Segunda Parte – Interpretación Introducción
ALABANZA Y CONSUELO, 2:9, 10ª
I. EL DIOS REINANTE, 4:1-
La expresión, Después de estas cosas, se refiere a los asuntos preliminares tratados en los capítulos 1 al 3, y se usa para presentar las visiones en su orden sucesivo. Con dicha
declaración Juan principia su relato de las visiones que muestran cómo Dios rescató a su pueblo del peligro de la persecución que se llevaba a cabo por órdenes de Domiciano. Era necesario tener una visión del Cristo triunfante antes de que las visiones subsecuentes tuvieran algún significado. Asimismo era necesario mostrar las condiciones en que estaban las iglesias para que pudiera conocerse el verdadero significado de lo que sigue. Esto indica que el libro fue escrito para infundir valor a las personas que fueron las primeras en recibir dicho libro, y no solamente para revelar acontecimientos que se realizarían en la consumación de los siglos varios centenares o millares de años después de la época de Juan.
El primer objeto que Juan vio en esa visión fue una puerta abierta en el cielo: por esa puerta podía ver lo que sucedía en el cielo. Juan fue invitado por la primera voz (1:10, que es la voz de Cristo) para ocupar un lugar conveniente desde donde pudiera ver las cosas como Dios las veía. Lo que Juan veía al estar en Patmos era un cuadro obscuro, sombrío; pero cuando pudo ver las cosas como Dios las veía, el color cambió por completo. Viendo Juan las cosas como Dios las veía, pudo ver el eterno trono de Dios y darse cuenta de que ni siquiera se movía ligeramente por las amenazas de Domiciano y de los hombres que en carácter eran iguales a él. Viendo los acontecimientos como se veían en el cielo no quedó duda en cuanto a lo que resultaría de la lucha en que los cristianos estaban. La experiencia espiritual de Juan fue intensificada directamente y él pudo ver la primera garantía de la victoria: a Dios en su trono.
Los cristianos necesitaban una seguridad, y ya la tenían: Dios no había abdicado a favor de Domiciano ni de ningún otro hombre; y en el centro mismo de la visión se veía al Dios soberano sentado en su trono.
El nombre de Dios no se menciona sino hasta el versículo 8; pero no hay ninguna duda en cuanto a la identidad de la persona descrita en los versículos anteriores: en el versículo 3 se dice que era al parecer semejante a una piedra de jaspe y de sardio; ("era, al mirarle, como piedra de jaspe y cornalina", V. H. A.), Quizás la transparencia de la piedra de jaspe simboliza la santidad de Dios, y el color rojo sanguinolento de la piedra de sardio ("cornalina", V. H. A.) simboliza su rectitud.
Alrededor del trono de este santo y justo Dios había un arco celeste... semejante a la esmeralda. Esto es símbolo de esperanza o de misericordia. El color verde "vivo" es la
característica predominante de este arco celeste o arco iris. Según Génesis 9:12-17 el arco iris fue dado como un símbolo de esperanza en medio de aquel juicio. Parece que aquí también representa una esperanza viva en medio del juicio; es una esperanza basada en la fidelidad de un Dios que estaba haciendo un pacto. Ese esplendor de Dios que inspiraba temor reverente aumentó con esa visión que es una prueba de que hay esperanza y misericordia. La justicia punitiva de Dios se aplicará a quienes intentan destruir su causa; pero su gracia y su misericordia siempre se manifestarán a favor de su pueblo.
Veinticuatro sillas ("tronos", V. M., V. H. A., N. P.) Estaban alrededor del trono
principal (4:4), y en ellas estaban sentados veinticuatro ancianos. Se han dado varias opiniones para identificar a esos veinticuatro ancianos: Carroll3 dice que representan el sacerdocio eterno del pueblo de Dios; Dana4 los considera como símbolo del destino victorioso de los santos mártires de Asia Menor; otros5 piensan que representan a los doce patriarcas de Israel y a los doce apóstoles del Nuevo Testamento uniendo a los redimidos de las dos épocas en un destino de triunfo y de gloria con Dios. Parece que esta interpretación es la mejor. El número "24" es el número "12" duplicado, el cual simboliza la religión organizada. Toda esta escena simboliza el consuelo para los cristianos perseguidos que estaban haciendo frente a la muerte misma. ¿Qué importaba esto? Después de la muerte estarían perfectamente seguros en la presencia de Dios, vestidos con vestiduras blancas, las cuales simbolizaban que estaban libres de cometer
fornicación espiritual que es la adoración a los ídolos, y podrían ceñirse sus coronas de oro como símbolo de su victoria sobre el enemigo. El Señor animó dos veces a los doce (Mateo 19:28; Lucas 22:30) infundiéndoles la seguridad de que reinarían con él. Ahora bien, toda la escena que aquí se presenta es el símbolo de que todos los fieles reinarán con el Señor.
El siguiente símbolo representa las manifestaciones de la ira divina (4:5a): del trono de Dios salían relámpagos y truenos y voces que mostraban el enojo de Dios contra los enemigos de la cruz. En Éxodo 19:16 está una manifestación semejante de la presencia y de la voz de Dios. Se exhiben estas señales de su presencia y de su poder que producen terror, para mostrar los poderes latentes de su omnipotencia que puede descargar su venganza sobre quienes son enemigos de los cristianos, a los cuales se les simboliza con los veinticuatro ancianos. Dios no ha abandonado a su pueblo a merced de sus enemigos.
Las siete lámparas de fuego, de las cuales se dice que representan los siete Espíritus de
Dios (4:5b), son otro símbolo: las lámparas dan luz, y el "7" es el número perfecto. Los siete
Espíritus representan a Dios en su esencia espiritual perfecta. Por lo tanto, aquí puede estar simbolizada la perfecta operación del Espíritu Santo en su obra de iluminar y revelar a los hombres las cosas de Dios, como una prueba de la soberanía de Dios.
Según 4:6a, delante del trono había como un mar de vidrio semejante al cristal; ("como un mar transparente, parecido al cristal", V. H. A.): ese mar al estar delante del trono hacía que éste fuera inaccesible. Esto es símbolo de la trascendencia de Dios. Así como el verdadero mar separaba a Juan de las iglesias a las cuales estaba escribiendo, así también por el mar de cristal el Dios trascendente quedaba separado de su pueblo. En Apocalipsis 21:1 se nos dice que "el mar ya no es" y que los hombres estarán en directo compañerismo con Dios. De manera parecida los perseguidos cristianos habían estado separados de Dios; pero esta separación no duraría siempre.
Los cuatro animales ("cuatro seres vivientes", V. H. A., V. M.: "cuatro criaturas vivas",
N. P.), según 4:6-8, son el siguiente símbolo de la soberanía de Dios. Estos seres estaban en medio del trono, y alrededor del trono ... llenos de ojos delante y detrás ... Y los cuatro animales tenían cada uno por sí seis alas alrededor, y de dentro estaban llenos de ojos; ("Y
los cuatro seres vivientes, teniendo cada uno de ellos seis alas, están llenos de ojos alrededor y por dentro", V. M.; "Estos cuatro seres vivientes tenían cada uno seis alas, y estaban llenos, alrededor y por dentro, de ojos", V. H. A.; "Y las cuatro criaturas vivas, tenían, cada una de ellas en sí, seis alas; alrededor y por dentro de estas estaban llenas de ojos", N. P.). Esas "criaturas vivas" tenían diferentes aspectos: la primera era semejante a un león, la segunda a un
becerro, la tercera tenía la cara como de hombre, y la cuarta parecía águila. Cada uno de estos
seres tenían seis alas: y de día y de noche, sin cesar, emitían palabras de adoración a Dios. Hay dos interpretaciones —que se consideran como las principales— en cuanto al simbolismo de estas cuatro "criaturas vivientes", las cuales no son "bestias" o animales brutos, como los mencionados en 13:1, 2, 11; pues para designar a esos "seres vivientes" y a estas "bestias", en el griego se usan palabras diferentes.
Una interpretación dice que aquellos animales o seres vivientes representan los atributos de Dios que nos hacen saber que él está ejerciendo una eterna vigilancia en beneficio de su pueblo.6 Según esta teoría, el león representa el valor, el becerro representa la fuerza, el hombre representa la inteligencia, y el águila representa la prontitud o velocidad. Junto todo esto (sigue diciendo esa interpretación) simboliza la eterna vigilancia que Dios ejerce a favor de su pueblo, pues no lo ha olvidado, es poderoso para vengarlo y con prontitud puede ejecutar la venganza. Esta interpretación sería muy atractiva si no fuera por el hecho de que en el versículo 8 se presenta a tales seres vivientes adorando a Dios, y en 5:8 se les presenta postrándose ante el Cordero para adorarlo. Esto último no está muy de acuerdo con la idea de que se trata de esos atributos.
La otra interpretacion7 enseña que aquellos seres vivientes representan la cuádruple división de la vida animal, de modo que todos los seres vivientes creados por Dios están adorándolo. Según esta interpretación el león representa la vida animal salvaje, el becerro representa la vida animal doméstica, el hombre representa la vida humana, y el águila representa la vida de las aves. A todos estos seres vivientes se les presenta en actitud de vigilancia u observación para adorar y reverenciar constantemente a Dios; asimismo se presenta a toda la creación —el hombre, la bestia, y el ave— como si la hubiera glorificado con él, haciendo esto como parte de su soberanía. Cada uno de dichos seres tenía seis alas, y si esto tiene alguna relación con los serafines de seis alas que se mencionan en Isaías 6:2, entonces podemos inferir que por la manera de usar un par mostraban reverencia, por la manera de usar otro par
mostraban humildad, y por la manera de usar el tercer par mostraban obediencia inmediata al mandato de Dios. Dice Juan que aquellos seres estaban en medio del trono, y alrededor del
trono: la sugestión que en cuanto a esto hace Smith8 en "American Commentary" parece la más
lógica: los animales estaban alrededor del trono, de manera que cada uno estaba en la parte central, o sea en medio de cada uno de los lados del trono; y como tenían ojos delante y detrás, cualquiera de esos seres podía ver a los demás que rodeaban el trono, sin que lo impidiera el lugar en que aquel ser estuviese. Así pues, los cuatro seres estaban observando y preparados para tributar alabanza y adoración a Dios. La escena entera es tal que infunde valor a los obedientes y terror a los desobedientes; y en realidad esto es lo que hace la soberanía de Dios.
Esta escena, en la cual se contempla a Dios en su trono, se termina con un tributo de loor (4:9-11). Nótese que el tributo es doble. En primer lugar, los cuatro seres vivientes tributan
gloria y honra y alabanza ("acciones de gracias", V. M., N, P.) al soberano y eterno Dios; esas
criaturas vivientes estaban adorando al eterno Dios, no al efímero Domiciano. En segundo lugar, los veinticuatro ancianos, que representan a la humanidad redimida, se postraban
delante de Dios que estaba en su trono, se quitaban sus coronas y las ponían delante del trono
de Dios, y alababan a Dios por su gran poder creador. Solo Dios es digno moralmente de recibir honra y gloria y dominio porque todas las cosas son suyas por derecho de creación. Este "Himno de la Creación" que acabamos de considerar fue dirigido a Dios como una alabanza; y en 5:9, 10 podemos leer un "Himno de Recreación (Redención)" que se dirige a Cristo como una alabanza.
En este capítulo 4 —que es donde comienzan las visiones— a modo de sumario encontramos la verdad de que hay un Dios soberano, eterno, creador, protector de su pueblo, castigador de los desobedientes. Dios está en su trono; y aunque los enemigos de la cruz se enfurezcan contra él, él continúa inmovible. El Dios invencible y soberano como centro de actividad es el personaje en quien se hace énfasis en este capítulo. Tales eran los consuelos y esperanzas proporcionados a los perseguidos cristianos que había en Asia Menor en el primer siglo y a todos los cristianos de todos los siglos; así pues, el sufrimiento es temporal solamente, porque Dios es defensor de su pueblo.