de no más de tres años comienza a reír, él sí me siente, como muchos niños de su edad, me quedo mirándola a ella, esperando una reacción ante la risa del niño, pero actúa con total normalidad... ¿Entonces qué es lo que ha pasado?
porque yo esté aquí, no mira hacia la nada, no dice nada, no pasa nada... y yo, yo no entiendo nada
Han pasado tres días desde aquello, tres días en los que me he pasado la mayor parte del tiempo escrutando sus movimientos, sus gestos y sus palabras, tres días en los que he intentado ver en otros lo que he visto en ella, en los que he buscado mil excusas para que me hablara directamente a mí. Han pasado tres días en los que se han agolpado en mi mente un millar más de preguntas...
Dada su nula reacción ante mí, he decidido que mejor dejarlo pasar, está claro que nada de lo que se me ha pasado por la cabeza es cierto y, si lo fuera, no tengo forma de demostrarlo. Así que he vuelto a la normalidad, o bueno, mejor dicho, a la normalidad en la que vivo desde que Maca se cruzó en mi camino
De nuevo estoy en el hospital, con todo esto de Claudia, no he visto a Maca y lo cierto es que... de una forma que ignoro, la echo de menos... así que aquí estoy, viéndola trabajar, metida de lleno en uno de sus casos, con una niña a la que hace sonreír y yo no puedo no hacerlo al mirarla. Es increíble lo buena que es con los niños y estoy
completamente segura de que va a ser una gran madre cuando decida serlo
Vero aparece junto a Claudia por un costado del pasillo, se acercan a ella y charlan sobre algo de una cena esa noche. Veo a Vero abrazar por la cintura a Maca y cómo ésta se separa un tanto incómoda al hacerlo delante de un paciente. La neuróloga no parece estar demasiado metida en la conversación y eso, una vez más, hace que salte mi curiosidad
Se despide de ellas y se acerca hasta mi posición, viene directa hacia mí, yo me quedo algo tensa y cuando ya está a mi lado la veo continuar andando, hubiera sido del todo normal, nada extraordinario si no fuera porque ha mirado justo al lugar donde me encuentro y ha mantenido la mirada hasta que ha pasado de largo. Ahora lo sé, ahora sí estoy segura, Claudia sabe que yo estoy aquí y estos días que la he estado
acompañando, es que simplemente ha ignorado mi presencia
Decido seguirla, ahora que tengo la certeza quiero cerciorarme más aún. La veo tomar el ascensor, sé dónde va y me adelanto. Salgo a la solitaria terraza del hospital, me acerco hasta la baranda y miro el paisaje. La ciudad se presenta ante mis ojos con el sol en su declive colándose entre los edificios. Me gusta ver el atardecer, la gama de colores que se crea en el cielo siempre me ha parecido esplendorosa. Escucho el sonido de los coches, sirenas de alguna ambulancia recorrer la ciudad, y el ruido de la puerta cerrarse tras de mí se hace más fuerte entre el ruido de la ciudad
Me quedo quieta, quiero ver qué hace. Escucho sus pasos y finalmente la veo pararse justo a mi lado, como yo se apoya sobre la barandilla y mira hacia el horizonte. Yo la miro interrogante, no sé qué está pensando, podría averiguarlo pero no voy a hacerlo, no quiero intervenir en ella. El silencio inunda de nuevo la azotea y yo, voy perdiendo la esperanza de que diga algo. Tal vez he vuelto a equivocarme... quizás he distorsionado la realidad de las cosas, quizás simplemente es que todo esto está en mi imaginación
Claudia: No te veo, ni te oigo, pero sé cuándo vienes, sé cuándo apareces, sé cuándo
cierto...) no puedo verte ni oírte pero sí te siento, así que muéstrate, deja que te vea porque no voy a hablar con un Ángel fantasmal (concluye y yo no puedo dejar de mirarla... sabe que soy un Ángel, ella sabe lo que soy. También sabe que estoy aquí y quiere que me muestre... pero... ¿Cómo se hace eso?)
Vale, llegados a este punto creo que es necesario que os explique algo. Veréis, cuando te conviertes en Ángel, si es que tienes la suerte de convertirte en uno, puesto que no todas las personas que mueren lo hacen, nadie te da un manual del comportamiento Angelical (por decirlo de alguna manera), ni tampoco te dicen cuáles son tus nuevas cualidades, ni qué cosas puedes o no hacer
No hay una guía que te enseñe el camino, que te muestre la vida de un Ángel, ni cómo será tu existencia a partir de ese momento. Simplemente, lo sabes, sabes qué hacer en cada momento, sabes a quién tienes que ayudar o quien necesita que lo hagas. Digamos que, renacer como Ángel, conlleva también, renacer sabiendo cuáles serán tus
funciones. Pero nadie te enseña, nadie te dice lo que no debes hacer... y mucho menos te enseñan a mostrarte a la gente y eso, es de las pocas cosas que con las que no nacemos aprendidas
Por eso, ahora estoy sintiéndome muy, pero que muy fuera de lugar. Es la primera noticia que tengo sobre esto, no tenía ni la más remota idea de que podíamos hacernos ver. Es más, es que ni tan siquiera me lo había imaginado. Así que la miro extrañada, no sé cómo se hace eso, ni tampoco sé si puedo hacerlo
Sí es cierto que como en todo, aquí también existen historias, mitologías si queréis llamarlo así, sí es verdad que alguna vez se ha “escuchado” hablar sobre la posibilidad de que te puedan ver, más allá de los animales o los niños pequeños, pero nunca han dejado de ser eso, historias, mitos que más bien han sido creado por los mortales y mostrados en un sinfín de obras tanto literarias como cinematográficas... o eso creía yo, porque las palabras de Claudia le dan veracidad a todo aquello que yo creía cuentos
Puede que los mayores, aquellos ángeles que llevan en esta vida eterna mucho,
muchísimo más tiempo que yo, sepan la manera de hacerlo, seguro que “los sabios” por denominarles de algún modo, saben cómo se hace, pero no puedo ir y preguntarles, porque eso sería delatarme, hacerles ver hasta qué punto llega mi vinculación con un mortal y... no, eso no puede ocurrir
Veo a Claudia que se mantiene a la espera y sé, que si no aparezco pronto, si no me dejo ver, se marchará y puede que no vuelva a tener la ocasión de hablar con ella, soy
consciente de que me ha dado una sola oportunidad pero que no está demasiado cómoda con esto, sé que no habrá otra como esta para comunicarme con ella