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Cómo yo trabajo: Los gatos de Elizabeth un caso extraño

In document Las Muchas Vidas Del Alma[1] (página 57-59)

En el transcurso de mi trabajo práctico de muchos años, he hecho una mezcla de diferentes técnicas y perspectivas terapéuticas, transformándola en mi método personal. Para eso me he basado en Freud, Jung, Reich, la terapia de Gestalt, y oíros procedimientos. A esas escuelas terapéuticas les debo una serie de métodos, a los que pertenece el trabajo con eventuales subpersonalidades, igual que la activación del lenguaje corporal, la representación de papeles psicodramáticos, el trabajo de trance, los ejercicios catárticos, el mejoramiento de la percepción de símbolos y además, las técnicas meditativas. Si tuviera que designar una expresión superior que caracterizara mí acceso al inconsciente, pero especialmente también a existencias anteriores, un término que abarcara todas las técnicas ya mencionadas, entonces se me ocurrirían primero palabras como "suceso dramático" o "historias". A causa de mis experiencias prácticas, he llegado a tener la opinión de que el subconsciente presenta grandes similitudes con la figura del

Ancient Mariner de S. T. Coleridge, el viejo marino que quería relatar su historia.

Cuando estoy sentado y escucho las declaraciones de los respectivos clientes, acerca de sus problemas en su carrera, de dinero, de relaciones, sexuales, familiares y de todo lo que signifique una dificultad, entonces pongo atención especialmente a las otras historias; a las historias que están detrás de la descripción correspondiente. Con ayuda de mi poder de imaginación, tejo una red cada vez más grande, porque entretanto he aprendido que detrás de cada problema; ya sea obsesión por la comida, miedo a volar, impotencia, preocupaciones de dinero, depresiones, etc.; se esconden antiguas historias más extensas, en las cuales no pocas veces representan un papel, sucesos esencialmente más catastróficos que en todos los recelos y temores que me cuentan mis clientes.

Nada puede ilustrar mejor la efectividad de este método, que el caso de una mujer que trabajaba y que tenía un poco más de cuarenta afios de edad, a la que llamaré Elizabeth.

Uno de los problemas principales en la vida de Elizabeth era el miedo permanente en que ella vivía, a causa de los tres gatos que tenía en su casa. Ella tenía la sensación de que no debía dejar nunca solos a los animales por mucho tiempo; y eso era tan fuerte, que casi no estaba en condiciones de hacer vacaciones. Una vez le había pedido a un amigo que se preocupara de los gatos durante su ausencia y en eso, uno de los animales se encerró de alguna forma en un armario y casi se murió. Esa experiencia confirmó naturalmente sus peores temores.

Mientras más la interrogué, más evidente se hizo que las diferentes relaciones con animales en su vida habían terminado en forma catastrófica: un perro que había tenido cuando era niña se había muerto y un gato que ella había alcanzado a salvar al principio, igualmente murió después, y así sucesivamente.

¿Por qué ella estaba tan segura de que a sus animales domésticos los amenazaba permanentemente un peligro? En el transcurso de nuestra entrevista, yo obtuve la impresión de que en todas sus historias de animales surgían reiteradamente dos ideas: "Yo no puedo dejarlos solos, porque les pasará algo" y: "Todo es una falla mía, no he hecho lo suficiente por ellos". Después que la había puesto en contacto con el plano preexistencial de su inconsciente por medio de las acciones correspondientes, ella relató con lágrimas la siguiente historia:

"Yo soy una mujer vieja y vivo en una sombría casa en alguna parte en el norte, tal vez en Escocia. Afuera se desencadena una tormenta. Yo me he peleado con mi esposo. Él dice que yo no me preocupo lo suficiente por los niños. Quizás él tenga razón. Antes juré una vez no tener jamás hijos, porque no estaba dispuesta a cuidarlos. Pero ahora tenemos dos niños de tres y cuatro años. Mi esposo está afuera y grita. Yo no lo dejo entrar. Él debería preocuparse de los niños si sabe hacerlo mejor. Yo no los dejo entrar.

La tormenta se pone cada vez peor, pero mi esposo ha dejado de gritar. Luego está todo tranquilo por un rato, tal vez por una hora. Ahora alguien golpea, suena como si fuera mi hijo pequeño. Oh, no, si él no puede hacer eso; él ha enviado al niño para que yo ceda. Espérate nomás, yo le voy a mostrar. No los dejo entrar.

Ahora es de mañana. La tormenta ha terminado. Aparentemente ellos ya no están ahí. Apuesto a que bajaron a la posada. Pero no quiero ir a la puerta. Algo no está en orden.

Pero finalmente voy a la puerta; no se puede abrir. Oh, Dios, los niños bloquearon la puerta con sus cuerpecitos. Mi pequeña niña está muerta. Mi hijo está inconsciente y mi esposo no se ve por ninguna parte ". (Ella llora amargamente).

"¡Todo es una falla mía! ¡Ellos tienen que haber soportado semejante miedo aquí afuera, tan débiles y desvalidos!" (Ella suspira profunda y dolorosamente).

El resto de la historia salió lentamente y con dolor. El pequeño niño había muerto pocas horas más tarde. La pobre mujer que estaba en el inconsciente de Elizabeth se había enterado después, que su esposo había puesto a los niños sobre un carro de mano y en camino hacia la posada se había desplomado arriba en la loma y había muerto de un ataque al corazón. Los niños habían regresado a la casa a buscar a su madre, pero ella no los había dejado entrar. Deprimida ante su vergüenza y su cargo de conciencia, la mujer le oculta a los vecinos el curso del suceso y los deja en la creencia de que su esposo era responsable del accidente. Su sentimiento de culpa la atormenta por el resto de su vida y ella muere con la idea: "No me tengo confianza para cuidar a alguien en forma correcta".

Esa conmovedora historia era, por lo tanto, el origen del miedo que le hacía imposible a Elizabeth dejar a sus gatos solos. La catarsis causada por la terapia y la comprensión de las profundas conexiones, le proporcionaron a continuación un alivio considerable. Muy alentador

fue también, que poco después de esa sesión Elizabeíh salió de vacaciones por dos semanas y le confío los gatos a una amiga. Después de sus vacaciones me escribió una carta, donde decía: "Tuve un tiempo maravilloso. Durante esos lindos días no pensé ni una sola vez en los gatos".

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