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Una nueva supresión del tiempo

In document Las Muchas Vidas Del Alma[1] (página 63-65)

Muchas personas que están presentes por primera vez en una sesión de preexistencia, se asombran de que, por ejemplo, un cliente se encuentra dentro de pocos minutos en el propio nacimiento, en el vientre de la madre o en alguna parte de la historia sumeria, es decir, en una situación que se remonta a miles de años. ¿Cómo es posible eso, si se necesita un psicoanálisis de años para sólo descubrir uno o dos traumas de la primera infancia?, preguntan ellos. Yo diría que ellos, a causa de la estructura de nuestro idioma y del procedimiento del psicoanálisis, han adoptado un concepto del tiempo, según el cual la antigua Sumeria o la primera infancia se consideran "muy lejanas" o "de difícil acceso", comparables con Mongolia o Australia, a las que se puede llegar solamente con mucho esfuerzo desde Europa o América.

Jorge Louis Borges nos ha llamado la atención en ese punto, en su brillante ensayo "Una nueva refutación del tiempo". Ahí dice:

Nuestro idioma está tan perfectamente animado por una determinada percepción del tiempo, que en todas estas páginas posiblemente no hay ni una sola frase que no presuponga o evoque esa idea.

Lo mismo vale prácticamente para el pensamiento psicológico total, en cuanto éste se ocupe del pasado. Incluso los conceptos "causa y efecto", que están en el centro de la ciencia newtoniana (cuyos principios en la mayoría de los casos valen hasta ahora para la psicología como obligatorios), parten de la idea de una dirección irreversible del tiempo.

Y de hecho, nosotros los psicólogos estamos también tan sujetos en ese pensamiento, que suponemos con suficiente frecuencia, que nuestra incapacidad para designar las causas y los orígenes, tiene algo que ver con la dirección del flujo del tiempo. La causa de un sufrimiento, decimos, está tan lejos "atrás" en la primera infancia, que sencillamente ya no es accesible para la consciencia. En vista de la circunstancia que incluso psicoanalistas excelentemente capacitados, se ven en ese punto, puestos ante un problema casi sin solución, no asombra que la mayoría de la gente, tanto expertos como personas comunes, no piensen ni siquiera en sueños, buscar el origen de los sufrimientos emocionales en existencias anteriores. Si ni siquiera podemos regresar al

principio de esta vida, así dice el argumento, ¿por qué deberíamos entonces afanarnos con existencias que se remontan a miles de años? Pero si en ese contexto tenemos presente la muy aceptable observación de Borges, tal vez nos demos cuenta que vagamos en un laberinto de ilusiones, que está colocado en la estructura misma de nuestro idioma. Tal como el filósofo Immanuel Kant observó, "nos imaginamos la secuencia del tiempo a través de una línea que avanza hacia el infinito..." Y ese es exactamente el punto decisivo: Nos imaginamos el tiempo en forma espacial. Eso lo muestra también el idioma cuando hablamos, por ejemplo, de un "largo tiempo" o de un "suceso lejano" o de "regresar a una existencia anterior". Ninguna de esas ideas se entiende sin la imagen de espacio o de movimiento en el espacio. Incluso la palabra "provenir" (origen) también despierta asociaciones con el espacio.

Sin embargo, si nos liberamos de la idea restrictiva de un tiempo que transcurre en forma lineal, podemos repentinamente visitar en forma rápida y sin obstáculos, todas las áreas posibles de la psiquis. Bajo tales circunstancias, cualquiera de nosotros puede "considerarse un rey de regiones inmensurables", como Hamlet.

En una de sus breves historias, Borges describe cómo un grupo de investigadores de lo oculto se encuentra inesperadamente sobre un Alef, un diminuto lugar sobre la Tierra, provisto de una energía especial. Quien se detiene en ese lugar, puede ver claramente toda la historia de la humanidad "en un solo momento". Casi no puedo imaginarme una imagen adecuada para esos extraños sucesos, con los que se han encontrado muchos de los revolucionarios investigadores de la psiquis humana en los decenios pasados. Después de haber conocido la meditación Zen, Fritz Perls, el fundador de la terapia de Gestalt, hizo referencia una y otra vez a la destacada importancia del "ahora". Stanislav Grof ha observado a lo largo de sus estudios con LSD con cientos de personas de prueba, la múltiple dimensión de la psiquis. El revolucionario trabajo que Milton Erickson ha hecho en el campo de la inducción del trance hipnótico, ha guiado nuestra atención al significado de las fluctuaciones mínimas de la corriente de la consciencia. Ese y otros terapeutas recalcan una y otra vez la prioridad de la "experiencia directa" frente al síntoma o a la categorización diagnóstica, a la historia de la familia, a la constelación de Edipo, a la configuración de la realidad, a los disturbios de conducta o a otras abstracciones. Porque todas las posiciones mencionadas, por fin presionan suavemente al paciente hacia las categorías intelectuales del terapeuta, una táctica, que por muy bien pensada que pueda ser, influencia el efecto de la terapia. Antes de que hubiera comprendido completamente ese contexto, a mí mismo también me gustaba involucrarme en discusiones bien intencionadas acerca de la experiencia del paciente, en vez de limitarme simplemente a tomar conocimiento con empatía, del Aquí y Ahora de sus sentimientos y pensamientos directos. Ya que es efectivo que en cuanto hablamos acerca de sucesos como si fueran "presentes", casi los volvemos a vivir. Porque finalmente, entre nosotros y los sucesos mismos, están las estructuras de tiempo construidas por nuestro idioma, como también la falsa percepción "lineal" de la realidad que tiene nuestra memoria y que está interrelacionada con esas estructuras.

En los últimos años se vislumbra cada vez más, que se inicia un "nuevo paradigma" en la psicoterapia, un nuevo punto de vista de la psiquis humana, que rechaza el antiguo mecánico dualismo newtoniano-cartesiano de cuerpo-espíritu, causa-efecto, de tiempo que se extiende en el espacio en forma lineal, a favor de un modelo holográfíco u holonómico de la dinámica psíquica; un modelo que Jorge Luis Borges ya había anticipado poéticamente hace muchos años.

Para una visión general más perfecta y competente de lo que yo puedo darle aquí, se recomienda al lector el libro de Stanislav Grof Beyond the Brain. No obstante, deseo todavía reproducir brevemente aquí, una provocativa historia de la tradición de la escuela budista Hwa- Yen, que Grof cita en el mencionado libro (y que como metáfora para espacio y extensión, corresponde exactamente al punto Alef, la metáfora-tiempo de Borges).

La emperatriz Wu, que se sentía demasiado exigida por la complejidad de la literatura Hwa- Yen, le pidió a Fa Tsang, uno de los fundadores de la escuela, que le diera un ejemplo descriptivo y sencillo de la dependencia recíproca de todos los sucesos cósmicos. Fa Tsang hizo poner primero una vela encendida en el candelabro del cuarto que estaba revestido con espejos por todos los lados, para demostrar el nexo de la unidad con el total. Luego puso un pequeño cristal en el medio del cuarto e indicó que en él se reflejaba cada detalle del ambiente; y él aclaró de esa manera, cómo en la realidad suprema, sin la menor dificultad, lo infinitamente pequeño contiene en sí lo infinitamente grande y lo infinitamente grande lo infinitamente pequeño.

Difíciles y desconocidos, como pueden ser esos principios para todos aquellos que todavía están adormecidos en lo que William Blake denominó "suefio newtoniano" (es decir, que buscan las causas en la infancia, localizan determinados sucesos en el cerebro y desean atar el cuerpo con el espíritu con conceptos estériles), le abren, sin embargo, algunas posibilidades radicalmente nuevas a la práctica terapéutica. Ya que, de acuerdo al principio holonómico, en la psiquis se debería reflejar efectivamente en forma recíproca todo lo sucedido y luego no existir para el terapeuta solamente un punto de entrada desde el cual él pueda obtener acceso a un complejo. Daría entonces exactamente lo mismo, si yo comienzo con la infancia del paciente, con su cuerpo, con su actual situación de vida, con el trauma del nacimiento o con existencias anteriores. Cualquiera de esos aspectos nos puede llevar directamente al corazón del complejo, si solamente procedemos apropiadamente. Al dirigir mi atención cuidadosamente y sin prejuicios sobre el contenido del relato directo de mi cliente y considerar la resonancia simbólica de sus expresiones verbales y su expresión corporal, puedo hacer accesibles dentro de un tiempo corto, todos los demás niveles de problemas.

Ya sea que comencemos con un pensamiento o con un recuerdo fragmentario, con un sentimiento vago, con la imagen de un sueño, con un dolor o con la calidad de la respiración, siempre constataremos que nos movemos sin esfuerzo entre los diversos planos de la realidad psíquica y que siempre podemos seguir penetrando en los mundos entrelazados entre sí. De esa manera puede suceder, que un cliente dentro de una sola sesión de dos horas, de una aguda experiencia de sufrimiento se zambulle repentinamente en una existencia anterior, luego pasa a un recuerdo del nacimiento o llega a una experiencia de la infancia y tiene incluso algunas experiencias transpersonales o arquetípicas.

In document Las Muchas Vidas Del Alma[1] (página 63-65)

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