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CALDAS VISUALES BOGOTÁ D.C

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Academic year: 2021

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Santuarios

Privados

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SANTUARIOS PRIVADOS

JULIETH NATALIA CASTELBLANCO MONTAÑEZ

UNIVERSIDAD DISTRITAL FRANCISCO JOSÉ DE CALDAS

FACULTAD DE ARTES ASAB

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SANTUARIOS PRIVADOS

JULIETH NATALIA CASTELBLANCO MONTAÑEZ Trabajo de grado para obtener el título de Maestra en artes

plásticas y visuales

Asesora: VICENTA VICTORIA GÓMEZ Artista plástica con Máster en Producción Artística

UNIVERSIDAD DISTRITAL FRANCISCO JOSÉ DE CALDAS

FACULTAD DE ARTES ASAB

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Contenido Agradecimientos 11 Resumen 13 Abstract 15 Introducción 17 I: INCOGNITAS 19 Sagrado 20 Objetos 22 Memoria 24 La memoria y el mito 26 Lo sagrado y lo Intimo 28 Espacio y contenedor. 31 II: REVELACIONES 37 Bitácora 38

Una cosa es una cosa hasta que alguien la ve diferente 43

Bocetos 45

III: SANTUARIOS PRIVADOS 51

Sintesis 52

Centro de memoria 53

Caja negra 54

Objetos en Parafina 54

Luz 56

Eco de la propia voz 57

Público 57

IV: REFLEXIONES, MANIFESTACIONES 59

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Agradecimientos

El presente proyecto ha sido posible gracias a la suma de múltiples actos de generosidad, además de una amplia riqueza de perspecti-vas, por lo que podría decirse que tras él hay un esfuerzo conjunto. En primer lugar, quiero mostrar mi gratitud a Vicenta por su guía paciente, juiciosa y crítica, fundamental para aterrizar y llevar a término las ideas. En varios momentos sus propues-tas me llevaron a hacer las cosas desde una nueva perspectiva y gracias a ello descubrí otras posibilidades y capacidades propias.

A toda mi familia por su generosa escucha y colaboración, en especial a mis padres por su mecenazgo, además de ser la principal fuente de inspiración de varias de las experiencias aquí registradas.

A Felipe por trabajar hombro a hombro conmi-go. Me haría falta un libro entero para darte las gra-cias, porque sin tu ayuda esto no sería una realidad. A Nicolás y a quienes hacen parte del Centro de Memoria por recibirnos con los brazos abiertos, su diligencia y amabilidad.

A Ana y a Nata por ayudarme a pulir todo lo que es-taba en bruto; sin ellas, esto no habría sido posible.

Por último, y no menos importante, a todos los ami-gos, compañeros, profesores, trabajadores, autores y co-nocidos quienes compartieron sus recomendaciones, experiencias, sugerencias e interés por este proceso.

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Resumen

Santuarios privados es una exploración a los ob-jetos cotidianos que guardan enormes significados ¿Cómo?, ¿por qué? y ¿para qué existen estos elementos? Estas cuestiones buscan ser abordadas partiendo de experien-cias de índole personal e indagaciones teóricas sobre la manera en que los seres humanos comenzaron a dar un significado a lo que hubo en su entorno, luego a construir sus propios espacios y significados, para más tarde encontrarse inmersos en un mundo mayormente transformado por su propia acción, donde conti-nua la búsqueda de significado, esta vez, a través de los objetos. Allí, el ser humano se encuentra constantemente con la nos-talgia de aquello que lo ha llevado a ser quien es y la ilusión de que hay algo que supera lo que conoce. Como resultado de esta reflexión, surge la instalación “santuarios privados”, un escena-rio donde las personas pueden cuestionarse a sí mismas sobre lo que puede llegar a significar aquello que está frente a ellos.

Palabras claves: Sacralizar. Sagrado. Resignifi-car. Revelación. Nostalgia. Memoria. Mito. Símbolo.

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Abstract

“Private sanctuaries” is an exploration about everyday objects that hold enormous meanings

How? Why? And why do these elements exist? These questions seek to be addressed based on personal experiences and theoretical inquiries about the way in which human beings began to give meaning to what was in their en-vironment, then to build their own spaces and meanings, to la-ter find themselves immersed in a world mostly transformed by its own action, where the search for meaning continues, this time, through objects. There, the human being constant-ly encounters the nostalgia of what has led him to be who he is and the illusion that there is something that exceeds what he knows. As a result of this reflection, the installation “private sanctuaries” arises, a scenario where people can question them-selves about what can come to mean what is in front of them. Keywords: Sacralize. Sacred. Resigni-fy. Revelation. Nostalgia. Memory. Mith. Symbol.

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Introducción

Hay objetos que adquieren una particularidad especial al estar impregnados de historias personales que se configuran en recuer-dos o memorias. Éstos no son fáciles de reconocer a simple vista, porque su valor no se encuentra en su precio (como las joyas o metales preciosos), sino en el significado que llevan consigo. Hay varias formas de descubrir dónde está dicho valor en el uni-verso los objetos; por ejemplo, tomándolos por error y recibir un estrepitoso regaño, o que quien conoce tal objeto te lo haga saber en una conversación muy profunda e íntima. También puedes mirar dentro de tus propias posesiones, tal vez ordenando o limpiando y cuando estés absorto en una memoria que te conmueva de una forma inesperada, sabrás que no estás frente a un elemento común. Algunas veces no tendrás la certeza de cómo ni por qué, pero sa-brás que vale más que todo lo que has desechado alguna vez junto. Santuarios Privados nace como un proyecto de índole

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perso-Primero, noté la fuerte relación de los objetos con los re-cuerdos; además, percibí que este comportamiento tenía que ver con la veneración, por lo que lo relacioné con la sa-cralidad, curiosamente, me di cuenta de que de acuerdo con el orden y al lugar donde los ubicaba, el espacio se per-meaba de esa carga que también tienen estos elementos.

Basada en estas nociones, fui indagando informalmente di-chos cuestionamientos con todo tipo de personas, en diferentes ámbitos; la mayor parte de las personas afirmó poseer alguna cosa solamente por mantener un recuerdo, nostalgia o sentir una conexión inexplicable con tal o tales objetos sustentando crite-rios muy personales. Al mismo tiempo, buscaba alguna infor-mación más objetiva que me ayudara a dar sentido a esas ideas, de manera que me topé con “El sistema de los objetos” de Jean Baudrillard (1969) que plantea una interesante clasificación de los objetos, entre la que existe la categoría “antiguos y margi-nales”, que describe su sentido como mitológico y nostálgico; luego encontré en “Lo sagrado y lo profano” de Mircea Eliade (1957) un amplio estudio sobre la manera en que se distingue la experiencia con el mundo cuando se tiene una perspectiva de sacralidad y cuando no se tiene. Finalmente, pero no me-nos importante, “Los siete pecados de la memoria” de Daniel L. Schacter (2003) me ayudó comprender los mecanismos físicos y psicológicos que intervienen en la formación de los recuerdos.

Así, pues, el propósito de este diario es mostrar el camino que me ha llevado a dar forma a Santuarios Privados, una ins-talación artística que explora la experiencia personal de lo sa-grado a través de la materia; además, busco compartir esta in-quietud con todo aquel que quiera acercarse a la experiencia.

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Sagrado

Es de conocimiento general que el término sagrado se asocia frecuentemente con los contextos religiosos, donde todo aquello que está relacionado con la divinidad y los dio-ses pertenece a la esfera de lo sacro, y todo lo que no perte-nece a ese conjunto se determina como profano. En estos términos, lo que haya sido consagrado desde un espacio, un lugar, un objeto, una persona, e incluso un tiempo defini-do (como las fiestas o rituales) según las creencias y cultura de un grupo humano específico, es percibido como sagrado.

Por otro lado, cuando este término aparece en expresio-nes y conversacioexpresio-nes cotidianas como “mi madre es sagrada”, “el amor es sagrado” o “mi oso de peluche es sagrado”, com-prendemos exactamente a lo que se está refiriendo el hablan-te. Así, pues, nos referimos a algo en términos de sacralidad, cuando es tan importante para nosotros, que merece un res-peto especial, es absolutamente imprescindible y no debe ser dañado; sin embargo, dependiendo del criterio de la perso-na que lo expresa, ese “algo” puede tomar diferentes formas.

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Cuando era pequeña, no entendía por qué debía persignarme cada vez que pasaba frente a una iglesia, aunque estuviera den-tro de un bus y no tuviera intención de entrar. Tampoco com-prendía por qué mi papá cargaba un trébol en la billetera, incluso si había tantos en la hierba, o por qué había sido tan grave para mi mamá, el hecho de que mi hermana perdiera un anillo, si podía comprar otro. Más adelante, mientras crecía, algunos objetos también to-maron importancia en vida. Tuve un primo muy querido que, en ocasiones y siendo muy niñas, nos regalaba (a mis hermanas y a mi) aretes, collares, peluches o camisetas para que nos repar-tiéramos de acuerdo a la “personalidad de cada una”. Cuando él murió, estos objetos se volvieron algo diferente para mí; aunque fui creciendo y ya no los necesitaba (porque ya no correspondían con mi edad), no deseché estas cosas debido a los recuerdos que suscitaban. Así pues, los guardé en una caja para no usarlos, para protegerlos, incluso hoy en día, permanecen guardados y sólo los veo cuando es necesario ordenar y limpiar. A partir de esta experiencia, entendí que todos nos rela-cionamos con lo que poseemos de maneras distintas, cada cosa tiene un motivo, pero siempre me contrarió reconocer lo difícil que es desprenderse de algunas cosas, es decir ¿por qué se reacciona a ellas de una manera particularmente reflexiva? ¿Qué hace diferentes los objetos dentro de la variedad que nos

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Objetos

Gran parte de las cosas que nos rodean están allí para cum-plir una función, desarrollar actividades o cumcum-plir un objeti-vo, desde una pelota para el entretenimiento, hasta un vehí-culo para transportarse. Sin embargo, no todo los objetos que guardamos cumplen con estos fines de utilidad; hay objetos que están en nuestro entorno por razones más complejas, que corresponden a un ámbito personal y emocional, pues tienen que ver con el transcurrir de nuestra vida: con el pasado, cuan-do nos remiten a épocas de la memoria común o personal que queremos recordar, el presente, cuando se percibe algo como único y práctico en un sentido mucho más íntimo que otros elementos útiles, o el futuro, al usarlos como amuletos o ba-ses de proyectos y planes que están ideados en nuestra cabeza.

El esquema anterior nos da indicios de que, entre la va-riedad de objetos que componen nuestro entorno, hay al-gunos que están presentes no por lo que “son”, sino por lo que “representan”; es decir que entre un sujeto y un obje-to existe una razón que los acerca, entre más relevante es esta, más estrecha es la relación de la persona con ese “algo”,

de manera que puede denominarse como objeto *simbólico .

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Esto quiere decir que, dentro del simbolismo de los objetos, siempre habrá una jerarquía, pues unos serán más importantes que otros, y este ordenamiento se va determinando a medida que pasa el tiempo. De esta manera se puede ir diferenciando entre aquellos objetos que generan un apego, el cual se desva-nece a medida que cambia el sujeto y acomoda su entorno o intereses, mientras otros elementos se mantienen con el pasar del tiempo, y contrario a lo que sucede con los objetos comu-nes, que pierden valor económico al correr los años, los obje-tos simbólicos adquieren mayor valor personal y sentimental. En el libro de Jean Baudrillard “el sistema de los objetos” (1969), el autor ordena por sistemas la inmensa cantidad de objetos producidos por los seres humanos y categoriza aque-llos objetos de mayor valor simbólico como objetos antiguos, pertenecientes a un discurso subjetivo. Sobre ellos resalta que, como son objetos con cierto grado de antigüedad “no exis-ten en un tiempo real, sino que son signos o indicios cultura-les del tiempo” (p. 84), esto quiere decir que, aunque existan de forma material en el presente, tienen la cualidad de traer consigo el pasado al tiempo actual. Por ejemplo, cuando vemos algo que nos es familiar o un objeto idéntico a alguno que po-seíamos, de inmediato nos estremecemos y recordamos lo que creíamos haber olvidado. Ese momento que se “reproduce” en el presente, Baudrillard lo llama tiempo mitológico, porque representa lo que ha sido, un estado o un ser anterior, por lo tanto, refiere al principio de algo, tal como lo hacen los mitos. Según Mircea Eliade, “El mito relata una historia sagrada” (1957, p.37) por lo tanto, si cada objeto antiguo tiene que ver con una memoria (un mito), puede decirse que estos objetos son sagrados, pero ¿será esta la única relación entre lo sagrado y la memoria?

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Memoria

Hace seis años, mi abuela fue llevada a un hogar geriátrico en Chinauta, lejos de su casa, donde ella vivía sola y rodeada de objetos que contaban la historia de la familia, además de altares e imágenes religiosas porque siempre fue muy católica. La razón por la que tuvo que salir de su vivienda era la necesidad de aten-ción constante debido a su avanzada edad y algunos problemas de salud importantes. Durante el periodo que ha estado viviendo en este nuevo espacio, sus recuerdos se han ido deteriorando, a un ritmo que a mi parecer es más rápido de lo normal, lo que me llamó la atención en relación a ciertos aspectos. Como regla del hogar, ella cuenta con una habitación priva-da, donde debe tener las cosas más necesarias y una que otra decoración, pero definitivamente, el espacio donde vive ahora no tiene cosas tan familiares para ella, como su antigua casa. En la casa donde vivía, mi abuela tenía un cajón de madera donde, cuentan mis tíos, todos aprendieron a caminar, en la sala había un gran televisor antiguo a color que cambiaba de canal moviendo una perilla; como le gustan mucho las flores, tenía un jardín con muchas de ellas y, dentro de la casa, otra variedad de flores artificiales. También recuerdo que había porcelanas de muchas temáticas, souvenirs de viajes, fotografías, revistas, entre otras cosas, pero sobretodo, tenía un rincón muy especial: un altar iluminado con figuras religiosas que había adquirido en diferentes momentos de su vida. Este altar ocupaba tres repisas adornadas con manteles de encaje blancos, vírgenes de diferentes vestiduras, entre ellas a la “auxiliadora” (porque un día soñó con ella), crucifijos, ángeles, y con todo, la figura más importante era un divino niño de gran tamaño, que estaba en la repisa superior, en el centro, con sus características ropas rosadas y azules con adornos dorados, y una corona metálica que prendía luces. De todo lo que tenía en su casa, en el hogar solo hay un par de cosas antiguas que viajaron con ella, las otras quedaron atrás, y gran parte de lo que está en su habitación correspon-de a adquisiciones más recientes. Todavía hoy pregunta por su casa, aunque no por todas sus cosas, quizás muchas ya las

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olvi-narra sobre eso. Como ella, hay otras personas en el hogar que uno va dis-tinguiendo entre cada visita, y casi todos comentan sobre sus lugares de origen. Recuerdo a un señor mayor de apariencia lúcida que, en ocasiones, hablaba sobre su vida en una finca. Inicialmente tenía muy buen semblante, caminaba vestido casi siempre con una camisa blanca de manga corta y pantalones os-curos, y era habitual que saludara con una sonrisa. Algún tiempo después, su deterioro era notable, poco a poco sus ojos parecían tener una expresión más distante, y cada vez reconocía menos lo inmediato; aunque se conservaba, era evidente el desgaste físico natural de la edad y, con los meses, fue perdiendo la facultad del habla. La última vez que recuerdo haberlo visto, él estaba inmóvil, no emitía sonido, y ya su expresión estaba completamente perdida, como si no supiera nada; él había padecido de Alzhei-mer, un tipo de demencia que afecta entre otras facultades

mentales, a la memoria. (www.alz.org.2018) Ver estas situaciones me causó un gran impacto, y también me generó muchas preguntas, quizás si él hubiese permanecido en su entorno conocido, con sus objetos familiares ¿habría sido posible retrasar el olvido un poco más?

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La memoria y el mito

Según Eliade (1957), todas las culturas orientan su vida y costumbres de acuerdo con sus cosmologías. Cada una tie-ne sus propios mitos, que explican el origen y propósito de la existencia. Estas narraciones se convierten en mode-los para la creación de todo lo que construye esa sociedad, desde sus lugares de habitación, hasta los rituales y fiestas. En el caso de las ceremonias que se repiten anualmente, cada vez que se llevan a cabo, no sólo conmemoran un acon-tecimiento mítico, sino que, el hecho narrado en el mito ver-daderamente acontece de nuevo. Aunque con el paso del tiempo la recreación del suceso puede tener variaciones, el propósito principal del acto es traer al presente aquello que su-cedió, pero también evitar que las personas olviden de donde vienen, lo que los conecta con otros, aquellas particularidades que los caracterizan como cultura y les otorgan una identidad.

Curiosamente de forma similar funciona la memoria. Da-niel L Schacter (2003, p.19) describe en “Los siete pecados de la memoria” el proceso de recordar así: “De las experiencias ex-traemos elementos clave que almacenamos. A continuación, más que recuperar copias de esas experiencias, las recreamos o re-construimos. A veces en el proceso de reconstrucción añadimos sensaciones, creencias o incluso conocimientos alcanzados des-pués de la experiencia”. Esto quiere decir que, al igual que suce-de con los rituales, recordar implica revivir un acontecimiento, por eso cada vez que traemos un suceso a la memoria, este es propenso a sufrir algún tipo de alteración, como cuando recor-damos un evento que experimentamos en compañía de alguien, pero no distinguimos con seguridad a esa persona, y deducimos quien pudo haber sido, con alta probabilidad de equivocarnos. La memoria no es estática, poco a poco va adquiriendo dife-rentes sentidos y un recuerdo que con anterioridad nos producía gran alegría, como ganar un reconocimiento, más adelante pue-de evocar sentimientos pue-de nostalgia. Sin embargo, así como no conservamos todos los objetos que pasan por nuestras manos, tampoco somos capaces de retener todo aquello que nos sucede,

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emotivos para nosotros, tienden a quedarse en la memoria, así como los objetos sacralizados permanecen en nuestro espacio. Quizás la relación entre nuestras memorias y los objetos tenga que ver con tratar de evitar el olvido, pues no deseamos perder conexión entre aquello que representa el objeto sacra-lizado, y quienes somos en el presente, de esta manera estable-cemos también una relación en la que afectamos la materia que nos rodea dándole un significado, y también hacemos conciencia de que aquello material nos inquieta mental y sentimentalmente.

Esta afectación entre los objetos sacralizados y los sujetos que sacralizan tiene otros matices que se describen a continuación:

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Lo sagrado y lo Intimo

Dentro del empaque donde mi mamá guarda las cartas que le regalaba mi papá y todas las que le hicimos mis hermanas y yo, hay una pequeña caja roja de terciopelo. Allí están los dientes de mis hermanas y míos, algunos mechones de cabello y los ombli-gos de cada una. Aunque mi madre los observa con una sonrisa nostálgica y cariñosa, a mí me produce una mezcla de desagrado y extrañeza. Definitivamente la forma en que en que ella lo aprecia pesa más sobre el hecho de que aquello sean partes del cuerpo, or-gánicas, que tienden a pudrirse y que, además, no tienen ningún valor comercial o de cambio, incluso dudo que alguien del común quisiera recibirlas como regalo ¿Quiere decir acaso que cual-quier cosa, sin importar su materialidad es susceptible de ser

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Tantos relatos existen sobre acontecimientos extraordina-rios, hay numerosos objetos que lo atestiguan. Lo que para al-gunos pueda parecer reprobable, desagradable y nauseabundo, para otros puede representar algo sumamente virtuoso y ad-mirable, especialmente cuando tiene que ver con su experien-cia personal; sin embargo, en el momento que un observador ajeno juzga tal elemento, se ven envueltos criterios y creen-cias morales personales o estereotipos que “son descripciones genéricas de experiencias pasadas que utilizamos para clasifi-car personas y objetos” (Schacter, 2003, p.189), de esta forma nos es más fácil comprender un entorno social, pero a la vez hace que necesitemos un mayor esfuerzo para comprender un significado que no corresponda con nuestro juicio previo.

De la misma manera, no todo objeto sacralizado se caracteriza por estar hecho de un material precioso, valioso o fino, pues no exis-te un parámetro constitutivo para identificarlos, así como tampoco existe un criterio “moral”, excepto las posturas del mismo sujeto. Así mismo, cabe preguntarse ¿Todo objeto sacralizado represen-ta una experiencia o sentimiento positivos para un individuo? De acuerdo a los planteamientos de Daniel L. Schacter, en algunos estudios sobre la memoria, se ha logrado determinar que los recuerdos de emociones agradables duran mucho más que los negativos, porque aunque estos tengan una gran probabilidad de ser recordados con más detalles, tienden a ser olvidados, a menos que se persista en ellos o impacten a manera de trauma, pues hay ocasiones en que, hechos muy emotivos que nos afectan de ma-nera negativa, persisten como imágenes que llegan algunas veces a través de objetos y lugares que detonan ese acontecimiento.

Debido a la duración de los recuerdos agradables, y por supuesto al deseo voluntario de traer a la memoria expe-riencias satisfactorias, la gran mayoría de objetos sacraliza-dos corresponden a estas experiencias, a menos que esta se

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Castelblanco, J. (2019).Esquema de la evaluación emocional de un objeto [Ilustración].©

“En el brevísimo instante que se tarda en leer una palabra, se evoca y evalúa su significado emocional, lo que influye en cómo la nombramos y codificamos” (Schacter, 2003, p.202) Considero que este procesamiento de las palabras funciona de manera similar con los objetos, al reconocerlos también eva-luamos su significado emocional, del cual dependerá el accio-nar o la forma en que nos relacioaccio-naremos con ese elemento.

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Espacio y contenedor.

Durante mi existencia me he mudado sólo un par de veces, y en ambas ocasiones fue un ejercicio interesante el guardarlo todo, para trasladarlo a un nuevo sitio. La primera vez que recuerdo haberme mudado, estaba terminando la primaria, mi familia y yo nos pasamos a una casa pequeña que era más cercana al colegio y a la que pudimos habernos trasladado mucho antes de lo que lo hicimos, pero simplemente nos tardamos algún tiempo en hacer el trasteo. Empacar era volver a reconocer lo que teníamos, decidir entre lo importante y lo que se iba a dejar atrás, ya fuera para desecharlo o buscarle un nuevo lugar, porque a dónde íbamos no habría un “cuarto de San Alejo”, que es, en el contexto colombiano, como se les dice a las habitaciones donde se guardan múltiples objetos y chucherías. Varias veces antes de eso yo había entrado a la casa “nue-va”, pero no fue sino hasta el momento que todas las cosas que llevábamos con nosotros estuvieron ordenadas y puestas (o al menos desempacadas) en este nuevo espacio, que sentí que la casa “nueva” era realmente nuestro hogar. Esa sensación no desapareció la segunda vez que nos mudamos, de nuevo el lugar se sintió ajeno, hasta que no estuvieron esas cosas significativas que nos hicieron sentir que pertenecíamos allí. En el pasado, solía pensar que vivir un espacio era tran-sitarlo o habitarlo, pero ahora sé que no todo el tiempo nos desplazamos con la misma conciencia y que cada sitio nos pro-porciona diferentes sensaciones porque el ambiente influye en nosotros ¿es posible que un objeto llegue a afectar la manera en

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Desde hace ya varias décadas, el entorno común del ser huma-no ha dejado de ser la selva, la montaña, el desierto, o cualquier lugar existente exclusivamente por la acción de la naturaleza misma, ahora habitamos en construcciones y lugares concebidos por otros seres humanos, desde carreteras y caminos (lugares de tránsito), hasta casas y rascacielos; nos movemos en un mundo construido, pensado. En el momento en que una persona se dis-pone a habitar uno de estos espacios, muchas veces es a través de las pertenencias propias, que adapta el entorno a su criterio. Colocar una cosa, es una manera de trasladar el carácter al lu-gar, para que adquiera un ambiente de comodidad y pertenencia. De la misma manera cuando se sacraliza un objeto, gene-ralmente se le da un sitio, no necesariamente apartado de todo aquello que es de uso común, porque él no incide directamen-te sobre las cosas que lo rodean, sino en la sensación de cali-dez que le produce al sujeto, y se traslada a todo el ambiente.

Los objetos también son una guía, una orientación, qui-zás no como una marca llamativa que distingue un lugar, sino más bien como una que nos remite a momentos anteriores, nos hace volver a la realidad para analizar el panorama en el pre-sente, invita a pensar en lo que tenemos frente a nosotros, su significado actual y lo que significó ayer. Puede ser que esos elementos aparentemente estáticos vayan transformándose a medida que nosotros también lo hacemos, tanto como los mi-ramos y los valomi-ramos, porque no podemos ver sino desde el punto de vista de quienes somos en el ahora. Aun así, ellos son un indicio de lo que fuimos y lo que aún es importante para no-sotros. Por ejemplo, muchas personas que viajan de manera re-gular, llevan consigo algún objeto que les recuerda su casa o su familia, porque tras estar un tiempo prolongado fuera del ho-gar, hay ocasiones en las que, tras estar lejos de lo conocido, re-quieren un algo que los conecte de alguna forma con lo familiar. En “LOS MODELOS SON REALES” (2007) Olafur Elias-son recalca la importancia de entender el espacio como perte-neciente al tiempo y por ende cambiante. Igualmente variables, objetos y sujetos se convierten en coproductores del espacio en una relación recíproca. Además, hace alusión a que los objetos

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po. Estas ideas me parecen fundamentales para comprender las relaciones entre sujetos, objetos y espacio en un sentido am-pliado, pues implica reconocer que cada parte afecta a la otra constantemente, por lo que cada acción en curso, cada cosa que está tomando forma, aunque sea una representación y cada es-tructura que se está formando repercute en todo lo demás. Todas estas nociones son las que me llevan a preguntar si no se tratan estos contenedores como pequeñas arquitec-turas, refugios que van acumulando vivencias, experiencias, memorias, que creemos nos enlazan o se corresponden con lo que somos, en otras palabras, nos identificamos con eso.

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Las cosas que se pierden, las cosas que nos duelen

No siempre se es coherente con las acciones y los pensamientos, los objetos y los recuerdos. Desde mi perspectiva la nostalgia es la palabra que mejor nombra el sentimiento agridulce y ambiguo que en ocasio-nes nos traen estas incoherencias. La memoria suscita situacioocasio-nes que nos alegra haber superado generando gran satisfacción y al mismo

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“Tal como una iglesia no es verdaderamente sagrada más que cuando guar-da en su seno algunos huesos y algunas reliquias” (Baudrillard, 1969, p. 88)

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Bitácora

Hace un tiempo, durante los primeros semestres de universi-dad, comencé a interesarme sobre por qué existen tantas “co-sas”, es decir, la inmensa variedad de objetos elaborados por la inteligencia humana, por qué seguimos fabricando más y espe-cialmente cuan necesarias eran todas para la vida, ¿realmente

hemos creado lo necesario? En un primer momento, relacioné esta necesidad de los ob-jetos con los límites que presenta el propio cuerpo a la hora de llevar a cabo ciertas tareas; entre más especializadas sean estás, se necesitan objetos más complejos y, a partir de un ejercicio de observación, surgió ¿Cómo nacen los objetos?, un grupo de fotografías que muestran tareas de la vida c”otidiana hechas por un cuerpo que imita a los objetos. Esto tiene origen en la reflexión: los objetos nacen cuando el cuerpo deja de ser suficiente.

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Más adelante, continué desarrollando otros proyectos que tuvieron que ver con la manera en que los objetos y las imágenes*

concretan ciertas ideas y relaciones, además de cómo se con-figura una noción de “realidad” a partir de ello. La idea de

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rea-Aunque las indagaciones que se generaban en los proyectos de creación desarrollados en los talleres de arte en el transcurso de la formación profesional eran de diversa índole, había algo que persistía en aquellos trabajos: el interés por los objetos. Pero no eran todos los objetos, los que elegía se distinguían por poseer una carga temporal y simbólica. Durante una temporada, cuando estaba finalizando el colegio, mi familia se dedicó a ambientar con luces y sonido fiestas de 15 años, matrimonios, y otra variedad de eventos. En ocasiones yo iba a trabajar con ellos, cargaba cosas, conectaba cables, alistaba lo necesario para la “hora loca”, y al final de esa época, podía manejar la consola de luces. Como íbamos en ánimo de tra-bajar, nos limitábamos a cumplir nuestras funciones, yo solo me sentaba a observar, y veía a los celebrantes divertirse al ritmo de la música mientras las luces, los colores y el humo propiciaban un ambiente pleno para generar euforia, así las personas de

alguna manera se dejaban llevar. Cuando se quería dar término a la fiesta, lo primero que se quitaba eran las luces de colores, y por supuesto se cambiaba la música por una más calmada, a veces la gente quería seguir bai-lando, pero sin los otros elementos, la fiesta perdía “el ambiente”. Cuando dejamos de trabajar en ambientación, algunos equipos quedaron guardados en la casa, entre estos la máquina de humo.

Para el último trabajo que desarrollé en la asignatura Ta-ller Integral 1 usé esa máquina. En el ejercicio se debía dar forma plástica a una colección que estuviéramos haciendo, para esta asignación, estuve coleccionando la publicidad impresa de los centros esotéricos y los usé como etiquetas de botellas, porque, al igual que lo hacen las grandes compañías que prome-ten la felicidad al destapar una botella, quise hacer algo por el estilo: vender las mismas promesas que los brujos, pero embo-telladas para el disfrute de todos. Literalmente quería vender una promesa, como dicen por ahí “vender humo”. Así que intenté embotellar humo, una acción que me fue posible intentar gracias a esa máquina. Después de eso, la idea del humo estuvo rondando mi cabeza,

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no como medio. Sobre todo, me causaba curiosidad saber cuál era la función del humo, por qué existía una máquina que produ-jese algo tan poco útil. Descubrí que no existe una “historia del humo” como tal, pues científicamente es un residuo, producto de diversas reacciones químicas. Desde una perspectiva de re-presentación, su historia ligada a la humanidad refiere a que en algún momento fue el medio a través del cual se comunicaron algunos seres humanos entre ellos, luego con dioses y deidades, y hoy, sirve como purificador; también tiene características que lo hacen capaz de producir atmósferas, que enlazan lo humano con lo desconocido, ya sea en rituales esotéricos o en una fiesta electrónica. A partir de esto, resolví que el humo, por sus características particulares (como el no poder ser contenido y por tanto no tener forma concreta, elevarse o explayarse) tiene la cualidad de significar de acuerdo con lo que la mirada y el contexto propo-nen; es decir que podía apuntar a una gran variedad de imágenes mentales. De allí se produjo una suerte de puesta en escena, en la que el humo era expulsado a través de cilindros de parafina, sincronizados manualmente mientras que luces de colores con-cordantes coloreaban el gas, haciéndolo más visible; finalmente, con sonidos relacionados a situaciones concretas, el humo apa-reció como una protesta dispersada por la fuerza pública, can-tos rituales, calles donde transitan vehículos de tráfico pesado,

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Tras esto, un aspecto continuó sin ser resuelto; había una relación interesante entre las nociones místicas y rituales del humo, pero objetos de este tipo no son los únicos que parecen carecer de sentido en un mundo donde lo primordial es lo útil, lo productivo y lo científico. Objetos como la máquina de humo no son los únicos que pa-recen carecer de sentido en un mundo donde lo primordial fues}e lo útil, lo productivo y lo científico. O quizás estamos en una so-ciedad tan superficial que hemos vaciado todo medio que antaño fue de un profundo significado místico o ritual, y se ha tornado un mero adorno, decoración, o ambientador. ¿Es posible

enton-ces que hayamos vaciado todo de significado?

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Una cosa es una cosa hasta que alguien la ve diferente Aquí comienza una reflexión e indagación por aque-llas cosas que, contradiciendo los objetivos de la funciona-lidad y la novedad, permanecen en los cajones, anaqueles, repisas, cofres y cajas a pesar de las modas y la economía, por razones que para cada individuo superan cualquier ne-cesidad mundana y se convierten en símbolos personales. Desde el inicio supe que sería una cuestión difícil de or-denar debido a las múltiples razones por las que se guar-dan cosas que no son necesariamente útiles; tuve que di-ferenciar entre de aquello que la afición convierte en una colección, descartar lo que se transforma en fetiche, y también el apego prolongado, que produce acumulaciones, para tomar el camino de aquellos objetos que superan la prueba del tiem-po y de los cambios emocionales, de afecto y de personalidad. También debí aprender a distinguir entre lo que es repre-sentativo para individuos, grupos pequeños, memoria fami-liar, memoria colectiva, y los objetos de importancia histórica. Entre otros aspectos quise preguntarme por la manera en que incidimos en estos objetos, pero también si éstos tienen un efecto sobre los sujetos, desde las memorias que conservan, cómo minan la mente para traer recuerdos, cuál es la relación entre estos elementos y la memoria, por qué es importante conservar unas memorias determinadas, y a que viene esa im-portancia que supera todo ritmo de vida y se torna importante a un punto muy profundo que lleva al misterio de lo sagrado.

Pienso que la importancia de estos objetos radica en que se diferencian de todos los demás porque reflejan parte de lo que fuimos, lo que somos y lo que seremos, su valor sagrado está en el

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zones para existir, para continuar. Algunas son pruebas de sucesos extraordinarios y esto constituye una creencia, conservarlos es un acto de fe, por lo tanto, llegan a tener un carácter que supera toda normalidad, de allí que los nombre como objetos sacralizados.

No trato de dar respuestas concluyentes sobre si primero son los objetos, luego la memoria, los sentimientos, y más tarde lo sagrado, o en qué orden sucede tal sacralización. Mi propó-sito es simplemente señalar esta relación, porque muestra que aún somos seres sensibles, que tenemos un miedo profundo a olvidar, pero también a reconocernos, tememos lo que pode-mos encontrar; encontrarnos a nosotros mispode-mos sigue sien-do un misterio, porque no existe un métosien-do para conocerse.

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Bocetos

En las primeras etapas en las que estuve trabajando acerca de los significados en torno a lo sagrado y los objetos, pro-yectando cómo tomarían forma estás nociones en una imagen concreta, el primer boceto que surgió fue una especie de muro repleto de cajones y puertas que contendrían las narraciones de las experiencias de las personas con sus objetos, pero pronto encontré una obra similar, “Si las paredes hablaran” de Lina Leal, una artista colombiana que presento su obra en la bienal de cuba en el 2016, donde hubo 210 cajones en un muro, que al ser abiertos contenian en formato sonoro los secretos de multiples personas.

Serrano, M. (2016). “Si las pare-des hablaran” – Lina Leal.

[Fotogra-Castelblanco, J. (2017). Boceto 1 [Dibujo.

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De inmediato descarté la idea y quise encontrar otra vía para construir una imagen que tomara el contenedor como herramien-ta principal. Así, en el proceso surgió otro boceto: Un video en el que la cámara tomaba la posición de objeto almacenado, que se descubría al abrir el espacio donde era contenido, desde esta perspectiva el cajón, frasco, o lugar donde estaba guardado parecía un enorme espacio.

Castelblanco, J. (2017).Sin título [Capturas de video].

A partir de allí supe que la imagen que quería producir debía involucrar las personas para que se sintiesen inmersas en la ex-periencia que produce estar en un momento de reflexión inducido por estos objetos sacralizados. El contenedor de los objetos se convertiría en el espacio del espectador, y los objetos estarían adentro esperando ser activados en el recuerdo.

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Luego, mientras todo iba tomando forma, en el Mambo se pre-sentó “Háblame, amor”, un conjunto de obras de Adriana Mar-morek que tuvo como eje principal la pregunta ¿qué es amor?, la cual abordó con tres obras importantes, la instalación: a) “Há-blame, amor” presentaba un pasillo en forma de espiral, con un recorrido desconcertante, que se transitaba mientras se podían oír los conceptos de amor de diferentes sujetos; b) “Reliquias” era una colección de objetos de amores pasados, recolectados de diferentes personas, los cuales estaban acompañados de pe-queñas narraciones que daban cuenta de la historia detrás de los objetos, más tarde todos los elementos fueron quemados en una hoguera a las afueras del museo; y por último c) “Reliquia #17”, se presentó como una habitación oscura y vacía en la que lo único visible era la imagen de un vestido de novia quemándose. Marmorek (2017) afirmó sobre la muestra: “Aprovecho estas

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Cuando asistí a la exhibición, me maravilló el efecto que daban las instalaciones, porque lograban impactar sobre la propuesta del amor, recorrer esos espacios realmente me hacía pensar en la falta de consenso sobre lo que es o no el amor. Sin embar-go, me fue difícil conectar con la colección de piezas porque, a pesar de las historias cortas, era difícil percibir su carácter de reliquia; aunque los objetos eran “originales”, no se percibían como algo más especial. Esta situación me hizo pensar en mi propia búsqueda, me hizo ver que no me sentía cómoda empleando la palabra reliquia para mi propio trabajo porque, aunque su significado es apropiado para la temática, está asociada a la institucionalidad ya que las reliquias generalmente son validadas por museos, religiones o cultos. ¿Cómo hacer que los objetos ordinarios, únicos para un su-jeto determinado, puedan generar una conexión con otros sin

usar el recurso de la narración?

Pulgarín, D. (2017). Objetos-reliquia [Fotografía].Recuperado de

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Lo que hay tras cada una de las reliquias es una memoria, un testimonio; uno de los artistas que para mí evoca mejor esto en imágenes es el artista francés Christian Boltanski, quién, con frecuencia, recurre en sus instalaciones al contraste entre la luz y la oscuridad para señalar u ocultar los aspectos de mayor importancia en su obra, la cual además invita al público a participar de la interpretación de la pieza. La forma en que el artista usa la iluminación es un lenguaje con el que siento cer-canía, porque es un elemento que también he usado y que además

es recurrente en el arte y arquitectura de carácter religioso.

Algo que me inspira mucho de su trabajo es la forma en que habla de acerca del pasado sin recurrir necesariamente al uso de “material original”, como en “El Caso“, una obra de 1988 que, a pesar de usar imágenes de material de archivo, tiene una forma de mostrarse con elementos técnicos y tecnológicos propios de su tiempo, y sin embargo la obra conserva el carácter nostálgico, demostrando así que el arte tiene múltiples vías para concretar

Castelblanco, J. (2019). Boceto 2 [Dibujo] Parkett. (2016). “El Caso” [Fotografía]. Recuperado de https://www.parkettart.com/

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III: SANTUARIOS

PRIVADOS

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Sintesis

Santuarios Privados es el nombre la propuesta de instala-ción que tiene como propósito poner en evidencia la forma particular en que los seres humanos nos relacionamos de ma-nera personal y especial con aquellos objetos que sacralizamos, inspirada en el pequeño momento de reflexión que se produ-ce al haprodu-cer memoria cuando se tienen estas cosas en las manos. En primer lugar, el trabajo se desarrolla como instala-ción, porque esta forma de producción artística me permi-te, no sólo proponer una imagen, sino reunir elementos es-paciales, ambientales y de sensaciones con los que puedan interactuar las personas, para generar una experiencia de lo sagrado donde el público es el motor de dicha experiencia, ya que, es en cada sujeto donde se produce el reconoci-miento y la relación frente a ciertos objetos como sagrados. A continuación, haré mención de los ele-mentos que conformarán la puesta en escena:

Castelblanco, J. (2019). Planimetría Santuarios privados [Ilustración digital].

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Centro de memoria

La instalación será llevada a cabo en el Centro de Memoria, Paz y Reconciliación, porque la indagación de la que da cuenta, tiene por objeto abordar procesos relacionados con la memo-ria y su importancia en el auto-reconocimiento, lo que coinci-de con las temáticas y propósitos que hacen parte coinci-de la razón de ser del Centro de Memoria, que también busca brindar a las personas experiencias significativas en torno a la memoria.

Dentro de la arquitectura del Centro, el espacio que elegí para instalar la pieza, me permite construir sobre un suelo de gravilla, que aporta una diferenciación que salta a la vista y marca una separa-ción que resalta el carácter único de la pieza que estará allí puesta.

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Caja negra

La forma cúbica o hexagonal está ligada a los espacios donde se protegen los objetos sacralizados tales como cajo-nes, cofres, osarios, entre otros. Allí busco una relación en-tre estos pequeños espacios que contienen y la “arquitec-tura” de la pieza. Así mismo, su función en la instalación es contener y resguardar réplicas de objetos sacralizados. Así, dicho contenedor en forma de hexaedro tendrá en su exterior el color negro, con el cual, pretendo potenciar dos cosas: desde el exterior armonizar el objeto con el espacio que le rodea. En el interior el color negro favorece el contraste, pues permite que los elementos que están dentro se diferen-cien mejor unos de otros y, como refuerza la oscuridad, favore-ce el juego de luz que propone como interacción la instalación. Objetos en Parafina

La selección de los objetos se ha nutrido no solo de la ri-queza teórica de los libros citados en el presente documento o de un criterio personal, sino de múltiples relatos y narraciones de diferentes personas que generosamente compartieron sus experiencias de lo sagrado conmigo, aunque no aparezcan do-cumentadas aquí, aportaron un gran valor y perspectiva a toda reflexión en torno al tema de la sacralización de los objetos. Sus historias me han permitido escoger determina-dos objetos para representar de una manera más objeti-va aquellas cosas que podrían despertar en un numero am-plio de personas, los recuerdos y emocionalidades de sus propios universos privados, con el riesgo de que en aque-lla selección alguien sea capaz de verse reflejado allí o no.

Algunos de los artículos fueron donados voluntariamente, y otros adquiridos en los llamados “pulgueros”. No haré uso de objetos “originales”, en primer lugar, porque un objeto sacrali-zado goza de protección y cuidado especiales, y así deben ser mantenidos hasta que su ciclo finalice. En segundo lugar, porque, aunque son parte fundamental de la propuesta, mi propósito es

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Por dicho motivo se realizan las reproducciones en para-fina, un tipo de cera de origen animal, que tiene un simbolis-mo ligado a lo sagrado en la tradición judeo-cristiana occi-dental que es vigente en el ámbito colombiano. Todavía hoy existen y se comercializan figuras de parafina con formas de partes del cuerpo humano y cuerpos enteros llamadas “mila-gros” que se usan como ofrenda para pedir algún favor personal a los santos. Igualmente, las veladoras y velas son ofrendas en templos y hogares, su luz representa un deseo, el fervor y to-dos ellas son un puente entre las personas y lo divino, es decir son una conexión más efectiva entre el creyente y lo sagrado. Es así que tras tomar la impronta de dichos objetos en pa-rafina deseo conformar una constelación de contenedores para suscitar en los espectadores algún recuerdo o alguna relación. Lo defino en términos de constelación, porque estas improntas, transformadas en contenedores de parafina, tienen en su inte-rior una luz que se hará evidente en el espacio de la instalación Algunos de los objetos son: ◊ Oso de peluche ◊ Muñeca ◊ Diario ◊ Llave ◊ Carro de juguete ◊ Carro de colección ◊ Porcelana muñeca

◊ Frasco de crema o per-fume ◊ Herradura ◊ Canasto ◊ Casete ◊ Tajalápiz ◊ Pájaro ◊ Navaja

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◊ Cartas ◊ Alcancía de cerámica ◊ Prenda de vestir ◊ Camafeo ◊ Piedra ◊ Accesorio ◊ Dulce ◊ Pelota Luz

La luz se distingue siempre en contraste con la oscuridad porque ambos aspectos son complementarios, por lo tanto, no se puede hablar de lo uno sin lo otro. En su aspecto más básico la función de la luz es hacer visibles los objetos, pero su con-tenido simbólico abarca una gran cantidad de connotaciones. Desde tiempos remotos tanto la luz, como el sol y el fue-go, se asocian a la purificación, la claridad, progresivamente se asocia al conocimiento, a la toma de conciencia de algo nuevo, enfrentado a la oscuridad donde habita la ignorancia, lo des-conocido, aquello que no se distingue. Estos contrastes tam-bién se dan a nivel físico, ético, mitológico y religioso, de ma-nera que la luz se transforma en una metáfora de lo sagrado.

Como primera relación, la luz estará contenida dentro de los objetos de parafina para hacerlos visibles, a la vez que resal-ta su carácter de guía, lo que proporciona una suerte de escla-recimiento mental e identidad. Además, la luz ha sido siempre un elemento ligado a la divinidad y lo sagrado, especialmente porque genera contrastes que resaltan el carácter sagrado tan-to en las imágenes religiosas, donde lo santan-to está siempre más iluminado, como en las arquitecturas, donde los juegos de lu-ces y sombras buscan generar una experiencia de lo sublime. En “Santuarios Privados” la iluminación será acti-vada involuntariamente a través un sensor de distan-cia, que reaccionará a la entrada de las personas en el re-cinto, de esta manera busco señalar el hecho de que los sujetos son los que dan significado a los objetos sacralizados.

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Eco de la propia voz

El eco es una forma de reflejo del sonido, en el caso de “San-tuarios Privados” es el indicio que se le propone al espectador como símbolo del carácter de reflejo que tienen los objetos sa-cralizados, pues ellos representan aquello en lo que creemos y todo aquello que nos importa, bien sea a nivel de memoria per-sonal, o colectiva. Además, produce la sensación de encontrarse en un lugar más grande, solitario y vacío de lo que en realidad es. Público

Sobra recalcar que toda la puesta en escena y sus ele-mentos se activan y adquieren sentido a través de la interac-ción con las personas. Ellas son el elemento que fundamen-ta la reunión de todos los aspectos nombrados anteriormente.

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“Tal es el objeto antiguo, que cobra siempre, en el seno del en-torno, un valor de embrión, de célula madre. A través de él, el ser disfrazado se identifica con la situación original e ideal del embrión, involuciona hacia la situación micro cósmica y cen-tral del ser antes de su nacimiento” (Baudrillard, 1969, p.90).

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IV: REFLEXIONES,

MANIFESTACIONES

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Consumacion

Desde niña tuve una educación donde la fe y lo espiritual eran un componente fundamental. Nací en una familia católica, estudié en un jardín de religiosas, y más adelante en un colegio femenino, también de religiosas. Honestamente, siempre me llamó la aten-ción todo aquello que tuviese que ver con Dios; en mi infancia fui muy fervorosa, leía con agrado e interés las biografías de los san-tos, y aspiraba yo misma alcanzar ese grado de gracia espiritual. Me maravillaba cómo se revelaba Dios ante estas personas, como poseían sabiduría para actuar e inspirar bondad en otros y esperaba que algún día también me sucediera; entendía que para eso se ne-cesitaba un gran esfuerzo, entonces trabajé por ser alegre, buena, reflexiva, bondadosa y obediente, pero Dios nunca se me revelaba. Por medio de mis indagaciones religiosas, fui descubriendo el arte y la ciencia; a través de las representaciones religiosas, fui descubriendo pinturas y pintores, así como todas las quere-llas antiguas del renacimiento entre los científicos y el vaticano, además los programas de tv que cuestionaban hechos bíblicos a través de pruebas científicas e históricas además contrastaban con las narrativas de las películas religiosas que veía en el colegio, hicieron mella. Así hallé la forma en que funcionaba la iglesia católica, una enorme organización encabezada por el papa, que, aunque cuenta con grandes colecciones, riquezas y piezas de arte pide caridad en cada eucaristía para hacer sus gestiones, por lo que además encontré otro montón de contradicciones clásicas como “¿por qué a la gente buena le suceden cosas malas?” o “¿por qué hay personas muy religiosas que igualmente son malas?”

Naturalmente, todavía muy joven comenzaron mis dudas so-bre Dios, que no me guardaba y le exponía al sacerdote cuan-do me iba a confesar. La respuesta que obtenía era rezar cinco aves marías y eso no me dejaba para nada satisfecha, así que du-rante un tiempo llegué a la conclusión de que Dios no existía.

De cualquier manera, esas dudas sobre Dios, la fe, los mila-gros, las religiones, la muerte nunca han desaparecido, mucho menos han llegado a resolverse, sin embargo, con el pasar de los años he llegado a percibir que las creencias y lo espiritual son

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suerte de crisis. La necesidad espiritual sigue siendo un tema incómodo de abordar, poco discutido porque implica temáticas morales o inexplicables, aspectos difíciles de reconocer cuando la ciencia y la tecnología parecen dar todas las respuestas y és-tas son poco rebatibles. Durante un tiempo parecía que ya na-die necesitaba de las religiones porque la modernidad, con su propuesta exclusivamente racional, lógica y científica orientada al progreso de la humanidad iba a proporcionar todas las res-puestas, ahora vemos como se ha quedado corta, pues hay una especie de resurgimiento de pensamientos alternativos, nuevas y antiguas espiritualidades, conservadores y extremismo religioso.

Esto sucede porque durante un largo tiempo se rechazó am-pliamente la necesidad de lo sagrado; en algunos de los textos que me he basado para los planteamientos de la tesis se escin-de explícitamente entre el “hombre religioso” y el “hombre moderno”, aunque sus autores reconocen características y ca-rencias compartidas. Personalmente considero que estas sepa-raciones nunca se han sucedido completamente, si bien estos términos ayudan de una forma u otra a enmarcar unos sucesos y reconocer la influencia de ciertas ideas en una época y contex-tos igualmente influyentes, no dan cuenta de todos los matices culturales, sociales, políticos y económicos de todos los lugares, por eso, a pesar de las circunstancias adversas, el misticismo y lo sagrado nunca han desaparecido, y probablemente nunca lo harán pues los seres humanos llevamos mucho tiempo plan-teándonos las mismas preguntas, en diferentes circunstancias. Es por eso, que los objetos sacralizados son una excusa tanto como evidencia para plantear que lo sagrado se encuentra en ma-nos de todos y cada uno de ma-nosotros, que es personal y a la vez compartido. La experiencia de lo sagrado no es algo que les per-tenezca a unos pocos, llámense santos, profetas o sacerdotes. No hay nadie que posea verdades absolutas. Me gusta imaginar que, si cada persona toma responsabilidad de sus propias creencias,

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BIBLIOGRAFIA

Eliade, M. (1957). Lo sagrado y lo profano (4ta. Edición 1981 ed.). (L. Gil, Trad.) Guadarrama/ Punto Omega.

Eliasson, O. (2007). Los modelos son reales. Nueva York. Jung, C. (1964) . El hombre y sus símbolos (1st ed.).

Schacter, D. L. (2001). Los siete pecados de la memoria. Edi-torial Ariel.

Real Academia Española. (2019). Obtenido de https://dle. rae.es/?id=NkAteAU|NkDuImp

www.alz.org. (2018). Obtenido de alzheimer´s association: https://www.alz.org/alzheimer-demencia/que-es-la-enferme-dad-de-alzheimer

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Anexo A. Planos de montaje “Santuarios Priva-dos”

La estructura está compuesta de 8 paneles de ace-ro y Cartonplast, 1 face-rontal, 1 traseace-ro, 4 laterales y 2 más para el techo más un tubo adicional central To-dos se ensamblan entre sí a través de tornillos y tuercas. El espacio señalado como gravilla es un espa-cio que ya existe demarcado en el Centro de Memoria.

Castelblanco, J. (2019). Vista frontal [Ilustración digital].

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Castelblanco, J. (2019). Vista aérea [Ilustración digital].

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Elementos internos

Los elementos internos son específicamente: 30 piezas en parafina, aproximadamente 2,30 m de cable de cobre para cada pieza, una baquelita donde llegaran todas las conexiones a la placa Arduino mega 2560, dos sensores ubicados a la entra-da, de 4 a 6 parlantes, un micrófono ubicado en el techo y un teatro en casa. Todos estos elementos ya los tengo disponibles.

Los objetos de parafina estarán suspendidos del techo fijados a una altura acorde a su peso y tamaño al momento ser instalados.

El sonido (micrófono y parlantes) funcio-nan de manera independiente de los otros elementos.

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Castelblanco, J. (2019).Boceto sólido[Ilustración digital].

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Anotaciones:

Las piezas de parafina son frágiles y livianas El volumen del sonido necesi-ta ajusnecesi-tarse a las condiciones del ambiente La fuente de energía que ofrece el centro de me-moria se encuentra a una distancia considerable al pun-to de conexión por lo que se solicitarán extensiones lar-gas, teniendo en cuenta que estarán a la intemperie.

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Anexo B. Proceso Piezas en parafina

Para comenzar, busqué el mejor material para los mol-des de las piezas de parafina; aunque los más comunes para la fabricación de velas son el aluminio o yeso, debido a su complejidad y variedad en cuanto a formas, seleccio-né la silicona de vidrio como material definitivo. Esta silico-na funcionó adecuadamente, dada su flexibilidad y precio. En cuanto a las piezas, cada una representó un reto dife-rente. Las piezas más sólidas, como el diario o los frascos, fun-cionaron bien; sin embargo, la carpeta tejida o la muñeca de peluche necesitaron ser endurecidos para poder realizar las copias. Aún así, el reto más grande fue el oso de felpa dado que, aunque conseguí un oso con rostro de madera y cuer-po firme, su tamaño y forma complicaron el proceso. Final-mente, realicé ciertas piezas, como la carta o los guantes, con procesos experimentales y modelado, pues su duplicación con moldes no era la técnica más apropiada para su ejecución.

Aunque la propuesta expone 30 piezas, fue necesario reali-zar pruebas con las piezas posteriores para ajustar la luz interna y las condiciones, con el fin de que éstas dejasen ver con cla-ridad su forma, por lo que algunas piezas fueron descartadas.

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Castelblanco, J. (2019).Molde oso [Foto-grafía].

Castelblanco, J. (2019)Vaciado oso[Foto-grafía].

Castelblanco, J. (2019).Copia oso[Fo-tografía].

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Estructura

Para llevar a cabo el diseño de la estructura cúbica, fue ne-cesario tener en cuenta que el lugar elegido para su exposi-ción es un espacio al aire libre, además, las condiciones de transporte y almacenamiento desde el lugar de construcción hasta el Centro de Memoria, pueden causar daños en los so-portes. Así, se proyectó una estructura desarmable compues-ta por paneles, resistente a las condiciones climáticas cam-biantes, pero ligera para facilitar su carga y movilización.

De esta manera, se escogió el hierro como materia estruc-tural, con el fin de aportar peso y estabilidad suficientes para sostenerse a sí mismo y las piezas; el cartonplast, debido a su ligereza, impermeabilidad y resistencia al clima, resultó ser el material más adecuado para constituir la estructura cú-bica, además en color negro permitió oscurecer el espacio. En un primer momento, se ajustaron las dimensiones de la estructura, para obtener un espacio que fuese posible recorrer; después, se utilizó hierro reciclado de rejas junto con tubo nuevo.

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Sonido

Para conseguir el efecto de eco en vivo, se buscó una ma-nera de amplificar el sonido, priorizando que los elementos de la instalación permanecieran intactos, así que, la tecnología del sonido fue la mejor opción. Tras una larga búsqueda en la carrera novena, famosa por sus ventas en tecnología, encontré un mi-crófono que captura el sonido ambiente, utilizado para grabar reuniones y juntas; aun así, este dispositivo requiere un ampli-ficador que produzca el efecto de reverberación, lo cual resulta costoso. Con un poco de experimentación de mi parte, encontré un dispositivo amplificador en casa que cuenta con este efecto.

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Luces y sensores

Para dar luz interna a las piezas, se pensó en utilizar bombillos led, que iluminan de forma potente sin producir calor. Debido a los distintos tamaños de los objetos, fue necesario encontrar un tipo de bombilla que fuera funcional para todos, por lo que examiné múltiples diodos de luz blanca, amarilla y blanca cáli-da, con iluminación normal y puntual, planos, cónicos, redondos, hasta encontrar un tipo de extensión llamada “hilo led” que tiene el tamaño, color e iluminación acordes al propósito del proyecto.

Con la programación, el objetivo principal fue encender un objeto por visitante, para que éste se revelara ante su presen-cia; para conseguirlo, se utilizó una placa arduino 2560, ideal porque permite controlar una gran cantidad de objetos (en este caso 30 leds) de forma individual. Así, pues, fue necesario pro-bar distintos sensores (ultrasónico, infrarrojo, de movimiento, láser) que permitieran contabilizar y detectar la cantidad de visi-tantes que atravesaran la entrada del recinto, mientras activaban las luces dentro de una de las piezas. Ajustar los códigos de los sensores, el contador y las luces tomó varias horas de búsqueda, análisis, ensayo y error, en las que se eligió la programación que mejor se ajustó a la expectativa de funcionamiento de la pieza.

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