Segunda Parte – Interpretación Introducción
INTERMEDIO: PROTECCION PARA LOS REDIMIDOS, 7:1-
D. Smith: Esto es una visión del cuidado de Dios a favor de su pueblo en medio de las
II. LOS DOS EJERCITOS EN GUERRA
Ahora nos ocuparemos de los ejércitos que están activos en esta guerra que se hace contra la mujer y su linaje, Es muy posible que en esta parte de nuestro estudio nos ayude una breve identificación como prefacio a lo que sigue. Las fuerzas del mal están dirigidas por el dragón, el cual está identificado como el diablo; sus aliados son: la primera bestia (13:1), que simboliza al emperador romano, a Domiciano; y la segunda bestia 13:11, que simboliza a una comisión organizada en Asia Menor para hacer obligatoria la adoración al emperador. Las fuerzas del bien están dirigidas por Dios, quien también tiene dos aliados: el Cordero (14:1), que simboliza al Cristo redentor; y la hoz (14:14), que simboliza al juicio eterno. La batalla es encarnizada; pero Dios con su Cristo redentor y el juicio eterno ganan la victoria.
1. Los ejércitos del mal están dirigidos por el dragón (12:3, 4, 7-17). Puede notarse que al dragón se le describe con términos ominosos: es de color rojo, color que es el de la sangre; tiene siete cabezas, lo cual simboliza una gran inteligencia; tiene siete cuernos, que simbolizan un gran poder; en sus cabezas tiene siete diademas, como las que usan los reyes, lo cual
simboliza una gran autoridad; es tan grande el dragón, que con un latigazo de su cola puede derribar las estrellas del cielo. Este enorme, fiero y poderoso dragón se paró en frente de la mujer que estaba a punto de dar a luz, y estaba listo para devorar al niño tan pronto como naciera. ¿Cual probabilidad de triunfar contra ese enemigo tenían una indefensa mujer y un niño recién nacido? Parece que no había ninguna esperanza de victoria. Más, ¡esperemos! En el versículo 5 Juan nos dice que este niño estaba destinado a gobernar el mundo.
Cuando el niño nació, el dragón hizo todo lo que pudo para matarlo; pero Dios ejerció su protector cuidado y el niño fue llevado al cielo y puesto a salvo. Por medio de esta breve información podemos darnos cuenta del cuidado providencial de que fue objeto nuestro Señor Jesucristo durante los días de su peregrinación en la tierra: desde los primeros días de su infancia fue víctima del diablo, quien hizo todo lo posible para matarlo; durante los años de su ministerio divino, continuaron aquellos esfuerzos diabólicos; cuando Cristo fue clavado en la cruz y puesto en la tumba, parecía que al fin el diablo era el victorioso; mas Dios concedió a su Hijo la victoria sobre la muerte, lo levantó del sepulcro, lo subió hasta el cielo y lo puso en su trono mismo. ¡Así el diablo perdió la primera batalla en el conflicto!
Estas son imágenes apocalípticas; y por ellas se puede ver una batalla que se estaba haciendo encarnizada: los acontecimientos se cambiaron de la tierra al cielo, después, en el curso de los acontecimientos, regresaron a la tierra. Por esta causa en este espectáculo podemos ver al diablo, después de haber fracasado en sus esfuerzos por destruir a Cristo en la tierra, intentando invadir el cielo mismo para destruir al niño.
En los versículos 7-12 se nos habla de la guerra que hubo en el cielo: cuando el diablo intentó invadir el cielo para destruir a Cristo, Miguel y sus ángeles se le enfrentaron. Miguel es el ángel combatiente; tiene una espada en su mano; y él y sus ángeles hicieron la defensa con tanto valor y osadía que el diablo y sus legiones, incapaces de conquistar en el cielo por lo menos el lugar suficiente para poner un pie, fueron lanzados a la tierra. Entonces unas voces del cielo proclamaron la victoria ganada por el pueblo de Dios a pesar de todos los esfuerzos del diablo. Este pueblo resultó victorioso porque fue leal al Cordero redentor: aunque esa lealtad significaba la muerte, fueron leales a él.
Este párrafo debe interpretarse en relación con su contexto que está en el mismo libro del Apocalipsis, más bien que en relación con los obscuros pasajes del Antiguo Testamento y del "Paraíso Perdido" de Milton. Esto no es un relato histórico del estado original del diablo y de su caída de ese estado: es una visión apocalíptica destinada a representar los esfuerzos que el diablo hace para destruir a Cristo y a su pueblo. Así pues, el diablo ya tiene perdidas dos batallas en el conflicto: fracasó en sus esfuerzos para destruir a Cristo en la tierra, y fracasó en sus esfuerzos para invadir el cielo y destruir a Cristo. Ante estos fracasos emprendió una tercera campaña: desencadenaría su ira contra la mujer que produjo a Cristo.
En el versículo 6 se dice que la mujer huyó al desierto: iba huyendo de la ira del dragón, y sería protegida durante 1.260 días o, hablando en términos generales, tres años y medio. Esta misma idea se repite en el versículo 14 al hablar simbólicamente de un tiempo, y
tiempos, y la mitad de un tiempo, o sean tres tiempos y medio. Recuérdese que en los escritos
apocalípticos de los judíos este número era simbólico de lo indefinido, de lo turbulento, de incertidumbres, de perturbaciones. A la mujer —que es Israel— se le dieron dos alas de águila para que volase y escapara de la persecución del dragón, el cual redobló sus esfuerzos para realizar sus propósitos en el limitado tiempo que le quedaba (versículo 12). Entonces el dragón, en sus esfuerzos por destruir a la mujer, escupió un río que la arrastrara y la ahogara; pero la tierra sorbió el agua, y la mujer quedó a salvo. ¡El dragón fue incapaz de destruir a la mujer!
Aquí tenemos otra vez imágenes apocalípticas; y en ellas algunos intérpretes encuentran un símbolo de la desintegración nacional de Israel, y dicen que tal desintegración ocurrió cuando la ciudad de Jerusalén fue destruida el año 70 d. de J. C. Sin embargo, aun cuando Israel está esparcido por todo el mundo, ha sido capaz de conservar su integración racial, y han fracasado todos los esfuerzos que se han hecho para destruirlo como raza. Esto que se acaba de decir es una opinión interesante, y tal vez es lo que aquí se simboliza. De esta idea pueden hacerse muchas inferencias de dudosa naturaleza. Pero es mejor tener en cuenta que aquí, en el Apocalipsis, como en cualquier otra parte de la profecía del Nuevo Testamento, el centro de los propósitos y planes de Dios es Jesús, no los judíos; y que el principal propósito de esta imagen no es mostrar el destino de los judíos sino mostrar los esfuerzos que hace el diablo en este violento conflicto. Esta es la tercera batalla que ha perdido el diablo. En seguida comienza otra: la cuarta: esta (versículo 17) es en contra de los cristianos, y el diablo encuentra unos aliados listos para ayudarlo en esta batalla: las dos bestias.
(1) La primera bestia: Esta simboliza al Emperador Romano, 13:1-10, 18. Esta bestia estaba asociada con el diablo para destruir a los cristianos, su aspecto en sí era un negro presagio; era una bestia bruta: tenía siete cabezas, las cuales simbolizan grande sabiduría, o, según el versículo 3, pueden simbolizar larga duración; tenía diez cuernos, que simbolizan un gran poder; y aun cuando en una de sus cabezas fue herida de muerte, continuó viviendo; sobre los cuernos tenía siete diademas, simbolizando ellas muy grande autoridad; y sobre sus cabezas tenía escritos nombres de blasfemia. La bestia era depravadamente combativa, pues participaba de la naturaleza del leopardo, del oso y del león, y ejercía el poder que le había dado el dragón. Una de sus siete cabezas tenía aún las cicatrices de la herida mortal que se le había hecho; pero continuaba viviendo. Todos los habitantes de la tierra —excepto los cristianos (versículo 8b) — adoraron a la bestia y al dragón que le dio el poder. La bestia tuvo autoridad para gobernar cuarenta y dos meses (tres años y medio), y lanzaba blasfemias contra el nombre de Dios; y aunque temporalmente podía derrotar a los cristianos, estaba destinada a ser muerta (versículo 10). La bestia puede ser identificada por todas estas características y además por el símbolo número "666" mencionado en el versículo 18.
De las muchas partes del libro del Apocalipsis que han sido debatidas, esta, la del número "666", es la que probablemente ha recibido el trato más variado; quizás sería mejor decir que es la que ha sido más maltratada. Ya se sabe que la especulación en cuanto a la identidad de esta bestia comenzó en el tiempo de Ireneo (c. 180 d. de J. C.). Muchos métodos criptográficos secretos se han usado para determinar el significado del número de la bestia, el "666", dado en el versículo 18. En seguida consideraremos algunos de esos métodos, pero tengamos en cuenta que el más bueno para determinar la identidad de esta bestia consiste en saber lo que ese número simbolizaba en el tiempo en que el libro fue escrito.
A la primera bestia con frecuencia se le llama el "Anticristo" porque aparece como rival de Cristo; pero ese nombre no está en el libro del Apocalipsis. Los futuristas creen que el "Anticristo" será un gobernante extremadamente malvado que aparecerá poco antes de la segunda venida de Cristo. Ese sistema de interpretación declara que tendrá que realizarse la restauración de la nación judía, la reconstrucción del Templo, la restauración de la adoración por medio de los sacrificios, y en seguida la anulación del pacto del Anticristo con los judíos. Aquí no tenemos suficiente espacio para refutar este sistema tan raro que se opone a las enseñanzas del Nuevo Testamento; pero sí podemos decir que ésta interpretación no hubiera tenido ningún significado y, por lo mismo, ningún consuelo para los primeros lectores de este libro de Juan.
observaba las aguas turbulentas vio que de ellas emergía una bestia muy extraña. La palabra griega de la cual se traduce la palabra bestia significa un animal salvaje, un bruto de la selva y feroz. Esa bestia, en las obras apocalípticas judías, simboliza un gobernante o su gobierno (véase Daniel 7:2-8). Las señales que indican claramente a quién simboliza esta bestia son unos hechos que históricamente están relacionados con Domiciano, quien era el emperador romano en la época de Juan.
La bestia blasfemó de Dios, del nombre de Dios y del santuario de Dios (versículo 6). Domiciano se adjudicó los títulos que corresponden a la deidad, exigió que al dirigírsele la palabra se le llamara: "Supremo Señor y Dios"; y hasta se negaba a recibir la correspondencia que le era dirigida si no llevaba aquella salutación. Desde el punto de vista cristiano el uso de esos tratamientos era blasfemar contra Dios y contra el nombre de Dios.
Además, la bestia ejercía autoridad suprema sobre todo el mundo conocido (versículo 7): los romanos creían que todo el territorio que ellos dominaban era todo el mundo, creían que eso era toda la tierra habitada; también se referían al Mediterráneo como su mar y como "el centro de la tierra".
Todos los que moraban en la tierra adoraron a la bestia: menos los cristianos (versículo 8); hasta los judíos contemporizaron, y por lo mismo oraron a Dios a favor del emperador y dieron pruebas de su lealtad a este. Solamente los cristianos se negaron a rendir ese homenaje.
En muchas partes fueron erigidas las imágenes o estatuas del emperador para facilitar más la adoración que se le tenía que tributar (versículo 14). Es bien sabido, por el estudio de la historia de Roma, que la adoración a las imágenes del emperador fue una realidad en el tiempo en que Domiciano gobernó. Pero cuando Trajano llegó a ser emperador hizo que muchas de las imágenes de oro que había en honor de Domiciano fueran fundidas y que el metal se usara con mejores finalidades. En tiempo de Domiciano, a la gente que se negaba a adorarlo se le negaba el privilegio de comprar o vender en los mercados: a esto se refiere el versículo 17; y a quienes lo adoraban se les ponía una señal en la mano o en la frente para indicar, de acuerdo con la costumbre de algunos cultos paganos, que el individuo que la tenía era un adherente a la deidad de ese lugar. La señal a que alude el pasaje era el nombre del emperador; y Juan representa el nombre con el simbólico número "666".
Desde los más remotos tiempos de la historia del cristianismo los hombres han estado estudiando el nombre de la bestia y opinando acerca de dicho nombre para determinar su identidad. En los idiomas primitivos con frecuencia se usaba una letra como si fuera número, como los romanos acostumbraban hacerlo; estos usaban la V como 5, la X como 10, la C como 100, etc. Una de las teorías más frecuentemente usadas es la que presenta David Smith en "Disciple's Commentary", obra en la cual reduce el nombre "Nerón Cesar" a las siguientes letras: NRON KSR, y agrega el equivalente numérico de cada letra. Así, pues, en el idioma hebreo los equivalentes numéricos quedarían como sigue: N para 50, R para 200, O para 6, N para 50; K para 100, S para 60, R para 200. De esta manera el total es 666. Muchos intérpretes, teniendo en cuenta estos símbolos, han sostenido que el emperador a quien se refiere el símbolo es Nerón.
David Smith, con un mejor concepto de la historia, adapta estos símbolos al mito del Nerón redivivo; pero era común y corriente la idea de que el malvado Nerón había reencarnado en Domiciano, quien, por cierto, era el gobernante en el tiempo en que el Apocalipsis fue escrito.
La teoría favorita de los partidarios del método histórico-continuo fue comenzada por Ireneo y se adapta bien a la idea de la apostasía católica romana sostenida por los adeptos a este
método de interpretación. Según los adictos a este método de interpretar, el primer gobernante romano se llamaba Latinus, cuyo nombre se deletreaba en griego de la siguiente manera:
Lateinos. De acuerdo con el sistema de evaluación de las letras griegas, el siguiente arreglo es
muy acertado: L (lambda) es equivalente a 30, a (alfa) es equivalente a 1, t (tau) equivale a 300,
e (épsilon) equivale a 5, i (iota) es equivalente a 10, n (ny) equivale a 50, o (ómicron) equivale a
70, s (sigma) equivale a 200: el total es 666. Según esto la señal de la bestia es la iglesia latina: es decir, el sistema católico romano que está opuesto al verdadero cristianismo. Al tratar esta parte según este método de interpretación, aparece otra vez, como en casos similares anteriores, la misma fatal objeción: ¿Cuál significado podía tener esta interpretación para los cristianos que vivían en el Asia Menor en el año 95 d. de J. C.? ¡Pues cierto es que ellos no estaban siendo molestados de ninguna manera por la Iglesia Católica Romana! ¡Quien los molestaba, y en gran manera, era Domiciano!
Con un resultado semejante al del sistema griego se ha usado el sistema romano.4 Al usar este sistema, cuando se encontraba una letra que no tenía valor numérico se la consideraba igual a cero. Por este procedimiento se tiene el resultado que sigue: V igual a 5, I igual a 1, C igual a 100, A igual a 0, R igual a 0, I igual a 1, U igual a 5 (como la V), S igual a 0; F igual a 0, I igual a 1, L igual a 50, I igual a 1, I igual a 1, D igual a 500, E igual a 0, I igual a 1. La expresión latina VICARIUS FILII DEI formada de esa manera con tales letras y que significa "en lugar del hijo de Dios", se usa así para que produzca el 666 y para que éste represente a dicha expresión. Se dice que esta expresión está escrita en la corona que se le pone al papa durante la ceremonia en que es investido de la dignidad pontificia. Así pues, según este sistema, el papa es la persona sobre quien pesan los cargos de la acusación que hace Juan.
El año de 1941, en la clase de Nuevo Testamento del autor de esta obra uno de sus alumnos dijo que si se concedían a las letras del alfabeto inglés unos equivalentes numéricos de la siguiente manera: A igual a 100, B igual a 101, C igual a 102, etc., podría tenerse el arreglo que a continuación se expresa: H igual a 107, I igual a 108, T igual a 119, L igual a 111, E igual a 104, R igual a 117; y entonces el total sería: HITLER, igual a 666. Sin duda en ese tiempo mucha gente ha de haber aceptado tan interesante resultado. Desafortunadamente aquel estudiante no tuvo buenas razones para explicar por qué comenzaba su evaluación con 100 en lugar de comenzarla con otro número; y esto llegó a ser únicamente otro misterio matemático.
Hemos presentado aquí esta manera de tratar el asunto utilizando el procedimiento lógico llamado reductio ad absurdum a fin de indicar la futilidad de tales esfuerzos para llegar a la verdad. Haciendo uso de este método criptográfico, el número de que estamos ocupándonos se ha aplicado a varios papas y a un gran número de personajes políticos a través de la historia del mundo. Una lamentable pérdida de tiempo, de pensamientos y de habilidad matemática han caracterizado al trabajo de un interminable número de hombres que han intentado resolver el enigma de este número místico y de aplicarlo a alguno de sus contemporáneos.
El número, y no el nombre, es la cosa significativa. Sin duda el nombre, considerado en sí mismo, ha de haber sido ominoso; pero el número es lo verdaderamente ominoso. El número "6" despertaba un sentimiento de temor en el pecho de los orientales que "sentían" el
significado de los números. Se decía que como el "6" no había llegado a ser el sagrado "7", era un número malo o de mal agüero; por lo mismo para los orientales el número "6", cuando estaba solo, significaba ruina. Al convertir el "6" en una serie —por ejemplo, "666"— se representaba un gran poder, capaz de hacer un mal tan grande que no podía ser excedido por otro; se representaba un destino tan terrible como no podía haber otro peor. Como símbolo el
número 666 es el mal elevado a su potencia más alta.5 La bestia a la cual Juan aplicó el número representa la combinación de poderes maléficos incorporados en la autoridad política y en la falsa religión; y el nombre expresa la naturaleza interna de aquel a quien se aplica. Varios intérpretes6 han observado que el misterioso número "888" fue usado en los Oráculos Sibilinos (1:324) como un símbolo de Jesús: de esta manera se simboliza a Jesús excediendo, y con mucho, a la serie "777" que representa lo perfecto; y al no poder simbolizar a la bestia con esta serie de sietes se le representó con el número 666. Esta sarta de seises, simbolizaba para los cristianos todo lo desagradable, malo, terrible y brutal; y el perseguidor emperador romano y la obligatoria adoración que se le había de rendir era ese "todo", pues en sus intentos de destruir a los cristianos se había hecho aliado del diablo. Por lo mismo, si el número 666 debe aplicarse a un hombre, todo hace pensar que Domiciano — monstruo de pecado, de crueldad y
degradación — es el indicado. David Smith se aproxima a esta interpretación al opinar que el número 666 representa a Nerón redivivo.
(2) La segunda bestia: Esta es símbolo de una comisión encargada de hacer forzoso el culto al emperador romano, 13:11-17. La segunda bestia hizo alianza con el dragón (el diablo) y con la primera bestia (el emperador) para destruir a los cristianos. En el griego se usa, para referirse a esta bestia, la misma palabra que se usó para referirse a la primera: alude a una bestia