Reanimación de la investigación terapéutica
8. Condiciones óptimas El MDMA se toma mejor en un ambiente cómodo y familiar, libre de distracciones e interrup
ciones, en presencia de un amigo o amigos en quienes se pueda confiar o, como sucede con frecuencia, en una situación tera péutica relajada.
nestidad, y la eliminación de las actitudes defensivas, una se sión no debería ser casual, y quienes estén cerca no deberían incluir a personas capaces de aprovecharse más tarde de las vulnerabilidades que hayan quedado al descubierto. Antes debe prestarse especial atención a cómo pueden afectar las intencio n e s'y las sensibilidades incrementadas a una pareja o a cual quier otra persona querida.
La música que debiera ponerse durante este intervalo «con trolado», si es que se pone, debería ser instrumental, «estimu lante», coral o aquella que sea la favorita de los propios gustos personales. En general, es mejor evitar la música «heavy me tal», «heavy rock» y «heavy», ya que son disonantes con el es tado de ánimo que típicamente evoca el MDMA.
El MDMA se toma mejor con el estómago vacío, puesto que los alimentos tienden a reducir sus efectos. Por la misma razón, también puede reducirse a un mínimo la ingestión de alimentos durante la experiencia, así como porque algunos han sugerido que un posible «efecto de anestesia» podría provocar un atragantamiento y sofoco. De todos modos, la mayoría de consumidores no se sentirán inclinados a comer, aunque quizá deseen tomar zumos de frutas y una pequeña cantidad de ali mentos sencillos. Debe disponerse de gran cantidad de agua para contrarrestar una posible deshidratación.
En cuanto al recuerdo de pensamientos e interacciones que puedan ser valiosos más tarde, puede disponerse por adelanta do de una grabadora o de diversos instrumentos de escritura, y comprobar que son operativos (véanse págs. 96-99, 102, 104-
108, 110-112).
9. Sinergias. El MDMA es sinergético con la mayoría de
sustancias psicodélicas. Los efectos, sin embargo, se ven dis^ minuidos por la ingestión de considerables cantidades de alco hol o marihuana. Puede ser peligroso si se toma junto con coca ína. Una copa de vino y unas pocas chupadas de hierba pueden ayudar en el «proceso de bajada», para librarse de la «resaca», especialmente en el caso de aquellos que sean sensibles a com puestos como las anfetaminas.
Al ser consumido con otros psicodélicos, el MDMA se toma frecuentemente en primer lugar, y en una dosis disminui da, para optimizar así una buena disposición mental. Como quiera que la suma es considerablemente mayor que las partes individuales cuando las cosas interactúan de una forma siner- gética, las dosis de cada compuesto deben ser menores de las que se usan normalmente.
La mayor parte de la experiencia demuestra que el MDMA también intensifica casi cualquier exploración de las discipli nas o técnicas espirituales, como la meditación y el yoga. Una vez más, cuando se utilice con otra persona, se tiene que esta blecer previamente una confianza dado que el MDMA señala con frecuencia desacuerdos fundamentales que quizá estuvieron encubiertos antes a nivel superficial (véanse págs. 238-242).
10. Efectos fortalecedores. Para obtener el mejor provecho posible de esta experiencia, hay que retrasar las rutinas norm a les en la medida en que sea razonablemente posible; lo mejor es dejar que el día siguiente esté lo bastante libre como para permitir una reflexión sobre las nuevas consideraciones que puedan surgir. Aquí se encuentra una posibilidad de poner en orden la propia vida, algo que se hace mejor de modo suave, delicado y reflexivo.
A menudo, después de una sesión se recomienda tomar complementos de potasio, magnesio y zinc, además de tirosina (un aminoácido), una comida con alto contenido en proteínas y una buena noche de sueño (véanse págs. 190, 207-208).
11. ¿Qué cuestiones plantea el MDMA para la sociedad? 12. ¿Qué nos dice acerca de la «tensión» y la «gracia»? 13. Finalmente, ¿que preocupaciones quedan sin contestar?
11. Preocupaciones sociales. Las «minivacaciones» que su
pone el consumo de MDMA iluminan las presiones que quizá hayamos aprendido a ignorar con objeto de seguir adelante y abrirnos paso a través de nuestras vidas cotidianas. También muestran que estamos funcionando en situaciones de privación
que no son tan evidentes para nosotros cuando nos encontra mos en un estado mental «ordinario», como por ejemplo la fal ta de compasión y empatia por los demás.
La integración en nuestras vidas cotidianas de las compren siones impulsadas por el consumo del MDMA, tiene que pro ducirse paso a paso, y no es probable que ese proceso resulte tan fácil como podría serlo en el caso de haberlo visto duran te la propia experiencia. Según expresó el psiquiatra Rick In- grasci, del que se hablará más adelante: «El MDMA es como echar un vistazo al cuadro general en el rompecabezas de la vida. Pero luego aún se tienen que poner las piezas juntas». (Véanse págs. 105, 149, 160, 243-254).
12. Aceptación de esta «gracia gratuita». Frecuentemente
resulta abrumadora la sensación de dejarse llevar, a través del MDMA, por el «misticismo subyacente» en el propio sentido de lo maravilloso, y por los sentimientos de amor hacia otro ser humano y/o hacia el propio «destino», hasta el punto de que al gunos consumidores llegan a tragar de negar la validez de la experiencia evocada cuando se encuentran más tarde en su es tado mental habitual y en sus rutinas cotidianas. Puede parecer «injusto», por ejemplo, que se haya podido alcanzar tal nivel de exultación por medio de las moléculas mentales sin necesi dad de haber pasado por los esfuerzos y las privaciones que suelen acompañar los métodos tradicionales de «iluminación». Esta actitud puede surgir especialmente entre aquellos que se hallan imbuidos por la «ética protestante» y/o por varias nocio nes religiosas relativas al estado pecaminoso esencial predesti nado para los seres humanos.
Así, los puntos de vista alternativos abiertos por el consumo del MDMA pueden llegar a ser problemáticos para el indivi duo, así como para la sociedad. Parece ser que la integración final sólo se producirá tras una cantidad considerable de con flicto. Para expresar brevemente un factor relacionado con lo anterior, cabría decir que no se acepta tan fácilmente la idea de «almorzar gratuitamente», incluso cuando eso sea una expe riencia de primera mano (véanse págs. 149, 159-160, 193, 196).
13. Cuestiones no contestadas. En estos momentos no se
sabe por qué el MDMA es «un código de acceso» a aspectos no utilizados o subdesarrollados de la personalidad que muchas personas quisieran experimentar con una mayor regularidad. ¿Cómo reduce la tensión mental, emocional y física? ¿Qué es lo que hace que se abra el corazón del que lo consume? (Véan se págs. 256, 269.)
Todo lo expuesto con anterioridad, así como lo que se ex pondrá a continuación, indica, si es que tiene alguna validez, que la inclusión del MDMA en la categoría de las drogas más prohibidas puede haber sido uno de los actos más criminales del más reciente gobierno de Estados Unidos. Se gastó una im portante cantidad de dinero, aunque no llegó a los miles de m i llones, en tom ar declaraciones a testigos con altas credenciales, en lo que resultó ser una pantomima en la que se ignoraron por completo las pruebas presentadas. Con una simple firma, el ad ministrador de la DEA recibió la facultad para eliminar de un plumazo lo que fueron diez volúmenes de testimonios, para de jar paso a una decisión expuesta en 90 páginas, emitida a partir de su propio juicio y basada en cientos de «descubrimientos» sólidos.
Es algo verdaderamente lamentable dada la abundancia de pruebas que se incluyen sólo en este libro acerca de lo muy be neficioso que puede ser el MDMA tanto para el consumidor como para el conjunto de la sociedad. Aunque es cierto que ta les evidencias son «simplemente» de primera mano y en buena medida no fueron presentadas con «rigor científico», debe ob servarse al menos que cabe sustanciar mucho más sobre las cualidades transformadoras del MDMA que de las del psicoa nálisis. Las razones de que esto sea así han sido sintetizadas por Debby Harlow, un investigador del MDMA de San Francis co de este modo:
«Es virtualmente imposible demostrar la eficacia de cual quier forma de psicoterapia o de método de crecimiento perso nal (con o sin ayudas químicas), puesto que los beneficios deri
vados de ello son en buena medida la felicidad, el crecimiento personal y la realización interpersonal».
Los ejemplos obtenidos de la investigación del MDMA ya han ilustrado aspectos en los que cabría ayudar a amplios seg mentos de población de una humanidad que sufre. El uso del MDMA para aliviar las tensiones producidas por casos de vio lación, o las experimentadas por los veteranos de guerra, me recuerda una de las frases de mayor significación pronunciadas por Freud:
«Para el psicoanálisis no es un acontecimiento pequeño el poder cambiar el sufrimiento neurótico para transformarlo en miseria humana ordinaria».
El progreso claramente disponible a partir del uso del MDMA está siendo contenido ahora por el gobierno, y ni siquiera se puede investigar. Sólo habría que pensar en ello.
Lo mismo podría decirse en cuanto a la ayuda que el M DM A tiene que ofrecer a la psicoterapia. Hasta la fecha, nin guna otra herramienta ofrece un aumento tal de la relación y un acceso a datos personales relevantes y, sin embargo, por razo nes que Krippner describe en su prólogo a este libro, se ha re nunciado a este valioso progreso. El testimonio aportado por Eisner no hace sino mostrar lo mucho que se ha perdido.
Por otra parte, el hecho de haber forzado a esta herramienta maravillosa a entrar en un circuito de uso clandestino, garanti za un aspecto cada vez más perverso de las delicadas pero ro bustas potenciales que tuvo en el pasado. La adulteración, la contaminación, el uso subrepticio y la dosificación, el someter a los consumidores a situaciones más peligrosas..., en el futuro millones de viajes tendrán que soportar un peso añadido tras la penalización de esta experiencia profundamente humana. A pe sar de todo, las exploraciones continuarán su camino, gracias al valor inherente del MDMA.
Como punto final cabe decir que los efectos hasta el m o mento han sido tales que lo que hace el MDMA y su propia fama se extienden por sí solas. Este extraordinario compuesto
ha planteado tales cuestiones y posibilidades que es capaz, por i solo, de producir un cambio significativo en el pensamiento i ontemporáneo. Eso continuará, aunque el MDMA sea elimi nado mañana mismo de la faz de la tierra.