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Violación, venganza y el karma de la violencia

In document Las Muchas Vidas Del Alma[1] (página 117-120)

Anteriormente relaté acerca de dos mujeres, Melinda y Arlette, que habían sido seriamente afectadas en su actual vida sexual y en su creatividad, a causa de sus experiencias preexistenciales de violación. Melinda (capítulo seis), cuyo recuerdo de una violación a través del abuso que se cometió con ella cuando era una joven muchacha, había sido revivido nuevamente, era casi frígida sexualmente. La carrera de Arlette como cantante de ópera no avanzó (capítulo siete), en primer lugar, a causa del problema que tenía con su laringe, pero el recuerdo, grabado en su zona genital, de una violación durante un embarazo, había minado gravemente la confianza en sí misma frente a los hombres.

Cuando se quieren sanar experiencias preexistenciales de violación, depende decididamente de si la mujer respectiva recupera en la zona genital toda su sensibilidad y toda su consciencia, en caso de que esa zona del cuerpo se hubiera hecho insensible por medio del trauma. En ese contexto es de decisiva importancia, que el cuerpo de la cliente experimente otra vez las experiencias correspondientes, de acuerdo a los principios de la escuela de Reich, o sea, de la terapia de Gestalt. Pero en ese trabajo también se debería considerar el descubrimiento de Morris Netherton, de que en los recuerdos preexistenciales la consciencia se separa frecuentemente del trauma físico. Justamente eso ocurre muchas veces en caso de frigidez e impotencia. Melinda también es otra vez un buen ejemplo de esto. En la fase más intensa del recuerdo de su violación, de pronto su pelvis se pone tensa y sus piernas se ponen rígidas. Lo que en ese momento dice su lenguaje corporal es de una importancia decisiva.

"No quiero sentir esto. No les mostraré a ustedes que esto me gusta " (pelvis y genitales). "No me toquen. Váyanse. Yo los mato. Los pateo " (piernas). "No quiero ver esto. Nada de esto es cierto " (cabeza).

Su cabeza, su cuerpo y sus sentimientos, se encuentran todos juntos en una trágica disputa recíproca. Una parte de sus genitales siente deseo al principio; a lo que su consciencia responde con sentimientos de vergüenza; pero dentro de poco rato eso se transforma en terribles dolores que ella naturalmente no quiere sentir, Al mismo tiempo surge en ella una rabia que no puede expresar y reprime en su inconsciente la terrible confusión de sentimientos, pensamientos y sensaciones que retumban en ella. La experiencia, que ahora se ha hecho inconsciente, que según las leyes del karma algún día tiene que salir nuevamente a la superficie, afecta desde ese momento la capacidad de Melinda, de soportar o incluso de disfrutar la intimidad sexual.

Otro ejemplo de, hasta qué punto los traumas genitales preexistenciales pueden perjudicar permanentemente la vida sexual y la sensibilidad genital de una persona, es Gwen:

Gwen era una joven mujer, que por el miedo a la penetración sexual, regularmente destruía su relación con los hombres. Ella tenía, además, miedo de estar sola y temía que nunca tendría hijos. Primero ella experimentó en la regresión, una vergonzosa y dolorosa penetración uretral para examinar una afección de la vejiga, que se la había practicado a la edad de seis años. Eso provocó a su vez un recuerdo de una existencia en la que era una campesina que roba un bebé, cuando se da cuenta que es estéril. Ella es arrestada y le cauterizan los genitales con un fierro candente. Después la arrojan por el resto de su vida a un oscuro calabozo que está en algún lugar al final de la ciudad y la dejan vegetar con pan y agua. Esa horrible historia se escondía detrás de su miedo a los contactos sexuales, a un embarazo y a la soledad.

Si se interpreta la historia como un suceso lineal, entonces nuestro karma tendría en realidad que aumentar cada vez más de existencia en existencia. Las infamias y las crueldades frente a las mujeres, por las que (en la mayor parte) los hombres se han dejado llevar a través de la historia; especialmente en la época del cristianismo y del colonialismo occidental; se han fijado en el inconsciente colectivo, en forma de terribles sentimientos de culpa. En su pesimista trabajo acerca de la cultura, El Yo no descubierto, C, G. Jung también se refiere a esos "crudos" hechos y asegura que en el inconsciente colectivo "nada desaparece para siempre y nada se puede recompensar" y que "ninguno de nosotros puede escapar a las sombras más oscuras de la humanidad". De la incineración de brujas, pasando por los campos de concentración, hasta los ""desaparecidos" sin dejar rastros en la actual Sudamérica, no hay nada moralmente constructivo que relatar, y tenemos que realizar un considerable trabajo de consciencia, si queremos liberarnos de la presión colectiva interior de esas crueldades y no cometer nuevas atrocidades.

Algunas mujeres; pero también hombres, han tenido que luchar obviamente contra experiencias más duras de violencia sexual que otras. En el lenguaje de C, G. Jung se podría decir de esas personas, que ellas podrían contribuir en forma especial a la toma de consciencia por parte de la humanidad, ya que ellas participan más que el resto en lo que él llamó sombra oscura, que pesa sobre la humanidad. Sin embargo, para los hijos de madres o padres que han sufrido abusos infames, es con frecuencia muy difícil escapar del interminable espiral de violencia, que engendra cada vez nueva violencia. Actualmente es ampliamente conocido, que adultos que abusan sexualmente de niños, casi siempre han sufrido también abusos cuando niños. W. H. Auden ha expresado esa idea en un deprimente día del año 1939, de la siguiente manera: "Aquellos a los que se les ha cometido maldad, replican esa maldad con nueva maldad".

Aunque personalmente no he trabajado en instituciones sociales, en las cuales tales circunstancias están a la orden del día, con mucha frecuencia he escuchado historias de horror de mis clientes, en las que relatan haber sido golpeados repetidamente o haber sido seducidos o haber sido sometidos a otras crueldades físicas o emocionales cuando niños.

Una atractiva mujer de aproximadamente cuarenta años de edad, de buena situación, que llamaré Yvonne, fue vejada sexualmente por su padre ya a la edad de tres años. Cuando ella tenía siete años, él la obligó a satisfacerlo oralmente en una pequeña pieza. Así continuó durante algunos años. Ella tenía demasiado miedo de hablar con alguien acerca de esos sucesos. Cuando tenía once años se lo reveló a su madre, quien se negó a creerle. Su padre todavía se permitió en esa oportunidad la perversa satisfacción de golpearla, porque supuestamente había "mentido ". "Esto es el infierno total", explica ella mientras revive esas experiencias. Cuando tenía catorce años de edad y padecía justamente de dolorosos períodos menstruales, dos hombres y una mujer le administraron un sedante, le amarraron un lazo liviano alrededor de la garganta y la obligaron a efectuar sexo oral. Desde ese momento ella tuvo permanentemente dolores de garganta y de cuello durante su per iodo menstrual.

Cuando a los dieciocho años queda embarazada y sin haber terminado la escuela se involucra directamente en un matrimonio fracasado, tiene que escuchar de su padre que ella es una escoria. Desde los veinte años cae en violentos círculos de drogas. Ella ve cómo un hombre es asesinado y casi es víctima ella misma de un complot de muerte. Poco después se queman todas sus posesiones junto con su casa. Su vida sexual en esos años es insatisfactoriay vacía, lo que no asombra en vista de sus antecedentes. A toda esa desgracia se agrega también, que un día ella se da cuenta que tiene tumores cancerígenos en la zona del cuello y en los senos. Además, le dan que hacer sus problemas al corazón y sus dolores crónicos de espalda.

Aunque solamente trabajé con ella en pocas sesiones, los complejos kármicos que servían de base a toda esa violencia y a todo ese sufrimiento, afloraron en forma asombrosamente rápida. El primer síntoma somático que ella revivió en la regresión fue la sensación de asfixia que había sentido en aquella pequeña pieza con su padre. Su cuerpo tuvo en cierto modo que escupir el recuerdo de la relación oral con su padre. La resonancia simbólica ligada a esa sensación de asfixia la hizo retroceder directamente a su nacimiento, cuando ella había llegado a este mundo con el cordón umbilical amarrado alrededor del cuello. Después se vio en un recuerdo como un hombre que es ahorcado por asesino en el siglo dieciséis.

Su cuello y su espalda se retorcían de dolor cuando ella revivió su muerte de aquel entonces. Al mismo tiempo transcurrió toda su sangrienta historia de ese tiempo ante sus ojos interiores. Ella se vio en la identidad de un pirata que tenía mala fama y que a lo largo de su brutal existencia como pirata, se había degenerado hasta llegar a ser un monstruo sanguinario. Ese delincuente tampoco se atemorizaba ante sus fechorías de mutilar a otras personas, de castrarlas o de cortarles cualquier parte del cuerpo. Además, él mantenía una sumisa relación homosexual con el capitán del barco, que lo obligaba reiteradamente a realizar sexo oral. Finalmente él

mata al tipo, se retira y termina en un puerto como un bárbaro practicante de abortos. El es completamente cruel e incluso goza con extinguir vidas ajenas.

En la existencia siguiente, Yvonne se ve como una monja que es violada y atormentada sexualmente por soldados que andan saqueando; antes de morir le amputan los senos y la vagina. En otra vida más, se ve en la identidad de un despiadado gángster en el antiguo oeste de los Estados Unidos. Ese pistolero es muerto con un tiro en la mitad de la cara, por una mujer que anteriormente había torturado y violado. Eso no le causa mayores esfuerzos a Yvonne, para darse cuenta hasta que punto las cicatrices de aquellas existencias anteriores todavía estaban activas en ella y le habían producido repetidamente en forma inconsciente todas las experiencias de enfermedades y traumáticas; abusos sexuales, problemas en el cuello, cáncer, amenazas de muerte, etcétera. Ahora comprende que ella ha invitado, por así decirlo, a esos sufrimientos a su vida actual, como compensación por la culpa que se ha echado encima en existencias anteriores. Yo le pedí que visualizara una vez más a todas aquellas personas que había torturado cuando era pirata y les pidiera perdón. Cuando ella hizo eso, le salieron lágrimas. Después les pidió perdón a los niños abortados por ella y comenzó repentinamente a reírse alegremente. "Creo que ya he pagado por esas crueldades ", dijo ella. "Hace algunos años sentí el ansia inexplicable de ofrecerme como conductora de un autobús escolar. Yo odiaba verdaderamente esa actividad, pero de alguna manera sabía que no tenía que hacerle caso a mi resistencia interior. Soporté eso durante tres años y un día supe repentinamente que era suficiente. Tan sólo ahora comprendo para qué era necesario todo eso ".

Yo elogié a Yvonne de que ella, en el transcurso de nuestro trabajo terapéutico, se había esforzado con un éxito impresionante, por neutralizar las huellas kármicas de la violencia, que había traído a esta vida. Yo le expliqué que ahora era tiempo de querer y de honrar su cuerpo como templo del Espíritu Santo y no seguirlo tratando como campo de batalla kármico.

La recuperación de la fuerza:

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