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Vida antes del nacimiento: Los últimos conocimientos científicos

In document Las Muchas Vidas Del Alma[1] (página 145-149)

De los nuevos resultados de investigaciones que ha presentado el Dr. Gerhard Rottmann de la Universidad de Salzburg, se desprende que durante la gestación se reproduce el correspondiente estado emocional de la madre directamente en la consciencia del feto. Él parte de la base que existen cuatro categorías de madres, que se pueden diferenciar de acuerdo con su actitud consciente o inconsciente frente al feto que está creciendo en ellas. Los polos extremos de esa escala lo forman las "madres ideales" y las "madres catastróficas".

Como "madres ideales" están clasificadas aquellas mujeres, que de acuerdo con el test psicológico aplicado por Rottmann, aprobaban su bebé en gestación, tanto en forma consciente como inconsciente. Esas madres tenían la mayoría de las veces embarazos sin molestias y partos sin problemas, y sus niños eran en general sanos y alegres. Las mujeres designadas por Rottmann como "madres catastróficas", rechazaban absolutamente a los niños; como ya lo insinúa su denominación; y como consecuencia, sufrían durante el embarazo de todos los problemas médicos posibles y la mayoría de las veces traían al mundo niños prematuros, de peso insuficiente y con disturbios emocionales. Entre esos dos extremos están las "madres ambivalentes", que hacia fuera daban la impresión de aprobar a su hijo en gestación, pero interiormente tenían dudas al respecto. Las que formaban parte de ese grupo sufrían frecuentemente de trastornos de conducta y de problemas intestinales. Por último existía también el grupo de las "madres frías", que a causa de su carrera profesional o por problemas económicos, estaban "aparentemente" indecisas con respecto a su deseo de tener hijos, pero inconscientemente ansiaban uno. Rottmann encontró que el feto "recibe" esos dos mensajes contradictorios y como bebé se comporta, de acuerdo con eso, apático y letárgico.

Ese y otros resultados igualmente impresionantes, se pueden leer en el libro de Thomas Verney y John Kelly The Secret Life of the Unborn Child. Ese notable libro representa en muchos aspectos un hito de la investigación psicológica del inconsciente perinatal y por eso debería en lo posible divulgarse más. Sólo poca gente sabe siquiera que ya desde hace decenios se hace ese tipo de investigaciones. Desde la perspectiva representada en este libro, la mayoría de los respectivos autores adoptan un punto de vista muy reservado, pero justamente porque en sus conclusiones se basan en las más nuevas investigaciones neurológicas y fisiológicas, sus resultados son más valiosos. Por eso quiero dejar a Verney y a Kelly presentar sus resultados con sus propias palabras:

Ahora sabemos que el niño en gestación es un ser humano perceptivo, que reacciona a los estímulos y que desde el sexto mes (o incluso antes) "lleva" una activa vida emocional. Junto a ese conocimiento también hemos hecho los siguientes descubrimientos:

- Ya antes del nacimiento, el feto en el útero puede ver, oír, tener experiencias, saborear e incluso aprender en un plano muy elemental. Pero lo que es más importante, puede sentir; no en la variedad de los adultos, pero puede sentir.

- La conclusión de ese descubrimiento es: los sentimientos y percepciones del niño en gestación, ya forman las opiniones y expectativas que él mismo manifestará. Si el feto en la vida posterior finalmente se siente feliz o triste, agresivo o dócil, seguro o temeroso y actúa de acuerdo con eso, eso depende en parte de los mensajes que recibe en el vientre materno.

- La madre hace las veces de "emisora" de esos mensajes que moldean al niño respectivo. Sin embargo, eso no significa que todas las preocupaciones fugaces y que todas las sensaciones de miedo de la madre, se le trasmiten a su hijo en toda su intensidad. Decisivos son los modelos de sentimientos crónicos profundamente arraigados. Si la mujer vive con miedo permanente, y con respecto a su maternidad se ve atacada constantemente por dudas atormentadoras, eso puede

naturalmente dejar una profunda cicatriz en la personalidad del niño en gestación. Por otro lado, aquellos sentimientos positivos, como alegría, serenidad o expectativa optimista, contribuyen considerablemente al desarrollo emocional de un niño sano.

- Pero el tipo más nuevo de investigación también se ocupa esencialmente más con las emociones del padre. Todavía hasta hace poco tiempo no se les prestaba en absoluto atención a éstas. Nuestros últimos exámenes indican, sin embargo, que esa actitud no está libre de peligro. Éstos demuestran, además, que el sentimiento que el hombre le manifiesta a su esposa y al niño en gestación, es uno de los factores esenciales para el desenlace del embarazo.

Todo lo que informan esos investigadores; incluyendo los importantes descubrimientos de Rottmann; se ve totalmente confirmado por mi propio trabajo, no tan amplio, con recuerdos perinatales y el trauma del nacimiento. Sin embargo, decididamente desearía modificar una de las conclusiones de Verney y Kelley. Ellos ven a la madre como "emisora" de "mensajes" que son determinantes para el desarrollo de la consciencia del niño en gestación. Deseo rebatir esa opinión. Quiero afirmar más bien, que la consciencia de la madre durante el embarazo, solamente hace revivir estructuras psíquicas o samsaras, que ya se habían grabado en existencias anteriores en la psiquis del niño.

Esta declaración distribuye la responsabilidad considerablemente de otra manera y libera a muchas madres; como espero; de la carga de luchar con sentimientos de culpa totalmente innecesarios, en un parto prematuro, en una cesárea o en caso de eventuales perjuicios en el parto. Por eso deseo señalar insistentemente que: Cada niño entra a este mundo con sus caracteres kármicos pendientes "completamente personales". El embarazo y el parto son; corno comprendemos paulatinamente; solamente la primera ocasión de reactivar algunas de esas estructuras. El niño que entra nuevamente a este mundo no se siente atraído por un determinado padre y una determinada madre por libre elección; muchos de nosotros entramos incluso a disgusto en la nueva existencia; sino porque las inseguridades, esperanzas, temores o la agresividad de determinados padres, reactivan eficazmente los residuos kármicos "almacenados" en la psiquis inconsciente del niño en gestación. Además, la ilusión que produce la actual tecnología de parto, le ofrece al inconsciente una gran cantidad de oportunidades de ejecutar una serie de luchas de vida o muerte pendientes, que no pudieron ser decididas en existencias anteriores problemáticas.

La investigación y el tratamiento de estados preexistenciales, le agregan a los inmensamente valiosos resultados de Rottmann, el siguiente hallazgo: La nueva alma que comienza a existir, o personalidad recién formada, se siente atraída por una madre y un padre, que ayudan al nuevo ser encarnado a representar sus residuos kármicos pendientes, durante el embarazo y en el parto. Un alma así, que vuelve a existir y en la que todavía prevalecen recuerdos de catástrofes, muertes violentas, privaciones y abandono, es atraída muy fácilmente por una madre descrita por Rottmann como "madre catastrófica". Si en esa madre está vivo el pensamiento "En realidad no quiero en absoluto tener este hijo", éste se refleja en el inconsciente del niño en gestación como: "En realidad no quiero en absoluto estar aquí. Nadie me quiere". Esos pensamientos del niño son restos de un traumatismo preexistencial. En realidad no son causados por las deliberaciones inconscientes de la madre, sino solamente reactivados por éstas. Pero afortunadamente, también ocurre lo contrario: Si una "madre ideal de Rottmann" embarazada acepta al feto de todo corazón, entonces se sentirá atraído por ella, un niño relativamente libre de karma negativo. Entre esos extremos encontramos otra vez a la madre ambivalente y a la madre fría, que atraen niños que aguardan la vida en este mundo con considerables dudas o con disgusto. En la terapia se muestra después que tales personas, cuando eran niños en gestación, habían estado dominadas por ideas como "Este no es un lugar seguro" o "No voy a lograrlo jamás" o "Sólo soy una caiga". Por eso, con excepción de la "madre ideal", las mujeres de las otras tres categorías; la "madre

ambivalente", la "madre fría" y la "madre catastrófica"; atraen inconscientemente "candidatos" que en el contexto de embarazo y parto representan uno de aquellos dramas impredecibles que hay en su transcurso.

¿Pero cómo logran entonces entrar los pensamientos y sentimientos de la madre en la consciencia prenatal del feto? ¿Y de qué manera se reactivan los samsaras preexistencíales o los antiguos dramas kármicos? Primero trataremos estas preguntas altamente complicadas por separado y tan sólo al final de este capítulo llegaremos a un cuadro global.

Entre los terapeutas que se ocupan con la reactivación de recuerdos prenatales y de nacimiento, domina un consenso general, de que el inconsciente del feto ya está extraordinariamente despierto antes del parto y durante el parto, aunque todavía no se le puede atribuir al pequeño ser ninguna consciencia-Yo, en el sentido de una identidad consciente. No existe ninguna duda de que el niño en gestación, desde el momento de la concepción capta pensamientos y sentimientos de la madre igualmente que eventuales imágenes o sucesos que le afectan. Morris Netherton; que probablemente ha coleccionado más recuerdos prenatales que cualquier otro terapeuta que conozco; describe ese estado prenatal así: "La mejor comparación que se puede hacer con el inconsciente del niño que está en el vientre de la madre, es con una grabadora de cinta magnética; él percibe sin problemas a través del filtro del límite del Yo, todo lo que sucede a su alrededor".

Desde el punto de vista psicológico, eso significa que el niño no puede diferenciar entre sus propias sensaciones y las de la madre, mientras todavía no se sienta como un Yo separado. Es decir, en caso que la madre piense, por ejemplo: "Tengo que hacer todo sola" (si el padre se encuentra, por ejemplo, de viaje de negocios o en la guerra), ese pensamiento llega directamente al inconsciente del feto y tal vez deje allí para toda la vida la idea: "Tengo que hacer todo solo (o sola)".

No solamente ideas aisladas se graban en el inconsciente del feto, sino escenas completas entre la madre, el padre, el médico y otras personas, y hacen revivir estructuras que muchas veces afloran más tarde en forma de complejos agobiantes. Una mujer, cuyo esposo al estar borracho la acosa lujuriosamente durante el embarazo, piensa o dice tal vez: "El es repulsivo. ¿Por qué no me deja en paz? Detesto ese tipo primitivo de sexo". Eso también deja en el inconsciente del niño en gestación, inseguridad y rechazo con respecto a la sexualidad. Dos breves ejemplos de casos de mi práctica terapéutica, hacen evidente la extraordinaria complejidad y lo detallado de las grabaciones pre y perinatales.

1. Miriam era una joven mujer que vino hacía mí por una terapia. Ella tenía dificultades con su autoestima y no podía participar por completo en relaciones. Además, tenía miedo de que su pareja la abandonara. A continuación una parte del recuerdo de su nacimiento:

"Estoy completamente sola. Nadie me toca. Quiero irme de aquí. No me gusta la luz. Está demasiado claro... Una pieza blanca... Personas vestidas de blanco... Me acuestan a un lado y sencillamente me dejan allí... El hombre me golpea en las nalgas hasta que yo comienzo a gritar. Quiero irme de aquí. No quiero estar sola. Yo estoy aquí, por cierto, pero nadie se fija en mi. Nadie se preocupa por mí. Solamente me empujan hacia un lado. Me duele el estómago por eso. Solamente la usan a una y luego la dejan simplemente de lado.

Ahora escucho la voz de mi madre: No quiero que te lleven. Quiero tenerte conmigo. Eso es lo natural. Por favor, no me la lleven. No pueden llevársela. Es absurdo simplemente llevársela como si ella fuera algo malo. Ni siquiera me limpian. Me siento sucia y fea. Nadie se preocupa realmente por mí. Ellos solamente manipulan alrededor de una y la llenan con algo.

Siento el dolor de mi madre. En su cuerpo hay dolores. Ahora hay una botella de vidrio Es fea. Esa fealdad está entre nosotras.

Nuevamente habla la madre: Ella está separada de mí. Ella es fea porque no quiere su bote/lita, por eso no quiero tener que ver nada con ella.

Estoy profundamente decepcionada. Quiero que mi madre me cuide y me tome en los brazos. Quiero que alguien me sostenga. Tengo frío y me siento muy lejos. Siempre será así. Siempre estaré sola. Van a manipular a mi alrededor y me dejarán sola.

No es difícil darse cuenta de que por medio de la estéril impersonalidad de la rutina del hospital, Miriam se veía impedida de conectarse con su madre, tanto en el aspecto emocional como físicamente. La luz clara, la palmada ritual, la camita fría separada de la madre y el rechazo del amamantamiento, dejaron un severo trauma no solamente en la recién nacida Miriam, sino también en su madre. Llena de medicamentos y agotada, empujada de un lado para otro entre la autoridad de los médicos y sus impulsos naturales, la madre de Miriam se siente mal y fea y muy extraña a su hija. Su confusión y su dolor se mezclan con las sensaciones y el tormento del bebé, de manera que éste ahora se siente doblemente mal y feo. No es de extrañarse, que Miriam como adulta esté invadida de atormentadoras dudas referente a su femineidad y que observe las relaciones amorosas con extrema desconfianza, porque ya en su nacimiento se instaló en ella esa estructura. Entonces mi labor terapéutica es conducirla a que deje ir los antiguos sentimientos dolorosos y pueda encontrar nuevos métodos para ver las relaciones amorosas llena de confianza.

2. Janice vino hacia mí por una terapia con problemas muy parecidos a los de Miriam. Ella también sufría de una autoestima débil y de dificultades en las relaciones. Además, estaba amargada acerca de los hombres, que desde su punto de vista, siempre solamente le hacían daño y la abandonaban en una permanente sensación de desamparo. A causa de ese trasfondo, ella se había acostumbrado a ver la vida a través de una nube de rencorosa aversión. Ella no tenía ninguna idea de las circunstancias de su concepción y cuando éstas aparecieron en la terapia, estaba extraordinariamente sorprendida. En las escenas liberadas por su inconsciente perinatal, su madre se encontraba en la consulta de un médico. Ambos hablaban acerca de un aborto:

"Simplemente no estoy preparada por el momento para algo así. Sencillamente no es el momento correcto... Tengo que deshacerme de él. ¿Qué debo hacer Estoy tan desvalida... ¿Qué debo hacer, Doctor? ¿Puede usted ayudarme?

Ahora la voz del médico: Usted no puede hacer absolutamente nada. Es demasiado tarde para emprender algo, señora Wicker. Tiene que aguantar.

Por cierto no quiero esto, pero no me queda otra elección. ¿Por qué me tiene que pasar justamente a mí algo así?

Esa corta escena pone en evidencia que muchos de los conmovedores problemas existenciales de Janice en su vida de adulta, se basan en el rechazo con que su madre había reaccionado aquella vez frente al embarazo. La escasa autoestima de Janice se puede atribuir a que su madre rechazaba a su bebé en aquel entonces. La sensación de desamparo parece habérsele grabado ya en la consulta de aquel médico. Y su amargura acerca de los hombres se puede explicar con que su madre había estado indignada tanto con el padre de Janice, porque la había dejado embarazada, como también con el médico, porque había rechazado un aborto. Pero después que Janice había tomado consciencia de esa grabación profundamente arraigada, pudo distanciarse paulatinamente de los sentimientos de su madre en aquel entonces, de manera que las grabaciones correspondientes perdieron poco a poco su poder.

Existencias pasadas: La zona

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