Revista de Psicoanálisis
EDITADA POR LA ASOCIACIÓN PSICOANALÍTICA ARGENTINA
Lacan en APA:
Desarrollos y controversias
Tomo LXVI, n° 4, 2009
BUENOS AIRES, REPÚBLICA ARGENTINA
Revista de Psicoanálisis
PUBLICACIÓN TRIMESTRAL DE LA ASOCIACIÓN PSICOANALÍTICA ARGENTINA FILIAL DE LA ASOCIACIÓN PSICOANALÍTICA INTERNACIONAL (API)
SOCIEDAD COMPONENTE DE LA FEDERACIÓN PSICOANALÍTICA DE AMÉRICA LATINA (FEPAL)
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Secretaria
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JEANNETTEDRYZUN
JUDITHGOLDSCHMIDT DESCHEVACH
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JUDITHKONONOVICH DEKANCYPER
GRACIELAMEDVEDOFSKY DESCHVARTZMAN
MARÍALOURDESREY DEAGUILAR
MARCELODANIELSALUSKY Esta revista está incluida en el
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SARAHILDAFERNÁNDEZCORNEJO
Ilustración de Tapa
Índice
Nota Editorial 547
Desarrollos lacanianos
•El perdón y lo imperdonable en la cura analítica: la “vía Staël” y la vía freudiana
Alberto Cabral 555
•Abordaje del narcisismo en la clínica frente a la ausencia de subjetividad
Leonardo Peskin 569
•Lacan en APA
José E. Milmaniene 587
•Puntuaciones sobre el yo en Lacan
Jorge Luis Santalla 603
•El sujeto de la ciencia, la filosofía y el psicoanálisis
Carlos Weisse 621
Discusiones teóricas
•A propósito de “La escisión del yo en el proceso de defensa” (1938)
Luis Campalans Pereda 639
•Comentarios y respuesta del autor
Rubén Zukerfeld 651
Carlos A. Basch 657
Luis Campalans Pereda 660
•Después de Lacan. Del poslacanismo al psicoanálisis contemporáneo
Fernando Urribarri 665
•¿Por qué Lacan...?
Raquel Z. de Goldstein 687
Clínica lacaniana
•Mnemósine: la construcción del caso
Laura Trotta,
Alicia Killner 703
•La erotomanía es el amor de la mujer
Ana Esther Krieger 715
•Implicación subjetiva del analista en la transferencia:
del “sin memoria ni deseo” en Bion al “deseo del analista” en Lacan
Carlos A. Barredo
Oscar A. Paulucci 735
•Inconciente, novela familiar, tiempo
Liliana Polaco 747
Eduardo Agejas (Buenos Aires), Alcira Mariam Alizade (Buenos Aires), Madeleine Baranger (Buenos Aires), Elias M. da Rocha Barros (San Pablo), Carlos Basch (Buenos Aires),
Ricardo Bernardi (Montevideo), Jorge Canestri (Roma),
Guillermo Carvajal (Santa Fe de
Bogotá),
Fidias Cesio (Buenos Aires),
Horacio Etchegoyen (Buenos Aires), Antonino Ferro (Pavia),
Glen Gabbard (Houston),
Leonardo Goijman (Buenos Aires), André Green (París),
Aiban Hagelin (Buenos Aires), Charles Hanly (Toronto), Jürgen Hardt (Wetzlar), Max Hernández (Lima), Paul Janssen (Dortmund),
Juan Jordán Moore (Santiago de Chile), Otto Kernberg (Nueva York),
Rómulo Lander (Caracas), Jean Laplanche (París),
Lucía R. Martinto de Paschero
(Buenos Aires),
Norberto Marucco (Buenos Aires), Robert Michels (Nueva York), Thomas Ogden (San Francisco), Cecilio Paniagua (Madrid), Ethel Person (Nueva York), Andrés Rascovsky (Buenos Aires), Owen Renik (San Francisco), Lía Ricón (Buenos Aires),
Romualdo Romanowsky (Porto Alegre), Anne-Marie Sandler (Londres), Gabriel Sapisochin (Madrid), Fanny Schkolnik (Montevideo), Evelyne A. Schwaber (Brookline), Marianne Springer-Kremser (Viena), Jaime Szpilka (Madrid),
David Tuckett (Londres), José Luis Valls (Buenos Aires), Juan Vives Rocabert (México DF), Robert Wallerstein (Belvedere), Daniel Widlöcher (París), Paul Williams (Londres). Miembros del Consejo Editor Internacional
Comisión Directiva de la Asociación Psicoanalítica Argentina
Presidente: Dr. Andrés Rascovsky Vicepresidente: Dra. Ana María Viñoly Beceiro
Secretaria: Lic. Mónica E. Hamra Secretario Científico: Dr. Eduardo E. Agejas
Tesorero: Lic. Enrique M. Novelli
Vocales : Lic. Justa Paloma Halac, Dra. Victoria Korin,
Lic. María Gabriela Goldstein, Dra. Lidia Bruno de Sittlenok,
Nota editorial
“Ni sin Lacan, ni sólo Lacan.”Zona Erógena, nº 8, 1991
“De la APA me queda la imagen de un hormiguero que respira, una caparazón de fábrica llena de correas de transmisión que murmura, que habla, que hace música y que tiene un portal de hierro a la entrada, el de las iniciaciones, que marca y galvaniza las emociones.”
Raul Jorge Aragonés (comunicación por
e-mail, septiembre de 2009)
“Lacan en APA” es un número que surgió del corazón de nuestra activi-dad institucional ya que un año antes, desde el Espacio Lacan, se reali-zaron las jornadas “30 años de Lacan en APA”; y los números, los ani-versarios, las celebraciones inspiran. Sin embargo, no deseábamos que fuera un número de homenaje a Lacan –éste ya se había hecho en los años ochenta en nuestra Revista–, sino que fuera discutido, polémico, pluralista; no de lacanianos para lacanianos, sino de todos para todos. Adoptamos entonces la consigna que figura en el epígrafe, que nos pare-ció resumir adecuadamente el espíritu de lo que encararíamos “Ni sin Lacan, ni sólo Lacan”.
De las instituciones de la IPA, la APA es la que mayor desarrollo tuvo en cantidad y calidad de psicoanalistas que estudiaron y adoptaron, o se volvieron críticos de las enseñanzas de Lacan. Sin embargo, un impacto semejante no puede no tener efectos en todos los integrantes de una ins-titución que, llegado el término de una generación, ha convivido, escu-chado, leído o ha sido impregnado por esa teoría y su lenguaje específi-co. Era eso lo que queríamos reflejar.
Hemos agrupado las colaboraciones seleccionadas en “Desarrollos lacanianos”, porque los autores que allí escriben tienen voz propia; “Discusiones teóricas”, una lectura verdaderamente crítica; “Clínica lacaniana”, una sección valiosa y valiente, donde los autores se mues-tran y muesmues-tran cómo trabajan. El “Testimonio” y las “Entrevistas” completan un panorama vívido de la historia, y junto a otros enfoques como el literario y la reseña de autor, sazonan un número que pensamos es más que nada un homenaje al pluralismo que ha sido bandera de lucha y práctica institucional efectiva.
Testimonio
•30 años de Lacan en APA: efectos en la formación y
en el lazo institucional. Testimonio de un recorrido institucional
Mirta Goldstein 757
Psicoanálisis y literatura
•El Hamlet de Lacan. El duelo por el falo
Carlos A. Basch 763
•Hamlet en la perspectiva contemporánea
Marta Merajver-Kurlat 771
Reseña
•Reseña de la vida y obra de Sandor Ferenczi
Juan Carlos Weissmann 783
Entrevistas
•Entrevista al doctor Juan David Nasio
por Claudia Borensztejn 801
•Entrevista a Madé Baranger
por Claudia Borensztejn, Darío Arce y
Marcelo Salusky 823
Revista de libros
•El sujeto escondido en la realidad virtual: de la represión del deseo a la pornografía del goce,
Diana Sahovaler,
por Liliana Gualtieri de Stoliar 835
•Homoparentalidades. Nuevas familias,
Eva Rotenberg (comp.),
por Mirta Goldstein de Vainstoc 837
Revista de revistas
•The Psychoanalytic Quarterly, LXXVII, 2, 2008,
por Cristina Schalayeff 845
•Revista de la Asociación Psicoanalítica de Madrid, 54, 8, 2008,
“Proceso psicoanalítico”, Elina Wechsler,
549
transferencia en la obra de Freud. Se detiene en el estadio del espejo para comparar las puntuaciones del yo en Lacan y las diferencias y simi-litudes con Freud. Propone pensar no sólo los alcances, sino también los límites del pensamiento lacaniano en la clínica, y aborda algunas dife-rencias entre el pensamiento kleiniano y el lacaniano que conllevan ine-vitables diferencias clínicas, dejando planteado para el lector pensar si estos autores no están iluminando con sus teorías fenómenos diferentes, y se refiere a las consecuencias clínicas de la visión de Lacan.
El trabajo de Carlos Weisse, “El sujeto de la ciencia, la filosofía y el psicoanálisis”, bucea en el apasionante universo de la filosofía, conti-nuando la línea de pensamiento de Lacan, articulando psicoanálisis, ciencia y filosofía. Busca definir la noción de sujeto desde cada una de las vertientes, analizando las relaciones y diferencias en la concepción del sujeto de la ciencia y del psicoanálisis a través de los laberintos del saber, la verdad, la muerte y la poesía. Rescata una definición existen-cial de “cura”, del sujeto como arrojado al mundo, teniendo que hacerse cargo de su propio ser, en una situación fáctica de caída. Analiza la ver-tiente existencial de la filosofía, con los desarrollos de Kierkegaard, Nietzsche y Heidegger, como base de la filosofía contemporánea. Finaliza su recorrido abordando el concepto de nudo borromeo en Lacan.
Agrupados como “Discusiones teóricas”, tenemos una serie de traba-jos que comienza con Luis Campalans Pereda: “A propósito de ‘la esci-sión del yo en el proceso de defensa’ (1938)”. El autor realiza, desde una perspectiva lacaniana, un análisis de los conceptos de castración y des-mentida, y critica algunos desarrollos actuales, como el uso del concep-to de escisión del yo para nociones como tercera tópica, inconsciente escindido, y para que pueda ser tomado como fundamento de una “nueva metapsicología”. Propone preservar la noción de escisión para la división inaugural y constitutiva del inconsciente.
Zukerfeld, en una postura opuesta, sostiene la dimensión estructural de la escisión dentro de su modelo de “tercera tópica”. Propone como pre-misa fundamental la diferenciación entre lo representable y lo no repre-sentable, defendiendo la existencia de distintos modos de procesamiento inconsciente. Enumera una lista de autores posfreudianos que sostienen distintas propuestas compatibles con la idea de inconsciente escindido.
Basch, en transferencia con la enseñanza de Lacan, retoma lo expues-to por Campalans proponiendo ahondar, en el concepexpues-to de goce femeni-no, la relación entre la desmentida y la perversión, y concuerda con el autor calificando de “aporía” la idea de un inconsciente escindido.
Campalans acuerda con Basch, diferenciándose en lo que denomina cierta valoración de Freud que define como “celo freudiano”. En cambio, con Zukerfeld aparecen importantes discrepancias. Critica las distintas 548
Vamos entonces a detallar lo que se presenta. En la sección “Desarrollos lacanianos” hay cinco trabajos con propuestas originales.
Alberto Cabral, en “El perdón y lo imperdonable en la cura analítica: la ‘vía Staël’ y la vía freudiana”, aborda la problemática resultante de “todo proceso de ruptura de vínculos”, incluyendo la experiencia de un fin de análisis en un contexto de ruptura. El autor destaca el tema del duelo, y abre la problemática del perdón, la reparación, la reconciliación, y lo imperdonable, como diferentes vías de tramitación posibles. Marca un límite para una orientación de la cura fundada en el carácter irres-tricto de la disposición al perdón, tanto por parte del analista como por la del paciente. Advierte sobre los peligros de la omnipotencia del amor, y su corolario, la disponibilidad subjetiva al perdón. En contraposición señala que la subsistencia del odio –como saldo de la cura– ha sido con-siderada por Lacan como “una de las vías de realización del ser”. Incluye la posibilidad de una reparación sin perdón. En todo caso, lo importan-te serán los destinos de lo imperdonable.
Leonardo Peskin, en “Abordaje del narcisismo en la clínica frente a la ausencia de subjetividad”, presenta un punteo teórico-clínico revisitan-do el concepto en Freud y Lacan y destacanrevisitan-do especialmente la idea del muro narcisista en la teoría y del acto en la clínica. El autor dice que el narcisismo es el núcleo de humanización ineludible y cuestiona la inac-cesibilidad narcisística, en lo que puede interpretarse como una defensa del narcisismo. En el análisis no hay trabajo sobre Edipo sin Narciso, y en la así llamada clínica de borde, el narcisismo y su dinámica marcan el destino de la cura. El autor muestra, a partir de una viñeta clínica, cómo la subjetividad del analista se implica en el trabajo del narcisismo del paciente. Él rescata el concepto de contratransferencia, criticando desde la teoría, y reconoce que es un concepto útil en la clínica, diferen-ciándolo del concepto de deseo del analista, discusión que valdrá la pena continuar.
José E. Milmaniene, en su trabajo titulado “Lacan en APA”, describe las resistencias que tuvo que vencer el pensamiento lacaniano para poder desarrollarse en la institución. En su texto, Milmaniene propone un interesante contrapunto entre la importancia que Melanie Klein otorgó a las relaciones de objeto y el par vacío/castración que la teoría lacaniana ubica al comienzo de la constitución del sujeto y el posterior desarrollo de las defensas necesarias contra ese vacío constitucional. Describe los registros Real, Simbólico e Imaginario y la enorme impor-tancia que tiene la Función Paterna dentro de esta concepción teórica. El autor consigue, a lo largo de su trabajo, plasmar con claridad concep-tos centrales de la teoría lacaniana.
Jorge Luis Santalla, en “Puntuaciones sobre el yo en Lacan”, hace un breve recorrido sobre cuestiones atinentes al yo, la identificación y
551
te, o correo de lectores, invitamos a incluir comentarios a éstos u otros trabajos.
Laura Trotta y Alicia Killner, en “Mnemósine: la construcción del caso”, se proponen una labor conjunta de análisis y supervisión de una paciente con severo compromiso orgánico y recurrentes desmayos. El malestar de un cuerpo que sufre remite al hacerse palabra y dejarse escuchar. A través de una escucha incondicional y comprometida para alojar las palabras proferidas por un cuerpo sufriente, el trabajo descri-be el alivio sintomático y cómo el encuentro con la analista empuja a la paciente a realizar intentos de dejar de desaparecer, en los desmayos, para preguntarse si el Otro, en este caso el esposo, puede perderla.
Ana Esther Krieger, en “La erotomanía es el amor de la mujer”, pre-senta un material clínico que responde a la elección femenina del objeto amoroso basada no sólo en la vertiente del deseo sino en la vertiente erotómana, quedando ésta generalizada como el amor de la mujer. La autora pone el énfasis en una obsesión de la paciente “Flor de otoño” por el objeto. Destaca, desde un recorrido de autores predominantemente lacanianos, que la erótica moderna incluye la erotomanía como rasgo que predomina sobre la elección de objeto. Aun el sufrimiento está implícito en el afán de responder a la demanda de amor, que por otra parte es la demanda de sentirse deseada por el Otro. La autora destaca que la mujer, desde un nivel neurótico, ama al que ella siente que la ama. Éste es un texto polémico que propone pensar en la relación transferen-cial, donde hay un borramiento de los límites éticos del análisis.
En “Implicacion subjetiva del analista en la transferencia: del ‘sin memoria ni deseo’ en Bion al ‘deseo del analista’ en Lacan”, Carlos Barredo y Oscar Paulucci relacionan los enunciados de Bion con planteos de Lacan.
Ellos señalan, como ejemplo, los rasgos de estilo provocadores para el lector, en los textos de ambos. Describen cómo, teniendo origen en tradi-ciones filosóficas diferentes, coinciden en plantear una orientación común de la experiencia analítica. Especificidad que cada uno intenta soslayar sobre la estructura de la transferencia y la posición del analista. Remarcan la importancia de la sesión analítica y se refieren a la ética y al análisis del analista. En ambos autores surge como un imperativo ético que el analis-ta “deba ser eso” que da sustento a la experiencia. Ofrecen un material clí-nico cuya supervisión posibilita el debate de las formulaciones propuestas y muestra los obstáculos de la posición del analista en la sesión.
Liliana Polaco, en “Inconciente, novela familiar, tiempo”, hilvana estos tres temas en un caso clínico. Partiendo de la descripción freudia-na de la novela familiar, ella afirma que sus diferentes movimientos, y los afectos correspondientes, posibilitan la inscripción en el sujeto de “la oposición entre generaciones”. Los múltiples modos de aparición de la 550
adjetivaciones del inconsciente, y explicita su forma de pensar lo irre-presentable no como una inscripción distinta, sino como algo que en el seno mismo de lo representable viene a detenerse, como un saldo real que es a la vez causa del pulsionar de la repetición.
En esta discusión vemos una muestra del debate pluralista sin cen-sura con la deuda de profundizar la línea de la discusión entre teorías y de ideas, por sobre la discusión de autores.
Los dos escritos siguientes, trazan un panorama crítico de la teoría lacaniana. “Después de Lacan. Del poslacanismo al psicoanálisis con-temporáneo”, de Fernando Urribarri, es un texto de alto voltaje, tanto teórico como histórico-político. Urribarri traza un mapa de las ideas psi-coanalíticas posfreudianas, definiendo lo que considera los tres movi-mientos dogmáticos, entre los que se encuentra el kleinismo, la psico-logía del yo y el lacanismo; y los tres antidogmáticos, entre los que men-ciona la corriente winnicottiana, el poslacanismo, y la escuela argentina. Define al psicoanálisis contemporáneo como esencialmente pluralista, y distingue tres etapas en la evolución intelectual del poslacanismo: con Lacan, después de Lacan y más allá de Lacan, en la que el rechazo de la fórmula “el inconsciente está estructurado como un lenguaje” es funda-mental. Desde los años noventa hasta hoy la referencia a Lacan decan-ta y se integra, junto con otras, en el fundamento pluralisdecan-ta sobre el que se construye un nuevo modelo contemporáneo, dentro del cual desem-peña un rol central el aporte de Willy Baranger
Raquel Zak de Goldstein, en “¿Por qué Lacan…?”, nos acerca su visión de lo que considera nuevo e imprescindible en Lacan. Manteniendo una distancia que le permite una visión desapasionada, ella propone una discriminación entre los aspectos que considera esen-ciales y aquellos que, según su parecer, nacen de una necesidad de inno-var. La autora ubica en 1964 “el acmé del pensamiento psicoanalítico de Lacan”, cuyo objetivo es la revalorización de lo genuinamente freudia-no. A partir de allí, Raquel Z. de Goldstein cambia radicalmente su pos-tura “introduciendo neologismos, tomando prestado discursos científi-cos y filosóficientífi-cos de autores que interpreta a su manera perdiendo el rumbo inicial”. La autora discrimina con claridad los aportes lacanianos que considera enriquecedores del psicoanálisis, de aquellas posturas que crean conflictos de difícil solución con temas básicos de la teoría y la téc-nica psicoanalíticas, en especial referencia al corte de la sesión.
Entramos en la serie de escritos sobre “Clínica lacaniana”, alertando al lector de que despertará, pensamos, emociones más intensas, pues no todos comparten el estilo de trabajo. Nuestra apuesta y agradecimiento a los autores se basa en que la clínica se muestra en algunos casos con sumo detalle, para poder continuar la conversación sobre una base empírica. En próximos números de la Revista, en una sección de
deba-553
pensar los conceptos psicoanalíticos freudianos, para que puedan trans-mitirse a otras generaciones; su aporte es una reestructuración formal de la teoría y la práctica psicoanalíticas.
Nasio define al lacanismo como un dialecto, una lengua: “Si usted quiere ser lacaniana tiene que hablar esa lengua y comprender las pala-bras y el sentido de las palapala-bras”, le dice a su entrevistadora. Para Nasio hay tres principios mayores que son la base de la organización del pen-samiento lacaniano, y que responden a la pregunta sobre qué es lo pro-pio del hombre. El hombre lacaniano es, ante todo, un hombre que sim-boliza, que metaforiza. El segundo principio es que el hombre, en Lacan, desea, quiere y busca, aunque no sabe bien qué. El tercer principio es que está confrontado a la falta, concluye Nasio.
El Comité Editor de la Revista acordó que en este número era perti-nente el comentario y la opinión de una psicoanalista de la talla de Madé Baranger, historia viva del psicoanálisis, por el hecho de haber tenido contacto con Lacan, y por ser conocedora y partícipe de los movimientos intelectuales de nuestra institución y del psicoanálisis internacional.
Ante la pregunta de qué da cuenta la teoría lacaniana, Madé respon-de: “a la fundamental inadecuación de uno consigo mismo”. Ella dice que hay en Lacan una postura como analista frente al paciente y a lo que se puede hacer o no con el paciente... Aquí sus palabras: “[…] Hay una cosa que yo digo siempre […] que un analista no tiene derecho, o no debería darse el derecho de decir una cosa que no cree que es verdad en el momento que la dice […] Ahora, lo que yo considero como verdad depen-de depen-de mi experiencia, depen-de mi experiencia depen-del paciente, depen-de toda mi forma-ción teórica, evidentemente depende de muchos factores, pero yo no me siento autorizada a decirle en algún momento a un paciente algo que no creo verdad. Eso sí es una de las cosas sobre las cuales pongo el acento. Y si la gente está convencida de las ideas de Lacan a propósito del mate-rial clínico y le parece que aclara algo más, me parece muy bien. Pero lo más importante es que esté el pensamiento propio del analista. Por supuesto que, cuando tomamos contacto con otros pensamientos, sea el de Lacan, en una época fue el de Klein y hay de muchos otros, decimos ¡¡¡Aahh!!!! Eso es algo que puede integrarse a mi pensamiento teórica o técnicamente. Es así cómo progresa el psicoanálisis, no encerrándose en un autor… Creo”.
Así, Madé, lo creemos también nosotros.
Comité Editor de la REVISTA DEPSICOANÁLISIS
Claudia Lucía Borensztejn
Directora
552
novela de situaciones y personajes se presentan en la situación analítica una y otra vez para realizar el proceso de desasimiento de los padres. El caso clínico ilustra cómo el paciente pasa por distintos momentos en su relación afectiva con los otros, los que son equiparados a las etapas reco-rridas en el desarrollo de la novela familiar. Se permite así el acceso a una temporalidad con un proyecto de futuro posible.
En la sección “Testimonio”, Mirta Goldstein escribe “30 años de Lacan en APA: Efectos en la formación y en el lazo institucional. Testimonio de un recorrido institucional”, mostrando los efectos del discurso de Lacan, el cual generó la formación de grupos de estudio, de análisis de la obra, deba-tes, resistencias, y cierta ajenidad relativa a un discurso complejo, que tuvo influencia en la política institucional, en la transmisión del psicoanálisis y en la formación, favoreciendo la creación de espacios en la APA; lo que fue posible por el pluralismo de la institución, que a su vez fue atravesado por los aportes lacanianos. Ella resalta el papel de la REVISTA DEPSICOANÁLISIS
en la difusión de ideas con divergencias y convergencias de conceptos de Lacan, tales como: la ética del deseo, los cuatro discursos, el objeto a, la transferencia simbólica e imaginaria y la dirección de la cura.
En la sección “Psicoanálisis y literatura” presentamos dos artículos sobre Hamlet: ambos hacen referencia a un condicionamiento epocal. El trabajo de Marta Merajver-Kurlat, “Hamlet en la perspectiva contem-poránea”, es un análisis realizado desde la mirada literaria abarcando lo sociocultural. Hamlet puede ser leído teniendo en cuenta la infranquea-ble búsqueda de la discriminación entre el Bien y el Mal, la que define al drama isabelino. Para Carlos Basch, en “El Hamlet de Lacan. El duelo por el falo”, el sentimiento de culpa es un rasgo que define a la tragedia moderna. El punto de convergencia estaría en el surgimiento de la culpa, mencionado por Basch, a partir de la inevitable lucha entre el bien y el mal que destaca Merajver-Kurlat. Y en esos sentimientos y valores, Hamlet adquiere contemporaneidad.
Juan Carlos Weissmann reseña a Ferenczi, quien fue un innovador en sus preocupaciones teóricas, clínicas y técnicas. Muy criticado por su técni-ca activa, así como lo fueron las sesiones cortas de Latécni-can. Ferenczi, colabo-rador e interlocutor privilegiado de S. Freud, miembro fundador de la IPA y pionero en varios campos dentro del psicoanálisis, fue conocido como el terapeuta de los casos difíciles. Atribuye gran importancia a la relación y a la personalidad del analista dentro del tratamiento, anticipándose a las investigaciones actuales sobre el rol de la subjetividad del analista a partir de la importancia central de la relación transferencia y contratransferencia. Para concluir, presentamos las entrevistas a Juan David Nasio y a Madé Baranger.
A la pregunta de cuál es el aporte fundamental de Lacan al psicoaná-lisis, Nasio responde que ha sido una tentativa de formalizar, escribir y
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El Señor y los dioses
Señor, deja que haya dioses. Permíteles ser: mitigan
la terrible intensidad de tu Presencia, se pasean ingrávidos
desde el pétalo a la hoja y desflecan el agua en breves estallidos de luz; son en cada cosa
y el mundo se vuelve sagrado, a mi medida.
Nada te quitan, los sabemos menores, sólo que junto a ellos
esperar la muerte se hace más leve.
A Raimon Panikkar
De María Teresa Solá. La dama y el unicornio y otros poemas. Nuevo Hacer, Grupo Editor Latinoamericano
REV.DEPSICOANÁLISIS, LXVI, 4, 2009, págs. 555-568
El perdón y lo imperdonable en la
cura analítica: la “vía Staël” y
la vía freudiana
*Alberto Cabral
“Comprender todo no es perdonarlo todo. El psicoanálisis nos enseña no sólo lo que podemos soportar, sino también lo que debemos evitar. La tolerancia del mal no es de ningún modo un corolario del conocimiento.” S. Freud (1927), reportaje concedido a G. S. Viereck.
Introducción
La vida cotidiana (y lo que de ella ingresa en nuestros consultorios) nos entrega, con frecuencia, situaciones de rupturas de los vínculos más di-versos: conyugales, amistosos, familiares… Enfrentados a estas situacio-nes, los analistas nos resistimos a asignar (al menos en un primer mo-mento) una condición “natural” a estos desenlaces: considerando, por ejemplo, que estaban sencillamente destinados a sucumbir “porque su tiempo ha expirado” (Freud, 1919), de acuerdo con el modelo freudiano de la primera dentición (Freud, 1924).
En cambio, estamos habituados a encarnar el enunciado “por algo será”, y a alentar en nuestros analizantes la tarea de develamiento de ese “algo” por la vía de la asociación libre. Corremos, por ello, el riesgo de no percibir en qué medida nuestra posición puede a veces coexistir con la atribución inconciente de una condición no perecedera (Freud, 1916) a estos mismos vínculos. En términos de Lacan (1973-1974): a inscribirlos en el campo de lo necesario, y no en el de lo contingente.
* Dirección: Vidal 1564, 6º “A”, (C1426AMD) Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina.
EL PERDÓN Y LO IMPERDONABLE EN LA CURA ANALÍTICA[...] 557
Éste es el punto en el que la cura analítica supone una autentificación y un saber-hacer-con aquellas singularidades subjetivas que ni la prácti-ca jurídiprácti-ca ni la polítiprácti-ca pueden contemplar. Es el punto, también, que permite verificar el decalaje entre el concepto de sujeto en psicoanálisis y aquel con el que operan el derecho y las ciencias políticas.
Del resarcimiento en Derrida al ultraje en Lacan
En su trabajo de deconstrucción del concepto de perdón, Jacques Derrida (2001) concluye que éste (en la tradición abrahámica) está suje-to al resarcimiensuje-to, y por lo tansuje-to a la calculabilidad del castigo. Es por eso –nos dice– que se concede sólo en aquellos casos que se consideran
expiables y reparables.
Intentemos ahora articular su tesis en nuestras categorías teóricas. Diríamos que, en su perspectiva, la posibilidad del perdón se abre cuando las modalidades de subjetivación del daño determinan su inscripción en el plano de las equivalencias simbólico-imaginarias: aquel que Freud (1917) intuyó con su noción de ecuación simbólica (falo = niño = heces = rega-lo).
Inscripta en este plano, la representación del daño puede ingresar en el registro de lo mensurable y aun en el de lo intercambiable, en tanto res-ponde a esa medida común que (para nosotros) constituye el falo y, en úl-tima instancia, la referencia a la palabra. Es lo que permite su participa-ción en la lógica de las sustituciones. Sobre ella se funda (desde nuestra óptica) esa posibilidad de resarcimiento que, para Derrida, es inherente a la noción de perdón en las religiones abrahámicas: cristianismo, ju-daísmo e islamismo.
Incluyo, en cambio, en el campo de lo imperdonable, aquellos modos de inscripción del daño que instalan al sujeto en una posición refracta-ria y, aún más, irreductible al perdón. Su magnitud subjetiva desborda en estos casos tanto el registro narcisista de la afrenta, como la referen-cia simbólica a una medida común. Es esta condición de
inconmensura-ble (al desbordar la referencia a un patrón común de medida) la que
res-tringe su acceso a la lógica de los intercambios.
En estas situaciones, el alojamiento del daño en un más allá del plano simbólico-imaginario le confiere un valor de real. Es el que determina el efecto de certeza, así como el registro de singularidad absoluta que acompañan a su inscripción subjetiva. La eficacia del daño, en estas cir-cunstancias –para decirlo en términos freudianos–, “[…] descansa sobre el fundamento de un suceso a salvo de cualquier duda e irrepetible” (Freud, 1910 [las cursivas son mías]). Es por eso que podemos inferir que, en estos casos, el daño ha hecho impacto sobre lo que para Freud
ALBERTOCABRAL
556
Es por ello, quizás, que entre algunos analistas suscite, de por sí, re-paros el hecho de considerar la posibilidad de un fin de análisis en un contexto de ruptura, de conflicto franco o aun de hostilidad en los vín-culos significativos del analizante. Estas vicisitudes de nuestra clínica cotidiana incitan a profundizar en la categoría del perdón y su límite: lo
imperdonable. Conforman un eje conceptual útil para dar cuenta de las razones y de la calidad de una ruptura, así como de una eventual
conti-nuidad vincular.
Aun cuando, en parte, se superponen con la problemática del duelo, las nociones de perdón y de imperdonable presuponen una inscripción irreductible de la pérdida en términos de daño, cuya especificidad con-viene preservar. Sus modalidades particulares de subjetivación partici-pan en el posicionamiento de cada quien ante los conflictos inevitables en todo vínculo. La violencia ejercida por un progenitor, o la infidelidad de un partenaire, por ejemplo, pueden constituir para algunos sujetos un
más allá del límite, mientras que para otros pueden resultar una
cir-cunstancia por cierto penosa, inscripta inicialmente en el registro de la frustración, pero que en el curso de la cura demuestra ser accesible a una tramitación simbólica.
Precisemos que la problemática del perdón ha sido también abordada en nuestro campo (aun cuando no se superpongan plenamente) median-te la noción kleiniana de reparación y, más recienmedian-temenmedian-te, de
reconcilia-ción (Canestri, 2006). En cuanto a lo imperdonable, puede resultar
inte-resante debatir si el límite que designa es también contemplado en estos abordajes alternativos.
A su vez, la aceptación creciente en el derecho internacional de la ca-tegoría de los delitos imprescriptibles, ligados a crímenes de lesa huma-nidad, ha renovado el debate ético y filosófico sobre el perdón y lo
im-perdonable. Ésta ha constituido para mí la segunda incitación para el
abordaje de este tema. Se trata de un debate que contiene muchos pun-tos de interés para nosotros, como analistas… a condición de despren-dernos de la perspectiva de los juristas, que abordan lo imperdonable en la doble vertiente de lo universal y del a priori. Esto es, evaluando cua-lidades y magnitudes del perjuicio ocasionado para proceder a una tipi-ficación válida para todos.
Para nosotros, analistas (a diferencia de los juristas), se trata de la
me-dida particular que cobra para cada quien, en el a posteriori de la cura, el
registro de lo imperdonable. Es que no sólo la magnitud subjetiva del daño, sino también la respuesta que puede suscitar un eventual arrepen-timiento en el damnificado, así como su disposición o no al perdón, se re-velan privilegiadamente en nuestra práctica como productos de una sin-gularidad absoluta, irreductible en sus fundamentos al plano conciente, y determinada en última instancia por una posición de deseo.
EL PERDÓN Y LO IMPERDONABLE EN LA CURA ANALÍTICA[...] 559
(como padre, como persona)” que despertaba en ella “un paciente que es-taba en ese momento al lado del máximo poder político”, y que partici-paba activamente de prácticas corruptas, nos resulta útil para evocar los
topes que determinan en cada analista su disponibilidad para aceptar o
rechazar una demanda singular de análisis. Es una disponibilidad que va más allá de la buena o mala voluntad de la persona del analista. Está con-dicionada, en cambio, por la medida particular que en cada quien cobra el plano de lo imperdonable, que participa de la singularidad que en cada uno de nosotros especifica al deseo del analista.
Freud ha sido sensible al efecto de límite que traza lo imperdonable. Por eso su reacción vehemente (“su voz tronó, mientras sus rasgos asumían la orgullosa severidad de un profeta hebreo”) ante la pregunta que en una entrevista le dirigió el periodista estadounidense G. S. Viereck (1927): “Siempre tengo la impresión –había observado éste– de que el psicoanálisis induce en todos aquellos que lo practican el espíritu de la caridad cristiana. No hay nada en la vida humana que el psicoaná-lisis no pueda hacernos comprender”. Y remató su comentario con una frase de la escritora católica Mme. de Staël (sin citarla): “Tout com-prendre c’est tout pardonner” (“Comprender todo es perdonar todo”). “Al contrario –respondió tajantemente Freud–, comprender todo no es
perdonarlo todo. El psicoanálisis nos enseña no sólo lo que podemos
so-portar, sino también lo que debemos evitar. La tolerancia del mal no es de ningún modo un corolario del conocimiento.”
Considerada desde su núcleo de real, la noción de lo imperdonable participa de esa “inclinación al conflicto” en la que Freud (1937) reco-nocía a la pulsión de muerte, y que sostiene un plano “irreconciliable” en la relación del sujeto con el Otro. Lacan (1959-1960, pág. 341) lo ha ejemplificado en la figura de deseo que encarna Edipo en Colono, en el final de la saga de Sófocles. Se apoya para ello en la caracterización clá-sica que de él ha hecho Eric Rohde (“un anciano salvaje, irritado, sin pie-dad”), para subrayar que Edipo “se nos muestra irreductible hasta el fin, exigiendo todo, no habiendo renunciado a nada, absolutamente
irre-conciliado” (las cursivas son mías).
Es en este sentido que, tanto en el ámbito privado como en el públi-co, lo imperdonable señala un límite irreductible a la tarea de
reconci-liación (Versöhnung). En un trabajo reciente, Jorge Canestri (2006) ha
propuesto construir un concepto con este término, agrupando sus usos dispersos en la obra de Freud. Y lo inscribe, más allá de sus diferencias, en el mismo campo semántico que la reparación (Wiedergutmachung) kleiniana.
Se trata, para él, en ambos casos, de procesos “orientados a remediar un daño o un conflicto”. En tanto sostenidos en la fantasía de “hacer de
nuevo (wieder) bien (gut)”, Canestri destaca que operan con “la lógica ALBERTOCABRAL
558
(ibíd.) constituía un “insustituible eficaz”: una de sus aproximaciones más sugerentes a la noción de real.
Los emergentes de odio que se anudan a este tipo particular de daño, participan también (como veremos) de su condición de real: es por eso que resisten los efectos de la palabra, y constituyen un límite para una orientación de la cura fundada en el carácter irrestricto de la disposición al perdón.
Así como la afrenta nos permite evocar un daño imaginario, podemos servirnos del término ultraje para precisar las resonancias subjetivas de un daño inscripto en tanto real. Éste es el término que Lacan (1959-1960, pág. 287) ha utilizado para referirse al registro que acompaña en el sujeto el atravesamiento de la barrera de lo Bello: el mismo límite que, unos años más tarde, designará en su enseñanza con la noción de
fan-tasma. El ultraje hace resonar, entonces, en el plano del daño –y en el
contexto de la enseñanza de Lacan–, una magnitud que va más allá del fantasma.
Lo imperdonable: el límite freudiano a la “vía Staël”
Por supuesto que no todo daño que el analizante subjetiviza en el co-mienzo de la cura como imperdonable, retiene a su término un estatuto de ultraje. En el recorrido de la cura, la elaboración exitosa de los planos narcisistas y de las fijaciones edípicas permite (como una de las tantas “ganancias colaterales” a las que se refería Freud [1923]) acotar el re-gistro del daño y de lo imperdonable a su núcleo de real. En otros tér-minos: elaborar y despejar las significaciones edípicas y las afrentas
nar-cisistas que se anudan inicialmente al registro del daño y conforman la
“envoltura formal” (simbólico-imaginaria) de lo que se presenta como imperdonable en el neurótico.
Es por ello que, en el analizante, el límite que designa el campo de lo imperdonable cobra consistencia recién en el a posteriori de la cura. En
el caso del analista, en cambio, el tránsito previo por su análisis de
for-mación le permite ubicarse a priori ante las demandas de análisis que recibe (y que hacen resonar en él esta problemática) en una posición
más advertida de sus propios límites. Este saber sobre los propios
lími-tes resuena en una de las primeras aproximaciones de Lacan (1959-1960, pág. 358) al deseo del analista, en tanto “deseo advertido”. Y es lo que determina que no-todo posicionamiento subjetivo en el Otro le re-sulte igualmente analizable.
Tocamos aquí el límite subjetivo que hace resonar situaciones como las que Lucía Paschero (2007) ha recortado recientemente en un rico testi-monio clínico. Es que el “repudio neto hacia las atrocidades de la ética
EL PERDÓN Y LO IMPERDONABLE EN LA CURA ANALÍTICA[...] 561
Esta omnipotencia atribuida al amor forma parte de las resistencias
piadosas que sigue suscitando entre nosotros la hipótesis de la pulsión de
muerte, ya percibidas por Freud (1930): “A los niñitos no les gusta oír que se les mencione la inclinación innata del ser humano al mal y a la agre-sión. Es que Dios los ha creado a imagen y semejanza de su propia per-fección, y no se quiere admitir cuán difícil resulta conciliar la indiscutible existencia del mal, con la omnipotencia o la bondad infinita de Dios”.
“Reparación sin perdón”: un testimonio
Un testimonio reciente de Fernando Weissmann (2007) permite reinsta-lar estas consideraciones metapsicológicas en el triple escenario social, familiar y personal en el que cobran cuerpo; y recuperar así sus reso-nancias en términos de implicación subjetiva. Se trata del informe que presentó en el Congreso de la IPA en Berlín, en 2007. Allí aborda algu-nas de las consecuencias que tuvo sobre su vida la emigración forzada de sus padres, ante la persecución nazi que impulsó el Tercer Reich.
Nos detendremos, en particular, en su referencia a los debates susci-tados en torno a “la aceptación o no, por parte de las víctimas y de los sobrevivientes, de la ‘reparación (nuevamente, la Wiedergutmachung) histórica’ ofrecida por el gobierno alemán”. Se trata –nos dice Weissmann– de un “problema que generó un íntimo conflicto en mi fa-milia, como en tantas otras”.
Estaba en juego la decisión de “aceptar o no los humillantes trámites y revisaciones médico-psicológicas, con el objetivo de recibir del gobier-no alemán de posguerra una suma de dinero en concepto de indemniza-ción, o/y la jubilación que les hubiera correspondido, de no haber existi-do la persecución y el genocidio”.
Es en este contexto que Weissmann se plantea: “¿Se podrá aceptar la
Wiedergutmachung sin perdonar? Arduo problema que fue resuelto en
mi familia respondiendo por la afirmativa, pero dejando sus secuelas”. Weissmann formula este interrogante después de citar explícitamente en su texto algunas de las ideas de este trabajo, en cuya discusión había participado después de una primera presentación de las mismas en la APA. Es claro que el interrogante juega con la ambigüedad del término
reparación, que en su testimonio alude tanto a la medida concreta del
gobierno alemán, como al sentido metapsicológico estricto que adquirió el concepto en las elaboraciones kleinianas y de la escuela inglesa.
¿Cómo no compartir la tensión subjetiva contenida en el “conflicto ín-timo familiar” que refiere Weissmann? Es que la propuesta de
indemni-zar, en su expresión crudamente monetaria, expone abruptamente a las
víctimas y a sus familiares ante la problemática del resarcimiento y,
ALBERTOCABRAL
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del resarcimiento”. Es la misma lógica que, como hemos visto, Derrida reconoce como fundamento del perdón en nuestra tradición cultural.
Mi impresión es que precisar los límites de estos procesos, y asumir que no-todo daño es resarcible, puede contribuir a desprender la
Versöhnung de sus adherencias cristianas: recordemos que la reconcilia-ción con Dios, expresión del poder que se considera ilimitado del amor,
es uno de los sacramentos de la también llamada religión del perdón. Podemos reconocer estas resonancias en algunos desarrollos de Julia Kristeva (1999). Apoyándose en estudios de Hannah Arendt que revalo-rizan la tradición cristiana, Kristeva se ve llevada a concebir la cura analítica como una “versión moderna” del perdón: “La escucha y la pa-labra del analista –nos dice– pueden aparecérsenos como un acto de
perdón”, en tanto configuran un espacio “[…] que permite encontrar un
otro que no juzga, pero que escucha mi verdad en la disponibilidad del amor y por ello mismo me permite el renacimiento”. Afirmaciones de este tipo son, seguramente, las que llevaron a Michel Foucault (1979) a insistir críticamente en la raíz confesional de la cura analítica, y a in-cluirla en el conjunto de las prácticas disciplinantes que integran lo que denominaba poder pastoral…
Por supuesto que la epojé (suspensión del juicio) constitutiva de la po-sición del analista puede despertar en el analizante una significación de perdón, en particular en los momentos iniciales de la cura. Pero si el analista autentifica esa significación y, aún más, si opera identificado al lugar de quien otorga el perdón… se corre el riesgo de perpetuar en el analizante la relación a un Otro evaluador, en el que delega a su vez la responsabilidad por sus actos. “Se trata de una invitación a una trans-ferencia sin límites”, advertía ya Freud (1928) al pastor Pfister, al co-mentar su propuesta de encarnar como analista, ante el analizante, el mensaje de Jesús: “Tus pecados te son perdonados”.
El testimonio de Kristeva (discípula próxima de Lacan, que es siem-pre una referencia privilegiada en sus textos) es un buen indicador del peso que conserva la tradición cristiana en el abordaje de estas cuestio-nes. Y que se expresa en la omnipotencia que algunos desarrollos psico-analíticos tienden a atribuir al amor (en la perspectiva agustiniana del “Amor omnia vincit”1), con su corolario de sobrevaloración de la
dispo-nibilidad subjetiva para el perdón. Es lo que lleva a algunos analistas a cuestionar, como saldo de una cura, la subsistencia eventual del odio: una pasión que, en cambio, Lacan (1953-1954) articuló tempranamente con el deseo, al jerarquizarla como “una de las vías de realización del ser”.
REV.DEPSICOANÁLISIS, LXVI, 4, 2009, págs. 555.568 1. “El amor todo lo vence”.
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zar estos rechazos –que llamaremos decididos– al perdón. Esto es, recha-zos al perdón que ya no operan al servicio de los retornos del goce parrici-da (propios del tercer tiempo de la Verdrangung), ni tampoco al de la “ló-gica narcisista” (Kancyper, 2006) que caracteriza al resentimiento.
Estos rechazos al perdón articulados al juicio de condena no consti-tuyen entonces una expresión de los retornos neuróticos del goce de matar (Mordlust), que Freud (1915) remite en última instancia al goce parricida. Ni participan de la “lógica narcisista y retaliativa” que, para Kancyper (2006), caracteriza al resentimiento. Están, en cambio, soste-nidos en montantes de odio emergentes de un daño inscripto como real, y articulados a un deseo decidido. Esto es, a ese “deseo más fuerte” que, para Lacan (1961), constituye el saldo de una cura analítica exitosa. Más
fuerte, precisemos, que la impotencia que, para Freud, es propia de los
retoños del deseo reprimido.
Es por ello que estos montantes de odio resultan irreductibles a los
clichés edípicos. En el curso de la cura se muestran refractarios a la
ela-boración historizante (Cabral, 2005), en la medida en que no constitu-yen “reediciones”, sino emergentes de encuentros traumáticos y, en tanto tales, singulares y novedosos para el aparato psíquico. Los pode-mos considerar muy próxipode-mos a lo que Winnicott (1949), en relación con el analista, conceptualizaba como “odio objetivo y justificado”: esto es, aquellas dimensiones de odio en el analista que no responden al registro contratransferencial (y, por lo tanto, neurótico).3
Estos rechazos decididos al perdón pueden dar lugar (tanto en el ám-bito privado como en el público) a sanciones simbólicas consistentes, que constituyen una alternativa efectiva ante lo que Kristeva concibe como el resultado inevitable del no acceso al perdón: el riesgo de encierro en la espiral especular de crimen y venganza.
El título del drama póstumo de Lope de Vega permite ilustrar la espe-cificidad propia de estas sanciones que llamo consistentes: “Castigo sin venganza”. El perdón no es, entonces, como considera Kristeva (1987), “la única salida, la tercera vía entre el sometimiento y la respuesta ho-micida”. También puede serlo su rechazo, cuando –por ejemplo– es el co-rolario de la elaboración incitada por una cura exitosa. Un rechazo, en-tonces, articulado a la Verurteilung, como el que podemos ahora inferir de la posición sostenida por Freud en la entrevista con Viereck, y que ad-mite ser enunciada en términos de una “intolerancia al mal”.
ALBERTOCABRAL
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sobre todo, ante sus límites (siempre singulares, aun dentro de un mismo núcleo familiar). Límites que (retomando la expresión de Freud [1918]) “entran en conversación” cuando –como en este caso– se ponen en juego inscripciones del daño que, por su condición de real, desbordan el campo de lo cuantificable y, más aún, de lo pensable… y por eso, tam-bién, de lo com-pensable por una indemnización.
Estas circunstancias promueven a un primer plano el significado
sin-gular e intransferible que puede cobrar para cada quien un
ofrecimien-to de esta naturaleza. Y que determina como eventuales respuestas un abanico de posiciones subjetivas diferentes: desde su aceptación, va-lidándolo como testimonio de la asunción simbólica de la responsabili-dad que le cabe al Estado en el genocidio, hasta su rechazo, ya sea como intento ofensivo de “comprar” un perdón para lo imperdonable, o por el requisito humillante de “ofrecer pruebas” de un daño que parece no ter-minar de ser reconocido.
El pedido público de perdón por parte del Estado no obliga entonces a los particulares a otorgarlo necesariamente, aun en el caso de aceptar la “reparación” ofrecida: es posible, como sugiere Weissmann., “aceptar la Wiedergutmachung” (esto es, consumar una elaboración simbólica adecuada del daño) sin por ello perdonar.
Destinos de lo imperdonable: la represión y el juicio de condena (Verurteilung)2
En esta perspectiva podemos reconsiderar desarrollos recientes sobre la noción de resentimiento. Si bien algunos de ellos permiten puntos de en-cuentro con el concepto de frustración (Lacan, 1956-1957), me detendré en aquellos que me suscitan reparos. En particular, en los que hacen coincidir la elaboración exitosa de “la implacable necesidad de vengan-za” propia del resentimiento (Kancyper, 2006), con un acceso obligado al campo del perdón. Es una perspectiva que inscribe la conducción de la cura en lo que llamaremos “la vía Stäel”: esto es, la idea de que
com-prender supone necesariamente perdonar.
El límite de lo imperdonable, sin embargo, permite dar cuenta de posi-ciones subjetivas de rechazo al perdón, no necesariamente sometidas a la “tiranía de la ley taliónica” que Kancyper (2006) considera inherente al resentimiento. La noción freudiana de juicio de condena (Verurteilung), al designar un más allá de la represión (Cabral, 2002), permite
conceptuali-REV.DEPSICOANÁLISIS, LXVI, 4, 2009, págs. 555.568
2. Corresponde a la traducción de López Ballesteros; la traducción de Etcheverry es “juicio adverso”.
3. Recordemos que, en su texto Odio en la contratransferencia, Winnicott (1949) –muy freudianamente– considera la contratransferencia básicamente como un obstáculo, ex-presión de la neurosis residual del analista. Es así que destaca “la anormalidad de los sentimientos contratransferenciales”, en tanto constituyen para él la expresión de “las identificaciones fijas que se hallan reprimidas en el analista”.
EL PERDÓN Y LO IMPERDONABLE EN LA CURA ANALÍTICA[...] 565
equivale, cuando se consuma idealmente, a una destrucción y cancela-ción del complejo” (las cursivas son mías).
Resulta tentador agrupar ambas nociones para construir con ellas un “binario”, de acuerdo con la modalidad que ha introducido J.-A. Miller. La operación nos permitiría enunciar en clave freudiana la orientación de la cura analítica: de la represión al sepultamiento (del complejo de Edipo).
En tanto supone una cancelación de la eficacia psíquica de los signi-ficantes reprimidos, el sepultamiento induce en el sujeto un desprendi-miento de las tiranías repetitivas que impone la memoria inconciente: esa red articulada de marcas que coarta en el neurótico la posibilidad de dar respuestas novedosas a los problemas actuales que lo afectan.
En relación con esta inercia repetitiva, el concepto de sepultamiento reivindica para la cura analítica el mismo efecto liberador que se des-prende de una sugerente observación de Freud, en el reportaje a Viereck que citamos parcialmente en el epígrafe: “el psicoanálisis suministra el hilo que conduce a la persona fuera del laberinto de su propio incon-ciente”.
Resumen
El autor de este artículo propone una exploración psicoanalítica del campo del perdón y lo imperdonable: ambas nociones conforman un eje conceptual útil para dar cuenta de las razones y de la calidad de la ruptura de un vínculo, así como de su eventual conti-nuidad. A diferencia de las aproximaciones propuestas por otras disciplinas (filosofía y derecho, por ejemplo), que alientan respuestas apriorísticas y universales, desde una perspectiva psicoanalítica estas categorías ponen en juego una dimensión de singulari-dad absoluta, que desborda en sus fundamentos el plano conciente, y se sustenta en úl-tima instancia en una posición de deseo.
Pese a su proximidad con la noción de duelo, el campo que se delimita supone una inscripción subjetiva irreductible de la pérdida en términos de daño. Cuando este último recae sobre un objeto insustituible, inasimilable al circuito de los intercambios simbóli-co-imaginarios, queda clausurada la vía del resarcimiento: aquella que Derrida aisló como fundante del perdón en las religiones abrahámicas. En estos casos se trata de un daño que, en la perspectiva abierta por Lacan, se podría considerar real: y, en tanto tal, constituye el sostén subjetivo del registro de lo imperdonable.
El autor explora estas peculiaridades y vicisitudes en el neurótico, en el curso de la cura y en el mismo analista. Discute desarrollos de J. Kristeva, J. Canestri y L. Kancyper, quienes, al no considerar el tope de lo imperdonable, tienden –en sus aproximaciones clí-nicas y teóricas– a considerar ilimitada la aptitud subjetiva para el perdón. Sus límites serían, para estos autores, indicadores de una posición neurótica insuficientemente ela-borada. Se destaca la raíz cristiana de este deslizamiento, a partir de la rectificación freu-diana a un aforismo de Mme. De Stäel. El rehusamiento del perdón puede ser, en cambio –en ciertos casos–, el corolario de una elaboración analítica exitosa. Se encuentra soste-nido, entonces –al igual que el perdón “no-neurótico”– en la potencia de un deseo decidi-ALBERTOCABRAL
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En este punto disiento con Todorov (en Portevin, 2003), cuando ob-serva que la fórmula “Ni olvido ni perdón” (que hace resonar el plano de lo que designamos como “imperdonable”) conlleva inevitablemente un deseo de venganza que “nos acerca a la barbarie”.4Mi impresión es que
éste, como todo enunciado, puede sostenerse en distintos lugares de
enunciación: incluso en aquellos que, al promover sanciones simbólicas
pertinentes (“castigos sin venganza”), contribuyen –en términos del mismo Todorov (2003)– a “la pacificación de la ley”.
La fenomenología del perdón, a su vez, resulta heterogénea: es que también él puede responder a distintos lugares de enunciación. En su vertiente neurótica puede estar sostenido tanto en el goce del someti-miento al victimario, como en una formación reactiva, expuesta en tanto tal a los retornos del goce vengativo. Las continuidades vinculares a las que da lugar parecen, entonces, ilustrar la sentencia de Borges (1964): “No nos une el amor sino el espanto”.
Pero el perdón (al igual que su rechazo) puede también sostenerse en la potencia de un deseo decidido (Cabral, 2002), y anudar así una barre-ra más eficaz frente a las re-emergencias de goce. Este perdón (que lla-maremos no neurótico, correspondiente con lo que Derrida denomina “perdón absoluto”) puede dar lugar a un olvido genuino: el que permite al sujeto dar eficazmente vuelta la página, para habilitar entonces un “nuevo comienzo” (Arendt, 1958). Es lo que traza diferencias con el “ol-vido” propio de la represión, que por su misma lógica promueve
repeti-ciones, y eterniza al sujeto en la misma página de su historia.
Arendt (1958) ha insistido en la condición de “advenimiento” de este perdón no neurótico, que por lo imprevisible de su irrupción y su carác-ter no calculable “quiebra la cadena de efectos y causas”. Este “quiebre” de la serie causal que Arendt destaca, nos permite reconocer en su fun-damento (y siguiendo a Lacan) una dimensión de deseo que, en tanto
real, es excéntrica a la cadena significante. Es lo que aproxima el
adve-nimiento de este perdón a la noción de acto, y hace de él un elemento no
historizable (Cabral, 2005).
Retomemos, para concluir, nuestra referencia al “olvido genuino” promovido por el perdón no neurótico. Parece tratarse, en él, del mismo efecto liberador respecto a los determinismos inconcientes que palpita en el concepto freudiano de Untergang (sepultamiento). Sobre todo si recuperamos, para tensarla, la relación de oposición que Freud (1924) sugiere entre el sepultamiento y la represión: “[…] el proceso descripto [el sepultamiento del complejo de Edipo] es más que una represión:
REV.DEPSICOANÁLISIS, LXVI, 4, 2009, págs. 555.568 4. Citado por Cristina Rosas de Salas (2007).
EL PERDÓN Y LO IMPERDONABLE EN LA CURA ANALÍTICA[...] 567
estas categorias põem em jogo uma dimensão de singularidade absoluta que ultrapassa, em seus fundamentos, o plano consciente e em última instância, se apóia em uma po-sição de desejo.
Apesar de sua proximidade com a noção de luto, o campo que se delimita supõe uma inscrição subjetiva irredutível da perda em termos de dano. Quando este último recai sobre um objeto insubstituível, inassimilável ao circuito dos intercâmbios simbólico-ima-ginários, a via do ressarcimento fica enclausurada: aquela que Derrida isolou como fun-dante do perdão nas religiões abraâmicas. Trata-se, nestes casos, de um dano que –na perspectiva aberta por Lacan– se poderia considerar real: e, portanto, constitui o alicer-ce subjetivo do registro do imperdoável.
No decorrer da cura são exploradas as suas peculiaridades e vicissitudes, tanto no neurótico como no próprio analista. Discutem-se trabalhos realizados por J. Kristeva, J. Canestri e L. Kancyper que, ao não considerarem o limite do imperdoável, tendem –em suas aproximações clínicas e teóricas– a considerar ilimitada a atitude subjetiva para o perdão. Para estes autores, seus limites seriam indicadores de um posicionamento neurótico insuficientemente elaborado. Destaca-se a raiz cristã deste deslize, a partir da retificação freudiana a um aforismo de Madame de Stäel. Por isso, a negação do perdão pode ser –em certos casos– o corolário de uma elaboração analítica bem sucedida; en-contra-se apoiado –assim como o perdão “não-neurótico”– na potência de um desejo de-cidido. Esta alternativa é explicada introduzindo-se dois binários que permitem concei-tualizar a orientação da cura: repressão-sepultamento e repressão-juízo de condenação.
PALAVRAS-CHAVE:PERDÃO/DANO/RECONCILIAÇÃO/RESSENTIMENTO/REPARAÇÃO/CURA
Bibliografía
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do. Se ilustra esta alternativa introduciendo dos binarios que permiten conceptualizar la dirección de la cura: represión-sepultamiento y represión-juicio de condena.
DESCRIPTORES:PERDÓN/DAÑO/RECONCILIACIÓN/RESENTIMIENTO/REPARACIÓN/CURA
Summary
FORGIVENESS AND THE UNFORGIVEABLE IN THE ANALYTIC CURE: THE“STAËL VIA”AND THE FREUDIAN VIA The author presents a psychoanalytic exploration of the field of forgiveness and the un-forgivable: these two notions form a useful conceptual line to account for the reasons and quality of the rupture of a relationship, as well as its possible continuity. Unlike ap-proaches put forward by other disciplines (e.g., philosophy and law), which encourage aprioristic, universal solutions, the psychoanalytic perspective works with these catego-ries in an absolutely singular dimension whose foundations surpass the conscious plane and which is ultimately based on a position of desire.
Despite its proximity to the notion of mourning, the field described assumes an irre-ducible subjective inscription of loss in terms of damage. When this damage falls upon an object that cannot be substituted or assimilated into the circuit of symbolic-imagi-nary interchanges, the path to reparation closes. This is what Derrida specified in terms of the founding forgiveness in Abraham-based religions. In these cases it is damage –in the perspective opened by Lacan– that could be considered real: as such, it forms the subjective support of the register of the unforgivable.
The author explores its peculiarities and vicissitudes in neurotics, in the course of the cure and also in analysts. Contributions by J. Kristeva, J. Canestri and L. Kancyper are discussed. Since they fail to contemplate the limit formed by the unforgivable, they tend –in their clinical and theoretical approaches– to consider that a subjective aptitu-de for forgiveness may be unlimited. For these authors, these limits seem to be indica-tors of an insufficiently worked through neurotic position. The author of this article highlights the Christian root of this slip, referring to Freudian rectification of an apho-rism by Mme. De Stäel. Refusal to forgive may in fact be, in certain cases, the corollary of successful analytic working through. In these cases it is supported, as is ‘non-neuro-tic forgiveness’, by the power of resolute desire. This alternative is illustrated by intro-ducing two binaries which enable conceptualization of the direction of the cure: repres-sion-Untergang and repression-judgment of condemnation.
KEYWORDS:FORGIVENESS/DAMAGE/RECONCILIATION/RESENTMENT/REPARATION/CURE
Resumo
OPERDÃO E O IMPERDOÁVEL NA CURA ANALÍTICA:A“VIASTAËL”E A VIA FREUDIANA O artigo propõe uma exploração psicanalítica do campo do perdão e do imperdoável: ambas as noções formam um eixo conceitual útil para dar conta das razões e da quali-dade da ruptura de um vínculo, assim como de sua eventual continuiquali-dade. Ao contrário das aproximações propostas por outras disciplinas (filosofia e direito, por exemplo), que defendem respostas apriorísticas e universais, a partir de uma perspectiva psicanalítica,
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— (1923): “Psicoanálisis”, A. E., XVIII, pág. 247.
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— (1959-1960): El Seminario. Libro 7, La ética del psicoanálisis (Clase del 18/5/1960, pág. 287; Clase del 15/6/1960, pág. 341; Clase del 22/6/1960, pág. 358; Clase del 29/6/1960, pág. 369), Buenos Aires, Paidós, 1988.
— (1961-1962): El Seminario. Libro 8, La transferencia (Clase del 8/3/1961), Buenos Aires, Paidós, 2003, pág. 215.
— (1973-1974): “El Seminario. Libro 21, Los no-incautos yerran” (Clase del 19/2/1974) (inédito).
Paschero, L. (2007): “Obstáculos en la clínica actual” (inédito; trabajo presentado en la APA).
Portevin, C. (2003): Deberes y delicias (cap. 9), Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 2003.
Rosas de Salas, C. (2007): “En lugar de… la reelaboración” (inédito; trabajo presentado en la APA).
Viereck, G. S. (1927): “Entrevista a S. Freud”, The Penguin Book of Interviews. An Anthology from 1859 to the present days, Unidres, Ed. C. Silvesier, 1994. (Traducción del inglés de Beatriz Castillo para la revista Conjetural).
Weissmann, F. (2007): “Mi historia y el Tercer Reich: algunas consecuencias sobre mi vida de la emigración forzada de mis padres de la Alemania nazi”, trabajo presen-tado en el Congreso de la IPA (Berlín-2007).
Winnicott, D. (1949): “Odio en la contratransferencia”, International Journal of Psychoanalysis, vol. 30.
(Este trabajo fue seleccionado para su publicación el 16 de octubre de 2009.)
REV.DEPSICOANÁLISIS, LXVI, 4, 2009, págs. 569-585
Abordaje del narcisismo en
la clínica frente a la ausencia de
subjetividad
*Leonardo Peskin
“Entre el hombre y la mujer, Hay el amor. Entre el hombre y el amor, Hay un mundo. Entre el hombre y el mundo,
Hay un muro.”1
Introducción
Este artículo es escrito bajo las resonancias del XLIV Congreso Psicoanalítico Internacional que se realizó en Chicago. Allí se pudo asis-tir a acuerdos y desacuerdos en el tratamiento de diversos temas. Uno que suscitó controversias es la consideración teórico-clínica del yo y del narcisismo. Se evidenciaron las clásicas diferencias en la consideraciones del yo comparando las denominadas “Ego psychology” o la “New ego
psy-* Dirección: Gorriti 4872, (C1414BJN) Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina.
leonardo [email protected]
1. Versos de Antoine Tudal que Lacan extrajo de un almanaque, que él mismo nomi-na como un exergo y lo mencionomi-na en “Función y campo de la palabra” (1953), y casi vein-te años después desarrolla en el seminario “El saber del psicoanalista” (1971-1972), el verso dice así:
Primera versión Segunda versión
Entre el hombre y el amor Entre el hombre y la mujer,
Hay la mujer. Hay el amor.
Entre el hombre y la mujer, Entre el hombre y el amor,
Hay un mundo. Hay un mundo.
Entre el hombre y el mundo, Entre el hombre y el mundo,
Hay un muro. Hay un muro.