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Ver la belleza del propio ser Mujer de 35 años, mujer de negocios.

In document Extasis - Historia Del MDMA - Buce Eisner (página 197-200)

Decorado: terapéutico, autoexplorador.

Escenario: en casa, con terapeuta/guía. Catalizador: 200 mg de MDMA.

Domingo por la mañana. Todavía no han transcurrido 24 horas desde mi prim er encuentro con Adán. Se inicia un nuevo día. Me siento suave, presente, y llena con mi propia espiritua­ lidad.

Lo de ayer fue una experiencia espiritual en muchos senti­ dos. Me siento conmovida por mi amor y mis conexiones con Dios. Creo que he estado desconectada de todo eso durante bastante tiempo. Recuerdo una mañana, no hace mucho en que me estaba poniendo las medias, los zapatos de tacón y el traje de seda, mi «armadura», como denomino mi vestimenta de tra­ bajo. En esa ocasión me dije a mí misma: «Siento como si me estuviera perdiendo». Adán fue una oportunidad de regresar a mí misma.

En cierto modo, también fue una conclusión del pasado. Me conmovió la claridad con la que vi la muerte de mi madre, y lo pacífica que me siento con eso. Soy muy consciente de la co­ nexión de mi madre con Dios y de su don de amor y aprecio. Estoy comprometida a llevar eso adelante y a expresarlo en el mundo. Y siento compasión y perdón por mi padre. Empiezo a apreciar realmente quién soy yo en todo esto, mi experiencia del amor y lo bien que está todo en mi interior.

Recuerdo el momento en que la potencia de Adán alcanzó su cumbre. Tuve la sensación de que se me llevaba, de que po­ día quedar inconsciente. El guía me dijo que me tumbara y yo no quise hacerlo. ¿Quizá porque no quería rendirme? Tengo la impresión de que intentaba aferrarme a lo anterior. Me agarré a la almohada y al sofá. ¿Qué sucedería si me dejaba ir? En el momento cumbre experimenté intensas sensaciones físicas, como si mi cerebro estuviera a punto de explotarme en lo alto de la cabeza. Me temblaron las mandíbulas y la quijada se me puso como agarrotada, y m e mordí el interior de la boca y los lados de la lengua, con los dientes apretados. Tuve la seguridad de

estar a punto de vomitar. Recuerdo que sudaba. Tenía el rostro y las manos húmedas.

La parte más intensa pareció ser bastante breve. Desde el principio, se produjo una ascensión rápida y abrupta hacia el clímax, y luego un desenlace bastante suave y prolongado que terminó alrededor de las diez de la noche, cuando me acos­ té a dormir. Tomé el triptofán, pero no dormí bien.

Soy más consciente que nunca de que tengo un modelo par­ ticular del mundo. Sufrir es algo a lo que me aferró. Ayer me di cuenta de que mi visión del mundo no es más que eso, una visión. Ayer creé una apertura para mí, una oportunidad para cam biar mi propio mapa del mundo. Ayer fue también la reali­ zación de mi experiencia de ser una mujer. Eso del hombre/ mujer ha sido siempre un tema planteado en mi vida. Vi algo que me permitió apreciar el hecho de ser mujer de una forma como no me había sucedido nunca antes. Una vez más, hay una apertura, y eso es algo que tiene que ver con el hecho de ser to­ talmente poderosa, y de ser una mujer. También experimenté compasión por los hombres. Recuerdo haber dicho: «Dios tam­ bién hizo a los hombres, así que eso debe de estar bien».

Mañana vuelvo al trabajo, después de unas vacaciones de dos semanas. Me siento recelosa. Esta apertura del corazón es encantadora. Como ya dije antes, me siento suave. Se me ocu­ rre pensar que esa es una posición demasiado vulnerable como para permanecer demasiado tiempo instalada en ella, que pa­ rezco estar necesitada de endurecimiento, de volver a ponerme la armadura con objeto de salir y funcionar en el mundo de los negocios.

Deseo decir «abierta», llena de amor y de corazón. Ahí es donde está la alegría y la posibilidad de vivir la vida como una celebración. Como dice E. E., Cummings, «Puesto que el senti­ miento es lo primero, aquel que preste cualquier atención a la sintaxis de las cosas nunca te besará del todo...».

Lunes por la noche: he pasado el lunes. Me sentí muy emo­ cional durante la mayor parte del día. Sospecho que eso tiene algo que ver con el hecho de haber pasado por una experiencia

del Corazón, de haber estado en contacto con lo que somos re­ almente, algo hecho de esencia, de espíritu, de fuente, de nues­ tras profundas sensibilidades, de humanidad, en agudo contras­ te con esa otra forma que tenemos de interactuar la mayoría de nosotros de forma cotidiana: preocupaciones por ganar dinero, tratar superficialmente a los demás, ocuparse de gran cantidad de detalles aparentemente nada importantes, seguir juegos polí­ ticos, conducir en la hora punta, no «estar conectada». Lo que necesito hacer es encontrarme en cualquier ambiente, en cual­ quier circunstancia siempre llena de corazón, de amor y de es­ piritualidad. Aportar paz y alegría a cualquier situación que se presente. Tener un corazón ligero y abierto.

Martes por la noche. He pasado un gran día. En términos de circunstancias no ha ocurrido nada particularmente especial. Me doy cuenta de que cuando tengo un «mal» día, o cuando las cosas no salen bien, me pregunto a mí misma: «¿Qué me sucede?». En cambio, cuando tengo un buen día lo acepto como algo garantizado, como si las cosas tuvieran que ser siempre así. Hoy he decidido reconocer aquellas ocasiones en que tenga un «buen» día. Hoy, tres días después de haber tom a­ do Adán, diría que lo que más puedo destacar es el potencial que tiene Adán como ayuda para descomponer la propia reali­ dad y observar la belleza del propio ser. Quisiera destacar la importancia del contexto creado por la experiencia. No sería la misma experiencia sin haber contado con un guía sabio y ca­ riñoso.

Jueves por la noche: he pasado unos días fantásticos. Real­ mente, me encanta este nuevo aprecio por el hecho de ser una mujer. Verdaderamente, algo me ha ocurrido: ya he dejado de intentar demostrar nada. En ese aspecto todavía quedan cosas que tengo que resolver, pero creo que he logrado cambiar las cosas. Ahora sé algo sobre el hecho de ser mujer que antes no sabía. Y eso tiene un impacto sobre uno de mis objetivos: apre­ ciarme a mí misma y expresarme más plenamente.

In document Extasis - Historia Del MDMA - Buce Eisner (página 197-200)