En el caso de Edith, una gran parte del contenido residual de su trauma preexistencial se podía atribuir a la conmoción psíquica que había sufrido, cuando sus extremidades fueron arrancadas por la bomba. Es decir, aquí tenemos que ver con el aspecto accidente del karma físico, que mencioné anteriormente. Por eso, el proceso de curación consistió en liberarla de los samsaras físicos que habían pasado a su cuerpo actual. Aunque también estaba en juego una cierta cantidad de karma emocional; en forma de rabia, de la que estaba llena en el momento del accidente; ese aspecto, sin embargo, pudo considerarse como secundario y no afectó esencialmente el propio proceso catártico. Si el contenido emocional de un escenario preexistencial "ocupado" con violencia física o incluso con recuerdos de muerte se presenta muy enredado, el proceso terapéutico también transcurrirá correspondientemente en forma más complicada. En uno de esos casos tal vez sea necesario, no solamente sacar a la luz, expresar y dejar ir el trauma corporal, sino además, sentimientos y pensamientos altamente complicados, que circulan en torno a culpa, fracaso, humillación, auto-repugnancia, etcétera. En tales casos, el traumatismo físico parece entonces secundario, aunque todavía permanece perceptible en forma muy dolorosa, pero bajo tales condiciones, a la parte o a las partes del cuerpo afectadas, les corresponde un significado más bien metafórico o simbólico.
Así, una vez me consultó una joven doctora, que en su lugar de trabajo en el hospital tenía que soportar considerables luchas de poder con sus superiores y sufría de problemas estomacales desde hacía algunos años. En el recuerdo ella se vio como un campesino medioeval que había sido expulsado de su tierra y que quería vengarse de su señor feudal. Cuando él ya había penetrado al castillo con el firme propósito de matar a su amo, fue dominado por los guardias, que le abrieron el estómago con cuchillos, causándole una muerte lastimosa. Junto con la "descarga" corporal que sintió esa mujer durante ese recuerdo, ella comprendió, que tanto en su vida anterior como en su vida actual, se había metido "en la boca del lobo". Poco después de la sesión, ella les dijo enérgicamente su opinión a sus superiores, renunció y abrió un consultorio propio.
Un caso esencialmente más complicado, pero no menos dramático, es el de Arlette. Esa muy atractiva cantante me consultó una vez en Montreal. Desde que era una joven muchacha ella había desarrollado una voz tan extraordinariamente hermosa, que sus padres e igualmente sus profesores le habían insistido que tomara el camino de una cantante profesional. Ella realizó estudios de canto, se presentó ocasionalmente en conciertos, pero se retiró de la ópera por temor, aunque según la opinión general, ese habría sido exactamente su lugar.
"De alguna manera", me explicó, "siempre tenía la sensación de no haber avanzado mucho". Se casó, tuvo hijos, formó un pequeño negocio y bajo esas circunstancias siempre pudo argumentar naturalmente motivos de peso; o más bien pretextos; para explicar por qué había desaprovechado su talento. Pero sus parientes y amigos no aflojaron y de esa manera ella continuó sus clases de canto, se presentó también de vez en cuando en alguna parte e incluso cantó varias veces, cuando en algún teatro de ópera había un papel importante para adjudicar. Pero siempre cuando ella cantaba, sufría de una especie de calambre en la laringe y solamente lograba un débil eco de su anterior brillantez vocal. Una vez que ella se encontró en un círculo de amigos con un famoso empresario de ópera y se le ofreció la oportunidad de cantar ante él, estaba tan intimidada que no pudo sacar absolutamente ningún tono.
"Por mi miedo", respondió ella. "Miedo de que no lo logro, de que no es seguro..., principalmente de que no es seguro, pero también de que podría decepcionarlos. Cada vez que veo ante mí ese seleccionado gremio, tengo que pensar en un tribunal superior. Yo sé que los voy a decepcionar. Eso es humillante. Yo sé simplemente que todavía no he llegado tan lejos”.
Como en cada complejo, también aquí se entremezclaban varios temas cargados emocionalmente. Y en el centro de todos esos temores estaba el órgano más sensible y al mismo tiempo más expresivo de la vida emocional humana, la laringe y la voz. ¿Pero qué significaban las fallas en el canto, con los jueces y decepciones, que evidentemente tenían que ver con esa valiosa posesión suya?
Yo le pedí que se acostara, que cerrara los ojos, que indagara esos sentimientos y que comenzara con la frase "Todavía no he llegado tan lejos"; al hacerlo ella tenía en lo posible que abrir un poco su laringe con ayuda de la respiración. Primero brotó de ella un torrente de recuerdos de la infancia:
"No, todavía no soy apta para eso. Todavía soy demasiado joven para mis hermanos más jóvenes. No quiero entrar al avión. Soy demasiado joven. Todavía no he llegado tan lejos. Un hombre me manosea. Soy demasiado joven. Todavía no he llegado tan lejos... Ahora en la escuela es otra vez lo mismo. Soy la preferida del profesor, pero todavía no he llegado tan lejos. Tengo que decepcionarlo. Es tan humillante... Ahora estoy con mi padre. Soy una mala muchacha. Lo he decepcionado. Soy una mala muchacha, porque lo he decepcionado... No lo dejo penetrar en mí. No siento absolutamente nada. Yo vuelo, deseo flotar, pero es peligroso flotar. Yo quiero que el pájaro me lleve con él.
Mientras esa fuerte corriente de confusas palabras y sentimientos salía del inconsciente de Arlette, atrajeron mi atención determinadas imágenes de las utilizadas por ella: el miedo, su padre, su profesor, el hecho de decepcionar a los adultos en general; la idea de que es demasiado joven; la palabra "penetrar"; el deseo de flotar. Yo supongo que todas esas ideas giran en torno a una experiencia sexual prematura y a la vergüenza ligada a su descubrimiento. La imagen del pájaro insinúa la idea de pensamientos desunidos, que buscan en vano expresarse. La siguiente confrontación con la infancia de la cliente no da ninguna información acerca del vergonzoso incidente. Sus reacciones indican más bien un despertar secundario de los antiguos sentimientos de vergüenza y de humillación.
"Ahora repita varias veces que tiene miedo de decepcionarlo", digo yo, "y capte entonces cada serie de imágenes que más evidentemente la agobien; da lo mismo si las imágenes se refieren a su vida actual o a otra vida".
"No quiero decepcionarlo. Yo soy muy mala (repetido varias veces). Yo soy muy mala... Oh, veo una granja ante mí... la puerta de un granero. No puedo decepcionarlo. Ahora lo veo a él ante mí. Es un hombre viejo con una barba blanca. Es mi abuelo. (Ella Hora). Yo lo quiero mucho, pero tengo que irme. Esto es humillante para él. Yo estoy embarazada. Yo tengo solamente dieciocho años, pero tengo que irme de aquí. Yo soy demasiado joven. Pero tengo que irme de aquí. Pero todavía no he llegado tan lejos, no estoy en absoluto preparada para irme ahora de aquí".
Estamos en el país de los Amischen. Arlette se ve como una joven muchacha con un traje blanco, con una capucha azul. Ella se encuentra cerca de un granero rodeado de pasto. Pero ella no puede o no debe irse, porque en la siguiente escena que aparece ante sus ojos interiores, es expuesta públicamente a la vergüenza por el tribunal de un consejo de ancianos amische.
"Soy humillada hasta la médula. Todos esos hombres. Esto es tan injusto. Un mundo de puros hombres. No tengo derecho a nada. ¡Oh, no! (Su cuerpo se pone cada vez más rígido). Ahora estoy en alguna otra parte. Está oscuro. Me violan. ¡No! ¡No! (se retuerce atormentada) Tengo que cerrarme. No, ustedes no pueden alcanzarme. No quiero sentir eso. Soy demasiado joven. Todos ellos tienen potencia. No quiero estar aquí. Quiero ausentarme. NO QUIERO ESTAR AQUÍ"
En ese momento, de pronto Arlette ya no puede ver ninguna imagen clara, aunque su cuerpo sigue corcoveando y retorciéndose. Ella se ha "ausentado", para decirlo con las palabras de la mujer amische, es decir, su consciencía se ha dividido y se ha disociado de su cuerpo por medio de una especie de bloqueo de la percepción. Eso es una defensa natural, que sirve para proteger a la consciencia de la experiencia de la insoportable vergüenza y tortura. Pero tal como ya hemos visto anteriormente en el caso de Edith: Cuando la consciencia abandona el cuerpo, los pensamientos y sentimientos provocados por la situación se graban en el organismo de una manera en cierto modo inconsciente.
Por eso, mi tarea es primero procurar que el cuerpo de Arlette por lo menos perciba las contradictorias sensaciones de dolor y placer que lo recorren y que ella tome consciencia de las mezcladas sensaciones del sentimiento de humillación con el de repulsión y rabia, que ella les demuestra a esos crueles e infames puritanos. Como no solamente su cuerpo, sino también su autoestima como mujer está expuesta a los ataques de esos desconsiderados hombres, es importante que en todo caso exprese ahora los pensamientos que aquella vez, en el momento de su desmayo, no pudo expresar, pensamientos que, como es fácil de comprender, están metidos en su garganta.
"Dígales ahora a esos, lo que usted piensa de ellos", la animo. "Ellos ya no la pueden dañar ahora".
"/ Ustedes son unos animales miserables y despreciables! ¡Hipócritas! Ustedes sólo se han
servido de mí. Noyó, sino ustedes deben avergonzarse. No tienen ningún derecho a hacerme eso, sólo porque estoy embarazada. No he "caído ". Soy una mujer. Tengo mi dignidad y mi orgullo. No se atrevan nunca más a tocarme ".
El rostro de Arlette está ahora de color rojo vivo, su vientre se ve relajado y su tórax se ensancha, mientras le afluye nueva fuerza y energía de esas palabras; palabras que estaban adormecidas durante mucho tiempo en su garganta.
"La zona de mi garganta está nuevamente abierta. Me duele el tórax. ¡Tan vulnerable! (Ella tiene lágrimas en los ojos). Me han hecho tanto daño. No pude hacer nada en contra ".
Arlette llora y su pecho de levanta y se baja liberado.
Junto con esos terribles recuerdos, logra aflorar todo un torrente de emociones que hasta ese momento estaban enterradas. Yo también estoy asombrado por la predominante sensación de desamparo e impotencia, pero también acerca del hecho que la frase corriente que originalmente ia hice repetir, es decir: "Todavía no he llegado tan lejos", en esta fase se ha dejado escapar una sola vez y en forma breve. Evidentemente esas palabras no están en ninguna relación específica con la vida de Arlette como mujer amische. Como yo sé por experiencia, que no pocas veces diferentes escenarios preexistencíales están en relación con un tema determinado o también con una parte del cuerpo, le propongo:
"Diga ahora varias veces la frase: 'No pude hacer nada en contra, todavía no había llegado tan lejos', y déjese introducir por esas palabras en otra experiencia preexistencial que surja".
Cuando Arlette repite varias veces la frase, tira repentinamente la cabeza hacia atrás y su voz suena áspera y ronca:
"No pude hacer nada. Sencillamente no había llegado tan lejos todavía. Es tan triste,.., tan triste. Todavía no había llegado tan lejos. Los he decepcionado”.
"¿Dónde está usted? ¿Qué está ocurriendo? ", pregunto yo.
Estoy tendido de espaldas en el suelo. A mi alrededor hay caballos blancos. Me he caído. ¡Siento una aguda punzada en el pecho... y en el cuello! No puedo hablar. Es tan triste. Soy un jefe en la guerra y pertenezco a una tribu guerrera. Me han nombrado nuevo Comandante y me han enseñado todo lo que saben. Los he decepcionado. Justo en el primer combate me ha derribado el enemigo. ¡NO PUEDO HABLAR! (Ella jadea y se ahoga). ¡MI GARGANTA Y MI PECHO HAN SIDO TRASPASADOS POR FLECHAS! No puedo hacer nada. Me muero y ni siquiera puedo decírselo a ellos. Es como si yo fuera su estrella conductora que los ha engañado. Sencillamente yo todavía no había llegado tan lejos. Yo era todavía muy joven. Todos ellos me rodean con lanzas dirigidas hacia abajo. Me muero y no puedo hablar con ellos. Es tan triste. Todo su amor y esperanza... "De esa manera lamenta Arlette por algún momento la inutilidad y el amargo fin de esa joven vida. Luego yo le propongo que aproveche la oportunidad y les explique a los hombres que le enseñaron el arte de la guerra, lo que ella siente por ellos y que en ese tiempo no pudo comunicarles:
"Siento mucho haberlos decepcionado. Sencillamente yo no había llegado todavía tan lejos. Yo me esforcé mucho por corresponder a todas sus expectativas. Ustedes depositaron en mí todo su amor y esperanza y yo fracasé".
Luego Arlette experimenta cómo, en la identidad del joven guerrero, flota sobre el cuerpo de éste y cómo se eleva hacia el cielo como un halcón."Ellos me han escuchado. No me guardan rencor. Ellos me comprenden”.
Yo le menciono a Arlette algunas afirmaciones que la pueden ayudar a sanar la humillación de su primera existencia y los sufrimientos de su segunda:
"Yo siempre manifiesto mi poder y mi dignidad femeninos ". "Yo dejo ir los antiguos dolores y humillaciones del pasado ".
"Ya no hay ninguna razón para temer que decepciono a mi profesor y a mis semejantes ". "Estoy preparada para el rol de estudiante-estrella. Ahora puedo flotar".
"Es normal y absolutamente inofensivo que yo sea vulnerable al cantar ".
Si observamos otra vez esos dos recuerdos, entonces es fácil comprender por qué la seguridad en sí misma de Arlette, a causa de huellas kármicas tan profundamente enterradas; o samsaras; se paralizaba completamente siempre cuando tenía que demostrar lo que podía ante otras personas, especialmente ante hombres. Bajo esas circunstancias, no es de asombrarse que la situación de cantar ante un gremio de expertos en ópera, despertara en ella el recuerdo preexistencial inconsciente del horrible comportamiento de los hombres amisches, pero también de que ella había decepcionado a su abuelo y en otra existencia más, a los maestros, cuya esperanza no había podido satisfacer como joven Comandante. En ambas historias, la zona de su garganta representó un papel importante. En su vida como mujer amische, ella había retenido en la zona de la garganta, pensamientos no expresados, mientras que en su existencia como guerrero, el dolor ocasionado por la flecha mortal y la vergüenza de haberles fallado a sus maestros, se habían grabado en la laringe. Igualmente múltiples eran las sensaciones retenidas en los genitales de Arlette. Tal como en su garganta se habían "registrado" varias historias, también sucedió en sus genitales, y eso fue naturalmente de considerable importancia para su autoexpresión sexual. Pero eso también estaba en relación con su dificultad de presentarse ante la opinión crítica de un público masculino.
comentarios de otro recuerdo que tuvo Arlette en una de las sesiones siguientes:
Arlette se ve como una esclava negra embarazada, en alguna parte del sur de los Estados Unidos. Ella es abandonada a su destino y golpeada hasta morir por el amo blanco que la dejó embarazada. Ella muere, sacudida por las contracciones ocasionadas por los golpes, completamente sola y llena de vergüenza. Detrás de esa miserable muerte, afloran pensamientos como los siguientes: "No tengo ningún derecho a él", "Es culpa mía". "Yo lo he querido mucho”.
Cuando penetramos profundamente en esa existencia, Arlette se vio como una joven mujer negra hermosísima, que de buena gana se acuesta con su amo blanco, porque éste le garantiza una buena situación; ella confiesa ser muy vanidosa; y le abre la posibilidad de mejorar socialmente por medio de dar a luz a un niño de un hombre blanco. Pero su amante blanco, que hasta ese momento había sido extraordinariamente generoso e indulgente, se muestra inesperadamente como un furioso asesino, en cuanto toma conocimiento de que ella está embarazada.
Detrás de esa historia aparece todavía otro temor, del que Arlette se llenaba en cuanto tenía que cantar ante hombres: ese era justamente el miedo de que pudiera tener dificultades por su intensa irradiación sexual. Cuando ella finalmente se dio cuenta de que esos miedos provenían de existencias anteriores remotas, es decir, que ya no necesitaba seguirse castigando a causa de su atractiva apariencia, se llenó de una gran sensación de alivio y de una confianza en sí misma desconocida hasta ese momento.
Después de algunas sesiones, Arlette me informó que entre tanto su voz sonaba mejor que nunca. Algunas semanas después, se sorprendió a ella misma y sorprendió a un jurado masculino, con una aria cantada con una perfección que "flotaba en el aire". Nunca antes había logrado eso ante un auditorio tan exigente. Ella obtuvo el papel principal en la obra correspondiente. La carrera para la cual, según todas las apariencias, había nacido, finalmente había comenzado.