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de la Asociación Psiquiátrica de Estados Unidos Ese libro

In document Extasis - Historia Del MDMA - Buce Eisner (página 154-161)

Usos en psicoterapia

III) de la Asociación Psiquiátrica de Estados Unidos Ese libro

contiene una lista de los problemas psicológicos clasificados por categorías etiquetadas con grupos de síntomas para cada uno de los desórdenes designados.

Greer y Tolbert informan:

Los nueve sujetos con diagnósticos [DSM III] informaron de haber experimentado un alivio significativo de sus problemas. Dos sujetos informaron de remisiones completas y duraderas: el sujeto número 17, con un desorden distímico (seguido después durante nueve meses), y el sujeto número 23, con una fobia sim­ ple a la sexualidad después de un aborto y a un posible embara­ zo. También dijeron sentirse mejorados los tres participantes con desórdenes de personalidad atípica o ambigua (números 5, 9 y 13), y los otros cuatro sujetos con desórdenes depresivos (desór­ denes de ajuste con estado de ánimo depresivo en los números 6 y 22, desorden distímico [depresivo] en el número 17, y una de­ presión atípica en el número 16).

También hubo algunos otros beneficios informados en el es­ tudio de Greer y Tolbert y relativos a la terapia. Uno de ellos fue la aparición de una tendencia entre los participantes a expe­ rimentar alivio de una baja sensación de autoestima, para diri­ girse hacia una mayor autoaceptación. Otro uso indicado en el estudio de Greer y Tolbert se encuentra en el ámbito del abuso de sustancias. La mitad de los participantes en el estudio infor­ maron haber disminuido, después de su sesión, el consumo de sustancias alteradoras de la mente o del estado de ánimo. Un aspecto notable en la caída de este abuso de otras sustancias es que tuvo lugar sin ninguna intervención específica por parte de los investigadores.

Hasta el momento, hemos visto el tratamiento de desórde­ nes mentales menos graves. Pero ¿qué sucede con los grandes problemas psicóticos como la esquizofrenia o un gran episodio depresivo? No se ha llevado a cabo ningún estudio científico

formal, pero las experiencias de dos psiquiatras con este tipo de pacientes, ofrecidas como testimonio durante las sesiones de inclusión del MDMA en el Inventario I, permiten confiar en que esta nueva herramienta psiquiátrica también pueda tener utilidad en el tratamiento de estos desórdenes.

El prim er caso fue informado por Joseph Downing, psiquia­ tra de San Francisco.

F. R., de cuarenta años de edad y empresario de mucho éxito, me fue recomendado por su asesora empresarial, una distinguida dama entrada en años que trabajaba en una destacada firma ase- ' sora. F. R. tenía varios síntomas depresivos, un síndrome de es­

trés moderadamente severo y el pensamiento recurrente y obse­ sivo de que se quitaría la vida a los 43 años, como había hecho su padre, también un depresivo. A causa de estos síntomas, ha­ bía visto a tres psiquiatras durante un período de seis años, pero la medicación antidepresiva que se le había recetado le pareció inefectiva y ofensiva en cuanto a sus efectos secundarios. La psi­ coterapia no ejercía ningún efecto. «Jugué a ser el niño bueno y me las arreglé para salir adelante con ellos, como hago con todo lo demás.»

Se calificó a sí mismo como moderadamente angustiado, va­ cío, resentido por la opinión generalizada de que lo había «con­ seguido en la vida». El examen integrado mostró un moderado síndrome de tensión con agotamiento hormonal pero, en general, con un excelente estado físico. Había tomado MDMA previa­ mente. Aunque esas experiencias no habían descubierto nada de su pasado, especificó que deseaba tomar el MDMA como parte de su terapia. Yo estuve de acuerdo, consciente de su utilidad ge­ neral en estados depresivos.

Dispusimos una sesión de un día de duración, que produjo un enorme flujo de material reprimido, que emergió a la conciencia; él y su hermana habían sido gravemente golpeados y traumatiza­ dos durante muchos años por su padre, que estuvo encarcelado repetidas veces, ingresado en hospitales psiquiátricos, para luego regresar a casa hasta que se repetía el comportamiento psicótico.

Ese trágico ciclo sólo terminó cuando el padre puso fin a su vida con monóxido de carbono, cuando el niño tenía siete años de edad. Raras veces he escuchado detalles más crueles por parte de personas que han sido capaces de sobrevivir físicamente in­ tactas y sanas.

El hombre continúa en tratamiento, y efectúa buenos progre­ sos, con la perspectiva de tener una vida emocional normal den­ tro de unos pocos años. Puedo decir, y estoy firmemente conven-

Joseph Downing, médico, que empleó el MDMA en su consulta terapéutica.

cido de ello, que este material histórico absolutamente central, jamás habría salido a la luz sin el uso del MDMA en un escena­

rio adecuado, con un terapeuta en el que confiaba, y con el efec­ to del MDMA, gracias a todo lo cual pudo reconocer su historial de maltratos previamente reprimido.

Philip E. Wolfson es otro psiquiatra que declaró en las se­ siones de inclusión del MDMA en el Inventario I. Actualmen­ te, forma parte del personal del Hospital Sequoia, en Redwood City, a la espera de un nombramiento de la facultad para la Es­ cuela de M edicina de la Universidad de California, San Fran­ cisco, donde enseña en las clases de Aspectos psiquiátricos, en el Programa de Medicina. Ha trabajado durante años con indi­ viduos y familias que experimentaron crisis psicóticas. Lo que sigue son observaciones sobre un hombre diagnosticado como «esquizofrénico» por sus psiquiatras anteriores:

Desearía presentar el caso de un hombre de 27 años, al que describiría como un individuo marginal «flagrante», con prolon­ gados accesos psicóticos que se iniciaron después de haber cum­ plido los 25 años. Estaba hospitalizado en ese momento con sín­ tomas de francas ilusiones, alucinaciones, paranoia extrema, negativismo, homofobia, y un conjunto persecutorio de ilusiones fijas centradas en una entidad llamada la «fuerza». Procedente de una familia acomodada, este individuo fue enviado a algunas de las mejores instituciones del país, dentro del proceso de bús­ queda de ayuda emprendido por la familia. El hombre se mantu­ vo bastante refractario (no respondió) al tratamiento con litio, que se le administró para controlar los elementos maníacos, así como a los neurolépticos (grandes tranquilizantes).

Lo vi por primera vez un año antes de este informe, bajo cir­ cunstancias familiares intensivas y de tratamiento individual, en San Francisco, y como paciente externo. La familia fijó su resi­ dencia en la ciudad con objeto de trabajar conmigo. El hombre se mostró extremadamente elusivo, negativo, con falta de com­ prensión, extremadamente suspicaz y en guardia. Se negó a to­

mar medicación inmediatamente, tras haber sido dado de baja en el hospital de Texas donde había estado confinado, después de haber demostrado su psicosis a la policía local. Los padres lo ha­ bían traído de vuelta a San Francisco, por vía aérea, y fue enton­ ces cuando empezamos nuestro trabajo.

El trabajo tuvo éxito en la medida en que le permitió conti­ nuar sus viajes, con un creciente grado de seguridad y una re­ ducción de su paranoia. Se negó a exponer los temas íntimos, lo que impedía que se produjera una transferencia positiva durante

un tiempo, o una interacción positiva que permitiera una reduc­ ción de los síntomas basada en el aumento de confianza. Un pe­ ríodo de nueva toma de contacto con los padres, con la coopera­ ción de la madre, tuvo un éxito parcial al permitir el restablecimiento de una conexión que había que estimular. No obstante, no podía pasar de un estado de regresión a otro de ego más integrado.

Seguí sus actividades a cierta distancia, en consulta con los padres, mientras él utilizaba su dinero y sus opciones. Durante ese período se produjeron nuevas hospitalizaciones. Las llama­ das de los médicos se producían poco después de que él abando­ nara su paraguas protector. Finalmente, terminó con su hermano en Denver, agotó rápidamente su dinero mediante actividades derrochadoras y acabó por ingresar voluntariamente en un hospi­ tal del estado, tras haber cometido algunos actos estrafalarios, después de su negativa inicial a que lo ingresaran. Después de varias semanas de hospitalización, con su consentimiento y el de sus padres, todos regresaron a California y se reanudó la terapia, esta vez con la ayuda del MDMA.

La primera sesión fue profunda en cuanto al cambio que ex­ perimentó el sentido de sí mismo de este individuo. Se hicieron conexiones de naturaleza afectiva con sus padres y conmigo mis­ mo, y se inició el establecimiento de la confianza. Por primera vez en dos años experimentó una visión de una autoimagen posi­ tiva y los sentimientos de amor no le hicieron sentir pánico. Los efectos de esta sesión duraron varios días con intensidad pero el reconocimiento de aquella autoimagen positiva se mantuvieron permanentemente. Días después, durante una segunda sesión, se consolidó su sentido de la diferencia, se aumentó su capacidad para afrontar las ilusiones que seguía experimentando, y pudo verse a sí mismo como potencialmente redimible de la imagen «mono» que tenía de sí mismo.

Ahora nos encontramos en la tercera fase de la psicoterapia, tras haberse producido un hiatus de seis semanas entre la última experiencia y el inicio de este nuevo trabajo. Aún se tiene que recorrer una distancia considerable, en la que se interponen te-

mas caracterológicos de largo alcance. Permanecen aparentes la energía maníaca y un núcleo depresivo. A pesar de todo, hay un mayor sentido de la independencia, y una capacidad para tolerar un cierto grado de soledad al mismo tiempo que se han produci­ do cambios perceptivo-cognitivos que permiten obtener una nue­ va experiencia del mundo. Aún queda mucho por hacer, y el MDMA es un aliado vital en este trabajo. Este hombre sigue to­ mando otros medicamentos, que le son suspendidos durante bre­ ves períodos de tiempo cuando trabajamos con el MDMA.

El doctor Robert Masters, un psicoterapeuta que también es investigador de vanguardia con drogas capaces de alterar la mente, señala la efectividad del MDMA en el tratamiento de la depresión grave. Según ha observado, la tendencia del MDMA a eliminar ideaciones y emociones negativas se extien­ de incluso a pacientes deprimidos hasta casi el suicidio. La aparición de pautas emocionales e ideacionales, e incluso mus­ culares, ofrece la «griega en el iceberg» que luego permite la disipación del síndrome, lo que a veces se consigue después de una sola sesión, e incluso de una forma permanente. Cuando el alivio sólo es temporal, puede estar justificada una segunda o incluso una tercera sesión con la droga.

Como sucede con la mayoría de aplicaciones clínicas, se ne­ cesitan muchas más pruebas para poder afirm ar que este méto­ do se puede aplicar siempre sin peligro alguno. No obstante, la experiencia limitada de que disponemos sugiere, según Masters, que quizá no exista ninguna otra terapia mejor disponible cuan­ do la depresión es extrema, hasta el punto de causar un gran su­ frimiento o incluso de poner en peligro la vida del paciente.

Un último y posible uso que se ha sugerido para el MDMA pero que, por lo que yo sé, todavía no se ha intentado, es el de administrarlo a niños autistas. Dos autoridades diferentes lo han sugerido así de forma independiente: June Reidlinger, en el artículo previamente mencionado, publicado en el Journal o f

Psychoactive Drugs, y Morris A. Lipton, profesor de Bioquí­

gicas de la Universidad de Carolina del Norte, en Chapel Hill. Este último declaró en las sesiones de inclusión del MDM A en el Inventario I:

El autismo infantil es, esencialmente, un estado intratable, en el que el niño es incapaz de relacionarse con personas significa­ tivas de su ambiente. Cabría probar el MDMA con estos niños, debido en parte a que esta enfermedad angustiante no se puede tratar de otro modo, y en parte a los efectos que, según se infor­ ma, produce sobre un aumento de la comunicación entre los adultos, lo que puede ser muy útil en el tratamiento del autismo.

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