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La hora de nuestro nacimiento

In document Las Muchas Vidas Del Alma[1] (página 142-145)

Una prueba contundente del extraordinario poder de nuestros complejos inconscientes, es el hecho de que ellos pueden transformar inesperadamente una situación totalmente inofensiva en un suceso altamente dramático. Eso lo hemos visto, por ejemplo, en relación con Elizabeth y sus gatos. Los fireudianos ya han dicho anteriormente, que en aquellas situaciones "se hace la actuación" de algo, porque se dieron cuenta lo mucho que tienden nuestros complejos a presentarse dramáticamente. La psicología popular utiliza numerosas metáforas para describir tales secuencias de eventos. De esa manera, hablamos por ejemplo, del mundo como escenario, del drama de la vida, de determinados escenarios familiares o de que nos identificamos con ciertos roles.

0Cuál situación podría ser más inocente que el nacimiento de un bebé? Pero al mismo tiempo,

ese acontecimiento es altamente dramático, como podría verificar con innumerables historias, cualquier médico obstetra o cualquier matrona. A pesar de los más completos preparativos para el parto y de los más ingeniosos servicios de urgencia, siguen viniendo niños al mundo bajo las circunstancias más poco habituales: en un ascensor, al lado de la autopista, en un taxi, en accidentes aéreos, en estadios de fútbol, etcétera. El comienzo y la duración de las contracciones

de una futura madre son tan misteriosos e imprevistos, que muchas veces la madre no llega a tiempo a la sala de partos o la matrona llega muy tarde a un parto en la casa de la persona.

Y aun cuando la madre esté acomodada en una clínica o la matrona esté preparada mucho antes del comienzo de las contracciones, siempre pueden aparecer todas las complicaciones posibles durante el parto: Puede ocurrir un parto en que el bebé no viene saliendo en la posición normal, o pueden haber hemorragias, o el bebé puede sufrir lesiones en la cabeza en un parto con fórceps; por no mencionar casos de partos prematuros o cuando el bebé nace muerto, y dificultades ligadas al nacimiento de mellizos, trillizos o incluso cuatrillizos, o a una cesárea. A pesar del procedimiento de ultra sonido desarrollado entretanto por la medicina técnica y de otros métodos para diagnosticar, o de las posibilidades de la quimioterapia, la mayoría de los médicos obstetras casi no pueden predecir más exactamente que un partero de una tribu primitiva, cómo transcurrirá un determinado parto. Puede suceder absolutamente, que una mujer ya ha traído al mundo cuatro niños sin complicación y, sin embargo, en su quinto parto se presentan inesperadamente enormes dificultades.

Desde Frederic Leboyer, los críticos de las prácticas modernas de partos han hecho responsables, con cierta razón, a los procedimientos habituales de la obstetricia en nuestros hospitales, por algunos traumatismos que se producen en la madre y en el niño. Pero esa forma de proceder sólo causa, según mi opinión, dificultades adicionales, ya que el verdadero drama se efectúa entre la madre y el niño. La madre es el escenario, por así decirlo, y el bebé que crece en ella es el actor o la actriz principal; un pequeño ser sacudido por el miedo inimaginable de salir y de hablar sus primeras incomprensibles líneas de textos. Tal como han dado por resultado varias investigaciones de psicólogos que han trabajado en los últimos años en forma independiente unos de otros; mencionando solamente a Arthur Janov, Leonard Orr, Elizabeth Fehr, R. D. Laing, Morris Netherton y Stanislav Grof; durante cada embarazo y en cada situación de parto actúan numerosos factores inconscientes extremadamente complejos. Por mucho que tengamos la tendencia a inculpar al "incapaz" obstetra de cada complicación o catástrofe que aparezca en un parto, hay, no obstante, pruebas innegables de que el singular drama entre madre e hijo que ocurre en un parto, está manejado por innumerables fuerzas inconscientes.

El primer psicólogo que se dedicó a analizar en serio el efecto de la experiencia de parto en el desarrollo de la personalidad, fue Otto Rank, un ex seguidor de Freud. La obra clásica de Rank,

El trauma del nacimiento, publicada en 1923, es hasta ahora una contribución imprescindible

para la investigación de las resonancias simbólicas y míticas, que deja en el inconsciente de cada niño, el paso por el canal del parto.

Rank pudo demostrar que todas las imágenes de recipientes, de cuevas o de calabozos en los sueños, son recuerdos simbólicos condensados de la situación vivida en el útero, que quedó en el inconsciente del niño. En la literatura, en la mitología y en el folclore, se encuentran innumerables relatos acerca de viajes peligrosos a través de cañones, cuevas, túneles o de estrechos, que reiteradamente evocan un vago recuerdo del miedo que hemos sufrido con el paso por el canal del parto. Una de esas historias se encuentra en la Odisea de Hornero, donde el protagonista tiene que conducir su barco entre el monstruo marítimo Scylla y el remolino de la muerte Charybdís.

Según informes de Rank, los tormentos del nacimiento mismo y las diversas complicaciones

que lo acompañan, dejan en el inconsciente del niño respectivo, imágenes de la violencia más

brutal, de anegamiento, de quemadura, de asfixia, de ser cortado, aplastado o triturado, de decapitación e incluso de crucifixión. El descubrimiento de esas imágenes extremas de la experiencia arquetípica del nacimiento, Rank se lo debe a su trabajo con pacientes en los

primeros días del psicoanálisis. La exactitud de sus conclusiones fue comprobada en forma impresionante tres decenios más tarde, por las investigaciones psicodélicas extremadamente escrupulosas de Stanislav Grof. El psiquiatra checo descubrió que cada uno de sus pacientes, a

medida que avanzaba la psicoterapia con LSD, tenía visiones que de una u otra manera concordaban con los símbolos del trauma del nacimiento, tal como Rank los había descrito. Grof estaba tan impresionado con ese material de imágenes, que creía que debajo de la consciencia infantil freudiana se formaba una capa psíquica propia: él llamó a esa capa "inconsciente rankiano" o "inconsciente perinatal". (Ya hemos hecho una breve indicación de esa capa, en el modelo de la Rueda del Loto, en el capítulo 5).

Aunque Grof actualmente trabaja con determinadas técnicas de respiración en general y casi ya no más con LSD, en su práctica terapéutica se muestra una y otra vez, que ese material perinatal de imágenes es absolutamente capaz de ser consciente. El procedimiento de hiperventilación de León Orr, denominado "Rebirthing", hizo aflorar ese material igualmente como la técnica de la toma dirigida de consciencia de Morris Netherton. Las horribles imágenes de ser triturado, estrangulado o crucificado, de las que relatan Rank y Grof, se pueden obviamente atribuir a las intensas presiones corporales a las que está expuesto el niño en la primera fase del embarazo. En el lenguaje junguiano se podría decir quizá, que el niño experimenta escenas arquetípicas de peligros y de muertes horribles, que suben desde las profundidades del inconsciente colectivo. En ese sentido, hay que mirar la experiencia física y psíquica del nacimiento, como un fenómeno universal, en el que aparecen la muerte y el nacimiento como dos aspectos de un solo arquetipo amplio.

Tanto en los planos de experiencias descritos por Jung, como también en los descubiertos por Rank, a la madre le corresponde evidentemente un papel absolutamente impersonal. El bebé no experimenta a la madre como persona, sino como gran madre, es decir, como un ser arquetípico universal, con la que la psiquis "mayor" ya se ha encontrado millones de veces en innumerables nacimientos. La madre es para el niflo, primero el recipiente arquetípico de felicidad oceánica, después la cárcel o tumba opresiva o limitadora, y finalmente las fauces de la muerte, de la que el niño se libera triunfante en su lucha. En ese proceso completo, cada uno de nosotros se ve iniciado en las satisfacciones y en los sufrimientos de la existencia humana. Por consiguiente, esa iniciación resulta ser por excelencia, el prototipo de todas las iniciaciones y transformaciones que todavía son de esperar en el transcurso posterior de la vida,

Cada mujer tiene participación en esa gran experiencia más allá de lo personal, cuando trae un hijo al mundo. En muchas mujeres; especialmente si han recibido analgésicos durante las contracciones; se fusionan los recuerdos del propio nacimiento con la experiencia de dar a luz. Algunas tienen visiones irritantes de ángeles de la muerte o de hechos de violencia. Todo eso es una consecuencia de que en esa situación está activo aquel dual arquetipo de muchas capas. Tanto la mujer que da a luz como también el niño que llega al mundo, participan en la experiencia universal del sexo femenino, y de esa experiencia forman parte también todas las pérdidas, sacrificios y muertes de pequeños niños, almacenadas en la gran memoria de la humanidad. Y naturalmente, no pocas veces aparecen espontáneamente sentimientos de desesperación y de culpa en esas ocasiones. Sin embargo, se debería tener siempre presente que tales sentimientos no son de naturaleza personal, sino forman parte de un nivel de experiencias arquetípicas o transpersonales. En ninguna parte la gran madre está más presente en su doble esencia (como vida en la muerte y como muerte en la vida) que en esa situación.

Pero esas experiencias arquetípicas del nacimiento no constituyen la totalidad de las experiencias que afectan al feto antes del nacimiento y durante el nacimiento. De hecho existe también un elemento de índole personal, que tiene algo que ver con la sintonización del niño en gestación, a la consciencia individual de la madre embarazada, y con las impresiones que el niño

ya trae de existencias anteriores. Aparte de Morris Netherton, casi nadie ha escrito hasta ahora

algo acerca de esos otros dos factores del inconsciente perinatal y de su acción combinada. Por

eso, más adelante en este capítulo trataré de exponer más detalladamente el carácter de esa sutil y

Vida antes del nacimiento: Los

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