I
El psicoanálisis es concebido como una práctica terapéutica, que opera como respuesta racional, y por lo tanto comunicable, al malestar en la cultura específico al sujeto de la ciencia. Tal malestar o sufrimiento es considerado en forma particular en cada caso, mediante el rescate de las funciones del deseo y de la verdad en el campo del saber.
Hace falta entonces elaborar conceptualmente la dimensión del ma- lestar, sufrimiento, o dolor en la cultura. Para tal fin consideraremos la tripartición que Lacan establece entre naturaleza, sociedad y cultura.
La naturaleza es la sustancia viva, la sociedad es la agrupación de so- cios o miembros de un grupo que puede ser común a los animales y a los hombres y la cultura implica la dimensión del lenguaje humano, la di- mensión simbólica del significante propia de la sociedad humana.
Existe un malestar en toda cultura que es causado por el lenguaje y el significante en tanto el sujeto pierde el ser cuando entra en el lenguaje, esto es, pierde el objeto natural en la medida en que la interdicción del incesto transforma fundamentalmente la naturaleza del objeto.
El malestar es entonces ineludible para todo sujeto hablante quien sufre modificaciones según los cambios culturales, y de ellos dependen las formas en que cada cultura opera con el saber.
La relación de la cultura con el saber es evidente y el surgimiento del psicoanálisis es una respuesta a un tipo específico de malestar que tiene como antecedentes la tradición judeocristiana como base religiosa y a la ciencia moderna como modalidad de elaboración del saber.
Nuestra realidad moderna es la de una sociedad científica en la cual es determinante la construcción del saber y los sujetos por ellas cons- truidos son “sujetos de la ciencia”. Por ejemplo, si un sujeto tiene una do- lencia corporal, se dirige a un médico como aquel que detenta ese saber.
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En este sentido, la ciencia no quiere saber de la verdad del sujeto, se dice entonces que forcluye la verdad del sujeto. La ciencia forcluye la verdad del sujeto y el psicoanálisis la restituye.
Ahora bien, no todo saber es científico, hay muchos tipos de saber, para que el saber sea científico en el sentido moderno del término debe tener las siguientes propiedades entre otras:
1) Racionalidad: debe responder a la pregunta “¿por qué?” mediante ra- zones lógicas y coherentes que pueden llevar a comprobaciones y/o re- futaciones. El psicoanálisis debe compartir esta legalidad, debe justi- ficar argumentos en forma racional para conservar su articulación con el sujeto de la ciencia y su relación con otros discursos.
2) Matematización o formalización: el saber científico debe estar forma- lizado o matematizado porque así se hace transmisible. El procedi- miento algebraico que es de pura letra escapa a la relación signifi- cante-significado, esto le da su carácter universal ya que el significa- do remite al sujeto en su condición particular.
3) Comunicabilidad: la ciencia matematiza el saber para hacerlo ente- ramente comunicable. El psicoanálisis está obligado como toda ela- boración del saber con finalidades prácticas y pretensiones de cienti- ficidad a comunicar sus principios teóricos, la evolución de los mis- mos, las contradicciones y sus paradojas que la elaboración concep- tual no puede evitar (ya que el orden simbólico no es completo) y res- ponder racionalmente a los “¿por qué?” que genera su aplicación sobre lo real.
4) Carencia de memoria: la ciencia no tiene memoria, se desinteresa del drama subjetivo del científico; a diferencia, el psicoanálisis siempre toma en cuenta su drama subjetivo que está en la estructura misma de su saber. El psicoanálisis le asigna una función esencial a la histo- ria, a la posición del sujeto en ella. En cambio, el científico no puede olvidar nada relevante en la investigación actual.
5) Acumulación de saber: hay una acumulación enorme de saber y la computación es la forma emblemática de la acumulación en la ciencia moderna. Sin embargo también hay formas de descompletamiento de ese saber que se da, por ejemplo, en las revoluciones científicas y en los cambios de paradigma, momento en el cual una porción impor- tante del conocimiento aceptado se rechaza y queda dejado de lado. 6) Acto de fe: pues en la estructura de la ciencia está inscripta la tradi-
ción judeocristiana en la que está posicionada la fe; y la griega anti- gua, en tanto operatoria de la racionalización sobre el saber hacer del esclavo, que fue transformado en saber teórico. La fe se sostiene en la creencia en un Dios omnipotente que no engaña, es decir en la cre- encia de que existe una racionalidad en la estructura de lo real.
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El dirigirse a la ciencia implica una modalidad peculiar del sujeto con el Otro. Cada cultura implica una modalidad de operar con el saber, que produce cambios en el efecto sujeto y en las formas de responder frente a él.
Sin embargo, y paradójicamente, la ciencia produce un sujeto que la contradice en tanto el saber mismo que la ciencia construye es descono- cido para el sujeto que es efecto de ella; es decir, bajo la propuesta de un sujeto unificado el efecto que produce es el de un sujeto barrado.
La ciencia se organiza pues como un discurso y su efecto es un suje- to barrado, sobre el que el psicoanálisis va a operar, es decir éste no exis- tiría de no ser por la ciencia en el sentido moderno de la palabra.
Podemos caracterizar a la ciencia como una maniobra sobre el saber, es decir sobre las relaciones internas entre los elementos del conjunto de significantes y sus relaciones con lo real y el sujeto. Esta intervención sobre el saber tiene determinadas características.
A través de la ciencia se acentúa la trascendencia de la función del saber, pero además toda la práctica y la teoría analítica están atravesa- das por el problema del saber.
1) La definición fundamental del inconsciente consiste en postularlo como una modalidad del saber. El inconsciente es un saber no sabido: S2
2) La defensa fundamental que descubre el psicoanálisis con respecto al inconsciente es no querer saber nada de eso.
3) La entrada en análisis radica en la instalación de la transferencia que implica el sujeto supuesto saber.
4) El fin de análisis como cambio de posición subjetiva está caracteriza- do como deseo de saber. Es decir el analista está caracterizado por un deseo de saber.
Por saber se entiende un tipo de ligazón, una cierta red que se estable- ce entre los significantes que está caracterizado por ciertas exigencias de coherencia y razón, esto es un saber articulado y comunicable.
Aquí se dividen las características del saber científico y el saber del psicoanálisis en relación a la verdad. Para la ciencia, la verdad se esta- blece en base al concepto de correspondencia. Es decir la verdad es la adecuación del discurso a la cosa, la cosa externa del mundo, lo que im- plica la división cartesiana de sujeto-objeto. Un sujeto cognoscente y un objeto a conocer.
Para el psicoanálisis, la verdad está concebida como develamiento, le- vantar el velo, la alétheia de los griegos, que implica la verdad oculta del sujeto. Esa verdad inconsciente que genera el fallo humano y que el ana- lista debe develar.
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La lógica de las identificaciones se sostiene en la falta de identidad significante del sujeto.
8) La verdad que opera como causa del sujeto es un efecto del saber, o sea
de la articulación significante que se introduce en lo real a través de la pregunta del sujeto y se ve modificada por los cambios en la es-
tructura del saber.
La ciencia intenta suturar la división del sujeto. La posición de objeto del sujeto (objeto de estudio) tiende a suturar el sujeto dividido en tanto de él se extraen universales, un válido para todos, y pierde entonces su sin- gularidad. El que la ciencia tome a todos como iguales en tanto objeto produce en la subjetividad moderna efecto de un malestar muy especial. La propuesta del psicoanálisis al malestar en la cultura es el intento de recuperar la condición particular de cada sujeto (su verdad y su deseo).
La noción de sujeto con la que opera la ciencia es el opuesto del suje- to dividido, es un sujeto que quiere ganar, que sabe lo que quiere y sabe cuál es su bien, que conoce todas las reglas, que no olvida nada de lo que necesita.
El sujeto tal como lo concibe el psicoanálisis no tiene por correlato un orden simbólico completo, al sujeto dividido le corresponde un orden sig- nificante incompleto. Este sujeto está dividido y esto se manifiesta fun- damentalmente en el campo de la verdad, es esta verdad la que forcluye la ciencia. La incompletad del Otro también se manifiesta como un pro- blema de verdad, en tanto el orden simbólico es incompleto no se puede saber la verdad de la verdad, es decir, no hay garantías respecto a la ver- dad. Como la verdad es una dimensión introducida en lo real por la pa- labra, es la palabra misma la que debe garantizar la verdad, a diferencia de la exactitud que se garantiza por su adecuación a lo real.
En tanto la palabra, para garantizarse como verdadera, debe decir de sí misma que no es mentirosa, lo que la hace idéntica a la palabra men- tirosa. No hay palabra entonces que pueda evitar los efectos de la falta de verdad de la verdad.
Y como el Otro es también incompleto, se puede afirmar en el mismo sentido que no hay Otro que garantice la verdad.
En el campo del psicoanálisis, la estructura con la que uno se mueve es lógica, así lógicamente el sujeto es definido como lo que un signifi- cante representa para otro significante lo que lo define como dividido. Existen dos formas de leer esta fórmula de Lacan (lo que demuestra la inevitable división del sujeto): 1) el sujeto es lo que un significante re- presenta para otro significante, 2) y para Otro significante.
La primera localiza al sujeto entre dos significantes S1 y S2, la se- gunda afirma que un sujeto es lo que representa un significante frente
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7) Sostener el principio de identidad.
8) Forclusión de la verdad particular o subjetiva. Se requiere delimitar la diferencia entre exactitud y verdad, la ciencia opera con la exactitud, esto se expresa también con el criterio de verdad como corresponden- cia entre la proposición y la cosa. La verdad subjetiva, en cambio, opera con el criterio de verdad como alétheia, como develamiento. Este último criterio de verdad es el que elimina la ciencia de su seno. Pues la verdad subjetiva altera la obtención de la exactitud, la verdad para un sujeto no puede postularse como enunciado científico.
El sujeto entendido como efecto del significante, el sujeto barrado resul- ta antinómico con el sujeto de la ciencia en tanto:
1) El sujeto del inconsciente opera con un rechazo de la racionalidad ló-
gica, en el inconsciente no hay principio de identidad y de no contra-
dicción.
2) El lenguaje que opera en el sujeto del inconsciente es el lenguaje na-
tural, la lengua materna, es decir aquel lenguaje con el que se comu-
nica y que conduce al malentendido a diferencia de la formalización del lenguaje científico.
3) La comunicabilidad del sujeto del inconsciente, dado que se basa en el
significante y en su inevitable ambigüedad, implica el malentendido inevitable, lo contrario del concepto claro y distinto del método carte-
siano. Es por lo tanto ineliminable el efecto de sujeto dividido en el campo de la comunicabilidad.
4) La teoría del inconsciente de Freud se basa en una concepción de la
memoria, la memoria es según ésta doblemente fallida, tanto por el lado del lapsus, que es la entrada de la verdad por vía de la equivo- cación, como por el lado del recuerdo encubridor, que indica cómo lo
real queda incorporado a la trama discursiva en una escenificación que ella genera. La memoria como fallida y encubridora coincide con el sujeto que no puede recordar ni olvidar todo, aunque lo recordable tenga una estructura de ficción.
5) El saber en su dimensión esencial es causante de cambios a través de
lo que en él falta. La falta en el saber, el saber no sabido funciona como deseo de saber, motor de los actos en busca del saber. Es lo que falta en
lo que se sabe lo que causa el movimiento hacia el saber.
6) Dios, es decir el Otro en términos lacanianos, puede engañar. No hay garantía de lo que proviene del Otro, pero también se puede engañar al Otro lo que prueba la falla más radical de su omnipotencia.
7) En el significante no hay identidad, cada uno de ellos es sólo diferen- cia respecto de los otros. Si un significante no significa nada no puede haber idéntico a sí mismo. La identidad del significante es imposible.
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El psicoanálisis debe poder ser perfectamente comunicable más allá de la práctica o el análisis de un caso. Si la ciencia toma a todos los su- jetos por igual, el psicoanálisis es el único discurso racional y comunica- ble que, operando sobre el malestar, sostiene la condición particular del sujeto, mediante la reintroducción de la verdad singular en el campo del saber racional.
La verdad del psicoanálisis, que implica la verdad del sujeto, se basa en el criterio de develamiento de sus significantes fundamentales, por ese motivo se puede decir que en la verdad del psicoanálisis “no hay ver- dad de la verdad”; en ese sentido, la verdad tiene la misma estructura que la ficción, pues en el inconsciente no hay marca de verdad. En el in- consciente todo lo que se postule como verdadero lleva la misma marca que lo falso.
II
El matematicismo filosófico se identifica en la Edad Moderna con la alianza entre la filosofía y la física, al ser concebida ésta como doctrina mecánica o dinámica (Descartes, Hobbes, Leibniz). Hay una aproxima- ción entre lo matemático y lo real en la reducción cartesiana de la ma- teria al espacio y la correspondencia en Leibniz entre su principio de la continuidad de lo real y su hallazgo del cálculo infinitesimal.
El objetivo de un ideal lógico-matemático capaz de dotar a la filosofía de la consistencia matemática en cuanto a la certeza demostrativa se ob- serva también en la Ética de Spinoza.
Lo mecánico es considerado como el fondo ontológico de la realidad fí- sica, y, en ese sentido, hay una verdadera identidad entre ciencia y filo- sofía durante el siglo XVII. Como tal conservó una relación necesaria con la lógica y una más contingente con la metafísica. Esto coincide con la eliminación de la astronomía, la física y la filosofía escolásticas, aspi- rando así a una estricta racionalidad.
Esta identificación entre ciencia y filosofía se halla condicionada por el punto de vista racionalista encarnado en lo científico por el primado de las matemáticas visible en Galileo, Descartes y Hobbes. Lo mecánico que por un lado adquiere sentido ontológico le da forma a todos los fenó- menos de la naturaleza. Su instrumento, fundamentalmente intelectual, parecía apto para resolver todos los problemas en términos ideales lle- gando a la explicación unitaria de los fenómenos.
El empirismo científico tuvo que esperar al siglo XVIII, a Hume, que cri- ticó con éxito los dos pilares del racionalismo, las nociones de sustancia y de causalidad en su alcance ontológico. En esta época prosperan la quími- ca, la biología, la masa de conocimientos es un acopio de saber empírico.
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a Otro, representado él también por un significante. En principio no hay sujeto sin Otro, dado que el campo del Otro incluye siempre para el su- jeto el problema de la verdad, obliga a concebir a este Otro, no sólo como lugar tercero siempre presente en cada acto de palabra, sino también como Otro sujeto.
Decir que un sujeto es lo que un significante representa ante otro/Otro, es plantear que para el sujeto, las relaciones entre los signifi- cantes y los sujetos son determinantes esenciales. La forma en que se plantean las relaciones entre los significantes será el determinante fun- damental para la constitución y posición del sujeto con relación a los otros sujetos. No dará cuenta de todo el ser humano ni de la condición biológica, solamente se refiere a la posición del sujeto. Nuevamente se establece la oposición entre significante y todo.
Como ya se afirmó, la ciencia moderna es una forma existente a par- tir del cógito cartesiano de concebir y operar con el saber, que consiste en las relaciones entre significantes. Así, la ciencia moderna tiene por efecto un sujeto nuevo, dada la íntima relación entre saber, significante y sujeto.
La relación entre significantes característica del saber es elevada a la categoría de la determinante fundamental del sujeto. La elaboración del saber, que es en lo que consiste la ciencia, es el antecedente lógico del surgimiento del sujeto con el que opera el psicoanálisis. Teniendo como base la noción de sujeto de la ciencia se obtiene la razón para establecer que no se promueve una cosmovisión en estos desarrollos, ya que no todo sujeto hablante es sujeto de la ciencia.
El sujeto de la ciencia, aquello sobre lo cual se aplica el saber y la práctica del psicoanálisis, no implica una cosmovisión sino todo lo con- trario, indica una profunda limitación espacio-temporal que es la época y el territorio donde la ciencia moderna se desarrolló. Antes no hubiera sido posible el psicoanálisis.
El psicoanálisis sólo se podría aplicar directamente, tal cual es en oc- cidente, esto es una cultura caracterizada por el monoteísmo judeo-cris- tiano, la filiación patrilineal y la familia nuclear patriarcal (comunes al campo heredero de lo indoeuropeo) y el saber bajo la modalidad de la ciencia moderna.
El psicoanálisis es una práctica terapéutica basada en una respuesta racional y comunicable al malestar de la cultura específico al sujeto de la ciencia, concebido éste en forma particular mediante la reintroduc- ción de la función de la verdad en el campo del saber.
El sujeto de la ciencia para el psicoanálisis implica: 1) no todos los su- jetos, 2) no todo del ser humano, y 3) cada uno tomado en forma abso-