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Límites de la terapia de preexistencia

In document Las Muchas Vidas Del Alma[1] (página 176-178)

En esta parte yo podría alabar la terapia de preexistencia en los tonos más altos, como la única teoría verdadera. Podría asegurar que esta terapia también ayuda allí donde otros métodos han fallado, que ella proporciona nuevas visiones en la naturaleza de todos los síntomas corporales posibles, que ella reúne en sí numerosas disciplinas terapéuticas y nos abre un panorama tanto humanístico como transpersonal en la psiquis.

Sin embargo, esas pretensiones serían exageradas y falsas. La terapia de preexistencia no conduce en todos los casos a resultados positivos. A veces es incapaz. Tal como cualquier otro terapeuta, yo también tengo clientes a los que no puedo ayudar. En la vida de muchos clientes, la idea de ser un fracasado constituye el tema principal, por así decirlo. Y también en la terapia se ofrece nuevamente una "bienvenida" ocasión para confirmar ese antiguo patrón, con un "¡Se lo dije de inmediato! Pero en algunos casos la terapia de preexistencia también fracasa, porque el cliente respectivo se identifica tan absolutamente con un complejo, que no está dispuesto a desistir de esa identificación, ni en el plano de este lado ni en el preexistencial. Un hombre que en anteriores existencias había asesinado brutalmente y que en esta vida había abandonado a su esposa moribunda por cáncer, estaba tan profundamente identificado con su complejo de culpa; "Mi sufrimiento se justifica plenamente"; que no pude inducirlo en absoluto a perdonarse a sí mismo. En el lenguaje junguiano se podría decir tal vez, que ese hombre sufría de una negativa inflación y se veía como "el más grande de todos los villanos" y así tenía la sensación que tenía que sufrir hasta el fin de los tiempos, tal como el Eterno Judío Ahasver.

Ciertamente es verdad que el trabajo terapéutico de preexistencia en la forma descrita por mí puede traer alivio en caso de determinados síntomas físicos, pero sería precipitado sacar conclusiones generales de mis resultados personales en mi consultorio privado y en los talleres que dirijo, con respecto a su efecto psicosomático. En algunos casos he podido observar efectivamente una notable mejoría de molestias orgánicas crónicas, pero lo mismo también

pueden asegurar de sí, numerosos terapeutas del cuerpo que utilizan otros métodos totalmente diferentes. Gestiones terapéuticas de preexistencia que se basan en la suposición de que en nuestro cuerpo se encuentran almacenadas imágenes y experiencias, con frecuencia pueden llevar síntomas a otro plano y allí disolverlos. El método que aquí he presentado representa, no obstante, sólo uno de los modos de llevar mas transparencia a la relación cuerpo-alma.

En lo concerniente al eclecticismo de la terapia de preexistencia y a sus marcos filosóficos de un largo alcance extraordinario, se podría tal vez objetar que el procedimiento reúne en sí demasiados aspectos y que justamente allí donde otras terapias se distinguen por modelos de explicación sencillos y elegantes, ofrece una imagen poco abarcable. Más de alguno también considerará inadecuadas y de mal gusto, la utilización de terminología yoga y la introducción de una metafísica de la reencarnación. Otros críticos no podrán acostumbrarse intelectualmente a la idea de existencias anteriores, que les parece exótica. Para algunos clientes la terapia de preexistencia es demasiado intensa y demasiado abrumadora emocionalmente. Para ellos no es bueno cuando se liberan nuevamente las áreas más sensibles de su psiquis. Para ellos más bien es importante el aspecto personal de la relación terapéutica, para poder recuperar nuevamente confianza en la vida. Otros encuentran las técnicas de imaginación y el trabajo de profundidad demasiado difíciles o demasiado desmoralizadores. Pero por otro lado, para otros clientes es mejor intensificar su vínculo con esta vida, en vez de perder el rumbo en existencias anteriores, aun cuando puedan recordarlas sin esfuerzo. Otros pacientes más, pueden por cierto producir recuerdos sin gran esfuerzo, pero al hacerlo permanecen indiferentes emocionalmente y se ponen tensos físicamente. En tales casos yo aconsejo habitualmente visitar a un terapeuta corporal. Si el cuerpo no es activo y sensible, en las vidas recordadas sólo se reflejará la poca vitalidad emocional y física del cliente respectivo, es decir, se tratará de historias con monjes, ermitaños, expulsados y otras personas, cuya existencia simboliza separación, vacío, y aversión frente a una existencia corporal.

Hay por cierto, más categorías de clientes con los cuales sólo trabajo cuidadosamente con la terapia de preexistencia. Éstos son, en primer lugar, personas con tendencias esquizofrénicas, con los que la psiquis tiende de todos modos a coquetear con las numerosas subpersonalidades o a entregarse a ellas por completo. Tales clientes, la mayoría de las veces tratan rápidamente de hacer utilizables la teoría y la metafísica de la reencarnación de su propia filosofía privada. Sus teorías muchas veces realmente simpáticas, no rara vez resultan ser al final un intento de cerrar los ojos ante el simple hecho de que están vivos y presentes en este mundo.

Sin embargo, algunas cosas indican que las visiones y las voces que el esquizofrénico percibe interiormente, consisten muchas veces en fragmentos preexistenciales. Sin embargo, tales personas flotan permanentemente en el peligro de sobreidentificarse con ese tipo de fragmentos. Si las subpersonalidades que pueblan nuestro inconsciente deben ser integradas y llevadas a un equilibrio recíproco, es necesario para el propio Yo, un sentimiento que en personas normales lo lleva un Ego estable. Donde eso falta, no es posible una confrontación exitosa con el inconsciente. Por muy atractivas que puedan ser las personalidades preexistenciales para los esquizofrénicos, en nuestra vida, sin embargo, el Ego tiene que ejercer el dominio y estar en condiciones de juzgar y de evaluar correctamente la realidad presente.

Es característico de muchos esquizofrénicos, que en cierto modo niegan estar completamente presentes en esta vida, es decir, padecen de un sentido de la realidad subdesarrollado; por eso, frecuentemente es importante aplicar el trabajo terapéutico a su trauma de nacimiento. Su ausente sensación de Yo se debe, según mi experiencia, a que ellos nunca fueron traídos a este mundo completamente. En los pocos esquizofrénicos con los que he trabajado, reiteradamente se podía constatar una enorme resistencia contra el trabajo con el proceso de nacimiento. Yo supongo que esos clientes todavía se encuentran, en cierto modo, en un estado intrauterino, cautivos en un estado-Bardo sin cuerpo o solamente encarnado parcialmente, o "atajados" en

una de las matrices básicas de Stanislav Grof. Rudolf Steiner tuvo aparentemente una idea muy parecida. Él creía que los esquizofrénicos, es decir, personas que padecían de la enfermedad que en su tiempo se llamaba demencia precoz, eran almas encamadas de manera incompleta.

La otra categoría de clientes con los que puedo registrar poco éxito, es gente sana desde el punto de vista psicológico, que me ofrece las más diversas teorías acerca de vidas pasadas; probablemente recogidas de Cayce, Seth, de la teosofía o de un médium que han consultado. Mi desconfianza no está tan dirigida al origen de esas teorías, sino a la obstinación con los que esos clientes defienden su punto de vista. Las ideas y opiniones de las cuales ellos se declaran partidarios, no rara vez tienen un cierto carácter "curativo" y por eso tengo a veces la impresión, de que esos clientes quieren solamente tener confirmado por mí, lo que aparentemente ya saben de todos modos con toda exactitud.

Desgraciadamente, cualquier filosofía, teología o metafísica, se puede transformar fácilmente en una defensa del Yo contra los lados sombríos de la propia personalidad. Tales clientes, que no son muy diferentes a los esquizofrénicos, frecuentemente están más o menos infectados por una u otra fantasía secreta y brillante, referente a sus existencias anteriores. Por lo tanto, ellos esperan del proceso terapéutico, un incremento para su Ego, pero el desarrollo de su personalidad total les es, en cambio, bastante indiferente. Tal como hemos visto una y otra vez en este libro, las experiencias y las personalidades que surgen en los recuerdos, a menudo no son en absoluto aduladoras para el Ego del cliente; Sólo rara vez aparecen caracteres brillantes o importantes. A aquellas personas que buscan un "autoconocimiento" selectivo, sólo les puedo oponer una y otra vez, la sobria conclusión de Jung, de que "nosotros no llegamos a la iluminación al imaginarnos figuras de luz, sino al llevar la oscuridad a la luz de la consciencia".

In document Las Muchas Vidas Del Alma[1] (página 176-178)

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