• No se han encontrado resultados

LAS COPAS DE LA IRA, 16:1-20:

In document DIGNO Cordero por Ray Summers (página 131-150)

Segunda Parte – Interpretación Introducción

INTERMEDIO: PROTECCION PARA LOS REDIMIDOS, 7:1-

D. Smith: Esto es una visión del cuidado de Dios a favor de su pueblo en medio de las

III. LAS COPAS DE LA IRA, 16:1-20:

Algunos han calificado a esta visión de salvaje y fantástica. Esto no es una

escenificación figurada de acontecimientos verdaderos que los cristianos de Asia hubieran visto; simboliza que la ira de Dios sería rápidamente ejecutada para consumarse con gran poder al caer sobre el Imperio Romano. Este Imperio todavía estaba fuerte y no parecía que hubiese algún peligro de que se desintegrara. Mas, para uno que estaba iluminado por el Espíritu de Dios como lo estaba Juan, el Estado ya estaba en ruinas. Así pues, el apóstol deja atrás la historia y navega en la imaginación hacia un futuro todavía desconocido; 19 y cuando a los ángeles se les permite volar van en rápida sucesión a ejecutar la ira de Dios sobre el gran enemigo de su causa divina y de su pueblo.

Hay muchas semejanzas entre estas plagas y las producidas por las trompetas: como las plagas producidas por las trompetas, así también las producidas por las copas representan calamidades sobre la naturaleza y sobre el hombre; y una parte de las plagas simbolizadas en este pasaje es paralela a las plagas egipcias, como en el caso de las plagas producidas por las trompetas. Sin embargo, hay algunas notables diferencias entre las plagas producidas por las trompetas y las producidas por las copas, por ejemplo: los juicios consumados por las

trompetas fueron llamamientos a la gente para que se arrepintiera, mas los juicios consumados por las copas eran castigos que vendrían cuando ya hubiera pasado toda oportunidad para arrepentirse; los juicios consumados por las trompetas eran parciales, pues afectarían solamente a una tercera parte de los objetos a los cuales eran dirigidos; en cambio los juicios de que tratan las copas eran finales, pues alcanzarían a todos los objetos a los cuales eran dirigidos; los juicios de las trompetas no perjudicaron a los hombres sino hasta que fue tocada la quinta, mientras que los juicios de las copas desde el principio dañarían a los hombres. Así pues, el simbolismo de las trompetas y el de las copas son paralelos. En la quinta calamidad de estas series que estamos mencionando, los medios usados como símbolos son diferentes; pero el objeto o fin simbolizado es el mismo. A medida que copa tras copa es derramada, el juicio va progresando hasta que al fin llega a la ciudad imperial. Cualquier intento que se haya hecho para determinar el significado especial de los objetos así castigados por la ira de Dios —la tierra, el mar, los ríos, el sol— todavía no ha tenido ningún éxito, y parece que cualquier intento que se haga para conocer dicho significado tampoco tendrá ningún éxito. Parece también que lo único importante en este pasaje es el efecto general de la ira retributiva de Dios. Por otra parte, puede notarse que las copas están agrupadas o distribuidas así: cuatro, dos, después un intermedio, y en seguida una copa más: exactamente como estuvieron distribuidos o agrupados los sellos y las trompetas.

1. La primera copa (16:1, 2) fue derramada sobre la tierra. El contenido de esta copa no

quemó a la tierra como lo hizo el fuego que se produjo después de que fue tocada la primera trompeta; sino que cayó sobre los hombres que estaban marcados con el nombre de la bestia y les produjo unas úlceras pestilentes y malignas.

2. La segunda copa (16:3) fue derramada en el mar: sus aguas se tornaron sangre, y todo ser viviente que había en ellas murió.

3. La tercera copa (16:4-7) fue derramada sobre las aguas dulces y, también estas se convirtieron en sangre. Entonces se oyó una voz que proclamaba la justicia de Dios al realizar este acto, puesto que él castiga teniendo en cuenta el pecado: como el Imperio en cierta ocasión hizo correr la sangre de los mártires cual si hubiera sido agua, así también todo lo que el Imperio encontraría para beber sería sangre: y lo merecía. ¡Los juicios de Dios son justos!

4. La cuarta copa (16:8, 9) fue derramada sobre el sol; entonces el sol envió sus candentes rayos para quemar con fuego a los malvados: estos estaban tan depravados que, a pesar de que estaban en medio del castigo, blasfemaban del nombre de Dios y no se arrepentían de los pecados que habían hecho.

Aunque las primeras cuatro plagas fueron lanzadas contra la naturaleza, su efecto fue sentido por los hombres; y las dos siguientes plagas fueron derramadas particularmente sobre los hombres.

5. La quinta copa (16:10, 11) fue derramada sobre el trono de la bestia: y su reino se hizo tenebroso, los súbditos padecían grandes dolores y por causa de estos se mordían la lengua; pero, sumidos en su perversidad, se negaron a abandonar sus cultos idolátricos.

6. La sexta copa (16:12) fue vertida en el río Éufrates: el río se secó, y quedó abierto el camino para que del oriente pudieran venir los enemigos del Imperio.

INTERMEDIO: LAS TRES RANAS, AGENTES RECLUTADORES AL SERVICIO DE SATANAS 16:13-16

Este intermedio está colocado entre el sexto y el séptimo símbolos de esta visión de las copas, exactamente como en las otras visiones. Cuando la sexta copa fue derramada quedó preparado el camino para la llegada de los partos, los cuales eran enemigos de Roma. Lo que se dice en este pasaje, por supuesto, es símbolo del ejército invasor que sería manejado por Dios en la guerra contra Roma. Cuando los tres aliados de las fuerzas del mal se dieron cuenta de la posibilidad de que los partos los atacarían, comprendieron que tenían que reunir a los reyes del mundo para combatir y derrotar a los mencionados partos.

Juan ve tres espíritus inmundos a manera de ranas: aparecieron fuera de las bocas del dragón, de la primera bestia, y de la segunda bestia, la cual es llamada falso profeta. En el idioma original no se usa ningún verbo para indicar de que manera aparecieron, pues el griego simplemente dice: "Y vi fuera de la boca del dragón..." Dana20 dice que las ranas fueron vomitadas; Swete21 opina que fueron exhaladas como el aliento, como cuando se arroja el aire hacia afuera: es decir, que el aliento de los tres aliados se volvió ranas. Lo repugnante de la visión nos inclina a aceptar la opinión de Dana; y la idea de que malas influencias fueron exhaladas nos hace admitir la opinión de Swete. Tal vez esto se refiere a algo inmaterial. Estas tres ranas, a las cuales se les llama también espíritus de demonios, son enviadas por los tres malvados aliados para que engañen a los reyes de todo el mundo y los hagan partidarios de Roma en el conflicto que se aproxima. Esos "espíritus de demonios" o "ranas" cumplieron su

comisión de engaño y reunieron a los reyes en el campo de batalla, en un lugar llamado

Armagedón ("Harmagedon"); pero esta batalla no se libró desde luego, sino hasta después de

que ocurrieron otros acontecimientos, y de ella se habla en el capítulo 19.

Lo que acaba de mencionarse es el símbolo; y ¿qué es lo que significa? Los intérpretes futuristas22 no encuentran dificultad en esto, pues no creen que sea necesario dar una

interpretación de Armagedón, lo cual termina la historia del mundo y asegura el trono de Dios para sí mismo. Ni esta opinión ni la de quienes siguen el método histórico-continuo de

interpretación tienen ningún significado para quienes necesitaban más el mensaje de Juan: los perseguidos cristianos de Asia Menor. El grupo mencionado en segundo lugar23 aplica todos estos símbolos a la apostasía de la Iglesia Católica Romana; por lo mismo dice que el hecho de secarse el río Éufrates simboliza la enseñanza que impartió la Reforma para contrarrestar la enseñanza de la citada Iglesia Católica, que las ranas simbolizan (1) la declaración del Concilio de Trento, (2) la declaración del Concilio Vaticano, y (3) las encíclicas papales, particularmente aquellas que sirvieron para completar el sistema de la mariolatría; y que la susodicha batalla es la lucha que existe entre el catolicismo y la verdadera iglesia. Por más esfuerzos de imaginación que se hagan no podremos llegar a la conclusión de que estas interpretaciones tenían algún significado para los cristianos para los cuales fue escrito el libro.

Este párrafo del intermedio (16:13-16) es simbólico: se refiere al diablo, al emperador, y al Concilio: a los tres haciendo esfuerzos para reunir y animar a sus ejércitos para que peleen contra las huestes de la justicia. Teniendo en cuenta que las tres ranas salieron de la boca del

dragón, y de la boca de la bestia, y de la boca del falso profeta, tal vez simbolizan alguna clase

de propaganda perversa; pues son hijas del diablo, del gobierno ateo, y de la falsa religión; simbolizan a los verdaderos enemigos de Cristo. La verdadera religión no tiene peores enemigos y Satanás no tiene mejores aliados que la propaganda de falsedades. Desde los encantadores que intentaron menospreciar la obra de Moisés en presencia del Faraón, hasta esos productos del primer siglo del cristianismo como Simón el Mago y otros de nuestros días, ha habido muchos que han pretendido obrar milagros, milagros que los crédulos de la época han atribuido a un poder sobrehumano. Así pues, estos agentes de Satanás, reclutadores al servicio de él, producen esas señales para alistar a sus seguidores. (El termino señales expresa el concepto que Juan tenía de los milagros). El anhelo vehemente de poseer el poder y el odio que siente la falsa religión están expresados en el esfuerzo que hacen dichos agentes para fortalecerse. Detrás de tales agentes está el diablo empujándolos. Muchas veces las naciones han estado dominadas por una sombría pasión por la guerra, pasión que para los historiadores no ha sido fácil explicar. Ese conflicto queda retratado aquí; pero es espiritual más bien que material.

Estos aliados reúnen sus ejércitos en el campo de batalla llamado Armagedón, el cual fue un famoso campo de batalla hebreo: allí Gedeón y sus trescientos derrotaron a los

madianitas; allí el rey Saúl fue derrotado por los filisteos; allí Débora y Barac derrotaron al rey cananeo, Jabín; allí el rey Ochozías murió por las saetas de Jehú; y allí Faraón Nechao derroto e hirió al rey Josías de Judá, de resultas de lo cual éste murió. Así pues, ese lugar estaba bien grabado en la mente de los judíos; y las endechas o lamentaciones que se pronunciaron por causa de la derrota del rey Josías en el valle de Mejido y de su muerte, durante mucho tiempo después fueron repetidas como una expresión de dolor nacional. Por lo mismo el campo de Megido acertadamente simboliza la desgracia mundial de una guerra a muerte en la que la justicia y la maldad se combaten mutuamente. Esto no se refiere a un combate real con espadas

y lanzas materiales: si tuviera que ser así, sería contrario a todas las enseñanzas del Nuevo Testamento, a los ideales que sostuvo el Señor Jesús, a su muerte en la cruz, y a todos los propósitos de gracia que Dios tiene. Los instrumentos o medios que usaba Jesús nunca fueron los de la espada: su espada era y es la espada del Espíritu: la Palabra de Dios. Por lo tanto, si alguien espera que esto sea una batalla literal y material, debe esperar que el ejército esté

dirigido por un triunvirato de ranas. Las dos figuras son simbólicas, ninguna es literal, pues no hay razón para que una sea literal y la otra simbólica: el Armagedón mencionado en el libro del Apocalipsis no está en ningún lugar de los mapas del mundo, no pertenece al espacio, pertenece a la lógica; y la batalla no es una en que los armamentos materiales o físicos decidirán el triunfo: la batalla es entre la justicia y el mal, y ciertamente la justicia será la victoria.

7. La séptima copa (16:17-20:10) es derramada, y se revela que todas las fuerzas del mal no pueden derrotar a la causa de la justicia. Cuando el contenido de esta copa fue

derramado por el aire, se oyó una voz que salía del trono que estaba en el templo, diciendo:

Hecho es (tiempo perfecto). Con esta última expresión de la ira de Dios hubo también

manifestaciones de la ira divina: relámpagos y voces y truenos, y un terremoto grande;

además, la ciudad imperial, Roma, fue dividida en tres partes: este número divino indica que la ira divina demolió la ciudad. Babilonia (aquí se refiere a Roma) era considerada como el supremo poder mundial antidivino.24 Y así es recordada por Dios: entonces su divino poder destructivo cae con tanta eficacia que el terremoto hace que se hundan las montanñas y que las islas se sumerjan, lo cual simboliza la destrucción de las fortalezas militares de Roma; hay una lluvia de granizos, de los cuales cada uno pesa como cuarenta y seis kilogramos, y caen con tal fuerza destructiva sobre los hombres impíos, que estos continúan blasfemando el nombre de Dios por ser el responsable de estas cosas: todo esto es una descripción del juicio de Dios.

En esta parte, como en otras del Apocalipsis, puede notarse que tres causas produjeron la ruina del Imperio Romano: las calamidades naturales, la corrupción interna, y la invasión externa. Así pues, Roma estaba predestinada a la destrucción. Y Juan presenta de esta manera el juicio de Dios que caerá sobre los opresores de su pueblo. Ninguna ventaja obtuvieron los aliados al enviar sus ranas reclutadoras, pues el poder de Dios hizo añicos a Roma.

Después que Juan vio que el terremoto y los gigantescos granizos se habían combinado para reducir a escombros a Roma, uno de los ángeles que poco antes había comenzado a distribuir la ira retributiva de Dios le dijo que se le acercara para presenciar otra etapa del

castigo y para que se diera cuenta detalladamente de lo que acababa de ver en conjunto acerca de la pronta caída de la ciudad. Lo que Juan vio en seguida abarca la última escena del conflicto entre las fuerzas del bien y las fuerzas del mal. El estudiante del Apocalipsis debe ser cuidadoso para no confundir los materiales de esta sección (17:1-20:10) con un programa escatológico fantástico. Esto ha sucedido con frecuencia, dando por resultado una pérdida de tiempo y una perversión de las verdaderas enseñanzas de la Escritura. Estas escenas de que hemos hablado no componen una escena de eventos conectados con el propósito de satisfacer nuestra

curiosidad acerca del futuro; aunque cierto es que todos poseemos esa curiosidad, y unos la dominamos mejor que otros. Estas visiones están destinadas a manifestar la promesa de que al fin la justicia triunfará sobre todas las fuerzas del mal que se le opongan. Este era el mensaje para los cristianos del Asia Menor por el año 95 después de Cristo, y les infundía la

certidumbre de que el cristianismo obtendría la victoria sobre Roma. De semejante manera el libro del Apocalipsis en los tiempos presentes nos infunde la certidumbre de que la causa de Cristo triunfará sobre la causa del mal en todos los siglos. Se nos hace ver esto por medio de lo que simbolizan los varios cuadros que presentan la ruina de Roma. En este respecto la filosofía

del método histórico de interpretación es correcta.

(1) LA MUJER DE PURPURA Y ESCARLATA: ROMA, 17:1-18

Tan grande era el poder que Roma tenía como centrado perseguidor de los cristianos en el primer siglo del cristianismo, que se dedican tres capítulos completos para hablar de su ruina. Esto constituye una serie de escenas que muestran el destino que le está reservado a Roma, como ya se ha anunciado en 14:8 y 16:19. En el pasaje que vamos a estudiar se describe a Roma como una gran ramera sentada sobre muchas aguas y practicando sus actos de

fornicación con muchos reyes de la tierra; y también aparece como culpable de la fornicación espiritual que se practicaba en la adoración idolátrica que enseñaba; y al paso que conquistaba provincias, inducía a los reyes de estas a que participaran de los pecados que ella practicaba. Las aguas sobre las cuales la mujer ramera estaba sentada son simbólicas de las gentes sobre las cuales reinaba: esto es lo que el ángel dijo a Juan; pero cuando estos dos siervos de Dios llegan al escenario donde está siendo presentado el drama, Juan ve a la mujer sentada sobre una

bestia bermeja llena de nombres de blasfemia y que tenía siete cabezas y diez cuernos. La

bestia, que tiene el color del dragón-diablo del cual se habla en el capítulo 12, es sin duda el Imperio que sostiene a esta ciudad malvada. La mujer estaba vestida con un lujo esplendoroso y vano; y en su mano tenía una copa, y la copa tenía la suciedad de su fornicación. Esta mujer es evidentemente la misma de quien se habla en el versículo 6, donde se dice que la mujer estaba

embriagada todo el tiempo (en el idioma griego se usa un participio presente) de la sangre de los santos y de la sangre de los mártires de Jesús. Así pues, la suciedad de su fornicación son

las perversidades que han resultado de la adoración idolátrica y de la persecución. Notemos que sus "hijos" son diferentes de los de la "mujer gloriosa" a la cual se alude en el capítulo 12. La mujer ramera tenía escrito su nombre sobre su frente: MINISTRO, BABILONIA LA

GRANDE, LA MADRE DE LAS FORNICACIONES Y DE LAS ABOMINACIONES DE LA TIERRA. Esa mujer era un misterio, un enigma, algo extraño. ¡Qué mujer, y qué bestia, para ser cabalgada por tal mujer! Esa mujer es la grande ramera, la principal responsable de que al emperador se le rindiera un culto idolátrico, y es la madre de una familia de rameras; además, se deleita bebiendo la sangre de los mártires y está intoxicada con ella.

Muchos de los futuristas sostienen que esto se refiere a la ciudad de Babilonia que será restaurada en los días postreros; y el grupo partidario del método histórico-continuo de

interpretación dice que esto se refiere a la apostata Iglesia Católica Romana. Tal vez el mejor método consiste en aceptar la explicación que el ángel da al apóstol Juan; ¿Por qué te

maravillas? Yo te diré el misterio de la mujer, y de la bestia que la trae. Y el ángel explica: La bestia que has visto, fue, y no es; y ha de subir del abismo, y ha de ir a perdición. Esto es una

alusión al mito del Nerón redivivo. De esta manera se presenta al Imperio Romano como personificado en Domiciano como si este fuera la reencarnación de Nerón. Además, el Imperio está a punto de sufrir su destrucción; y el mundo pagano está ansioso de saber lo que le

sucederá a Roma. Sin embargo, los cristianos no se preocupan por esto porque saben que Roma está sentenciada a ser destruida.

En el versículo 9 comienza la explicación que hace el ángel, el cual dice que Las siete

cabezas son siete montes: Roma estaba edificada sobre siete colinas. También hay siete reyes

In document DIGNO Cordero por Ray Summers (página 131-150)