Procesos de transformación en la terapia: una explicación a la pregunta por cómo ocurrió el cambio

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Texto completo

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CARTA DE AUTORIZACIÓN DE LOS AUTORES (Licencia de uso)

Bogotá, D.C., Agosto 6 de 2012

Señores

Biblioteca Alfonso Borrero Cabal S.J. Pontificia Universidad Javeriana Cuidad

Los suscritos:

Ana María Arango Cammaert , con C.C. No 53’001.517 , con C.C. No

, con C.C. No

En mi (nuestra) calidad de autor (es) exclusivo (s) de la obra titulada:

Procesos de transformación en la terapia: una explicación para la pregunta por cómo ocurrió el cambio

(por favor señale con una “x” las opciones que apliquen) Tesis doctoral Trabajo de grado X Premio o distinción: Si No cual:

presentado y aprobado en el año 2012 , por medio del presente escrito autorizo (autorizamos) a la Pontificia Universidad Javeriana para que, en desarrollo de la presente licencia de uso parcial, pueda ejercer sobre mi (nuestra) obra las atribuciones que se indican a continuación, teniendo en cuenta que en cualquier caso, la finalidad perseguida será facilitar, difundir y promover el aprendizaje, la enseñanza y la investigación.

En consecuencia, las atribuciones de usos temporales y parciales que por virtud de la presente licencia se autorizan a la Pontificia Universidad Javeriana, a los usuarios de la Biblioteca Alfonso Borrero Cabal S.J., así como a los usuarios de las redes, bases de datos y demás sitios web con los que la Universidad tenga perfeccionado un convenio, son:

AUTORIZO (AUTORIZAMOS) SI NO

1. La conservación de los ejemplares necesarios en la sala de tesis y

trabajos de grado de la Biblioteca. X

2. La consulta física o electrónica según corresponda X

3. La reproducción por cualquier formato conocido o por conocer X 4. La comunicación pública por cualquier procedimiento o medio físico o

electrónico, así como su puesta a disposición en Internet X

5. La inclusión en bases de datos y en sitios web sean éstos onerosos o gratuitos, existiendo con ellos previo convenio perfeccionado con la Pontificia Universidad Javeriana para efectos de satisfacer los fines previstos. En este evento, tales sitios y sus usuarios tendrán las mismas facultades que las aquí concedidas con las mismas limitaciones y condiciones

X

6. La inclusión en la Biblioteca Digital PUJ (Sólo para la totalidad de las Tesis Doctorales y de Maestría y para aquellos trabajos de grado que hayan sido laureados o tengan mención de honor.)

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De acuerdo con la naturaleza del uso concedido, la presente licencia parcial se otorga a título gratuito por el máximo tiempo legal colombiano, con el propósito de que en dicho lapso mi (nuestra) obra sea explotada en las condiciones aquí estipuladas y para los fines indicados, respetando siempre la titularidad de los derechos patrimoniales y morales correspondientes, de acuerdo con los usos honrados, de manera proporcional y justificada a la finalidad perseguida, sin ánimo de lucro ni de comercialización.

De manera complementaria, garantizo (garantizamos) en mi (nuestra) calidad de estudiante (s) y por ende autor (es) exclusivo (s), que la Tesis o Trabajo de Grado en cuestión, es producto de mi (nuestra) plena autoría, de mi (nuestro) esfuerzo personal intelectual, como consecuencia de mi (nuestra) creación original particular y, por tanto, soy (somos) el (los) único (s) titular (es) de la misma. Además, aseguro (aseguramos) que no contiene citas, ni transcripciones de otras obras protegidas, por fuera de los límites autorizados por la ley, según los usos honrados, y en proporción a los fines previstos; ni tampoco contempla declaraciones difamatorias contra terceros; respetando el derecho a la imagen, intimidad, buen nombre y demás derechos constitucionales. Adicionalmente, manifiesto (manifestamos) que no se incluyeron expresiones contrarias al orden público ni a las buenas costumbres. En consecuencia, la responsabilidad directa en la elaboración, presentación, investigación y, en general, contenidos de la Tesis o Trabajo de Grado es de mí (nuestro) competencia exclusiva, eximiendo de toda responsabilidad a la Pontifica Universidad Javeriana por tales aspectos.

Sin perjuicio de los usos y atribuciones otorgadas en virtud de este documento, continuaré (continuaremos) conservando los correspondientes derechos patrimoniales sin modificación o restricción alguna, puesto que de acuerdo con la legislación colombiana aplicable, el presente es un acuerdo jurídico que en ningún caso conlleva la enajenación de los derechos patrimoniales derivados del régimen del Derecho de Autor.

De conformidad con lo establecido en el artículo 30 de la Ley 23 de 1982 y el artículo 11 de la Decisión Andina 351 de 1993, “Los derechos morales sobre el trabajo son propiedad de los autores”, los cuales son irrenunciables, imprescriptibles, inembargables e inalienables. En consecuencia, la Pontificia Universidad Javeriana está en la obligación de RESPETARLOS Y HACERLOS RESPETAR, para lo cual tomará las medidas correspondientes para garantizar su observancia.

NOTA: Información Confidencial:

Esta Tesis o Trabajo de Grado contiene información privilegiada, estratégica, secreta, confidencial y demás similar, o hace parte de una investigación que se adelanta y cuyos

resultados finales no se han publicado. Si No X

En caso afirmativo expresamente indicaré (indicaremos), en carta adjunta, tal situación con el fin de que se mantenga la restricción de acceso.

NOMBRE COMPLETO No. del documento de identidad FIRMA

Ana María Arango Cammaert 53’001.517

FACULTAD: Psicología

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ANEXO 3

BIBLIOTECA ALFONSO BORRERO CABAL, S.J. DESCRIPCIÓN DE LA TESIS O DEL TRABAJO DE GRADO

FORMULARIO

TÍTULO COMPLETO DE LA TESIS O TRABAJO DE GRADO

Procesos de transformación en la terapia: una explicación a la pregunta por cómo ocurrió el cambio

SUBTÍTULO, SI LO TIENE

AUTOR O AUTORES

Apellidos Completos Nombres Completos

Arango Cammaert Ana María

DIRECTOR (ES) TESIS O DEL TRABAJO DE GRADO

Apellidos Completos Nombres Completos

Arévalo Carrascal Beatriz Amanda

FACULTAD

Psicología

PROGRAMA ACADÉMICO Tipo de programa ( seleccione con “x” )

Pregrado Especialización Maestría Doctorado

X Nombre del programa academic

Maestría en Psicología Clínica

Nombres y apellidos del director del programa académico

Hugo Alberto Escobar Melo

TRABAJO PARA OPTAR AL TÍTULO DE: Magíster en Psicología Clínica

PREMIO O DISTINCIÓN(En caso de ser LAUREADAS o tener una mención especial):

CIUDAD AÑO DE PRESENTACIÓN DE LA

TESIS O DEL TRABAJO DE GRADO NÚMERO DE PÁGINAS

Bogotá 2012 204

TIPO DE ILUSTRACIONES ( seleccione con “x” )

Dibujos Pinturas Tablas, gráficos y diagramas Planos Mapas Fotografías Partituras

X

SOFTWARE REQUERIDO O ESPECIALIZADO PARA LA LECTURA DEL DOCUMENTO

Nota: En caso de que el software (programa especializado requerido) no se encuentre licenciado por la Universidad a través de la Biblioteca (previa consulta al estudiante), el texto de la Tesis o Trabajo de Grado quedará solamente en formato PDF.

MATERIAL ACOMPAÑANTE

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(minutos) CD DVD Otro ¿Cuál? Vídeo Audio Multimedia Producción electrónica Otro Cuál?

DESCRIPTORES O PALABRAS CLAVE EN ESPAÑOL E INGLÉS

Son los términos que definen los temas que identifican el contenido. (En caso de duda para designar estos descriptores, se recomienda consultar con la Sección de Desarrollo de Colecciones de la Biblioteca Alfonso Borrero Cabal S.J en el correo biblioteca@javeriana.edu.co, donde se les orientará).

ESPAÑOL INGLÉS

Procesos de Transformación Transformation processes Formación de terapeutas Training of therapist

Consultantes Consultants

Procesos terapéuticos Therapeutic processes

Interacciones Interactions

RESUMEN DEL CONTENIDO EN ESPAÑOL E INGLÉS (Máximo 250 palabras - 1530 caracteres)

Los procesos de transformación son conceptualizados por todas las escuelas de terapia porque dan sentido a su experiencia, trazan sus límites y definen los roles de quienes participan en ella. Cuando se estudian en el marco de un programa de formación en terapia sistémica, retroalimentan sus objetivos, metodología y aportan conocimientos a docentes y estudiantes. Por lo tanto se justifica un estudio que documente y explique los procesos de transformación que se generan en los procesos terapéuticos, las dinámicas interaccionales y los consultantes, a partir de los procesos autorrefereniales y de aprendizaje de la terapeuta. Esta fue una investigación cualitativa que consistió en un estudio de caso de tres procesos terapéuticos y para la cual se utilizó como metodología la investigación-intervención y la aproximación colaborativa a la investigación. Se concluye que en la terapeuta y en las consultantes se dieron cambios autorreferenciales similares que evidencian una ruptura discontinua respecto a la estructura anterior como personas, que corresponden a una cibernética de segundo orden y a un proceso de diferenciación e individuación. Los procesos terapéuticos se hicieron más complejos y productivos en la medida que la terapeuta se apropió de la teoría y la integró con lógica circular y las dinámicas interaccionales se hicieron cada vez más reciprocas cuando la terapeuta aprendió a reconocer sus emociones y cuando logró una conexión consigo misma y con la teoría. Finalmente se evidenció la interacción recursiva que existe entre los niveles de observación considerados.

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Pontificia Universidad Javeriana

Facultad de Psicología

PROCESOS DE TRANSFORMACIÓN EN LA TERAPIA: UNA EXPLICACIÓN A LA PREGUNTA POR CÓMO OCURRIÓ EL CAMBIO

Trabajo de grado para optar al título de

MAGÍSTER EN PSICOLOGÍA CLÍNICA

Ana María Arango Cammaert

Bajo la dirección de Amanda Arévalo

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Tabla de Contenido

1. Introducción ... 15

2. Marco Conceptual ... 18

2.1. Epicentros de la terapia sistémica ... 18

2.1.1. Cambios hacia un nuevo paradigma ... 18

2.1.2. Teoría General de los Sistemas ... 20

2.1.3. La cibernética ... 21

2.1.4. El constructivismo ... 24

2.1.5. El pensamiento posmoderno en la terapia sistémica ... 26

2.2. Comprensiones de la terapia y del cambio en las escuelas sistémicas ... 27

2.2.1. Terapia Familiar Estructural ... 28

2.2.2. Terapias estratégicas ... 32

2.2.2.1. La teoría de la comunicación humana ... 32

2.2.2.2. Comprensión del cambio ... 37

2.2.2.3. Terapia Breve Centrada en el Problema ... 41

2.2.2.4. Terapia Breve Centrada en Soluciones ... 43

2.2.3. Terapia Sistémica de Milán. ... 45

2.3. Las Terapias Construccionistas y el Cambio ... 52

2.3.1. Terapia Narrativa ... 54

2.3.2. La Terapia Colaborativa ... 58

2.4. Debate sobre efectividad en la terapia ... 61

3. Método ... 64

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3.2. Objetivos ... 64

3.2.1. Objetivo general ... 64

3.2.2. Objetivos específicos: ... 64

3.3. Tipo de Investigación ... 64

3.3.1. Investigación de segundo orden ... 65

3.3.2. Investigación-Intervención ... 66

3.3.3. Estudio de caso ... 66

3.3.4. Aproximación colaborativa a la investigación ... 68

3.4. Metodología de análisis de la información ... 71

3.5. Contexto en el que se desarrolla la investigación ... 75

3.6. Participantes ... 76

3.7. Fuentes de recolección de la información ... 76

3.8. Procedimiento ... 76

3.9. Implicaciones éticas ... 78

4. Resultados ... 78

4.1. Descripción del contexto de las participantes ... 79

4.1.1. Participante 1. Catalina ... 80

4.1.2. Participante 2. Milagros ... 82

4.1.3. Participante 3. Isabel ... 84

4.1.4. Participante 4. Ana María/Terapeuta ... 87

4.2. Explicación de los procesos de transformación ... 88

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4.2.1.1. La terapeuta ... 89

4.2.1.2. Proceso terapéutico ... 94

4.2.1.3. Las dinámicas interaccionales ... 97

4.2.2. Segunda fase ... 99

4.2.2.1. La terapeuta ... 99

4.2.2.2. El proceso terapéutico ... 102

4.2.2.3. Las dinámicas interaccionales ... 106

4.2.2.4. Las consultantes ... 108

4.2.3. Tercera fase ... 109

4.2.3.1. La terapeuta ... 109

4.2.3.2. El proceso terapéutico ... 119

4.2.3.3. Las dinámicas interacciones ... 121

4.2.3.4. Las consultantes ... 121

5. Discusión ... 123

5.1. Introducción ... 123

5.2. Cambios en la terapeuta ... 124

5.3. Cambios en el proceso terapéutico ... 129

5.4. Cambios en las dinámicas interaccionales ... 132

5.5. Cambios en las consultantes ... 133

5.6. Limitaciones del estudio ... 134

6. Conclusiones ... 135

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8. Anexos ... 143

8.1. Anexo 1 ... 143

8.2. Anexo 2 ... 164

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Lista de tablas

Tabla 1.Agrupación de las sesiones de Catalina en fases por procesos de cambio Tabla 2.Agrupación de las sesiones de Milagros en fases por procesos de cambio Tabla 3.Agrupación de las sesiones de Isabel en fases por procesos de cambio Tabla 4. Fase de Cambio 1

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Lista de figuras

Figura 1. Árbol de categorías

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1. Introducción

Cuando empieces tu ida hacia Ítaca desea que el camino sea largo, lleno de peripecias, lleno de conocimientos. A los Lestrígones y a los Cíclopes, al encolerizado Poseidón no temas, tales cosas en tu camino nunca las encontrarás, si tu mirada permanece alta, si una escogida emoción a tu alma y a tu cuerpo les guía. A los Lestrígones y a los Cíclopes, al fiero Poseidón no los encontrarás, si no los llevas dentro de tu alma,

si tu alma no los coloca delante de ti.”

Kavafis.

Quiero introducirlos a este documento con este fragmento del poema de Kavafis pues en él encuentro una analogía a los procesos de cambio y de toma de forma que documento en este estudio. Mi intención es comprender cuáles y cómo son los procesos de transformación que ocurren en mí como terapeuta, en las consultantes, en las dinámicas interaccionales y en los procesos de terapia en los que participé como terapeuta durante mi Maestría en Psicología Clínica con Enfoque Sistémico.

Para esto, llevé a cabo una revisión de literatura en la cual consideré pertinente hacer un recorrido por los epicentros de la terapia sistémica, ilustrando la manera en la que se dio el cambio de paradigma (Capra, 1998) y describiendo los presupuestos básicos de la teoría general de los sistemas (von Bertalanffy, 1968), la cibernética (Keeney, 1990), el constructivismo (Maturana, 1996, 2002) y el pensamiento posmoderno en terapia (Lax; citado en McNamee y Gergen, 1996).

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1993; Fisch, Weakland y Segal, 1984; Nardone y Watzlawick, 1999; O’Hanlon y Weiner-Davis, 1990; Berg y Miller, 1996; de Shazer, 1989, 1992), la escuela de Milán (Boscolo y Bertrando, 1996a, 1996b) y las terapias de corte construccionista como la narrativa (White, 2002) y la colaborativa (Anderson, 1997).

Adicional a esto consulté investigaciones empíricas recientes sobre el debate de efectividad en la terapia, como una alternativa a la preguntas por lo elementos de la terapia que contribuyen al cambio (Villar, 2008; Arango y Moreno, 2011), desde la postura de los factores comunes (Rosenzwieg, 1936; citado en Sprenkle y Blow, 2004) y los factores específicos (Simon, 2006).

La parte práctica de esta investigación de tipo cualitativo (Galeano, 2004), consistió en un estudio de caso (Steak, 2005; Tellis, 1997) de tres procesos terapéuticos en los que participe como terapeuta/investigadora. Desarrollé dicho análisis desde los lineamientos de la investigación-intervención (Polo, 1997) y la aproximación colaborativa a la investigación (Gehart, Tarragona y Brava, 2007). Este marco dispuso un proceso de interacción recurrente entre la investigación y la intervención, en el que mis consultante y yo nos embarcamos en un proceso de generación de sentido que nos permitió responder a la pregunta y a los objetivos de este estudio.

Quisiera señalar que este estudio ha sido motivado por interés de diferente índole: personales, grupales, prácticos y teóricos. Comenzaré por referirme a mis intereses y metas personales. Desde el principio de la maestría me interesé por sacar provecho de mi formación como terapeuta y por lo tanto, quise significar mi trabajo de grado como una oportunidad para llevar a cabo un proceso de investigación-intervención que me permitiera enriquecer y potencializar dicho proceso. Posteriormente, con el paso de los semestres, el currículo y las clases fueron entretejiéndose con mi proceso de cambio personal y esto potencializó aún más mi inquietud por comprender cuáles y cómo son los procesos de transformación que ocurrieron en mí como terapeuta y como persona, al igual que la conexión que existe entre éste y los procesos de cambio en las consultantes, en los proceso de terapia y en las dinámicas interaccionales.

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co-investigadoras. Ellas son tres consultantes que me han acompañado desde el inicio de la maestría hasta el final y que aceptaron participar en este estudio con la intención de movilizar y enriquecer nuestros procesos terapéuticos y para contribuir a mi formación como terapeuta, en un gesto de solidaridad y empatía dentro de nuestra relación. Ambas metas se cumplieron, ellas cerraron sus procesos terapéuticos logrando construir aprendizajes tipo III y a su vez se convirtieron en testigos que certificaron mi proceso de formación como terapeuta.

Los procesos de cambio y de transformación definen como tal a la terapia y como se evidencia en el marco conceptual, todas las escuelas del paradigma sistémico y construccionista conceptualizan y documentan los procesos de cambios en los niveles de observación que han sido considerados en este estudio. Sin embargo lo hacen en documentos separados y no explican cómo los cambios en un nivel de observación se relacionan y retroalimentan los cambios en otro nivel. Así mismo, tampoco dan cuenta de los procesos autorreferenciales por medio de los cuales se aprende y se aplica la teoría en la práctica del terapeuta. En otras palabras, el propósito teórico que da relevancia disciplinar a este estudio es la documentación y explicación de cómo ocurren los procesos de cambio en cuatro niveles de observación (el terapeuta, los consultantes, los procesos terapéuticos y las dinámicas interaccionales) y de la interacción recursiva que hay entre dichos niveles; a partir del estudio de los procesos autorreferenciales y de aprendizaje de la terapeuta.

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éste a las demandas de nuestro contexto político, económico y social. Por último, esta investigación puede aportar conocimientos a todos los proyectos sociales con perspectiva sistémica que se desarrollen en el país, ya que contribuye en la conceptualización del cambio en el nivel del terapeuta o agente de cambio, de los consultantes o comunidades, de las dinámicas interaccionales entre ellos y de las intervenciones terapéuticas.

Todo lo anterior me conduce al planteamiento de la siguiente pregunta de investigación: ¿Cuáles son los procesos de transformación que ocurren en una terapeuta en formación y cómo se relacionan con las transformaciones que ocurren en los consultantes, en las dinámicas interaccionales y en los procesos de terapia?

2. Marco Conceptual

2.1. Epicentros de la terapia sistémica

Para escribir acerca de la relación terapéutica y la comprensión que se tiene acerca de ésta en el paradigma sistémico, considera necesario comenzar por la historia que delimita la conformación del paradigma sistémico y por los presupuestos epistemológicos que se han constituido como la base del mismo. Por lo tanto, a continuación menciono los epicentros a partir de los cuales se produjo el cambio hacia el paradigma sistémico y los presupuestos o las creencias que se configuraron como prevalente. Para esto, comenzaré por hacer una introducción a los cambios que gestaron el nuevo paradigma, para luego abordar en detalle la teoría general de los sistemas (von Bertalanffy, 1968), la cibernética (Keeney, 1990), el constructivismo (Maturana, 1996, 2002) y el pensamiento posmoderno (Lax; citado en McNamee y Gergen, 1996).

2.1.1. Cambios hacia un nuevo paradigma

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relacionados con la guerra, las enfermedades psiquiátricas, el medio ambiente, la biología, la física, entre otros, y que no encontraban explicaciones en el paradigma mecanicista. Dichas preguntas fueron abordadas por teóricos con perspectivas holísticas, organicistas y ecologistas, que comenzaron a hablar de la necesidad de un cambio radical en la percepción, en el pensamiento y en los valore; lo cual llevó a un cambio de paradigma del conocimiento que fomentara sociedades sostenibles, capaces de satisfacer sus necesidades sin disminuir las oportunidades de generaciones venideras (Capra, 1998).

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El anterior es el marco en el cual se gesta el paradigma sistémico, que según Capra (1998), tiene como criterios; a) el cambio de las partes al todo y del objeto a la relaciones, b) la habilidad para focalizar la atención alternativamente es distintos niveles, c) el pensamiento en red, contextual, medioambiental y procesual y d) la noción de que la observación o el conocimiento están mediados por el método de observación, lo que deviene en un conocimiento por aproximación en lugar de ser por descubrimiento.

2.1.2. Teoría General de los Sistemas

Para hacer un abordaje de La Teoría General de los Sistemas, tomaré como principal referencia a Ludwing von Bertalanffy (1968) y Capra (1998) para exponer y explicar su historia y los conceptos que se consolidaron con ésta y que en la actualidad, sirven como marco de referencia para la comprensión de los sistemas sociales, familiares y terapéuticos.

Kuhn citado en von Bertalanffy (1968), afirma que La Teoría General de los Sistemas puede ser equiparada con una revolución científica en la historia del conocimiento, ya que genera nuevos esquemas conceptuales que permiten conocer aspectos que antes no eran percibidos, genera un desplazamiento de la problemática investigada y un cambio en las reglas con las que se practica la ciencia. Como mencioné anteriormente, dicha reorientación del pensamiento científico, se centra en el estudio de las totalidades, de las estructuras e interacciones, a partir de la construcción teórica de modelos, principios y leyes isomórficos que pueden ser aplicados en las diferentes áreas del conocimiento, evitando duplicaran o triplicaran el descubrimiento del mismo principio en distintos campos del conocimiento (Capra, 1998). Esta propuesta, subyace a la intención de von Bertalanffy (1968) de buscar la integración de las ciencias naturales y sociales y de propiciar contextos más enriquecedores en la comprensión de estas disciplinas, al evitar vagas analogías que se interpongan en el progreso de las mismas. Críticos de esta teoría, consideraron que reducir todas las explicaciones a una sola teoría, implica caer en un solipsismo ingenuo que en lugar de enriquecer las ciencias, las lleve a un monologo similar al que al pretendía llegar el paradigma positivista con la hegemonía de la física.

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los lleva al caos, al desorden y a la desintegración. En este punto, La Teoría General de los Sistemas introduce la noción o la metáfora de los sistema abiertos en contraposición de los sistemas cerrados, los primeros son todos los organismos vivos que deben crecer en niveles de complejidad para diferenciarse del medio externo y no desintegrarse. Según von Bertalanffy (1968), todos los sistemas abiertos, en algún grado, intercambian materia, energía o información con su medio externo, lo que les permite mantenerse en un estado llamado uniforme, sin alcanzar un estado de equilibrio químico y termodinámico mientras dure la vida (von Bertalanffy, 1968, p. 39). Los esquemas conceptuales del paradigma de sistemas, permitieron a los investigadores estudiar los sistemas abiertos en sus condiciones reales, es decir, en movimiento y en interacción con el medio, siendo dicha interacción el objeto de mayor interés. De estos estudios se derivan los principios de equifinalidad, totalidad, no-sumatividad y el comportamiento teleológico de los sistemas abiertos.

2.1.3. La cibernética

Al interior de La Teoría de los Sistemas se gestaron diferentes epistemologías, una de las que tuvo mayor influencia en la terapia sistémica por su aplicación al estudio de la familia y del contexto terapéutico, fue la cibernética. Ésta, es definida por Bertalanffy (1968) como la “teoría de los mecanismos de control en la tecnología y en la naturaleza, fundada en los conceptos de información y retroalimentación” (von Bertalanffy, 1968, p. 16).

De acuerdo con Capra (1998), el marco conceptual de la cibernética se desarrolló en las Conferencias Macy en la ciudad de Nueva York que reunía a un extraordinario grupo de teorícos que generaron diálogos interdisciplinarios para explorar nuevas ideas y modos de pensar y que contribuyeron al acercamiento de las humanidades con las ciencias naturales. Entre los asistentes se encontraban Norbert Wiener, quien fue la figura principal de las conferencias y autor de los conceptos básicos de la cibernética, y Gregory Bateson quien aplicó las ideas de Wiener a la terapia familiar, a partir de los conceptos de «doble vínculo» y «mente».

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primera, está en función de la evaluación de la regulación del sistema y la segunda, implica un proceso de aprendizaje en el que la información de retorno sobre el desempeño anterior del sistema puede ser utilizada para modificar el método general de desempeño del sistema o cambiar una pauta de comportamiento en él (Keeney, 1990).

En la aplicación de la cibernética al contexto terapéutico, se reformula el concepto de “cambio terapéutico” como un proceso que ocurre a través de la retroalimentación compleja y que permite modificar la pauta que conecta recursivamente a la familia, al terapeuta y la situación (Keeney, 1990). El cambio, al igual que otros procesos cibernéticos, debe comprenderse en forma dinámica y en relación con los otros procesos. Bateson dice: “puede entenderse todo cambio como el empeño por mantener una cierta constancia, y puede interpretarse que toda constancia se mantiene a través del cambio” (Bateson, 1972, p. 17; citado en Keeney, 1990, p. 85). Este estado de equilibrio dinámico es el principio homeostático, que describe como un sistema abierto busca mantener un estado más o menos uniforme, aún cuando tiende a buscar nuevos estímulos y nuevos niveles de adaptación, que a su vez implica nuevas formas de acomodación.

El observador que investiga desde la epistemología cibernética, estudia cómo los procesos de cambio determinan diversos órdenes de estabilidad y control; en esa medida, la labor del terapeuta es distinguir la retroalimentación de orden superior que mantiene aquellos procesos de orden inferior y que generan el problema, para así activar el orden del proceso de retroalimentación que permita al sistema autocorregirse (Keeney, 1990). Según el orden de recursión desde el cual puntúe el observador, hará que éste se vea a sí mismo dentro o fuera del de sistema que estudia. De acuerdo con Keeney (1990), en “un orden superior de recursión, el terapeuta forma parte de un sistema total y está sujeto a la restricciones de su retroalimentación; en dicho nivel es incapaz de ejercer un control unilateral, y puede ora facilitar, ora bloquear la autocorrección indispensable” (Keeney, 1990, p. 90).

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conozcan el lenguaje-objeto del sistema, pueden definir la finalidad o la meta del mismo (Keeney, 1990).

La cibernética de segundo orden introduce los conceptos que corresponden a unidades más complejas de la mente, como los de autorreferencia y autonomía (Keeney, 1990). La autorreferencia, es una consecuencia de situar al observador en el seno de lo observado y lo convierte en un participante reflexivo, que aunque tiene modelos de conocimiento, debe referirse a su propia experiencia para conocer. Al reconocer que el conocimiento es construido por el sujeto cognoscente, desaparece el dualismo objetividad/subjetividad, pues el conocimiento es el fruto de la relación que el investigador establece con aquello que conoce y es un efecto de su actuar. Para un terapeuta sistémico la consecuencia de trabajar a partir del principio de autorreferencia, es centrase en la relación recurrente entre él y los consultantes, es preguntarse por los modelos con los cuales conoce, por su marco de significados e implica reconocer que no se puede pretender el control de los consultantes (Keeney, 1990). Al desdibujar la pregunta por la objetividad, Keeney (1990) propone la pregunta por la ética, pues ve en ésta el nexo necesario entre el observador y lo observado, para reflexionar sobre el observador, su comprensión y su actuación. Preguntarse por la ética, implica considerar el marco referencial desde el cual actúa el terapeuta cuando prefiere una distinción por encima de otra, por lo que se reconoce que “cualquier distinción nos dice tanto o más sobre el observador, como sobre el suceso que describe” (Keeney, 1990, p. 97). En este dominio explicativo no existen observaciones absolutas sino relativas, se anula toda posibilidad de predicción y el observador es responsable de su actuar y de su conocer (Keeney, 1990). Es importante aclarar que estas reflexiones no implican desechar los modelos conceptuales construidos desde una cibernética de primer orden y por el contrario invita a considerarlos como útiles siempre y cuando el mapa no se confunda con el territorio.

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interconectados de retroalimentación, red que es cerrada y que carece de entradas desde, o de salidas hacia, el ambiente exterior: se alimenta de sí misma con la recursiva serpiente que devora su propia cola” (Keeney, 1990, p. 102). En su aplicación al estudio de la familia y del contexto terapéutico la relación terapéutica como sistemas, se podría decir que su organización cerrada, su autonomía y su totalidad, son lo que dan a cada familia la forma de esa familia y a la relación entre terapeuta y consultante la forma de relación terapéutica; en caso de modificarse, esa familia dejaría de ser familia y la relación terapéutica dejaría de ser terapéutica.

2.1.4. El constructivismo

Considero importante detenerme en la pregunta por el observador y a partir de ella hacer una descripción de las nociones constructivistas que tuvieron mayor influencia en la terapia sistémica. Para esto tomaré como referencia a Huberto Maturana (1996; 2002), quien describe al observador como una entidad biológica que acontece en la praxis del vivir y como punto de partida para explicarse a sí mismo. Toda explicación se considera secundaría a la praxis del vivir y su aceptación depende de los criterios de aceptabilidad del mismo observador y de un cambio en su emoción, que pasa de la duda a la satisfacción (Maturana, 1996).

Maturana (1996) formula que el observado actúa desde dos tipos de caminos explicativos: el de la objetividad sin paréntesis y el de la objetividad entre paréntesis. En el primero, el observador acepta implícita o explícitamente sus capacidades cognitivas, asume que la existencia ocurre independientemente de lo que él haga, que conoce a través de la percepción y de la razón y que solo hay un dominio de la realidad, que es el único referente de validación de las explicaciones que éste acepta. En el segundo camino, el observador reconoce sus capacidades cognitivas como fenómenos biológicos, se ve a sí mismo como fuente de toda realidad que constituye a través de sus operaciones de distinción en el lenguaje y reconoce que estas operaciones se configuran en un dominio de realidad que es igualmente legítimo a muchos otros.

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explicación de la misma. Por lo tanto, el observador es responsable de su experiencia y por ende de sus distinciones y explicaciones.

En el camino explicativo de la realidad entre paréntesis, Maturana (1996) esclarece la noción de racionalidad como la distinción de las coherencias operacionales de un observador, que en su discurso lingüístico se constituyen como una explicación y considera las emociones como disposiciones para la acción. En cuanto al lenguaje, Maturana (1996) afirma que los seres humanos acontecemos en él y por lo tanto, vivir fuera del lenguaje es un sinsentido, lo describe como un fenómeno biológico que resulta de las operaciones de los seres humanos y aclara que éste tiene lugar en el dominio de coordinaciones de acciones de los participantes y no en su neurofisiología” (Maturana, 1996).

El constructivismo considera que fuera del lenguaje no hay objetos, incluso el fenómeno de lo humano, que se constituye en el momento en el que el observador se observa a sí mismo y se relata cómo humano. Este relato se da como consecuencia de una estructura biológica básica que conserva su organización y su adaptación. Ésta, según Maturana (1996), es una red cerrada de componentes interactuantes, que se moldea con el dominio de sus interacciones por medio de un sistema de bucles interconectados y de proceso circulares recurrentes e interminables; esta estructura es el sistema nervioso.

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Como una operación de autoconciencia, surgen en nuestras conversaciones la noción del yo, del sí mismo y del género, nociones que son permeadas por las declaraciones de la cultura que la comunidad ha privilegiado. Los actos de apropiación, las jerarquías, la guerra, la creencia de que uno puede ser mejor que el otro y las valoraciones asociadas al género, son actos propios de la cultura patriarcal que niega nuestra biología y espiritualidad; en consecuencia, son generadores de conflictos (Maturana, 2002). Las creencias de la cultura patriarcal, son la base del paradigma de escases, que se opone al paradigma de abundancia, propio de la cultura matrística, en las cuales, de acuerdo con Maturana (2002), no existen diferencias mejores que otras, es posible una convivencia legítima en la democracia, en la colaboración, en la coparticipación, en el decir y en el hacer, en el cuidar y en el proteger.

El contexto terapéutico ha sido un legítimo heredero de la cultura patriarcal, que como ya he dicho, se ha reproducido en la epistemología del paradigma mecanicista y ha traído a este espacio replicas en las prácticas relacionales y en las creencias desde las cuales éstas emanan. La terapia sistémica ha marcado un punto de quiebre al respecto y ha buscado fundamentar sus presupuestos en el reconocimiento del otro, en el amor y en la democracia.

2.1.5. El pensamiento posmoderno en la terapia sistémica

Según Lax (citado en McNamee y Gergen, 1996) el pensamiento posmoderno ha cuestionado las ideas aceptadas hasta el momento en la teoría y en la práctica de la psicoterapia. Ha marcado un giro al enfatizar en la teoría de la deconstrucción, el papel de la narración, el texto y la reflexión en el discurso clínico y al concebir la psicoterapia como un proceso que consiste en “desplazar el discurso «problemático» del cliente hacia otros discursos, más fluidos, haciendo posible con esto er posible una gama más amplia de interacciones” (Lax; citado en McNamee y Gergen, 1996, p. 93).

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forma colectiva y en un nivel local a partir de creencias acerca del funcionamiento del mundo (Lax; citado en McNamee y Gergen, 1996).

Según Lax (citado en McNamee y Gergen, 1996) en terapia se plantearía lo siguiente desde la perspectiva de los teóricos posmodernos: a) la prioridad de la pluralidad de ideas sobre la verdad y las estructuras; b) el reemplazo de la concepción de familia como sistema homeostático a una de familia como sistema social generativo, donde los desequilibrios son útiles y normales; c) el relevo de la idea de problema con significado para el sistema, por una donde los problemas están supeditados a la familia como sistema social que los organiza y que genera significados, sumado a la creencia de que los problemas existen en el lenguaje; y d) el abandono de la jerarquía y la inevitable existencia del experto en la terapia, que pasa a modelos de configuración lateral, donde el terapeuta y el cliente comparten responsabilidades semejantes en el proceso terapéutico. Así pues, se llega a una visión de familia como entidad flexible, compuesta por personas que comparten significados (Jorgeson, 1991; citado en Lax; citado en McNamee y Gergen, 1996).

2.2.Comprensiones de la terapia y del cambio en las escuelas sistémicas

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2.2.1. Terapia Familiar Estructural

Según Minuchin (1982), la terapia familiar estructural, nace en Estados Unidos y se divide en tres corrientes que mantuvieron ciertas diferencias entre sí. De acuerdo con el autor, la primera es la corriente conocida como transaccional, desarrollada por Ackerman, Bloch y Nagy, quienes unieron los conceptos de la teoría de sistemas con conceptos de la teoría dinámica tradicionales. Su objetivo era la restructuración psicológica del paciente, enfatizaban en la exploración del pasado, en el contenido de la comunicación y en la interpretación de la transferencia como instrumento de cambio. La segunda es la corriente existencial de Satir y Whitaker, que tiene por objetivo el crecimiento y la expansión de la persona y enfatizaba en la experiencia que el terapeuta y los consultantes viven en el presente como un instrumento de cambio para ambos. La tercera corriente desarrollada por Bowen, donde se formaron Minuchin y Montalvo, a ésta no se le adjudica un nombre particular y se caracteriza por concebir el sistema familiar como un contexto social y psicológico y por proponer como objetivo de la terapia, el cambio de dicho sistema por medio de la transformación de los procesos interpersonales disfuncionales.

Es preciso recordar los planteamientos de Lax (citado en McNamee y Gergen, 1996) respecto al pensamiento posmoderno en terapia y su compresión de familia, para notar que las tres corrientes mencionadas anteriormente, se caracterizan por partir del presupuesto de un modelo específico de familia que, a los ojos terapeuta presenta disfunciones y patologías con relación a su estructura y funcionamiento.

En adelante tomaré como referencia la propuesta de terapia familiar estructural de Minuchin (1982), los estudios de Umbarger (1983) acerca de la misma y reconceptualización posterior hecha por Hernández (2007); para discutir las premisas básicas de la escuela y su comprensión acerca del cambio.

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Por su parte el terapeuta estructural debe tener un esquema de funcionamiento familiar que le sirva como medio de análisis y de intervención y según Minuchin (1982), debe tener como basa tres componentes: a) la comprensión de la estructura familiar como sistema sociocultural abierto en constante transformación; b) el reconocimiento del desplazamiento del sistema familiar a través de las diferentes etapas del ciclo vital; y c) el reconocimiento de la capacidad de adaptación de la familia a circunstancias cambiantes.

La estructura de una familia es el conjunto invisible de demandas funcionales organizadas por los mudos en los que interactúan sus miembros, éstos operan a través de pautas transaccionales que se repiten y que establecen cómo, cuándo y con quien relacionarse (Minuchin, 1982). Al interior de la estructura familiar se pueden presentar patologías de: a) fronteras, que se evidencia en familias aglutinadas o desligadas; b) alianzas, que se dan cuando se desvían los conflictos a través de un miembro (chivo emisario) y cuando se hacen coaliciones intergeneracionales inadecuadas; c) triángulos que se caracterizan por unión de dos miembros contra un tercero; y d) jerarquías, que son una forma especial de patología de alianza, en las que se reconoce la influencia de la cultura al respecto y que se caracterizan por inversión del poder que pasa del subsistema parental, al subsistema fraterno (Umbarger, 1983).

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Respecto a la relación terapéutica, los terapeutas estructurales hablan de entrar en «coparticipación» con el grupo familiar, esto quiere decir establecer contacto con la familia y en la experiencia, notar los infinitos caminos por los cuales el terapeuta es aceptado, resistido y respondido por la familia como un todo y por cada uno de sus miembros (Umbarger, 1983). Se parte del supuesto de que la forma en la que la familia se acomoda a este proceso, da al terapeuta información diagnóstica acerca de su funcionamiento. Con relación al terapeuta, Hernández (2007) resalta dos aspectos importantes, primero la utilización de la persona del terapeuta como recurso de transformación y segundo, su actuación en el sistema no como educador o instructor, sino como ayudante del proceso de cambio que la familia hace por sí misma para recuperar su eficacia en el cumplimiento de sus tareas y en el mantenimiento del cambio como sistema autopoyético que es.

Umbarger (1983), describe diferentes formas de llamar a la puerta de la familia y así llevar a cabo un proceso de coparticipación, dice que éstas pueden ser de dos tipos, las informales y las formales. Las primeras, conciernen al estilo y a la postura personal del terapeuta, es decir, a su capacidad de espontaneidad y de emplearse a sí mismo como instrumento en la relación con el otro. Las segundas, son posturas propuestas por la teoría estructural como guías acerca de los roles que dispone el terapeuta cuando se encuentra en acción.

A continuación cito la descripción que Umbarger (1983) hace acerca de dichas posturas que son ejemplificadas por medio de metáforas. La primera es llamada

“Ingreso: un jugador científico en máquina de pinball” que ilustra al terapeuta como un observador “científico” del juego de la familia, con la capacidad para enviar intervenciones al interior del sistema, diseñadas para infringir su orden natural a la vez que puede observar fríamente la reacción del sistema frente a éstas. El fin de esta postura es la neutralidad, entendida como la capacidad del terapeuta para no enzarzarse emocionalmente en la batalla y para no perder su perspectiva. La segunda es llamada

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el terapeuta puede llegar a comprende la conformidad de la familia con su problema, pero debe tener cuidado de no ser completamente inducido al sistema para no perder su posición de agente de cambio. La tercera se llama “Para hacerse cargo del papel: directores o guiones”, según la cual el terapeuta debe hacer el papel de director y dejar que la familia sea quien escriba el guión latente, quienes en sus conocimientos ya cuentan con la idea de cómo podría ser un guión más sano. Esta postura permite al terapeuta asumir el liderazgo de la terapia y a diferencia de las demás posturas, ésta debe ser una actitud general y duradera del terapeuta; consecuencia de ella es la formación del sistema terapéutico (familia + terapeuta).

Minuchin y Fishman (citados en Umbarger, 1983) proponen otras maniobras de coparticipación según la posición de proximidad del terapeuta. Éstas son la posición de cercanía, en la cual el terapeuta brinda apoyo y convalidación, envía a la familia los conocimientos que ha alcanzado con su sufrimiento y se deja inducir a su comprensión de la realidad, con lo cual logra establecer alianzas a partir de la confirmación de emociones y de sus creencias, con la intención de descubrir la connotación positiva de las acciones de la familia. La posición intermedia, en la que el terapeuta hace coparticipación escuchando de manera activa, sin perder su neutralidad, asiste a la familia para que elabore las consecuencias de su rutina de vida e inicia intervenciones sobre el proceso de la conducta familiar y no sobre el contenido de las historias. Por último, está la posición distante, en la que el terapeuta se muestra directivo en sus intervenciones para crear nuevos escenarios de conducta, presiona activamente a la familia y mantiene una neutralidad emocional.

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2.2.2. Terapias estratégicas

La escuela de terapia estratégica se gestó en Estados Unidos a mediados del S.XX y tuvo como epicentro el Mental Research Institute, que después se conoció como la Escuela de Palo Alto. Sus gestores fueron Weakland, Watzlawick, Fisch y Jackson, quienes a partir de los planteamientos de Erickson y de Bateson y bajo la influencia de la cibernética y de teoría general de los sistemas, desarrollaron una teoría de la comunicación y del cambio que los llevo a construir un modelo de terapia que tenía como directriz resolver el problema presentado por el consultante, en lugar de reorganizar a la familia o producir un insight (O’Hanlon y Weiner-Davis, 1990). Así mismo, la escuela de terapia estratégica contó con el patrocinio de los laboratorios norteamericanos interesados promover modelos de terapia cortos y efectivos, lo que lleva a determinar la importancia de ciertos elementos del proceso terapéutico y de la relación terapéutica como factores que hacen más efectiva la terapia. Antes de estudiar los modelos de terapia estratégica, ahondaré en la propuesta de la teórica de la comunicación, sobre los axiomas y los tipos de interacción que ésta propone, para luego reconceptualizar las aproximaciones y explicaciones que esta escuela hace acerca del cambio, por último, entraré en destalle en la descripción de la propuesta de cada escuela de terapia breve.

2.2.2.1. La teoría de la comunicación humana

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en las relaciones “patológicas” o “enfermas” se presentan luchas constantes por definir la naturaleza de la relación y en cambio, el aspecto referencial o de contenido se hacen menos importantes. De lo anterior se concluye que el concepto de metacomunicación puede ser equiparable al de relación, en la medida que las relaciones informan el contenido de los mensajes que acontecen en ellas. El tercer axioma propone que la naturaleza de una relación depende de la puntuación de las secuencias de comunicación entre los comunicantes, de lo cual se deduce que la falta de acuerdo en la manera de puntuar la secuencia de hechos, genera conflictos en las relaciones. El cuarto axioma postula que los seres humanos se comunican con un lenguaje digital y analógico. El lenguaje digital tiene una sintaxis lógica que es compleja y poderosa pero que carece de una semántica adecuada en el campo de la relación; este es el contenido del mensaje, que sin un contexto o una relación que lo enmarque carece de sentido. Mientras que el lenguaje analógico posee la semántica adecuada, pero no la sintaxis necesaria para definir la naturaleza de una relación.

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podríamos [agregar] la “pseudosimetría”, en la que A permite u obliga a B a ser simétrico” (Watzlalawick, Beavin y Jackson, 1993, p. 70).

Con base en los axiomas planteados, Watzlalawick, Beavin y Jackson (1993) formulan la teoría del doble vínculo, propuesta en sus orígenes por Bateson. Esta teoría explica y comprende aquellas situaciones en las que una persona está sometida a dos órdenes contradictorias que son enviadas a través del mismo mensaje y que al presentarse de forma recurrente en una relación de la cual la persona no puede desvincularse, dan lugar a la patología como única forma posible de existencia (Fiorenza y Nardone, 2004). El anterior es el caso de la esquizofrenia, cuyo efecto es el producto de la persistencia y permanencia del doble vínculo. Sin embargo, Watzlalawick, Beavin y Jackson (1993) aclaran que éste fenómeno no se limita a la esquizofrenia, sino que tiene consecuencias mucho más amplias para la interacción humana. Es decir, el doble vínculo se puede presentar en todas las formas posibles de interacción, cuando uno de sus participantes intenta evitar el compromiso inherente a comunicarse.

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cierto grado de incongruencia o disonancia, pero la falla se resuelve cuando A logra convencerse a sí mismo de que en efecto está supeditado a fuerzas que están más allá de su control y por lo tanto queda liberado del remordimiento de su conciencia o de la disonancia de su experiencia. En resumen, la “teoría de la comunicación concibe un síntoma como un mensaje no verbal: no soy yo quien quiere o no quiere hacer esto, sino algo fuera de mi control, por ejemplo mis nervios, mi enfermedad, mi ansiedad, mi mala vista, el alcohol, la educación que he recibido, los comunistas o mi esposa” (Watzlalawick, Beavin y Jackson, 1993, p. 80).

Respecto a la estructura de los niveles de la comunicación, el contenido y la relación, Watzlalawick, Beavin y Jackson (1993) también formulan escenarios posibles de interacción que vale la pena considerar. Éstos son: a) el acuerdo de los participantes respecto al contenido de su comunicación y a la definición de su relación; b) el desacuerdo de los participantes respecto al contenido de su comunicación y a la definición de su relación; c) el desacuerdo en el contenido de la comunicación y el acuerdo en la definición de su relación, es decir los participantes acuerdan estar en desacuerdo y esto no perturba su relación; d) el acuerdo en el nivel de contenido, pero el desacuerdo en el nivel de la relación, lo cual implica que la estabilidad de su relación se verá amenaza en cuanto deje de existir la necesidad de acuerdo en el nivel de contenido; e) la confusión en el nivel de contenido y de relación, que consiste en un intento por resolver un problema de relación en el nivel del contenido donde no existe o viceversa; y f) cuando un persona se ve obligada a dudar de sus propias percepciones en el nivel de contenido para no poner en peligro la relación con la otra persona, esto ocurre cuando la relación es de vital importancia para quien se encuentra en la posición inferior, lo que merece una importancia clínica pues lleva a pautas de comunicación paradójicas que repercuten en la sanidad mental de quien se ve sometida a ésta tipo de interacción.

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plantean tres respuestas posibles: a) la confirmación cuando A acepta la definición que B da de sí mismo y tal capacidad de confirmación, es explicada como el factor de mayor importancia para el desarrollo de una estabilidad mental; b) el rechazo cuando A no acepta la definición que B da de sí mismo, lo cual implica un reconocimiento del otro, por lo tanto, así resulte doloroso por lo menos no niega la realidad de la imagen que B tiene de sí mismo; y c) la desconfirmación, que no se refiere a la verdad o a la falsedad de la definición que B da de sí mismo, sino a la indeterminación de B, es decir, a la puesta en duda de su existencia.

De forma similar Burnham (1993) propone que durante la fase formativa de una relación, de forma implícita o explícita, los participantes negocian una definición o un estilo determinado de relación, que en adelante se convierte en las “reglas” que la gobiernan. Estas reglas se evidencias en aspectos como: a) las razones por las cuales las personas viven juntas -romance, reproducción, necesidad, conveniencia, costumbres étnicas, entre otras-; b) el sistema de creencias que cada participantes trae a la relación y que contiene los valores y las expectativas sobre el deber ser de la vida y de los comportamiento; c) las circunstancias ambientales en las cuales existen las personas en la relación -como financieras y materiales-; y d) las costumbres culturales -como las opiniones o actitudes públicas, los tabús, entre otros- (Burnham, 1993).

Para comprender una relación y el proceso a partir del cual ésta se ha definido, Burnham (1993) sugiere distinguir entre el proceso y el contenido de la negociación. El proceso es el término utilizado para describir los patrones de la negociación que se desarrollan gradualmente por ensayo y erro y dice que es posible verlo en las secuencias de comportamientos repetitivos que se encuentran basados en un sistema de creencias compartido. El contenido, como ya lo mencioné, hace referencia al tema en cuestión y definen la forma en la que se crea el estilo de la relación. El desarrollo del proceso y de los patrones se da en la comunicación verbal y no verbal, algunas reglas son discutidas de forma explícita en la conversación abierta, mientras que otras son implícitas y por lo tanto, se dan por hecho.

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sana está compuesta por la alternancia de ambos tipos de interacción o de la actuación de cada tipo en diferentes áreas de la relación, pero aclara que cuando esto no sucede, se pueden presentar patologías en la interacción. Para que esto no suceda, es necesario que las partes reconozcan y acepten la “mismidad” del otro, mantenerse en aceptación y en reconocimiento, implica una confirmación realista y recíproca del self que hace que la relación sea nutricia. Cuando esto no sucede, en una relación de simétrica donde existe el riesgo de la competencia, caer en una escalada implica más probablemente rechazar el self del otro; mientras que en una relación complementaria salirse de la aceptación, implica más probablemente desconfirmar el self del otro. En palabras de Watzlalawick, Beavin y Jackson (1993):

“los patrones de relación simétrica y complementaria pueden estabilizarse mutuamente, y los pasajes del uno al otro constituyen así importantes mecanismos homeostáticos. Esto posee una consecuencia terapéutica a saber que al menos en teoría es posible provocar un cambio terapéutico de manera muy directa introduciendo la simetría en la complementariedad o viceversa durante el tratamiento” (p. 106).

2.2.2.2. Comprensión del cambio

Siguiendo con la comprensión que esta escuela tiene acerca del cambio, comenzaré por retomar la siguiente definición de Ruesch (1951):

“El cambio es un proceso que aprecia un observador como una diferencia en el estado de un sistema en diferentes momentos; es una diferencia en el valor de una variable en un periodo de tiempo. Como todo proceso, denota la comparación de indicadores por un observador a través de un período de tiempo e implica que el observador está en condiciones de conectar sus apreciaciones con base en algún principio explicativo” (p. 119; citado en Bateson y Ruesch, 1984; citados en Hernández, 2008, p. 98).

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significación y de vivencia de la experiencia (Hernández, 2008). Amabas explicaciones del cambio surgen de la influencia que tuvo la teoría de los tipos lógicos de Russell sobre Bateson, a partir de la cual formuló los conceptos de cambio 1 y cambio 2. Según lo recapitulado por Hernández (2008), el cambio 1 ocurre frente a la necesidad de restablecer la norma y se consigue “mediante la aplicación de lo contrario de lo que produjo la desviación (calor contra el frío, control emocional contra la ansiedad, por ejemplo)” (Hernández, 2008, p. 106). Este tipo de cambio es sencillo y lógico, deviene de lo que podríamos llamar el sentido común y por lo tanto, el efecto deseado suele lograse haciendo más de lo mismo.

Ahora bien, hay situaciones donde hacer más de lo mismo no es suficiente, como cuando la estructura del sistema necesita una modificación. Este el caso del cambio tipo 2, que se aplica cuando la solución intentada se ha convertido en el problema, es decir cuando se ha buscado aplicar un cambio 1 a una circunstancia que merece un cambio 2. Este tipo de cambio puede parecer extraño, inesperado y desatinado, como lo es la prescripción del síntoma o del no-cambio como formas de activar el cambio (Hernández, 2008). Así mismo, el cambio 2 implica abordar el problema en el aquí y en el ahora, las técnicas del cambio se aplican a los efectos del problema y no a sus supuestas causas y están dirigidas a liberar la situación de la trampa engendradora de la paradoja que ha sido creada por la autorreflexividad de la solución intentada, para luego enmarcarla en un nuevo contexto que le da sentido a la situación y que diluye el problema (Hernández, 2008).

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2008), la relación terapéutica es un contexto protector y controlador propicio para que el terapeuta busque promover en el consultantes aprendizajes III y para lograrlo propone lo siguiente: confrontar las premisas del consultante y del terapeuta, lograr que el consultante actúe de forma tal que enfrente sus premisas, mostrar al consultante las contradicciones entre las premisas que controlan su comportamiento e inducir al consultante a una exageración de la experiencia basada en sus antiguas premisas.

Respecto a la explicación del cambio desde el mundo individual y subjetivo de las personas, Hernández (2008) hace alusión en primer lugar a los cambios en la experiencia emocional correctiva, que ocurren cuando el individuo aprende a actuar acorde con lo que desea percibir o lograr, sin necesidad de evocar los detalles de la historia pasada. Esto implica comprender el sufrimiento o el malestar de las personas en su incapacidad para manejar las situaciones presentes, en lugar de verlo como un efecto de sus recuerdos. Esta experiencia correctiva puede ser aportada por relaciones transferenciales, tales como la relación terapéutica, o por nuevas experiencias de la vida.

Como segunda dimensión, Hernández (2008) propone el cambio en el marco de referencia de las personas y lo describe como el “conjunto de filtros y reglas que organiza y dirige la conducta y las experiencias personales, incluidas naturalmente las que aparecen dentro de la terapia” (p. 119). Para comprender el problema, definirlo, fijar los objetivos y construir una relación que sea terapéutica, es necesario identificar y comprender el marco de referencia del consultante, puesto que en él se encuentran tanto las premisas que mantienen el problema como las que lo solucionan. “Desde esta perspectiva, el cambio está determinado por la alteración de la visión que los consultantes tienen del mundo, lo cual representa una concepción discontinua del cambio, (Watzlawick y cols, 1976), en contraposición con las concepciones continuistas y gradualistas del cambio, entendido como crecimiento personal, toma de conciencia, aprendizaje, etc.” (Hernández, 2008, p. 119).

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importancia, pues el concepto de “persona” no funcionará ya como argumento nodal en la puntuación de la experiencia” (Hernández, 2008, pp. 119 y 120). Así pues, en el proceso de descifrar y describir la estructura de la interacción en la que la persona aprendió a describirse a sí misma de una u otra manera, se encontrará el camino para el cambio a partir de la alteración de secuencias interaccionales preexistentes (Hernández, 2008).

La cuarta y última dimensión es la del cambio en la conciencia, en el insight y en la intencionalidad del cambio. Al respecto Hernández (2008) comienza por significar como mito la creencia según la cual es necesario comprender el porqué del problema para resolverlo. Con base en investigaciones, la autora explica que el modo más pragmático de abordar los problemas de las personas estriba en la comprensión de lo que mantiene el problema, en lugar del conocimiento de la causa. Siendo así, la toma de conciencia no es una herramienta útil para el cambio según los presupuestos de la terapia sistémica, y por el contrario, genera más daños que beneficios en la medida que puede llevar a los miembros de la familia a caer en inculpaciones o a resistirse a la terapia. Por otro lado, la autora aclara que es necesario disociar la voluntad de la conciencia, puesto que la voluntad obedece es a un proceso inconsciente, mientras que la conciencia concierne es al pasado, es decir, a lo que conocemos en el pasado.

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aclarar que la comprensión que esta escuela tiene acerca del cambio, ha sido ampliamente influenciada por el pensamiento nacido de la influencia de Bateson

Las ideas y prácticas derivadas de esta escuela se denominaron Terapia Breve Centrada en los Problemas y posteriormente, a raíz de la influencia del pensamiento posmoderno, se deriva la Terapia Breve Centrada en las Soluciones. Mi conclusión es que la escuela estratégica hace un aporte sumamente significativo al dirigir su atención a aquellos elementos de la relación y del contexto terapéutico que ubican al terapeuta como terapeuta y que en consecuencia, facilitan el hecho de que sus acciones tengan un sentido terapéutico para los consultantes.

Hernández (2007) dice que la “terapia estratégica no es una teoría particular, sino una postura por la cual el terapeuta asume la responsabilidad de influir directamente en los consultantes, puesto que él debe planear qué hacer” (p. 287). En el “qué hacer” que menciona Hernandez (2007), propio de los terapeutas estratégicos, es importante señalar a e Milton Erickson, como el maestro de la terapia estratégica y cuyos presupuestos, según O’Hanlon y Weiner-Davis (1990) son: a) comprender los mecanismos mentales de los consultantes como fuente y solución de sus problemas; b) usar la idiosincrasia y los recursos de los consultantes en la solución de sus problemas; c) creer que el cambio puede darse sin que sea necesario comprender cómo ocurrió; d) considerar la influencia de las expectativas de los consultantes sobre su curación; e) al igual que el impacto de la comunicación del terapeuta en la evaluación y en la relación con el consultante; f) aplicar la técnica de intervención sobre patrones; y g) creer que los procesos terapéuticos pueden ser breves.

De acuerdo con lo mencionado anteriormente, a continuación hago una descripción de la comprensión que las escuelas de terapia breve centrada en el problema y centrada en las soluciones tienen acerca de la relación terapéutica, los elementos que la integran y sus aportes en el estudio de la misma.

2.2.2.3. Terapia Breve Centrada en el Problema

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Nardone y Watzlawick, 1999), “un buen inicio es la mitad del trabajo” (p.74), por lo que en la primera entrevista y en el inicio del proceso, los autores recomiendan que el objetivo del terapeuta sea:

“crear una relación personal que se caracterice por el contacto, la confianza y la sugestión positiva, dentro de la cual pueda llevarse a cabo tanto la investigación diagnóstica como las primeras maniobras de adquisición de capacidad de intervención. Por ello, la estrategia fundamental consiste en observar, aprender y hablar el lenguaje del paciente. En otras palabras, el terapeuta debe entrar en sintonía con las modalidades de representación de la persona que está pidiendo ayuda (Nardone y Watzlawick, 1999, pp. 74-75)”.

La propuesta de los terapeutas estratégicos se parece a la de los terapeutas estructurales, en la medida que ambos reconocen que solo hasta ser aceptados como parte del sistema, no tiene la capacidad de iniciar sus acciones terapéuticas, que en términos de Minuchin (1982) son comprendidas como restructuración y en términos de Nardone y Watzlawick (1999) son comprendidas como sugestión y manipulación. Infiero que la diferencia en ambos términos, radica en el papel que juega el terapeuta. El cual, en la escuela estructural, desde un comienzo actúa como experto conocedor y en tanto desde un comienzo es líder y dirige. Mientras que en la escuela estratégica, éste pareciera ganarse el interés del consultante a través de su persuasión y retórica. Así pues, el terapeuta estratégico también puede ser equiparado con un vendedor, que solo vende el cambio si hace del consultante un cliente interesado en el mismo.

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conductas, para lo cual puede ser útil pedir un ejemplo del problema si es que la molestia no es clara y que el terapeuta asuma la responsabilidad de no comprender el problema de forma específica. “Si el terapeuta no puede realizar una formulación clara y breve que abarque todos los elementos que intervienen en la dolencia actual (quién, qué, a quién y cómo), ello se debe a dos causas: o no posee la información adecuada acerca de dicha dolencia, o bien no ha asimilado lo suficiente dicha información” (Fisch et al., 1984, p. 92). Luego, para comprender al cliente en su sistema de creencias de la manera más detallada posible, será necesario saber ¿En qué forma eso es un problema para él? ¿En qué forma cree él que yo (como terapeuta) lo puedo ayudar a resolver el problema? Y ¿Por qué ha llamado en el momento en que lo ha hecho y no antes o después? Esta última pregunta tiene la capacidad de dar información sobre circunstancias que precipitan el problema y que es importante considerar (Fisch et al., 1984). El siguiente paso es indagar por las soluciones que el consultante o las personas relacionadas con el problema, han utilizado para resolverlo (Fisch et al., 1984).

Luego viene la definición de los objetivos del proceso terapéutico, que representan una exigencia pragmática importante para esta escuela, pues se considera que éstos tienen la función de guiar la metodología del terapeuta (es decir la estrategia) y porque representan una sugestión positiva para el consultante, en la medida que pueden influir en el aumento de su colaboración y en la confianza que éste tenga acerca del éxito del proceso (Nardone y Watzlawick, 1999). Para definir los objetivos, Fisch y demás autores (1984) sugieren hacer la pregunta por el milagro o indagar por las pequeñas señales que le podrían indicar al consultante y a las personas relacionadas con el problema que se están dando un cambio en el mismo.

Según Fisch y demás autores (1984), el paciente no siempre es el cliente. El cliente es aquel que demanda la ayuda del terapeuta, mientras que el paciente es comprendido como la persona que tiene la conducta desviada o quien está gravemente perturbado. Es necesario que las personas que asisten a la terapia asuman la postura de clientes, porque de lo contrario la terapia no será exitosa.

2.2.2.4. Terapia Breve Centrada en Soluciones

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consisten en modificar la forma de interacción en las situaciones específicas del problema; b) el establecimiento de un objetivo inicial pequeño para producir un pequeño cambio, con base en la premisa sistémica de que un cambio genera otro cambio; y c) para producir un cambio no es necesario conocer la problemática del cliente a fondo (de Shazer, Berg, Lipchick, Nunnally, Molnar, Ginerich, y Weiner-Davis, 1986).

Una década después, Inso Kim Berg (Berg & Millar, 1996) retoma la propuesta de Erickson y en simpatía con el pensamiento posmoderno, comienza un nuevo movimiento de corte construccionista bajo los siguientes lineamientos: a) creer en las capacidades, recursos y habilidades de los clientes, lo cual contribuye a diluir la resistencia; b) tener una visión ateórica, no normativa y determinada por el cliente, lo cual ubica al terapeuta en una posición de aprendiz respetuoso, más que en la posición de experto; y c) la cooperación, entendida como trabajar junto con el otro, en una relación de ayuda recíproca entre consultante y terapeuta (Berg & Millar, 1996). Precisamente este último principio es el que configura la relación entre terapeuta y consultante en el marco de la terapia centrada en la solución, según estos autores, la cooperación permite obtener resultados positivos en la terapia, mediante la personalización del tratamiento.

Con base en este principio Berg y Miller (1996) describen tres tipos de relaciones posibles entre terapeuta y consultante que son: relación de tipo comprador, relación de tipo demandante y relación de tipo visitante. Estas clasificaciones son descripciones de la interacción entre consultante y terapeuta y en mi opinión, son una guía de gran ayuda, en la medida que dan una guía sobre para identificar la postura del consultante y con base en ésta, dan pautas para saber cómo tratarlo. Con esto Berg y Miller (1996) le recuerdan al terapeuta que el resultado del proceso depende tanto de él como del consultante. A continuación describo los tres tipos de relaciones posibles.

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Figura 1. Árbol de categorías
Figura 1 rbol de categor as . View in document p.72
Figura 2. Genograma de la familia de Catalina

Figura 2.

Genograma de la familia de Catalina . View in document p.80
Tabla 1. Agrupación de las sesiones en fases por procesos de cambio

Tabla 1.

Agrupaci n de las sesiones en fases por procesos de cambio . View in document p.81
Figura 3. Genograma de la familia de Milagros

Figura 3.

Genograma de la familia de Milagros . View in document p.82
Figura 4. Genograma de la familia de Isabel

Figura 4.

Genograma de la familia de Isabel . View in document p.84
Tabla 3
Tabla 3 . View in document p.86
Figura 5. Genograma de mi familia

Figura 5.

Genograma de mi familia . View in document p.87
Tabla 4 Fase de cambio 1

Tabla 4.

Fase de cambio 1 . View in document p.89
Tabla 5 Fase de cambio 2

Tabla 5.

Fase de cambio 2 . View in document p.99
Tabla 6 Fase de cambio 3

Tabla 6.

Fase de cambio 3 . View in document p.109

Referencias

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