Psicología del
mexicano en el trabajo
Autor y director de esta serie: Psicolingüista. Se ha dedicado a aplicar las ciencias psicopedagógicas al manejo del elemento humano en las instituciones y el desarrollo de la creatividad.
Autor de la serie "Capacitación integral" (El Manual Moderno) y de libros publicados por McGraw-Hill, Herder-Barcelona, Marova-Ma-drid, Trillas, Pax México, Limusa y Botas.
Fue Director de Psicología en el Tecnológico de Monterrey, Funda-dor y primer Rector del Instituto Universitario de Ciencias de la Educa-ción, fundador y presidente de AMECREA y del Despacho de Capacitación Mauro Rodríguez y Asociados. Premio Nacional de Ca-pacitación (AMECAP 1988). Es Doctor Honoris Causa por el New York College of Pediatric Medicine.
PATRICIA RAMÍREZ-BUENDÍA
Psicóloga cofundadora de AMECREA. Catedrática de posgrado de la Universidad La Salle. Conductora de cursos de capacitación en numerosas empresas.
Prohibida la reproducción total o parcial de esta obra, por cualquier medio, sin autorización escrita del editor.
DERECHOS RESERVADOS © 1992, respecto a la primera edición por McGRAW-HILL INTERAMERICANA DE MÉXICO, S.A. de C.V.
Atlacomulco 499-501, Fracc. Ind. San Andrés Atoto 53500 Naucalpan de Juárez, Edo. de México
Miembro de la Cámara Nacional de la Industria Editorial, Reg. Núm. 1890
ISBN 970-10-0171-0
1234567890 9876543012 Impreso en México Printed in Mex|co
Esta obra se terminó de imprim ir en Mayo de 1992 en LIBEMEX
Calle azucena 27 Col. Hacienda de la Luz Atizapan de Zaragoza 54500 Edo. de México Se tiraron 3000 ejemplares
CONTENIDO
Prólogo 9 1 CAPACITACIÓN, PRODUCTIVIDAD
Y PSICOLOGÍA NACIONAL 11 A) La psicología del mexicano, clave para interpretar
nuestro subdesarrollo 11
B) La mexicanidad, objeto de estudio
filosófico y psicológico 14
Prácticas 15
LOS PROCESOS DE ACULTURACIÓN
DEL SER HUMANO 17
Prácticas 20
LA SOCIEDAD MEXICANA; SU GÉNESIS
Y SU CULTURA 23
A) El componente indígena 24
B) El componente hispano 26
C) El choque de las culturas 28
5 2
LOS TRAUMAS A LO LARGO DE LOS SIGLOS 31
Prácticas 37
NUESTRA PSICOLOGÍA PROFUNDA 39
A) La crisis de identidad. Ambivalencias 40 B) Religiosidad, superstición y magia 42 C) Actitudes ante el cosmos y ante la vida. La esfera moral 44
D) El mexicano ante la muerte 45
Prácticas 46
LA DEPENDENCIA ANCESTRAL 49
A) El cuadro general 49
B) El fenómeno del paternalismo 52
C) Un pueblo manipulado 53
Prácticas 54
LA AUTODEVALUACIÓN DEL MEXICANO 59
A) Sintomatología 59 B) La corrupción como autodevaluación 63
C) El disimulo 65
Prácticas 66
LA SOCIEDAD MEXICANA ACTUAL 69
A) La familia 69
B) La mujer 70
C) Los jóvenes 72
D) Las clases sociales y castas 73
E) El individualismo 75
Prácticas 76
EL TRABAJADOR MEXICANO 79
A) Sus actitudes 79
B) Sus motivaciones laborales 83
C) Diferencias geográficas 85
D) La mujer en el trabajo 87
E) La contraparte: los directivos 89
Prácticas 91 6 4 5 6 7 8 9
10 OTRAS CULTURAS, OTRAS CONDUCTAS
11
12
LABORALES 97
Prácticas 101
LOS ASPECTOS MÁS POSITIVOS DE NUESTRA
PSICOLOGÍA 103
A) Valores del mexicano en general 103 B) Aspectos positivos del trabajador mexicano 105 C) Valores de la empresa mexicana 107
Prácticas 112
DESARROLLO DE ACTITUDES LABORALES
POSITIVAS 115
A) Construcción y reconstrucción de la autoestima 115 B) Educación del mexicano creativo 119
Prácticas 121
Apéndice 123
Bibliografía 127
creativo si se acompleja frente a sus orígenes y pretende
desconocer su propia historia."
E.E. Mosanyi y Ma. Calderón: Creatividad y culturas populares; en "Creatividad 90". Venezuela.
Prólogo
Probablemente no hay nada más importante en el México de hoy que la continua preparación y autocapacitación de los empresarios, adminis-tradores, gerentes y estudiantes para enfrentar los grandes retos que el futuro del país impone. México es un país en franco proceso de transi-ción hacia una nueva etapa de desarrollo, en la cual la competencia internacional, así como la necesidad de satisfacer adecuadamente al mercado interno, obligará a los diversos participantes en la economía, las finanzas, el gobierno y, en general, todas las actividades productivas, a ser más eficientes, más innovadores, mejores empresarios. En suma, el México de hoy y de mañana requerirá de todos un enorme esfuerzo por administrar mejor y más eficientemente los procesos de desarrollo.
La tecnología, la creciente complejidad de los procesos productivos y la sofisticación de los servicios que demanda el desarrollo, hacen indispensable mantener una actualización permanente en materia de nuevas técnicas y métodos para hacer las cosas y para administrar los procesos.
El libro que tiene el lector en sus manos es un instrumento extraordi-nariamente útil para este propósito de actualización. El autor, catedrático de la UNAM y de las universidades Anáhuac, Iberoamericana y La Salle, a través de esta obra, ha logrado realizar un útil, accesible y completo compendio del papel estelar de los valores en la administración moderna y orientamos sobre el elemento básico y potencialmente más dinámico de la empresa mexicana: el mexicano.
Cualquier persona que desee actualizarse y mejorar su desempeño en el trabajo, así como el estudiante que está en proceso de aprender el arte de la administración, encontrará en esta serie un instrumento de excep-cional valía para iniciarse en los respectivos temas, así como para guiarse para una mayor profundización posterior.
México es un país ávido de empresarios y administradores compro-metidos, capaces y preparados. El clima de los negocios es cada vez más competitivo y demandará líderes en todos los ramos de la vida produc-tiva. Contribuir a la formación de los empresarios líderes del futuro es la tarea más urgente que tenemos frente a nosotros. Todos los esfuerzos encaminados a este gran objetivo son un enorme paso adelante. Por ello, es encomiable que un especialista en estas tareas ofrezca a un público tan amplio una obra tan útil como ésta.
Agustín F. Legorreta Expresidente del Consejo de Administración del Banco Nacional de México Expresidente de la Asociación de Banqueros de México
Expresidente del Consejo Coordinador Empresarial Presidente de Inverlat
Capacitación, productividad
y psicología nacional
OBJETIVOS
1. Reforzar la convicción de que la productividad es tema humano antes que tecnológico.
2. Tomar conciencia de que las raíces últimas de muchos problemas laborales son históricas y psicológicas. Y analizar la mutua interconexión.
3. Conocer a los pioneros del estudio de la mexicanidad y enrique- cerse con su visión.
A) La psicología del mexicano, clave para interpretar nuestro sub-desarrollo.
Atendiendo a su posición geográfica y a sus recursos naturales, México es un país que podría ser rico y poderoso. De hecho es un país
11
subdesarrollado, tercermundista. Ni produce lo suficiente, ni administra bien lo que tiene, y muchísimos de sus habitantes gimen en la miseria. Los hombres más dinámicos y de más visión (funcionarios del gobierno, capitanes de las empresas, educadores, gerentes de capacita-ción...) se preocupan al ver que al paso del tiempo nuestro país se rezaga y que nuestro subdesarrollo se acentúa. Los más conscientes analizan la situación y se ponen a estudiar:
— ¿Cómo hacer que nuestra gente se desarrolle? — ¿Cómo administrar mejor?
— ¿Cómo producir más?
— ¿Cómo motivar al personal a ser solidario con la empresa? — ¿Cómo lograr calidad y excelencia?
En algunos medios empresariales y gubernamentales se maneja con abundancia la literatura sobre finanzas, sobre administración y sobre productividad. Para todos estos temas pululan entre nosotros obras escritas en Japón, Estados Unidos, Canadá, Inglaterra...
Por otra parte, los profesionales que salen de las universidades comprueban a poco andar que no les bastan los conocimientos y habili-dades técnicas; muchos problemas en el desempeño laboral surgen en torno al manejo del elemento humano. Y cualquier ejecutivo, gerente, director o jefe de departamento va aprendiendo, a veces con tropiezos y fracasos, que la productividad, la eficiencia, la calidad son resultado más de la gente que de los sistemas y de los recursos técnicos y materiales. Si representamos con un triángulo los tres elementos clave de la empresa productiva, la base —ancha, sólida, confiable— no puede ser otra que el factor humano:
Capacitación, productividad y psicología nacional 13
Toda persona que ocupa un puesto directivo, y todo profesionista, están abocados a buscar y a encontrar una orientación dentro de la esfera humana en la que se desenvuelven.
La gente no es igual en los diferentes países. Aunque todos partici-pamos de la naturaleza humana y de la misma especie homo sapiens, los mexicanos, los alemanes, los japoneses y los canadienses no somos iguales: no somos iguales en cuanto seres humanos y no somos iguales en cuanto trabajadores. Y las razones están a la vista. Una observación elemental enseña que cada uno somos producto: 1) de la herencia biológica que nos dieron nuestros padres, 2) del medio ambiente y 3) de nuestras reacciones y decisiones; en esta forma:
Ya la herencia biológica, es decir, los 46 cromosomas con sus miles de genes, determina grupos humanos característicos y diferentes unos de otros. Los genes que reciben los esquimales no son iguales a los de los cubanos, ni los de éstos a los de los rusos.
Pero el impacto del medio es tal vez más evidente aún. El clima, los paisajes, la alimentación, el folklore local, la religión, la estructura familiar; y luego las experiencias de cada uno (contactos humanos durante la infancia, aprendizajes, enfermedades, accidentes, sustos...) van conformando personalidades muy peculiares; de modo que si ya de por sí un bebé mexicano es diferente de un bebé japonés, un mexicano de 40 años que ha vivido en México es aún más diferente, mucho más, de un japonés de la misma edad que ha vivido siempre en Japón.
Las raíces últimas de las conductas laborales hay que buscarlas en las psicologías nacionales. Y si muy a menudo el mexicano aparece poco trabajador y poco colaborador y poco efectivo, quien pretende compro-meterlo con la productividad y con la calidad a base de discursos políticos, de reglamentos, de reestructuraciones organizacionales, de cursos administrativos y de talleres de control de calidad, se queda al nivel de los síntomas, sin llegar al fondo del problema. Es como quien
pretende curar un herpes con pomadas, o como quien pinta y repinta una pared que se estropea por una humedad que se filtra desde afuera.
Los dirigentes con más visión y los capacitadores más sólidos se vuelven ahora hacia los pliegues y las entretelas de las idiosincrasias e identidades nacionales.
Si nuestro reto es comprender al mexicano y orientarlo, necesitamos con urgencia conocer la psicología del mexicano, y a su vez, esta psicología peculiar, este modo de ser, se explica a través de las vicisitu-des históricas. No se puede construir una psicología del mexicano si se ignora la historia de México. Ni tampoco es posible comprender al trabajador mexicano (o al mexicano en el trabajo) sin comprender la cultura mexicana en sus aspectos más fundamentales. No olvidemos que el trabajo es una función de la personalidad, y que el hombre se proyecta en su oficio o profesión.
Es preciso y urgente organizar conferencias, seminarios y cursos de psicología del mexicano; hacerlo en contexto empresarial y en contexto académico; en eventos diseñados para los profesionistas y los dirigentes de todos los niveles. Y deben acudir a ellos sobre todo quienes ocupan los más elevados niveles jerárquicos y las más complejas responsabili-dades directivas.
B) La mexicanidad, objeto de estudio filosófico y psicológico No es sorprendente que durante la dominación española haya habido poco interés en definir lo mexicano como tal (en aquel entonces sería en rigor lo novohispano). La conciencia nacional empezó a gestarse a partir de 1821; pero en las primeras décadas de la vida independiente otras urgencias y otras prioridades acapararon la atención de los estudiosos y de los pensadores.
Hubo que esperar hasta los principios del siglo XX para ver florecer investigaciones y reflexiones sobre la esencia de la mexicanidad. Los pioneros fueron José Vasconcelos (1881-1959), Antonio Caso (1883-1946) y Samuel Ramos (1897-1959); y algunos otros integrantes del Ateneo de la Juventud, de feliz memoria.
Vasconcelos: filósofo y educador. Fue secretario de Educación Pú-blica, rector de la UNAM, creador del lema universitario "Por mi raza hablará el espíritu"; gran creyente en la intelectualidad mexicana frente a la anglosajona, ponderó las cualidades y el destino de los latinoame-ricanos ("la raza cósmica"), e invitó con pasión a los mexicanos a adentrarse con profundidad en sus propias raíces y en su proyección
Capacitación, productividad y psicología nacional 15
futura. En su época y a su sombra, creadores de la talla de Diego Rivera y Clemente Orozco demostraron que lo típicamente mexicano puede interesar y conmover al mundo.
Caso: filósofo y sociólogo. Fue rector de la UNAM y embajador de México en varios países de América del Sur.
Analizó los valores del mexicano, la dinámica de la ideología nacio-nal, y planteó lúcidamente la historia y la cultura mexicanas como problema, es decir, como una red de enigmas y paradojas en busca de explicación.
Ramos: filósofo y educador. Fue director de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM y pionero de la discusión pública del tema mexicano con su obra El perfil del hombre y la cultura en México (1934), que ha permanecido como un clásico en la materia.
Los tres pioneros fueron, además de investigadores y maestros, escritores lúcidos y fecundos.
Más cerca a nosotros tenemos otros centros de estudios. Por los años cincuenta se formó el grupo llamado "Híperion", con el propósito de estudiar la filosofía de lo mexicano, y con personalidades tan destacadas como José Gaos y Leopoldo Zea.
PRÁCTICAS
1. Descubran en su propia personalidad tres rasgos y/o conductas en que se vea el influjo característico de la cultura mexicana. 2. Comparen, hasta donde sea posible y con ejemplos concretos, el
español hablado en México con el de algún otro país hispano- parlante.
3. ¿Por qué se dice que el conocimiento de la psicología del mexicano es más necesario para los puestos más elevados de las jerarquías?
4. Investiguen en la Enciclopedia de México, o en otros libros, mayores datos sobre las aportaciones de José Vasconcelos, An- tonio Caso y Samuel Ramos al estudio de la mexicanidad. 5. Relaten experiencias sobre dificultades que hayan tenido, o bien,
que hayan observado, en motivar a los trabajadores mexicanos y en conseguir su colaboración sincera y entusiasta.
6. A reserva de acumular más datos y de mejores precisiones a lo largo de este estudio, señalen algunas diferencias:
a) entre el trabajador mexicano y el trabajador alemán b) entre el trabajador mexicano y el trabajador japonés 7. Formulen y expongan su reacción a este planteo propuesto por
diversos analistas: "En la pretendida alianza económica de Es- tados Unidos, Canadá y México (Tratado de Libre Comercio), el papel de México es proveer mano de obra barata, poco calificada y manipulable para los grandes capitales de los dos países poderosos".
Nota: Las prácticas que se proponen al final de cada capítulo son ejercicios vivenciales que hemos diseñado pensando sobre todo en la situación de grupos de estudio en cursos y seminarios. Cuando el libro se utilice como lectura individual, tocará a cada lector decidir cuáles de las prácticas puede y quiere realizar.
Los procesos de aculturación
del ser humano
OBJETIVOS
1. Analizar los procesos a través de los cuales un individuo asimila el medio ambiente e internaliza la cultura local, apropiándosela. 2. Aprender el concepto de personalidad social y quedar motivados
al conocimiento profundo de la idiosincrasia mexicana. Todos los hombres —los miles de millones que habitamos la Tierra y los que han de llegar en los siglos venideros— constituimos una sola especie biológica. Nos referimos a ella como el "género humano" o "la raza humana".
Así las cosas, existe un amplio común denominador que nos asemeja a todos.
Pero igualmente obvias son también las diferencias, muchas de ellas genéticas antes que culturales: los etíopes, los suecos, los japoneses, los esquimales, los indios otomíes, quedan tipificados ya desde recién nacidos.
17
Y mientras los animales en general sólo tienen que adaptarse a la naturaleza, los hombres a lo largo de nuestro desarrollo tenemos el reto de la doble adaptación: a la naturaleza, y también a la cultura.
Porque cada recién nacido se va a desarrollar en uno o varios medios naturales (físicos) y en uno o varios medios culturales (psicológicos y sociales).
Si un bebé es llevado a una aldea de Rusia, y allí se cría y allí se desarrolla, podemos prever que para cuando cumpla 25 años tendrá características bien diferentes de las que tendría si se hubiera desarro-llado, pongamos por caso, en la ciudad de México o en Tijuana.
Las ciencias neurológicas han demostrado que el infante es una madeja de potencialidades; sus 14 000 millones de neuronas corticales son susceptibles de billones y trillones de combinaciones.
Sabemos que cada experiencia de aprendizaje crea conexiones y vías nerviosas que, entre otras cosas, explican el fenómeno de la memoria.
Hablamos de pautas (en inglés dicen pattenis); los neurofisiólogos las llaman engramas. Y todo esto es ya de la cosecha de cada cultura y de cada individuo.
En un momento dado la personalidad de un sujeto es la resultante de su herencia biológica (HB) y su historia personal (HP):
Este esquema es aplicable a cualquier individuo de la especie homo sapiens.
Pero como en cada cultura existen elementos típicos, podemos afinar nuestro esquema para desglosar y hacer justicia a las diferencias nacio-nales y raciales:
Los procesos de aculturación del ser humano 19
A diferencia de los animales, muchos de los cuales pueden pasarse toda la vida a nivel de natura pura, los hombres tenemos que pasar por alguna cultura, o mejor dicho, adentrarnos en una cultura.
Aculturarnos es dejarnos moldear por el medio. Si yo hablo español y tú japonés; si yo soy católico y tú sintoísta; si yo como chile picoso y tú chile dulce, es porque nuestras respectivas culturas nos han llevado a ello.
Notemos que son menos determinantes los aspectos psicológicos que los biológicos; por ejemplo, el color de mi piel o la complexión de mi pelo están en mí más arraigados que mi interés por el fútbol americano o mi costumbre de contar chistes o de mascar chicle.
¿Y cuál es en concreto la influencia del medio? Hemos de responder que se trata de un fenómeno muy plural: una constelación complejísima, formada de elementos numerosos y heterogéneos: tradiciones, costum-bres, normas sociales, estilos y modas, ideologías, ritos religiosos, rituales cívicos, etcétera.
Y principalmente, valores. Las culturas nacionales enfatizan y culti-van valores tales como la elegancia, la ciencia, la honradez, la disciplina, la sumisión, la agresividad, la conquista, el dominio, la riqueza, el arte, la excelencia deportiva, la productividad, etcétera.
Son los valores los elementos dinámicos que definen una cultura en los diferentes campos, tales como la familia, la escuela, el trabajo, la diversión, el gobierno, la religión. Y son ellos los que condicionan en los individuos cientos de vivencias cada día, que multiplicadas por nuestros años de vida, resultan en muchos millones de engramas y modelan el "carácter social" que distingue a cada comunidad humana. Por supuesto, el primer transmisor de la cultura es la familia.
A través de la aculturación nos vamos convirtiendo en hijos de nuestro medio ambiente y también en hijos de nuestra historia personal.
Así como el psicólogo clínico realiza una anamnesis, es decir, una historia del sujeto que tiene frente a sí, escudriñando las experiencias a partir de la infancia, así también el psicólogo social que pretende trazar el perfil psicológico de un pueblo —la psicología del mexicano en nuestro caso— debe adentrarse en este importantísimo factor de la personalidad social que es la historia del país; no una historia meramente cronológica y externa, sino una historia psicodinámica, centrada en los hechos humanos.
Parece pensada para el tema de este libro la observación de Marc Bloch: "La incomprensión del presente nace, fatalmente, de la ignoran-cia del pasado." Y la reciente de Tod Sloan: "Acostumbrados a ignorar los procesos históricos, los psicólogos han desarrollado una pseudocien-
cia ahistórica, cuyos conceptos y principios son sólo tangencialmente relevantes para los dilemas de nuestra época."1
Cuando se dice que el mexicano es poco trabajador, poco responsable en el trabajo, poco entregado a su empresa, etcétera, tal conocimiento se puede manejar en dos claves alternativas: como un lamento estéril, una queja agria, una condena ciega y vana; o bien, como un reto para analizar los resortes ocultos de la situación y para diseñar estrategias a fin de modificarla y superarla.
Este libro —y este curso— se aboca a examinar los hechos históricos que condicionaron el carácter e idiosincrasia del mexicano y explican ciertas resistencias suyas al trabajo. Estamos conscientes de que se trata de una tarea ambiciosa, de gran envergadura y de gran trascendencia; y además de que existe una circunstancia agravante que la encarece: Si bien es cierto que toda cultura moldea a los miembros de una colectivi-dad, existen circunstancias por las cuales la cultura mexicana moldea a los habitantes más que otras culturas. Lo demostramos más adelante, en su momento y en su lugar.
PRÁCTICAS
1. Enumeren algunos renglones en que la cultura influye en la psicología de los individuos. Por ejemplo, en los diferentes modos de:
— alimentación del bebé — alimentación en general — vestido y atuendo — juegos y deportes
— trato mutuo de hombres y mujeres — doctrinas religiosas y ritos religiosos —etcétera
1
¿ Una psicología de la modernización ? —Interamerican Journal of Psychology. Vol.
Los procesos de aculturación del ser humano 21
Analicen las modalidades concretas de estas influencias. 2. Asimismo que identifiquen en sí mismos algunos rasgos de
carácter y algunos hábitos bien arraigados y que los retroyecten al ambiente del hogar de su infancia.
También que tracen el puente entre unos y otros, es decir, que vean cómo existen nexos entre el hoy y aquel remoto ayer. 3. Enumeren:
1) Los cinco valores más buscados o más cultivados por los jóvenes de hoy en nuestra cultura nacional.
2) Los cinco valores que fueron más significativos para sus padres y abuelos.
Asimismo, que destaquen las eventuales diferencias entre ambas listas y traten de documentarlas y explicarlas. 4. Análogamente, y a reserva de aprender datos más exactos en este
mismo libro o curso, enumeren los valores más típicos: de los nortamericanos y de los mexicanos y que los comparen entre sí; asimismo, que los relacionen con el desempeño laboral de las mayorías en una y otra cultura.
5. Para tener vivencias sobre cómo dependemos de las influencias del medio ambiente, aleccione el instructor a unas cuatro perso- nas para que den respuestas falsas en ejercicios de grupo como los siguientes y que vayan respondiendo uno por uno: * ¿Cuál de estas dos líneas es mayor?
(de hecho trazará en el pizarrón las líneas iguales) * ¿Cuál ha sido el peor presidente de México? * ¿Cuál es el país más pequeño de Europa? *¿Cuál de estos dos objetos pesa más?
Lo importante es que salga a relucir cómo a muchas personas les resulta difícil expresar opiniones contrarias a las del grupo y
cómo se dejan moldear y modelar por las opiniones que privan en su medio ambiente.
6. Citen casos personales en los que sus comportamientos hayan sido diferentes al variar el contexto social (por ejemplo, una persona no actúa igual en una recepción solemne en la embajada de Francia, y en un día de campo con cinco amigos de la adolescencia).
La sociedad mexicana; su
génesis y su cultura
OBJETIVOS
1. Adentrarse en los procesos sociales y psíquicos que dieron origen a la sociedad novohispana, antecesora de la mexicana. 2. Tomar conciencia de la disparidad de los dos elementos étnicos
básicos de nuestra raza, de la violencia de su mutuo choque y de las repercusiones de ello en nuestra idiosincrasia.
Los mexicanos del siglo XX somos, grosso modo, un com-puesto de tres ingredientes:
1. El factor indígena: plural, ya que constaba de muchas tribus, pero que podemos caracterizarlo por la cultura dominante: el autoritarismo teocrático azteca. Este elemento fue reprimido a partir de la conquista, y actúa hoy como el inconsciente silencio-so de nuestra persilencio-sonalidad silencio-social. Lo indígena oficialmente se revalora y se recupera desde la Revolución de 1910; algunos
23
dirían que sólo oficialmente y a nivel de retórica populista; no realmente.
2. El factor hispano-cristiano: la sangre y la cultura de los conquis- tadores, con el absolutismo real español, y bajo la ideología católica tomista que defendía e imponía la unidad ideológica y la uniformidad como supremo valor social y político.
Pero en la sociedad de la Colonia no se trata de dos elementos simples (los indios y los españoles). En la Nueva España se mezclaron dos sincretismos a cual más híbridos y heterogéneos: el catolicismo español del siglo XVI y la cultura azteca de la misma época.
3. Recientemente, desde hace ochenta años, el factor anglosajón: la cultura capitalista volcada sobre nosotros desde el vecino país del Norte que se nos desborda por la larguísima frontera de 3000 kilómetros.
Para las primeras etapas de nuestra historia (la Colonia y el México independiente del siglo XIX) prescindiremos de este tercer componente.
A) El componente indígena
Como ya dijimos, englobamos en los aztecas imperialistas a las demás culturas indígenas que con ellos se relacionaban de grado o por fuerza; ellos habían sido suficientemente poderosos para imponer su cultura a los pueblos circunvecinos.
Tenían estos hombres una cosmovisión cíclica y apocalíptica: la dinámica del universo era concebida en forma análoga a la de la naturaleza que nace, crece, llega a la plenitud, decae y muere. Así, pensaban que había diferentes mundos: una sucesión de soles o mundos, cada uno de los cuales acababa en una destrucción total.
Vivían, pues, la creencia de la inestabilidad del cosmos; siempre tenían frente a sí la perspectiva de la catástrofe final, la destrucción de todo lo existente.
En cuanto al hombre, creían que había sido creado para servir a los dioses; y como el dios principal Huitzilopochtli (identificado con el Sol) perdía ostensiblemente fuerza todos los días (al caer la tarde y al enseñorearse del mundo las sombras de la noche), había que reforzarlo
La sociedad mexicana; su génesis y su cultura 25
con la fuente de la vida que era la sangre humana. De aquí los sacrificios humanos:
— Sociedad fuertemente jerarquizada, con una cúpula de nobles, gue- rreros y sacerdotes.
— En el plano productivo, la agricultura los hacía dependientes del dios de la lluvia que a veces se mostraba caprichoso e imprevisible y también él hambriento de sangre.
— Mentalidad indígena: poética, simbólica, mística, flexible, escurridi- za. (En la lengua náhuatl, una misma palabra es susceptible de tener muchos sentidos, sobre todo en los mitos.) Sus razonamientos no parecen concatenación de razones lógicas, sino imbricación recípro- ca de todo con todo; están más cerca del mundo de los sueños que del de los tratados de filosofía o de ciencias naturales.
— Cultura centrada en la religión ceremonial, la guerra y el comercio; con una ciencia impregnada de religión y de magia, y por tanto muy débil desarrollo de la tecnología.
— Actitud fatalista, dependiente, resignada. Se pudo escribir de ellos: "la gente común de la tierra es la más doméstica del mundo e la más sujeta a sus príncipes e caciques".1
Pero un mundo bien integrado, ordenado y coherente: "a menos de dos centurias México-Tenochtitlán había alcanzado una organiza-ción social excelente para su época, no sólo en Anáhuac, sino en el mundo entero; no había un campesino sin tierra, el desarrollo urbano fue magnífico y llegó a contar con servicios superiores en mucho a sus contemporáneos europeos; las instituciones educativas cubrían todas las necesidades para la enseñanza y la educación del pueblo y, algo que sorprende, en el siglo XV ya tenía establecida la educación obligatoria y no había un solo niño sin escuela; el alcoholismo no existía y la delincuencia, si la hubo, fue insignificante".2
1
Bartolomé de las Casas, Brevísima relación de la destrucción de las Indias. Colección Metropolitana, México, 1974, p. 151.
2
Raziel García Arroyo, México, pueblo del Sol. Secretaría de Gobernación, México, 1975, p. 6.
"Aquellos idólatras salvajes poseían o habían poseído un sentido cósmico y arquitectónico más admirable que el de sus civilizadores cristianos", observa el crítico español Esteban Inciarte.
— Pueblo sometido: además de los sacrificios humanos de extracción de corazón, consideremos a las doncellas elegidas para ser entregadas a Tláloc, a la rudeza del juego de pelota, a los voladores de Papantla, los del peligrosísimo vuelo, a los correos que jadeantes llevaban desde Veracruz el fresco pescado para deleite del tlatoani. .. Recor- demos cómo con la frescura del mundo los caciques del sureste regalan 20 lindas muchachas a Hernán Cortés.
— Cultura represiva y represora. En la ceremonia equivalente al bautizo se decía al infante azteca: "habéis venido al lugar de cansancio, de trabajos y congojas, donde hace frío y viento. .."
B) El componente hispano
Debe subrayarse una coincidencia casi espectacular: el mismo año 1492 fue un gran final y un gran inicio: el cierre de una gesta de siglos y la apertura de una gesta de siglos: 1492 fue el término de la reconquista española contra los moros, y 1492 fue el descubrimiento de América y principio de la colonización.
A una cruzada seguirá otra cruzada; mejor dicho, a la doble cruzada seguirá otra doble cruzada, porque la España del siglo XVI estaba empeñada a fondo en la lucha contra la Reforma protestante. Y así tenemos la cruzada militar dirigida por Cortés y la religiosa, dirigida por los frailes. Queda atrás la reconquista religioso-militar en la Península, y queda por delante la evangelización de América, también religiosa-militar, bajo la inspiración de la Contrarreforma católica romana.
Gomara, capellán de Cortés, expresa la convicción de la misión en el prólogo a su Historia general de las Indias: "Comenzaron las conquistas de indios acabada la de moros porque siempre guerreasen los españoles contra infieles". Si la conquista militar de las Indias lleva el sello de la Reconquista, la conquista espiritual lleva el de la Contrarreforma.
Por el constante guerrear de moros y cristianos, los españoles se habían hecho duros y sanguinarios.
Documento de ello no son tanto las corridas de toros, cuanto innu-merables fiestas populares en que todavía bien entrado el siglo XX, los
La sociedad mexicana; su génesis y su cultura 27
pueblos —muchos pueblos— se divierten atormentando con sadismo infelices animales.
Los actores de la conquista: por un lado, soldadotes audaces y aventureros, gente ruda, ambiciosa; y por el otro, frailes misioneros: las más de las veces, gente servicial, pero cerrados en sus dogmas y por carácter débiles y apocados, no ante los indios por cierto, sino ante los poderosos de la milicia y del gobierno. Y teniendo en cuenta que, como la historia la escribieron ellos y no los vencidos, pudieron dar una versión de grandeza y de heroísmo.
A unos y otros los llevaron tan lejos de su tierra tres tipos de motivaciones:
— el poder, la explotación, las riquezas
— la convicción de realizar la tarea de civilizar a personas inferiores, bárbaras
— el propósito de evangelizar, es decir, de llevar la fe cristiana a paganos sumidos en burdas idolatrías.
Poco escrupulosos los conquistadores podemos simbolizarlos en Hernán Cortés, el audaz aventurero que decidió de una vez por todas que el fin justifica los medios y que echó mano de una cadena de engaños, traiciones y asesinatos disfrazados. Recordemos su discurso a Moctezu-ma II: ".. . Hemos venido a vuestra ciudad para saber de ambas partes quién tiene la culpa de estos daños y desasosiegos pues queremos poner remedio en ello y que viváis en paz y os tratéis como hermanos y prójimos y hasta saber esto y hacer esta consideración estaremos aquí con vosotros como señores y amigos."3
Los españoles eran un pueblo activo, pragmático y realista, cuyas creencias religiosas no significaban ni inhibición, ni abandono ni eva-sión; actuaban con la filosofía pragmática del "Ayúdate que Dios te ayudará" y del "A Dios rogando y con el mazo dando".
Con ánimo eufemístico se suele presentar a los soldados españoles como la figura paterna, recia y dura, y a la Iglesia como la madre suave e indulgente. Pero es una verdad a medias: los misioneros, pobres, piadosos y bien intencionados, "fueron sin quererlo el instrumento
3
definitivo de la dominación... Al desarticular el equilibrio de un sistema de vida coherente, estructurado, contribuyeron más profunda y radical-mente que los conquistadores a destruir el mundo que quisieron defen-der".4
La obsesión de la idolatría fue tan dominante en muchos misioneros que se les hizo sospechoso todo lo que tenía que ver con la civilización del paganismo y los llevó a destruir el arte y el folklore.
Por otro lado, al regalar Hernán Cortés a sus soldados y amigos las tierras quitadas a los indios, legítimos propietarios, creó sobre la base de la rapiña la nueva propiedad privada y cortó a los naturales el cordón umbilical de la tierra.
C) El choque de las culturas
Decir "encuentro" o "conquista" es un eufemismo para designar lo que en realidad fue choque violentísimo y guerra despiadada. El resul-tado no podía ser otro que un sincretismo, que no es fusión ni es síntesis sino mala mezcla; como la del agua con el aceite o la de la sal con el azúcar.
No podían ser más dispares los dos elementos: el mítico, mágico, simbólico y místico de aquí, frente al realista, ambicioso, pragmático, aventurero de allá.
Pero no sólo obró la heterogeneidad sino también la forma del encuentro: brutal y destructor, sin un ápice de diálogo, de razón y de respeto. Los naturales perdieron todo lo antiguo, lo suyo, y no pudieron entender lo nuevo, lo advenedizo. ¡El vacío existencial más absoluto!, ¡el desamparo más desolador!
Para los naturales significaba lo mismo "españoles" y "cristianos"; ellos no podían distinguir. Pero estos recién llegados eran heraldos de la religión del amor y al mismo tiempo sanguinarios y brutales, sádicos y traidores.
Y el fruto visible de la mala unión: el mestizo: hijo de la india violada, chingada, y como tal devaluado, rechazado, despreciado.
Muy duro fue para este nuevo mexicano el conflicto de identidades y de lealtades.
Pero tenía que triunfar el elemento más fuerte; y el indio cristianizado y el indio mestizo se vieron orillados a buscar en la fe católica un sitio 4
La sociedad mexicana; su génesis y su cultura 29
en el cosmos. Y ahora, a la distancia de siglos, quedan los símbolos: por un lado Hernán Cortés y por el otro dos personajes: Cuauhtémoc, luchador heroico, si bien vencido, o Juan Diego, sumiso y adaptable.
Los más se dejaron apabullar por el conquistador-vencedor. Pero siempre iban a subsistir los Cuauhtémoc listos para enarbolar la bandera de la protesta. Ya lo observaba y lo intuía fray Bernardino de Sahagún que tan a fondo penetró en el alma de los vencidos: "Si ahora se quedasen ellos a sus solas. . . con menos de 50 años no habría rastro de la predicación que se les ha hecho".
PRÁCTICAS
1. Identifiquen elementos de la cultura anglosajona: a) en nuestro lenguaje
b) en nuestro estilo de vida c) en nuestras celebraciones
Asimismo, examinen en qué medida pueden éstos considerar-se factores extraños, advenedizos.
2. Examinen los siguientes ejemplos sobre el carácter simbólico de la lengua náhuatl:
cuauhtli = 1) águila; 2) Sol; 3) guerrero que nutre con sangre al Sol cuauhtinchan = 1) casa del águila; 2) templo de los
guerreros
Cuauhtémoc = 1) águila que cae; 2) Sol poniente chalchihuatl = 1) agua preciosa; 2) sangre de las
víctimas
quetzal = 1) pájaro fino; 2) cielo; 3) espíritu libre coatí = 1) serpiente; 2) tierra; 3) materia esclava 3. Aporten datos y consideraciones sobre la España de 1492 y lo
que significó para ella: 5
cf. J. Lafaye, Quetzakóatl y Guadalupe: ía formación de la conciencia nacional de
— el fin de la Reconquista (moros contra cristianos) — la expulsión de los judíos
— el erigirse como campeona de la Contrarreforma (católicos contra protestantes)
4. Aporten datos sobre la violencia de la conquista, tanto militar como religiosa. Es decir, que distingan los dos tipos de violencia: la física (guerras, invasiones, suplicios) y la violencia psíquica o moral (dogmatismo, autoritarismo sagrado, amenazas, fiscali- zación y control social).
5. Citen hechos del presente que justifiquen la afirmación de que dentro de la dinámica nacional el elemento indígena funciona como el insconsciente reprimido y silencioso.
6. Sabiendo que trauma es una palabra griega que significa herida, tracen un paralelo entre:
— traumas físicos (cf. hospitales de traumatología)
— traumas psicológicos (un niño se trauma porque ve morir a sus padres en una balacera)
Los traumas a lo largo
de los siglos
OBJETIVOS
1. Analizar ciertos hechos históricos que operan en la sociedad indígena y novohispana como fuerzas disruptivas y que siguen repercutiendo en la psicología del mexicano.
2. Poner las bases para comprender la crisis de identidad que afecta a amplios sectores de nuestra población.
Al cabo de la conquista, que fue destrucción y saqueo y hecatombles sin cuento, todo fue alterado, violentado y sometido a implacable pro-ceso de desintegración.
La conquista militar y religiosa "fue un cataclismo que dislocó las bases de la relación a los dioses, al cosmos, al acontecer temporal".1
1
Enrique Florcscano, Memoria mexicana. Joaquín Morliz, México, 1987, p. 143. 31
La doble conquista expulsó al indio como protagonista de la historia; lo borró y lo anuló. Muchos de aquellos hombres, desconectados del hilo de su fuerza vital, desmembrados, desarticulados, siguieron existiendo, pero como sombras, como fantasmas. En adelante su lenguaje será el silencio. El desarraigo causó un repliegue y un desgano vital.
La secuencia más común de acontecimientos garantizaba la total deculturación, según nos lo ilustra abundantemente Enrique Florescano: "conquista - frailes - persecusión de hechiceros - extirpación de la idolatría - encomienda - esclavitud".
Los dioses de los vencidos se convirtieron en los demonios de los vencedores, y así la hazaña de los europeos redundó en la destrucción de todos los valores de los naturales. Situación particularmente espinosa fue la de la mujer: al unirse al español traicionaba a su raza y a su cultura. Pero era forzada a ello. Y los hijos crecían a la sombra de la madre y lejos del padre. Y desde entonces la familia mexicana sufre de exceso de madre y falta de padre.
El mestizo era entonces un auténtico "hijo de su madre". Pero conviene notar que ya en la época precortesiana la mujer era poco más que una cosa. Los caciques del sureste, con la mayor naturalidad, regalaron veinte doncellas a Cortés; y más adelante Cortés regaló la Malinche a Juan Jaramillo, su compañero de aventuras.
Y observamos que si durante la conquista emerge el indio como protagonista del choque con los europeos, durante la Colonia es la india quien toma el papel protagónico.
Traumáticas fueron las pavorosas epidemias que diezmaron a la población y traumáticos fueron los trabajos forzados en las minas y en la construcción de palacios, de templos y sobre todo de los enormes conventos que adornan todos los ámbitos del territorio nacional y que eran, además, fortaleza y refugio para los españoles y símbolo del poderío de cada una de las órdenes evangelizadoras.
Las tres órdenes rivalizaron entre sí en fundar pueblos de indios, donde los naturales se mantenían separados de los españoles; y los indios les sirvieron de materia prima para un proyecto que habían fabricado muchos misioneros ya desde antes de partir para América: una especie de ciudad celestial como réplica a la ciudad terrena.
2
Op. cit.,p. 151.
3
Un bolón de muestra tomado de La conquista espiritual de México, de Robcrt Ricard: "Sólo en la provincia de Mc/iillán había dos suntuosísimos conventos que jamás dieron albergue a más de 4 o 5 frailes cada uno" (op. cit. p. 320).
Los traumas a lo largo de los siglos 33
"Todos estos pueblos se hallaban enteramente en manos de los religiosos aun en asuntos temporales."4
No podemos extendernos aquí sobre el particular, pero cualquiera entiende a partir de esta drástica separación y encierro de los indígenas, cómo a casi 500 años, aún muchas comunidades no se acaban de integrar a la sociedad nacional y siguen siendo en el sentido literal, "margina-dos".
Los españoles no supieron colonizar, y la única defensa que se les da es que hubo otros peores que ellos.
La sociedad del virreinato —sociedad de castas, sociedad desintegra-da, no sociedad sino yuxtaposición de grupos— dio origen al tipo popular cínico, pícaro, corrupto, destructor. El pelado se colocaba frente al gachupín, sinónimo éste de privilegio, proteccionismo y monopolio, y frente al criollo, sinónimo de libre comercio y de lucha por medrar.
Sociedad piramidal como la que más; dogmática, opresiva, ritual, explotadora; sociedad donde "las ejecuciones de los reos. . . se hacían con la solemnidad de un oficio religioso."5
No sólo en los rudos inicios del siglo XVI, también en los siglos XVII y XVIII los trabajadores gemían devaluados: eran "mano de obra", en el peor sentido de la cosificación del hombre. Alejandro von Humboldt habría de señalar que en los obrajes —embriones o anticipos de la fábrica— los obreros laboraban y malcomían en clima infrahumano, casi como animales.
En 1753 por orden real de Carlos III se llevó a cabo la gran seculari-zación de las doctrinas, retirando a los misioneros franciscanos, domi-nicos y agustinos del cuidado de los indígenas, y a raíz de esto muchos quedaron como huérfanos, desamparados. No habían madurado como adultos; no podían haberlo hecho ante el paternalismo dogmático y opresivo.
Hacia final del siglo XVIII toman cuerpo los movimientos proinde-pendencia; los protagonizan los criollos para sus propios intereses, no los mestizos ni los indios; pero los primeros hábilmente alborotan a los segundos y a los terceros, y así tienen carne de cañón a precio de regalo.
Para cohesionar a una población escindida por mil desigualdades, los criollos utilizan un símbolo religioso-patriótico: la Virgen de Gua-dalupe.
4
Roberl Ricard, La conquista espiritual de México. FCE, México, 1986, p. 320.
5
En su momento Hidalgo llamará a la "Virgen mexicana" a declarar la guerra contra la Virgen española: la Guadalupana avanzará luchando y matando realistas, contra la Virgen de los Remedios que aplasta insurgentes.
Ya en los primeros años de la Colonia se satanizaba cualquier conato de insurrección contra la corona española. "El demonio, como perdidoso desta tierra, que tenía por suya, ha de poner toda diligencia que pueda para restuilla, si pudiere."6
Si así se presentaban las cosas al día siguiente de la Conquista, ahora, tras tantos años y siglos de "orden establecido", a fortiori era más fácil desacreditar a los rebeldes. Y observamos que mientras el bajo clero, pobre y sometido, se convirtió en un venero de liberales, el alto clero, el de los privilegios, enarboló con firmeza y dureza la bandera conserva-dora, y lo vemos empeñado en presentar y en hacer presentar en pulpitos y confesionarios a los insurgentes como blasfemos, herejes, sacrilegos y traidores y en intimar la fidelidad al rey de España como un funda-mentalísimo dogma de fe cristiana.
"Para amedrentar a los mexicanos que demostraban tendencias más o menos ostensibles en favor de la libertad, se recurrió a las armas que sobre las conciencias podía esgrimir todo sacerdote adicto a la domina-ción española. El confesionario mismo se puso a disposidomina-ción del poder civil para denunciar como reos de traición a la patria a aquellos que cometían la debilidad de decir a los sacerdotes que eran adictos a la causa de la independencia."7
El desenlace fue como de novela tragicómica: al darse en España en 1820 una revolución liberal que restringía los privilegios de la nobleza y del clero, la nobleza y el alto clero novohispanos hicieron un viraje de 180 grados y adoptaron con pasión la causa de la independencia que con tanta saña habían combatido. Encomendaron a un activo realista, Agus-tín de Iturbide, que encarnara la insurgencia y consumara la inde-pendencia, y le dieron todas las facilidades ad hoc —ellos que tenían la sartén por el mango.
Iturbide recompensó con ascensos a quienes lo apoyaron en su fulminante campaña y en su fácil victoria, y —¡paradoja hiriente!— todos cuantos recibieron el grado de general en la nueva república habían sido realistas, excepto Guerrero. Así al cabo de once años (de 1810 a
6
Carta de Gerónimo López al Rey en 1541. En J. García Icazbalcela: Documentos I, p. 148.
7
Los traumas a lo largo de los siglos 35
1821) "la independencia se ha consumado; pero sus términos son muy diferentes a los que la revolución popular había planteado. La rebelión no propugna ninguna transformación importante del antiguo régimen. Ante las innovaciones del liberalismo reivindica ideas conservadoras. Sobre todo se trata de defender a la Iglesia de las reformas que amenazan y a las ideas católicas de su «contaminación» con los fílosofemas liberales. De allí el apoyo entusiasta, incondicional que presta la Iglesia al movimiento; lo presenta como una cruzada para salvar a la «santa religión amenazada» y a Iturbide como un «nuevo Moisés» enviado por Dios. . . Desde el punto de vista social es claro que el movimiento de Iturbide no tuvo nada en común con el de Hidalgo y Morelos."8
¿Paradoja? ¿Ironía? ¿Acertijo y enigma social?
En cierto modo, los indígenas consumaron la conquista y los espa-ñoles (hijos de espaespa-ñoles) consumaron la independencia.
¡El mundo al revés!
¡De veras que somos un país peculiar!
Pero los traumas no habían terminado. Apenas a los 26 años de la independencia, en 1847, cuando podríamos decir que México vivía su adolescencia, sufrió la bárbara mutilación de más de la mitad de su territorio. Y los causantes fueron los vecinos del Norte, los mismos que hoy se muestran tan solícitos de nuestro bienestar... '
En 1854-1857 fue la Reforma; empeñada en fundar un México moderno negando su pasado, con aspiraciones a una nueva liberación nacional, esta vez sí de verdad.
"El mexicano no quiere ser indio ni español. Tampoco quiere des-cender de ellos. Los niega. . . la Reforma es la gran ruptura con la Madre."9
La Reforma culmina con la Constitución de febrero de 1857, conde-nada a más no poder por la Iglesia, que prohibe (marzo de 1857) se absuelva en la confesión a cualquier católico que haya jurado la Cons-titución si no presenta una retractación pública. Nuevo trauma para la conciencia religiosa del pueblo, que se ve ante la disyuntiva: ¿enemigo de mi religión o enemigo de mi Estado?
Y sigue la aventura de Maximiliano de Habsburgo, que llega con todas las bendiciones papales.10
8
Historia general de México, op. cit. p. 639
9
Octavio Paz, El laberinto de la soledad, FCE, México, p. 79.
10
Y el conflicto de fidelidades se extrema hasta el paroxismo. Luego viene el porfiriato con su nuevo feudalismo y con su paz sepulcral: hay orden cívico, pero con deslumbrante riqueza para una aristocracia so berbia, y cruel miseria para las muchedumbres de camisa y calzón blanco, para los peones acasillados explotados vilmente en las tiendas de raya.
La Revolución de 1910 fue un cataclismo que desquició el orden social del porfiriato con el señuelo de la justicia, la democracia y la libertad; convulsión popular que habría de costar al país un millón de muertos. Pero con resultados muy diferentes de los esperados y planea-dos. Madero quedó atrapado en las garras del régimen vencido, y al cabo de diez años ya había emergido un nuevo statu quo, también de privile-gios y de injusticia social.
Al ir corriendo los decenios del siglo XX México sufrió otra conquis-ta: el neocoloniaje del poderoso vecino del Norte, que nos invadía con su diplomacia, con sus transnacionales, con sus productos consumistas, con sus espectáculos, con sus modas, su lenguaje, su American Way of Life, creándonos actitudes ambivalentes: de admiración y de coraje; de envidia y de rechazo. Sabemos que el coloso imperialista nos domina, nos controla; que manipula nuestra economía y nuestra política; que la misma gesta nacionalista que tanto nos enorgullece —la expropiación petrolera— "fue promovida por los norteamericanos para expulsar a sus competidores (europeos) de México, provocar una disminución de las exportaciones de petróleo y lograr una dependencia tecnológica petro-lera de México hacia Estados Unidos.11
Al final de los años setenta, y todavía ante la euforia de nuestra recién descubierta riqueza petrolera ("tenemos que aprender a administrar la abundancia", advertía el presidente de la República), nos esperaba otro trauma: el de las devaluaciones que pulverizaron el peso mexicano y el de la inflación galopante con el empequeñecimiento implacable de los salarios.
Y para rematar la cadena de experiencias traumáticas a nivel colec- tivo: en los últimos lustros el problema del control de la natalidad, exigido por la sociedad y reprobado tajantemente por la Iglesia Católica, y el del aborto, reprobado por ella misma y por otros grupos e institu- ciones.
11
Los traumas a lo largo de los siglos 37
PRÁCTICAS
1. Escenifiquen una discusión intensa entre 2 o 3 defensores de la conquista y colonización española que ponderan la superior civilización, y 2 o 3 impugnadores que pongan de relieve la brutalidad de los europeos del siglo XVI y las fallas del sistema colonial.
2. Citen casos de marginación de grupos indígenas y expliquen cómo este fenómeno afecta hasta el presente la dinámica social y económica del país.
3. Identifiquen en la psicología del mexicano moderno algunos rasgos que delaten el resentimiento, la envidia, el fatalismo y las represiones, herencia de la sociedad colonial de castas. 4. Identifiquen los principales valores y anti valores que se jugaron:
a) en la Independencia (1810-1821) b) en la Reforma (1854-1857) c) en la Revolución (1910-1920)
También señalen cómo vive tales valores la población en el momento actual.
5. Como paralelo ilustrativo expliquen cómo, a diferencia de lo que sucedió en México, la Independencia de Estados Unidos no fue una ruptura drástica con el pasado. Asimismo, deduzcan cómo México enfrenta la tarea de reconciliarse con su propio pasado.
Nuestra psicología profunda
OBJETIVOS
1. Conocer los condicionamientos profundos que mueven al mexi- cano a interpretar la realidad en formas peculiares, y los resortes psíquicos que más lo llevan a actuar.
2. Conocer el significado genuino y psicodinámico de algunos aspectos filosóficos, éticos y religiosos de nuestra idiosincrasia. Base de las conductas de los individuos y de los grupos son, además de los pensamientos conscientes y claros, las emociones, las necesida-des, las carencias, los conflictos. Siempre que nos encontremos ante conductas bizarras, podemos buscar la clave en los recovecos del inconsciente, con sus mil resortes y sus mil dinamismos oscuros y tortuosos.
39
A) La crisis de identidad. Ambivalencias
Se entiende por identidad nacional la conciencia de determinados rasgos compartidos por una colectividad, y la aceptación de un estilo de vida que incluye un peculiar sistema de normas y valores.
Obviamente en una sociedad de castas como la colonia de Nueva España, era imposible e impensable tal identidad.
El exponente más genuino de la fusión de la raza europea e indígena, el mestizo, se consideraba hijo de puta o hijo de la chingada, es decir, de la mujer abierta, violada, burlada. Conviene notar que, en su origen, la palabra mestizo era despectiva.
¡Ardua tarea para los hijos la de identificarse con los padres y con la cultura familiar! La ambivalencia era demasiado estridente.
Y la historia se repite: así como el mexicano de los siglos pasados admiraba y respetaba al conquistador español, así ahora admira y respeta al conquistador yanqui; y a ambos en el fondo los detesta.
Y así también es ambivalente el sentimiento del mexicano hacia la mujer: la respeta y la rechaza; y exhibe conductas machistas cuando dice: — "Mi vieja"
— "Vieja el que se raje" — "Palabra de hombre" — "Esto es un desmadre" — "Me importa madre"
— "Me voy a madrear a fulano".
Y paradójicamente, de una fiesta espléndida dice que está o estuvo "a toda madre".
Además de las ambivalencias, el mexicano experimenta inseguridad, temor, masoquismo, búsqueda del anonimato, de disolverse en lo social, en el "nosotros" fluctuante e impersonal.
"El mexicano siempre está lejos, lejos del mundo y de los demás; lejos también de sí mismo."1
1
Nuestra psicología profunda 41
No permite que el mundo exterior penetre en su intimidad; por eso lo peor es rajarse; la peor ofensa que se echa en cara a alguien es que se rajó o que se quiere rajar.
Las mujeres son consideradas seres inferiores porque al entregarse se abren, se rajan.
La crisis de identidad toma las formas del disimulo y de las máscaras. Por ejemplo
— El importamadrismo ("me importa madre"); burlarse de sí mismo; aparentar que se ríe del fracaso y de la desgracia
— Los alardes: mostrarse "muy hombre" y desafiar peligros innecesa- rios
— El lenguaje procaz
— Los desplantes de superioridad al menospreciar a los indios y a los "nacos"
— La rebeldía contra el patrón erigida en estilo de vida y de comporta miento laboral
En general estas poses de dureza son mecanismos psicológicos compensatorios para tapar la debilidad, el desconcierto y la confusión.
Y si pasamos al orden político, encontramos a cada paso la mentira institucional. Parece certero un desplegado de toda una plana de Excél-sior (17 de junio de 1986) firmado por Francisco Villarreal y titula-do "la mentira": ". . .Somos un pueblo enfermo y la raíz de nuestra enfermedad es la mentira; hemos perdido el valor de nuestro lenguaje. .. vivimos bajo el imperio de la mentira oficial, la mentira diaria; la mentira personal de cada uno..."
Estudios comparativos interculturales del doctor Rogelio Díaz-Gue-rrero nos presentan dos cuadros interesantes por contrastantes:
1. El estadounidense: independiente, activo, individualista, firme, tenso, autoafirmativo, con alta necesidad de logro.
2. El mexicano: complaciente, obediente, afiliativo, flexible, de pendiente.
O bien, como interpreta Díaz-Guerrero, el gringo es un roble, en tanto que el mexicano es un sauce.
Mientras 86% de los gringos cree y siente que la vida es para gozarla, 63% de los mexicanos dice que es para sobrellevarla.
¡Dos filosofías de la vida! ¡Dos mundos antitéticos!
El constante temor de perder su identidad hace al mexicano de clase popular patriotero y agresivo.
De ahí nuestra tradición de hombres armados y nuestra larga serie de militares en el poder civil. El primer recurso para resolver los problemas, sobre todo los políticos, han sido las armas. Y las guerras, aun las religiosas, como la guerra cristera, son crueles e implacables.
Por fortuna existen otros recursos más positivos para buscar y afirmar la identidad nacional:
— El folklore (ballet, música popular, antojitos, películas, artesanías barrocas...).
— Las obras de los grandes muralistas. — El deporte.
¿Será descabellada la conclusión de que somos, como pueblo, un caso psiquiátrico? Histéricos que simulamos para ser aceptados; narcisistas que nos autoidealizamos en la fantasía; esquizoides que no acabamos de saber quiénes somos; paranoides que desconfiamos de todo y de todos...
B) Religiosidad, superstición y magia
No hablamos tanto de la religión como institución, sino de la religio-sidad como vivencia; no del hecho social (lo exterior) sino del fenómeno psicológico (lo íntimo).
Para comprender la religión del mexicano hemos de reconstruir su génesis allá en el lejano siglo XVI. Se conjugaron varios elementos heterogéneos:
— El catolicismo español de la Contrarreforma y de la Reconquista, pero también de las devociones. Este último rasgo lo había importado España del sur de Francia.
Nuestra psicología profunda 43
— La conversión masiva, forzada y acelerada, que no pudo dar lugar a una síntesis sino sólo a un mal sincretismo.
— El método de las doctrinas y de los pueblos de indios con líderes paternalistas y sobreprotectores y al mismo tiempo implacables con tra el más mínimo conato de disidencia o de emancipación; el dogmatismo infantilizó a las masas.
Todo ello en una cultura feudal que ponía la obediencia y la sumisión por encima de todo.
El resultado lo encontramos en las características que presenta nues-tra religiosidad popular:
— Providencial ismo — Ritualismo mágico — Superstición
— Tradicionalismo ciego — Fanatismo
— Resignación masoquista (con culto a cristos cárdenos y destrozados y con "mandas" y penitencias espeluznantes)
— Exhibicionismo, en el sentido de una religión que no es forma habitual de vida, sino episodios aislados y eventos sociales: bodas, bautizos, funerales
— Utilitarismo: doy para que me den (aquí las mandas, las promesas, los exvotos)
Y como caldo de cultivo, una dependencia edípica de la diosa benévola y dadivosa. "María es el mito de un pueblo pobre, oprimido y marginalizado" —proclamaba el notable sociólogo y presbítero católico don Manuel Velázquez.
Esta religiosidad florece a la sombra de una jerarquía dogmática, conservadora, paternalista, complaciente con el sistema mientras le dé
espacios para desarrollarse y pronta a reforzar los mitos; una jerarquía clemente con el pecador que se humilla y despiadada, en general, contra el crítico que cuestiona; una jerarquía que se ufana de que el pueblo mexicano es guadalupano por esencia: "hasta los ateos son guadalupa-nos".
La religión popular se caracteriza por una exuberante ceremonialidad comunitaria. Particularmente significativas son las procesiones masivas a La Villa y a Chalma, cuyo objetivo es mantener buenas relaciones con las potencias sobrenaturales para protección y bienestar terrenal: ir al santuario es acercarse a las fuentes sobrenaturales de poder, como quien dice, cargar las baterías vitales.
Una incorregible dependencia psicológica; una incapacidad de afron-tar los problemas y coger el toro por los cuernos, origina un clima de superstición y magia; nótese que la magia es agresiva en tanto que la superstición es pasiva: ésta se limita a evitar situaciones que se conside-ran dañosas o peligrosas.
Esta religiosidad popular alienante y domesticadora, tiene mucho de opio, lo cual conviene a los intereses de las clases y grupos dominantes.
El brillante psicoanalista Ignacio Millán, fallecido prematuramente, se atrevió a escribir hace 14 años: "La Guadalupana no es otra que la Malinche vestida y adornada para la nueva época, ya que ésta, la Malinche, es la madre cierta y segura de la mayoría de los mexicanos."2
En México la ideología dominante es el nacionalismo: para las mayorías la nación es cultura, mentalidad, mito y mesianismo.
Encontramos en el Tepeyac una fe patriótica antes que fe religiosa; una fe psicológica antes que fe cristiana; una proyección de carencias profundas antes que una respuesta a mensajes celestiales.
C) Actitudes ante el cosmos y ante la vida. La esfera moral "La corrupción somos todos" —se ha escrito con descaro, tal vez con verdad, en las bardas de las casas y de las fábricas.
En el panorama ético de la población mexicana destaca una nube de cinismo:
— La mordida
2
Nuestra psicología profunda 45
— El soborno (y los más timoratos se justifican: es que sólo así se puede trabajar; sin mordidas no funcionan aquí los negocios)
— Las mil veces repetidas violaciones a la Constitución. Hasta se dice con cinismo que en este país la gran prostituta es la Constitución de la República.
— La infidelidad conyugal
— Los "aviadores" que cobran sueldo sin trabajar — Los fraudes fiscales
— Las transgresiones a todos los reglamentos; con la explicación prag- mática de que "más vale pedir perdón que pedir permiso"
La mayoría de los mexicanos tiende a separar la esfera económica de la esfera moral. Nótese que no obstante que la base de la moralidad es cierto compromiso con la comunidad, como veremos más adelante, nuestra cultura es individualista.
D) El mexicano ante la muerte
Se dice que México es el único país del mundo en que el día de los difuntos (2 de noviembre) se celebra con fiesta ruidosa.
Para los aztecas el destino del hombre en la ultratumba no se definía por criterios éticos sino por las circunstancias de la muerte: enfermedad, parto, combate, ahogamiento. . . Para ellos había diversas "casas de muertos", no un solo cielo y un infierno como para los cristianos.
La muerte no era el final de la vida, sino una fase de un ciclo infinito. Los privilegiados eran los soldados muertos en combate y los cautivos sacrificados a quienes se tributaba el epíteto de "muertos divinos".
La vida trasciende cuando se realiza en la muerte. Existe una comu-nidad entre los vivos y los muertos del clan.
Llama la atención el enfoque festivo y despreocupado: la catrina, la pelona, patetas. Muchos le rezan y le presentan ofrendas invocándola como "Santísima muerte".
El mexicano frecuenta la muerte, la burla, la acaricia, la festeja, duerme con ella, juega con ella como con juguete favorito; los niños juegan con esqueletos de alambre y barro que guardan un grotesco
equilibrio al bailar, con ataúdes pintados de morado; y chicos y grandes regalan calaveras de azúcar con el nombre del amigo y comen pan de muerto.
El mexicano ve a la muerte como algo vivo. La indiferencia ante la muerte se nutre de su indiferencia ante la vida; la vida lo ha curado de espantos.
PRÁCTICAS
1. Examinen cómo algunas películas de Mario Moreno "Cantin- flas" ilustran aspectos de la psicología del mexicano.
2. Citen canciones que expresen o que sondeen rasgos de la psico- logía del mexicano. Es necesario analizarlas en grupo. 3. Aporten ejemplos de humorismo mexicano y sírvanse de ellos
como proyección psicológica donde se refleja nuestro modo de ser y nuestras más íntimas inquietudes y vivencias. Asimismo, discutan hasta qué punto nuestro humorismo puede delatar al mecanismo de defensa llamado formación reactiva. (Nota: esta defensa psicológica consiste en una compensación que intenta negar un sentimiento adoptando conductas en el extremo opues- to. Así es por ejemplo el machismo.)
4. Busquen maneras y recursos concretos para rescatar algunos valores de nuestro pasado indígena.
5. Analicen aspectos de la religiosidad mexicana que puedan ser enmascaramientos de temores, más bien que "fe cristiana quími- camente pura".
6. Analicen como proyección psicológica algunas expresiones me- xicanas que incluyen referencias a la muerte. Por ejemplo, "me muero de envidia", "estaba muerto de risa", "muerto de sueño", "muerto de hambre", "muerto de cansancio", "me muero de ganas", "muerto de coraje".
Nuestra psicología profunda 47
a) anécdotas b) textos literarios
c) expresiones lingüísticas (un ejemplo: "ni modo").
Dialoguen sobre la fiesta popular como experiencia de compartir y desahogar la angustia contenida y almacenada a lo largo de semanas y meses.
La dependencia ancestral
OBJETIVOS
1. Analizar cómo, al lado de una oficial independencia política, los mexicanos sufrimos una extraoficial dependencia económica con respecto a potencias extranjeras, y diversos tipos de depen- dencia psicológica.
2. Aprender y experimentar algunos modos de superar las depen- dencias deletéreas.
A) El cuadro general
Oficialmente México es un país independiente desde hace 171 años. Uno de los monumentos más conspicuos de la ciudad capital es la Columna de la Independencia erigida en el Centenario (1910). Es un símbolo nacional muy querido.
Pero una cosa es el área jurídica y otra muy diferente el área psico-lógica; una cosa son las leyes escritas y otra las vivencias de la población.
49
El mexicano del México independiente acusa fuertes dependencias. En seguida enumeramos las principales, con algunos de sus síntomas: a) Dependencia del gobierno:
— Paternalismo — Presidencialismo — Mesianismo sexenal — Centralismo exagerado — Servilismo ante los poderosos
b) Dependencia de lo divino o sobrenatural: — Providencialismo
— Devociones de cuño mágico
— Promesas y mandas para obtener, llovidas del cielo, soluciones a los problemas
— Prácticas supersticiosas y prácticas mágicas — Doctrinarismo dogmático que congela las mentes
A este propósito observó Octavio Paz que, tras tantos siglos de ser manipulado y engañado, el mexicano ya no cree más que en dos cosas: la Virgen de Guadalupe y la lotería nacional
c) Dependencia de la familia: — Padres sobreprotectores — Padres dominantes — Familias matriarcales
La dependencia ancestral 51
— Familias-clan, donde los hijos se casan y se quedan a la sombra de los padres, a seguir dependiendo de ellos
d) Dependencia del medio ambiente:
Todo mundo depende del medio ambiente; y esto es normal. Pero el mexicano se pasa de la raya: además de imitar demasiado a los extranjeros primermundistas, existe mucho mimetismo social. "Y ahora, ¿seremos al fin capaces de pensar por nuestra cuenta?" pre-guntaba Octavo Paz1
— Expresiones, como "mande usted", "para servir a usted" (desconoci- das en otras lenguas y en otras culturas), y que delatan actitud de suma docilidad
— Está más condicionado por el pasado que protendido u orientado hacia el futuro
— Adopta posturas de resignación y conformismo más bien que de confrontación activa y agresiva a los problemas
— En el trabajo cae fácilmente en el chambismo; es decir, la búsqueda de "un puestito" donde sin pena ni gloria pase ocho horas al día y la institución, como una mamá, provea su sustento y su seguridad. e) De las tradiciones:
— Abundan los ritualismos laicos; por ejemplo, en los aniversarios oficiales, en los informes de gobernadores y presidentes... — Menudean las rutinas ciegas que nadie se atreve a cuestionar. En
muchas comunidades el argumento supremo para actuar en tal o cual manera es la costumbre: "Así se ha hecho siempre; ergo, así se tiene que hacer".
f) De la naturaleza:
Sus inmensos recursos naturales ponen a los mexicanos la tenta-ción de confiarse en riquezas no creadas por el esfuerzo y el trabajo. 1
Texto presentado al introducir el ciclo de literatura mexicana en la Sorbona de París (marzo de 1991).