El Extasis (MDMA) es la primera de una generación de substancias psicoactivas que desarrollan la autoestima y mejoran las relaciones personales. Pero a diferencia de sus predecesores (LSD, Mescalina, etc.) este fármaco tiene una personalidad precisa y predecible: es ^n estimulador específico de la conciencia empática.
Utilizado por psicoterapeutas con éxito, existen notables paralelismos entre el consumo abusivo del Extasis y los síndromes asociados con la cocaína y las anfetaminas.
Alabado por unos, criticado por otros, el Extasis está actualmente prohibido en los Estados Unidos y en España. Sin embargo, en este polémico libro veremos
que no es Extasis todo lo que se vende como tal y que esta prohibición puede deberse más a intereses creados que a una investigación científica y rigurosa.
"Actualmente tomar Extasis es como jugar a la ruleta rusa con la propia vida". (Claire Henderson)
"El MDMA representa el principio de una revolución en nuestra comprensión de la bioquímica y de la mente" (Alexander Shulgin)
E ste libro fue escan n e ad o sin an im o co m ercial alg u n o co n la p re te n c io n de acercar la in fo rm a c ió n que co n tien e a quienes les interese sin te n e r que, p rim ero en co n tarlo , ya que es u n
libro d escatalog ad o, y seg u n d o si lo e n c u e n tran , p a g a r u n a cifra d escab e llad a de dinero. .
C o m p a rtir in fo rm a c ió n p o r el p la cer de com partir.
A lgunos com entarios destacados sobre...
ÉXTASIS (La historia del MDMA)
«U n libro notablemente com pleto, valeroso y bien investigado.»
A m erican B ook R eview «Es posible que el libro de Bruce Eisner juegue un papel importante en disipar los conceptos erróneos que se han formado sobre el M DM A. El libro es una espléndida síntesis de la historia de esta droga, su uso y sus efectos.»
Stanley Krippner, doctor en Filosofía autor de H ealing States, D ream Working, P erson al M ythology «Bruce Eisner ha dedicado su tiem po tanto al mundo de la psicología académica com o al mundo del periodismo, entregado al estudio del ambiente psicodélico. Ha escrito una obra maestra sobre la importancia de un nuevo producto que cambia la mente, que es erudita y legible. R ecom iendo su lectura con entusiasm o.»
Tim o t h y Le a r y, doctor en Filosofía destacado filósofo «El primer com pendio de datos pertinentes sobre el M DM A. El libro de Bruce es útil, sabio y está bien equilibrado.»
P e t e r S t a f f o r d autor de P sych edelics E ncyclopedia «Bruce Eisner ha creado un estudio excelente acerca de cóm o burócratas histéricos e ignorantes crean problemas de drogas al m ism o tiempo que intentan solucionar los problemas con las drogas. A ntes de que nos lancem os de lleno hacia un Estado totalitario, desearía que todo ciudadano
estadounidense leyera este libro.»
Ro b e r t An t ó n Wil s o n
«Este libro presenta los más importantes descubrimientos relativos al M D M A o “éxtasis” ... El gran número de personas que experimentan ahora con esta droga debería beneficiar gracias a la gran riqueza de información, incluido el hecho de que todavía se desconocen los efectos a largo plazo sobre el cerebro...
»Es absolutamente cierto que amanece un nuevo mundo en el que se
aceptarán y serán de un gran valor las alteraciones de la función cerebral y los estados de con ciencia... Una sustancia com o el M DM A, que recuerda el nepente de Homero, desvanecerá muchos de los “infortunios normales” de la vida cotidiana.»
R. E. L. M a s t e r s , doctor en Filosofía coautor de The Varieties o f P sych edelic Experience, y de M ind Games
BRUCE EISNER
EXTASIS
(La
h is to ria
d e l
mdma
)
V
Prólogo de Stanley Krippner, doctor en Filosofía Introducción de Peter Stafford
Síntesis Química de Alexander Shulin, doctor en Farmacia
Si este libro le ha interesado y desea que le mantengamos informados de nuestras publicaciones, escríbanos indicándonos qué temas son de su in terés (Astrología, Autoayuda, Ciencias Ocultas, Artes Marciales, Naturis mo, Espiritualidad, Tradición) y gustosamente le complaceremos.
Éxtasis, la historia del MDMA
Bruce Eisner
1.a edición: abril de 1995 Portada de Dolors Blanch
Título original: Ecstasy: The MDMA Story Traducción de José M. Pomares
O 1989, 1994 Bruce Eisner
© by Ediciones Obelisco, S.A. 1995 (reservados todos los derechos para la lengua española)
Edita: Ediciones Obelisco Consejo de Ciento, 591, 4.°
08013 Barcelona - Tel. 232 44 30 - Fax 2327553 Castillo, 540 - Tel. y Fax 7714382
1414 Buenos Aires (Argentina) ISBN: 84-7720-425-X
Depósito legal: B. 13.994 - 1995
Printed in Spain
Impreso en los talleres de Romanyá/Valls, S.A de Capellades (Barcelona)
Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de la cubierta puede ser reproducida, almacenada, transmitida o utilizada en manera alguna ni por ningún medio, ya sea eléctrico, químico, mecánico, óptico, de graba ción o electrográfico, sin el previo consentimiento por escrito del editor.
Agradecimientos
A Peter Stafford, que mecanografió este libro tres veces y lo leyó por lo menos 17 veces;
Alexander Shulgin, que ofreció su generosa ayuda y guía; Kim y Christopher Workdelay, por sus dibujos y comenta
rios químicos.
Sebastian Orfali, que me guió pacientemente a través de los
pasos necesarios para llegar desde el manuscrito hasta la publi cación;
Claudio Naranjo, frente a cuyo G urdjieff yo intento repre
sentar a Ouspensky;
Irene Ehrlich, por su apoyo y ánimo;
Will Penna, por la edición y sugerencias de esta segunda
edición;
y a los numerosos terapeutas, autores de panfletos anónimos y otros valerosos exploradores que se aventuraron por primera vez por territorios que yo he cartografiado.
El autor ha hecho todo el esfuerzo posible por encontrar la propiedad de todo el material con copyright y citado que aquí se presenta. En el caso de que surja alguna cuestión en relación con el uso de una selección, ofrece por anticipado sus disculpas por cualquier error u omisión, y hará las correcciones necesa rias en ediciones futuras.
Debo expresar mi agradecimiento a los siguientes:
Ralph Metzner, Through the Gateway o f the Heart, © 1985, Four Trees Press.
Timothy Leary, doctor en Filosofia, «Ecstatic Electricity»,
New York Talk, 1985.
Claudio Naranjo, mèdico, The Healing Journey, © 1973 Joe Klien, «The New Drug They Call Ecstasy: Is It Too Much to Swallow?», © 1988, New America Publishing, Inc., reimpreso con el permiso de la revista New York.
Alexander T. Shulgin, doctor en Farmacia, «Twenty Years on My Ever-Changing Quest», Psychedelic Reflections, ©
1983.
George Greer, mèdico, y Requa Tolbert, enfermera diploma- da, «MDMA: A New Psychotropic Compound and Its Effects in Humans», © 1986.
George Greer, mèdico, «Using MDMA in Psychotherapy», Big Sur, California, 10-15 de marzo de 1985, © 1986.
«Getting High on Ecstasy», © Newsweek, 15 de abril de 1985.
Peter Stafford, Psychedelics Encyclopedia, © 1983, 1992, Ronin Publishing, Inc.
Cynthia Robins, «The Ecstatic Cybernetic Amino Acid Test», San Francisco Examiner Image, 16 de febrero de 1992.
Jóvenes bailando en la Nochevieja, en una fiesta organizada por Toon Town, en San Francisco.
Prólogo:
Nuevo estudio del éxtasis
La primera edición de este libro, publicada en febrero de 1989, anunció la introducción de una poderosa entidad psico- activa en el mundo. Apodada «Adán», por el ser primigenio, pero conocida por su nomenclatura química como MDMA, esta sustancia (el metilenedioxi-N-metilanfetamina) es el miem bro más destacado de una nueva generación de compuestos que alteran la mente, con raíces familiares en los psicodélicos. Pero, a diferencia de sus predecesores, como el LSD, la mesca- lina y la psilocibina, este químico tiene una personalidad preci sa y predecible, y es casi universalmente agradable. En el m o mento en que se publicó este libro, esas cualidades ya habían convertido a «Adán» o «Éxtasis», como se le llama ahora habi tualmente, en un producto favorito entre los buscadores espi rituales, los «yuppies» y los psicoterapeutas por igual.
La publicación de la primera edición se produjo durante la que quizá fuera la más turbulenta semana en la historia de la guerra contra las drogas. Los titulares se centraron en el nombramiento de un nuevo «zar» contra la droga, y se publica ron historias sobre comerciantes de marihuana que, supuesta mente, se habían comido a sus bebés. Se extendió así el temor sobre el Éxtasis y sus posibles efectos sobre el cerebro. Apro ximadamente por esta misma época empezó a disminuir drásti camente el uso recreativo del MDMA, que había aumentado con rapidez, y abundaron los rumores sobre su peligrosidad.
Mis primeras apariciones en charlas y conferencias públicas reflejaron estas preocupaciones. Con frecuencia, dos o tres miembros de entre el público me planteaban las mismas pre guntas durante una sola aparición: «¿Agota el Éxtasis el fluido espinal?», «¿Es cierto que el MDMA causa la enfermedad de Parkinson?». Apenas si había tiempo para hablar sobre los usos y beneficios positivos del Éxtasis.
Cuatro años más tarde, el ambiente empezó a cambiar. Ha caído el telón sobre el prim er acto del drama del Éxtasis, y se han levantado sobre el siguiente acto, con nuevas escenas, per sonajes nuevos y giros inesperados de la trama.
Desde la publicación de la primera edición se han producido varios desarrollos excitantes. El Instituto Nacional sobre el Abuso de las Drogas (NIDA) efectuó un estudio sobre el em pleo recreativo del MDMA, surgió la «juerga» internacional o movimiento juvenil «Casa del Ácido», y la pureza del Éxtasis vendido en las calles, empezó a disminuir, todo lo cual se abor da aquí. También se incluyen visiones generales sobre la nueva información relativa a la supuesta toxicidad del MDMA, y los esfuerzos de investigación iniciados recientemente en Suiza y en Estados Unidos, dos temas a los que se dedica una atención más detallada en el Apéndice de Rick Doblin. Este prólogo también incluye una explicación de la síntesis del MDMA, efectuada por el psicofarmacólogo Alexander Shulgin, una ac tualización de la «Guía para consumidores», de la edición ori ginal, y se cierra con nuevos pensamientos sobre el futuro de este compuesto que abre nuevos caminos.
El estudio NIDA
El seminario más notable sobre el tema del MDM A en el que haya participado tras el lanzamiento inicial de este libro tuvo lugar en el centro de seminarios de Visiones Compartidas, de Will Nofke, en Berkeley, en 1989. El acontecimiento fue co- dirigido por Jerome Beck, autor fundamental del Instituto N a
cional sobre el Abuso de las Drogas, que sirvió como base para su tesis doctoral en la Universidad de California, Berkeley (pron to se editará el libro de Beck, titulado In Pursuit o f Ecstasy).
Casi cada vez que yo sintetizaba una observación de mi li bro, Beck intervenía con una confirmación de su propio estu dio. No recuerdo que se produjera entre nosotros un solo punto de desacuerdo, a pesar de que la investigación de Beck ni si quiera se había iniciado cuando mi libro estuvo escrito, y aún estaba en marcha cuando fue publicado. Me sentí gratificado al descubrir que un estudio empírico independiente había confir mado muchas de las ideas planteadas en la edición de 1989, que se habrían visto considerablemente aumentadas en el caso de que hubiera podido incluir en el libro los resultados obteni dos por Beck. Por ejemplo, la topografía que presentó Beck so bre las fases del viaje del MDMA era congruente con la que yo presenté, pero en su estudio estaba documentada con informes de una amplia sección representativa para consumidores que abarcaba a diversas categorías sociales.
Titulado «Exploración del Éxtasis, una descripción de con sumidores del MDMA», el estudio de 253 págs. incluye a Beck como director del proyecto; a Marsha Rosenbaum, doctora, y a Patricia A. Morgan, doctora, como investigadoras principales, y a Deborah Harlow, Douglas McDonnell y Lynne Watson como coautores. Al emplear una metodología fundamentalmente so ciológica, el informe NIDA basa sus conclusiones en entrevis tas intensivas con 100 consumidores de MDMA, y en entre vistas complementarias con distribuidores de MDMA.
El estudio NIDA ofrece una lectura fascinante en su mayor parte, porque el autor utiliza extractos de las transcripciones de sus entrevistas para ilustrar cada uno de los puntos que expone. Se centra en los informes de los propios consumidores para de mostrar que el MDMA es, verdaderamente, un fenómeno único entre las drogas «recreativas», debido a la insólita amplitud de estratos sociales en los que se produce su consumo y a la extra ordinariamente baja frecuencia de comportamiento adictivo que lleva asociado.
A pesar de los numerosos puntos en que encajan este libro y el estudio NIDA, hay tres temas significativos explorados por el informe que apenas si se abordan en estas páginas: el abuso extremo del MDMA, el terreno sociológico abarcado por el uso del MDMA, y la historia de su diseminación.
Los autores del estudio NIDA dividen el abuso del MDMA en dos tipos: «borrachera de uso» y «uso frecuente». Señalan los notables paralelismos existentes entre el consumo abusivo del MDMA y los síndromes más habitualmente asociados con la cocaína y las anfetaminas. A modo de ejemplo, me sorpren dió recibir una carta, después de la publicación de este libro, en la que un «borracho de uso» me informaba de su uso «adicti- vo» al MDMA. Una vez que empezó, se vio impulsado a con tinuar usando la droga por sus propiedades estimulantes. Aun que se vio asediado por crecientes efectos secundarios, no pudo dejar de tomarla durante días interminables. Beck y yo coinci dimos en que tales pautas de abuso sólo se producen muy ra ramente, debido a las consecuencias desagradables, que no tar dan en dejarse sentir.
El estudio NIDA también observó que los consumidores de MDMA podían ser agrupados según seis categorías sociales: estudiantes universitarios, buscadores espirituales de la «nueva era», gays, Deadheads, participantes en el ambiente de la «Casa de Acido», y el contingente de mediados de los años ochenta en Dallas, donde el consumo de Extasis explotó cuando apare cieron en el mercado grandes cantidades del compuesto. El in forme documenta aspectos similares y diferentes en las pautas de consumo entre estos diversos ambientes sociales, y llega a la conclusión de que el uso estaba disminuyendo en todos estos ámbitos en el momento en que se llevaba a cabo la investiga ción.
El examen que llevaron a cabo los investigadores sobre los canales de distribución añade profundidad a nuestra propia comprensión de la diseminación del fenómeno Éxtasis. Confir ma la narración de este libro sobre el salto masivo en cuanto a volumen que se produjo hacia 1984, cuando los canales princi
pales de distribución pasaron desde el «grupo de Texas» hasta el pequeño y tranquilo cuadro de consumidores que había m o nopolizado la droga a finales de los años setenta y principios de los ochenta. Esta transición jugó un papel crucial en la pe- nalización del MDMA. El estudio NIDA también ofrece un análisis de las motivaciones y experiencias personales de distri buidores, extraídas del abundante material obtenido en las en trevistas.
El informe concluye afirmando: «Dado lo mucho que sabe mos ahora sobre el MDMA y sus consumidores, la recomenda ción más evidente que cabe extraer de este estudio exploratorio es que se investigue y se exploren más todas las facetas de esta sustancia». Tal investigación se está llevando a cabo precisa mente ahora.
Aun siendo una rica exploración del prim er uso recreativo del MDMA, el estudio NIDA, publicado el 15 de septiembre de 1989, fue algo prematuro en su conclusión de que no había llegado a cuajar el fenómeno de la «Casa del Ácido». En los cuatro años transcurridos desde entonces, la «juerga» clandesti na ha florecido rápidamente hasta convertirse en una subcultura juvenil plenamente florecida, cuyo desarrollo ha ido acompa
ñado por un nuevo resurgimiento en el consumo del MDMA.
El ambiente delirante en Inglaterra
Según algunas narraciones, el ambiente delirante se inició en 1987, cuando la juventud obrera de Inglaterra empezó a ce lebrar fiestas en la isla española de Ibiza. En estas fiestas se bailaba durante toda la noche a un ritmo impulsivo, electrónico fuerte, inductor de trance, que constituía una nueva forma de música. El nuevo sonido fue bautizado con el nombre de «Casa del Ácido», por la música «Casa» de Chicago, de la que tomó prestada la práctica de «quemaduras de ácido», en las que se utilizaban «muestras» de música previamente grabada para crear un palpitante collage sónico. Aunque el «ácido» de la «Casa del
Ácido» no indicaba originalmente referencia alguna al LSD, a menudo se utilizaron psicodélicos para estimular una noche de baile hasta el amanecer.
Más tarde, el MDMA se convirtió en la droga de moda, y las fiestas se extendieron a la propia Inglaterra, donde las «juergas», como se conocieron las fiestas de la Casa del Ácido, se convirtieron en un fenómeno ampliamente extendido. Quizá lo más notable de las primeras fiestas inglesas fue la camarade ría evidente entre los miembros de diversos grupos étnicos, sociales y económicos, sin duda estimulada, al menos parcial mente, por la presencia de empatógenos. La verdadera importa ción de este elemento de ruptura de las barreras culturales sólo puede comprenderse en el contexto de estratificación de la so ciedad británica tradicional, relativamente rígido.
Con un número tan grande de gente joven que tomaba dro gas, el Parlamento no tardó mucho en aprobar una serie de le yes cada vez más duras contra el MDMA y contra las propias juergas. Así, para evitar el acoso de la policía, las juergas se trasladaron desde los clubes nocturnos habituales hasta lugares menos predecibles, como almacenes vacíos y campos abiertos a lo largo de la red «Orbital» de autopistas que rodea Londres. Christian Barthodsson informa en X Magazine:
Ardientes bailarines acuden en masa desde las ciudades de los alrededores, llegando a ser en ocasiones hasta 30.000 juer guistas. Para dificultad un poco más las incursiones de la poli cía, el lugar donde se celebrará la fiesta se mantiene en secreto hasta el último momento. Luego, el juerguista tiene que descu brir el lugar, y la forma habitual consiste en comunicarse con un determinado número de teléfono, o «líneas calientes», que ofre cen la necesaria información. No obstante, cuanto más grandes son las juergas, tanto más fácil resulta detectarlas. Según la le yenda, James Hamilton condujo en cierta ocasión por los alrede dores de Londres, a últimas horas de la noche, para dirigirse al aeropuerto de Heathrow cuando vio unos focos que giraban y es cuchó un retumbar distante. Convencido de que aquello tenía
que ser el aeropuerto, condujo por la carretera para encontrarse de repente en medio de una juerga en pleno desarrollo...
Desde que se iniciaron las juergas ha aumentado continua mente el uso del Éxtasis en el Reino Unido, aunque eso ha se guido un camino bastante retorcido. En enero de 1992, mi edi tor me remitió la siguiente carta recibida de Inglaterra:
No soy doctora ni nada, sino sólo una joven curiosa de 20 años, que empecé a relacionarme con el MDMA en julio del año pasado. Decidí descubrir más cosas sobre la droga y lo que me estaba haciendo, después de haber leído un libro titulado La bi
blia de las vitaminas, de Earl Mindell, en el que básicamente se
demostraba que si se tomaban drogas había que tomar también complementos de vitaminas y minerales (algo que usted indicó correctamente en su propio libro).
Le digo todo esto, básicamente, porque necesito su ayuda. En este país se ha extendido ampliamente el consumo de Éxtasis en tre los jóvenes (algunos de ellos apenas tienen 14 años). Y el abuso de la droga no hace sino aumentar. Aunque no espero que ninguno de ellos se detenga (no soy de los que lanzan sermo nes), estoy convencida de que deberían saber lo que están ha ciendo. Como debe saber, existen ahora multitud de tipos dife rentes de pastillas de Éxtasis con nombres como Palomas Blancas (en su mayor parte MDMA) y Triple X (para decirlo francamente, lleno de porquería). Algunas de ellas ni siquiera tienen nada de MDMA, y muchas tienen cocaína, smack y cafeí na concentrada (esto último es una suposición), por lo que ac tualmente tomar Éxtasis es como jugar a la ruleta rusa con la propia vida. Ya han muerto varios jóvenes (evidentemente, a causa de algo que han puesto en la droga o de alguna sinergia negativa). Honestamente, no creo que nada de eso habría ocurri do si se hubiera permitido la legalización del MDMA, y creo que su argumentación al respecto es completamente correcta.
Atentamente, Claire Henderson
Después de recibir esa carta, mantuve correspondencia con Claire, que me envió artículos publicados en la prensa del Rei no Unido. Gradualmente, empecé a tener una visión de lo que estaba ocurriendo en Inglaterra. Los recortes que ella me en viaba me recordaban mucho las historias surgidas en Estados Unidos sobre el LSD en los años sesenta. Aunque se dice que hasta un millón y medio de personas toman su «pastilla» en cualquier fin de semana, se han producido unas pocas muertes en juergas organizadas en Inglaterra. La prensa ha utilizado esos incidentes para condenar tanto las juergas como el consu mo de MDMA.
Cuando Claire me escribió por primera vez, aún no se cono cían las razones de esas muertes. Las autoridades médicas han determinado ahora que esas muertes se hallan relacionadas con ataques al corazón causados por una combinación de altas tem peraturas en los clubes donde se celebraban las juergas, el baile continuo y la deshidratación. Parece ser que los promotores de las juergas en Inglaterra cortaron el agua en los lavabos y las fuentes con la intención de vender más bebidas. Los juerguistas jóvenes, con sus recursos financieros muy disminuidos por los crecientes precios de las entradas de admisión y, por tanto, in capaces de permitirse la compra de bebidas igualmente caras, han sufrido la consecuencia de la explotación por parte de un pequeño grupo de personas ávidas pertenecientes a una subcul- tura que, según ha comentado Brian Eno, productor británico de música, se caracterizó en un principio por una refrescante falta de cinismo.
Para colocar la Situación inglesa en su debida perspectiva, se ha calculado que el individuo medio tiene, en Inglaterra, diez veces más probabilidades de morir en un accidente de co che, y los que juegan al fútbol tienen 33 veces más probabili dades de morir en el campo de fútbol que las que corre un con sumidor de Extasis de morir por haber tomado la droga. Aunque se han producido algunas muertes que pueden ser atri buidas directamente a este compuesto, las víctimas que supues tamente tomaron MDMA pudieron haber ingerido sustitutos o
combinaciones de drogas. Cuando hay miles de personas que mueren cada año debido a causas relacionadas con el tabaco y el alcohol, el Éxtasis resulta ser comparativamente seguro.
Juergas en Estados Unidos
Con el aumento de las presiones por parte de las autoridades inglesas, algunos de los promotores más idealistas de juergas y disc-jockeys viajaron a California. A principios de 1991, un grupo llamado Toontown celebró en San Francisco una de las primeras grandes juergas en Estados Unidos. Toontown aumen tó espectacularmente de tamaño hasta contar con más de 7.000 personas y organizó docenas de otros acontecimientos. En cualquier noche de fin de semana podían estar produciéndose hasta una docena de juergas al mismo tiempo en San Francisco y Los Ángeles. Cynthia Robins ofrece la siguiente narración de uno de tales acontecimientos celebrado el 16 de febrero de 1992, en el número de la revista San Francisco Examiner Image:
Cinco minutos después de la medianoche de Nochevieja, la música llevaba sonando desde hacía más de tres horas. Pero la fiesta no había hecho más que empezar. A las dos de la ma drugada, seis mil cuerpos se hallaban metidos con calzador en un cavernoso espacio, por debajo del Centro de la Moda de San Francisco, empujados, abrazados y absorbidos por el sonido y las luces que surgían de las paredes de cemento, los suelos y los techos.
Como el aprendiz de brujo de Fantasía, el disc-jockey dirige el flujo de energía que controla las ondas de sonido. Haciendo cabriolas, como un sumo sacerdote, situado delante de mesas duales de mezcla y paneles de control cuyos niveles de decibelios superan constantemente la línea roja, hace ondular una piel sin costuras, una sólida manta de sonido. Es como un chamán elec trónico. Nadie escapa a su hechizo. Implacablemente, la música es todo de bajo, un buum da buum da buum da buum, elevado a
niveles capaces de hacer hervir la médula, con una cadencia de latido del corazón fetal. Unos incesantes golpes, a un ritmo de 118 a 126 por minuto, intercalados ocasionalmente con vocales sin rasgos, y con fragmentos de melodía simplificada. Los golpe teos le empapan a una hasta los zapatos, penetran por los pies como una marejada repentina y luego entran en el cuerpo para atácar las ingles. Si a una le queda un solo gramo de ritmo, se ve obligada a bailar. En caso contrario, tiene una que marcharse de allí.
Las luces se sincronizan con el sonido, pulsantes, restallan tes, giratorias. Las pantallas de vídeo televisan a multitudes en directo, recorridas por pautas fractales psicodélicas. Los rayos láser de luz verde explotan sobre el suelo como serpientes he chas añicos. Las máquinas de humo diseminan niebla artificial hacia la que los puntos Intellebeam dirigen haces de color y luz blanca que fragmenta los cuerpos, las paredes y los techos como una cortina de fuego sobre Bagdad.
Todo el ambiente sensorial envuelve a los que bailan en una especie de capullo técnico. Es un infierno discotequero, un apo calipsis psicodélico.
Alrededor de todo esto hay cuerpos en movimiento. Hermo sas jóvenes cubiertas de cuero y encajes. Jóvenes atractivos de movimientos nerviosos y exagerados. Hombres con portaligas. Mujeres que sólo llevan los vaqueros y el sostén. Reinas que se arrastran. Confusión de géneros. Los rectos, los gays, los viejos, los jóvenes. Sobre todo los jóvenes. Una fantasmagoría que pa rece sacada de la escena del bar en La guerra de las galaxias.
Sus brazos se extienden hacia lo alto. Los ojos ruedan en sus órbitas, mirando no hacia el bombardeo de imágenes, sino hacia el interior. Bailan como lobos solitarios, entrando ocasionalmen te en el espacio íntimo de otro, frotando los cuerpos, estable ciendo conexiones, tropezando con nuevas personas, aunque sólo de una forma incidental. Este no es el ambiente brillante y de predador del club de moda. Aquí, nadie intercambia números. El ambiente está cargado de energía sexual, pero nadie piensa en hacer el amor. Un baile de trance que -sigue pautas al azar,
midades que se mueven con rapidez y rostros bañados en sudor y arrobamiento, en blanco, con la mirada vidriada, abiertos, ino centes. ¿Es el rapto? ¿O son las drogas?
Ciertamente, debe de ser un poco de ambas cosas. Lo m is mo que en el ambiente de la Casa del Ácido antes que aquí, la cultura de la juerga en Estados Unidos se caracteriza por el consumo de psicodélicos y de Extasis como un elemento inte gral. Esta es una de las muchas similitudes entre las juergas de los años noventa y los moteles y los experimentos con ácido de los años sesenta. Pero los juerguistas tratan de hacer las co sas de modo diferente, sobre todo a través de la forma en que se ven rodeados por la tecnología.
Mark Heley, organizador de Toontown, describe esta nueva relación entre los psicodélicos y la alta tecnología con la pala bra «tecnochamanismo». En «Un mundo, una fiesta», de Evelyn McDonnell, publicado el 29 de enero de 1992 en S. F Weekly, dice:
Hay algo hacia lo que nos estamos moviendo, más allá del tiempo... Conectamos a la sociedad contemporánea con las raí ces míticas de la humanidad. El chamanismo es algo que está más allá del tiempo. Es un espíritu primigenio. Y la tecnología es el elemento de conexión entre lo que existe ahora y lo que está empezando a existir.
Sabemos que las culturas tribales que dieron lugar al cha manismo celebraban ritos de transición para los jóvenes. Estoy convencido de que estas juergas pueden considerarse como mutaciones contemporáneas de aquellas iniciaciones tradicio nales que jugaron un papel vital en la transición psíquica desde la juventud hasta la edad adulta. Para los jóvenes es importante reunirse, bailar sus bailes, cantar sus cánticos, permanecer des piertos durante toda la noche, tomar sus drogas y tener sus vi siones, actividades que fueron componentes importantes de los ritos antiguos. Y, hasta el momento, la sociedad estadounidense
no ha ofrecido contexto adecuado para la celebración de esa clase de ceremonias.
No obstante, consumir el Extasis sólo en las fiestas, aunque sea una experiencia indudablemente fascinante y útil, significa renunciar a oportunidades únicas que sólo pueden presentarse en ambientes más íntimos. Las profundas comprensiones y co nexiones interpersonales descritas en este libro tienden a ocu rrir en pequeños grupos o en condiciones de soledad, y son difí ciles de alcanzar en un ambiente abarrotado de gente. Quienes sólo lo han consumido en las juergas, quizá no puedan im agi nar el verdadero potencial del MDMA.
Tanto en Estados Unidos como en Inglaterra, los juerguistas empiezan a quejarse de un declive en el ambiente de la juerga. Como sucede inevitablemente con todo fenómeno juvenil, em pieza a introducirse la comercialización; ahora aparecen modas de juerga en M acy’s. Y, con el tiempo, algunas juergas empie zan a parecerse menos a happenings de vanguardia y más a fiestas de escuela superior.
Esta pauta encuentra su paralelismo en la evolución de la contracultura de los años sesenta. Pero a medida que la subcul- tura de la juerga crece para convertirse en un gran movimiento juvenil, ejercerá sin lugar a dudas un impacto sobre los medios de comunicación, sobre los valores y las visiones de la juven tud de Estados Unidos. Son muchos los que ven esta nueva cul tura como algo que proporciona un puente hacia el siguiente milenio. Dan Mapes, fundador de Digital Media (una empresa productora multimedia de Santa Cruz, California, que produce programas visuales para juergas, así como videocintas psicodé- licas), le dijo a Cynthia Robins:
Hay muchachos evolucionados, y es importante sintonizar con eso. Aquí es donde se unen el arte, la tecnología y la evolu ción. Evolucionamos a través de nuestro arte y de nuestra tecno logía.
Estamos poniendo los fundamentos para la sociedad del siglo veintiuno, y cosas como las juergas no son sino una expresión de
eso. Piense, por ejemplo, en la Nochevieja organizada por Toon- town [descrita antes por Robins], donde se reunieron 7.200 per sonas y no se produjo ninguna pelea o alboroto. Eso es algo in creíble. Hay mucha gente que se relacionó armoniosamente con los demás. Y, para ellos, esto es una expresión de vivir en el mundo en el que desean vivir, como el microcosmos de un posi ble mundo futuro. Durante un momento, en el tiempo, se está junto a una gran cantidad de otra gente y se sintoniza con ellos.
Eso es muy evolutivo, y también muy curativo.
Disminución de la pureza
Los comentarios de Claire Henderson sobre las falsas con cepciones y la cuestionable pureza del MDMA clandestino son muy exactos. Cuando una droga es declarada ilegal, el material disponible por parte de aquellos que desean consumirla experi menta inevitablemente una disminución de su calidad. La fabri cación de la droga está siendo realizada, al menos hasta cierto punto, por personas más preocupadas por los beneficios que los primeros distribuidores, mucho más idealistas; que se ven alejados de su misión por leyes draconianas. Esta tendencia ya se predijo en la primera edición de mi libro y empezó a produ cirse en cuanto el MDMA fue declarado ilegal. Si a ello se añade la creciente demanda de la droga, resultante del ambien te de juergas, el resultado es que la disponibilidad y la pureza del MDMA ha experimentado un cambio a peor.
Con la distribución de ciertos productos químicos precurso res, controlados ahora por la DEA, la agencia o Departamento Estadounidense Antidroga, producir el verdadero MDMA su pone riesgos mucho mayores para los químicos que utilizan las vías estándar de síntesis. Buena parte de lo que se ha visto en las calles de Estados Unidos son anfetaminas, o combinados de anfetaminas con otras drogas. En Inglaterra, la situación es m u cho peor, con informes según los cuales buena parte de lo que se presenta como Éxtasis es en realidad ketamina (un anestési
co con propiedades alucinógenas), o a veces hasta un simple medicamento que puede obtenerse en las farmacias. Ahora que el análisis de la droga callejera no está disponible en este país, se ha puesto a la orden del día la idea de que sea el comprador «el que lleve cuidado». Cuando sólo se tiene delante un polvo blanco, una pastilla o una cápsula, nunca se puede estar seguro de lo que se tiene entre manos. Antes de comprar, hay que ha cerse dos preguntas: «¿Han probado este producto las fuentes a las que compro?», y «¿Han tomado mis fuentes verdadero MDMA, para que puedan valorar con exactitud lo que me es tán entregando?».
Esto no afecta al fluido espinal; cuestiones
sobre la neurotoxicidad del MDMA
Para muchas personas bastante más preocupante que la cuestión de la pureza es la posible neurotoxicidad del MDMA. Veamos algunos de los rumores y luego consideremos la cues tión directamente.
Tal como he mencionado antes, una de las preguntas que se me plantean en repetidas ocasiones es: «¿Afecta el Éxtasis al fluido espinal?». Este extraño rum or ha circulado desde princi pios de los años ochenta, probablemente como resultado de que jas sobre dolores de espalda y dolores de cuello después de una
larga noche con el Éxtasis y de la confusión generada por el he cho de que los investigadores han obtenido fluido espinal con la intención de valorar los efectos del MDMA sobre los niveles de serotonina, una sustancia química que transmite los impulsos nerviosos entre las células cerebrales.
La cuestión sobre la neurotoxicidad del MDMA se planteó por primera vez en 1985, cuando George Ricaurte y Charles Schuster, de la Universidad de Chicago, llevaron a cabo un ex perimento en el que se administró a ratas, por vía intravenosa, el equivalente do- diez veces la dosis humana de MDA, un com puesto estructuralmente similar al MDMA, a intervalos de cua
tro horas, durante dos días. Se observaron cambios en los ter minales donde la serotonina entra en contacto con las células cerebrales. Rápidamente, los investigadores pusieron este dato en conocimiento del Departamento Estadounidense Antidroga (DEA), que lo utilizó como pretexto para incluir el MDMA en la lista del Inventario I de productos prohibidos. Después de la prohibición, se repitió el experimento con el MDMA, y se ob tuvieron resultados similares.
Más tarde, Ricaurte, en un estudio separado, realizado junto con el doctor Stephen Peroutka, de la Universidad de Stanford, administraron inyecciones espinales para determinar si el uso del MDMA provoca una disminución de los niveles de seroto nina en los seres humanos. El estudio de Peroutka demostró que no había diferencia entre los consumidores de MDMA y los grupos de control. El experimento de Ricaurte mostró nive les de serotonina más bajos en el grupo consumidor de MDMA, pero el estudio fue criticado porque el grupo de control estaba compuesto por personas que sufrían de dolor de espalda, un factor que podría haber tenido una cierta influencia sobre los niveles de serotonina. Este estudio se está repitiendo ahora con una metodología muy mejorada. Pero, por el momento, no se han podido extraer conclusiones sólidas de estos estudios.
Los investigadores publicaron anuncios llenos de humor en diversas publicaciones alternativas, en un esfuerzo por encon trar a sujetos para sus estudios espinales. Esos anuncios lleva ban el encabezamiento «Esto es una prueba espinal». Una de las consecuencias desafortunadas de esta acción fue la difusión de rumores que ya habían empezado a circular, según los cua les el MDMA «tenía efectos sobre el fluido espinal, disminu yéndolo», o «agota tu fluido espinal». En realidad, no hace nin guna de las dos cosas.
Otra cuestión que se plantea con frecuencia es: «¿Causa el MDMA la enfermedad de Parkinson?».
Nuevamente, la respuesta es una clara negativa. Este rumor se originó como consecuencia de una concatenación de malas interpretaciones. En primer lugar, el Éxtasis ha sido etiquetado
a menudo como una «droga de diseño». Las drogas de diseño son, por definición, nuevos compuestos diseñados por quími cos, con la intención de soslayar las leyes contra las drogas. No había esa clase de intención tras la síntesis original del MDMA, que se produjo en Alemania en 1914.
A finales de los años setenta, se desarrolló una droga de di seño llamada Fentanil, o «Blanco de China», como un sustituto legal de la heroína. Una sustancia conocida como MPTP, pro ducto secundario del procesos de síntesis, encontró la forma de llegar a algunas partidas de Blanco de China. Hubo al menos un caso en el que el MPTP se vinculó con un síndrome similar al de la enfermedad de Parkinson. Se estableció entonces una falsa conexión con el MDMA, que no es una verdadera droga de diseño, y el MPTP, una sustancia química completamente diferente.
¿Cuál es entonces la verdad sobre la supuesta neurotoxicidad del MDMA? No hay respuestas definitivas, pero en el momento de escribir parece cada vez más probable que el tema de la neu rotoxicidad represente un intento por parte del gobierno de Es tados Unidos para justificar su política hacia el MDMA, de una manera muy similar a como se hizo con el «susto del cromoso ma», algo completamente infundado, que rodeó el consumo de LSD en los años sesenta.
En prim er lugar, debe notarse que el mismo experimento que hicieron Schuster y Ricaurte con MDM A y MDA (admi nistrar enormes y frecuentes dosis a las ratas), también fue rea lizado con fenfluramina, utilizada en el tratamiento de desórde nes de apetencia en el comer. La fenfluramina demostró ser tres veces más «neurotóxica» en estas pruebas. La fenflurami na se administra diariamente a los pacientes, y lleva siendo re cetada por los médicos desde hace más de 25 años. No se han observado efectos adversos a causa de su consumo, y las perso nas que la tomaron con frecuencia hace muchos años no mues tra ningún daño cerebral o cualquier otro tipo de problemas. La fenfluramina se sigue recetando, a pesar de que el MDM A fue rápidamente prohibido, y la Administración para los Alimentos
y las Drogas está efectuando actualmente un proceso de apro bación sin considerar ninguna supuesta «neurotoxicidad».
Otra cuestión importante es que los disminuidos niveles de serotonina no produjeron cambios de comportamiento conoci dos en seres humanos. Un estudio demostró un muy ligero cambio en el rendimiento de las ratas, durante el transcurso de una de las numerosas pruebas a las que se las sometió tras la administración de dosis enormes y repetidas de MDMA, que produjo cambios espectaculares en los niveles de serotonina. Más importante es un estudio recientemente publicado por Ge- orge Ricaurte, en el que dosis humanas normales se adminis traron a primates a intervalos de dos semanas, durante cuatro meses, sin que de ello se derivara la detección de ninguna prueba de neurotoxicidad.
Con millones de personas que han tomado MDM A a lo largo de un período de 20 años, algunas de ellas más de varios cien tos de veces, nunca se ha confirmado ningún caso de daño cere bral causado por el MDMA. Al menos hasta el momento de es cribir esto.
Actualización de la guía del MDMA
Hay unas pocas guías que suelen seguir los consumidores avisados cuando planifican una experiencia con el MDMA. A l gunas de ellas se mencionan en «Guía para consumidores», pero se repiten aquí para darles mayor énfasis.
Los consumidores inteligentes beben gran cantidad de líqui dos y vigilan su nivel de agotamiento. Si bailan, toman fre cuentes descansos y se aseguran de que los fluidos que beban sean fríos. Evitan los cambios extremos de temperatura; quizá no sea aconsejable tomar la sauna o las cabinas para sudar en días fríos. Se aseguran de dormir mucho tanto antes como des pués del viaje. (Los tranquilizantes recetados como el Valium o el Xanax se utilizan para ayudar a inducir el sueño, aliviando la tensión muscular y la estimulación post-MDMA, pero esos m e dicamentos pueden llegar a ser muy adictivos.) Al despertar,
toman una comida sana. Muchos casos de «agotamiento» pue den ser, simplemente, el resultado de un prolongado ayuno.
La investigación sobre neurotoxicidad no ha aportado una garantía de seguridad. Muchos consumidores toman una cápsu la del antidepresivo Prozac cuatro horas después de haber inge rido el Éxtasis. Según se informa, el Prozac bloquea el proceso que se sospecha es el responsable de los efectos «neurotóxi- cos» del MDMA.
Leonard Enos, investigador de San Diego, informa que el uso de antioxidantes durante varios días antes y después de la ingestión del MDMA puede ayudar a aliviar la fatiga y la baja del estado de ánimo que se producen tras el consumo del MDMA. Recomienda la superoxidasa Demutase, de Kal u Oxi- Quenchers, un producto de Twinlabs.
Las nuevas pruebas anecdóticas indican que el uso de com plementos de calcio-magnesio, tal como se sugiere en la «Guía para consumidores», puede no ser particularmente efectivo.
La experiencia del MDMA es un proceso de dos días. Los consumidores inteligentes planifican tomarse el segundo día para descansar, reflexionar e integrar la experiencia, Lo que no hacen es «Conectarse, desconectarse y acudir a trabajar tarde el lunes», en palabras de P. J. O ’Rourke.
Para quienes sientan curiosidad por «la vida del yo» con el MDMA, he aquí un informe enviado a través del Grupo de Red de Consumidores, por Howard Berkey:
El Safrole (de estructura muy similar al MDMA), se descom pone bajo una prolongada exposición a la radiación ultravioleta (como, por ejemplo, la luz solar). Lo mismo cabe decir de mu chas sustancias químicas orgánicas, aunque el MDMA debería ser más estable que el Safrole en este sentido (con el grupo me- tilamina sustituyendo al enlace doble del grupo alil). A menos que lo haya conservado en la oscuridad y en lugar frío (como en la nevera), se descompondrá un poco y absorberá otras cosas del aire (como agua). Mi consejo sería tirar a la basura el MDMA que tenga dos años de antigüedad.
No obstante, los informes de personas que han almacenado el material durante largos períodos de tiempo indican que pue de mantenerse notablemente fresco.
Muchas personas informan de disminución de los efectos con el uso repetido del Éxtasis. Indudablemente, es mucho m e jo r menos, no más, en términos tanto de dosis como de fre
cuencia de uso.
Reanimación de la investigación terapéutica
Con la conclusión del último acto de nuestro drama el telón se cerró bruscamente sobre la investigación relativa al poten cial del MDMA como agente terapéutico, así como sobre otras vías de investigación que implicaran la administración del MDMA a seres humanos.
Con la prohibición del MDMA en 1985 pareció que trans curriría mucho tiempo antes de que nadie volviera a tomar la droga legalmente en Estados Unidos. Los investigadores habían agotado sus esfuerzos por sacar al MDMA del Inventario I, don de lo había situado la DEA, en el mismo lugar que la heroína.
A pesar de todo, recientemente han empezado a a brillar de nuevo los primeros rayos de luz. En Suiza se está llevando a cabo actualmente la investigación sobre el uso terapéutico del MDMA, mientras que la Administración para los Alimentos y las Drogas, en Estados Unidos, ha aprobado la realización de un proyecto en el que se usará a sujetos humanos.
Albert Hofmann, antiguo químico investigador de la compa ñía farmacéutica Sandoz, en Basilea, Suiza, y descubridor de numerosos compuestos importantes, incluido el LSD, reveló al gunas noticias excitantes para la comunidad psicodélica duran te una visita que efectuó en 1988 a Los Angeles. Durante una conferencia pronunciada en el Club St. James de Los Angeles, Hofmann anunció que las leyes suizas sobre narcóticos se ha bían modificado para incluir una exención especial por la que se permitía a médicos especialmente formados para recetar
LSD, MDMA y otros compuestos psicoactivos. Se había levan tado así la prohibición que existió sobre la investigación psico- délica durante más de dos décadas.
Desde entonces, cinco médicos suizos han conseguido per misos para recetar psicodélicos y otros muchos han recibido formación especializada y se espera que reciban los correspon dientes permisos en un futuro cercano. El MDMA y otras sus tancias capaces de cambiar la mente se están administrando a pacientes en el curso de su terapia, habitualmente en sesiones de grupo. En MAPS Newsletter, vol. III, núm. 3, el médico ad ministrador del proyecto informa:
En el transcurso de nuestro trabajo con el MDMA, hasta el momento en psicoterapia, no hemos observado ningún tipo de efectos negativos, ya fuera de tipo psicológico o físico. La tre menda utilidad de curar perturbaciones psicológicas graves supe ra la ocasional tensión que supone la administración de estas sustancias para el organismo. Lo más importante de todo es que tras el consumo de MDMA no se han observado adicciones al mismo. Antes al contrario, hemos podido confirmar lo que ya ha sido documentado por otros: que otro tipo de adicciones (como el alcohol, los medicamentos, la heroína, etc.) se vieron muy re ducidas gracias a una terapia apoyada por el MDMA, que con dujo incluso a una reducción significativa de esas adicciones en pacientes...
La sospecha de una posible toxicidad para el sistema nervio so, que había sido considerada como un posible efecto secunda rio del MDMA, no se ha visto corroborada por nuestra dosifica ción terapéutica de esta sustancia. Este descubrimiento queda confirmado por la reciente investigación científica, todavía no publicada, de George Ricaurte, Estados Unidos: tras el trata miento de primates con dosis terapéuticas, no se han observado efectos nocivos para el sistema nervioso.
En nuestra opinión, las drogas psicoactivas como el MDMA, el LSD y otras que han demostrado su aplicación terapéutica, han sido erróneamente colocadas en la lista del Inventario I. Es
tamos trabajando actualmente para corregir este error que se ha producido a nivel internacional y aun cuando, según la ley vi gente en Suiza, es posible obtener permisos de exención, estos procedimientos podrían ser enormemente simplificados. En nues tra opinión, las sustancias psicoactivas como el MDMA no per tenecen a la categoría de los narcóticos, puesto que no se ha de mostrado que causen ningún efecto narcótico, sino que, antes al contrario, facilitan la desnudez de las estructuras emocionales. Así, pueden ayudar a aportar claridad y comprensión en los me canismos inconscientes, un ámbito que apenas ha sido investiga do por los métodos convencionales. Han sido de tan gran ayuda en nuestro trabajo psicoterapèutico que consideramos como una pérdida tremenda el hecho de que estas sustancias no estén dis ponibles a una escala mucho más amplia.
Así pues, ha empezado a abrirse el ambiente investigador para el MDMA y otras sustancias psicodélicas. Según informó el 27 de julio de 1992 Sarah Pekkanen, del States News Service:
Enfrentado a la evidencia de que algunas drogas alucinógenas ilícitas pueden beneficiar a ciertos pacientes, el gobierno federal está a punto de levantar la casi prohibición que pesa sobre el LSD y el Éxtasis para propósitos terapéuticos.
La presión para volver a evaluar la política gubernamental ha procedido de investigadores que han llegado a la conclusión de que, bajo condiciones cuidadosamente controladas, los alucinó- genos han demostrado beneficiar a los enfermos terminales, los alcohólicos y algunos pacientes psiquiátricos.
Este cambio de mentalidad terminó por llegar hasta las reu niones de dos instituciones gubernamentales coordinadas en Washington. Eso representa un triunfo para los continuos es fuerzos de Rick Doblin, fundador de la Asociación M ultidisci plinar para Estudios Psicodélicos (MAPS), que lleva años tra bajando para facilitar y subvencionar la investigación con psi codélicos (para más detalles sobre estos acontecimientos, así
como sobre otros progresos recientes relativos a la investiga ción con el MDMA, véase el nuevo apéndice de Doblin para esta edición).
En primer lugar, NIDA convocó una revisión técnica sobre «alucinógenos», la primera que se producía en catorce años. El 13 y 14 de julio de 1992, veinte científicos se reunieron y dis cutieron sobre el estado de la investigación psicodélica. El gru po llegó a la conclusión de que la reanudación de la investiga ción humana con psicodélicos podía producir beneficios científicos.
Luego, el 15 de julio, se reunió el Comité Asesor sobre el Abuso de Drogas de la FDA para discutir sobre las políticas generales a seguir en relación con la investigación «alucinóge- na», y para considerar un protocolo de investigación para el uso del MDMA con sujetos humanos. El comité decidió que la investigación sobre los usos médicos del MDMA y otros aluci nógenos merecía la pena correr los riesgos para los sujetos y para la sociedad representados por la realización de tal investi gación. También decidió que la investigación se llevara a cabo de acuerdo con los mismos y rigurosos niveles de seguridad y eficacia que se aplican a todos los medicamentos revisados por la FDA para la investigación médica. En otras palabras, se aprobó la investigación en principio, pero ésta no será fácil de llevar a cabo.
En una decisión aparte, el Comité Asesor ofreció guías para el prim er estudio aprobado en el que se utilizará MDMA con seres humanos. El investigador principal sería Charles Grob, médico de la Universidad de California, en Irvine. Grob recibió recientemente la aprobación de la FDA para el proyecto dividi do en dos partes en el que participarían voluntarios humanos «normales» procedentes de la profesión médica, y pacientes terminales de cáncer. Sólo otras dos instituciones gubernamen tales tienen que aprobar la realización del proyecto para que éste empiece a llevarse a cabo.
La primera parte del estudio servirá para formar a terapeu tas, así como para valorar por primera vez el riesgo de
xicidad en los seres humanos. La segunda parte del estudio examinará el impacto de la experiencia del MDMA sobre las perspectivas mentales de los individuos que se encuentran a las puertas de la muerte. Estudios anteriores llevados a cabo con pacientes terminales que utilizaron «terapia psicodélica» con LSD han demostrado efectos muy positivos sobre las actitudes hacia la muerte y el proceso que conduce a ésta.
El futuro
En la Conferencia Transpersonal Internacional celebrada en 1992 en Praga, Checoslovaquia, Alexander Shulgin, psicofar- inacólogo y autor de PIHKAL (una narración de ficción acerca de su descubrimiento de multitud de nuevos compuestos capa ces de cambiar la mente), sugirió que el MDM A representa el principio de una revolución en nuestra comprensión de la bio química y de la mente. Tal como se ha mencionado al principio de este prólogo, el MDM A significa un salto cuántico en la es pecificidad de los compuestos capaces de cambiar la mente. Mientras que drogas como el LSD y la mescalina amplían y al teran casi todos los aspectos del funcionamiento mental, los efectos del MDMA tienden a enfocarse sobre la empatia y la autoestima.
Shulgin sugirió que en el futuro se inventarán inevitable mente nuevos compuestos, «extraídos de otras drogas como el MDMA», que serán capaces de ejercer un grado más elevado de especificidad para poner en marcha emociones humanas como el temor a la muerte, la conciencia y la supresión de la cólera y los sentimientos de culpabilidad. Si en el futuro llegan a desarrollarse esa clase de materiales, los seres humanos po drán utilizarlos para alterar y mejorar su propia conciencia e inteligencia, de formas precisas y beneficiosas que ni siquiera podemos empezar a imaginar.
Una selección de anuncios distribuidos a mano a principios de los años noventa.
Prólogo
En 1984, el Departamento Estadounidense Antidroga inició un proceso que culminó con la clasificación del MDM A como una droga incluida en la lista del Inventario I, equivalente a narcóticos y considerado como sustancia sin valor médico. Desde entonces, una serie de médicos, investigadores y psico- lerapeutas han luchado por medios legales contra esta clasifica ción, insistiendo en que el MDMA puede aportar contribucio nes psicoterapéuticas únicas y valiosas. Aunque todavía no se sabe el resultado de esta lucha, es evidente que los defensores del MDMA luchan en una batalla en la que todos los elemen tos están en contra suya.
A pesar de que la sociedad estadounidense se halla impreg nada por el uso psicoterapèutico de medicamentos con receta capaces de cambiar el estado de ánimo y m odificar el compor tamiento, y aunque la venta de esos medicamentos es un nego cio de muchos millones de dólares, no ha habido prácticamente ningún apoyo para el MDMA, ni por parte de las organizacio nes psiquiátricas ni por parte de las compañías farmacéuticas. I’ropondría varias razones que explican esta situación.
En prim er lugar, el MDMA no sólo es capaz de cambiar el propio estado de ánimo y m odificar el comportamiento, sino que también puede alterar la forma de pensar. La psiquiatría estadounidense ha descubierto que resulta mucho más fácil usar medicamentos que cambien el estado de ánimo y m odifi
quen el comportamiento, antes que emplear sustancias capaces de m odificar la mente. Habitualmente, el estado de ánimo de un cliente se calma o se estimula por medio de la medicación, y su comportamiento puede ser modificado de forma bastante directa. Los psiquiatras se sienten complacidos cuando pueden estabilizar las oscilaciones en el estado de ánimo de sus pa cientes, y cuando consiguen controlar el comportamiento errá tico de los mismos. Admiten que algunos individuos mostrarán reacciones paradójicas ante la medicación, pero insisten en la predicibilidad de los resultados generales de la administración de los medicamentos que recetan.
Por otro lado, a la mayoría de psiquiatras les resulta difícil justificar el uso de sustancias capaces de producir nuevas for
mas de concebir la realidad y formas insólitas de ser en el mundo. Utilizarán drogas capaces de inhibir las alucinaciones, bloquear pautas desordenadas de pensamiento o detener las verbalizaciones repetitivas. Pero la clase de drogas alteradoras de la mente, como el MDMA, el LSD y la psilocibina tienen fama de evocar un pensamiento nada convencional; como con secuencia de ello, se cree que está justificado despreciarlas, al considerar que crean más problemas que los beneficios que re portan.
En segundo término, el MDM A puede intensificar los pen samientos y sentimientos de los clientes en relación con su tera peuta. Los fenómenos de transferencia pueden aumentar duran te una sesión con el MDMA, e intensificarse profundamente la relación del cliente con su terapeuta. Los problemas habituales de transferencia, contratransferencia y proyección producen tantas complicaciones en psicoterapia, que son muy pocos los terapeutas que desearían correr el riesgo de aumentar esa deli cada situación.
En tercer lugar, el MDMA viola la estructura de la psicote rapia orientada psicoanalíticamente, caracterizada por una se sión de una hora de 50 minutos, y no por la sesión de tres o cuatro horas que exige el uso correcto del MDMA. Estas sesio nes más prolongadas se justifican a menudo con la afirmación
de que la psicoterapia se ve acelerada como consecuencia del empleo del MDMA. Pero los psiquiatras suelen mostrarse rece losos ante cualquier modalidad que afirme acelerar la propia psicoterapia en ausencia de un prolongado desmantelamiento de las defensas del cliente. Diversas aproximaciones humanis tas y transpersonales a la psicoterapia dejarían lugar para las exigencias planteadas por el uso del MDMA, pero ninguna orientación en tal sentido ha impregnado los niveles más altos del estamento psiquiátrico, y su influencia en los círculos lega les y gubernamentales es prácticamente inexistente.
La oposición al MDMA en la psicoterapia no queda limita da a los psiquiatras. La mayoría de los psicólogos que practican la modificación del comportamiento se muestran igualmente recelosos ante el MDMA no sólo debido al factor tiempo, sino también porque admite la posibilidad de rápidas «comprensio nes» y «avances espectaculares», en lugar del lento proceso de aprendizaje y reaprendizaje paso a paso que caracteriza la m a yoría de los métodos de modificación del comportamiento. Además, cuando un psicoterapeuta recibe formación para el uso del MDMA, una parte del aprendizaje implica tomar él mismo la droga. Esta experiencia de primera mano no se necesita ante un psicólogo que utiliza técnicas de modificación del compor tamiento, o ante un psiquiatra que emplea medicamentos esti mulantes o depresivos, o cualquier otro de los medicamentos que con tanta frecuencia se utilizan en psiquiatría. De hecho, los efectos extáticos del MDMA son considerados como «pato lógicos» o «disfuncionales» por parte de muchos psicoterapeu- las. Si alguien les sugiere que prueben ellos mismos el MDMA, lo más probable es que repliquen que eso sería tanto como in gerir veneno para aprender algo sobre las psicosis tóxicas.
f inalmente, los psicoterapeutas que utilizan el MDMA han abandonado a menudo el modelo médico que impregna la m a yor parte de la psiquiatría contemporánea. El objetivo de esos terapeutas divergentes es descrito en ocasiones como algo que facilita el desarrollo de «seres humanos capaces de funcionar plenamente», y de ir «más allá del simple ajuste» en la estimu
lación de las «capacidades humanas» y del «potencial huma no». Esos términos resultan sospechosos para un psiquiatra for mado para considerar a su cliente desde el modelo de la enfer medad, o para un psicólogo cuya educación no ha dejado de resaltar el aprendizaje erróneo como la causa del com porta miento inadaptado del cliente.
Como resultado de todos estos factores, son pocos los psi- coterapeutas que se han mostrado interesados por el uso tera péutico del MDMA. En consecuencia, las empresas farmacéu ticas no han visto ningún beneficio marginal en su desarrollo y, por lo tanto, les ha faltado motivación para financiar las inves tigaciones relacionadas con la efectividad de la droga. Es posi ble que el libro de Bruce Eisner juegue un papel importante en disipar las ideas erróneas predominantes sobre el MDMA. El libro es una síntesis espléndida de la historia de la droga, su uso y sus efectos. Es muy poco probable que el MDM A se convierta en una gran herramienta psicoterapèutica en un futu ro cercano. No obstante, los lectores de este libro pueden llegar a la conclusión de que merece una oportunidad para demostrar su valor, en manos de aquellos terapeutas cuya sensibilidad, formación y experiencia les ha permitido usarla para aliviar las angustias de aquellos clientes que han acudido a ellos en busca de un alivio para sus sufrimientos.
St a n l e y Kr i p p n e r, doctor en Filosofía
Introducción
Tiene entre las manos el primer libro que aborda los temas suscitados por el MDMA (igual a «Adán», «Éxtasis», «XTC») de una forma integrada. El MDMA es, naturalmente, el primer compuesto capaz de aumentar la empatia que recibió una in mensa atención por parte del público en la década de los años ochenta y que luego ascendió hasta las alturas llevado por una quinta gran oleada que derramó las sustancias psicodélicas so bre una parte pequeña pero significativa de la humanidad.
Cada molécula capaz de afectar a la mente tiene efectos úni cos en sí misma. Las propiedades del MDMA fueron adecua das en esas circunstancias porque introdujeron el consumo ma sivo, el acceso y un mecanismo generador de empatia y sin amenazas. La narración de Bruce Eisner sitúa una fermenta ción intelectual asociada dentro de un contexto mucho más am plio, basado en un estudio diligente y experimentado de prime ra mano.
La primera de esas cinco oleadas de entusiasmo psicodélico antes mencionadas se extiende desde los tiempos históricos hasta finales del siglo xix y, durante la misma, los miembros de todas las sociedades (excepto los esquimales, la mayoría de los cuales no tenían accesos a las plantas, y también, posible mente, algunos polinesios) tropezaron con el uso de materia vegetal selectiva y lo ritualizaron; una materia que aumentaba