En casi todos los consultorios médicos o psicoterapéuticos se pueden encontrar actualmente mujeres que sufren de los más diversos problemas sexuales o ginecológicos: esterilidad, quistes en los ovarios, dismenorrea, frigidez, cáncer en el útero o en los senos, etcétera. Tal vez tales disturbios hayan sido desde siempre el triste destino de las mujeres, pero según mi impresión, más bien han aumentado en los últimos años. Podemos dar gracias que la ciencia médica ha logrado controlar en cierta medida muchos de esos padecimientos, por medio de procedimientos diagnósticos y terapéuticos cada vez más ingeniosos. Sin embargo, las causas de la mayoría de esos disturbios siguen siendo un enigma.
Muchas mujeres deciden apoyar el tratamiento médico por medio de una psicoterapia y algunas intentan incluso remediar sus dificultades exclusivamente con medios psicoterapéuticos, porque sienten que tales problemas tienen que ver con conflictos que afectan sus más profundos; y muchas veces reprimidos; sentimientos como mujer. Tal como el Dr. H. Lawrence, que poseía el admirable coraje de mantener a la vista toda su persona en forma inquebrantable, cuando era aniquilado lentamente por la tuberculosis, así muchas de esas mujeres saben abiertamente, que padecen de "las heridas del alma, del Yo profundo", lo que significa en este contexto, de su Yo sexual y femenino.
En este capítulo deseo en primer lugar ocuparme con problemas que tienen algo que ver con la sexualidad femenina y con la facultad de dar a luz hijos. No es que los hombres no tengan problemas sexuales; ya hemos hablado en el capítulo cuatro acerca de la impotencia de Gregory, que estaba condicionada preexistencialmente; pero los hombres no pueden ni menstruar ni dar a luz hijos. Y a causa de ese simple hecho, hay diferencias fundamentales entre los hombres y las mujeres, referentes a la constitución emocional y física de ambas partes. Tampoco la circunstancia de que muchas mujeres han luchado por su igualdad de derechos en un mundo
dominado totalmente por los hombres hasta hace poco tiempo, debe engañar acerca de ese hecho. Por fin, las mujeres actuales han soportado cargas emocionales mucho más fuertes que generaciones anteriores, porque ahora tienen que imponerse en un mundo laboral muchas veces hostil y marcado por valores masculinos y al mismo tiempo no deben perder el contacto con la esencia interior de su naturaleza femenina.
Aunque estoy convencido que muchos de los problemas sexuales y ginecológicos de las mujeres actuales tienen que ver directamente con ese agudo conflicto entre valores internos e identidad social, veo, sin embargo, todavía otra causa para esas dificultades. Porque desde que he conocido varios de aquellos casos en forma terapéutica, me he dado cuenta de otra causa inconsciente de los problemas mencionados, una realidad psíquica que quiero designar como el "arquetipo de la feminidad herida". Ese arquetipo aflora, según pienso, codificado simbólicamente en las disfunciones sexuales y ginecológicas de muchas mujeres. Lo que se manifiesta muchas veces en esas mujeres como dolores y como los más vergonzosos sentimientos, en el plano orgánico o emocional, es nada menos que la acumulación psíquica del odio femenino y del miedo por lo masculino, que desde hace más de dos mil años pena alrededor de la cultura occidental.
La escritora feminista Susan Griffin ha mostrado en su brillante libro Woman and Nature, que en el centro de nuestra cultura reina una desconsiderada represión patriarcal de lo femenino, que persiste todavía en la explotación de la naturaleza en nombre de la ciencia y en la colonización y opresión del cuerpo en nombre de un espíritu, que en primer lugar es visto como masculino. Su visión poética concuerda completamente con los conocimientos que yo he obtenido en el transcurso de mi trabajo terapéutico de preexistencia. Suponiendo que todos nosotros; tanto hombres como mujeres; estamos marcados en nuestro inconsciente por medio de samsaras de nuestras existencias anteriores, como hombre y mujer, en la cultura occidental, entonces en cada uno de nosotros ya hay colocada psíquicamente cierta medida de misoginia. Eso significa, que todos llevamos en nosotros el arquetipo de lo femenino herido, que se muestra ampliamente en nuestra cultura. Por muy asombroso que pueda parecer a primera vista, en ningún caso son sólo las mujeres las que pueden acordarse de existencias anteriores con violencia, violación y abuso. Muchos hombres, incluyéndome a mí, se han visto en los recuerdos como mujeres, a las que les ha ocurrido el mismo tipo de historias de horror. Mi propio recuerdo de violación realmente humillante, la mutilación y por fin la muerte de una joven muchacha, afloró cuando un terapeuta de Rolfíng trabajaba en la zona de mi ingle. Tal como veremos más adelante en este capítulo, las mujeres también se acuerdan de existencias anteriores en las que como hombres en el campo de batalla, han perpetrado las peores crueldades, a menudo incluso con un gran placer. Ese arquetipo con sus dos polos, activo y pasivo, actúa de alguna manera en cada uno de nosotros.
Cuando investigo en la terapia los destinos personales que están detrás de los problemas específicamente sexuales o ginecológicos de mis clientes femeninas, procedo de igual forma que con síntomas corporales. En caso de que se trate de un síntoma físico, le pido a la cliente que dirija su atención directamente al foco del dolor; ya sea una excrecencia o una disfunción orgánica; y que describa exactamente sus sensaciones específicas. Pero de vez en cuando le pido a la cliente también, que se concentre en los sentimientos predominantes que se relacionan con el problema sexual o "reproductivo" en cuestión. Después nos ocupamos con las ideas, sentimientos y sensaciones que giran en torno al complejo respectivo, hasta que el inconsciente libere determinadas secuencias de imágenes.
Como la zona genital de la mujer la mayoría de las veces, en caso normal, no es lesionada por efectos externos, sino más bien es escenario de sucesos emocionales muy íntimos, las historias que surgen en relación con esa parte del cuerpo femenino son habitualmente muy específicas y emocionalmente complejas y necesitan frecuentemente en consecuencia, un cuidadoso trabajo de desciframiento, antes de que pueda llevarse a cabo una completa catarsis y curación. Los
siguientes breves resúmenes acerca de una serie de problemas sexuales y ginecológicos, con los que he tenido que ver en mi actual trabajo, le aclararán al lector en qué consisten estos problemas en general.
Una joven mujer de casi treinta años de edad tenía grandes problemas con la sexualidad. Ella tenía la sensación de que era poco atractiva para los hombres y que éstos sólo la rechazaban. Desde los trece años tenía un poco de sobrepeso y era perseguida repetidamente por la idea de que iba a ser una prostituta. De sus recuerdos de existencias anteriores, uno aclaró especialmente los trasfondos de su negativa autoimagen. Ella se ve como una mujer joven muy hermosa que cuida a su padre; la madre ya ha muerto muchos años antes. Su padre la obliga a una relación incestuosa y ella tiene dos hijos de él. Ella se ve atormentada por sentimientos profundamente contradictorios de repulsión y deseo. Ella intenta escapar de ese infierno emocional, llevando una y otra vez hombres desconocidos a una taberna del lugar. Finalmente es asesinada con un hacha, por un hombre que ella seduce una y otra vez y que al mismo tiempo rechaza.
En otra existencia, en el sur de los Estados Unidos, en la época anterior a la guerra civil, su esposo tiene relaciones amorosas con otras mujeres mientras ella está embarazada, por lo cual se siente abandonada y fea. No le resulta difícil comprender, cómo esos antiguos dramas inconscientes afectan su actual relación con los hombres.
Una mujer de mediana edad que participaba en uno de nuestros talleres, padecía desde siempre de terribles espasmos premenstruales, aunque ya había traído tres niños al mundo. Cuando indagamos las causas de esos dolores, ella se vio como una mujer africana que muere con el nacimiento de un hijo. Su muy torpe esposo se esfuerza por ayudarla con aquel parto extremadamente difícil. Se trata de un parto en que el niño sale primero con las nalgas. En sus continuos y torpes esfuerzos, el hombre finalmente le arrancó la cabeza al niño. La mujer muere con terribles dolores. Ese recuerdo, que se manifiesta reiteradamente en su útero a través de varias existencia^ se activaba nuevamente con cada menstruación.
Una mujer de aproximadamente treinta y cinco años, relató en un taller que ya tenía tres operaciones en el abdomen; una de apendicitis, otra a causa de un embarazo tubario y una tercera para extirpar un quiste del útero. En los tres casos los problemas tuvieron lugar simultáneamente con dificultades en su actual relación de pareja. En uno de su& recuerdos ella se vio como una joven muchacha que es violada por su padre. Cuando es adolescente queda embarazador la que induce a su padre a golpearla y a patearla en el abdomen y a abusar de ella de la peor manera. Cuando él la expulsa de la casa, ella queda completamente sin recursos y muere poco después de una pulmonía. Como es de comprender, para esa mujer el tema embarazo estaba relacionado con sentimientos muy ambivalente^ y esa ambivalencia se manifestaba en forma de molestias en el vientre, en cuanto iniciaba una relación estrecha con un hombre.
Una joven académica que estuvo un tiempo conmigo en terapia, no tenía ciertamente ninguna molestia física, pero sentía una aversión totalmente irracional, con lasóla idea de que alguna vez pudiera tener un hijo. Durante la entrevista terapéutica, ella manifestó repetidamente su falta de disposición para discutir siquiera acerca de ese tema, pero no escapaba a la vista que ella tenía que luchar con una gran agitación interior y con los sentimientos correspondientes, siempre que se tocaba ese tema, aunque fuera de lejos. Cuando se ocupa con los sentimientos que surgen en ella, se ve inesperadamente (en los recuerdos) como una prostituta con un bebé no deseado. Esa joven mujer sufre
evidentemente de depresiones de sobreparto (tiempo que sigue al parto). El padre ha desaparecido para siempre. Media loca y completamente desesperada, ella mata al niño lanzándolo contra la pared, A su depresión se agrega una enfermedad que le quita las fuerzas. Finalmente muere en un mugriento burdel, sintiéndose culpable, perdida y agotada. Su último pensamiento es: "Todo me da lo mismo. Yo no merecía tener hijos”. A cualquiera le será fácil comprender, que los sentimientos de culpa pendientes habían bloqueado totalmente el deseo de esa joven mujer de tener hijos en su vida actual.
En los casos de las dos primeras mujeres mencionadas, los problemas del vientre eran por fin gritos de dolor, cuyas causas había que buscar en experiencias preexistenciales incompletas. Sus síntomas querían decir: "¡No me toques!"; "¡Me haces daño!"; "¡Me matas!"; "¡Te odio!"; "¡Déjame en paz!". La joven mujer, que no quería tener hijos bajo ninguna circunstancia, estaba un poco más feliz en varios aspectos, porque su cuerpo por lo menos no experimentaba en forma dramática sus molestas heridas antiguas. Pero a causa del sentimiento de culpa que seguía llevando consigo por el asesinato de su hijo no deseado, el inconsciente se oponía en su caso, contra todo lo que tuviera que ver con una posible maternidad.
El tratamiento terapéutico de tales problemas no es muy simple y en absoluto exitoso en cada caso, pero cuando mis clientes reúnen el valor y la paciencia que son imprescindibles para la exploración de esas sensibles e íntimas zonas de la personalidad, siempre emergen nociones del enterrado drama de su vida interior. Cuando he examinado junto con mis clientes el material de imágenes que está escondido detrás de tumores uterinos, excrecencias, tumores en general, graves disturbios en la menstruación o esterilidad, han aparecido historias igualmente atroces: Abortos forzados, sacrificios de niños o indecibles torturas sexuales o mutilaciones. En caso de que a alguien se le ocurriera la idea de entregarse a algún tipo de ilusiones sentimentales con respecto a los buenos antiguos días de la sociedad matriarcal, entonces puedo ser útil con varios protocolos de recuerdos de existencias anteriores, en los cuales se habla, cómo niños son sacrificados a la gran diosa, o cómo en algunas tribus, sacerdotisas les sacan los genitales a camaradas de sexo en rituales, y se los ofrecen a la gran madre. Casi no es necesario que indique, que la sensación de culpa, vergüenza, rabia y terror, que aparecen en tales recuerdos, pueden tomar parte de manera muy desagradable en la vida de la mujer respectiva, sin que ésta conozca las causas. De esa manera, pueden haber complejos kármicos presentes y vividos en el inconsciente de la moderna mujer.