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Espiritismo, ocultismo y teosofía

In document Las Muchas Vidas Del Alma[1] (página 36-40)

En la literatura, el comienzo del movimiento espiritista se ubica por lo general en el año 1847, porque en ese año, la familia Fox, que se había establecido en Hydesville, una pequeña ciudad cerca de Rochester en Nueva York, se instaló en una casa, en la que anteriormente se habían percibido misteriosos ruidos estrepitosos. Las dos hijas y la madre pronto se percataron que era posible tomar contacto con el supuesto fantasma, por medio de señales con golpes. Ellas desarrollaron incluso un código que les permitía hablar con el espíritu, y entonces éste les hizo saber, que en la casa había sido asesinado un hombre. Muy pronto se divulgaron los extraños

entonces, que también podían tomar contacto en otras casas con espíritus de personas fallecidas. Así se originó la moderna sesión espiritista. Efectuar sesiones espiritistas se hizo popular de un día para otro y muy pronto hubo numerosos imitadores. En poco tiempo comenzaron mesas a cambiar de sitio, objetos a volar por el aire y surgieron escrituras en las que seres espirituales invisibles le guiaban la pluma al médium que estaba en trance. Ya en 1853 la moda de los fantasmas había llegado a Inglaterra, Alemania y Francia. La segunda mitad de ese siglo fue entonces la era de los grandes médium, Florence Cook, Stainton Moses y Daniel Dunglas Home, los cuales realizaron todas las proezas paranormales posibles. También los seguidores de F. A. Mesmer, que ya habían reunido detalladas experiencias con estados de trance, apoyaron el nuevo movimiento.

El nuevo movimiento, que en los países anglosajones se designó como espiritualismo, recibió en Francia el nombre de "espiritismo". El espiritista francés más renombrado era el ex profesor Hippolyte Rivail, que bajo el nombre de Alian Kardec publicó en 1857 el famoso Libro de los

espíritus. En el libro estaba publicada una colección de mensajes obtenidos en trance, que Kardec

había apuntado en trabajo conjunto con dos médium femeninas en París. Esa obra llegó a ser el prototipo de todas las posteriores colecciones de mensajes "canalizados". Después el espiritismo se consolidó especialmente en Brasil, donde se mantiene con vida hasta ahora.

En el transcurso de mi dedicación a ese movimiento, me llamó especialmente la atención que la doctrina de la reencarnación primero tuvo importancia solamente en el círculo de espiritistas franceses, mientras que al principio todavía no se trataba el tema entre los espiritistas de habla inglesa. Los espiritistas anglosajones estaban interesados solamente en la supervivencia de los espíritus de los difuntos, pero no en su posible retorno a la Tierra. Para los espiritistas ingleses y estadounidenses, el asunto consistía evidentemente en primer lugar, en encontrar aquellas "pruebas" paranormales de una vida después de la muerte, que confirmaran sus ideas acentuadamente conservadoras ya existentes acerca de la continuación de la vida del alma. Así por ejemplo, el médium inglés D. D. Home atacó vehementemente la doctrina de la reencarnación difundida por los espiritistas franceses, y hasta el día de hoy muchos grupos espiritistas rechazan rotundamente la reencarnación. Tal como ha señalado Rene Guénon, el espiritismo francés se mezcló ya tempranamente con el pensamiento socialista, pero también al mismo tiempo con el renacido ocultismo. Los médium con los que trabajaba Kardec estaban muy posiblemente influenciados por el ocultismo, que era extraordinariamente popular en aquel entonces, y por las ideas correspondientes acerca de la reencarnación.

El ocultismo le debe su popularidad y su influencia al ex seminarista Alphonse-Louis Constant, que desde 1856 publicó varios libros sobre magia y "los grandes misterios", bajo el nombre de Éliphas Lévi. Lévi había estudiado la Cabala y además, a Jakob Bdhme, Emanuel Swedenborg y a muchos de aquellos teósofos y masones del siglo dieciocho, que se habían interesado especialmente por los misterios "egipcios" (también La flauta mágica de Mozart está inspirada por ese interés). En su juventud, Lévi había estado especialmente influenciado por las novelas "espirituales" de Balzac, Louis Lambert (1832) y La búsqueda del principio absoluto (1833). Como escribe el destacado teórico religioso Mircea Eliade, los libros de Lévi tuvieron "un éxito que actualmente es difícil de comprender, ya que no son otra cosa que una colección incoherente de trivialidades pretensiosas". No obstante, casi no existe un libro popular acerca de lo oculto o sobre magia que no haya sido influenciado de alguna forma por los escritos de Lévi.

Pero a pesar de todo eso, el ocultismo popular de Lévi entró directamente en las enseñanzas espiritistas de Kardec y por consiguiente llegó a ser a continuación, una fuente principal de todas las ideas occidentales acerca de la reencarnación. La rápida difusión de las opiniones de Lévi en la Francia contemporánea, es atribuible con toda seguridad a la circunstancia de que las numerosas rebeliones socialistas a las que se ha llegado desde la Revolución, han dado vida a

diversos movimientos socialistas y han inspirado a poetas como Víctor Hugo a escribir novelas sociales románticas como Les Miserables (1862). El concepto de reencarnación sostenido por Baizac, Lévi y Kardec, un alumno del gran reformador social suizo Pestalozzí; tuvo como consecuencia un fuerte dejo socialista. La doctrina de la reencarnación les entregaba a los pobres y a los golpeados por la vida, una aclaración por su oprimida situación y garantizaba por medio de su revolucionario sistema de la compensación kármica, que tanto a los pobres como a los ricos finalmente se les haría justicia.

0Pero cómo se extendió la doctrina de la reencamación desde Francia a los círculos de los

espiritistas anglosajones, que como hemos visto, eran conservadores desde el punto de vista metafísico? Para contestar esa pregunta tenemos que ocuparnos con la siempre cambiante figura de Madame Blavatsky, que era un médium que entraba en trance y ya desde muy temprano se había dedicado a fondo al ocultismo francés.

Cuando Madame Blavatsky, en 1873, en Chittenden, Vermont, quería formarse una impresión acerca de las facultades de dos conocidos médium, conoció a un tal coronel Henry Steel Olcott, que era un apasionado seguidor del espiritismo. Dos años más tarde, ambos fundaron en Nueva York la sociedad teosófica. En Isis Unveiled (1877), su primer gran libro, en el que se refirió principalmente a los misterios egipcios y a la tradición hermética de occidente (es decir, a la astrología y la alquimia), Madame Blavatsky todavía rechazaba la reencarnación. Ella sostenía la interpretación espiritista, según la cual el alma encuentra después de la muerte, un nuevo hogar en altas esferas espirituales. "La doctrina de la reencarnación", escribe ella, "infringe las leyes armónicas de la naturaleza". Sin embargo, cuando publicó en 1888 su libro La doctrina secreta, después de una permanencia de muchos años en la India, Madame Blavatsky había reparado entre tanto su punto de vista y ahora defendía repentinamente una versión cuasi budista-hindú de la reencarnación, que se acercaba notoriamente a la opinión de Kardec. En sus libros acerca del espiritismo y la teosofía, identificados por una gran especialización, Rene Guénon sostiene la opinión de que Madame Blavatsky había recibido directamente de Kardec, la enseñanza de la reencarnación, que era popular en Francia. En vista de los numerosos plagios que se le han podido comprobar a Madame Blavatsky, eso no sería especialmente sorprendente. Sin embargo, el robo espiritual no es en ningún caso el único comportamiento incorrecto de que se le acusa a Madame Blavatsky en el transcurso de su cambiante vida. Así por ejemplo, un empleado suyo disgustado, había revelado en Bombay que las llamadas cartas-Mahatma de su empleadora, solamente se podían "materializar" porque Madame disponía de un cofre equipado con una pared trasera falsa. Cuando se supo eso, la sociedad teosófica fue inicialmente desacreditada profundamente por un tiempo. Pero gracias a la personalidad extraordinariamente carismática de Madame Blavatsky, sus escritos obtuvieron al cambio de siglo, apenas diez años después de su muerte, la categoría de manifestaciones divinas y las doctrinas teosóficas siguieron cautivando a millones de personas.

El sueldo progresivo de la doctrina de la reencarnación (tomada de Kardec) no era en aquel entonces menos atractivo que en la actualidad. Ya que como ya he comentado en el capítulo anterior, la idea de que nos desarrollamos en este planeta de una vida a la próxima hacia una perfección cada vez mayor, muestra fuertes concordancias con el mito del progreso del siglo diecinueve y con las habituales visiones actuales de una nueva era denominada New Age. No obstante, esa idea no es otra cosa que un mito romántico occidental, que está lleno nada más que de optimismo y de fe en el progreso. La doctrina de la reencarnación, difundida en el hinduismo y budismo tradicional, es en cambio profundamente pesimista y sin puntos de vista históricos, como mostraré al tratar la dimensión religiosa del problema.

Una nota al pie de la página, bastante irónica, referente al repentino entusiasmo de Madame Blavatsky por la reencarnación, se puede leer en el conocido libro de C. A. Wickland Treinta

en esa obra, la persona de prueba toma contacto con el espíritu de la fallecida Madame Blavatsky. Como él quería solucionar de una vez por todas el asunto de la reencarnación, Wickland le pide al ilustre espíritu "del otro lado", declarar su opinión acerca de ese tema. La respuesta del espíritu fue supuestamente:

No existe la reencarnación. Yo he tratado en repetidas ocasiones de regresar como otra persona, pero no he podido. Nosotros no podemos reencarnarnos. Nosotros seguimos siempre adelante, pero no regresamos.

¿No habrá reflejado tal vez el médium de Wickland; aunque quizás inconscientemente; su negativo punto de vista referente al asunto de la reencarnación, típico de un espiritista? ¿O era efectivamente el espíritu de Madame Blavatsky que se había atrapado en su propia trampa del "progreso"? ¿O Madame Blavatsky sencillamente había cambiado otra vez su opinión, como tanto le gustaba hacerlo?

Por muy contradictoria que pueda ser la teosofía de Madame Blavatsky, en todo caso casi no hay un rincón de la metafísica "psíquica" en la que su doctrina no haya encontrado entrada. Tal vez con excepción del libro de Seth de Jane Roberts, casi no ha habido en el último tiempo un tratado metafísico acerca de la reencarnación, en el que no se pueda comprobar, directa o indirectamente, la influencia de esa dama. Los mensajes en trance de Edgar Cayce acerca del origen kármico de los sufrimientos psíquicos y físicos, ciertamente armonizan con dificultad con su declarado fundamentalismo cristiano, pero se sabe que Cayce en su juventud, cuando todavía trabajaba en una librería, virtualmente devoraba literatura ocultista y teosófica. Así, Cayce también es un ejemplo de cómo la ortodoxia y la heterodoxia; o el Yo consciente y el Yo inconsciente; pueden coexistir totalmente desligados en una misma persona.

No existe absolutamente ninguna duda de que el espiritismo, el ocultismo y la teosofía, le han ofrecido a miles de personas con facultades metafísicas o interesadas en el asunto, tanto una base metafísica para procesar sus experiencias, como también un ambiente social en el que tales personas puedan sentirse bien. En los pasados años, las investigaciones de científicos de religión y de antropólogos como Mircea Eliade, Michael Harner y Stephen Larsen, nos han hecho ver que un "vidente"; que en trance visita otras esferas, se encuentra con seres espirituales y demoníacos y adquiere poder de ellos; desde siempre ha sido considerado en las sociedades tradicionales, como especialista en asuntos sobrenaturales. En el occidente cristiano en cambio, los videntes y los curadores han sido atropellados violentamente desde el principio, cada vez por nuevas olas de intolerancia y por una cruel persecución. Desde la represión de los gnósticos durante el primer siglo cristiano hasta la persecución de los herejes y la manía de la existencia de brujas de fines de la Edad Media y de comienzos de los Tiempos Modernos, se ha demostrado una y otra vez, que las diferentes corrientes cristianas buscan impedir por todos los medios, una independiente búsqueda espiritual de la verdad. Incluso un místico tan importante como Meister Eckart fue excomulgado y al santo Juan de la Cruz le costó mucho escapar de la ejecución por parte de la Inquisición. De todas las grandes religiones, sólo las iglesias cristianas han rechazado siempre autorizar la formación de una tradición esotérica en sus filas. Por el contrario, el judaismo ha mantenido siempre una dimensión esotérica en forma de Cabala y no ha perdido nunca totalmente de vista la doctrina de la reencarnación.

A pesar de las reservas que tengo contra algunas corrientes paranormales, a causa de las imprecisiones y de la poca originalidad de sus doctrinas, no deseo de ninguna manera, poner en duda los extraordinarios logros de numerosos individuos dotados de facultades paranormales y la importancia de sus capacidades chamanísticas para una amplia comprensión de la psiquis humana. En su libro Lo oculto, Colín Wilson ha agrupado esas capacidades paranormales bajo el término de "Capacidad X"; con esa designación se ha querido referir a la capacidad psíquica

desconocida, de la que probablemente cada uno de nosotros dispone hasta cierto punto. Exactamente como podemos aumentar considerablemente nuestra capacidad visual y auditiva y nuestra sensibilidad táctil, así podemos también perfeccionar cada vez más la Capacidad X, según la opinión de Wilson y de dotados de aptitudes paranormales como Joan Grant.

De ahí que tal vez sea útil si nos imaginamos el alcance de la consciencía más o menos de la siguiente manera: Nuestra propia consciencia de sí mismo se extiende desde las percepciones sensoriales exteriores, pasando por las observaciones interiores de pensamientos, sentimientos e imágenes, que aparecen a voluntad o en forma espontánea, acerca de experiencias de comprensión intuitiva, hasta percepciones paranormales al otro extremo. Las personas que en nuestros laboratorios realizan ejercicios para el desarrollo de su intuición, con frecuencia constatan que en reiteradas ocasiones entran en contacto telepático con su pareja actual o con otros miembros de su grupo. De igual forma, terapeutas que trabajan con técnicas de imaginación, simbolismo corporal, sueños o energías etéreas, tienen a menudo visiones intuitivas, cuyo origen solamente se puede designar como paranormal.

Si hay algo en lo que los sensitivos tienen que ser considerados como expertos naturales, eso es el estado de trance. Tanto en la meditación como también en la hipnosis, hacemos uso del estado de trance para llegar, dentro del alcance, desde afuera hacia dentro. Pero las prácticas correspondientes también contribuyen al desarrollo de la Capacidad X, cuando se practican regularmente. El acceso de comunicación psíquica no está, por tanto, reservado solamente para los sensitivos, sino que todos nosotros estamos dotados con las capacidades correspondientes y podemos desarrollar nuestra sensibilidad relacionada con éste. Mientras más personas se liberen de los prejuicios incrustados, que desde hace siglos se les han hecho sentir a todo lo oculto, a los poderes mágicos y a los médium, más personas utilizarán y desarrollarán las respectivas capacidades. A muchas personas les resulta relativamente fácil volver a recordar existencias anteriores. Cuando mi esposa y yo, hacemos familiriarizarse a los participantes en nuestros talleres con nuestro método, obtenemos una cuota de éxito de 90 a 95 por ciento.

Pero también otros métodos, como por ejemplo, el "Silva Mind Control" y el DMA o las técnicas de hipnotismo respectivas, les enseñan a los pacientes más o menos directamente, que en cierto modo tienen que experimentar con sus facultades paranormales e intuitivas. Tales experimentos son por supuesto de naturaleza subjetiva, y ese es justamente el punto en el que el acceso de comunicación psíquica a vidas anteriores y a otras realidades, se diferencia del tipo de observación que trataremos a continuación, que es la parapsicología.

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