PREFACIO
Desde los primeros tiempos del cristianismo el canto ha formado una parte importante del culto. En parte eso fue legado del judaísmo, y no es accidente que casi diez por ciento de la Biblia de Israel se da a su cancionero, el libro de los Salmos. Durante los siglos en que las Escrituras fueron quitadas del pueblo, también se les quitó el canto congregacional. Al devolverle la Biblia y la experiencia de la gracia de Dios en la salvación por la fe en Cristo, la gente tenía qué cantar. Los protestantes y evangélicos siempre han sido un pueblo del canto en conjunto.
Cuando esta obra, La Historia del Himno en Castellano primero vio la luz en 1963, los evangélicos de los países de habla castellana cantaban. Cantaban cuando estaban contentos y cuando estaban tristes. Eso les parecía extraño a sus vecinos que eran de la iglesia dominante. En estos últimos años ha habido un cambio. Ahora los católicos romanos también cantan, y en castellano.
Hace varios años, en Chile un dirigente laico católico me dijo: "Mandamos personas a los cultos de ustedes para aprender sus cantos." También mencionó su uso de nuestros libros para el estudio de la Biblia. Naturalmente, damos la bienvenida a tales cambios. ¡Que haya más! Ha llegado a tal situación que a veces es difícil saber si un canto nuevo es de origen evangélico o católico.
También durante estos años hemos visto con gozo que el número de evangélicos ha crecido en casi todos nuestros países. Entre ellos hay más peritos en la música y más personas capaces de escribir buenos versos. Desde luego, no va a perdurar todo lo que se escribe, pero podemos dar gracias a Dios de que hay tal abundancia de cantos de los cuales escoger. Los escritores hemos de ofrecer nuestros cánticos al Señor, y que se utilicen los mejores.
Al mismo tiempo, hemos visto una tendencia en muchas iglesias de usar estribillos, bajo el nombre de "coritos", en cantidades mayores que en épocas pasadas. Esto es bueno y malo. Estos cantitos son como una ensalada fresca, liviana y agradable. Muchos de éstos utilizan la repetición, son fáciles de recordar y tienen una melodía pegajosa. Pero cuando vienen a excluir del culto los himnos más formales y de contenido profundo, no es bueno; pues no se puede vivir únicamente de "ensalada". Felizmente, una buena porción de estos cánticos tiene letra que casi palabra por palabra viene de la Biblia.
No será muy necesario que yo enfatice la importancia de cantar en los cultos. Esto se está haciendo con gusto. Pero debemos seguir llamando la atención a que hemos de cantar bien a un Salvador que merece lo mejor, que nuestras congregaciones se den cuenta de lo que están cantando y que el mensaje contenido en los buenos himnos penetre en nuestro ser y salga en nuestras acciones. Así creemos que la himnología merece más atención de la que hasta ahora ha recibido.
Después de escribirse este libro, han salido algunos himnarios de importancia, entre los cuales destacamos: Cántico Nuevo (1962, 1969; Buenos Aires), Gracia y Devoción (1962; Kansas City, USA),
Culto Cristiano (1964; Nueva York), El Himnario (1964; Albuquerque, USA), Cantos Bíblicos (1965;
St. Louis, USA), Himnos de Fe y Alabanza (1966; Grand Rapids, USA), Himnario de las Iglesias
Evangélicas de España, con música (1967; Barcelona), Himnos de la Vida Cristiana, revisado
(Harris-burg, USA), Himnos de Luz (1968; San Antonio. TX., USA), Himnario Cristiano (1974, México),
Himnario de la Iglesia de Dios (1975 ; Anderson, In., USA), e Himnario Bautista (también llamado Himnario de Alabanza Evangélica; 1978; El Paso, TX., USA). También, ha habido la publicación de
cancioneros particulares, como Melodías de Gracia y Gratitud, por Abel P. Pierson Garza, alrededor del año 1979.
Además de artículos ocasionales en diversos periódicos, hay a lo menos dos revistas que se dedican a nuestra música: Cantos Corales, de Puerto Rico, y Preludio: Música y Adoración, de El Paso.
En el primer Prefacio de este libro mencionamos cuatro libros que trataban los himnos y sus autores:
Diecinueve Siglos de Canto Cristiano, por Eduardo Ninde (1948) ; Historia de Grandes Himnos, por
por Alfredo Rodríguez (1958). Durante estos últimos años han aparecido Himnología Popular, por Ricardo Peña; y los libros míos: Conozcamos Nuestro Himnario (1980) y Comentario sobre los Himnos
que Cantamos (1985). El Comentario toma cada himno del Himnario Bautista y da datos sobre el
himno, su autor, su compositor y, donde corresponde, su traductor. Fácilmente se puede usar también en relación con otros himnarios. Especialmente refiero a los lectores de esta Historia al Comentario para conseguir mayores datos sobre los himnos que actualmente se usan. La prestnte obra fue preparada basada en muchos años de enseñar en el Seminario Teológico Bautista en Chile, una nutrida correspondencia con muchas personas e investigaciones en bibliotecas de varios países. Salvo uno que otro error de imprenta, casi nadie ha señalado una equivocación en algún detalle. Me habría gustado actualizar estos datos en relación con algunos de los himnarios nuevos, pero mi tiempo comprometido en otras tareas no me lo ha permitido. Y creo que esta Historia combinada con mi Comentario suplirá muy bien una comprensión de nuestros himnos.
Una palabra más en cuanto al vocabulario de este libro: Todos los ramos del conocimiento tienen vocablos propios. A veces un nuevo campo del saber tiene que formar palabras nuevas para expresar sus verdades. Ya que la himnología es un tema relativamente nuevo en castellano, tras mucho estudio y consultas con interesados en esta misma materia, me he atrevido a usar algunas palabras que aparecen sólo en diccionarios voluminosos, y a crear otras palabras que no han existido en diccionario alguno. Por lo general, no serán difíciles de entender. Un "himnista" es una persona que tiene que ver con los himnos, un "himnógrafo" es aquel que escribe; el "himnólogo" los estudia. La "himnodia" trata en términos generales de este campo de interés, mientras que la "himnología" es el estudio ordenado de los himnos. El vccablo "himnario" ya hace mucho tiempo se ha generalizado entre el pueblo evangélico. La palabra inglesa "anthem" se ha traducido con la voz "antífona". Las "gospel songs" las hemos querido llamar "canciones evangelísticas".
Diríamos de nuestra obra himnológica lo que Juan Newton (en la traducción de J, B, Cabrera) decía de sus himnos:
Si es pobre ahora mi cantar, cuando en la gloria esté y allá te pueda contemplar, mejor te alabaré.
Cecilio McConnell M. INSTRUMENTOS MUSICALES
Por Donald E. Demaray
La música tanto vocal como instrumental, se menciona a menudo en la Biblia. En realidad, la Biblia refleja una gran sensibilidad hacia la música y su belleza. La tradición afirma que Jubal fue "padre de todos los que tocan arpa y flauta" (Génesis 4: 21). Ella era símbolo y expresión de gozo en las fiestas, días sagrados y bodas. Reyes y reinas se deleitaban con ella, y hasta los pastores tenían su lira. David organizó un coro y orquesta (1 Crónicas 15:16-24); había canto antifonal de los Salmos; y el libro de los Salmos (himnario de los antiguos hebreos) insta diciendo "Cantad alegres a Jehová". Y en las batallas también había música.
¿Cómo era esa música? En verdad nadie lo sabe, pero si en algo se parecía a la música del Cercano Oriente tal como hoy la conocemos, debe haber tenido un sonido extraño para los oídos occidentales, por basarse en una escala diferente a la nuestra. ¿Cómo eran los instrumentos? También los conocimien
tos al respecto son oscuros, pero la etimología de los nombres de los instrumentos, los descubrimientos de instrumentos anti-guos y de representaciones artísticas de los mismos en el Cercano Oriente, más una pizca de imaginación, ayudan en el intento de reconstrucción.
ARPA. Junto con la flauta, es el primer instrumento que se menciona en la Biblia (Génesis 4:21). Se hacía de madera de
ciprés o sándalo. Era un pequeño instrumento de cuerdas. Se tocaba con los dedos o con un plectro. Probablemente tenía de ocho a diez cuerdas, y su tamaño y forma eran diversos. David tranquilizaba al rey Saúl al son del arpa (1 Samuel 16:16). Se empleaba en el culto en el Templo y en diversas fiestas. Algunos han sugerido que es de origen sirio. Los egipcios usaban arpas tan altas como un hombre. La lira era un instrumento semejante pero más pequeño, y se pulsaba con ambas manos.
BOCINA (CUERNO DE CARNERO). La Biblia de Straubinger (Str.) la llama "cuerno". El cuernode carnero o de vaca era
un sencillo instrumento de viento que producía una serie de notas empleadas como señales o floreos. Se menciona en Josué 6:4, 6, 8, 13. A veces se le llama "trompeta".
CAMPANILLAS. Diversas clases de campanillas se empleaban en tiempos bíblicos. Las mujeres usaban campanillas o
cascabeles como adorno en las muñecas y tobillos para atraer la atención y la admiración (Isaías 3:16-18). El borde del manto del sumo sacerdote tenía campanillas como adorno y para anunciar su entrada y su salida (Éxodo 28:33-35). Solía ponerse campanillas a los caballos como adorno y para ayudar al dueño a encontrar el animal extraviado.
CÍMBALO. Los címbalos, empleados especialmente en tiempos del Antiguo Testamento en las fiestas y ceremonias (1 Crónicas 15:19; Esdras 3:10), eran de diferentes clases (véanse ilustraciones). Algunos eran platillos de bronce que se golpeaban unos contra otros. Otros eran cónicos o casi cónicos, con agarraderas, y se entrechocaban verticalmente. Había otros que se raspaban uno con otro. David y los israelitas tocaron címbalos y otros instrumentos cuando llevaban el arca a Jerusalén (2 Samuel 6:5). La única vez que se mencionan los címbalos en el Nuevo Testamento es en el gran capítulo del amor, 1 Corintios 13 (versículo uno). Salmo 150:5. La versión Straubinger lo llama a veces "sistro".
CÍTARA. 1 Samuel 16:23; Job 21:12 Str. La cítara es una lira antigua, con caja de resonancia.
CASTAÑUELAS. 2 Samuel 6:5 posiblemente se refiera á las castañuelas, instrumento musical que David y sus músicos
tocaban. El nombre de este instrumento se deriva de "castaña", pues en tiempos antiguos se pegaban dos castañas a los dedos y se golpeaban para hacer música. Más adelante las castañuelas se hicieron de pequeños címbalos en forma de cuchara. En Egipto se hacían de metal, hueso y madera. Salmo 150:5 puede referirse a las castañuelas.
CUERNO. Ver Bocina.
DECACORDIO. Se menciona en Salmo 33:2 y 144:9. Straubinger lo llama "salterio de diez cuerdas" y "arpa de diez
cuerdas". La Biblia de Jerusalén lo llama "lira de diez cuerdas".
DÚLCEMELE. Con este nombre se menciona en la versión "King James" inglesa el instrumento llamado zampoña
(RVR) y sambuca (RV, Str.). Pero el dulcémele era una caja de resonancia con cuerdas tendidas de través, y se tocaba con
FLAUTA. Se menciona primero en Génesis. También en Daniel 3:5, 10,. 15, y en Job 30:31, etc. Algunas flautas eran de una
sola caña con agujeros; otras, de dos cañas paralelas (una para la melodía y otra para la armonía); algunas eran parecidas a la gaita, y otras a la flauta moderna que se mueve sobre el labio inferior. Se hacían de madera, hueso o metal. Se empleaban en las orquestas, en los funerales, y especialmente en ocasiones festivas como las bodas. En el capítulo tres de Daniel, versión Reina Valera (RV) se la llama pífano.
GAITA. La hallamos en Daniel 3:5, 10, 15, Nácar-Colunga (NC). La RV y la RVR la llaman zampoña; Str., sambuca. Es
una flauta, al modo de chirimía, que se acompaña del tamboril.
LIRA. Véase "Arpa".
ÓRGANO. Se menciona en Salmo 150:4, RV y NC. Es un instrumento de viento compuesto de muchos tubos, donde se produce el sonido mediante el aire impelido por un fuelle.
PANDERO. El pandero o pandereta es un instrumento de madera cuyo vano está cubierto por una piel muy tirante. Era
símbolo de alegría. Se parece al tambor, pero tiene sólo una piel estirada sobre el marco, y a veces lleva discos de metal en la parte de fuera. A1 golpear sobre la piel, los discos tintinean aumentando la alegría de la fiesta. Éxodo 15:20; 1 Samuel 10:5; Salmo 81:2; 150:4 lo mencionan. (Véase "tambor".)
PÍFANO. Se menciona en el capítulo tres de Daniel, RV. Es un flautín de tono muy agudo.
SALTERIO. El salterio del antiguo Israel era semejante al arpa (Str. a veces lo traduce "cítara") y se empleaba para el culto
y para las fiestas. Se pulsaba con los dedos, y no con plectro. Algunos han sugerido que su nombre hebreo, que significa "botella", describe la forma del instrumento. Quizá haya sido de origen fenicio. 1 Samuel 10:5; 2 Crónicas 5:12; Salmo 71:22.
SAMBUCA. Algunos la llaman "trígono", y era un instrumento pórtátil semejante al arpa, que se ataba a la cintura del músico, el cual la mantenía vertical al tocar mientras caminaba. El número de sus cuerdas variaba; los griegos y los romanos la consideraban objeto de lujo entre los instrumentos musicales de Oriente. Sólo se menciona en Daniel 3:5, 7, 10, 15, versión de Straubinger. Era parte de la orquesta de Nabucodonosor.
SISTRO. 2 Samuel 6:5, Str. La palabra hebrea que se traduce sistro se deriva del verbo "sacudir". En un marco atravesado
por un alambre, colgaban unos anillos de metal que producían un tintineo al sacudir el instrumento.
TAMBOR. 1 Samuel 10:5, Str. Es un instrumento de percusión, cilíndrico, hueco, cubierto en sus dos bases con piel_. estirada, y se toca golpeándolo con dos palillos o baquetas.
TAMBORIL. 1 Crónicas 13:8 (NC lo llama "tímpano", y Str., "pandereta") Daniel 3:5, 7, 10, 15; Job 21:12. Es un tambor
pequeño que se toca con un palillo o baqueta. Acompaña comúnmente al pito y se usa en las danzas populares. En ocasiones, RV lo llama "pandero". Es un instrumento de alegría.
TÍMPANO. Jueces 11:34, Str.; 1 Samuel 10:5; 1 Crónicas 13:8; Salmo 150:4, NC. La RVR lo llama a veces "pandero". Es un atabal o tamboril.
TROMPETA. Solía hacerse de cuerno de carnero o cabra. A veces se le llama "cuerno". Se empleaba para señales en la
guerra, como en el caso de Gedeón (Jueces 7: 16-23). Otra clase de trompeta era recta y metálica. Dios mandó a Moisés hacer dos trompetas de plata (Números 10:1-10). Se mencionan las trompetas en Apocalipsis 8:2. 1 Tesalonicenses 4:16 (v. Mateo 24:31 y 1 Corintios 15:52) menciona "la trompeta de Dios" en la segunda venida.
ZAMPOÑA. Daniel 3:5, 7, 10, 15, RV y RVR. Es un instrumento rústico a modo de flauta, o compuesto de muchas flautas.
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El Paso, Texas BIBLIOGRAFIA
ABREVIATURA
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Breed, David R., The History and Use of Hymns and Hymn-Tunes, New York, Revell, 1903, 364 p. Burrage, Henry S., Baptist Hymn Writers and Their Hymn, Portland, Maine, Brown Thurston & Co., 1888, 682 p.
Canclini, Arnoldo, "Cantaré con Entendimiento", Buenos Aires, Junta Bautista de Publicaciones, 1957, 174 p.
Ewing,María E., Historia de Grandes Himnos, México, D. F., Casa Unida de Publicaciones, 1956, 128 p.
Gillman,Frederick John, The Evolution of the English Hymn, New York, Macmillan, 1927, 312 p.
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Marks, Harvey B., The Rise and Growth of English Hymnody, New York, Revell, 288 p.
Menéndez y Pelayo, Marcelino, Historia de los Heterodoxos Españoles ( 8 tomos), segunda edición refundida, Madrid, Librería (General de Victoriano Suárez, 1928 síg.
Ninde, Eduardo S., Diecinueve Siglos de Canto Cristiano, Buenos Aires, Editorial La Aurora, 1948, 191 p.
Rodríguez, Alfredo S., Himnos Famosos, El Paso, Texas, Casa Bautista de Publicaciones.
Westrup, Enrique T., Principios: Relato de la Introducción del Evangelio en México, Escritos del Protagonista Principal en Dicha Obra, Tomás Martín Westrup. Monterrey, N. L. México, Enrique Westrup, 1948, 126 p.
*** CAPITULO I INTRODUCCION
Después de la Biblia, es, sin duda, el HIMNARIO el libro que más ha contribuido para confortar el alma, iluminar los ojos, sostener la fe y el amor de los hombres y mujeres cristianos a través del mundo. Un himnario, el Bay Psalm Book (1640), fue el primer libro que se publicó en las colonias inglesas del Nuevo Mundo. En verdad, una de las primeras impresiones en todas las Américas fue un Ordinarium, el cual contenía música, publicado en la ciudad de México en 1556. Es probable que el primer libro evangélico publicado en la España moderna fuera un librito de canto que vio la luz en Cádiz en 1835, unos meses antes que la Sociedad Bíblica imprimiera su primer Nuevo Testamento en suelo español.
Que se haya hecho este énfasis sobre los himnarios no es ningún accidente. Tal como los salmos bíblicos eran un elemento esencial de adoración en la sinagoga judía y en el servicio de los cristianos primitivos, así lo es el canto sagrado en nuestra época. En las iglesias evangélicas que tienen largos años de desarrollo el canto espiritual juega un papel fundamental, y en las iglesias nuevas de los campos misioneros una de las primeras preocupaciones de los predicadores evangélicos es de proveer himnos en el idioma del pueblo para que los puedan cantar las personas que llegan a los cultos.
I. LA IMPORTANCIA DE LOS HIMNOS
Los himnos son objeto de tanto interés a causa de su gran importancia en el desarrollo de las iglesias y de la vida cristiana. Los escritores sagrados reconocen esto. Hay un libro entero, los Salmos, que contiene cánticos religiosos del pueblo escogido, además de los tantos en otras partes de la Biblia. El Apóstol Pablo da recomendaciones explícitas sobre la música espiritual al escribir tanto a los efesios (5:19) como a los colosenses (3:16,17). En Colosenses, por ejemplo, dice: "La palabra de Cristo habite en vosotros en abundancia en toda sabiduría, enseñándoos y exhortándoos los unos a los otros con salmos e himnos y canciones-espirituales, con gracia cantando en vuestros corazones al Señor. Y todo lo que hacéis, sea de palabra, o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por él".
En este texto paulino hay a lo menos cinco cosas que indican la importancia de los himnos. En primer lugar el apóstol relaciona el canto cristiano con la palabra de Cristo. El cantar himnos es la ex-presión exterior de una cara posesión interior; es la manifestación del evangelio. Esa palabra de fe que habita en abundancia en el corazón del creyente brota en expresiones líricas por medio de las canciones religiosas. Si el corazón siente algo con intensidad parece que casi de por sí éste encuentra expresión en los labios. El impulso lírico es innato en el corazón humano y es especialmente fuerte cuando está dirigido a Dios.
En seguida, se nota el lugar del himno en la enseñanza. Pablo dice: "enseñándoos", reconociendo el valor didáctico del canto. En nuestros días los propagandistas por radio se afanan por encontrar algunos versos cantados por medio de los cuales puedan presentar las bondades de sus productos, pues se dan cuenta que un refrán cantado con una melodía agradable se recuerda con mayor facilidad. Muchos de los himnos, y especialmente los coritos que se enseñan durante las campañas evangelísticas, tienen el propósito de enseñar el evangelio en forma tal que la gente que canta encuentre fácil el aprendizaje de las verdades bíblicas, y también las lleve a sus relaciones. Los católicos romanos de su época decían de MARTIN LUTERO que "pervertía" más a la gente por medio de sus himnos que por sus sermones, pues el pueblo andaba en todas partes cantando el evangelio; así se esparcía la enseñanza protestante. Algunos han expresado que en Chile tantas personas se han ganado para Cristo por medio de los himnos, como por la predicación. A través de la América Latina este ha sido especialmente el testimonio acerca de la obra evangélica en los pueblecitos y en los campos. Probablemente la mayoría de nosotros ha formado más sus conceptos de doctrina a base de los himnos que cantan que de lo que se piensa. Por eso, el gran Apóstol escribe a los corintios (I Corintios 14:15)
"Cantaré con el espíritu, mas cantaré también con entendimiento".
En tercer lugar, al escribir a los colosenses, Pablo dice "exhortándoos". Esto se refiere al poder de los himnos y de la música sobre las personas para moverlas a ciertas actitudes o acciones. Tal como la música marcial y los himnos nacionales incitan a la valentía y al patriotismo, así los diferentes himnos, según su naturaleza, mueven a la consagración, a la oración, a la adoración, o a la decisión. El canto de medianoche de Pablo y Silas en la cárcel de Filipos les aumentó el valor y los estimuló a la propia exhortación. Los cristianos en la arena de Roma y en la hoguera de Sevilla, cantaron con gozo por el privilegio de sufrir por su Redentor y, a la vez, para alentarse mutuamente en la dura prueba que afrontaban. También en nuestros días millones de personas han cobrado nuevo ánimo para seguir en el bien hacer cantando himnos, ya sea en la congregación o particularmente.
Una cuarta cosa en la recomendación del Apóstol que indica la importancia del canto cristiano tiene que ver con la acción de gracias. Todos los pueblos en todos los tiempos han usado los himnos para alabar a sus dioses, o, como es más corriente, para presentarles sus peticiones. Pablo también indica a los colosenses que debieran estar "...con gracia cantando en vuestros corazones al Señor. Y todo lo que hacéis... hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por él". Las peticiones al Altísimo tal vez sean las expresiones más comunes entre los seres humanos, pero la gratitud y el gozo representan un nivel incomparable en la relación entre el hombre y su Hacedor. La fe cristiana es por
excelencia una religión de gozo que naturalmente encuentra su expresión en el canto. De ahí, entonces, se ve la gran importancia de los himnos.
En quinto lugar, se deja entrever otro mérito en los cánticos evangélicos. Pablo está dirigiéndose a los hermanos de Colosas en general y no a un grupo especial de ellos, y al decir "vosotros" y "vuestros" implícitamente está indicando que el canto es prerrogativa de todo el pueblo. El himno es un medio por el cual toda la congregación puede tomar parte activa en el culto. Se ha dicho de Lutero que dio al pueblo alemán en su propio idioma la Biblia, el catecismo y el himnario, de modo que Dios pudiera hablarle directamente en su Santa Palabra y que el pueblo pudiese responderle directamente con sus cánticos. Hay una relación directa entre lo que una persona contribuye al culto y el provecho que de él saca. El orador coopera con el canto, y el servicio tiene un significado más profundo que de otro modo no tendría. Además, la alabanza en esta forma debe de ser más agradable a Dios, pues ha provenido de un mayor número de sus criaturas.
Pero, también, hay otras cosas que sugieren la importancia de los himnos, las que el escritor sagrado no se preocupó de mencionar. Por ejemplo, la música tiene la cualidad de ser más vaga e inde-finida que otras formas de arte, de manera que ofrece un medio para que el hombre exprese sus inquietudes y su anhelo de aquello que no ha alcanzado. Muchas veces lá palabra o la vista no son capaces de encerrar las ideas y los sentimientos inefables del corazón. En la música sagrada el alma puede expresar las emociones religiosas que las meras palabras no pueden expresar. Por medio de la música el alma se libera.
Además, la gente responde más favorablemente al evangelio cuando hay una música atrayente en los cultos. Los cantos evangélicos gustan, y muchos cantan alegremente sin pensar en su origen ni en su contenido. Sin embargo, en forma inconsciente, sus verdades penetran a los corazones donde germinan y brotan a veces inesperadamente. Se cuenta de una señora brasileña que escuchaba a su vecina evangélica tocar el piano. Un día le pidió el libro que contenta la música para tocar ella misma. Como era muy católica, cubrió la letra del himno para no leerla. Pero, tanto le gustó la música que tuvo una gran curiosidad por ver la letra. Por fin su impaciencia pudo más y descubrió la letra del himno, la que le impresionó favorablemente, y la guió más tarde a la conversión. El canto cristiano, como se puede ver, es una poderosa agencia evangelizadora.
El himno evangélico tiene una importancia especial en los países que comúnmente se llaman católicos, pues estos pueblos no son del todo desconocedores de los himnos. Es interesante notar que en el famoso primer viaje de CRISTOBAL COLON al Nuevo Mundo, cuando el 25 de septiembre de 1492 uno de los marineros creta ver una luz, el antiguo cántico "Gloria in excelsis Deo" se elevó en los tres pequeños barcos. Entonces, cuando realmente vieron la luz el 12 de octubre, cantaron "Salve Regina". Tampoco podemos menos que observar que ambas canciones fueron en un idioma muerto y una se dirigía a la Virgen. Después, con el tiempo, algunos de los propagandistas católicos reconocieron la importancia de la música en el trabajo. BARTOLOME DE LAS CASAS tuvo gran éxito entre los indios de Guatemala con su catecismo acompañado de música. PEDRO DE GANTE estableció una escuela de música en México en 1524, la primera en las Américas. FRANCISCO SOLANO atraía a los indios del Gran Chaco por medio de su violín y los instruía con las doctrinas católicas acompañadas de música. Aunque estos casos son más bien la excepción que la regla, no obstante ilustran el valor de los himnos entre los pueblos de estas tierras. Los evangélicos con sus cantos en lenguaje usual y con la participación de casi toda la congregación tienen mucho más qué ofrecer que los católicos romanos.
De consiguiente, se puede recalcar que el himno evangélico es de una importancia tal que merece ser tomado muy en cuenta.
A1 hablar de la importancia de los himnos, conviene detenerse un poco para indicar justamente lo que es un himno. El Apóstol nombró tres clases de cantos religiosos tanto en Efesios como en Colosenses. A1 escribir a los efesios (5:1&20) dice: ". . .sed llenos del Espíritu; hablando vosotros con salmos, y con himnos, y canciones espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones; dando gracias siempre de todo al Dios y Padre en el nombre de nuestro Señor Jesucristo". Para el servicio espiritual se mencionan salmos, himnos y canciones espirituales. No hay distinción absoluta entre estos términos, pero, en general, los salmos serían los cánticos bíblicos, y especialmente los del
Libro de los Salmos, el que servía de base principal para el canto en la sinagoga y en las reuniones de los
cristianos primitivos. Algunos comentaristas creen que también la palabra "salmos" implicaba un acompañamiento de instrumentos musicales. Otros "salmos" podrían ser cánticos de alabanzas creados por los cristianos, pero probablemente siguiendo el modelo de los salmos bíblicos.
Los "himnos" eran cánticos de gozo y de alabanza, dirigidos a Cristo y a Dios, escritos por poetas creyentes. Probablemente los escritos del Nuevo Testamento tienen frases de estos himnos en tales pasajes como I Timoteo 3:16.
"Aquel que fue manifestado en la carne, Justificado en el espíritu, Visto de ángeles, Predicado entre las naciones, Creído en el mundo, Recibido arriba en gloria". ( V. M. ).
Las "canciones espirituales", como término más general, serían en especial los cánticos que no eran salmos ni himnos, pero que servían a los intereses espirituales de los creyentes. Es posible que un solo cántico sea tanto salmo como himno y canción espiritual.
En la usanza de nuestros días la palabra corriente al referirse a los cánticos religiosos es "himno". Así, el famoso himnólogo Benson dice que esencialmente el himno es: "versos litúrgicos". El vocablg viene del griego hymnos y, según el diccionario: Nuevo Pequeño Larousse Ilustrado, es un "cántico en honor de la divinidad. Entre los antiguos, poema en hMor de los dioses o de los héroes. Canto nacional o popular". Una enciclopedia lo expresa así: "En sentido general, el himno es un poema lírico o religioso; más específicamente, es una composición métrica dividida en estrofas o versos, que se usa en la -adoración". Sin embargo, hay algunos himnos que no son métricos ni están divididos en estrofas, y antiguamente los más no lo eran. Ahora, no obstante, la composición métrica caracteriza casi todos los himnos fuera de los de la Iglesia Católicaromana, donde todavía los milenarios cánticos gregorianos son los modelos preferidos.
El famoso AGUSTIN definió el himno cristiano como "un cántico de alabanza a Dios". Pero esta definición es demasiado limitada, ya que el propio apóstol Pablo, según los pasajes en Efesios y Colo-senses ya citados, indica que un himno debe no sólo orar y alabar, sino también enseñar y edificar, tal como lo demuestra cualquier himnario moderno. Eso sí, para que sea verdadero himno, una poesía religiosa, además de ser lírica, debe, directa o indirectamente, dirigirse a Dios.
Las canciones espirituales incluyen los salmos y los himnos; pero también incluyen una clase de cánticos que no son oraciones ni alabanzas ni se dirigen con preferencia a Dios. Hay cánticos religiosos cuya función principal es de instar a los hombres a ciertas actitudes o acciones espirituales. Por ejemplo:
"Pecador, ven al dulce Jesús" trata de cosas fundamentales del cristianismo, pero está dirigido hacia la
exhortación de los hombres, por cuya razón no es himno sino canción espiritual. Hay algunos cánticos que son difíciles de clasificar, y, de todos modos, muchas veces en la práctica para todos ellos se usa el término "himnos".
Usando el vocablo "himno" en este sentido general, se puede decir que tiene algunas características que lo distinguen de otras fases del arte o del servicio de la iglesia. Otras clases de arte pueden existir por el valor del mismo arte, pero no el himno. Este tiene un propósito práctico: servir a la congregación en el culto de la iglesia. Idealmente tiene que pasar una prueba triple: ¿Suena bien el himno al leerlo? ¿Suena bien al cantarlo? ¿Tiene vida? El himno es lo único que tiene que ver con tres grandes campos de la inspiración y del arte, es decir, la religión, la literatura y la música. Si una poesía no presenta sana doctrina o ideas consecuentes con un culto al Omnipotente, no puede tomarse por himno, aunque su estilo literario sea superlativo. También, si el poema religioso no se ajusta a la música será poesía
devocional más bien que himno. Y sin una cierta cualidad literaria la lírica no será himno como debe serlo. Algunos de los himnos más conocidos tienen manifiestas faltas literarias; y muchas veces versos que tienen fuerza y popularidad con una melodía, son ineficaces con otra, y también ha pasado que una letra excelente se ha olvidado porque se ha asociado con música que no ha agradado, y una letra muy pobre ha sobrevivido gracias a una agradable melodía acompañante.
Otra característica del himno es su universalidad. Esta se ve de varias maneras. Es universal en que apela a todas las personas de la congregación. No todas pueden predicar o enseñar; pocos son los que pueden pintar cuadros de Jesús o edificar templos hermosos, pero sí, casi todos pueden cantar. El cantar himnos es un arte popular. Es algo en que todos los asistentes pueden tomar parte.
El himno es universal porque está al margen del sectarismo y de los diferentes credos cristianos. Las denominaciones tienden a parcelar el cristianismo, pero la canción sagrada franquea esas vallas para servir a todo el pueblo cristiano. La buena música no pertenece sólo a una sola secta, sino a todas; es un idioma universal. Además, la lírica religiosa suele tratar los conceptos generales de la vida cristiana en los que la gran mayoría de las iglesias cristianas están de acuerdo. Por eso cantamos "Cariñoso
Salvador", escrito por un metodista y traducido al castellano por un bautista; "El mundo perdido en pecado se vio", escrito por un bautista y traducido por un presbiteriano; "Firmes y adelante" escrito por
un anglicano y traducido por un obispo de la Iglesia Reformada Española; "Sal a sembrar, sembrador
de paz", por un oficial del Ejército de Salvación; "Más cerca, oh Dios, de Ti", escrito por un unitario y
traducido por un metodista; "Ante Pilato Jesús está", escrito por un aliancista y traducido por uno del grupo que generalmente es llamado los Hermanos de Plymouth; "Día feliz cuando escogí", escrito por un congregacional y traducido por un bautista; ete. Cantamos también "Noche de paz", que fue escrito por un católico romano y traducido por un luterano.
La universalidad del himno se ve también en que las fronteras internacionales no tienen significado.
"Castillo fuerte es nuestro Dios", fue escrito por un alemán; "Tal como soy", por una inglesa; "Cristo me ayuda por él a vivir", por un norteamericano; "Ven a nuestras almas, Paracleto Santo", por un francés; "Oh qué amigo nos es Cristo", por un irlandés; "Hay un lugar do quiero estar", por un mexicano; "Dad a Dios inmortal alabanza", por un español; "Como María en Bethania", por un argentino; etc. Muchos
de los mejores himnos han sido traducidos a decenas dé idiomas y dan estímulo y consuelo a millares de fieles de todas las razas. Además, algunos aparecen en un gran número de lenguas. Un estudio de himnarios en más de trescientos idiomas demostró que el himno alemán "Castillo fuerte es nuestro
Dios" estaba en ciento setenta y una lenguas diferentes. El himno inglés "Roca de la eternidad",
aparecía en ciento treinta, y el himno latino "Adeste, jideles", ("Venid, fieles todos") se canta en ciento cuatro idiomas. "Tal como soy" y "Más cerca, oh Dios, de ti", salían en a lo menos cien lenguas. Catorce himnos más se encontraban, cuando menos, en cincuenta idiomas. Y al esparcirse el evangelio y los himnos en -otras áreas es probable que el número de estas lenguas vaya en aumento.
Hay una universalidad también en cuanto a tiempo. Sin contar los cánticos bíblicos que tienen dos o tres mil años de existencia, hay himnos que son antiguos. "Vives triste y angustiado?" fue escrito en el siglo octavo. Algunos aparecieron en la edad medioeval, y más en la época de la Reforma. Sin embargo, la mayor parte de los himnos que usamos en nuestros cultos en castellano vieron la luz durante los dos últimos siglos.
Otra marca de universalidad en los himnos es la diversidad de su origen, no sólo en cuanto a las nacionalidades de los autores, sino de su ocupación y puesto en la vida. La mayor parte ha sido escrita por miembros de ministerio religioso y sus familiares, pero también muchos oficios están representados.
"Ven a nuestras almas, Paracleto Santo". fue escrito por un rey francés; "Salvo en los tiernos brazos" y
muchos otros fueron escritos por una ciega norteamericana; "Dime la antigua historia", fue producto de una enfermiza, hija de un banquero inglés; un ingeniero civil español escribió "Pecador, Jesús te
llama". Una ama de casa norteamericana ideó: "Te quiero, mi Señor", en medio de los quehaceres
Un fenómeno interesante tocante a los himnos es el lugar de preferencia que algunos de ellos van tomando en la vida de los individuos. Muchas veces, a medida que la experiencia cristiana de una persona se desarrolla, ciertos himnos toman una importancia por encima de cualquier mérito literario, doctrinal o musical. Quizásun himno determinado traiga a una persona recuerdos de la noche en que se convirtió o de la niñez, o que haya sido favorito de la madre o de otro ser querido, o que le significara una gran ayuda en un período agudo de la vida. A la inversa, a veces una persona no quiere cantar ni oír cierto himno porque le trae un triste recuerdo. Todos estos valores personales se conjugan para valorar un himno.
Estas características tienen que tomarse en cuenta al pensarse en la parte musical del culto. El himno es un medio por el cual los asistentes al servicio religioso pueden elevar sus pensamientos hacia Dios; su propósito es práctico más bien que literario; su alcance es universal; y en su valor para cada persona muchas veces entran factores personales.
III. LA IMPORTANCIA DE LA HIMNOLOGIA
Si el himno tiene un significado tan grande como ya se ha visto, entonces vale la pena estudiarlo. E1 estudio ordenado de los himnos se llama himnología.
La himnología toma su lugar al lado de otras fases de la vida y doctrina cristianas, para recibir de parte de los dirigentes y miembros de la iglesia la atención que su importancia requiere, ya que está vitalmente relacionada con la tarea de ganar almas nuevas y de ayudarlas a que crezcan en la adoración y en el servicio. Lo que mejore el himno evangélico terminará mejorando la calidad de la vida eclesiástica.
El estudio de himnología tiene tres propósitos prácticos: conocer mejor los himnos existentes y sus autores; poder seleccionar mejor los him-nos apropiados para las ocasiones deseadas; y crear himnos más autóctonos y de mejor calidad.
Es demasiado común que la gente en el culto cante los himnos sin pensar en su significado. Cantan porque conocen el himno casi de memoria; porque les gusta la melodía; o sencillamente porque el que está dirigiendo el culto lo ha indicado. Una comprensión del período en que se escribió un himno y las circunstancias bajo las cuales llegó a producirse, o algún conocimiento de la vida y del trabajo del autor a menudo ayudan a que el himno tenga más significado. En el caso de otra índole de poesías se considera muy provechoso saber algo de la biografía de los autores. Por tanto, ese conocimiento debe ser tan importante en la educación religiosa como en otras formas de educación y como en cualquier otra fase de la enseñanza cristiana. Entre el pueblo cristiano, tomando en cuenta los diferentes cultos con sus himnos, se lee más poesía hímnica cada semana que cualquier otra clase. Es importante, pues, que nuestro pueblo comprenda los himnos que está usando. En seguida, resulta que si los himnos son comprendidos, será más fácil seleccionar los himnos para las diferentes ocasiones que.se presentan. Pensando en el mensaje del himno, un director no anunciará "Firmes y adelante" si quiere incitar a la oración. Pensando en el contenido y en la forma del himno, también se dará cuenta de que la calidad de los himnos no es uniforme, y vendrá a desear himnos que presenten las verdades que más vienen al caso y que las presenten en la mejor forma literaria.
El estudio de la himnologia castellana también debe resultar un estímulo a los hermanos de las iglesias de habla castellana para que se preocupen de producir más himnos que expresen la propia alma del pueblo español o iberoamericano. Hasta ahora la mayoría de los himnos son traducciones. Aunque siempre habrá lugar para himnos traducidos, pues los hay en todos los idiomas, sin embargo debe haber más que sean originarios del castellano. La himnología enfoca una luz sobre este problema y da esperanza de mejores días en el porvenir.
La himnología aun entre los ingleses y norteamericanos no vino a tener importancia sino hasta mediados del siglo pasado; pero entre las iglesias evangélicas de habla castellana recién ahora empieza a recibir atención de los dirigentes de la obra.
Así, se nos sugiere la necesidad de preocuparnos de nuestros cantos evangélicos. Primeramente haremos un estudio de cómo, a través de los siglos, se ha desarrollado el himno como factor sin igual de la literatura religiosa y como parte importante de la adoración que los hijos de Dios dan al Padre celestial. Empezaremos con los cánticos sagrados primitivos, y seguiremos hasta ver los himnarios de nuestros días. Y esto se hará con la esperanza de que sirva para poder mejorar la alabanza congregacional a Aquel quien es digno de recibir toda la alabanza por los siglos de los siglos.
CAPITULO II
EL HIMNO EN LA IGLESIA PRIMITIVA
Desde los principios de la historia ha habido canto sagrado. Los salvajes con sus cánticos rústicos expresaron su relación para con la divinidad y en la literatura más antigua de las naciones hay indica-ciones de que los pueblos usaban himnos de alabanza y de ruego a sus dioses. La observación y la experiencia indican que el cantar himnos a un ser, o seres sobrehumanos, parece ser instintivo para el género humano. Es lógico, entonces, que al aparecer la Iglesia de Jesucristo, ella también usara himnos al acercarse a su Señor y Dios.
I. LOS ANTECEDENTES EN EL HIIYIN0 PAGANO
El himno cristiano tiene raíces en los cantos que dirigían a sus dioses paganos los griegos, romanos, y otros pueblos de los cuales salieron los creyentes primitivos. Es interesante observar que los caldeos cantaban himnos a sus dioses antes del tiempo de Abraham. Uno de los ladrillos grabados encontrados en el Cercano Oriente contenía un himno escrito en el caldeo antiguo, dirigido a Hurkis, el dios luna de los caldeos. El himno dice así:
"Padre mío, de la vida el dador, apreciando, contemplándolo todo;
Señor, cuyo poder bondadoso se extiende sobre todo lo que hay den el cielo y en la tierra. Tú haces salir del cielo las estaciones y las lluvias;
Tú custodias la vida y produces los aguaceros.
¿Quién en los cielos es elevado y glorioso? Tú. Sublime es tu reino. ¡Tú revelas tu voluntad en los cielos y los espíritus celestes te alaban! ¡Tú revelas tu voluntad aquí abajo y sojuzgas los espíritus terrenales! Tu voluntad resplandece en el cielo como ascua brillante;
En la tierra tus hechos me la declaran.
Tu voluntad, ¿quién la sabe? ¿con qué la puede comparar el hombre? ¡Señor en cielo y tierra, tú, Señor de dioses, y ninguno te iguala!"
Entre todas las- expresiones inadecuadas del paganismo había algunas como este himno que cabrían dentro de la adoración del Dios verdadero.
Los egipcios también cantaban en la adoración de sus dioses. Los papiros conservan un himno muy antiguo dirigido al río sagrado, el Nilo. Cuatro veces al día los sacerdotes cantaban loores a sus
divinidades. Sin duda, MOISES era muy conocedor de estas alabanzas y algo aprendió de ellos para que, bajo la dirección divina, pudiera consagrar este conocimiento a la adoración de Jehová.
El gran maestro de la literatura griega de antaño, HOMERO, tenía en sus obras muchos y hermosos himnos a sus dioses. Los escritores griegos que le siguieron también presentaron sus poesías como una adoración divina. Se puede decir que el contenido de sus himnos contribuyó muy poco a la adoración cristiana; pero sí el desarrollo poético del cántico griego tuvo una gran influencia en la forma de los primitivos himnos cristianos en griego.
Al hablar del canto religioso entre los paganos, vale la pena recordar que la palabra encantar, que etimológicamente significa "cantar en", viene de los pueblos primitivos que creían que, mediante el canto, los adoradores podían lograr que un dios hiciese lo que los cantores deseaban. De consiguiente, cantaban y bailaban para mover a la divinidad a realizar una cierta acción.
II. EL FONDO DEL HIMNO CRISTIANO EN EL ANTIGUO TESTAMENTO
Si es que el himno cristiano recibió algo de los cantos paganos, en cambio él tiene una deuda mucho más grande para con el Antiguo Testamento. Cuando los israelitas primero salieron de Egipto, el gozo de la liberación se expresó en canto (Éxodo 15), acompañado con instrumentos de música que llevaban consigo. Las cualidades literarias de este cántico indican que la poesía religiosa no era un arte nuevo, sino más bien algo ya establecido. La principal distinción entre los cánticos paganos y los hebraicos estriba en que los israelitas ocupaban la poesía casi exclusivamente en la religión, en su culto a Jehová. Debido a este alto ideal religioso y a la inspiración, la poesía hebrea alcanzó alturas muy superiores a la de otros géneros literarios producidos en países vecinos, y desarrolló características propias. No tiene compás ni ritmo en el sentido de la poesía moderna, pero si tiene un espíritu poético y un alto valor lírico. Esta literatura tiene su punto culminante en los Salmos, el libro que es, sin duda, el himnario más antiguo del mundo y el que ha tenido más influencias en toda la historia de la Iglesia.
Desde la época de SAMUEL había escuelas de profetas que hicieron considerable uso de la música. Durante el tiempo de DAVID habla un coro numeroso, cuatro mil músicos, las voces bajo la dirección de CHENANIAS y los instrumentos dirigidos por ASAPH y otros (I Crón. 15:22; 16:5-7). Como se ve en los Salmos, estos no sólo eran directores, sino también compositores y escritores (Salmo 73, etc.). En el tiempo de SALOMON la obra coral era magnífica, la más grandiosa tal vez que se haya usado en la adoración divina. Después del cautiverio, el canto para el culto se extendió del templo a las sinagogas en dondequiera que había judíos.
Durante el tiempo de Jesús, el ritual del pueblo era confeccionado a base de cantos especiales para los distintos días de la semana y otros para ocasiones especiales. El culto de alabanza era dirigido por un coro numeroso de levitas. Formaban el coro mayormente hombres y niños, aunque a veces las mujeres también cantaban en él. La alabanza alcanzaba su punto culminante del año, el último día de la fiesta de los Tabernáculos, en cuya ocasión el coro dirigía a la congregación el presentar en canto llano el Salmo 81. Al cantarlo, los sacerdotes tocaban trompetas a intervalos y el pueblo se inclinaba en adoración. Fue entonces, en un ambiente musical, que se educó el hijo de María de Nazaret. Y es casi seguro que el himno cantado por el Señor y los apóstoles en el aposento alto (Mateo 26:30) antes de salir para Gethsemaní, era uno de los salmos de la Pascua (113118), llamados el "Halle!". De esta palabra "Halle!", alabar, viene la palabra "Aleluya" (literalmente Hallalu-ya, Alabad a Jehová -Yahweh).
El mensajero del Antiguo Testamento había profetizado que con la llegada del Mesías prometido, "los rescatados de Jehová volverán, y vendrán a Sión con canciones; y regocijo eterno estará sobre sus cabezas; ¡alegría y regocijo recibirán, y huirán el dolor y el gemido!" (Isaías 35:10. V. M.). efectivamente, la venida al mundo del Salvador representó "una nueva de gran gozo", la que desde entonces ha dado razón sobrada para cantar en alabanza y gratitud al Padre celestial.
Al principio, naturalmente, utilizaban los himnos del culto judío, pero al pasar los años se escribieron himnos con espíritu más netamente cristiano evangélico, aunque en el mismo Nuevo Testamento, y hasta en el Antiguo, encontramos también canciones personales (como las canciones de MARIA, hermana de Moisés, y la de DEBORA, etc.). En Lucas encontramos el principio de la himnología cristiana en la noble canción de MARIA, madre de Jesús (1:46-55), comúnmente llamada el Magnificat, por ser ésta la primera palabra en la traducción latina; la canción de -ZACARIAS, el
Benedictus (1:6879); la de LOS ANGELES, Gloria in excelsis (2:14); y la de SIMEON, el Nunc dimittis (2:29-32). Estos himnos se cantan todavía, especialmente en la Iglesia Católica Romana y en
algunas otras.
El regocijo de los discípulos tuvo su expresión en el cantar alabanzas: (Hechos 2:46,47). Pablo y Silas cantaron himnos a Dios en la cárcel de Filipos (Hechos 16:25). Pablo, al escribir a los colosenses
(3:16) y a los efesios (5:18-20), les estimulaba a que fueran llenos del Espíritu y que se exhortasen los
unos a los otros con salmos, himnos y canciones espirituales. También en I Cor. 14:26 se puede deducir que en el cantar había bastante libertad y espontaneidad. En el Nuevo Testamento hay varios pasajes que dan la impresión de ser porciones de himnos antiguos, tales como, por ejemplo: 1 Timoteo 3:16 y Santiago 1:17, y los cánticos inspiradores del Apocalipsis 4:8; 4:11; 7:12 y 15:3,4.
IV. EL HIMNO EN LOS PRIMEROS SIGLOS
Cuándo comenzó a usarse un himno determinado, o cuándo fue generalmente aceptado por los primeros cristianos, es difícil decirlo con certeza. El desarrollo fue lento, aunque hasta el cuarto siglo, salvo en algunas partes como en Antioquía donde se notaba más un espíritu de originalidad, es probable que la mayoría de los himnos para el culto tuvieran su origen en el Antiguo y Nuevo Testamento.
El Gloria in excebis llegó a llamarse la Gran Doxología, y le fueron agregadas palabras e ideas por personas desconocidas, ampliando el texto angelical, hasta que durante el segundo siglo quedó como sigue:
"Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres;
Te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias por tu gran gloria. Oh, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre Omnipotente;
Oh, Señor Dios, Hijo Unigénito, Jesucristo, Oh Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; Que quitas los pecados del mundo, ten misericordia de nosotros;
Tú que quitas los pecados del mundo, ten misericordia de nosotros; Tú que quitas los pecados del mundo, recibe nuestro ruego;
Tú que estás sentado a la diestra de Dios Padre, ten misericordia de nosotros. Porque Tú eres santo, Tú sólo eres el Señor.
La Doxología Menor era el Gloria Patri. La primera parte fue basada en Mateo 28:19, y la última fue agregada después de la gran controversia sobre la persona de Cristo. Las palabras completas traducidas son las siguientes:
"Gloria demos al Padre, Al Hijo y al Santo Espíritu; Como eran en el principio, Son hoy y habrán de ser, Eternamente. Amén". (ENHP, 388).
El "tres veces santo" de Isaías 6:3 y Apocalipsis 4:8 nos dio el Ter Sanctus. E1 Benedicite fue basado en el supuesto canto (encontrado en el agregado apócrifo de "El cántico de los Tres Santos Niños") de los tres compañeros de Daniel, capítulo 3, e insertado entre los versículos 23 y 24. Es una paráfrasis del salmo 48. Fuera de estos, casi ninguno de los himnos del segundo siglo ha sido conservado, salvo el breve Aleluya en el cual el dirigente cantaba, "Alabad a Jehová" y la congregación respondía, "Sea alabado el nombre de Jehová".
PLINIO EL MENOR, gobernador romano pagano de Bitinia durante la primera parte del segundo siglo, nos da un vistazo de las costumbres cristianas al escribir al emperador Trajano pidiendo saber qué hacer con esa gente. Le informó al Emperador que los cristianos acostumbraban reunirse muy de mañana y que cantaban himnos a Cristo como Dios, en canciones alternadas.
También EUSEBIO obispo cristiano de Cesares durante el tercer siglo, escribió en su Historia: "Tantos salmos e himnos, escritos por los hermanos fieles desde el principio, celebran a Cristo el Verbo de Dios, jiablando de él como divino". Más adelante en su libro se refiere a un tal Pablo de Samosata, obispo hereje de Antioquía, quien trataba de "impedir el cantar sálenos a nuestro Señor Jesucristo por ser productos modernos de hombres modernos"; y en vez de cantar gloria a Cristo, hacia cantar salmos a sí mismo, "lo cual haría estremecerse a cualquier cristiano verdadero".
Otro personaje del segundo siglo, CLEMENTE DE ALEJANDRIA, uno de los primeros escritores de himnos cristianos, testificó que los grupos cristianos cantaban a la hora de las comidas, aunque no dio una idea de cómo eran estas "bendiciones". Un himno con el cual él terminó su obra Pedagogo es el himno cristiano más antiguo en existencia (fuera de la Biblia), el que nos da una idea de cómo debían haber sido los himnos de la época. En parte, hélo aquí, en traducción del P. José Zamera:
"Freno de potros indómitos,
alas de aves que no yerran el vuelo; timón verdadero de las naves, Pastor de corderos regios, a tus inocentes
niños congrégalos para alabar santamente y cantar con espontaneidad, con labios puros
a Cristo, guía de los niños. Rey de los Santos,
Oh Verbo! que domas todas las cosas, conductor de la Sabiduría
del Padre del Altísimo, sostén de los trabajos. Tú gozas de la eternidad, Oh, Jesús, Salvador del género humano! Pastor, sembrador, timón del freno, a la celeste.
Pescador de los hombres' de grey santísima,
que se ven libres del vicio del mar; tú pecas con dulce vida a los castos peces
librándolos de dañosa ola. Sé su guía, Pastor santo
de las ovejas dotadas de razón, sé guía, Rey de los niños no mancillados, Huellas de Cristo
camino del cielo, Verbo eterno, Evo infinito, luz sin fin,
fuente de misericordia; obrador de la virtud, vida morigerada
de los que alaban a Dios, Oh, Cristo Jesús,
leche del cielo
exprimida de los dulces pechos de la Ninfa de la gracia
cual es tu Sabiduría, los pequeñuelas alimentados
con boca tierna y llenos
del rocío del espíritu
que emana del pecho racional, cantemos a una
himnos de verdad
a Cristo Rey en santa gratitud; por el don de su doctrina de vida entonemos sencillas loas
al poderoso Niño".
TERTULIANO también hace referencia a la costumbre de cantar Y testificar juntamente con la comida. Un Himno de Anochecer, con Ter Sanctus y Gloria in Excelsis, eran los himnos más conocidos de aquellos tiempos. Cabe recordar que el segundo siglo fue un período de persecución, cuando muchos de los que cantaban tuvieron que pagar su fe con su vida.
V. EL HIMNO Y LOS SIGLOS DE CONTROVERSIA TEOLOGICA
La gran controversia alrededor de las doctrinas de ARRIANO, no pudo menos de hacerse sentir en el canto religioso. Estas herejías de Arriano fueron escritas en himnos, llamados "ThaIia" y se acom-pañaban con cualquier melodía, muchas de las cuales habían sido canciones populares de cantinas. Los ortodoxos estaban escandalizados, mayormente al oír el pueblo cantarlas en su trabajo. Uno de los'; primeros en ver la necesidad de himnos populares que fuesen orto... doxos en doctrina fue EFRAIN DE SIRIA (m. 373), quien compuso ~ sus himnos con el mismo compás que los de los gnósticos. Logró una influencia grande. El primero de los escritores griegos de himnos fue GREGORIO NACIANCENO
(328-389), quien después de renunciar como obispo de Constantinopla, dedicó algún tiempo a esta tarea.
Mientras tanto, en el Occidente, el canto de las iglesias siguió las normas de usar casi exclusivamente los versos bíblicos, o paráfrasis de los mismos, tal como había sido la costumbre anteriormente en el Oriente. HILARIO (m. 366), obispo de Poitiers, fue expatriado a Asia por defender a la Trinidad, y allí se impresionó de cómo cantaban no sólo los herejes, sino también los ortodoxos y, dándose cuenta de su valor propagandista, volvió después de cuatro años para escribir su Libro de
Himnos, del cual desgraciadamente nada nos queda; sólo lo menciona Jerónimo. Hilario ha sido llamado
"el padre del himno latino", aunque no hay evidencia terminante de que él haya . escrito algún himno. Abogaba por el cantar público y triunfante, el cual "da placer a Dios y seguridad a nuestra esperanza". AMBROSIO (m. 397) estableció firmemente la costumbre de cantar himnos en su gran iglesia de Milán. Sus composiciones, tanto de letra como de música, eran sencillas y vigorosas, expresando lacónicamente las grandes doctrinas cristianas. El canto ambrosiano era alternado. En una ocasión cuando el Emperador, quien favorecía a los arrianos, mandó expropiar el templo, Ambrosio y sus seguidores se encerraron dentro y cantaron himnos hasta que los soldados que los sitiaban se cansaron y se fueron. Ambrosio enseñaba a los hombres, y aun alas mujeres, melodías sencillas y fáciles de cantar, y se regocijaba al oir trozos de himnos de alabanza y confesión de pecado a la santa Trinidad... Decía él: "Cualquiera que tiene cinco sentidos debe enrojecerse de vergüenza si es que no empieza el día con un salmo, ya que los pajaritos más pequeñitos comienzan y terminan el día con dulces canciones de devoción".
AGUSTIN (m. 430) fue ganado para Cristo por las predicaciones de Ambrosio, y vez tras vez se refería a la gran ayuda que había recibido de los himnos. Sin embargo, reconocía el peligro de "sonidos dulces" que pueden hacer olvidar el significado de las palabras cantadas. Dijo: "Cuando sucede que me conmuevo más por el mismo cantar que por lo que se canta, confieso ser pecador criminal y entonces deseo no haber oído la música". Verdaderamente constituye un peligro tal que ha habido quienes, a través de los siglos, han suprimido totalmente del culto el cantar himnos por la razón a que Agustín alude.
La tradición ha asociado el famoso himno en latín, el Te Deum, con los nombres de Ambrosio y Agustín, especialmente con el de Ambrosio; y puede ser que él haya ayudado a dar a este himno el lugar trascendental de prestigio que durante quince siglos ha gozado en las iglesias del Oeste. La leyenda dice que Ambrosio lo escribió cuando presentó a Agustín para el bautismo, aunque es posible que se haya basado en un himno en griego. Este himno pone alas al credo cristiano y vuela por todo el cielo de la alabanza. Es verdad que es único en la historia de la Iglesia y que ha servido como ningún otro himno como medio de alabanza a Dios. En la Iglesia Católica Romana y en otras hasta hoy se canta para celebrar ocasiones especiales. Se canta como parte de la coronación de todos los reyes británicos y en Chile se usa todos los años para celebrar el día de la Independencia. Su paternidad está en duda, pero es de un período cuando el salmo hebreo todavía servía de modelo para la alabanza cristiana. La primera línea en latín "Te Deum haudamus, Te Dominum confitemur", dio el nombre al himno. Se desconoce quien lo tradujo al castellano.
"Oh Dios, a Ti Te loamos y confesamos que Tú eres el Señor.
Toda la tierra Te adora, ¡Oh Padre Eterno! A Ti los ángeles y los cielos y todas sus potestades levantan sus voces.
A Ti los querubines y serafines claman sin cesar,
Santo, Santo, Santo, Señor Dios de los ejércitos, Llenos están los cielos y la tierra de la majestad de tu gloria.
La compañía gloriosa de los apóstoles Te alaba;
La congregación excelente de los profetas Te celebra,
El ejército triunfante de los mártires Te alaba, La Santa Iglesia en todo el mundo Te confiesa. Padre de majestad infinita:
A tu Hijo único, verdadero y venerable: También al Espíritu Santo, Consolador. Tú eres el Rey de la gloria, ¡Oh Cristo! Tú eres el Hijo eterno del Padre.
Cuando Tú te dignaste redimirnos, no te desdeñaste nacer de una virgen.
Tú, habiendo vencido los dolores de la muerte, abriste el reino de los cielos a todos los
creyentes.
Tú estás sentado a la diestra de Dios, en la gloria del Padre.
Nosotros creemos que vendrás a ser nuestro Juez.
Por tanto te suplicamos socorras a tus siervos, que redimiste con tu preciosa sangre.
Haz que sean del número de tus santos en la gloria eterna.
Señor, salva tu pueblo y bendice tu heredad. Gobiérnale y ensálzale perpetuamente. Todos los días te bendecimos,
Y honramos tu nombre eternamente.
Señor, dignate preservarnos en este día de todo pecado,
Oh Señor! apiádate de nosotros, apiádate de nosotros.
¡Oh Señor! resplandezca tu misericordia en nosotros, teniendo en Ti solo nuestra confianza. Señor, en Ti he esperado, no permitas que jamás sea confundido".
VI. EL PRIMITIVO HIMNO CRISTIANO EN HISPANIA
El desarrollo del himno en la provincia de Hispania estaba íntimamente relacionado con el del resto del Imperio romano. Las iglesias hispanas compartían el general recelo primitivo de permitir que las materias no bíblicas llegasen a formar parte definida del culto corriente, a menos que el autor de los versos fuese muy destacado en los círculos cristianos. Sin embargo, esta unidad de pensamiento no fue por tener que responder a alguna autoridad central, sino más bien porque tenían una herencia y experiencia cristiana común.
El primer poeta cristiano hispano a quien se hace referencia fue C. VETHIUS AQUILINUS JUVENCUS, un eclesiástico del siglo cuarto. Fuera de un obispo africano del siglo anterior, él fue el primer poeta cristiano que escribió en latín. Puso la historia de los Evangelios en verso, pero no se sabe si su poesía era cantada.
Una de las grandes figuras de la época de Ambrosio y Agustín fue la de PRUDENCIO CLEMENTE (hacia 410). Hijo de una distinguida familia cristiana de Zaragoza, España, consiguió una buena educación especializándose en derecho. Dos veces fue gobernador de una provincia y finalmente ocupó un puesto elevado en la corte del Emperador Teodosio I. Cuando tenía cincuenta y cinco años comenzó a interesarse más en asuntos religiosos, y se retiró de la vida pública para entrar en un monasterio, donde se dedicó a la poesía religiosa. Aunque Prudencio era contemporáneo de Ambrosio, sus himnos aparecieron después y representaban una nueva clase de poesía religiosa; es decir, a la poesía que expresaba la devoción oficial y congregacional, se agregó la poesía de la edificación personal y do-méstica. Escribió más de diez mil versos. Dos obras extensas de contenido lírico y épico Cathemerinon
liber (El libro de los himnos), y Peristephanon, han dado a Prudencio un lugar destacado en la historia
de la himnología. Aquella es una colección de himnos para las diferentes horas del día y para las diversas fiestas del año. Los hay para la hora del canto del gallo, para los maitines, para antes del almuerzo y después de él, para la hora de encenderse la lámpara y para la hora de acostarse. Hay himnos para los comienzos de un ayuno y para finalizarlo, para Navidad y Epifanía, para los funerales, y un himno para cualquier ocasión. Peristephanon consiste en una serie de narraciones poéticas celebrando los sufrimientos, los conflictos y las victorias de varios mártires, mayormente de España. Estas poesías son épicas más bien que líricas, pero algunas fueron adaptadas en el uso popular como himnos. Un tercer conjunto de: versos, llamado Psychomachia, o "Combate del Alma", representa la batalla entre la fe y la idolatria, entre la modestia y la concupiscencia, etc. Aunque Prudencio no tuvo tanta influencia duradera come Ambrosio, no obstante sus himnos fueron muy difundidos, y en algunas partes aún se usan, si bien aparentemente los himnarios evangélicos en castellano no incluyen ninguno. Un himno suyo de Navidad, traducido por F. J. PAGURA para el libro Diecinueve Siglos de Canto Cristiano por E. S. Ninde, es como sigue:
Fruto de amor divino, Génesis de la creación: El es Alfa y es Omega, Es principio y conclusión, De lo que es, de lo que ha sido, De lo nuevo en formación. Y por siempre así será. Es el mismo que el Profeta
Vislumbraba en su visión, Y encendiera en el salmista La más alta inspiración; Ahora brilla y es corona De la antigua expectación. Y por siempre así será. Las legiones celestiales Ahora canten su loor;
Los dominios le adoren Como Rey y Redentor; Y los pueblos de la tierra Le proclamen su Señor, Por la eternidad. Amén.
Así se ve que el himno cristiano primitivo tenía algo de base en el canto religioso de los paganos, pero que dependía muchísimo más de los cánticos inspirados del Antiguo Testamento. Recibió un fuerte impulso al iniciarse el movimiento cristiano con su gloriosa buena nueva. Entonces los primitivos poetas cristianos comenzaron a escribir himnos, en el Oriente, en su gran mayoría, en griego y siríaco, y en el Occidente, en latín, por ser estos los idiomas más divulgados en estas áreas. Estos himnos en gran parte siguieron el modelo de los salmos y otros cánticos bíblicos. Al final del período empezaba a haber algunos cánticos religiosos, especialmente los de Prudencio, con tendencias populares y hogareñas para acompañar los himnos más dignificados y formales.
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***CAPITULO III
EL HIMNO EN LA IGLESIA MEDIOEVAL
En general, la Edad Media fue pobre en himnos. Algunas figuras se destacan, pero, tomándolo todo en cuenta, el período estuvo desprovisto de buenos himnos. $e desarrolló una lucha entre dos extremos: Limitar la música sagrada a formas rígidas y permitir el canto, hasta cierto punto, de cualquier cosa. El primer concepto parecía ganar cuando se llegó a tal estado de cosas que sólo los sacerdotes formaban los únicos coros. Sin embargo, hacia las postrimerías del período medioeval trovadores y hombres como FRANCISCO DE ASIS despertaron en el pueblo un interés por el canto. Entraron también en el canto las ideas supersticiosas, el culto a María y a las imágenes.
I. GREGORIO Y FORTUNATO
Con GREGORIO I, obispo de Roma (590-604), y VENANCIO FORTUNATO (535, m. 609) se puede decir que empieza el período medioeval del himno latino. GREGORIO favorecía la misma sencillez y severidad en la música litúrgica que la que practicaba en su propia vida de asceta. Encontrando que la solemnidad en la adoración había sufrido varios embellecimientos que él estimaba mundanos, usó su gran influencia para eliminar esa música, transformándola en una clase de canto llano que mediaba entre canta y recitación. También, para mejor asegurar que sólo personas idóneas cantasen alabanzas al Santísimo y para vigilar la clase de música eclesiástica que se usaría en el canto, fijó que el canto litúrgico se haría únicamente por coros de sacerdotes, y que las congregaciones se limitarían a los responsorios. Gregorio hizo una colección de cantos llanos. Su influencia fue tal que la música ambrosiana cedió al canto gregoriano, pasando éste a ser la base de la música de las catedrales durante mil años. Además, durante nuestro siglo ha habido un fuerte movimiento, bajo la dirección papal, para que la música católica retorne a las formas gregorianas.
FORTUNATO era un músico viajero que entró a la vida religiosa y, tras ascensos, llegó a ser nombrado obispo de Poitiers. Era escritor prolífico, primero de poesías de amor y de la naturaleza, y después, de temas religiosos. En una ocasión cuando la reina recibía un pedazo de la "verdadera cruz de Cristo", él compuso un himno en honor del acontecimiento, el Vexilla regís prodeunt (La real bandera al frente va), que tiene una grandeza rústica que le hace merecer un lugar entre los siete himnos latinos más famosos de la Edad Media.