Una historia tragada tan dolorosa como la precedente, exige también de los terapeutas un alto grado de vigilancia. El hecho de oscilar de un lado para otro entre recuerdos en el vientre de la madre, reyertas de mediana intensidad y experiencias preexistenciales, es de vez en cuando bastante desconcertante, por decirlo moderadamente. Justamente por eso se sucumbe repetidamente a la tentación de recurrir a tales categorizaeiones psiquiátricas como "episodio psicótico" o "personalidad límite", lo que por lo menos le proporciona al terapeuta la posibilidad de neutralizar en cierto modo imágenes que atentan contra nuestra idea de experiencia racional o sana. Considerado desde otro punto de vista, también se pueden entender esos fragmentos de historias, como una llamada de auxilio que viene de las profundidades de un alma que busca entendimiento y sentido. Yo mismo también me veo amenazado de perder la orientación en la corriente de palabras e imágenes que en esas ocasiones brotan desde el inconsciente del cliente, cuando cada vez no tengo nuevamente presente el carácter multidimensional de la psiquis. Para no perder de vista esa circunstancia, durante el trabajo terapéutico dirijo en cierto modo, repetidamente mi mirada a la Rueda del Loto. Sin importar si en el momento nos encontramos en el círculo biográfico, perinaíal o preexistencia!, constantemente trato de estar consciente de que la psiquis produce sus propias resonancias y que de esa manera libera sensaciones e imágenes, que nos conducen paso a paso al núcleo del complejo respectivo. Yo ayudo al cliente solamente a no perder la apreciación global en el torbellino de sensaciones, hasta que esté otra vez más tranquilo.
Pero no obstante, las experiencias de nacimiento descritas anteriormente, como también las experiencias de muerte que se describen a continuación, tal vez le proporcionen al lector una impresión de que en la zona de conexión entre los tres aspectos transpersonales de la psiquis; la dimensión preexistencial, arquetípica y perinatal; ocurren resonancias simbólicas extraordinariamente sutiles. Totalmente independientes de nuestra experiencia personal, durante el paso a estados del Más Allá a través de la muerte, aparecen imágenes muy parecidas a las que también se presentan en el nacimiento, al pasar del mundo del Más Allá al mundo de este lado.
Entretanto sabemos, que los tormentos que han acompañado nuestras muertes anteriores muestran grandes concordancias con aquellos sufrimientos que padecemos durante nuestro nacimiento. Además, actualmente se sabe que los estados más o menos felices de después de la muerte muestran grandes concordancias con las situaciones más o menos felices de después del nacimiento. Stanislav Grof ha hecho una lista de muchas de esas concordancias y se las ha asignado a su esquema de las cuatro matrices básicas perinatales. Ese esquema presta buenos servicios para la clasificación provisoria de experiencias psíquicas, pero adolece un poco de su exagerado sistema. Pero en algunos casos es metido a la fuerza en forma demasiado simultánea en el "cajón" perinatal.
De este tema ya se ha hablado muchas veces en el Libro Tibetano de la Muerte, aquel conocido manual psico-espiritual del momento de la muerte, que está disponible en occidente desde hace más o menos medio siglo. Después que había estudiado minuciosamente ese libro y
los comentarios correspondientes, desarrollé una teoría, quizás un poco simplificada, de cómo se relacionan entre sí, el nacimiento, la muerte y el Más Allá, La interpretación tibetana supera las matrices perinatales de Grof y mi propio modelo de la Rueda del Loto, porque ésta, como componente de una auténtica metafísica, es al mismo tiempo abierta y dinámica y se ocupa de manera muy específica con el proceso de nacimiento y reencarnación.
Los lamas budistas del Tibet, en cuyos ojos todo es, al fin y al cabo, una forma de espíritu o consciencia, designan como bardo los estados de consciencia modificados o especialmente intensos. La palabra bardo se usa para indicar ciertos estados intermedios de la psiquis. Pero los tibetanos han observado no sólo uno, sino varios bardos, que corresponden muy exactamente a los estados que nosotros tratamos de mantener separados en el trabajo con experiencias preexistenciales y perinatales. Así por ejemplo, existe un bardo para el momento de la muerte, un bardo de las visiones después de la muerte, un bardo para el anhelo de volver a nacer y un bardo del estado intrauterino, que conduce al nacimiento. Además, los estados de sueño, de meditación y de iluminación suprema se identifican con determinados bardos.
Mientras más me he ocupado con el texto original y con diversos comentarios y he reflexionado acerca de mis propias experiencias con clientes, más simple y substancial se hizo la imagen que me agobiaba, es decir, la imagen de un ciclo. Por eso, a continuación deseo exponer lo que hay que imaginarse según mi opinión, de lo que en oriente se llama la Gran Rueda de las Existencias.
EL CIRCULO DE LAS REENCARNACIONES
1. La experiencia de la muerte: Los lamas tibetanos indican reiteradamente la importancia de los
últimos momentos de la consciencia encarnada. Tal como ya hemos constatado en el capítulo anterior, en el momento de la muerte nos encontramos en un estado de receptividad especialmente intenso, y eso conduce a su vez, a que en nuestra consciencia que se desliza hacia el Más Allá se graben en forma especialmente profunda los pensamientos y sentimientos que surgen en esa situación de transición. En el lenguaje de la tradición religiosa-espiritual de la India, también se podría decir que los samsaras son especialmente intensos en el momento de la muerte y por consiguiente causan un karma correspondientemente intenso. Según la opinión de los tibetanos, por esa razón es de importancia decisiva que acompañemos al momento de la muerte con la consciencia más clara posible. Naturalmente una muerte tranquila es especialmente favorable, ya que solamente así podemos lograr abandonar nuestros deseos y anhelos dirigidos a esta vida y mantener pequeña la dimensión de nuestro karma. Pero como ya hemos visto muchas veces en las exposiciones anteriores, ocurre lo contrario con bastante frecuencia. Muchas personas mueren solas o con dolores; con pensamientos amargos, desesperados o de venganza, que después actúan en existencias futuras como semillas de nuevos complejos.
2. Por eso, el "momento de la muerte" no sólo se experimenta en forma especialmente intensa
en el aspecto psíquico, sino que también le ofrece al moribundo la posibilidad de liberarse de ataduras kármicas, por medio de una excepcional claridad de consciencia. Cuando una persona muere de una muerte violenta, pero acepta su destino como justificado y no guarda ni resentimientos ni sentimientos de venganza, entonces sus futuras existencias no estarán cargadas ni con algún karma ni por medio de samsaras. El valor del recuerdo de vidas pasadas también consiste en parte, en que en esa ocasión las estructuras negativas de pensamientos y sentimientos que se han podido registrar en el momento de la muerte, se ponen ante la consciencia, se desenganchan del complejo samsárico y de esa manera se debilitan. Así por
ejemplo, hemos visto que Edith, con el recuerdo de su muerte como anarquista rusa; a pesar de la pérdida de sus brazos y piernas; pudo liberarse del pensamiento "No usaré nunca más mis brazos y mis piernas".
Aunque en este libro no se encuentran ejemplos al respecto, quiero, no obstante, mencionar brevemente, que los tibetanos conocen un bardo especial, en el que puede entrar el moribundo en el momento de la muerte. Ese plano de la consciencia que sólo pocas veces se logra, se designa también como estado de iluminación suprema. Quien es capaz de elevarse hasta ese plano, no sólo se libera de ciertas consecuencias kármicas, sino simplemente de todos los karmas. En estado de iluminación el moribundo no sólo ve la clara luz del vacío; de la cual muchos captan solamente una corta visión; sino que se fusiona completamente con ella. Ese acontecimiento, que según los budistas trasciende de una vez por todas la Rueda de la Reencarnaciones, se designa también como la "gran senda vertical" (2 a). En el
Shvetastáshvatara-Upanishad, uno de los escritos sagrados del hinduismo, se describe muy bien
ese proceso. Allí dice:
Este universo inconmensurable es una rueda sobre la que se encuentran todas las criaturas que están sometidas a la muerte y a la reencarnación. Ésta gira incesantemente en círculo. Es la rueda de Brahmán. Mientras el alma individual se cree separada de Brahmán, gira en círculo con la rueda en forma permanente. Pero cuando esa alma, por la gracia de Brahmán, se identifica con éste, entonces no sigue girando en círculo con la rueda. Ella obtiene inmortalidad.
3. Visiones después de la muerte: Este bardo describe el estado de la consciencia después que ha
abandonado el cuerpo. En esa fase pueden ocurrir visiones breves de la clara luz del vacío, pero éstas se van extinguiendo rápidamente. Después aparecen otras imágenes, que de una u otra manera tienen que ver con la vida terrenal recién terminada. En el próximo capítulo hablaré detalladamente de las experiencias después de la muerte de varios de mis clientes, de las cuales unas pocas son dolorosas, pero en su mayoría son agradables. En esa fase se observan frecuentemente figuras blancas brillantes, que son designadas por los tibetanos como divinidades pacíficas. Esas figuras ayudan a los fallecidos a obtener claridad acerca de las lecciones kármicas de su vida pasada. Visiones demoníacas, designadas por los tibetanos como divinidades furiosas, ocurren, según mi experiencia, solamente en casos excepcionales. Así por ejemplo, una de mis clientes tuvo; en conexión con el recuerdo de una vida como soldado especialmente violenta; una visión de la diosa de la muerte Kali, destrozando cuerpos y bebiendo sangre.
4. Como "Gravitación kármica" se designa el estado que los tibetanos caracterizan como bardo,
"que tiende a la reencarnación". Con ese término se ha querido hacer referencia al magnetismo característico de los complejos kármícos, es decir, éste describe todos aquellos pensamientos y sentimientos no liberados y condensados como samsaras, cuya dinámica presiona por encarnarse nuevamente en forma humana. En esta fase ya no existe la posibilidad de revisar esos pensamientos y sentimientos con ayuda de guías espirituales e/o imágenes del propio karma, en un plano puramente visionario. Ahora es tiempo para la consciencia de "buscar un regazo", como dice en forma totalmente prosaica en el Libro Tibetano de la Muerte.
Una y otra vez he observado que la gravitación kármica hace uso habitualmente, de una u otra forma, de la resonancia simbólica de los residuos samsáricos. Una herida con espada, o lleva directamente a otra vida con impedimentos físicos, o al útero de una mujer que en el parto tiene que someterse a una cesárea, por ejemplo. O también, la imagen de un niflo, muerto con mucho sufrimiento en una situación de violencia, se graba en la psiquis y transfiere directamente a la persona que está recordando, a una existencia en la cual ella misma tiene que sufrir de la misma manera como niño. Si no nos dejamos trasladar a una determinada escena de una existencia
anterior directamente con ayuda de resonancias simbólicas, sino seguimos todo el proceso de muerte y reencarnación, podemos observar el momento de nuestra propia "concepción" (5) de la manera descrita en el Libro Tibetano de la Muerte. Vemos entonces cómo copulan nuestros futuros padres y nos sentimos atraídos hacia el que tiene el sexo opuesto al nuestro; tal como lo describió Freud en relación con el complejo de Edipo, pero naturalmente desde otra perspectiva.
6. En el útero, la consciencia atraviesa por un estado-bardo especial, como lo han reconocido tan
sabiamente los tibetanos. De la ilustración del ciclo cósmico, pero también de las explicaciones anteriores de este capítulo, se puede deducir rápidamente la razón. El intemporal estado intrauterino es representado en el gráfico como un descenso lento a la existencia encarnada. En esa fase, en que se escucha profundamente, los samsaras preexistenciales (6 a) son revividos nuevamente por los pensamientos, por las palabras y por los procesos positivos o negativos en la consciencia de la madre.
7. El "momento del nacimiento" representa un paso abrupto desde el bardo de ese sentido
intemporal en el vientre materno, a la completa encamación terrenal. El gráfico muestra muy claramente, cómo todos los samsaras causados por muertes desdichadas y dolorosas se agrupan alrededor de ese peligroso pasaje a través del canal del parto. Ese proceso representa la experiencia que cierra el ciclo total, como Grof lo comprobó en sus exámenes. Tal como en los críticos momentos de la muerte, en esa situación se pueden despertar enormes cantidades de restos kármicos y disolverse con apoyo de especialistas.
8. Experiencia postnatal: La lucha de vida o muerte se ha aguantado. Las horribles experiencias de muerte reactivadas en el suceso del nacimiento, han pasado y el bebé se impregna de una sensación de liberación. Muchas veces ésta es nuevamente una fase de consciencia intensa, comparable al momento de la muerte. Con frecuencia ocurren experiencias trascendentes del querido recuerdo de la madre y el padre y en un acto de reconocimiento intuitivo, la pequeña persona "sabe" repentinamente por qué ha regresado nuevamente, o experimenta un estado de alegría extático, casi divino. En otros casos, la conocida palmada del obstetra, las claras luces y el nitrato de plata en los ojos, terminan de un golpe todas las sensaciones paradisíacas. Todo el cuerpo cae en un estado convulsivo de conmoción. Otra vez se reactiva y se pone en escena una antigua estructura kármica en el inconsciente. Ese drama se presenta entonces en el escenario totalmente mecanizado que la moderna técnica médica prepara generosamente.
Pero lo peor es que muchos niños sufren en esa fase la profunda conmoción de la separación. Se trate de un parto prematuro o no, a muchos niños se les pone lejos de la madre, en una cama separada, con una luz de neón brillante, por largos lapsos de tiempo (por lo menos en la percepción subjetiva). A menudo se hacen revivir en esos niños, recuerdos de soledad, separación y abandono. O en caso de que complicaciones médicas requieran una urgente intervención quirúrgica o de otro tipo, aparecen ocasionalmente en el inconsciente del asustado y desorientado niño, recuerdos atormentadores de muertes de niños, sacrificios de niños o de un aborto.
Por mucho que se esfuercen los padres y los médicos para lograr condiciones ideales para un parto, la presión kármica de antiguas estructuras y traumatismos, evidentemente siempre se imponen a la fuerza. De una casa perfectamente preparada para el nacimiento, no pocas veces se pasa en tales casos, a una salvaje prisa en el hospital, o el parto óptimo planeado en una clínica no puede llevarse a cabo, porque las contracciones comienzan muy temprano e inesperadamente y ya no queda tiempo para llevar a la futura madre al hospital deseado.
Tales circunstancias y otras parecidas muchas veces forman parte del parto, exactamente como las figuras femeninas buenas y malas de las que repetidamente se habla en los cuentos. La
imagen tibetana del ciclo de los nacimientos, aclara en forma muy descriptiva que nosotros llegamos a veces sobre rosadas nubes de felicidad y a veces sobre negras nubes de miseria. De otra manera no podemos concebir el ineludible doble carácter de la existencia humana. Casi nadie ha conocido ese doble carácter mejor que el poeta inglés William Blake, que en uno de sus poemas escribió lo siguiente, acerca de inocencia y experiencia:
El ser humano está creado para la alegría y el dolor, y sólo si comprendemos bien eso,
vamos seguros por el mundo.
La alegría y el sufrimiento están tejidos finamente, y son un espléndido vestido del alma divina.