LAS MUCHAS
VIDAS DEL ALMA
Volver a recordar en el trabajo terapéutico
Roger J. Woolger
PREFACIO
Nuestro pensamiento de comodidad y seguridad nos impide frecuentemente adquirir un
conocimiento profundo de las imágenes que impulsan y conducen nuestra vida. Sin embargo,
anhelamos disipar las nubes de nuestra ignorancia. Probablemente cada uno de nosotros, pero
también la sociedad en total, se deja guiar en la actualidad continuamente por modelos de
conducta y percepción, que tal vez desde hace mucho tiempo ya no son convenientes. Esos
modelos de conducta, que giran alrededor de valores materialistas y de orientaciones
egocéntricas, causan muy evidentemente en nosotros mismos y en nuestro planeta, un desastre
ecológico. Por otro lado, esos modelos y normas han despertado una crisis, que obliga a personas
aisladas, como también a grupos sociales grandes y a naciones, a poner en duda antiguas
suposiciones, modelos y estructuras y a llegar a una nueva visión de nuestros siempre
apremiantes problemas. Ilya Prigogine describe y recalca en su teoría de procesos
transformativos; distinguida con el Premio Nobel en 1977; que nosotros hemos llegado al
comienzo de una nueva época. Según su parecer, hoy tenemos todos la oportunidad de avanzar
desde las tensiones y conflictos de nuestra época, hacia un orden nuevo y superior. Él constata,
por lo tanto, lo que el historiador científico y filósofo Thomas Kuhn denomina como cambio de
paradigmas, con lo cual él entiende como paradigma, una visión del mundo con cuya ayuda una
sociedad de individuos se explica ciertos aspectos de la realidad. En la actualidad nos
encontramos exactamente en una fase de transición, de un concepto materialista y egocéntrico del
mundo, basado en el dominio y el control, a uno nuevo, en el cual la vida se ve como una red de
relaciones entrelazadas e inseparables unas de otras. Este paradigma abre nuestra percepción para el efecto que producen procesos sumamente dinámicos (formas de conscíencia), en los cuales se
ponen de manifiesto los modelos y estructuras que sirven de base a nuestra vida. Sólo en forma
vacilante comenzamos a reconocer, que la ciencia no tiene que ver con la verdad absoluta, sino
con una descripción limitada y solamente aproximada de la realidad. No hay que olvidar que la
verdad personal nunca se encuentra en el campo de la ciencia, sino que siempre se logra en un
camino absolutamente personal de la revelación interior, como lo han enseñado todos los grandes
maestros de las diferentes tradiciones religiosas.
En cuanto percibimos que esencialmente estamos en búsqueda de transformación, se hace
evidente que este libro no consiste fundamentalmente en terapia de reencarnación, sino más bien
en procesos personales de cambio. Por medio de la conexión de su propio material clínico con las
declaraciones de importantes filósofos y poetas, que nos proporcionan la idea de un universo
abierto y creativo, Roger Woolger logró inaugurar una perspectiva transformativa; consiste en las
posibilidades creativas que se desprenden del hecho que tengamos acceso a estructuras de la
consciencia que van más allá de nuestra percepción cotidiana.
Roger Woolger informa en este libro sobre sus experiencias como observador participante de
prácticas de reencarnación terapéutica. Él describe aquí también sus propias dudas y experiencias
personales en su camino hacia una comprensión del material de imágenes e historias
preexistenciales. Con eso, él ha tenido que despedirse de muchos modelos tradicionales del
universo y de la naturaleza humana, tal como otras personas que se desplazan más allá de las
convenciones aceptadas socialmente. No tiene ninguna importancia si nosotros consideramos
auténtico o no, en un sentido histórico, el material de imágenes sacado a la luz por sus clientes
acerca de existencias anteriores. Por medio de la aplicación de muchas metáforas literarias y
filosóficas, Roger Woolger logra acercarnos a una comprensión de aquellas imágenes "preexistenciales" que nos unen universalmente unos a otros. Él ofrece al lector una serie de
ideas nuevas que pueden servir como catalizadores del cambió personal.
Este libro aparece en el momento preciso. Todavía hace algunos años, posiblemente habría sido rechazado como ocultista. Hoy día, en cambio, el autor ya no necesita temer por una clasificación de ese tipo. En Las muchas vidas del alma, Roger Woolger se ocupa del asunto de nuestra relación con el proceso de la vida, de nuestra identidad personal y del propósito de la existencia, hasta donde lo entendemos. Este libro les señala un camino a todos los que desean agotar la naturaleza de su ser interior y buscar un autoconocimiento que logre una nueva dimensión, más allá del proceso terapéutico. Pero el trabajo con imágenes "preexistenciales" abre también nuestra consciencia, de que todos nosotros, queramos reconocerlo o no, vivimos en un "ecosistema espiritual" común, sobre cuyo suelo nuestra humanidad puede desarrollarse realmente.
Ronald WongJm, Ph. D Presidente de la Sociedad de Psicología transpersonal
PROLOGO
La capacidad de las personas para acordarse de existencias anteriores, ha sido entretanto investigada detalladamente desde hace casi treinta años por renombrados psicólogos. El Dr. lan Stevenson de la Universidad de Virginia, ha registrado y examinado con exactitud en una gran cantidad de niños, recuerdos "preexistenciales" que se han presentado espontáneamente. Psicoterapeutas e hipnoterapeutas, como Morris Netherton en California y Joe Scranton en Inglaterra, han documentado con películas, cómo reaccionan los adultos a la regresión preexistencial. Las personas de prueba llevadas a un estado de trance, experimentan, según sus propias declaraciones, muertes atormentadoras, derraman ríos de lágrimas por la pérdida de personas queridas o comienzan de repente a conversar en idiomas, de cuya existencia ni siquiera sabían antes.
Pero a pesar de esa publicidad y de la enorme cantidad de ventas que registran los apuntes de Edgar Cayces, como también los libros de Jane Robert y de Shirley MaeLaine, la investigación y la terapia de "preexistencia" son ignoradas tácitamente o rechazadas vehementemente por la mayoría de los psicólogos e intelectuales de las universidades estadounidenses y europeas.
¿Cómo se puede explicar eso?
Un motivo posible es la circunstancia, que la mayoría de la gente inmediatamente piensa en reencarnación, cuando escucha algo acerca de "existencias pasadas" y asocian automáticamente el término "reencarnación" con ideas como ocultismo, exorcismo y espiritismo; es decir, consideran eso como "obra del diablo", para expresarlo en la terminología fundamentalista. Pero tal vez ese fenómeno se encuentra con un rechazo tan grande, porque en las revistas se relata una y otra vez acerca de famosos artistas de Hollywood, que supuestamente han sido sacerdotisas egipcias o cónyuges de un "prominente" en algunas existencias anteriores.
Pero tal vez la reserva se pueda también explicar por el hecho de que un público que reacciona escéptico frente a gurúes hindúes con una enorme cuenta en un Banco suizo, con autos Rolls-Royce y con seguidores sin cerebro, esté rápidamente dispuesto a rechazar las ideas acerca de la reencarnación como una tontería oriental.
De esa manera se consideraba probablemente Mike Wallace como el "portavoz" del espectador promedio de televisión, cuando entrevistó a Shirley MacLaine en un programa de televisión sobre el tema de guía espiritual y reencarnación y le dijo:
"Bueno, Shirley, ahora no exagere. Usted no creerá eso realmente ¿no?"
¿Pero tenía Mike Wallace una percepción tan fina de la opinión pública cómo él mismo creía? En todo caso, algunas estadísticas indican sorprendentemente, que en el último tiempo se ha efectuado un cambio profundo de las convicciones religiosas.
Así por ejemplo, una encuesta del Instituto Gallup en 1982, dio como resultado que casi el 25% de los estadounidenses creen en la reencarnación, y según la información de una encuesta encargada por el conservador Sunday Times de Gran Bretaña, la cantidad de gente que cree en la reencarnación ha aumentado en Inglaterra del 18% al 28% en diez años. ¿Van quizás un poco atrasados en el tiempo nuestros psicólogos académicos y los sumos pontífices de los medios de comunicación? Porque está absolutamente dentro de lo posible, que un análisis serio de asuntos relacionados con la reencarnación, desplace pronto al escepticismo y al dogmatismo cristiano ortodoxo, tal como lo hizo la nueva física con la física clásica de Newton al comienzo del siglo veinte.
El pionero de la física cuántica, Max Planck, hizo una vez un comentario, que podría concordar con la creciente creencia en la reencarnación:
Una nueva teoría científica no llega a dominar porque convence a sus oponentes y les pone la verdad ante sus ojos, sino más bien porque sus oponentes finalmente mueren y crece una nueva generación que ya está familiarizada con ella,
¿Estamos efectivamente al comienzo de un concepto radicalmente nuevo de la personalidad humana? ¿Hay una nueva psicología en formación, que considera nuevamente la parte inmortal de nuestra psiquis, denominada tradicionalmente como "alma? ¿Pueden las antiguas tradiciones de karma y reencarnación hacerse tan productivas, que también tengan un sentido psicológico para la moderna persona occidental, pero sin exigirnos la aceptación de más dogmas o solamente bajar a la categoría de una psicología Pop a la moda?
Yo creo que eso es posible, y el propósito de este libro es mostrar cómo sería eso y cómo llegué a esa conclusión como psicoterapeuta practicante e investigador crítico.
Para facilitarle la orientación al lector, he dividido el libro en cuatro partes. En la primera parte he descrito brevemente mi desarrollo personal, de analítico con carácter junguiano (de Jung) a terapeuta de preexistencia, igualmente con carácter junguiano. Con eso he tratado de hacer comprensible en su contexto histórico, el interés creciente por fenómenos de "existencias pasadas". Además, he separado con eso, mi propia base terapéutica de las bases igualmente legítimas, pero completamente de otro tipo, de los parapsicólogos y de los reencarnacionistas.
En la segunda parte del libro describo cómo he llegado a una síntesis de las diferentes ideas y técnicas que actualmente son empleadas por psicoterapeutas orientados transpersonalmente. Mi trabajo se basa, además, en el concepto junguiano de "complejo" y "arquetipo", que entre tanto deseo ampliar en el término samskara, extraído de la psicología hindú, una expresión que más bien se puede traducir como "complejo preexistencial". Además, le presentaré al lector un "mapa" del inconsciente con seis variaciones y se lo explicaré mediante ejemplos.
La tercera parte se ocupa de dos factores específicos, con los cuales uno se confronta una y otra vez, como terapeuta de preexistencia: la consciencia corporal y la configuración de contrastes psíquicos, que se manifiestan como fragmentos "preexistenciales" de la personalidad.
Finalmente, en la cuarta parte, se trata de las experiencias significativas y básicas de nacimiento y muerte en la terapia de preexistencia. En el capítulo de cierre he tratado de colocar este trabajo en el amplio contexto del desarrollo espiritual de la personalidad y del concepto junguiano de la individualidad.
Yo habría preferido haber podido presentar parte del material en forma más simple e impedir así algunos términos técnicos, pero el planteamiento es complejo y yo me esforcé por hacerle justicia a mi tema. Para aliviarle la lectura al lector, el libro contiene un glosario, una amplia sección de comentario, como también una detallada lista de literatura para los interesados en forma profesional o científica.
Comparables a los antiguos mapas del Nuevo Mundo, las declaraciones siguientes pueden ser, en el mejor de los casos, un boceto aproximativo de un territorio desconocido. Al esbozar estas costas desconocidas, se llenan más de una vez, vacíos de conocimiento con suposiciones, ojalá idóneas. Con eso, puede suceder que en algunas partes las proporciones estén distorsionadas, es decir, sean simplemente falsas. Yo espero que futuros investigadores corrijan mis fallas de interpretación y mis errores.
I.
Introducción
Esa otra realidad que anhelas, existe solamente en ti mismo. Yo no puedo darte
nada que no esté colocado ya en ti mismo. Yo no puedo abrir para ti ninguna otra
galería de cuadros que tu propia alma.
Hermann Hesse, El lobo de las estepas
Cada persona lleva el sello de toda la condición humana.
1. Un escéptico se acuerda de
existencias anteriores
Ante islas obstinadas éí lanzó las redes...
Ezra Pouíid
Del conductivismo a Jung
Cuando term iné los estudios básicos de psicología de conducta y de filosofía analítica en la
Universidad de Oxford a mediados de los años sesenta, yo estaba metido, en cierto m odo, en una
camisa de fuerza intelectual confeccionada artificialmente, aunque en ese tiem po casi no estaba
consciente de eso. Si en ese entonces alguien m e hubiera relatado algo acerca de recordar
existencias anteriores, yo habría rechazado una idea así, por considerarla totalm ente
contradictoria. Para que haya recuerdo, tiene que haber una persona que recuerda; habría
explicado probablem ente; y á m is recuerdos tiene acceso solam ente
una persona, o sea, yo
mism o. En consecuencia,
"yo" no puedo participar en el recuerdo de una existencia anterior, tai
como no puedo participar en el recuerdo del hombre que está sentado frente a mí en el autobús.
Un par mas de sutileza» lingüísticas y trucos lógicos, y yo habría conseguido que mi amigo que
creía en la reencarnación, hubiera dudado y hubiera buscado una definición que hubiera podido
resistir m i arte filosófico de esgrim ir. En ese tiem po yo navegaba con el poderoso viento en
contra del racionalismo y el empirismo. "La m etafísica está muerta", había explicado el Profesor
A. J. Ayer. Fin, ha terminado, hora de cierre. Descansen en paz: Platón, Aristóteles y Hegel.
En lo que concierne a la psicología, en aquel tiempo Oxford todavía andaba a tientas en la Edad
M edia; si lo hubiera sabido. La palabra "consciencia" había sido exitosamente desterrada del
vocabulario y, adem ás, se form ó en ese tiem po una poderosa resistencia contra la invasión de
neologismos nofteafiierieaflos subversivos, como por ejemplo "cognitivo". El experimento y la
estadística estéril tenían el dom inio. Los únicos candidatos que en aquellos días podían tal vez
haber tenido un lejano interés en la reencarnación, eran las ratas de laboratorio. j'Por lo menos es
m ejor dar vueltas de un lado para otro en un laberinto cósm ico que en un laberinto de reja
metálica!
Tal com o otros estudiantes de psicología desilusionados, yo también encontré sencillamente
insoportable, continuar m i carrera académica en ese desolado ambiente intelectual. ¿Porque qué
tenían que ver todas las estadísticas con el corazón humano o con el alma; después de todo la más
alta adquisición espiritual de la hum anidad? ¿Q ué tenían que ver con los m ísticos, con
Shakespeare o Dostojewski? M e fui, por lo tanto, por algunos afios como profesor a África
occidental y m e m atriculé finalm ente en el ram o de ciencia religiosa com parativa en la
Universidad de Londres. En ese ambiente académ ico pude por fin respirar m ás librem ente y
abstraerme en el estudio del hinduism o y de los m ísticos cristianos. Siendo adolescente yo ya
había comenzado a meditar y consideraba eso como una higiene mental, que en aquel entonces
me parecía tan obvio com o la lim pieza diaria de los dientes. Así yo había encontrado entonces la
posibilidad de examinar a fondo determinados temas.
Tal vez deba m encionar todavía, que nunca he tenido
m gurú y que tampoco nunca he buscado
algo. M i interés en la religión ha sido siempre una mezcla de curiosidad científica y búsqueda
práctica. En lo posible, yo siempre he leído solamente ediciones originales no interpretadas de los
textos sagrados, ya sea el Bhagavad Gita o los Evangelios. Tam bién al m editar, utilizo,
independiente de la tradición, sólo aquellos elementos que son prácticos y útiles para mí mismo.
Uno que otro podrá encontrar eso arrogante, pero yo me elogio de que siempre me he dejado guiar por las palabras de Buda, quien ha dicho: "Conviértete en luz tú mismo".
Con el tema reencarnación no tuve que ocuparme casi nada durante mi período de estudio. El hinduismo clásico trata la reencarnación simplemente como un hecho, sin hacer mucho ruido por eso. Por fin, es nuestro Yo supremo, el atinan, y no el "Ego", lo que según la opinión hinduista, se encarna una y otra vez en el ciclo de las existencias.
Incluso al dedicarme a los métodos clásicos de yoga y de meditación, no leí ni escuché jamás en ninguna parte en aquel entonces, que fuera necesario meditar sobre nuestras existencias pasadas. La idea de un karma, de acuerdo con el cual cada persona cosecha lo que siembra, yo la comprendía en ese tiempo, solamente como el propósito de describir el lugar del ser humano en el universo, más allá de todas las aplicaciones prácticas. Tal como muchos otros, yo también estaba muy sorprendido acerca del "fatalismo" en el pensamiento popular hinduista.
Sin duda, fue aquella necesidad de aplicación práctica ya mencionada, la que me llevó a Zurich. Allí me dediqué intensivamente al tipo de psicología que más estaba de acuerdo con mi temperamento. Se trataba de la escuela de psicología analítica, fundada por Cari Gustav Jung, un psiquiatra suizo y anterior colaborador de Freud. Jung se había separado después de Freud, para darle vida a una propia corriente psicológica, que amplió considerablemente el concepto de inconsciente, en comparación con la escuela psicoanalítica clásica. Mientras que con Freud el inconsciente se consideraba exclusivamente como campo de acción, la mayoría de las veces de los complejos que venían de la infancia, Jung amplió el concepto a un nivel común a todas las personas, lleno de arquetipos, es decir, estructuras simbólicas universales, como se pueden encontrar en los mitos, en la religión y en el arte.
Al nivel del inconsciente en el que están establecidos los recuerdos reprimidos de la infancia según Freud y en el que se han aplicado todas las psicoterapias, Jung lo llamaba "inconsciente personal"; en cambio, al nivel de los arquetipos, que se encuentra más abajo, es decir, al depósito de los símbolos de la transformación que están disponibles para cada uno de nosotros, él lo denominaba "inconsciente colectivo". Ese concepto me hizo comprender de repente, por qué las grandes obras dramáticas y de la literatura, como por ejemplo, Oedipus Rex, El rey Lear o Los hermanos Karamasaw, nos conmueven tan profundamente. Las tragedias personales de desamparo, de pérdida, de decepción y de indignación, que nos conciernen a todos nosotros, están en cierto modo exageradamente aumentadas y transformadas en las luchas de esas personalidades sobrehumanas, porque una parte de nosotros se puede identificar con el poder transpersonal de los arquetipos. Todo el gran arte es psicoterapia, si lo dejamos actuar sobre nosotros de la manera correcta, y toda buena psicoterapia tiene que poner en juego hasta cierto punto, la parte artística y creativa de nuestro ser.
Finalmente, con la corriente fundada por Jung yo también había encontrado una psicología, que admitía igualmente mi parte intelectual y mi parte intuitiva y creativa y que activaba aquellas dos partes de la personalidad humana, que después han sido asignadas a la mitad izquierda y a la mitad derecha del cerebro. Si una de esas dos partes está subdesarrollada en nuestra personalidad, entonces no tenemos derecho a considerarnos personas desarrolladas y completas. Paulatinamente fui comprendiendo por qué la psicología académica me había parecido tan improductiva. Un joven poeta romántico alemán llamado Novalis, ya se había dado cuenta del problema en el año 1800 y sorprendentemente ya había visto el camino, que Jung y otros habrían de tomar un siglo más tarde:
Cuando los números y las figuras
Ya no sean la clave de todas las criaturas, Cuando ellos, los que cantan o besan,
Sepan más que los eruditos, Cuando el mundo retorne A la vida libre y al mundo,
Cuando la luz y la sombra
Se unan en una verdadera claridad, Y en los cuentos y poemas
Se reconozcan las eternas historias del mundo, Entonces ante una palabra secreta
Huirá el ser que está totalmente equivocado.
Mientras más intensamente me confrontaba con los tratados de Jung y con mis sueños, más grande era su influencia sobre mi pensamiento y mi desarrollo personal y profesional. Yo tenía la impresión que él había construido un puente muy ancho, que podía acoger al mismo tiempo todas las corrientes de la psicología, la religión, la literatura y la ciencia y llevarlas a un contacto productivo entre ellas. Él es uno de los grandes "crisoles" y visionarios del siglo veinte.
Jung había tenido durante su vida una posición escéptica frente a la reencarnación. Cuando él, en 1938, escribió un comentario acerca del Libro tibetano de la muerte, un texto, que circula alrededor de la idea de "karma", él aseguraba sin rodeos, "que no existían recuerdos prenatales o preuterinos heredados". En concordancia con su propia teoría, él agregó entonces: "Sin duda hay arquetipos heredados, que, sin embargo, no tienen un contenido específico".
Jung escribió mucho antes que el Dr. lan Stevenson se ocupara en forma científica con niños que se podían acordar espontáneamente de sucesos de la vida de personas fallecidas, que según manifestaban, habían sido de ellos mismos. Jung vivió también mucho antes que el Dr. Thomas Verney presentara una cantidad impresionante de referencias de recuerdos intrauterinos, en su libro con récord de ventas, The Secret ofthe Unborn Child.
En los años setenta, cuando yo todavía no sabía nada de eso, seguía siendo adepto de la opinión de Jung, que ciertamente no se podía comprobar la reencarnación en principio, pero como las ideas correspondientes formaban parte de las convicciones religiosas más difundidas, éstas tenían que considerarse, no obstante, como arquetipos, es decir, como motivos psíquicos difundidos umversalmente.
Así pensaba yo todavía en 1971, cuando el prestigioso Journal ofthe Society for Psychical Research de Londres me envió un ejemplar de reseña del libro The Cathars and Reincarnation. Desde mi época de universidad yo era miembro de esa sociedad empapada en tradición, que había investigado científicamente, por ejemplo, las capacidades de médium y telepáticas, como también las manifestaciones sobrenaturales. Renée Hayes, la editora del Journal, sabía exactamente que mi interés en tales asuntos estaba condimentado con una sustanciosa pizca de escepticismo.
Como se comprobaría más tarde, la lectura de The Cathars and Reincarnation de Arthur Guirdham, tenía para mí el carácter de un suceso "sincrónico", porque en el libro se describía un camino que más tarde yo mismo tomaría (Jung entiende por "sincronía", entre otras cosas, una coincidencia que más allá de su directo significado evocador, tiene, además, un significado personal mucho más extenso).
Para la comprensión del título del libro, tal vez deba agregar que los cataros; también llamados muchas veces albigenses; eran una secta herética que en la Edad Media estaba difundida en Italia y en el sur de Francia. Esta herejía encontró una cantidad tan grande de adeptos, que la iglesia organizó finalmente una verdadera cruzada para su destrucción. Quizá no deja de ser interesante saber, que exactamente esa cruzada, en cuyo transcurso, más de un millón de personas fueron quemadas o masacradas de alguna otra manera, dio vida a la llamada Santa Inquisición.
El psicoterapeuta Dr. Guirdham, relata en su libro acerca de una paciente que le había relatado toda una serie de escenas de suefio de la vida cotidiana francesa del decimotercer siglo. En sus sueños aparecían en forma muy detallada, realidades históricas poco conocidas. Las declaraciones correspondientes fueron confirmadas más tarde por especialistas franceses en cataros. El mismo Guirdham tuvo sueños semejantes después de algún tiempo y finalmente llegó a la conclusión, que su paciente y él habían sido una pareja en la terrible época de la guerra de los albigenses y que habían sido quemados juntos.
Como psicoanalista en formación, pensé con todo eso inmediatamente en el conocido fenómeno de la especialidad, de "transmisión" y "contratransmisión". En la llamada transmisión, afloran los sentimientos inconscientes que el paciente le manifiesta al terapeuta y se habla de contratransmisión, cuando en la reacción del terapeuta fluyen hacia el paciente sentimientos inconscientes comparables. En un buen análisis, el analista debiera notar bastante rápido si algo así ocurre con el paciente o con él mismo. En caso de que el terapeuta no se dé cuenta de los procesos correspondientes, los dos sufren una folie á dewc, una autodecepción común.
Algo parecido escribí yo también en mi reseña del libro de Guirdham, y Renée Hayes compartió mi opinión. Guirdham escribió a continuación una serie de otros libros acerca de amigos cataros reencarnados y toda la historia adoptó cada vez más el carácter de una serial de reencarnación.
Una vida pasada no exactamente gloriosa
A principio de los años sesenta yo me dediqué en forma cada vez más intensa a la psicología de C. G. Jung y por medio de eso olvidé completamente a Guirdham, a los cataros y a la reencarnación. En Í976 me establecí finalmente en los Estados Unidos, exactamente en Vermont. Yo había conocido y apreciado ese hermoso Estado durante un curso de tiempo limitado en la Universidad de Vermont en Burlington y había decidido abrir un consultorio psicoterapéutico en esa localidad.
Por primera vez después de mucho tiempo, me vi nuevamente confrontado con el asunto de existencias anteriores, cuando uno de mis colegas me preguntó si estaría dispuesto a probar junto con él, una técnica que supuestamente debía permitir recordar una existencia anterior. Yo estaba escéptico, pero sin embargo, me mostré dispuesto a participar en el experimento. En el transcurso de mi formación profesional junguiana, yo había aprendido mucho acerca del trabajo con visualizaciones e imágenes tipo ensueño, en un relajado estado meditativo. ¿Por qué no se debería probar?
Hay que imaginarse cómo estaba yo de sorprendido, cuando ahora, ocho años después de aquella reseña, estaba acostado en un sofá de una apartada granja de Vermont y veía primero imágenes confusas y luego imágenes cada vez más vividas y finalmente me encontré no sólo en el sur de Francia, ¡sino en medio de la guerra de los albigenses! Ahí yacía yo entonces, el analista junguiano en ejercicio, y tenía visiones que según mi formación profesional eran absolutamente imposibles. Si las visiones hubieran mostrado coincidencias con las historias reproducidas en el libro de Guirdham, ciertamente mi escepticismo habría despertado de inmediato. Pero la historia que se desarrollaba ante mi ojo interior, no tenía que ver en ningún caso con la persecución de las damas y los señores de la baja aristocracia de Languedoc. Totalmente al contrario. Yo experimenté, como yo, casi gruñendo, contaba la historia de un campesino mercenario bastante rústico de esa época.
Esa personalidad pendenciera y no especialmente delicada que aparentemente yo era ahora, provenía originalmente de la zona austral de Ñapóles y acabó finalmente en el ejército papal, reclutado por el rey de Francia para la subyugación de la herejía en el sur de su país. En la
identidad de ese contemporáneo totalmente poco atractivo, yo participé en algunas de las masacres más perversas, en cuyo transcurso, los habitantes de ciudades francesas completas fueron despedazados y quemados en la hoguera en nombre de la iglesia.
Las imágenes de esos primeros recuerdos me persiguieron durante años, y después de otras tres regresiones de dos horas, se bosquejó una historia con la que en ese entonces me podía identificar tan poco como ahora. Pero extrañamente, esa historia me ayudó a comprender mejor algunos fragmentos sumamente irritantes de torturas y crímenes, que me habían aparecido repetidas veces en el transcurso del afio, en sueños, en meditación o en sueños diurnos espontáneos. Con ninguna de las terapias a las que hasta ahora me había sometido, me había acercado ni siquiera de lejos a esas imágenes. Y el final de la historia presentaba una explicación para una fobia que me había perseguido durante toda mi vida, que era justamente el miedo al ruego. El mercenario, que según todas las apariencias yo había sido, había desertado precisamente después del término de un asedio, se había unido a los herejes y finalmente él mismo había sido capturado y quemado en la hoguera.
Cuando reflexioné más y más acerca de la historia, se juntaron también otros fragmentos de mi desarrollo personal, nuevamente como un todo. Ya de adolescente yo había desarrollado una actitud muy cínica frente a todas religiones ortodoxas, especialmente al cristianismo. Me resultaba difícil considerar la iglesia como algo diferente a una institución autoritaria y dogmática, que les niega a las personas el derecho a encontrar su propio camino y a aprender de errores. Pero en forma todavía más consecuente, siempre había rechazado todas las variedades del militarismo y había apoyado los objetivos pacifistas. Incluso me negué a ingresar a los exploradores (scout) y justamente por dos motivos que cuando era adolescente no podía precisar en absoluto. ¿Era posible que desde la temprana juventud hubieran surgido en mí repetidamente recuerdos inconscientes de determinados aspectos de las brutales experiencias de aquel soldado?
Cuando se me hacía consciente la "existencia" de ese soldado en forma más dolorosa, era cada vez que recordaba una pelea en la que había estado envuelto una vez en la escuela a la edad de doce años. Yo me había trenzado un día en una pelea en nuestra sala de clases, con un joven al que consideraba un hipócrita, en forma tan violenta, que otros cuatro jóvenes tuvieron que separarme de él. Esa vez, de preferencia yo habría matado a mi adversario. Por eso me juré entonces, no permitir nunca más en el futuro un ataque de rabia así, ya que una parte de mí comprendió lo fácil que podía dejarme convencer para matar.
¿Pero por qué mi recuerdo "preexistencial" tenía que resultar justamente tan doloroso? ¿Por qué mi memoria no me entregaba una "vida pasada" más estimulante, romántica o alentadora?
Con toda seguridad eso tenía un poco que ver con que durante el tiempo de mi formación profesional como analista junguiano en Zurich y a través de mi meditación durante años, yo había aprendido a probarme una y otra vez a mí mismo. Jung insistía en que un futuro analista primero tenía que someterse él mismo a un análisis, para no proyectar a los futuros pacientes sus rasgos característicos menos agradables. "Médico, cúrate a ti mismo", dice hasta hoy la máxima suprema de todos los psicoanálisis freudianos o junguianos. Jung formuló esa idea en una parte, incluso en forma más radical: "No encontramos la iluminación evocando ante nuestros ojos interiores figuras de luz, sino llevando la oscuridad a la luz de la consciencia".
En el transcurso de los análisis a los cuales me sometí en Inglaterra y en Zurich, yo había comenzado nuevamente a apoderarme de muchos fragmentos de mi parte menos simpática, violenta, furiosa y brutal, es decir, de la "sombra" de mi Yo social, agradable y responsable, o, en la jerga junguiana, de mi "persona". Así por ejemplo, yo le había echado al vuelo ya durante años en mis sueños, un corto vistazo a mi mercenario una y otra vez, pero esas imágenes tan sólo se pusieron realmente vividas e irritantes, en cada "vuelta a recordar". En esa ocasión se me aclaró nuevamente, que el trabajo analítico y autoanalítico, como quiera que se lleven a cabo individualmente, es una tarea de vida y que el diploma o certificado de promoción de una
universidad renombrada, no testifican absolutamente nada acerca de la madurez psicológica de una persona. Hasta hoy lucho interiormente con ese soldado y con su culpa que sigue ejerciendo influencia. Él me acompaña como una sombra y representa para mí, como Jung tan bien lo expresó, "un problema moral que coloca toda la personalidad ante un desafio".
Más tarde supe, que la mayoría de las personas cuando son retrocedidas por primera vez a estados "preexistenciales", casi nunca tienen recuerdos a tal extremo cargados de violencia y repulsivos. En general, se puede decir perfectamente, que nuestro inconsciente; en el cual, como creo actualmente, están almacenados nuestros recuerdos "preexistenciales", tal como los arquetipos y nuestras experiencias olvidadas de la infancia; nos confronta solamente con aquellos recuerdos "preexistenciales" que podemos procesar e integrar en la estructura de nuestra personalidad consciente. En personas que anteriormente ni se han sometido a una terapia larga ni han meditado intensivamente, tales acciones de volver a recordar resultan la mayoría de las veces, totalmente inofensivas al principio. Los principiantes que ni están bajo presión ni sufren de neurosis, se ven la mayoría de las veces en una identidad pasada que se puede asimilar y procesar relativamente fácil. Así debería ser en todo caso.
En los talleres que dirigimos mi esposa Jennifer y yo, hacemos recordar con frecuencia a los participantes el símbolo oriental del "guardián del umbral", un monstruo aterrador que no pocas veces se ve en la entrada de los templos, junto a mándalas sagradas o a imágenes de meditación. Esos guardianes simbolizan nuestro miedo y están para impedirnos descender a zonas de nuestra psiquis, para las cuales todavía no estamos preparados. Estemos conscientes de eso o no, todos nosotros tenemos un guardián del umbral interior, que cuida que no descendamos demasiado profundo muy rápidamente. Existe una sutil economía interior del desarrollo emocional y espiritual, que garantiza que cada uno avance con la velocidad adecuada para él, y los guardianes mencionados vigilan que no nos exijamos demasiado.
La importancia de esas figuras interiores se hace muy evidente, cuando aprendemos a comprender nuestros sueños.
Yo relato la historia de mi primera "vuelta a recordar", y justamente, tanto como un ejemplo de advertencia para los que son demasiado despreocupados, como también para darles ánimo a aquellos que están dispuestos a hacer el viaje de reconocimiento.
Cada trabajo psicológico que tiene contacto con los niveles profundos del inconsciente, saca por lo general a la luz, sentimientos poderosos, recuerdos irritantes e imágenes extrañas. Tales contenidos psíquicos, no pocas veces impresionantes, son a menudo considerados por los no conocedores e incluso por los expertos, como síntomas de la locura clásica. Quien se dedique a la investigación de estados preexistenciales, debe saber que probablemente abre la caja de Pandora, ya que con eso se pueden liberar fuerzas que sólo podemos controlar en forma limitada. Por esa razón estoy firmemente convencido, que las regresiones a estados "preexistenciales" solamente deberían ser inducidas por expertos con una formación psicoterapéutica completa. Por fin, tales regresiones no son un juego de sociedad, aun cuando los procedimientos correspondientes puedan parecer muy simples a primera vista.
Sin embargo, en el transcurso de ese inusual proceso, se presentan, sin ninguna duda, experiencias que pueden ser de importancia fundamental para el desarrollo de la personalidad de la respectiva persona. No es una exageración cuando digo que a algunos de mis pacientes, una o dos regresiones preexistenciales los han llevado a un enfoque de la vida totalmente cambiado. Ninguna otra disciplina psicológica que conozca le ofrece al cliente en la misma forma, la posibilidad de confrontarse consigo mismo tan desnudo y puro y de encontrar de vez en cuando el propio problema principal comprimido en una historia única.
Así, por ejemplo, me consultó una vez un hombre de negocios muy exitoso, que se señalaba a sí mismo como una persona que interiormente se encontraba bajo una constante presión. Ese hombre tenía permanentemente la sensación de no parecer lo suficientemente fuerte y seguro de
sí mismo. Él me describió cómo se castigaba con permanente exceso de trabajo, a pesar de sus sobresalientes éxitos profesionales. Además, él había tenido accidentes en su vida repetidas veces, desde pequeños hasta medianamente serios; por ejemplo, se había quebrado un tobillo, luego la cadera y más tarde un hombro y una muñeca. Cuando una vez volvió a lastimarse el hombro, tenía la inexplicable sensación de que le ocurría una injusticia y pensó: "¿Por qué siempre yo?"
Cuando lo llevé a una existencia anterior, que de alguna manera estaba relacionada con su existencia actual, su cuerpo se puso de repente duro como una tabla, él puso tensa la mandíbula, apretó los puños y profirió las siguientes palabras:
"No tiene sentido. De todos modos no puedo hacer nada. No soy lo suficientemente fuerte. No lo suelto. No lo suelto. Ya no puedo sostenerme. No quiero morir. Me caigo... "
Él volvió a vivir los últimos dolorosos momentos de un soldado que colgaba de una roca hacía un precipicio y ya no tenía fuerzas para subirse. Otro soldado que era sádico, estaba muy cerca de él y lo ofendió: "Tú eres débil. Tú no eres bueno. Si realmente fueras fuerte, entonces lo lograrías". Cuando el soldado con el que se identificaba mi cliente no logró subirse, su "camarada" lo golpeó con la culata del fusil en la cabeza y él cayó hasta matarse y quedó tendido abajo, destrozado sobre las rocas.
En los últimos angustiosos momentos antes de soltarse, él tuvo los siguientes pensamientos:
"Esto es una prueba... He fracasado. No he sido lo suficientemente fuerte. Me avergüenzo. Habría podido rendir más. No habría tenido que morir. No volveré a hacer eso. No volveré a rendirme nunca más. Todo, menos volver a fracasar. No me rendiré nunca más".
La muerte, tal como él la volvió a experimentar, llegó rápidamente, y después que terminó la
titánica lucha, su cuerpo se puso flácido de improviso. A él se le cayó la venda de los ojos cuando vio que toda su vida era una repetición incesante de los pensamientos del soldado moribundo: "No volveré a rendirme nunca más. Todo, menos volver a fracasar. No me rendiré nunca más". El se dio cuenta que durante toda su vida se había dejado dominar por esos pensamientos y que ahora tenía la oportunidad de cambiarlos y que ya no estaba condenado por mucho tiempo más a volver a vivir una y otra vez aquella antigua historia que ya no tenía nada que ver con él.
Dramas inconclusos del alma
Desde hace como diez años he guiado una y otra vez a clientes y colegas a través de sus experiencias preexistenciales y con eso tampoco he desatendido la investigación de mi propio mundo interior. Con eso he llegado a convencerme que esta técnica es uno de los instrumentos más concentrados y efectivos de que dispone la psicoterapia; aparte de las drogas psicodélicas.
No cada cliente experimenta de inmediato dramas como el del "precargado" hombre de negocios mencionado anteriormente; pero casi todos con los que he trabajado, pueden designar una de las dos formas en las que experiencias preexistenciales ejercen influencia sobre la conducta actual. Primero, ellos experimentan frecuentemente la personalidad con la que se identifican en la regresión preexistencial, como un "otro Yo" del que tienen la difusa sensación, que siempre ha estado en alguna parte en el fondo de su consciencia. En una parte de la sesión pregunto a menudo: "¿Le parece conocida esa personalidad?" Y sin importar si el cliente se ha visto en la regresión como esclavo rebelde, empleada de cocina deprimida, tirano arrogante,
admirador sumiso de una dama o charlatán amable, todavía no he recibido otra contestación que una respuesta dada con un suspiro o con una sonrisa intranquila: "¡Oh, sí, lo (o la) conozco!"
Y segundo, casi todos tienen la sensación inequívoca, de que en la vida actual ocurre una vez
m ás la "historia" que de alguna manera todavía no ha concluido:
- Una cliente, por ejemplo, no podía tener hijos, porque sobre ella todavía pesaba la culpa de
haber abandonado a un bebé, en una ocasión en que había escasez de víveres.
- Un hombre joven se acuerda que como sirviente de mujeres ancianas a las que estaba sujeto
por contrato, fue humillado sexualmente y de ahí en adelante prefirió la compañía masculina, un modelo que se manifiesta en su vida actual en sus relaciones homosexuales.
- Una mujer que en su vida actual ha traído tres hijos al mundo, sufre de contracciones
premenstruales extremadamente dolorosas; en ese contexto, ella se acuerda de una vida en una tribu nativa, donde falleció durante el nacimiento de un niño.
Cualquier otra existencia que experimentemos en forma regresiva; por corta o fragmentada que pueda ser la experiencia respectiva; es una parte de un otro Yo. Nuestra personalidad no es justamente un todo uniforme, sino más bien tiene muchas capas, lo que no significa, sin embargo, que esté dividida, en el sentido del lenguaje psiquiátrico. Tal vez sus numerosas capas se pueden comparar más bien con las capas de una cebolla. Si miramos dentro de nuestras existencias pasadas o si nos ocupamos con nuestros sueños, sacamos, en cierto modo, capa por capa de esa cebolla.
Para Jung, tal como para Freud, el sueño era el mejor camino hacia el inconsciente. En nuestros sueños hay numerosas "identidades", muchas personalidades secundarias. Jung, tal como Fritz Perls (el fundador de la terapia de Gestalt), estaba convencido de que la mayoría de las personalidades que aparecen en nuestros sueños, no son nadie más que nosotros mismos. Yo puedo soñar con mi madre o con mi padre, con mi abuelo o con mi jefe y, sin embargo, siempre sueño solamente de mí mismo. Yo también tengo una madre en mí. ¿De lo contrario, cómo podría cuidar a mi pequeña hija como una madre? Yo puedo tratar a la manera de un jefe a las personas con las que tengo que ver. Me puedo sentir como un verdugo si quiero matar a alguien, o en mis sueños un hombre que quiere matarme corre con un arma de un lado para otro. Cada una de esas figuras es un otro Yo, otra parte de mí, y todas esas "personalidades" diferentes están presentes en nosotros. Yo me he dedicado durante años al trabajo teórico y práctico con los sueños. Pero la interpretación de los sueños no es ni fácil de enseñar ni de aprender, ya que exactamente como cada uno de nosotros tiene una letra característica, tenemos también estilos típicos de sueños. Yo dirigí durante muchos años grupos de sueño y no lo encontré simple. Yo tenía que aprender a conocer y a interpretar el estilo de sueño de cada uno de los miembros del grupo para poder ayudarlos a obtener acceso a sus sueños. Cuando después empecé a trabajar con la técnica de volver a recordar, constaté que también las experiencias preexistenciales contienen material parecido, un material que también podemos aprender a interpretar, sin la ayuda de un especialista en símbolos. Cuando en una de esas experiencias se manifiesta una existencia pasada, entonces su significado es de inmediato evidente para nosotros, porque tales experiencias son "historias". No es difícil comprender una historia. Es más difícil entender un sueño. Para eso se necesita práctica. Por lo tanto, los próximos capítulos consisten en indicar un nuevo acceso a las ideas de Jung de la multiplicidad del inconsciente. Yo prefiero trabajar con historias que con sueños, porque esas historias de "otras vidas" nos ayudan a aceptar las numerosas "personalidades" de las cuales está compuesta comúnmente la naturaleza humana.
Para proporcionarle al lector una impresión de la amplitud total de los problemas humanos que se han mencionado en mi trabajo terapéutico con regresión preexistencial, deseo presentar a continuación algunas de esas molestias psíquicas.
La inseguridad y el miedo al abandono están frecuentemente ligados al recuerdo de un abandono preexistencial en la niñez, a una separación durante una crisis o una guerra y a la pérdida de los padres. Los afectados experimentan también, cómo son vendidos como esclavos o cómo están expuestos a morir en tiempos de escasez de alimentos,
Depresión y debilidad de voluntad. Esas sensaciones se relacionan muchas veces con recuerdos preexistenciales de la pérdida de un ser querido o de uno de los padres, de una pena no superada, de ideas de suicidio, de desesperación a raíz de una guerra, masacre o deportación.
Las fobias y miedos irracionales se presentan en conexión con todas las experiencias traumáticas posibles de existencias anteriores: Muerte por medio del fuego, por ahogo o estrangulación, por medio de animales, cuchillos, insectos, catástrofes naturales, etc.
Los problemas de conducta sadomasoquista están comúnmente ligados con recuerdos de torturas, frecuentemente en conexión con la pérdida de la consciencia y con un elemento sexual. El dolor y la rabia parecen eternizar el odio y las ansias de vengarse de la misma manera.
El complejo de culpa y el de mártir van acompañados normalmente con recuerdos preexistenciales del asesinato de una persona cercana o de la responsabilidad por la muerte de otro (por ejemplo, en un incendio): El propio hijo es ofrecido en sacrificio a los dioses, o se ordena la muerte de otra persona sin ningún motivo, etc. El pensamiento principal es frecuentemente en esos casos: "Todo es error mío". Yo lo he merecido".
Dificultades materiales y molestias al comer. Las personas que sufren esas dificultades, experimentan a menudo en la regresión, una existencia en la que tienen que pasar hambre y en la que viven en un desorden económico o en una pobreza ineludible. Signos externos: Anorexia, bulimia, obesidad.
Los accidentes, la violencia y la brutalidad física están conectados la mayoría de las veces con recuerdos de experiencias de combate en vidas anteriores como soldado, o con volver a experimentar luchas pendientes por el poder o aventuras interrumpidas. Esos síntomas se presentan frecuentemente en adultos jóvenes, es decir, en una edad en que, visto históricamente, muchos hombres jóvenes han encontrado la muerte en la guerra.
Los conflictos familiares se observan la mayoría de las veces, en personas que tienen que arreglar cuentas, todavía de una vida anterior, con sus padres, hijos o parientes: Fraude, abuso de poder, disputas de herencias, rivalidad, etc. La mayoría de las veces los cuadros sintomáticos contienen todos los aspectos del complejo de Edipo descrito por Freud.
Problemas sexuales y abusos sexuales. Las personas que sufren de problemas de frigidez e impotencia y de infecciones genitales, tienen con frecuencia recuerdos de historias de vidas en las cuales ocurrían violaciones, abusos y torturas. Muchas experiencias de incesto y de abusos de niños, resultan ser la repetición de antiguos modelos de experiencias preexistenciales, en las cuales estaba bloqueada la expresión de los sentimientos.
Problemas matrimoniales. Se remontan a menudo a existencias anteriores, en las que los dos cónyuges actuales tenían también una relación íntima, pero provenían de diferentes ambientes y categorías sociales. Frecuentemente, uno de los dos era en la recordada vida anterior, por ejemplo, amante, esclavo, prostituta o concubina y también los papeles de sexo estaban repartidos muchas veces a la inversa.
Molestias orgánicas crónicas. En personas que tienen ese tipo de molestias surge muchas veces intensamente el recuerdo de que están en existencias anteriores, que han sido heridos en una de las extremidades o en la espalda, o incluso que han sido muertos por medio de la aplicación de violencia en alguna de esas partes del cuerpo. La terapia puede aliviar en gran parte los dolores en esas zonas. Los dolores de cabeza están conectados a veces con decisiones intolerables que fueron necesarias en una existencia anterior. Las molestias en la zona de la garganta tienen su origen, no pocas veces, en denuncias verbales anteriores o en pensamientos tácitos. Las úlceras
se remontan de vez en cuando a experiencias preexistenciales de horror, los dolores de garganta a ahorcamientos o estrangulamientos.
Naturalmente está claro, que un cliente puede sacar a la luz varios de los temas mencionados al mismo tiempo y en diversas combinaciones, Pero cómo se trabajan en la terapia tales temas, lo describiré detalladamente más adelante. Por el momento, esta lista de temas, naturalmente incompleta, es suficiente para proporcionarle al lector una impresión de lo que aproximadamente hay que imaginarse acerca de la regresión preexistencial y de que en ningún caso se trata de un juego entretenido de sociedad.
"Rebirthing" y regresión
Después de la primera vez que "volví a recordar" la existencia del mercenario francés medioeval, decidí seguir experimentando con esa técnica. El colega mencionado y yo, realizamos una y otra vez sesiones terapéuticas, durante un año por lo menos, cambiando los papeles. Poco a poco otros colegas también se pusieron curiosos y de esa manera fundamos un pequeño grupo experimental. Formamos seis pares terapéuticos donde tenía que trabajar el uno con el otro, y nos pusimos de acuerdo para reunimos cada catorce días para intercambiar experiencias. Como tres de los miembros de los grupos eran lectores apasionados, convinimos en leer todo lo que pudiéramos encontrar acerca de preexistencias o reencarnación; desde el Libro Tibetano de la Muerte, los libros de Seth, hasta Dick Sutphen. También probamos las diversas técnicas de regresión, acerca de lo cual había unos pocos libros en ese tiempo, escritos por psicólogos o hipnoterapeutas.
En lo que a mí respecta, después que había trabajado la visión del militar medioeval, apareció el recuerdo, esencialmente más amable y pacífico, de un seftor feudal bretón del siglo catorce. Después siguió una serie de existencias dedicadas al militarismo y principalmente a los viajes, que se alternaban con vidas anteriores monásticas o sacerdotales. Los diferentes recuerdos parecían incluso estar estructurados y oscilaban entre existencias de extrema actividad y aquellas de tranquilidad y aislamiento. Yo tenía la impresión que mi dinámica emocional se reflejaba muy claramente en esas cambiantes experiencias y que mis vivencias preexistenciales también podían aclarar muchos de mis intereses y aversiones preferidas.
Nuestro informal grupo experimental se agrandó a una nueva dimensión, cuando decidimos someternos todos juntos al extraordinariamente efectivo procedimiento terapéutico del "Rebirthing", una técnica que había desarrollado Leonard Orr en California. El Rebirthing es un proceso muy intensivo de la respiración cuasíyoga y produce una liberación de sentimientos., opiniones y recuerdos, como también de estructuras corporales manifiestas, que supuestamente están relacionadas con el llamado trauma del nacimiento. Aunque antes también había conocido terapias para disolver bloqueos de energía corporal causados emocionalmente; es decir, técnicas cuyos fundamentos ya había puesto Wilhelm Reich en los años treinta con su revolucionario trabajo; tuve que constatar que el Rebirthing abordó en mí, zonas todavía más profundas.
Para mí fue una experiencia inquietante entregarme por completo a mi respiración, y ésta culminó con lo que sufrí en mi paso por el canal uterino: vomité, me sofoqué y lloré, mientras temblorosas corrientes de energía sacudían mi cabeza, mis brazos y mis piernas. Yo llegué a un nivel completamente nuevo de emociones profundamente arraigadas, que no había sido nunca tocado ni por el psicoanálisis ni por la terapia de Reich, Lo más sorprendente fue, sin embargo, cuando me escuché murmurar: "No quiero salir a ese mundo". Mi terapeuta de Rebirthing me preguntó: "¿Por qué no?". Y en mí afloró rápidamente la visión de mi cuerpo mutilado que yacía sobre un montón de cuerpos demacrados en un hoyo. Y comencé a llorar de nuevo, amargamente
y de manera incontrolable, como si fuera sacudido por un sufrimiento cósmico que no solamente me afectara a mí, sino a toda la miseria de la humanidad. Para mí fue de inmediato evidente, que en cierto modo, "yo" acababa de abandonar el cuerpo maltratado que había visto, que era el cuerpo de un comunista alemán antifascista, que a principios de los años treinta (todavía antes del comienzo de la criminal persecución a los judíos) había muerto en un campo de concentración alemán. Cuando después estudié a fondo ese tema un par de veces más, llegué a la asombrosa conclusión de que yo ya había llegado depresivo al mundo y que todas las experiencias infantiles posteriores que había desenredado minuciosamente en el psicoanálisis, evidentemente no eran la verdadera causa de mi depresiva actitud principal, sino que mi depresión se remontaba más bien al profundo pesimismo y a la desesperación que "me" habían dominado poco antes de mi muerte en 1933.
Yo había conocido dimensiones terapéuticas totalmente nuevas y repentinamente vi también el origen de nuestros sufrimientos psíquicos de otra manera, e incluso tuve que examinar mi concepto de personalidad. Pero hasta el momento en que discutíamos en el grupo nuestras experiencias ampliamente coincidentes, todavía no nos habíamos dado cuenta en absoluto de sus extensas consecuencias.
Sin que nuestro pequeño grupo de Vermont supiera algo de eso, otros dos investigadores, el Dr. Stanislav Grof del instituto Esalen y el Dr. ¡Morris Netherton de Los Angeles, también se ocupaban con los puntos de contacto entre el trauma del nacimiento y las regresiones preexistenciales, y se vieron una y otra vez confrontados con la circunstancia de que esas dos experiencias se reflejan entre sí. Tal como Grof ha recalcado todavía últimamente, la disposición para penetrar en las capas profundas de los traumas emocionales, es típica de un nuevo tipo de psicoterapia, que él denomina "terapia de experiencia". Después he escuchado que también Grof necesitó algún tiempo hasta lograr liberarse de ciertas teorías psicoanalíticas de desarrollo y declararse a favor de la orientación de la psicología designada actualmente en forma general como "transpersonal".
Grof llegó a ese cambio de punto de vista, no tanto por medio del trabajo con las técnicas de Rebirthing o de la regresión hipnótica, como más bien en el marco de sus extensas investigaciones con LSD, aunque en sus talleres en Esalen aplica también, entre tanto, el método de la respiración catártica; un procedimiento que se acerca mucho a los ejercicios que se practican con el Rebirthing. Él ha coleccionado también numerosas historias de casos de clientes, que durante el trabajo terapéutico relatan acerca de experiencias preexistenciales.
El Dr. Morris Netherton, que hay que considerar como uno de los investigadores revolucionarios de las posibilidades terapéuticas de los recuerdos preexistenciales, había hecho igualmente durante años una y otra vez la experiencia, que determinados aspectos del trauma del nacimiento, invariablemente activan también traumas preexistenciales en el inconsciente. Así sucede, por ejemplo, que personas que vuelven a experimentar cómo han sido heridos en la cabeza con el fórceps al nacer, vuelven a recordar al mismo tiempo, una muerte producida por una herida en la cabeza en otra vida. Esos rastros de recuerdos se encuentran con especial frecuencia en personas que sufren de dolores crónicos de cabeza en su vida actual.
A medida que he ido desarrollando mi propio estilo de trabajo con el correr de los años, he adoptado naturalmente muchos elementos de reconocida importancia psicoterapéutica El lector profesional de este libro notará rápidamente, que en mi concepción no solamente estoy influenciado por Jung, sino también por la terapia de Gestalt, la técnica del psicodrama y por Wílhelm Reich. En el cuarto capítulo hablaré más detalladamente de mi propio método psicoterapéutico. Pero primero quiero simplemente describir una sesión de terapia, hasta cierto punto típica, en mi consultorio, para que también el lector que nunca ha participado en un taller de preexistencia, reciba una impresión algo clara de ese suceso. El caso que se describe a continuación no es ni especialmente complejo ni terriblemente dramático, pero pone muy bien de
manifiesto toda la extensión e intensidad del proceso. En el comentario agregado yo deseo discutir algunos de los asuntos filosóficos y psicológicos con los que la mayoría de las veces me veo confrontado, cuando los interesados en nuestros talleres toman contacto por primera vez con el fenómeno de la regresión a una preexistencia y de la reencarnación.
2. La terapia de preexistencia
¿Qué más ves tú en el oscuro pasado y en
el abismo del tiempo?
Shakespeare, La tormenta I, 2
El inconsciente es la historia no escrita de la humanidad
desde tiempos inmemoriales.
C. G. Jung, Acerca de la psicología occidental y la religión oriental
La historia de Peter: Un trabajador temporero
del siglo diecinueve
Es lunes en la tarde. Sobre la gruesa alfom bra de nuestra sala de estar de la antigua granja que
se encuentra en el Estado de Nueva York, están sentados en círculo, los miembros de un pequeño
grupo. Se trata de un grupo relativamente nuevo de terapia de preexistencia. Un joven, de
constitución física más bien débil, al que llamaré Peter, está acostado sobre la alfombra con los
ojos cerrados. Su cuerpo está levem ente arqueado. Él dirige la cabeza hacia el lado y hace una
mueca. Sus puños están apretados, su mandíbula esta tensa.
El grupo acaba de hacer un breve ejercicio que consistía en que cada uno encuentre la imagen
de una personalidad de otra vida, con la que se pueda identificar. En el transcurso de ese ejercicio
dirigido de im aginación realizado con los ojos cerrados, cada uno de los presentes debía
imaginarse por poco rato, que era otra persona, de otra época y con otro cuerpo. Después que
todos los participantes habían relatado en pocas palabras acerca de sus imaginaciones (llegaban
desde una mujer italiana en una iglesia hasta un esclavo rom ano), el grupo decidió ocuparse
intensivamente con la imagen del joven.
"Yo soy un joven de más o menos quince, dieciséis años", dice él, con la mandíbula tensa al igual que antes, "y ese granjero me golpea ".
"¿ Y qué más sucede? ", pregunto yo.
"Ahí están los dos trabajadores de la granja. Me sujetan de los brazos mientras él me golpea. Yo odio al hijo de puta ".
"¿Quieres llorar?"
"No ", contesta él, siempre con la mandíbula apretada. A ninguno de los presentes le pasan inadvertidos el dolor y la indignación que se marcan claramente en su desfigurado rostro.
"¿Qué dirías, si es que puedes revelarlo? ", quiero saber de él.
Quiero matar al cerdo. Yo no tengo derecho a defenderme contra él, pero él puede golpearme cuando tiene ganas. ¡Te odio! ¡TE ODIO! Quiero irme de aquí, pero no puedo. Él me mataría".
Entre tanto Peter yace allí respirando con dificultad y maldice al granjero, que por lo visto lo tortura sistemáticamente. Lo animo por un momento a dejar salir totalmente su rabia y a expresar realmente lo que harían de preferencia sus apretados puños.
"Ya estoy harto de ti, cerdo. Yo te mato. Te muelo a palos. Antes te tenía miedo, pero ahora soy más grande que tú. Podría matarte ".
Mientras él se retuerce en el suelo gritando, su respiración se hace más profunda y los nudillos de sus dedos se ponen blancos. Son necesarios solamente empujones leves de mi parte, hasta que toda la historia sale de él a borbotones. Así tanto está cautivo en ese momento por su experiencia interior.
"Yo soy solamente un ayudante en esa granja y soy todavía muy joven; pero soy grande y fuerte. De alguna forma estoy ligado legalmente a ese hombre. Todo sucede en Missouri. No puedo acordarme de mis padres. Yo creo que murieron cuando yo todavía era un niño. Nunca he podido soportarlo a él, porque siempre solamente me manda de un lado para otro, pero nunca he dicho nada. Pero hoy fue demasiado. Él dijo que yo tenía que darle alimento a las gallinas y yo dije que no. Entonces me golpeó en la cara y yo le di un puñetazo. El ya no está a mi altura y por eso hizo venir a dos de sus hombres para que me sujetaran. Ellos me toman de los brazos y me aprietan contra una cerca y él va a buscar su látigo para caballos. Él me golpea (se retuerce y se contrae), pero yo no digo ni una palabra".
Ahora, como el joven echa afuera su odio gritando, relaja visiblemente su cuerpo y también su mandíbula y sus puños se aflojan en forma notable. Él ha expresado su odio con palabras y con eso ha disminuido un poco sus sentimientos estancados. Ahora Peter se pone paulatinamente más tranquilo y más pensativo.
"Yo no sé lo que he hecho. Tengo que haber supuesto algo. Eso no es correcto. No tengo derecho a decir que no ".
Ahora que él se tranquiliza otra vez lentamente, me doy cuenta que habla con un acento que llama mucho la atención, muy diferente a como de costumbre. Y cuando él sigue contando su historia, su voz suena de repente entre amarga y burlona y él mira de una manera muy extraña, siempre solamente hacia un lado.
El resto de su historia es claro y al mismo tiempo confuso. Él no ha aprendido nunca a leer, y amargado por su humillante castigo, abandona finalmente la granja con diecisiete años de edad, cuando muere el granjero. No estando ya ligado a otra persona por medio de una ley, él deambula de un lado para otro dentro del país, como trabajador temporero y marginado social. Por un tiempo trabaja en una mina, pero él es tan silencioso y raro, que pone nerviosa a la gente: "Ellos creen que no estoy muy bien de la cabeza", dice él. El deambula durante años, casi durante toda su vida, hasta que finalmente muere a los cuarenta y ocho años, poco después del cambio de siglo, en un hospital para pobres ubicado en alguna parte del oeste medio.
Como su historia presenta grandes vacíos, yo le pregunto: "¿Hay todavía algunos sucesos importantes que quieras tratar más detalladamente?" Cuando yo insisto un poco, él relata; siempre con los ojos cerrados; acerca de un prado lleno de dientes de león, donde hay una casa.
"Yo voy hacia esa casa del frente, donde vive una mujer. Los hombres de la ciudad odian a esa mujer. Ellos me dan dinero para que yo la golpee y la amenace de muerte. Ahora yo estoy frente a la casa. Ella me invita a entrar y me ofrece pasteles. Ella es muy amable conmigo; es la primera persona que ha sido amable conmigo alguna vez en mi vida. No sé si puedo hacer eso, pero estoy muy agitado. Los hombres estaban convencidos de que yo soy lo suficientemente loco como para hacerlo y quizá lo pueda hacer realmente. Voy a la cocina. Es una casa grande. La mujer dice que me veo raro. Eso me hace enojar. Le grito que la voy a matar. Ella solamente se
burla de mí. Entonces me enojo realmente. Yo la golpeo. La bandeja con las tazas de té vuela por
el aire y yo la golpeo muy duramente. La he matado. ¿Qué debo hacer? No quiero irme, pero tengo que hacerlo. Arrastro su cuerpo detrás de la casa y lo arrojo a un estanque. Entonces me voy de ahí. Jamás me descubrieron. Nunca le conté a nadie de eso ".
De los ojos de Peter salen lágrimas: "La anciana era la única persona que ha sido amable conmigo alguna vez. Fue la primera vez que me trataron bien. Yo no tenía a nadie, a nadie ".
Toda la soledad de ese marginado, su terrible humillación de la granja, el arrepentimiento acerca del crimen, su hambre de un poco de calor humano, todo eso aflora en él y lamenta su malograda vida.
Todos los presentes están afectados profundamente. Yo coloco una mano sobre el hombro de Peter, cuya regresión todavía continúa. "Ahora todo ha pasado, tú puedes soltarlo", digo yo.
Ahora Peter se encuentra nuevamente en la cama del hospital.
Ahora me voy. Ahora he salido de mi cuerpo y veo cómo yace abajo en la cama. Oh, qué solo estaba ese cuerpo, cuan cargado de rabia. Ese es también el motivo por qué nunca pude mirar a alguien a la cara. Yo estaba indignado con todo el mundo. Y la mujer ha recibido lo que yo había acumulado en todos los años... Yo estiro los brazos. Allá arriba hay un ángel. Él viene a buscarme ".
Peter sonríe y yo le doy tiempo para ocuparse por algunos instantes, en su experiencia después de la muerte, con lo que el ángel significa para él. Luego le pregunto: "¿Qué tiene que ver la historia con tu vida actual, Peter? "
"Siempre he tenido problemas con arrebatos de cólera", dice él, "y estoy fascinado con la violencia y la guerra". Una parte de mí tiene miedo de que pudiera propasarme cuando me pongo tan furioso. Y con personas de la autoridad me encaro frecuentemente".
"¿Podría ser que todavía hoy llevas en ti algo de ese hombre? ", pregunto yo. Oh, sí, podría ser perfectamente. También en esta vida soy bastante solitario ".
Después hablamos un poco acerca de lo importante que es compadecer al hombre por sus dolores y su miserable existencia. Pero ante todo le aclaro a Peter, que ya no necesita dejarse determinar en su vida actual, por las experiencias de esa otra existencia infeliz. Peter ve que inconscientemente se ha encarado una y otra vez con personas de la autoridad, para vengarse por las humillaciones que pertenecen en realidad a la existencia de aquel trabajador y no a la suya propia.
Finalmente Peter abre los ojos y echa un vistazo por el cuarto. Lo recibe un círculo de rostros bastante afectados. Él sonríe: "Me siento bien", dice él, como si quisiera reanimar a los otros. "Ahora me siento totalmente distinto". Toda la "vuelta a recordar" ha durado aproximadamente cuarenta y cinco minutos, pero a la mayoría de nosotros le ha parecido mucho más larga.
El transcurso típico de una sesión
terapéutica de preexistencia
Aunque el retorno de Peter se llevó a cabo dentro de los marcos de una sesión de grupo, en su transcurso no se diferencia esencialmente de una típica sesión individual. Habitualmente yo comienzo con una interrogación y trato de averiguar de qué problemas agudos y crónicos sufre el cliente. En la primera sesión me hago relatar detalladamente la historia de vida del paciente; desde el nacimiento, pasando por la infancia, hasta el presente, con lo cual anoto las eventuales
enfermedades y experiencias traumáticas. Luego hago hacer al cliente un sencillo ejercicio de relajamiento con los ojos cerrados y me concentro durante el desarrollo de la sesión, en un punto que me parezca especialmente central. De vez en cuando incito al paciente a dirigir su atención a una imagen, a un recuerdo fresco o a una persona y a decir todo lo que se le ocurra de eso, como si tuviera que ver con una situación real. Pero tal vez le doy también a la persona, o a las personas, según la manera de la terapia de Gestalt, una frase que esboza con precisión el estado emocional respectivo o que incluso lo hace más intenso, como por ejemplo: "Ya me basta. Déjame tranquilo." Pero también a veces concentramos nuestra atención en molestias corporales concretas, como por ejemplo, dolores de espalda o contracciones estomacales, y trabajamos entonces con las imágenes que surgen de esa zona corporal.
En cuanto las imágenes, descripciones y emociones se hacen más plásticas, le propongo al cliente que se deje involucrar por sus sensaciones, en una historia preexistencial o "de este lado". Yo aclaro, por ejemplo: "Da totalmente lo mismo, si usted cree en la reencarnación o no. Solamente entréguese a la historia como sí fuera verdadera, por el tiempo que dure la sesión".
Muy pronto la persona se siente trasladada a otro cuerpo y a otra personalidad y relata una historia con toda claridad. En esa fase le pido al cliente, de acuerdo con las reglas del psicodrama, que viva otra vez con toda claridad, los sucesos y los momentos decisivos más importantes de aquella otra vida; con eso yo parto de la suposición, que todo el efecto catártico y liberador se puede lograr justamente en esos puntos de conflicto. Cualquier cosa que la persona saque a la luz, sea confusa, incoherente o violenta, yo la dejo vivir completamente sus experiencias internas. Si en el punto culminante de una de esas historias se llega, por ejemplo, a una muerte violenta, entonces pongo atención en que ese suceso se viva con clara consciencia en el plano físico, y justamente según el principio utilizado muchas veces con éxito en el tratamiento de neurosis de guerra, de que nosotros simplemente podemos soltar un trauma recordado.
En la mayoría de las sesiones trato de completar el recuerdo de una historia de vida, dejando que el cliente pase por la muerte de la personalidad respectiva. Eso produce una sensación de entereza y, lo que es más importante, de liberación. La experiencia de la muerte le ofrece a la persona la posibilidad de abandonar en forma consciente los pensamientos, sentimientos y temores obsesivos y constantemente repetitivos de ese otro Yo. En la fase que viene después de la muerte, se presenta generalmente la oportunidad extremadamente valiosa, de comparar los temas de la vida pasada con los problemas no resueltos de la vida actual. Tal como Peter, todo cliente es incitado a considerar la historia como terminada ahora, como un modelo que no necesita repetir más. Naturalmente, con eso también se tropieza con aspectos dolorosos e incluso vergonzosos de aquel Yo, con los cuales hay que confrontarse. En el lenguaje junguiano, ese proceso se podría designar como "confrontación con la sombra"; con lo que se quiere referir a la observación de rasgos característicos desagradables y muchas veces negativos, que no son reprimidos por mucho tiempo.
Porque yo insisto constantemente en que el cliente experimente la historia de la vida pasada en forma completamente sensorial; y no solamente desde la posición de un observador distanciado; con frecuencia se llega a contracciones y contorsiones corporales, sin las cuales no podría ocurrir una liberación espontánea de las energías bloqueadas. Transpiración, escalofríos, calambres, apariciones ocasionales de parálisis, dolores punzantes, sensaciones eróticas, estupor, temblores y picazones, están completamente a la orden del día en ese contexto. Yo le explico al cliente que eso se trata de la liberación de energías bloqueadas a través de antiguos traumatismos. Los traumatismos manifestados corporalmente pueden venir del nacimiento o de una vida anterior o de una operación en esta vida; con frecuencia son incluso causados por los tres factores juntos. Lo que sea que haya sido la causa, se incita al cuerpo a abandonar la perturbación o el trauma. Aunque eso le pueda parecer alarmante o incluso un poco disparatado a un observador que por primera vez está presente en una sesión, se ha comprobado repetidamente que ese aflojamiento