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DIGNO Cordero por Ray Summers

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Academic year: 2021

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DIGNO ES EL CORDERO

Una interpretación del Apocalipsis

Por Ray Summers

Traducción de Alfredo Lerín

CASA BAUTISTA DE PUBLICACIONES

Este libro está dedicado a ELDRED DOUGLAS HEAD Mi maestro, mi colaborador, mi amigo

PREFACIO

Hay algunos predicadores del evangelio que naturalmente están dotados de una benéfica curiosidad, o la adquieren desde el principio de su ministerio: quizás en ninguna parte se

manifieste mejor esta curiosidad que en un curso de estudio en un seminario teológico. El autor de esta obra tiene una deuda de gratitud para con esa manifestación, porque llamó su atención a la aguda necesidad que hay de un estudio como el que se presenta en este volumen. Especial agradecimiento debe ser expresado al grupo que estudio Nuevo Testamento 7 durante la sesión del verano de 1941. Mientras se hacía el estudio del Apocalipsis en ese curso de ocho semanas, decidí continuar tal estudio. En los años siguientes se ha dado la clase una o dos veces en cada sesión, y de este "laboratorio" ha salido la presente obra. Las opiniones que aquí aparecen han sido sometidas a la consideración de cientos de estudiantes; y los resultados han sido a la vez satisfactorios y estimulantes.

El propósito de este estudio es doble: Primero, estudiar el fondo histórico del

Apocalipsis. Mediante la inspiración del Espíritu Santo este libro fue dado por un hombre a los hombres. Para él y para ellos el libro debió tener algún significado, ya que el libro llegó a ellos precisamente cuando se encontraban en las condiciones especiales en que estaban. A través de esta obra consideraremos al pueblo de Asia Menor de la última década del siglo primero A. D., como el punto de partida para la interpretación. Yo creo que ninguna interpretación del

Apocalipsis puede ser correcta si el libro no tuvo ningún significado y si no proporcionó ninguna ayuda práctica y consuelo a quienes fueron los primeros en recibirlo. El hecho de comenzar desde otro punto de vista, es tanto como seguir el camino que nos aparta de la verdad del libro, más bien que el camino que revela el maravilloso mensaje de la verdad que aquí se imparte a los corazones atribulados. El segundo propósito de este estudio es aplicar nuestro conocimiento del fondo del libro a la interpretación de él. Vamos a usar este conocimiento para saber lo que el libro significó para quienes fueron los primeros en recibirlo, y, en consecuencia, lo que significa para nosotros en la actualidad. Al autor de esta obra le parece que los dos significados acabados de mencionar son uno mismo.

En el curso de esta investigación se van presentado muchas limitaciones. La literatura apocalíptica es voluminosa para ser estudiada toda. Para realizar el propósito que anima a esta

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obra, ha sido necesario limitar el estudio a la literatura apocalíptica que pudo haber ejercido influencia en el escritor del Apocalipsis, es decir, la literatura apocalíptica judía. Hay muchos lugares donde uno siente la tentación de discutir con amplitud las claramente falsas

interpretaciones de pasajes del libro que con frecuencia son tergiversados; pero lo limitado del espacio le impide ceder a dicha tentación. La mayor parte de la interpretación aquí presentada es positiva más bien que negativa. También ha sido necesario evitar largas polémicas, y en cambio ha sido necesario presentar el libro como debe haber sido entendido por quienes fueron los primeros en recibirlo.

Muchos libros han sido consultados en el transcurso de los años en que se ha hecho el presente estudio; y expresamos nuestro agradecimiento a todos sus autores. Al fin de este volumen está una bibliografía de las obras de más utilidad; de éstas, las que más nos han ayudado están indicadas por las notas que van al pie de unas páginas. Quizás los estudiosos que han leído muchos de los cientos de volúmenes escritos sobre el Apocalipsis, se darán cuenta de que han sido usadas otras obras que no se mencionan aquí; y deseo hacer saber que siento mucho que no se hayan mencionado: uno inconscientemente absorbe muchas ideas que después usa sin poder decir quiénes fueron los autores.

El título escogido, Digno es el Cordero, presenta la idea central del libro: el redentor Cordero de Dios, dominando la vida de su pueblo y la actividad que se manifiesta en este libro; él es quien queda final y completamente victorioso sobre las fuerzas que pretenden destruir al pueblo y la obra de Dios. Por lo mismo. Cuando el telón cae al fin de la última escena de este drama maravilloso, el lector está sobrecogido por la emoción que lo hace inclinar

reverentemente su cabeza delante de Dios y unirse a Handel en su coro conmovedor: "Digno es el Cordero que fue inmolado, y que con su sangre nos ha redimido para Dios, de recibir

riquezas y honor y gloria y poder."

RAY SUMMERS Fort Worth, Texas

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CONTENIDO

Introducción

Primera Parte — Fondo Histórico

Capítulo 1 — Naturaleza de la Literatura Apocalíptica

I. Literatura Apocalíptica Judía

II. Características de la Literatura Apocalíptica

Capítulo 2 — Métodos de Interpretación del Libro de Apocalipsis

I. Método Futurista

II. Método Histórico-Continuo

III. Método de la Filosofía de la Historia IV. Método Preterista

V. Método de Fondo Histórico

Capítulo 3 — Fondo Histórico del Apocalipsis

I. El Autor del Apocalipsis del Nuevo Testamento II. Fecha del Apocalipsis

III. Los Receptores del Apocalipsis

IV. Las Condiciones que Prevalecían en el Imperio Romano

Segunda Parte— Interpretación

Introducción Prefacio, 1:1-8

Capítulo 4 — El Cordero (Apocalipsis 1:9-20)

Capítulo 5 — El Cordero y las Iglesias (Apocalipsis 2:1-3:22)

I. Éfeso: Leal; pero no Completamente, 2:1-7 II. Esmirna: Santos que sufren, 2:8-11

III. Pérgamo: Morada de Satanás, 2:12-17

IV. Tiatira: Esperando la Estrella de la Mañana, 2:18-29 V. Sardis: ¿Muerto o Vivo? 3:1-6

VI. Filadelfia: La Iglesia con una Puerta Abierta, 3:7-13

VII. La odisea: La Iglesia con una Puerta Cerrada, 3:14-22

Capítulo 6 — El Cordero y el Libro Sellado (Apocalipsis 4:1 — 5:14)

I. El Dios Reinante, 4:1-11 II. El Cordero Redentor, 5:1-14

Capítulo 7 — El Cordero Abre los Sellos (Apocalipsis 6:1 — 11:19)

I. El Primer Sello, El Caballo Blanco: Conquista, 6:1, 2 II. El Segundo Sello, El Caballo Rojo: Guerra, 6:3,4 III. El Tercer Sello, El Caballo Negro: Hambre, 6:5, 6

IV. El Cuarto Sello, El Caballo Amarillo: Mortandad por Peste, 6:7, 8 V. El Quinto Sello, Los Santos Martirizados: Persecución, 6:9-11 VI. El Sexto Sello, El Terremoto: Juicio, 6:12-17

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VII. El Séptimo Sello, Incienso: Victoria, 8:1-5 1. La primera trompeta: Calamidad en la tierra, 8:7 2. La segunda trompeta: Calamidad en el mar, 8:8, 9

3. La tercera trompeta: Calamidad en las aguas dulces, 8:10, 11 4. La cuarta trompeta: Calamidad en los cielos, 8:12

5. La quinta trompeta: Langostas, 9:1-12 6. La sexta trompeta: Caballería persa, 9:13-21

Intermedio: Anuncios de Retribución 10:1 — 11:13 7. La séptima trompeta: Transición, 11:14-19

Capítulo 8 — El Cordero y el Conflicto (Apocalipsis 12:1 — 20:10)

I. La Causa: La Mujer Gloriosa y sus Hijos 12:1, 2, 5, 6, 14-17 II. Los Dos Ejércitos en Guerra

1. Los ejércitos del mal dirigidos por el dragón, 12:3, 4, 7-17 (1) La primera bestia: Emperador Romano, 13:1-10, 18

(2) La segunda Bestia: Comisión para hacer obligatorio el culto al emperador romano, 13:11-17

2. Los ejércitos de la justicia dirigidos por Dios, 14:1-20 (1) El Cordero: Cristo, 14:1-13

(2) La Hoz: Juicio, 14:14-20 Intermedio: Triunfo y sumo gozo de los redimidos, 15:1-4 Transición: El Tabernáculo del Testimonio, 15:5-8

III. Las Copas de la Ira, 16:1-20:10

1. La Primera Copa: Calamidades en la tierra, 16:1, 2 2. La Segunda Copa: Calamidades en el mar, 16:3

3. La tercera copa: Calamidades en las aguas dulces, 16:4-7 4. La cuarta copa: Calamidades en el sol, 16:8, 9

5. La quinta copa: Calamidades en el Imperio, 16:10, 11

6. La sexta copa: Calamidades en el campo de batalla, 16:12 Intermedio: Las tres ranas: agentes reclutadores al servicio de Satanás, 16:13-16

7. La séptima copa: Calamidades en el aire, 16:17-20:10 (1) La mujer de púrpura y escarlata: Roma, 17:1-18 (2) Los oráculos de la ruina: los aliados de Roma, 18:1-20 (3) La piedra: destrucción de la Ciudad de Roma, 18:21-24 (4) Los santos gozosos, 19:1-10

(5) El guerrero victorioso: Cristo, 19:11-20:10

a. Victoria sobre la primera y la segunda bestias, 19:19, 20 b. Victoria sobre los aliados de las bestias, 19:21

c. Victoria sobre Satanás, 20:1-3 d. La victoria de los mártires, 20:4-6 e. La victoria completa, 20:7-10

Capítulo 9 — El Cordero y el Destino Eterno (Apocalipsis 20:11 — 22:5)

I. El Destino de los No Redimidos, 20:11-15; 21:8, 27; 22:15 II. El Destino de los Redimidos, 21:1-22:5

1. Compañerismo con Dios, 21:1-8 2. Protección por Dios, 21:9-26 3. Provisiones de Dios, 22:1-5

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INTRODUCCION

Aunque descuidado, mal entendido, y tergiversado burdamente, el libro del Apocalipsis es único en su género en el Nuevo Testamento. La mayor parte de los lectores lo pasan por alto con una actitud de desinterés que expresan con estas palabras: "Sea lo que fuere, nadie lo entiende." En cambio, para otros muchos, ha sido extraordinariamente atractivo. Para algunos esa atracción ha procedido de un motivo religioso; para otros, de la curiosidad de ellos mismos. Ha habido tal abundancia de opiniones contradictorias acerca del significado de este libro, que muchos han perdido la esperanza de obtener alguna vez una interpretación fácil de entenderse. El libro ha sido usado ampliamente por individuos o grupos que creen que han encontrado la manera de probar casi todo mediante la explicación de los símbolos en él contenidos; y por esta razón han fijado su atención en el libro del Apocalipsis considerándolo como la base de raros sistemas de interpretación. Esta manera de proceder va por el mismo camino que sigue el error que se relaciona con uno de los principios básicos de interpretación. El pasaje obscuro debe interpretarse a la luz del pasaje claro. Seguir el método contrario es maniatarse para no producir un trabajo efectivo de interpretación.

Basta examinar los muchos libros que se han escrito acerca del Apocalipsis, para que uno se dé cuenta de que este libro ha sido tratado muy mal por quienes no se han informado del posible significado que tuvo para aquellos a quienes el Señor lo entregó primeramente. Aun entre los que han hecho tal esfuerzo para informarse del significado del libro ha habido tantas controversias vehementes, que muchos hombres prudentes han abandonado la investigación de la verdad del libro.

Al hacer frente a esta condición, descubrimos que se nos presentan dos importantes preguntas. ¿Abandonaremos uno de los libros del canon del Nuevo Testamento que

consideramos como nuestro? Muchos de nosotros creemos que el Espíritu Santo no sólo inspiró la escritura de los libros de la Biblia, sino también que los conservó para el uso de los hombres. Creyendo esto, no podemos admitir que el cristiano sincero asuma la debida actitud si abandona este libro. No podemos estar de acuerdo con Martin Lutero, quien una ocasión se negó a admitir este libro entre los que él consideraba como del canon, porque, en su opinión, era imposible entenderlo. Puesto que el Espíritu Santo inspiró su escritura y por sus propios procedimientos lo conservó para nosotros, debe tener algún significado para la gente de todos los tiempos: para quienes fueron los primeros en recibirlo, y para quienes lo lean en las futuras generaciones. Por lo tanto, no debemos abandonarlo.

La segunda pregunta se relaciona con nuestro estudio del libro. Si sabemos que no es conveniente abandonarlo, ¿no tenemos el deber, delante de Dios y de un mundo confundido, de procurar fervorosamente encontrar el verdadero significado de este libro? Para la mayor parte de los cristianos el Apocalipsis es un libro cerrado, aunque encuentran alguna ayuda en los mensajes dirigidos a las siete iglesias, los cuales están en los primeros capítulos; y en tiempo de aflicción encuentran consuelo en el hermoso lenguaje de los capítulos 21 y 22. Pero la sección que empieza en el capítulo 4 y termina en el capítulo 20, los deja como si estuvieran perdidos en un laberinto sin salida. Otros, y son pocos, han ido al extremo opuesto: han procurado

interpretar todos los pormenores de las sorprendentes visiones, como si quisieran descifrar todas las páginas del futuro. Muchas veces han elaborado cronologías que incluyen la fecha del fin de la era presente; pero esas fechas han venido, y pasado, y dejado sus profecías sin

cumplimiento. Evidentemente los errores de estas personas nos sirven como una advertencia en contra de tales propósitos y procedimientos. Tal sistema sólo deja confundidos a los lectores

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comunes.

El propósito de esta obra es presentar un método de aproximación por el cual el lector pueda acercarse un poco más al problema de la exégesis del Apocalipsis. Tenemos el propósito de hacer notar las verdades fundamentales que yacen ocultas en este libro tan raro. Vamos a determinar lo que este libro significó para aquellos que fueron los primeros en recibirlo, los sufrientes cristianos del Asia Menor; y vamos a determinar lo que significó después, aplicándolo también a las condiciones de nuestros tiempos.

En la discusión que sigue consideraremos la naturaleza de la literatura apocalíptica. Puesto que el libro del Apocalipsis pertenece a este tipo o grupo especial de literatura, no debemos hacer caso omiso de la naturaleza general de esas obras. Serán estudiadas las

condiciones de las cuales dichas obras proceden, a la vez que sean estudiadas las características de toda la literatura apocalíptica.

El siguiente paso será un estudio general de los métodos que se usan para interpretar el libro del Apocalipsis. Estos métodos son de cuatro clases generales, y en esta obra se sugiere otro que puede considerarse como el quinto. Este quinto método se presenta como el que más se acerca a la verdad; pero hemos de tener en cuenta una amonestación oportuna que hace Wishart,1 quien declara que cada presentación del Apocalipsis debería tener en el prefacio alguna advertencia que dijera más o menos lo siguiente: "¡El que no tenga su especulación favorita, que arroje la primera piedra!"

Partiendo desde este punto, el fondo histórico será considerado frecuentemente y con amplitud relativa. Esto incluirá una discusión de todo lo referente a la paternidad, la fecha, los recipientes y la ocasión, cuando sea necesario hacerlo en la interpretación del libro. El libro manifiesta una actitud de fe en Dios y en su propósito, la cual no es superada en otros libros del Nuevo Testamento. Esta manifestación puede entenderse mejor cuando conocemos la condición en que estaban los primeros lectores del libro. El propósito de esta obra es, pues, presentar una interpretación consecuente del libro como un todo, recordando siempre que el propósito

principal es producir un espíritu de confianza en el Cordero redentor, victorioso y viviente, que con paso majestuoso se mueve a través de esta excelsa revelación de Dios. Este Cordero-Cristo que salió victorioso de las condiciones caóticas del mundo del primer siglo, también saldrá victorioso de las condiciones semejantes que haya en cualquier otro siglo, hasta que "los reinos del mundo hayan venido a ser los reinos de nuestro Señor y de su Cristo: y reinará para

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Primera parte — Fondo Histórico

Capítulo 1 — Naturaleza de la literatura apocalíptica

El libro del Apocalipsis pertenece a una clase especial de escritos conocidos como apocalípticos; y esta clase de literatura casi siempre tiene unas partes que son algo obscuras. Algunas personas abandonan por completo el estudio o la lectura del libro del Apocalipsis por causa de esta aparente obscuridad. Sin embargo, es mucho mejor reconocer que en esta clase de escritos tenemos la revelación de un mensaje. Esta revelación se manifiesta únicamente cuando investigamos con diligencia el propósito del escritor y el método que usa para dar a conocer ese propósito. La palabra griega apocálupsis es una palabra compuesta que significa un

"descubrimiento."* El propósito del escritor no era encubrir su mensaje, sino hacerlo vívido progresivamente por medio del "descubrimiento" en el que utilizaba signos y símbolos. Este tipo de literatura es uno de los más comunes del pensamiento religioso. Aunque otras religiones tienen su aspecto apocalíptico, este lugar de la literatura apocalíptica en la religión es muy notable especialmente en el judaísmo. Por esta razón, y por causa de sus conexiones con la literatura cristiana, la discusión de la literatura apocalíptica en esta obra quedará confinada principalmente a la literatura judía.

I. LITERATURA APOCALÍPTICA JUDÍA

Después de que terminó el largo período profético del Antiguo Testamento, los judíos comenzaron a pasar por tiempos difíciles. "Fueron unos tiempos tan difíciles como éstos, los que dieron origen a la literatura apocalíptica."1 Toda esta literatura es una serie de obras pseudepigráficas que aparecieron durante el período comprendido entre los años 210 antes de Cristo y el año 200 después de Cristo. Tienen varias características en común, siendo la más prominente el uso de "visiones" como recurso literario por el cual introducen sus conceptos.

1. El Fondo de la Literatura Apocalíptica

Cuando los judíos regresaron de Babilonia a Palestina, aunque estaban rodeados por pueblos paganos que tenían diferentes religiones, se conservaron firmemente monoteístas. Hubo poco esfuerzo para molestar a los judíos mientras la influencia persa, con su zoroastrismo casi monoteísta, conservó la preponderancia. Con la llegada del poder griego, emergió un diferente estado de cosas. Entonces el sereno desdén de la cultura griega ejerció su influencia en todo el pueblo e hizo que mucha gente abandonara la religión de sus padres. Aunque muchos de los que estaban en los círculos políticos tenían la tendencia de entregarse a la idolatría, hubo una gran parte del pueblo que de ninguna manera recibió la influencia de la cultura helénica. Y no pocos de esta parte del pueblo odiaron fanáticamente las intromisiones en su religión y toda apostasía de sus compatriotas judíos. Este sentimiento se intensificó a medida que pasaron los años; y todos aquellos que participaron de este sentimiento, gradualmente se unieron de manera muy íntima. Y era natural que de este movimiento brotara la expresión de los deseos de ser libertados de esas indeseables condiciones. En este grupo había muchos místicos que sintieron el poder personal de la Deidad. Como es natural en los místicos, sus sentimientos les hicieron ver visiones y soñar sueños. Estas visiones y estos sueños siempre se refirieron al glorioso día

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en que serían libertados de las condiciones tenebrosas y del funesto presente en que vivían. Los acontecimientos políticos siempre ayudaron a estas tendencias. Esto se manifestó en los días de Daniel, cuando fueron dadas unas visiones que aseguraban la final vindicación del pueblo de Dios y el establecimiento de un reino eterno con Dios como su Rey. Cuando los judíos estuvieron bajo el reinado de Antíoco Epifanes (175-1G4 a. de C.), experimentaron los días más obscuros que tuvieron desde el período del exilio. Este emperador se dio cuenta de que la mejor manera de destruir la vida nacional de ellos era arrancarles de raíz su religión; entonces les prohibió, bajo pena de muerte, la observancia de sus ritos religiosos, y en el Templo de ellos puso la imagen de un dios pagano. Las persecuciones consumadas bajo el reinado de Antíoco Epifanes hicieron no sólo que ocurrieran las sublevaciones dirigidas por los macabeos, sino también que los místicos de ese tiempo hicieran del conocimiento público otra serie de visiones y esperanzas apocalípticas.

El siguiente acontecimiento político que produjo condiciones propicias para crear literatura apocalíptica, fue el puño de hierro de los romanos en el tiempo de Nerón y Domiciano. Esto será estudiado después.

2. Condiciones de las Cuales Esta Literatura Provino

Ya se ha dicho que los tiempos calamitosos originaron la literatura apocalíptica. Las pruebas, los sufrimientos, las tristezas, y las condiciones que conducían casi hasta la

desesperación, prepararon el terreno en que se produciría esta clase de escritos. Esta forma de expresión, escrita en días de adversidad, siempre exhibió ese tiempo presente como uno de grande persecución y sufrimiento; pero, a la vez, en glorioso contraste, exhibió el tiempo futuro como de libertad y triunfo. Se esperaba que esto sucediera mediante la intervención de Dios en los asuntos humanos, juzgando a los poderes injustos y estableciendo su propio gobierno divino. En tiempo de tan extremas dificultades, a las cuales se refiere este libro, los hombres estaban inclinados a dudar, a entrar en componendas, y, en algunos casos, a apostatar. El propósito de estos escritos fue dar importancia a la virtud de la lealtad y estimular la fe, mostrando de manera vívida la segura derrota del mal y la final victoria de la justicia de Dios. Los escritores de los libros apocalípticos desempeñaron un servicio inestimable al estimular la fe y la lealtad bajo tales condiciones.

Frecuentemente uno se siente impulsado a preguntar por qué esta literatura es

presentada de una manera tan misteriosa como la que caracteriza a la apocalíptica. La respuesta a dicha pregunta se encuentra en el hecho de que esta literatura fue escrita en tiempos peligrosos. La seguridad personal del escritor y de los lectores quedaba en peligro en caso de que los perseguidores llegaran a entender el verdadero significado del libro. Por esta razón los mensajes apocalípticos fueron escritos para encubrir y para revelar: así el mensaje quedaría encubierto para los extraños y al mismo tiempo revelado para los iniciados.2 Por causa de tales

condiciones esta clase de escritos se encuentra en el Antiguo Testamento después de que Israel estuvo bajo el talón de la dominación extranjera; y en el Nuevo Testamento se encuentra relacionada con los días más peligrosos a que se enfrentaron los cristianos del primer siglo.

Así pues, el libro del Apocalipsis está correctamente colocado en esta clase de literatura. En muchos respectos difiere del Antiguo Testamento y de la literatura apocalíptica no canónica; pero no puede entenderse sin estos modos de pensamiento y de expresión. Es esencial entender esta clase de literatura para poder entender correctamente el Apocalipsis. Muy bien se puede agregar que al colocar el Apocalipsis en esta clase de literatura, la mayor parte de la cual queda

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fuera del canon de las Sagradas Escrituras, no le disminuimos su valor práctico o su carácter canónico. La superioridad del Apocalipsis desde un punto de vista teológico, no lo pone en una categoría literaria diferente de la que corresponde a las obras no canónicas.

Este estudio revela la verdad de que la literatura apocalíptica fue producida por causa de los tiempos peligrosos y de prueba. Esto, en sí mismo, es un gran paso hacia el entendimiento del libro. Sin embargo, éste es solamente uno de los muchos pasos necesarios para entender este tipo de literatura.

3. Comparación de la Profecía con la Literatura Apocalíptica

Previamente se ha hecho notar que la literatura apocalíptica siguió a la profética. Sin embargo, es un error pensar que las dos son una y la misma clase de literatura. Son semejantes en muchos respectos porque se refieren a los mismos asuntos generales; pero son

completamente diferentes cuando se trata de una aplicación específica del método al asunto, pues entonces difieren tanto en contenido como en forma.

(1) La literatura apocalíptica difiere de la profética en contenido. —El elemento

predictivo está presente tanto en la literatura apocalíptica como en la profética; pero en aquella es más prominente y se refiere a períodos más largos e incluye una comprensión más amplia de la condición del mundo como un todo. Tanto en las profecías como en la literatura apocalíptica hay referencia a la venida del Mesías; pero en los escritos apocalípticos las referencias son más amplias y la esperanza mesiánica es más definida. En los escritos de los profetas y de los salmistas el Mesías se relaciona principalmente con el pueblo de Israel: el Mesías salvaría a su pueblo, moriría por él, tal pueblo sería justo; todo se refiere a Israel; si hay alguna vislumbre de un imperio, es muy pequeño. En cambio, en la literatura apocalíptica el aspecto imperial es sobresaliente: comenzando con Daniel nos damos cuenta de que se menciona un reino mundial del cual no habrá fin.3 Esta idea llega a la culminación de lo apocalíptico en el libro mismo del Apocalipsis cuando encontramos esta declaración: "Los reinos del mundo han venido a ser los reinos de Nuestro Señor, y de su Cristo" (Ap. 11:15).

Para el profeta lo principal era hablar "por Dios" (en lugar o en representación de Dios), y predicar la justicia, aunque algunas veces usó la predicción como una garantía de su misión divina o como una exhibición del resultado natural de la rebelión contra las justas leyes de Dios; en cambio para el escritor de literatura apocalíptica la predicción era lo principal. En la literatura apocalíptica típica hay muy poca exhortación.

El alcance de lo apocalíptico es inconmensurablemente más grande que el de la profecía. La profecía se refiere al pasado, de una manera incidental; y se dedica al presente y al futuro como si los dos brotaran del pasado. Por otra parte, la literatura apocalíptica puso dentro de su alcance cosas pasadas y presentes aunque su principal interés estaba en el futuro. Mientras el hombre común miraba la superficie de los acontecimientos, el escritor apocalíptico procuraba penetrar más allá de la superficie, sondear en el seno de la esencia de las cosas y encontrar su verdadero significado. Teniendo en cuenta esto, el escritor apocalíptico frecuentemente

bosquejó todo el curso de los asuntos mundiales a fin de presentar el completo y final triunfo de la justicia sobre el mal.4 La literatura apocalíptica fue el primer tipo de literatura que se apoderó de la gran idea de que toda la historia es una unidad: una unidad que naturalmente resulta como un corolario de la unidad de Dios.

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considerar la escatología. La escatología de los profetas trata casi exclusivamente del destino de Israel como una nación, y del destino de las naciones gentiles; pero el mensaje de luz o de consuelo que tiene para el individuo, acerca de la vida futura, es muy poco. Según dice R. H. Charles,5 todo progreso alcanzado en relación con esta idea lo debemos a la literatura

apocalíptica. Esta gran autoridad menciona lo que sigue, como una contribución permanente de la literatura apocalíptica: (a) La doctrina de una bienaventurada vida futura no brota de las profecías, sino de la literatura apocalíptica; (b) la doctrina de un cielo nuevo y de una tierra nueva se deriva de la literatura apocalíptica; (c) La doctrina de un fin catastrófico del mundo proviene de la literatura apocalíptica.

Por este estudio ya se ha notado que las profecías y los escritos apocalípticos están relacionados, a pesar de los diferentes tipos de pensamiento y de literatura que tienen y que descubrimos si consideramos su contenido.

(2) La literatura apocalíptica difiere de la profética en forma. —Hay notable diferencia entre la forma literaria usada por las profecías y la usada por la literatura apocalíptica. Ambas hacen uso de las "visiones"; pero en las profecías, en el sentido más estricto de la palabra, estas "visiones" por lo general están implícitas más bien que descritas. Aunque Isaías llama "visión" a una gran parte de su profecía, sin embargo, solamente en una ocasión describe lo que ve. En la única ocasión en que describe lo que ve (cap. 6), nada es predictivo; su finalidad es exhortar. En los casos apocalípticos la visión es el vehículo por el cual la predicción es comunicada. En la profecía de Ezequiel hay visiones; pero solamente una de ellas, la del "campo de los huesos secos" (cap. 37), es predictiva. Los símbolos usados en la profecía son siempre naturales; los usados en la literatura apocalíptica, en su mayor parte son sobrenaturales o extraordinarios. En cuanto a este particular puede notarse un buen contraste entre Ezequiel y Daniel. La visión que Ezequiel tuvo de los huesos secos, naturalmente sugiere la muerte; el lector se da cuenta de que el proceso por el cual los huesos vuelven a vivir, es el curso natural que tendría que ocurrir en tal acontecimiento. Pero lo que se dice en Daniel acerca del macho cabrío no tiene razón natural para los cambios que ocurren: en esto sólo hay una razón simbólica; pues lo misterioso, lo imponente, lo no natural, o sean las espantosas características de la visión descrita por Daniel en forma apocalíptica, está agregado para dar mayor realce a la misma visión, por causa de la intrepidez del relato. Esta característica constituye una gran diferencia entre la profecía y la literatura apocalíptica desde el punto de vista de la forma literaria. La literatura apocalíptica tiene tanto una forma como un propósito propios de ella.

4. Sumario de la Principal Literatura Apocalíptica no Canónica

En tiempos de sufrimiento se han dado casos en que los hombres de visión han

intentado penetrar en los secretos de los cielos e investigar, y después escribir relatos de lo que vieron para que esto sirva de amonestación y de estímulo a sus contemporáneos. Una obra literaria producida de esa manera fue llamada una revelación, o para usar el término griego equivalente, diremos un apocálupsis. Estos escritos eran muy populares entre los judíos y los cristianos. En Daniel, Ezequiel, Isaías y Joel pueden encontrarse algunos ejemplos de esta clase de escritos. Varios apocalipsis judíos que nunca tuvieron un lugar en el canon del Antiguo Testamento eran sumamente estimados y muy usados tanto por los judíos como por los cristianos. Así pues, por causa de la importancia que tenían en el campo de la literatura apocalíptica, en seguida haremos un breve estudio de cada uno.

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importante de los apocalipsis no canónicos. Parece que la forma en que está es un arreglo que contiene varios apocalipsis diferentes que fueron escritos durante los siglos primero y segundo antes de Cristo. Estos escritos, falsamente atribuidos al patriarca Enoch, representan los

esfuerzos que diferentes autores hicieron para ayudar a sus contemporáneos revelándoles el contenido de numerosas visiones que se relacionaban con una amplia variedad de asuntos.

Este libro, en el arreglo que tiene en la actualidad, y que es probablemente la forma en que lo leyeron los primeros cristianos, comienza con la declaración que el mismo Enoch hace de que sus ojos le habían sido abiertos por Dios. Se refiere que un ángel le mostró una visión y en seguida le explicó todo para que pudiera escribir la revelación, no para la gente de su propia generación sino para la de los tiempos remotos que estaban por venir. La primera cosa que sería revelada fue el hecho de que el Santísimo vendría para juzgar a todos y para destruir a los impíos. Este sería un tiempo de temblor para los pecadores; pero los justos no tendrían nada que temer porque encontrarían la misericordia de Dios y todos los días de su vida quedarían establecidos en un gozo y en una paz eterna. Se describe el destino de los ángeles caídos a la vez que el lugar donde moran en eterna prisión. Según esta visión, Enoch fue de visita al Sheol, donde observó que el trono de Dios estaba situado sobre una de las siete grandes montañas. Estando allí Enoch, le fue permitido ver el árbol de la vida que había sido preparado para que después del juicio final lo disfruten los justos. Después regresó a la tierra y se puso a mirar a Jerusalén que estaba situada sobre el santo monte donde muchos gozos esperaban a los fieles; y más allá vio el valle maldito donde los pecadores iban a ser castigados a la vista de los justos.

El contenido de la segunda visión se manifiesta en una serie de parábolas, cada una relacionada principalmente con la inminente destrucción del mal y con el triunfo de la justicia. La primera parábola comienza con una descripción del juicio venidero, cuando los pecadores serán juzgados y expulsados de la faz de la tierra. Enoch está seguro de que hubiera sido mejor para ellos que nunca hubiesen nacido. En contraste con esto, se ve que la morada de los justos es un lugar de bienaventuranzas, bajo las alas del Señor de los Espíritus. El escritor está

completamente confundido por la gloria de la escena, al contemplar la majestad del Señor de los Espíritus que es quien, desde antes que el mundo fuera creado, sabe lo que va a acontecer en todo el futuro y de generación en generación. En la presencia de Dios hay millares de millares de seres angelicales. A los que fueron escogidos de entre los hombres se les dieron mansiones en los cielos; pero a los pecadores que niegan el nombre del Señor de los Espíritus se les arrastra hasta afuera para ser castigados.

Este mismo tema se desenvuelve en la segunda parábola. Se decreta la destrucción de los pecadores, a quienes no se les permite que asciendan a los cielos ni que moren sobre la tierra. También se hace notar que poco tiempo después Dios enviará a su Mesías para ejecutar el juicio y para destronar y abatir a los reyes y a los poderosos. Entre tanto los justos están siendo asesinados; pero sus oraciones en que piden venganza no serán en vano. La fuente de la justicia es inagotable, y el juicio venidero que será inaugurado con el advenimiento del Hijo del hombre significará una completa vindicación de los justos. Además, también los muertos serán resucitados para que participen de las bendiciones de la nueva era.

La escena final de esta segunda parábola describe el ataque de los poderes paganos contra el Mesías y sus acompañantes justos. Los partos y los medos serán incitados por los ángeles del mal para irrumpir como lo hacen los lobos o los leones sobre el ganado: invadirán a Palestina; pero sus ataques serán nulos, pues al llegar delante de Jerusalén serán destruidos por una profunda manía de destruirse a sí mismos. Esta matanza será tan furiosa que los cadáveres

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han de ser incontables, todas sus legiones serán devoradas por el Sheol; mientras los justos, fuera de todo peligro, contemplan la destrucción de sus enemigos. Después de todo esto, los judíos de la dispersión regresarán triunfalmente a Jerusalén, llevados allá en un solo día por los vientos del cielo.

La tercera parábola presenta al Mesías promulgando el juicio final. Comienza con ricas bendiciones que se pronuncian a favor de los santos, a quienes se les promete una vida eterna de justicia en la presencia del Señor de los Espíritus. Una espantosa retribución alcanzará a los pecadores, particularmente a los reyes y a quienes se enaltecen entre los hombres. Cuando el Mesías se sienta en su trono para juzgar, la palabra de su boca mata a todos los pecadores e injustos que están delante de él; son objeto de la venganza del Mesías porque oprimieron a quienes lo seguían. Entonces los justos son invitados a regocijarse por la destrucción de aquellos sobre quienes cae la ira del Mesías; además, en contraste con esto, los justos morarán eternamente con Dios, y con el Hijo del hombre comerán y se acostarán y se levantarán por los siglos de los siglos.

La tercera principal división del libro de Enoch da información referente a los cuerpos celestes. Los cambios de la luna, la duración del año lunar, la acción de los vientos, y otros fenómenos naturales, son considerados como medios para determinar cuál es la voluntad de Dios respecto a los pecados del hombre y al orden moral. El escritor apocalíptico cree que los fenómenos de la naturaleza y las actividades del hombre están tan inseparablemente unidos, que el pecado del hombre afecta seriamente el bienestar del mundo físico; de aquí que el futuro cambio que se tenga en el orden moral implica un correspondiente cambio en todo el universo material. Los hechos de los pecadores producirán tal perversión de los poderes de la naturaleza que los años serán acortados, a los campos les faltará fertilidad, las lluvias se suspenderán, la aparición de la luna será irregular, el sol se desviará de su curso, y las estrellas abandonarán sus acostumbradas órbitas. Guiado por un intérprete angelical, Enoch observa las leyes de estos luminares, y por ello adquiere un conocimiento de los eventos que ocurren en toda la historia del mundo, hasta la eternidad cuando se realice la nueva creación.

La cuarta sección del apocalipsis de Enoch contiene un relato de dos sueños-visiones, que revelan el curso de la historia desde el Diluvio hasta la venida del Mesías. El relato continúa la historia hasta por el año 150 antes de Cristo, y entonces asume características apocalípticas. Los gentiles harán un ataque final contra los judíos; los ángeles caídos y los otros seres

malvados serán juzgados y condenados a sufrir en el ardiente abismo; Jerusalén será suplantada por una ciudad más grande y más nueva; todos los gentiles de la tierra se someterán a los judíos; los justos que hayan muerto resucitarán, el Mesías aparecerá, y el Nuevo Reino será establecido.

Los capítulos finales de Enoch tienen un contenido misceláneo. En lo general, hacen énfasis en las recompensas que están reservadas para los justos y en las adversidades que esperan a los malvados. Después de repetidas bendiciones para los justos y de juicios de condenación para los malvados, el libro termina con una exhortación a las generaciones futuras para que no perviertan las visiones del autor, sino que escriban fielmente todas sus palabras en todos los idiomas.

Este libro era popular entre los primitivos cristianos, porque en él encontraban consuelo en las repetidas promesas de libertad para el fiel y justo pueblo de Dios; además, hacía énfasis en la necesidad de que los justos fueran fieles en tiempos de severa aflicción. También el libro describe la gloria triunfante del Mesías celestial al descender a la tierra. Asimismo el libro predice la completa destrucción de los poderes demoníacos, expresa una firme creencia en la

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resurrección de los muertos, y anuncia la final revelación de un nuevo cielo y de una nueva tierra. El hecho de conocer este libro proporciona un excelente fondo para entender el libro del Apocalipsis.

(2) La Asunción de Moisés. —Esta obra apareció a principios del primer siglo del cristianismo. Parece que es un discurso que Moisés, antes de que partiera de la tierra, dirigió a Josué. Su contenido es una revelación de la historia de Israel desde los días de Moisés hasta la venida del Mesías. El propósito del libro es protestar contra la desviación de los intereses de Israel hacia actividades políticas, y promover la piedad mientras esperan la intervención de Dios en favor de los justos. El escritor, como sus contemporáneos Juan el Bautista y el Señor Jesús, no simpatiza con la ambición que tenían los zelotes (o celadores) de instigar una revolución en contra de Roma. Por lo contrario, promovió una actitud de sufrimiento paciente que llegara hasta el martirio en caso necesario, confiados en que Dios vindicaría a los justos en el tiempo que él escogiera.

La descripción de los eventos que concurren para la realización de cierta finalidad es característica de este tipo de literatura judaica. El Personaje Celestial se levantará de su trono y saldrá con indignación e ira por causa de los malvados. La tierra temblará, las altas montañas serán arrasadas, y las colinas serán sacudidas y destruidas; el sol se obscurecerá, la luna no alumbrará y será convertida en sangre; las estrellas saldrán de sus órbitas; el mar se retirará los abismos, y los ríos se secarán. Entonces el Dios eterno aparecerá para castigar a los gentiles y destruir todos sus ídolos; Israel será feliz al ver a sus enemigos en el Gehenna, y se regocijará y dará gracias a su Creador.

(3) Los Secretos de Enoch. —Esta obra, que también es conocida como 2 Enoch, es otro apocalipsis que apareció en la primera parte del primer siglo del cristianismo. Expresa que descubrirá secretos que Dios ha revelado a Enoch. Cuando el vidente era llevado a través de los varios cielos, vio cosas maravillosas, inclusive los castigos impuestos a los pecadores y las bendiciones concedidas a los justos. En el paraíso encontró hermosos árboles, de entre los cuales sobresalía el árbol de la vida que producía toda clase de frutos. El jardín estaba guardado por cientos de ángeles que, sin estar nunca en silencio, siempre cantaban alabanzas al Señor. Tal es la herencia eterna de los justos, de los que al estar en la tierra soportaron toda clase de

sufrimientos infligidos por quienes hicieron irritar sus almas, y, a pesar de esto, anduvieron sin pecado delante del Señor.

El vidente pudo ver también la morada de los réprobos: era un lugar espantoso lleno de toda clase de suplicios y cubierto con una obscuridad torturante. La única luz que había era producida por las tenues llamas que subían del foso ardiente en que los pecadores estaban sufriendo su castigo. Allí se padecía toda clase de sufrimiento. Además, horrendos y

despiadados ángeles, armados con inflamadas armas, aumentaban el terror de ese lugar. Tales eran los tormentos reservados para los que, al estar en la tierra, con sus maldades habían ofendido a Dios.

Enoch, al llegar al décimo cielo, se encontró en la presencia de Dios, quien le dijo algo acerca de la fundación del mundo. Cada día de la creación representa mil años de duración, así pues, al fin de siete mil años aparecerá un mundo nuevo y eterno. La presente era terminará con un gran juicio, después del cual no habrá ni meses, ni días, ni horas, sino un eterno aión

(periodo de tiempo indefinido o inmensurable) que será heredado por los justos. Ellos vivirán allí eternamente, y nunca más volverán a experimentar molestias, ni enfermedades, ni

humillación, ni ansiedad, ni violencia, ni noche, ni tinieblas, sino una luz esplendorosa.

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vez a la tierra por treinta días para que instruyera a sus hijos en los secretos de los cielos e insistiera en la importancia de vivir en el temor del Señor. Durante estos treinta días de permanencia en la tierra escribió trescientos sesenta y seis libros para la instrucción de sus hijos. Después de esto fue arrebatado otra vez y ascendido hasta el cielo más alto para morar con Dios.

(4) El Libro de Baruch. —Esta obra, conocida también como 2 Baruch, procura relatar las visiones que el escriba de Jeremías, Baruch, tuvo poco después de la primera destrucción de Jerusalén por Nabucodonosor, Rey de Babilonia. Es evidente que el escritor vivió en la época en que dominaron los romanos, y que en la última parte del siglo primero después de Cristo escribió para consolar a los judíos, poco después de la destrucción de Jerusalén ocurrida el año 70 A. D. Este libro, como otros apocalipsis, hace ver que aunque puede parecer que los

pecadores triunfan temporalmente, los justos son amonestados para que perseveren en la piedad y sepan que Dios, en el tiempo que él escoja y que será el más conveniente, vendrá para

ayudarlos y les concederá una gloriosa recompensa; y en cambio castigará terriblemente a quienes hayan sido enemigos de ellos.

En este libro se presenta a Baruch como si permaneciera entre las ruinas de Jerusalén mientras los cautivos eran llevados a Babilonia; y cuando duerme tiene una visión en la cual ve un orgulloso cedro que simboliza al arrogante Imperio Romano. Dios interpreta la visión y muestra a Baruch cómo se va desenvolviendo la historia hasta la venida del Mesías. Al vidente se le informa que el Reino de Babilonia será sucedido por el dominio de los persas, quienes a su vez serán subyugados por los griegos. Finalmente aparecerá el cuarto reino: el romano: este ejercerá su poder con mucho más rigor y maldad que sus predecesores; y aunque se exalte sobre los cedros del Líbano, el Imperio Romano a la postre llegara a un fin repentino y

vergonzoso por causa del advenimiento del Mesías. Este Príncipe celestial destrozara al ejército romano, dejando con vida solamente al último emperador, el cual será atado y llevado hasta el Monte Sion. Entonces el Mesías lo sentenciará a sufrir un castigo por todas las impiedades que ha cometido, y reunirá y pondrá delante de él toda la destrucción que sus ejércitos hayan

consumado. El emperador entonces sufrirá la pena de muerte, y el escogido pueblo de Dios será protegido.

Baruch, después de haber ayunado mucho, fue favorecido con nuevas revelaciones concernientes a la futura edad de oro del gobierno mesiánico. A medida que estos eventos se acercan, aumentan los terrores de los últimos tiempos; pero los justos que sobrevivan serán debidamente recompensados, y los que hayan muerto serán restaurados a la vida; la tierra devolverá los muertos en la misma forma en que los recibió; el juicio vendrá después de la resurrección; los pecadores serán consignados al tormento, mientras los justos reciben un esplendor que supera al de los ángeles. Los píos que hayan sufrido y que hayan conservado esta fe, esperaran, con actitud expectante el día de su Liberación.

(5) El Libro IV de Esdras. —Este libro, como el de Baruch, fue el resultado de las calamidades que sobrevinieron a los judíos en la última parte del primer siglo de la era cristiana. El libro describe siete visiones que tuvo Esdras en el tiempo del exilio; pero el dolor de Esdras a causa de la destrucción de Jerusalén por los babilonios, es un artificio literario para expresar el dolor producido por el saqueo y la matanza que los romanos consumaron en la Santa Ciudad. Esdras pregunta por qué a Israel, a quien Dios ha escogido, se le deja que sufra tan severamente a manos de los inicuos. En respuesta a esta pregunta, un ángel dice a Esdras que el amor de Dios para Israel en nada ha menguado, pero que sus divinos designios para con el mundo son muy amplios y trascendentales para ser fácilmente entendidos por los mortales. El plan de Dios

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abarca una final y gloriosa liberación de su pueblo. Este malvado mundo actual debe continuar existiendo hasta que llegue el momento escogido por Dios para intervenir en él. El aumento de los pesares debe infundir aliento y valor, porque mientras más pronto ocurran los sufrimientos más inminente es el fin catastrófico. A medida que el fin se acerque, toda la naturaleza perderá su armonía: el sol aparecerá a media noche, y la luna brillará en la tarde; de los árboles brotará sangre, y las piedras hablarán; los peces que estén en la mar morirán; habrá erupciones volcánicas; prevalecerá la ignorancia, y el pecado tendrá el predominio.

La segunda y la tercera visión que tuvo Esdras se refieren al mismo problema. A Esdras se le asegura que el presente mundo malo aceleradamente se está acercando a su fin. En cambio, una nueva era que va a ser creada por Dios mismo, está reservada para los fieles. Cuando la maldad haya alcanzado su clímax, la Nueva Jerusalén será manifestada; el justo Israel morará con el Mesías en perfecta bienaventuranza durante cuatrocientos años; al fin de este período todos morirán, el Mesías inclusive, y la creación volverá al silencio del caos primitivo. Entonces seguirá la nueva creación, los muertos resucitarán, los justos recibirán sus recompensas en el paraíso, y los impíos serán arrojados en el Gehenna para sufrir el castigo.

La cuarta visión revela las glorias de la Jerusalén celestial preparada para los justos. Esta visión fue dada especialmente a Esdras para aliviar su dolor.

La quinta visión retrata la caída de Roma. El vidente mira un águila monstruosa con muchas alas y tres cabezas, simbolizando el poder de la Roma Imperial. Mientras Esdras mira con fijeza a este ser viviente, un león, que representa al Mesías, aparece en escena y anuncia la pronta destrucción del águila. Así el vidente judío queda firmemente convencido de que él está al fin de la era en que la caída de la soberbia Roma es inminente. Al considerar esta convicción que Esdras tiene, nos damos cuenta de que él y su contemporáneo Juan ocupan un terreno común, siendo este escritor sagrado quien por diferentes razones predijo una devastadora destrucción del Imperio Romano. Los judíos piadosos no habían de desalentarse puesto que los planes de Dios incluían la destrucción del gobierno romano y el establecimiento de un régimen mesiánico.

Tal es el contenido, dicho con brevedad, de los escritos apocalípticos que existían entre los judíos. La duración de esos apocalipsis o revelaciones judíos es un testimonio de que ese tipo de literatura era popular entre la gente de esa época y de que era de gran valor para esta misma gente. Cuando Juan, el cristiano escritor del Apocalipsis, ofreció a sus compañeros de sufrimientos la esperanza de la destrucción de Roma y la victoria de la causa de Dios, estaba siguiendo un bien transitado sendero que conducía hasta acontecimientos pasados con los cuales estaban familiarizados. Juan, al utilizar confiadamente los conjuntos de imágenes apocalípticas para solucionar sus dificultades, estaba actuando en un ambiente que era completamente análogo al de muchos cristianos, los cuales estaban familiarizados con estos antecedentes judíos de su propia religión.

II. CARACTERÍSTICAS DE LA LITERATURA APOCALÍPTICA

La tarea de clasificar las muchas características de la literatura apocalíptica, parece interminable.

Algunos autores dan una clasificación general que abarca a toda esa literatura. Otros dan las características de los apocalipsis judíos solamente. Sin embargo, otros hacen una lista de las características del Apocalipsis del Nuevo Testamento. Parece que hay tantas clasificaciones de características como hay interpretaciones del libro; y éstas son legión. La clasificación que

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seguimos aquí es en gran parte arbitraria. En esta obra se hace un esfuerzo especial para señalar todas las principales características de esa literatura cuando se relacionan con el libro del

Apocalipsis.

1. La literatura apocalíptica siempre tuvo un significado histórico.

Siempre hubo alguna situación histórica con la cual estuvo conectada; y los elementos de esta situación histórica están representados por las imágenes que se usan en este libro. Debe tenerse en cuenta que el conocimiento de la situación histórica de la cual procedió la obra apocalíptica, en gran manera facilita la interpretación. Esto no puede hacerse con perfecta seguridad en todos los casos; pero todas las evidencias indican que la persecución de Domiciano es el fondo histórico del Apocalipsis.

La verdad patente es que un conocimiento de la situación histórica presta mucha ayuda para determinar la correcta interpretación. Se ha hecho notar que el principal propósito de la literatura apocalíptica era proporcionar consuelo, seguridad, y valor en los tiempos difíciles. Conocer los tiempos de que se trata es conocer el valor que se necesitaba y entender mejor el mensaje utilizado para producir ese valor. Desconocer la situación histórica es desconocer la parte principal en la tarea de la interpretación.

2. En general, la literatura apocalíptica es de paternidad pseudónima.

Los escritores de estos libros casi siempre escribieron usando el nombre de algún famoso hombre del pasado, como Enoch, Abraham, o Moisés, más bien que sus propios nombres. Sin duda alguna hubo diferentes razones que los hicieron proceder de esa manera, y en la actualidad es difícil entender por qué actuaron así aquellos hombres espirituales que tenían un importante mensaje. Para el autor de esta obra, sin duda alguna, en esa manera de proceder no había nada que fuera contrario a la ética, puesto que usaron mucho material procedente de fuentes antiguas a las que, en muchos casos, mencionaron porque debían ser mencionadas. Además, el escritor hebreo estaba casi completamente exento del orgullo que podía producirle el hecho de ser autor y no mostró ningún celo por sus derechos literarios; poco le interesaba su fama personal: su única finalidad era servir a Dios y cooperar para la felicidad de la nación.

Otra razón para que este método fuera seguido, ha sido sugerida por Charles6 después de un estudio de toda la literatura apocalíptica judía relacionada con las condiciones y actitudes a las cuales se refiere. Cuando la Ley alcanzó la supremacía entre los judíos, como pretendía ser la completa revelación de Dios, no dejó lugar para ninguna clase de profecía. Cuando la idea de una ley inspirada —adecuada, infalible, y válida para todos los tiempos— llegó a ser un dogma aceptado por el judaísmo, como llegó a serlo en el período posterior al exilio, no hubo lugar para que un independiente representante de Dios apareciera con el mensaje de Dios.

Partiendo de este principio, Charles indica que después del tiempo de Esdras y de Nehemías, el profeta que en su propio nombre pregonaba una profecía no podía esperar que lo escucharan. La Ley impedía que fueran recibidas falsas verdades, a menos que el libro que las contenía tuviera como su autor uno de los grandes nombres del pasado. Los representantes oficiales de la Ley fueron reducidos al silencio en parte, y no pudieron hablar contra el derecho y la autoridad de esos nombres.

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judaísmo. La profecía y la apocalíptica, que habían ejercido una influencia decisiva en muchas de las grandes crisis de la nación y que habían dado origen y forma a la más elevada teología del judaísmo, fueron desalojadas de sus posiciones de autoridad secundaria y desaparecieron absolutamente o fueron relegadas por completo al olvido.

Por lo tanto, todos los apocalipsis judíos, desde el año 200 antes de Cristo en adelante, si es que deseaban ejercer una notable influencia en la nación, por necesidad tenían que ser pseudónimos. Como la Ley era todo, la creencia en la inspiración estaba muerta entre ellos, y su canon ya estaba cerrado. Charles opina que esto no fue cierto en relación con el Apocalipsis del Nuevo Testamento, como se tratará cuando se discuta la paternidad literaria del libro del

Apocalipsis.

Allen7 presenta además una tercera razón por la cual se considera como un acto de cordura el hecho de esconder el nombre del autor de la literatura apocalíptica. Esta razón es muy personal del autor de los libros en discusión. Antes se ha hecho notar que los libros de este tipo tuvieron libertad para profetizar la ruina de los poderes políticos que dominaban en ese tiempo. Si se hubiese escrito un libro, ocultando el nombre del autor, y el libro hubiera caído en manos de las autoridades, esto habría hecho que ellas hicieran investigaciones y castigaran a la persona de quien sospecharan que era la autora del libro, aunque no lo fuera; pero si las autoridades pensaban que el libro había sido escrito mucho tiempo antes, no había nada que pudieran hacer sino esforzarse porque el libro desapareciera ya que el autor estaba fuera del alcance y del poder de ellas. A primera vista, este motivo para ocultar el nombre del escritor de los apocalipsis parece que es indigno; pero cuando se consideran todas las circunstancias, inclusive el bien realizado por una obra que de otra manera no podría haber sido aprovechada por el pueblo, toda crítica desaparece.

3. Una tercera característica de la literatura apocalíptica es la presentación del mensaje por medio de visiones.

Este método fue usado muy a menudo por los profetas, mas en los escritos

apocalípticos llegó a ser el principal método para expresar la verdad. Estas visiones varían: desde las escenas que ocurren en el cielo hasta las escenas que ocurren en la tierra; en ellas abundan los mensajeros celestiales o ángeles que son agentes de Dios comprometidos a hacer que la revelación divina llegue al vidente.

Se ha discutido mucho si en realidad los escritores vieron, o no, las visiones que describen. Algunos comentaristas se inclinan a creer que el escritor vio la verdad que había de ser comunicada; y de la experiencia, de las condiciones y de la literatura que tenía a su

disponibilidad formó las imágenes y las visiones que usó. Los eruditos tienen opiniones diferentes en cuanto a esto; pero todos están de acuerdo en que el asunto más importante es el valor religioso de la enseñanza y no la forma usada para presentar la verdad.

Un concienzudo estudio del Apocalipsis del Nuevo Testamento deja la profunda impresión de que las visiones mencionadas en él fueron realidades objetivas que Juan vio. Esta impresión proviene tanto de la naturaleza de los símbolos y figuras que aparecen en el curso de las visiones, como de los pasajes en los cuales Juan declara que las visiones fueron objetivas.8 Tal vez esto es asunto de poca importancia. Sin embargo sean objetivas o sean subjetivas las visiones, presentan la misma verdad.

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literatura apocalíptica. El asunto que se trata se atribuye a una revelación especial, comúnmente transmitida en visiones, éxtasis, o raptos, dentro del mundo invisible. La visión, o el rapto, en los escritos apocalípticos, es una forma literaria elaborada con abundancia de pormenores, a menudo con extraño simbolismo y con fantásticos conjuntos de imágenes. La manera usada en estos escritos para revelar las cosas escondidas es lo que ha dado a éstos el nombre de

apocalipsis.

4. Como cuarta característica de la literatura apocalíptica encontramos un elemento predictivo.

Un examen de las condiciones de las cuales se originó esta clase de literatura nos

mostrará la verdad de que en ella se trata del futuro. Como ya se ha observado, el término "apocalíptico" era el más apropiado para aquellos días y condiciones tenebrosos: el término se refería al presente como un tiempo de maldad, de tumultos, de persecuciones, de cataclismos, pero predecía un futuro que sería un período glorioso de vindicación y triunfo, tiempo en que quedaremos libertados de los obstáculos que aquí nos estorban. Así pues, se puede notar que por lo común la descripción del futuro es general, y trata del carácter de los evangelios más bien que de los pormenores. Al tratar estos aspectos en la interpretación debe procederse con cautela y debe evitarse el dogmatismo.

5. Una de las principales características de la literatura apocalíptica es el uso del símbolo.

Entre los escritores de esta clase de literatura se desarrolló un elaborado sistema de símbolos secretos y figuras de discurso para expresar ideas espirituales. El escritor se enfrentaba con la tarea de ver lo invisible, de describir lo indescriptible, y de expresar lo inexpresable. Por lo tanto, lo escrito está lleno de imágenes y símbolos que difícilmente se pueden entender, y esto hace que la tarea del intérprete moderno quede colocada muy lejos de aquellas condiciones sumamente difíciles. El simbolismo es un sistema en el que las cualidades, las ideas, los principios, etc., están representados por cosas concretas. Estos símbolos tenían un significado para los iniciados, mas para los que no estaban familiarizados con ellos eran una jerigonza desalentadora. Richardson9 se refiere a la noticia de que un hombre estaba en la cárcel porque "se echó al plato a un pájaro", y a la de un caco que de una caja fuerte sacó una "lana" que no le sirve ni para hacer una bufanda. Esta terminología es una ilustración de un lenguaje simbólico de un nivel muy bajo: lenguaje de doble sentido. Los escritores apocalípticos, impulsados por unas circunstancias nada buenas para ellos, y sí, en cambio, frecuentemente hostiles, en las cuales ellos y sus lectores vivieron, produjeron un sistema de símbolos, figuras, y claves por cuyo uso se facilitaban la transmisión de los mensajes con relativa seguridad. Esto demuestra que no podemos interpretar los símbolos como interpretamos la prosa, donde el significado salta a la vista.

El escritor usaba los símbolos como un método para comunicar sus pensamientos a

quienes estaban familiarizados con este procedimiento de comunicación, y al mismo tiempo ocultaba sus ideas a quienes no pertenecían a ese círculo. Los símbolos son a menudo

caprichosos más bien que naturales, como lo fueron las ilustraciones que usaron los profetas. El significado de la mayor parte de los símbolos es claro; pero hay algunos símbolos en cuya

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interpretación se pueden tener muy diversas opiniones. No es conveniente ser dogmático al tratar de estos símbolos. Parece que lo más prudente que se puede hacer al interpretar símbolos es seguir el método adecuado para interpretar las parábolas: encontrar la verdad central que se quiere presentar, y hacer que los detalles se acomoden de la manera más natural.

Uno de los usos principales de estos símbolos en esta literatura se encuentra en el simbolismo de los números. Hasta una lectura del Apocalipsis hecha con ligereza impresiona a uno por la frecuente repetición de ciertos números. Esto es cierto también en la otra literatura de esta clase que no pertenece al Nuevo Testamento. Por causa de este hecho parece que es

prudente incluir en esta obra una discusión del simbolismo de los números. La mayor parte de la discusión que sigue sobre este asunto es un sumario tomado de la obra de Wishart10 y ocasionalmente se hace referencia a otras obras.

El simbolismo de los números: El significado interior de los números era una especie de artificio que siempre había fascinado a la mente oriental. En aquellos tiempos antiguos, cuando el lenguaje era primitivo y pobre el vocabulario, algunas veces una palabra hebrea tenía varios significados. Bajo tales condiciones, los hombres naturalmente llegaron a usar los números como nosotros usamos las palabras: los números fueron símbolos de verdades morales o espirituales. Así, cierto número pudo haber sugerido cierto concepto definido. Los conceptos surgieron completamente de manera natural mediante ciertas asociaciones primitivas. Así como el sonido de una palabra dada, por el hábito mucho tiempo cultivado atrae la idea

correspondiente, así también cierto número, por causa de la asociación adquirida, atrajo un concepto definido. Tales números llegaron a ser símbolos, y no pueden ser leídos con la exactitud literal que empleamos cuando interpretamos fórmulas matemáticas.

De acuerdo con esta costumbre, cuando los hombres veían un solo objeto llegaron a asociar con el número "1" la idea de unidad o de existencia independiente; así este número siguió siendo considerado como símbolo de lo que era único y solo. Este número no aparece simbólicamente en el libro del Apocalipsis. Por supuesto, con alguna frecuencia aparece tal número como fundamento de otros números.

En medio de los peligros de la vida primitiva, por miedo a las fieras salvajes o a los ataques de sus enemigos que constantemente estaban delante de él, el compañerismo infundió valor al hombre: dos eran más fuertes y más eficaces que uno. Así el número "2" llegó a ser el símbolo de la fortaleza, de la seguridad, de la energía y del valor redoblado. En el hecho de que el Señor Jesús enviara a sus discípulos de dos en dos, hubo un significado simbólico. Era costumbre que dos testigos confirmaran la verdad, y el testimonio de ellos, que de otra manera hubiera sido débil, llegaba a ser un testimonio poderoso. Este número siempre significó fuerza aumentada, energía redoblada, poder confirmado. Así en el libro del Apocalipsis11 la verdad de Dios está confirmada por dos testigos que fueron muertos, resucitaron y ascendieron al cielo: esto simboliza un testigo poderoso que prospera, en seguida parece que fracasa en la tierra solo para ascender otra vez y entrar triunfalmente en el cielo. Tambien12 hay dos bestias salvajes que mutuamente se protegen a medida que desencadenan una guerra contra la causa de la justicia; constituyen un formidable enemigo; pero contra ellos Dios tiene un "doble" instrumento de guerra: el Cristo conquistador y la hoz

del juicio. Evidentemente esto fue bastante para derrotar a las dos bestias. Así, simbólicamente, vemos que la causa de la justicia triunfa sobre el mal.

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Wishart insinúa que el hombre, en su hogar primitivo, encontró lo más divino que la vida hubiera podido ofrecerle: amor paternal, amor maternal, amor filial. Descubrió que Dios se manifestaba en la relación que había entre el amor y la bondad y los afectos que existían en su propia familia, y comenzó a pensar en el número "3" como un símbolo de lo divino. En los mementos en que estaba más pensativo llevó retrospectivamente esa idea hasta su concepto de Dios. Por esta razón, sin duda, aparecen vislumbres de la Trinidad no sólo en la teología de los hebreos sino también en los sueños de los griegos. Lo más divino en la vida era "3" y el origen divino de la vida era "3". Aquí, el amor paternal, el amor maternal y el amor filial servían como fundamento esencial del mundo. También aquí estaban los reflejos de los grandes misterios que expresamos con los términos de "Padre", "Hijo", y "Espíritu Santo". "Tres" había de expresar el pensamiento de lo divino.

Cuando el hombre salió de su casa y miró a su alrededor, no tuvo una idea del mundo moderno como nosotros lo conocemos ahora. Ni Copérnico se dio cuenta de todo lo que es el universo; para él el mundo era una vasta superficie plana con cuatro limites: el oriente, el

occidente, el norte, y el sur; había cuatro vientos que procedían de los cuatro lados de la tierra; y creía el hombre que había cuatro ángeles que dominaban a los cuatro vientos; al estar en la ciudad se colocó dentro del límite de cuatro paredes: así pues, cuando él pensaba en el mundo, pensaba en términos de cuatro. "Cuatro" llego a ser el número cósmico. En el Apocalipsis aparecen cuatro seres vivientes que simbolizan las cuatro divisiones de la vida animal del mundo. Hay cuatro jinetes que simbolizan a los cuatro poderes que destruyen al mundo cuando está en guerra. El mundo en que los hombres vivieron y trabajaron y murieron fue

convenientemente simbolizado por el número "4".

Después, el hombre se volvió del estudio de su hogar y del mundo que lo rodeaba, al estudio de sí mismo. Quizás nuestro sistema decimal provino del intenso estudio que algún hombre hizo de los dedos de sus manos y de sus pies. Fue una época brutal y cruel aquella en que muchos fueron mutilados y lisiados por causa de las enfermedades, de los accidentes y de la guerra: en aquel tiempo el hombre que tenía todos sus miembros intactos era un hombre completo, perfecto. Así pues, el número "5", que duplicado llegó ser "10", fue el símbolo de lo completo del ser humano: y, en relación con el simbólico número "10" fijémonos en que el deber completo del hombre fue resumido en los "10" mandamientos. La bestia con los diez cuernos fue la representación del poder completo que el gobierno tenía. En el Apocalipsis, el dragón, 13 la primera bestia, 14 y la bestia bermeja15 tienen respectivamente diez cuernos, y en el caso de esta última bestia se dice que los diez cuernos son diez reyes: los cuales

representaban el poder mundial completo que, de la manera en que existía en ese tiempo, pertenecía a Roma por causa del sistema de gobierno provincial que tenía. Como múltiple, el "10" ocurre también en muchos de los números más grandes que se mencionan en el

Apocalipsis: el "70" es un número que representa algo muy sagrado, el "1000" representa lo que esencialmente está completo: lo que tiene la calidad de completo en un grado indefinido, etc.

Cuando el hombre comenzó a analizar y a combinar los números, produjo otros

símbolos interesantes. Por ejemplo, tomó el número "4" que representa a un mundo perfecto, lo agregó al número "3" que representa a la divinidad perfecta, y obtuvo el "7", el cual para los hebreos es el número que representa lo más sagrado. Por lo mismo, parece como si la tierra estuviera coronada con el cielo: es decir, se expresa la perfección de la tierra más la divina integridad de Dios. Así pues, el "7" expresa lo completo, lo íntegro, por medio de la unión de la tierra con el cielo. Este número se ve muchas veces en el libro del Apocalipsis: hay siete

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cada una, excepto la última, dividida en siete partes. El número sagrado, multiplicado por el número "10" que representa lo completo, produce el muy sagrado número "70." El supremo tribunal judío tenía setenta miembros, y el Señor Jesús preparó y envió setenta obreros. En una arrolladora figura presentó la idea de lo ilimitado del perdón cristiano, cuando a uno de sus discípulos le dijo que debía perdonar a su hermano setenta veces siete.

Tratando de la multiplicación, digamos que el número "4" fue multiplicado por el "3", y el resultado "12" llegó a ser un símbolo bien conocido. En el pensamiento religioso hebreo el número "12" fue el símbolo de la religión organizada en el mundo. Así pues, hubo doce tribus de Israel, doce apóstoles, y en el libro del Apocalipsis se habla de las doce puertas de la Santa Ciudad. Este número fue multiplicado hasta llegar a 144,000, con el cual el escritor de nuestro Apocalipsis quiso representar la seguridad de que un número perfecto de señalados estaría a salvo de la ira de Dios que se derrama sobre la tierra.

En cuanto a la división, el número "7", que representa lo perfecto, fue dividido en mitades. El resultado, "3 1/2", llego a expresar lo incompleto, lo que era imperfecto. Simbolizó los vehementes anhelos no satisfechos todavía, las aspiraciones no realizadas. Cuando el escritor de literatura apocalíptica quiso describir esa condición, cuando se dio cuenta de que era necesario describir al mundo que esperaba algo que no había llegado, cuando vio a los hombres en confusión y desesperación buscando la paz y la luz, usó el número "3 1/2" para expresar todo aquello. Esas ideas se expresaban de diferentes maneras: "3 1/2", "un tiempo, y tiempos, y la mitad de un tiempo", "cuarenta y dos meses", "mil doscientos y sesenta días"—: todas estas expresiones tienen el mismo significado. En el Apocalipsis se dice que dos testigos

predicaron"3 1/2" anos: un tiempo indefinido; el patio del templo fue hollado por los impíos "cuarenta y dos meses" (3 1/2 años); los santos fueron perseguidos cuarenta y dos meses; la iglesia estuvo en el desierto "1.260 días". El número "3 1/2" o su equivalente siempre

representó lo indefinido, lo incompleto, lo insatisfecho; pero en todo eso estaban la esperanza y la paciencia esperando un tiempo mejor en que la verdad fuera libertada del cadalso y puesta en el trono que usurpó el error.

Queda un número del cual vamos a ocuparnos en este estudio del simbolismo. Para los judíos el número "6" tenía un significado siniestro. Si el "7" era considerado como el número sagrado, el "6" se quedó corto y fracasó. El "seis" era algo así como la carga militar que es derrotada cuando casi tenía el triunfo; en sí mismo tenía poder para dar el golpe destructor; representaba lo que en sí mismo había tenido la posibilidad de ser grande, pero no había podido alcanzar esa grandeza. El "6" era para los judíos lo que el "13" es en la actualidad para mucha gente: un número de mala suerte. Algunos edificios de algunas ciudades (de los Estados

Unidos del Norte de América) no tienen el piso número trece: del doce pasan al catorce, porque nadie quiere tomar rentados los cuartos del piso trece para oficinas. De parecida manera

algunos hoteles tienen cuarto número 12, cuarto número 12A, cuarto número 14, etc.; pero no tienen el cuarto número 13, porque nadie quiere dormir en un cuarto que tenía el número 13. Es muy posible que el temor que infunde este número se remonte hasta la noche en que trece hombres partieron el pan en la misma mesa: del cuarto en que estaban, uno de los hombres salió para cometer la traición más negra que registra la historia, y el otro para consumar el supremo sacrificio que menciona la historia. Así pues, el "6" era un número malo para los judíos. Es importante que recordemos esto cuando tratemos del número "666" al estudiar el libro del Apocalipsis.

De esta observación del uso simbólico de los números se sigue que los números mencionados en el libro del Apocalipsis no se han de entender como si representaran un valor

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